Capítulo 21

- ¿Cuándo, mi Señor? –preguntó una voz cautelosa desde el fondo de la habitación.

- Paciencia Peter, paciencia. Aún no es el momento indicado. –respondió, de forma siniestra y complaciente, cual niño saboreando un caramelo que él mismo ha robado.


- ¿Qué se supone que hay arriba? –preguntó ella de repente, mientras pellizcaba una magdalena y la llevaba a su boca.

- Arriba, ¿dónde? –contestó él con otra pregunta, no por fastidiarla ya de buena mañana, cosa que también era muy divertida, si no porque realmente no tenía ni idea de a qué se refería Hermione. Desde que la encontró esa noche en la biblioteca, para llevarla posteriormente hasta su cuarto totalmente dormida, Draco se dio cuenta de que había cosas que estaban cambiando. Para bien, o para mal… O para ''antinatural'' o raro directamente, pero el caso es que habían pasado de tratarse de forma distante a desayunar juntos o ver la tele a mediodía, incluso llegar a leer de nuevo si los planetas se alineaban esa noche. Lo que se decía una hermosa relación carcelero-encarcelada.

- Al llegar a mi cuar… Digo, donde yo duermo… Las escaleras siguen subiendo, pero nunca he visto a nadie allí arriba. –contestó ella, antes de dar un sorbo a su taza de té y coger una galletita distraídamente. Tanto, que rozó una de las ahora bastas manos de Draco, que quería justamente el mismo dulce que ella. Él se sobresaltó, y del bote que dio apartó la mano sin querer. Ella no se percató del todo, medio dormida como estaba, y cogió la galleta tranquilamente.

- Ah. Ya. Ése sitio. –dijo él, volviendo a la realidad, dejando de manosear el centímetro de zarpa que ella había tocado y que él había escondido bajo la mesa casi en un impulso. No por asco, si no porque había sentido algo. Como un calambre. Como el primer día que descubrió lo que era un enchufe y metió los dedos dentro. – Es un desván. Sólo hay trastos y cosas inservibles, y antiguas, y… -siguió él, queriendo quitarle importancia al asunto. Por supuesto que había visitado el ático algunas veces, cuando utilizaba el sofá contra la ventana para observar a la gente de abajo. No supo exactamente cuándo, simplemente dejó de subir allí. Para Draco, el desván significaba soledad y en cierto modo, también desesperación.

- ¿Podríamos subir? Tengo curiosidad y… Me gustan las cosas antiguas. –sentenció ella, acabándose la galleta de la discordia, y mirándolo fijamente a aquéllos ojos grises que parecían guardar tantos secretos.


¡No puedo creerme que estés así con ella aún sin aparecer, Ronald!

Harry entró a la Sala Común de Gryffindor, gritando. Algo sin duda muy poco habitual en él pero que, visto el panorama, se había convertido en un recurso que utilizaba demasiado últimamente. Levantar la voz era en esos momentos, la única forma de que la cabeza de Ron comenzara a funcionar maduramente de nuevo, estando como estaba espatarrado en el sofá, con Lavender dormitando encima suyo y llamando a ''Won-Won'' entre respiración y respiración.

- Harry, ya hemos removido cielo y tierra. Hermione sigue sin aparecer. Lleva casi desde que empezamos el curso totalmente ausente, y estamos casi en verano. ¿Qué quieres que haga yo?

- No lo se, pero desde luego, no estar ahí tirado.

No quería ni pensarlo, pero era algo que había estado rondando su cabeza últimamente. Casi como última idea, se lo contó a su amigo.

- Harry, ¿te has dado cuenta de que Malfoy lleva casi tanto tiempo desaparecido como Hermione? Y si… ¿Y si tiene algo que ver?

- Las cosas están muy mal últimamente pero… Dudo que mandaran a alguien tan cobarde como Malfoy a secuestrar a Hermione. Además, si fuera una trampa, nos lo hubieran puesto bastante más fácil para encontrarla. Hay algo que se nos escapa, Ron, pero no se qué es…


Para ser un desván, no tenía nada de espeluznante. Más bien era todo lo contrario: luminoso gracias al gran ventanal y las claraboyas en él, con un suelo de madera vieja, pero brillante y bien conservada que no crujía al pisar por encima. Pero a Draco no le gustaba estar allí. Aquél sitio le recordaba a cómo empezó su hechizo, y al caos en el que se vio sumida su vida de la noche a la mañana. No obstante, Hermione quería subir, y por alguna extraña razón, él no quería dejarla allí sola.

No es que en aquél trastero bien ordenado fuera a hallar cosas que lo identificaran o pusiera en peligro su frágil tregua y extraña relación. Tan sólo tenía miedo de que si quedaba algún rastro de su soledad allí arriba, se le contagiara a ella.

- ¡Oh! Está todo tan bien organizado. Es como… Una especie de Sala de los Menesteres, pero sin mugre y cosas tiradas por el suelo –dijo ella asombrada, avanzando entre estanterías a diferentes alturas adosadas a las paredes, abriéndose paso bajo las cerchas que conformaban el alto tejado a dos aguas.

Él se quedó algo rezagado, muy cercano a los escalones que conducían al piso de abajo, mientras que ella casi había llegado a la ventana, donde había un sofá bajo, de un color algo anticuado, lo que quizá había provocado que quedara desterrado allí.

Hermione estaba entusiasmada con aquél lugar. Quizá no tanto como con la biblioteca, pero el desván tenía una atmósfera atemporal, algo mágico. Cuando estuvo cerca del ventanal, se giró, haciendo rebotar su pelo enmarañado recogido en una coleta, y esgrimiendo una amplia sonrisa. La primera que veía desde hacía mucho, mucho tiempo. Y la primera que, en cierto modo, le dirigía a él.

- Bueno… Vamos a echar un vistazo, ¿no? –dijo ella, totalmente convencida, como cuando contestaba una pregunta en voz alta en Hogwarts. Draco supo que no podría negarse.


- … Y éste es uno de los primeros editores de ''El Profeta'', allá por el año 1500… -le explicaba Draco, pasándole una fotografía en blanco y negro con sus figuras totalmente extáticas. ''Quizá se han cansado de tanto moverse con el paso del tiempo'', pensó Hermione cuando el chico se la entregó. Habían encontrado un viejo álbum con recortes, fotografías y apuntes, y se habían dedicado a hojearlo juntos, sentados en el suelo cerca de la ventana.

- ¿Y aquí Nicholas? ¿Qué hay en estas cajas? –preguntó Hermione, girándose para coger una de las grandes cajas de cartón sobre las que estaba apoyada y arrastrarla por el suelo hasta donde él estaba.

- Vamos a averiguarlo. –con un toque de varita, la caja empezó a moverse y sus pestañas unidas por antiguo precinto, se abrieron, dejando ver en su interior más libros antiguos, marcos con fotografías, trozos de tela. Ella se asomó, casi quedándose atrapada dentro de la caja, casi más grande que uno de los baúles que utilizaban los estudiantes en Hogwarts. Draco supo que estaba perdido cuando ella empezó a sacar libros - ¡Oh! Libros mágicos, ¡y muggles también! ¡Este lo he leído, y… Oh y este también!

¿Cómo consiguen las chicas emocionarse por cosas tan estúpidas?, pensó él, pero a pesar de todo, podría decirse que estaba disfrutando del momento. Ella siguió soltando chillidos a cada libro que sacaba de la caja, hasta el momento en que uno en concreto llamó su atención. Se lo acercó a él, y Draco lo observó curioso.

- ¿Jane Eyre? Es… ¿Algún tipo de biografía? –preguntó él curioso con el libro entre las manos. Olía un poco a humedad, y sus páginas estaban algo amarillas y quebradizas, pero todavía era legible. Ella lo miró graciosa. ¿Había dicho algo gracioso?

-No, tonto. – tonto. ¡Lo había llamado tonto! En otras circunstancias, Hermione Granger hubiera recibido un ''Comebabosas'' de su parte, pero, en esos momentos, fuera de Hogwarts, y en aquéllas extrañas circunstancias, las cosas habían perdido su curso natural, y que le llamara tonto tan sólo provocaba en él responder con una mueca fastidiada, que la hacía reír todavía más. Draco Malfoy se había convertido en un sensiblero. - Es una novela bastante antigua. –siguió explicándole ella. – En ella, los dos protagonistas se esfuerzan mucho por estar juntos, aunque todo el mundo quiere separarlos. –él asintió con un desganado ''ajá''. – No se, hay algo… Mágico en todo eso.

Mágico. Hermione no se refería a la clase de magia que utilizaban en clase. Era algo diferente, algo como lo que le había afectado a él gracias a Savina, algo como lo que había protegido a Potter ante el Señor Oscuro. Supuso que también era lo que le salvaría a él… Aunque no fuera a aparecer jamás.

Hermione notó la mirada ensombrecida de Nicholas. ¿Había dicho algo malo? ¿Se habría enfadado con ella por llamarlo tonto? Ante lo incómodo del momento, siguió rebuscando en la caja, hasta que llegó a un estuche forrado en terciopelo, casi en el fondo. Nicholas parecía perdido en sus propio pensamientos, así que decidió abrirlo. En él, una fotografía muggle mostraba a una elegante muchacha sosteniendo el brazo de su sonriente marido en una escena color sepia. Ella llevaba un precioso vestido de color indescifrable, largo y ajustado, a juego con el chico que la acompañaba, con un esmoquin. En el pie de foto se podía leer algo: ''1930. Jacqueline y Philippe …oy'' Su apellido o segundo nombre había sido claramente emborronado en la fotografía, al parecer mediante algún tipo de magia.

- ¿Son familiares tuyos? –preguntó ella de repente, sacando a Malfoy de sus pensamientos. ¿Había alguna pertenencia que le delatara ahí arriba, finalmente? ¿Le había pillado? Se acercó un poco más hasta alcanzar la fotografía que ella le tendía.

- No… Que yo sepa –declaró él, intrigado con el aspecto de los personajes de aquél papel. Obviamente el apellido borrado era Malfoy, no obstante, no tenía conocimiento de ninguna Jacqueline o algún Philippe en su familia. Se quedó pensativo de nuevo, pero ella volvió a interrumpirlo.

- Es su vestido…

Hermione sacó de aquél estuche una especie de túnica perfectamente doblada, que brillaba con la luz del mediodía que alumbraba la estancia. El traje relucía, lleno de apliques plateados, azabaches y seda en perfecto estado. Era simplemente increíble. Draco supo en ese momento que tenía que verla con aquél vestido. Recordó el Torneo de los Tres Magos, cuando, a pesar de ir acompañado de Pansy Parkinson en todo su esplendor, verla a ella del brazo de Krum le provocó lo mismo que una patada en el culo. Esta vez no había Krum, no había Pansy, e incluso puede que tampoco hubiera Draco Malfoy. Recordó a la chica desconocida del baile de Halloween, pero ya había pasado demasiado tiempo aquélla mañana en las nubes, por lo que abandonó el recuerdo.

- Deberías probártelo –dijo él, ante la expresión sorprendida de ella, que admiraba el traje de gala entre sus brazos, casi acunándolo. No era una pregunta. Tampoco una orden, pero volvía a sonar como Draco Malfoy, aunque Hermione no se percató de ello. Seguía con la tela en sus manos.

-No creo que me quedara bien. Yo no… -ella no solía llevar vestidos elegantes, ni bonitos. No iba con ella, ni con su visión práctica del mundo, donde su uniforme de Hogwarts encajaba muy bien. Sin embargo, una vocecilla en su interior le decía ''hazlo, hazlo''. Lo había conseguido en la Gala del Torneo de los Tres Magos, cuando del brazo de Krum, había dejado a todo el mundo boquiabierto desprendiendo una total confianza en sí misma que jamás había creído tener. También ocurrió la noche de Halloween, cuando, se llevó como ''premio'' una rosa de parte del mismísimo, deslumbrante y tan cabrón como siempre Draco Malfoy. Aquél recuerdo la hizo reír sarcásticamente para su adentros.

- Puedes irte abajo si no quieres que te vea. –intervino él.

- No es por eso. –contestó ella, pero su gesto levantando el vestido contra sí, y girando con él pareció ser lo que la convenció del todo. Tres segundos después estaba bajando las escaleras a trompicones, haciendo mucho ruido. Joder, qué rápido cambiaban las mujeres de parecer, se dijo Draco.

Mientras ella se cambiaba, él volvió a la caja, intentando encontrar algo a juego con el vestido. No encontró nada, pero un par de cajas más atrás un precinto que decía ''accesorios'' llamó su atención. Levantó las solapas y lo que allí encontró lo dejó satisfecho.


Había música de fondo llegada desde un iPod y unos altavoces colocados al lado del sofá junto a la ventana. Se maldijo así mismo por haberle dicho que se probara aquél vestido. Hubiera parecido absurdo, pero era como si aquéllos trozos de tela antes informes hubieran sido cosidos sobre el cuerpo de Hermione, resaltando su figura menuda pero con curvas, antaño escondidas bajo las túnicas de Hogwarts.

Y no… De fondo no sonaba ninguna de esas baladas cursis que aparecían en las películas que Draco tanto odiaba. De hecho, el momento ya era bastante extraño como para que además, él contribuyera colocándose una vieja pajarita al cuello y un par de guantes polvorientos que había encontrado. ¡Por Merlín, era absurdo! No obstante, todo se fue al traste cuando ella lo miró a él, y él la miró a ella. Cierto es que había pasado mucho tiempo sin acercarse a ninguna chica en el último año, pero aunque hubiera tenido las citas que hubiera querido, su subconsciente sabía que entre todas, hubiera escogido a la Hermione Granger que tenía allí delante. ¿Se había transformado como él? ¿O es que siempre había sido así, pero él nunca se había dado cuenta, cegado por los prejuicios y su propia soberbia?

Eran conscientes de que no podrían quedarse eternamente allí parados, observándose de reojo, haciendo ademán de acercarse unos pocos centímetros cuando el otro no prestaba demasiada atención. Aunque estaba muerta de vergüenza, Hermione se acercó hasta llegar a la altura de Nicholas. Y mientras, la música seguía sonando. Igual que aquél día junto a Viktor, tampoco ahora sabía qué hacer, o qué decir. Estaba en blanco, y eso no le solía pasar muchas veces. Soltó una pequeña risilla.

- Vaya, llevas pajarita y… Guantes. –fue el único comentario que se le ocurrió hacer. Muy, muy perspicaz.

- Estás preciosa. –aquéllas palabras se escaparon solas de su boca de monstruo, aunque su cerebro era perfectamente consciente de que aquello era lo que realmente quería decir. Ella se sonrojó, y miró al suelo.

- Sólo crees que soy guapa porque…

- ¿Porque soy feo? –terminó Draco por ella.

- No iba a decir eso.

- No te preocupes. Soy consciente de lo que provoco en las personas. ¿Cómo podría no saberlo?

Pero Hermione no había querido decir aquello. Él siempre solía adelantarse a todo lo que ella decía o incluso pensaba, y por eso la ponía de los nervios. Pero no fue así en este caso. Ella no veía a alguien feo enfrente de ella. Veía a alguien atormentado, a un joven mago solitario que había tenido muy mala suerte. Alguien inteligente, irónico y honesto tras su fachada llena de mal genio.

- Quería decir que crees que soy guapa porque… Igual no habrás conocido a una chica hermosa de verdad, de esas que te quitan el hipo…

Él sabía que aquello era mentira. Había conocido chicas. Tantas, y tantas, y tantas que todos sus retratos juntos llenarían las paredes del Gran Comedor. Pero con ella era diferente. Los últimos días se había percatado de sus pasos ligeros, sus muecas naturales, su forma de recogerse el pelo por las mañanas, cuando desayunando le caían un par de mechones peligrosamente cerca de la taza de café. Había algo fresco en ella, algo en lo que jamás había reparado antes. Y aquél vestido plateado tan sólo lo empujó a reconocerlo.

- A mí sí que me quitas el hipo. –reconoció él, acercándole un espejo de mano para que pudiera verse. El espejo. Como no vio nada nuevo, Hermione se lo devolvió, rozando sus manos enguantadas, que ahora atrapaban con cuidado las de ella.

- ¿Sabes bailar? –le preguntó él, deduciendo la respuesta que iba a recibir. Y la acertó.

- Soy muy torpe.

Y era cierto. Aunque sabía bailar, Hermione había provocado un par de dolorosos juanetes en los pies de Krum en el primer baile que compartió con él. Ello no impidió a Nicholas pasar un brazo por su cintura y cogerla de una mano para acercarla hasta él. Le pegó un ligero empujón provocando que Hermione quedara en una graciosa postura de baile de competición, con la espalda arqueada hacia atrás y la cabeza mirando al techo. A Hermione le entró un ataque de risa, pero cuando se incorporó y lo miró fijamente a los ojos, supo que él iba en serio.

- Pues yo no, y si te parece bien… Vamos a bailar.

El iPod pareció quedarse sin batería justo en ese instante, dejándolos sin música de fondo, y a Hermione con una cara de interrogación.

- Da igual. Puedo enseñarte a bailar un vals igualmente. Con… O sin música.

Él puso una de sus manos alrededor de la cintura de ella. Se preguntó si no le daría algo así como… Asco, que él le pusiera una de sus ''zarpas'' encima. ¡Todo era tan, tan irónico!

Estuvieron bailando un buen rato. Despacio, tranquilamente para que Hermione no se hiciera un lío con los pies. Muy cerca. Él la condujo por todo el desván, girando, dando pasos ligeros pero suaves.

-Nunca he conocido a nadie como tu. –dijo ella una vez pararon tras bailar un rato, con las piernas algo doloridas, y se quedó mirándolo sin saber muy bien qué decir. Tampoco había conocido nunca a nadie como Harry y Ron, como Viktor Krum, su primer amor. Cada uno de ellos era especial, de una forma única. Pero Nicholas tenía algo mágico que poco tenía que ver con la magia que ella conocía gracias a Hogwarts.

-Supongo… Supongo que estás en lo cierto. –dijo él, bajando la mirada, siendo consciente de lo que ella había querido decir. Era un ser horrible, feo, desagradable, y por muy buena que ella fuera, era algo obvio a simple vista.

-No. Quería decir que nunca he tenido un amigo como tu. –dijo Hermione, puntualizando lo que él había malentendido. ''Amigo''. Lo había llamado amigo, que sin duda era mejor que carcelero, secuestrador o monstruo. Sin embargo, Draco no pudo evitar pensar que ese calificativo no le dejaba mucho más lejos del lugar en que estaría un elfo doméstico. ''Le doy lástima. Se compadece de mí''. Y eso es algo que él no podía soportar, quizá no tanto como que lo odiara, pero el sentimiento que le provocaba era muy similar. Había cambiado. No sólo físicamente si no todo él.

-Te odiaba por obligarme a estar aquí. –continuó ella.

-Lo se. Pero… El mundo está patas arriba. Y especialmente, junto a todo el Londres mágico, Hogwarts no es un lugar seguro ahora.

Se había preguntado muchas veces por qué ella precisamente, qué había hecho que él la escogiera de entre mucha gente para tenerla allí, con él, a salvo a pesar de todo. Si la conocía de algo, y si era así, de nuevo… ¿Por qué? Hermione sentía que aquélla pregunta saliendo de sus labios sonaría como una ofensa para él. Y sabía que la frágil pero cómoda tregua que vivían, y que los había llevado a los dos no sólo a tolerarse el uno al otro si no a hacerse amigos, se rompería. Hermione echaba de menos Hogwarts y a sus amigos, su casa, sus padres. Y también quería salir fuera a luchar. No obstante aquélla mansión con Nicholas y su tutor, así como con Piloto y Robby eran para Hermione como un refugio ante la guerra. Un lugar donde incluso diría que se notaba cierto calor hogareño, había galletas de chocolate por la mañana al desayunar y una compañía tan agradable como la que podría encontrar en la Escuela. En lugar de preguntar, se limitó a responder con lo evidente:

-Lo entiendo. Has estado muy solo.

Tenía razón. Todo este tiempo había estado muy solo. ''Y muy ciego'' añadió mentalmente él. Su mirada de arrepentimiento fue vista por Hermione como una ligera inclinación de cabeza, que hizo que los ojos de él acabaran posados en el suelo. Le pedía perdón, en silencio, por todo lo que la había hecho pasar estos años. No era momento de sentirse miserable. Ya no. El precio de ser alguien malo estaba siendo pagado con creces, tan sólo le faltaba dar a conocer al mundo que se había arrepentido de sus actos. Fue entonces cuando Draco deseó poder dejarla marchar. En su mente, Hermione le decía que se quedaría. No porque la obligase, o porque le diera lástima, sino porque quería estar allí, con él. ¿Por qué no le pedía que la dejase ir, sin más? ¿O por qué no se marchaba, sin ni siquiera pedirle permiso? ¿Podría ser que ya no quisiera huir, que fuera feliz? Draco no se atrevía realmente a tener esa esperanza.

Pero quizá…

-¿Nicholas? –dejó de mirar al suelo, y levantó su cabeza hasta casi su altura habitual. – ¿Por qué eres… Así?

- ¿Así? ¿Cómo? –pero entonces recordó su tapadera. Y rectificó. –Siempre he sido así. ¿Tan horrible soy?

Hermione no dijo nada durante unos instantes que a él le parecieron casi eternos. No lo miró. El tiempo se había parado. Él había dejado de respirar. Ya no había atmósfera. Todo estaba arruinado. Arruinado.

-No-sentenció ella finalmente, mirándolo directamente a aquéllos ojos grises que le provocaban tantísimas preguntas a Hermione. Preguntas que nunca se atrevía a decir en voz alta. – Tu aspecto no es importante para mí. Al principio fue difícil, pero luego te das cuenta de que en realidad no es lo más importante. Te has portado muy bien conmigo, Nicholas.

El mundo volvió a girar. La vida era un poco más hermosa ahora. No lo odiaba. No le guardaba rencor. Ni siquiera le temía. Eran… Amigos.

Asintió y después, estuvieron en el desván hasta la hora de comer, para finalmente irse a sus respectivas habitaciones y suspender las clases de la tarde con Jack, agotados por tanto ajetreo durante la mañana.

Esa noche, Draco soñó con ella. Pero no fue un sueño inquieto, extraño como el anterior que había tenido. No había tinieblas, ni gritos nerviosos o molestas carcajadas. Soñó con abrazarla. Soñó que ella se quedaba con él, que lo quería. Pero era imposible, porque ella había dicho que eran amigos.

Aquélla mañana cuando Hermione bajó a desayunar, llevaba el pelo recogido tal y como lo había hecho el día anterior, cuando se puso el radiante vestido de Jaqueline. Olía a caramelo y té, más que nunca antes.

Draco supo que aún había esperanzas.


*Se ven tomatazos y lanzamientos de verduras varias*

Nota de autora: Soy plenamente consciente de que ha pasado MUCHÍSIMO tiempo desde la última actualización. Lo se, y lo siento. Pero ante todo debéis saber que escribo esto por afición, por todos/as vosotros/as y que teniendo otras obligaciones, por mucho que me gustara que lo fuera, esta historia no es una PRIORIDAD en mi vida. Mis estudios me exigen muchísimo, y este último año ha sido de locos. Tanto, que habréis podido comprobar que hasta ahora no he podido aparecer por aquí. De nuevo, lo siento. No obstante, tal y como dije en un principio, NO VOY A ABANDONAR LA HISTORIA, y por mucho que tarde... Bueno, algo es algo, supongo. Se intenta escribir tanto y tan bien como se puede, con el escaso tiempo disponible ahora mismo.

En fin. A todos los que sigáis por ahí... GRACIAS! Que a pesar de todo sigáis leyendo esta historia me hace sentir muy feliz y satisfecha y sobretodo, que os siga gustando. Espero que este capítulo compense un poquito todo el tiempo que os he hecho esperar, y aunque podría haber sido muchísimo más extenso, ni sentía que debía continuarlo ''por exigencias del guión'', ni quería alargarlo sabiendo que también tendría que alargar el tiempo de espera para colgarlo. ¿Comentarios respecto a este capítulo? Por hoy no, creo que mejor os los voy a dejar a vosotros para los reviews *guiño guiño*, donde podéis expresar vuestra rabia e indignación contra mí por ser una lenta... O puede que demasiado dedicada a mi trabajo y estudios, no se :/

Un beso muy fuerte, y espero que la próxima actualización no tarde tanto tiempo en llegar...

Ammy94