Los personajes no son míos, pertenecen a J.K. Yo juego con ellos.
Disfruten. Los leo más abajo.
El Gran Comedor se sentía completamente aliviado ahora que todo el asunto de la Cámara Secreta había pasado. Y tanto fue ese sentimiento de relajación que les embargó que la gente comenzó a hablar entre sí sobre lo que aconteció durante el trascurso de la lectura. Se podían dar el lujo de hacerlo porque este capítulo era como una especie de relleno para ellos, ya que no habría más cosas tensas ni aterradoras que los hiciese enojar o ponerse nerviosos –al menos eso pensaban-
Las conversaciones, entonces, se apoderaron del comedor y parecía que nadie podría concluirlas. Sin embargo, Justin sin mirar ni decirle nada a nadie, caminó a la mesa de profesores y le pidió al director que si podía leer el otro capítulo. Todos se quedaron viéndolo sorprendidos cuando oyeron aquellas palabras. Él se dio la vuelta y dijo:
― ¡Vamos! Queda un solo capítulo que leer y pasaremos al otro libro. Leamos y luego intercambiemos opiniones.
La gente, aunque estaba impresionada, asintió con la cabeza. Falta poco para acabar y empezar un nuevo libro. Así que, Justin tomó el libro en sus manos y empezó a leer.
―La recompensa de Dobby
La gran mayoría sonrió abiertamente. Amaban a ese elfo.
―Me pregunto qué será aquella recompensa― se interrogó a sí mismo Sirius, poniéndose una mano en la barbilla.
―Creo que una muy buena, ¿a qué sí? ― preguntó Remus, mirando a Harry intrigado y con una sonrisa en el rostro.
―Exactamente, es una muy buena recompensa para él―respondió Harry, buscando a Dobby para sonreírle. El elfo, quien durante el trascurso de la lectura había estado durmiendo debajo de la mesa de Gryffindor, le sonrió tímidamente al percatarse que lo estaban buscando.
El comedor miró con ternura a Dobby antes de que Justin comenzase a leer.
Hubo un momento de silencio cuando Harry, Ron, Ginny y Lockhart aparecieron en la puerta, llenos de barro, suciedad y, en el caso de Harry, sangre.
―¡Cómo siempre! ― negó con la cabeza Hannah―.Harry siempre tiene que estar sangrando o herido.
Todos asintieron con la cabeza. Harry, en cambio, rodó los ojos.
Luego alguien gritó:
—¡Ginny!
Era la señora Weasley, que estaba llorando delante de la chimenea.
Molly se ruborizó, pero aún así tenía una gran sonrisa en su rostro, la cual reflejaba el alivio que sentía porque todo hubiese acabado bien.
Los demás no dijeron palabra alguna, sin embargo, no podían dejar de sonreír por la preocupación que demostraba la señora Weasley por su hija e hijos.
Se puso en pie de un salto, seguida por su marido, y se abalanzaron sobre su hija.
Fred, George, Bill, Charlie y Percy les sonrieron a sus padres y a su hermana con ternura, mientras que Ron le palmeaba el hombro a Harry, agradecido de que la hubiese salvado.
Harry, en tanto, se encogía de hombros.
Los demás o sonreían o miraban a la familia Weasley con dulzura y afecto. Era una familia muy querida, de eso no había duda alguna.
Harry, sin embargo, miraba detrás de ellos. El profesor Dumbledore estaba ante la repisa de la chimenea, sonriendo, junto a la profesora McGonagall, que respiraba con dificultad y se llevaba una mano al pecho.
El comedor se giró en dirección de McGonagall asombrado, ya que reacciones como esta eran pocos frecuentes en la profesora. Ella los miró severamente antes de rodar los ojos y pedirle a Justin que siguiese leyendo.
Fawkes pasó zumbando cerca de Harry para posarse en el hombro de Dumbledore. Sin apenas darse cuenta, Harry y Ron se encontraron atrapados en el abrazo de la señora Weasley
Harry le sonrió abiertamente a Molly, que se paró de su puesto y lo abrazó como un hijo más.
Nadie decía nada, pero Ginny esbozaba una gran sonrisa en su rostro mientras que sus hermanos silbaban.
Sin embargo, solo había dos personas que no se encontraban tan dichosos como los demás: Petunia miraba con desdén la escena y Vernon rodaba los ojos. Ninguno parecía demasiado feliz con el cariño que le demostraban aquellas personas a su sobrino.
—¡La habéis salvado! ¡La habéis salvado! ¿Cómo lo hicisteis?
—Creo que a todos nos encantaría enterarnos —dijo con un hilo de voz la profesora McGonagall.
Y aunque todos conocían la historia de cómo había acontecido aquello, prestaron atención a lo que se dijese en el libro. Harry, en tanto, rodaba los ojos.
La señora Weasley soltó a Harry, que dudó un instante, luego se acercó a la mesa y depositó encima el Sombrero Seleccionador, la espada con rubíes incrustados y lo que quedaba del diario de Ryddle.
Varios se estremecieron al recordar aquel diario de Ryddle. Les provocaba escalofríos pensar que Tom fuese Voldemort en realidad.
Harry empezó a contarlo todo. Habló durante casi un cuarto de hora, mientras los demás lo escuchaban absortos y en silencio. Contó lo de la voz que no salía de ningún sitio;
Harry entrecerró los ojos, pero no dijo nada. Había sido duro para él oír voces que nadie más oía, ya que muchas veces pensó que se estaba volviendo loco o que le estaban jugando una mala broma. Jamás olvidaría todo lo que dudó y estremeció a causa de la lengua pársel.
que Hermione había comprendido que lo que él oía era un basilisco que se movía por las tuberías;
Ante esto, los profesores le sonrieron a Hermione abiertamente, orgullosos por aquella notable deducción.
Ella, en respuesta, enrojeció hasta la médula.
que él y Ron siguieron a las arañas por el bosque;
Ron se estremeció ante aquel recordatorio; pero sus hermanos, a diferencia de él, ensancharon una sonrisa orgullosa en su rostro. Todavía encontraban aquello una hazaña extraordinaria de parte de Ron para superar en algo su trauma infantil con las arañas.
que Aragog les había dicho dónde había matado a su víctima el basilisco; que había adivinado que Myrtle laLlorona había sido la víctima,
Muchos agacharon la cabeza apenados. Aquella muerte, y el contexto que la envolvió, era demasiado trágica.
y que la entrada a la Cámara de los Secretos podía encontrarse en los aseos...
―Un razonamiento bastante acertado y sobresaliente― acotó Moody, sonriéndole a Harry y Ron.
―Fue sólo intuición del momento, creo― dijo Ron, encogiéndose de hombros mientras que Harry le sonreía de vuelta al auror.
Alastor solo sonrió ante la respuesta Creo que él aún no comprende lo valioso que es para el trío dorado y cuán provechosas son sus habilidades mágicas. No soy nadie para decírselo, él se dará cuenta pronto de aquello.
—Muy bien —señaló la profesora McGonagall, cuando Harry hizo una pausa—,
así que averiguasteis dónde estaba la entrada, quebrantando un centenar de normas,
añadiría yo.
―Y que, por lo demás, están diseñadas y establecidas para resguardar la seguridad de todos los estudiantes dentro del colegio―siguió añadiendo la profesora McGongall, mirando en dirección de Harry, Ron y Hermione severamente ―; por lo que se comprenderá que nadie debe quebrantar ninguna norma ― varios tragaron saliva, mientras que los tres amigos miraban atentamente a la subdirectora con la leve intuición que diría algo positivo y no negativo como la gran mayoría suponía. En efecto, a ella, segundos después de que sus tres alumnos fijasen la mirada en su dirección, extendió por sus labios una fina sonrisa imperceptible para todos, menos para los ya nombrados. Ellos, notando aquella sonrisa, le sonrieron de vuelta ―.No obstante, esta vez fue por el bien del colegio, porque de no haber intervenido ante los hechos que estaban ocurriendo algo peor de lo que pasó hubiese acontecido. No hay nada que recriminarles de momento. Siéntase a salvo ― terminó de decir Minerva, sonriendo ampliamente.
Los demás profesores estuvieron de acuerdo con las palabras de McGonagall. Ellos tres siempre hacían algo en beneficio del colegio y no para hacer travesuras o bromear como otros alumnos.
Harry, Ron y Hermione se encogieron de hombros con un leve rubor ensus mejillas, a pesar de que sabían que los problemas lo encontraban a ellos y los tres tenían que, simplemente, intervenir por el bien de todos y así solucionar cualquier cosa que pasase.
El resto del comedor solo miraba boquiabierto a Minerva y a los tres amigos. Pero luego de que la sorpresa pasó, los estudiantes esbozaron pequeñas sonrisas, incluso los de Slytherin, quiénes dejaron su orgullo de lado por esta vez.
Después de aquello, la lectura continúo.
Pero ¿cómo demonios conseguisteis salir con vida, Potter?
Así que Harry, con la voz ronca de tanto hablar, les relató la oportuna llegada de
Fawkes y del Sombrero Seleccionador, que le proporcionó la espada.
―Ambos fueron un aliado excepcional en aquel enfrentamiento ─ sonrió Sirius.
Todos asintieron con la cabeza, de acuerdo con el animago. Aquellas apariciones habían sido de gran ayuda.
Pero luego titubeó.
Muchos levantaron las cejas curiosos por aquella titubación. Luego, se giraron en dirección de Harry, preguntándose la razón por la cual él reaccionaba así en el libro. Justin, notando esa acción, se apresuró a leer.
Había evitado hablar sobre la relación entre el diario de Ryddle y Ginny.
Aunque Ginny en un primer momento se le quedó viendo anonadada, al siguiente instante sonrió ampliamente. Acciones como estas le seguían demostrado, no solo a ella sino a todos, lo respetuoso y caballeroso que siempre solía ser Harry. Ginny tenía mucha suerte de estar con él en este momento, aun cuando no supiera qué sucedería en el futuro. Harry, dándose cuenta de la sonrisa de su ahora novia, le tomó la mano y le sonrió abiertamente.
Mientras tanto, los señores Weasley asentían con la cabeza. El comportamiento de Harry había sido muy acertado y estaban agradecidos de que él no hubiese hablado del tema hasta que Dumbledore lo sacó a la luz.
Y diferencia de sus padres, los hermanos Weasley miraban a Harry entre agradecidos y anonadados. Esto era porque no se esperaban algo como aquello, sobre todo de parte de Percy.
Ron era el único de los hermanos Weasley que no le había tomado por sorpresa dado a que sabía que Harry siempre pensaba en los demás antes de decir algo. Él sólo pudo sonreírle a su mejor amigo.
Los demás solo miraban perplejos en dirección al libro, sin saber muy bien qué hubiesen hecho ellos en la situación de Harry. Sacudieron, entonces, la cabeza y esperaron a que Justin siguiese leyendo.
Ella apoyaba la cabeza en el hombro de su madre, y seguía derramando silenciosas lágrimas por las mejillas. ¿Y si la expulsaban?, pensó Harry aterrorizado. El diario de Ryddle no serviría ya como prueba, pues había quedado inservible... ¿cómo podrían demostrar que era el causante de todo?
Percy, instantáneamente, posó su mirada en Harry, aunque deseó no hacerlo… ¿Por qué?, ¿Por qué se tienen que leer líneas cómo estás? , ¿Es que nadie se fija que esto aumenta mi depresión por darme cuenta que mi pensamiento de Potter es el errado hasta el momento?... ¡Basta, Percy! Potter todavía puede estar mintiendo en cuanto al retorno del innombrable se refiere. Esa es la peor blasfemia del mundo…quien no debe nombrarse jamás volvió y son invenciones estúpidas de su parte…Pero él gana esta vez y solo porque salvó a mi hermana y evitó que la expulsarán…solo por eso estamos bien…y porque se nota que él ama a Ginny…¡Harry Potter! Ya veremos si tú estás equivocado y mientes o si yo estoy equivocado y te debo pedir perdón.
Por el momento, esto es algo que no sabía de ti. El que te pusieras del lado de mi hermana, que pensaras en ella y no en ti es la actitud de un caballero.
Luego de que Percy pensase aquello, sacudió la cabeza y apartó la mirada de Harry. De momento, el asunto quedaba en que estaba agradecido por aquel asunto, ya más tarde se vería qué sucedería con su relación con Harry.
Y al igual que Percy, sus padres y sus hermanos volvían a estar agradecidos de cómo estaba actuando Harry con relación a Ginny y ese diario. Simplemente, él se comportaba como un hombre completamente maduro.
Los alumnos, en tanto, miraban a Harry entre anonadados y sonriendo. Él era una persona completamente diferente a lo que pensaron en un principio y daban gracias a los libros de que pudieran conocerlo con su verdadera personalidad.
Los profesores, simplemente, sonreían y en el caso de Sirius, Remus y Tonks sonreían con aire de suficiencia.
En cuanto a Dudley, no sabía muy bien qué decir; pero de lo que sí estaba seguro que no conocía para nada a su primo pese a que vivió con él toda su vida. Sin embargo, él pretendía corregir ciertos errores y estrechar alguna relación afectiva con Harry, a pesar de que su padre y madre, como intuía, no estarían para nada de acuerdo con esa decisión. El primo de Harry suspiró y miró a sus padres quiénes actuaban con total indiferencia ante lo que se leía. Volvió a suspirar, él esperaba que cambiasen en algo su actitud, como él pretendía hacerlo.
Instintivamente, Harry miró a Dumbledore, y éste esbozó una leve sonrisa.
Minerva, Sirius, Remus, Tonks, Harry, Ron y Hermione, Molly, Arthur y Snape sonrieron abiertamente, aunque este último de manera imperceptible. Sabían claramente lo que significaba esa leve sonrisa: Albus Dumbledore intuía en algún grado lo que pasaba mucho antes de que se dijese en palabras.
No obstante, ellos nunca terminarían de entender cómo trabajaba la mente del director en estos casos.
La hoguera de la chimenea hacía brillar sus lentes de media luna.
—Lo que más me intriga —dijo Dumbledore amablemente—, es cómo se las arregló lord Voldemort para embrujar a Ginny, cuando mis fuentes me indican que actualmente se halla oculto en los bosques de Albania.
― ¿Usted lo sabía, profesor? ― se atrevió a preguntar Susan tímidamente.
―En realidad, fueron suposiciones y una gran agilidad para intuir que algo terrorífico había detrás de toda la historia que estaba contado el señor Potter en ese momento― respondió Dumbledore con una sonrisa amable en su rostro, aunque nadie notó un brillo oscuro en sus ojos antes de que respondiera aquella duda.
Susan se ruborizó mientras los demás miraban una vez más asombrados a su director: Jamás comprenderían cómo trabajaba su mente.
Harry se sintió maravillosamente aliviado.
―Cualquiera se hubiese sentido maravillosamente aliviado― comentó Neville en voz baja.
Quiénes lo escucharon, estuvieron de acuerdo con él.
—¿Qué... qué? —preguntó el señor Weasley con voz atónita—. ¿Sabe qui-quién?
¿Ginny embrujada? Pero Ginny no ha... Ginny no ha sido... ¿verdad?
Alumnos de todas las casa miraron al señor Weasley con pena por lo que le había pasado a Ginny.
—Fue el diario —dijo inmediatamente Harry, cogiéndolo y enseñándoselo a
Dumbledore—. Ryddle lo escribió cuando tenía dieciséis años.
Dumbledore cogió el diario que sostenía Harry y examinó minuciosamente sus
páginas quemadas y mojadas.
Varios se estremecieron mientras que Albus entrecerraba los ojos, pensando en lo que ese horrocrux había causado. Él ni se quería imaginar lo que sucedería si los restantes aparecieran y cayeran en manos equivocadas. Sin pensarlo, habría una tragedia más. El director suspiró y volvió a prestar atención al capítulo.
—Soberbio —dijo con suavidad—. Por supuesto, él ha sido probablemente el alumno más inteligente que ha tenido nunca Hogwarts. —Se volvió hacia los Weasley, que lo miraban perplejos
Aunque habían escuchado y leído aquello, les costaba asimilar que uno de los mejores magos de la época y uno de los más inteligentes emitiera ese juicio de Ryddle, era insólito para ellos. No obstante, no dijeron nada y siguieron escuchando a Justin.
—. Muy pocos saben que lord Voldemort se llamó antes Tom Ryddle. Yo mismo le di clase, hace cincuenta años, en Hogwarts. Desapareció tras abandonar el colegio... Recorrió el mundo..., profundizó en las Artes Oscuras, tuvo trato con los peores de entre los nuestros, acometió peligros, transformaciones mágicas, hasta tal punto que cuando resurgió como lord Voldemort resultaba irreconocible.
Prácticamente nadie relacionó a lord Voldemort con el muchacho inteligente y encantador que recibió aquí el Premio Anual.
Harry se quedó meditando sobre esta parte de la historia: En aquel entonces no le había prestado la atención suficiente a lo que había dicho su director debido a que venía sin energía después de tener aquel enfrentamiento con la serpiente, porque sabía que Ryddle era Voldemort por la historia que le había contando el recuerdo y porque el director le contó que Voldemort había recorrido el mundo, practicando las artes oscuras; pero ahora que lo escuchaba años después y un poco más maduro que antes, podía perfectamente decir que en aquellas palabras había algo más…algo que no le terminaba de cerrar completamente...algo que tenía que ver directamente con la razón por la cual su director sabía todas aquellas cosas sí él mismo le había contado que Rydle había desaparecido del colegio cuando terminó su educación mágica y nadie más supo de él.
Algo pasaba y no sabía qué era, sin embargo, también comprendía que esas cosas eran asuntos de Dumbledore y él no se debía inmiscuir en las cosas de su director.
Harry suspiró, sacudió su cabeza y volvió a la lectura, dejando aquel asunto de lado por el momento.
—Pero Ginny —dijo la señora Weasley—. ¿Qué tiene que ver nuestra Ginny con
él?
—¡Su... su diario! —dijo Ginny entre sollozos—. He estado escribiendo en él, y me
ha estado contestando durante todo el curso...
Ginny frunció el ceño. Ese acontecimiento aún le afectaba y, aunque trataba de olvidarlo, no lo podía hacer más ahora que se había leído aquello. Suspiró frustrada, ignorando las miradas de compasión dirigidas a ella.
—¡Ginny! —exclamó su padre, atónito—. ¿No te he enseñado una cosa? ¿Qué te he dicho siempre? No confíes en cosas que tengan la capacidad de pensar pero de las cuales no sepas dónde tienen el cerebro. ¿Por qué no me enseñaste el diario a mí o a tu madre? Un objeto tan sospechoso como ése, ¡tenía que ser cosa de magia negra!
—Un excelente consejo, Arthur— felicitó Kingsley, provocando un sonrojo de parte del señor Weasley.
—Además, Ginny lo debería haber mostrado antes— acotó Moody, ladeando la cabeza de lado a lado.
—Lo sé, pero en ese entonces era una niña pequeña que no tenía ni idea de lo que significaba la magia oscura— se excusó Ginny, respirando intranquilamente mientras que Harry le apretaba la mano con suavidad, tratando de tranquilizarla.
Moody se quedó callado. Ella tenía razón hasta cierto punto, por lo que, no dijo más. Luego, le hizo un gesto a Justin para que siguiese leyendo.
—No..., no lo sabía —sollozó Ginny—. Lo encontré dentro de uno de los libros que me había comprado mamá. Pensé que alguien lo había dejado allí y se le había olvidado...
Ginny miró intensamente a Moody, quién optó por callarse callado. Esa era una buena excusa para no haber dicho nada.
—La señorita Weasley debería ir directamente a la enfermería —terció
Dumbledore con voz firme—. Para ella ha sido una experiencia terrible. No habrá castigo. Lord Voldemort ha engañado a magos más viejos y más sabios.
Horace Slughorn( *) se estremeció de pies a cabeza, recordando aquella escena que fue la causante de todo lo ocurrido. Para suerte de él, su gesto pasó desapercibido, ya que nadie recordaba que estaba presente en la lectura.
—Fue a abrir la puerta—. Reposo en cama y tal vez un tazón de chocolate caliente. A mí siempre me anima —añadió, guiñándole un ojo bondadosamente
Los señores Weasley le sonrieron al director, agradecidos por aquella sugerencia.
—. La señora Pomfrey estará todavía despierta. Debe de estar dando zumo de mandrágora a las víctimas del basilisco. Seguramente despertarán de un momento a otro.
Y aunque ya sabían de ante mano que los petrificados habían despertado aquel año, los alumnos no pudieron evitar aplaudir o silbar de la alegría que le producía aquella noticia.
—¡Así que Hermione está bien! —dijo Ron con alegría.
Hermione le sonrió complacida a Ron, mientras que éste se ruborizaba hasta la médula.
—No les han causado un daño irreversible —dijo Dumbledore.
La señora Weasley salió con Ginny, y el padre iba detrás, todavía muy impresionado.
Cualquier padre y madre se hubiese afectado e impresionado si alguien le contaba un relato como aquel con su pequeña hija involucrada en todo el asunto Pensó Tonks, mirando con compasión a los señores Weasley. Pero no quiso decir nada porque Molly y Arthur se veían aún perplejos por la situación vivida.
—¿Sabes, Minerva? —dijo pensativamente el profesor Dumbledore a la profesora
McGonagall—, creo que esto se merece un buen banquete. ¿Te puedo pedir que vayas a avisar a los de la cocina?
—Bien —dijo resueltamente la profesora McGonagall, encaminándose también hacia la puerta—, te dejaré para que ajustes cuentas con Potter y Weasley.
—Aquí vamos otra vez— se quejó Sirius, sobándose la sien—. Mi ahijado y sus amigos se meten en líos para salvar al colegio y los castigan. Luego se dan cuenta que fue por el bien de todos y los premian— negó con la cabeza—. Mientras tanto yo tengo mi corazón acelerado pensando qué les irá a pasar, si algo bueno o malo. Les digo, algún día me dará un ataque al corazón y yo moriré
—¡Sirius! — gritó la mitad del comedor, rodando los ojos.
—Estás exagerando — terminó de decir Remus, mientras se reía junto con Harry.
El animago se cruzó de brazos y, haciendo un gesto de indiferencia, le pidió a Justin que siguiera leyendo.
—Eso es —dijo Dumbledore.
Salió, y Harry y Ron miraron a Dumbledore dubitativos. ¿Qué había querido decir exactamente la profesora McGonagall con aquello de «ajustar cuentas»? ¿Acaso los iban a castigar?
—Deberían haberlo hecho— declaró Snape, mirando con el seño fruncido en dirección de Harry y Ron. Los Slytherin estuvieron de acuerdo con aquello.
Sirius entrecerró los ojos, gruñendo. Snape, en cambio, miró burlescamente a los merodeadores. Justin, notando que los tres adultos estaban dispuestos a maldecirse, volvió a leer antes de que sucediese otra escena bochornosa.
—Creo recordar que os dije que tendría que expulsaros si volvíais a quebrantar alguna norma del colegio —dijo Dumbledore.
Ron abrió la boca horrorizado.
Nadie quiso decir nada porque ellos hubiesen reaccionado así mismo.
—Lo cual demuestra que todos tenemos que tragarnos nuestras palabras alguna vez
—prosiguió Dumbledore, sonriendo—. Recibiréis ambos el Premio por Servicios
Especiales al Colegio y... veamos..., sí, creo que doscientos puntos para Gryffindor por cada uno.
—Y es más— añadió Dumbledore, sonriéndole abiertamente a los involucrados. El comedor, de repente, se quedó en silencio, mirando expectantes a lo que dijese el director—. Hubo muchas cosas que no contabilicé, como aquella perfecta poción hecha por la señorita Granger o que la señorita Weasley luchó contra Tom desesperadamente — Albus tomó una larga respiración, mientras que el comedor escucha atentamente el discurso—. Esos son actos que merecen ser recompensados con algo útil. Pues veamos, la señorita Granger recibirá un Premio por Servicios Especiales al colegio y doscientos puntos para Gryffindor por haber buscado la manera de que los ataques cesasen.
Gryffindor aplaudió con ganas, mientras que Hermione era felicitada por muchas personas de distintas casas, provocando que se ruborizase. Ella se sentía dichosa y abochornada por el premio recibido.
—¡Silencio! — habló Albus, callando al instante al comedor—. Bien, continuó. También merece ser recompensada la lucha valiente de la señorita Weasley con Tom, por lo tanto, ella recibirá una medalla de honor y cien puntos para Gryffindor.
Gryffindor volvió a aplaudir con fuerza. Ya estaban muy por encima de las demás casas, con el trío dorado haciendo cosas tan heroicas una vez terminado de leer todos los libros, ganarían la copa de las casas fácilmente, eso era definitivo.
Ginny, mientras tanto, era abrazada por sus hermanos y padres. Todos los Weasley se sentían orgullosos de las cosas que podían hacer los dos más pequeños de la familia.
Ginny, en tanto, agachaba la cabeza roja hasta la médula. Jamás pensó en recibir tal honor y ahora que recibía una cosa importante, se dio cuenta que había sido tonta al creer que la condenarían por haber estado involucrada en esos hechos sin ser consciente. Suspiró, entonces, feliz.
Luego de las felicitaciones, aplausos, silbidos de alegría, la lectura siguió.
Ron se puso tan sonrosado como las flores de San Valentín de Lockhart, y volvió a cerrar la boca.
—Pero hay alguien que parece que no dice nada sobre su participación en la peligrosa aventura —añadió Dumbledore—. ¿Por qué esa modestia, Gilderoy?
La gente rompió a reír escandalosamente. Ese pobre tipo tenía lo que se merecía.
Harry dio un respingo. Se había olvidado por completo de Lockhart.
—Y nosotros también— canturrearon los alumnos, riendo por lo bajo.
Se volvió y vio que estaba en un rincón del despacho, con una vaga sonrisa en el rostro. Cuando Dumbledore se dirigió a él, Lockhart miró con indiferencia para ver quién le hablaba.
—Presumido— murmuró Minerva, rodando los ojos.
—Profesor Dumbledore —dijo Ron enseguida—, hubo un accidente en la Cámara de los Secretos. El profesor Lockhart..
—¿Soy profesor? —preguntó sorprendido—. ¡Dios mío! Supongo que seré un inútil, ¿no?
—¡Por el amor de Merlín! — exclamó Sirius extasiado—. El pobre imbécil ha quedado tan desmemorizado que se ha llamado así mismo inútil. Se dio cuenta cuando perdió la memoria, lo cual es muy curioso, pero lo que cuenta es que se lo dijo él mismo.
Ante esto la gente rió a carcajadas. Lockhart era un real tarado que se merecía eso y mucho más.
Luego de que el comedor dejó de reír, la lectura siguió.
—... intentó hacer un embrujo desmemorizante y el tiro le salió por la culata
—explicó Ron a Dumbledore tranquilamente.
—Hay que ver —dijo Dumbledore, moviendo la cabeza de forma que le temblaba el largo bigote plateado—, ¡herido con su propia espada, Gilderoy!
—Acertado y preciso— sonrió Moody.
—Exactamente— dijo Albus con los ojos brillando intensamente.
Solo Harry, Ron, Hermione, Ginny, Minerva, Sprout, Snape, Flitwich, Sirius, Remus y Kingsley comprendieron aquel intercambio, los demás no entendieron ni un ápice de lo que querían decir ambos hombres, por lo que se encogieron de hombros y le pidieron a Justin que siguiese leyendo.
—¿Espada? —dijo Lockhart con voz tenue—. No, no tengo espada. Pero este chico sí tiene una. —señaló a Harry—. Él se la podrá prestar.
—Idiota— dijo Flitwich, rodando los ojos.
—¿Te importaría llevar también al profesor Lockhart a la enfermería? —dijo
Dumbledore a Ron—. Quisiera tener unas palabras con Harry.
Sirius y Remus suspiraron resignados. Los demás prestaron atención al libro que sostenía Justin.
Lockhart salió. Ron miró con curiosidad a Harry y Dumbledore mientras cerraba la puerta. Dumbledore fue hacia una de las sillas que había junto al fuego.
—Siéntate, Harry —dijo, y Harry tomó asiento, incomprensiblemente azorado—.
Antes que nada, Harry, quiero darte las gracias —dijo Dumbledore, parpadeando de nuevo—. Debes de haber demostrado verdadera lealtad hacia mí en la cámara. Sólo eso puede hacer que acuda Fawkes.
—Increíble— susurró Seamus maravillado.
Y al igual que él, los demás miraban embobados a su director quién volvía a tener los ojos brillando intensamente.
Acarició al fénix, que agitaba las alas posado sobre una de sus rodillas. Harry sonrió con embarazo cuando Dumbledore lo miró directamente a los ojos.
—Así que has conocido a Tom Ryddle —dijo Dumbledore pensativo—. Imagino que tendría mucho interés en verte.
—Obviamente— gruñó Sirius.
Nadie quiso decir nada, pero estaban de acuerdo con Black. Era más que claro que quien no debe nombrarse quisiera verlo.
De pronto, Harry mencionó algo que le reconcomía:
—Profesor Dumbledore... Ryddle dijo que yo soy como él. Una extraña afinidad, dijo...
Sirius y Remus entrecerraron los ojos y gruñeron. Ninguno estaba de acuerdo con aquella afirmación de extraña afinidad, aunque debían reconocer que en algún grado les atemorizaba pensar en eso aun sabiendo que era un imposible.
—¿De verdad? —preguntó Dumbledore, mirando a un Harry pensativo, por debajo
de sus espesas cejas plateadas—. ¿Y a ti qué te parece, Harry?
—¡Me parece que no soy como él! —contestó Harry, más alto de lo que pretendía
—No lo eres— le aseguró Sirius seriamente—. Jamás serás como él y no tienes esa afinidad que él dice tener contigo. No entiendo porqué razón le haces caso a Voldemort. Él es un autentico manipulador, nunca estés de acuerdo con ese mago, Harry, podría ser un autentico problema.
—Lo sé, Sirius, lo sé— susurró Harry, apretando los puños y entrecerrando los ojos.
No obstante, le inquietaba estar teniendo esas extrañas pesadillas las cuales le decía exactamente lo que pensaba hacer Voldemort en esos momentos, cosas que era crueles y horrorosas de ver en forma de sueño. Esa conexión, sin duda, lo mantenía intranquilo y no quería saber qué sucedería en su futuro si por causa de eso pasaba una catástrofe. No estaría calmado si le llegase pasar algo a cualquier ser querido suyo. Pero también creía que si leían estos libros le quedaría un poco más claro lo que pasaba con esa conexión del demonio. Harry suspiró luego de reflexionar sobre aquello y cuando abrió los ojos se dio cuenta que todos le miraban curiosos.
Al parecer había estado tan encerrado en sus pensamientos que no fue consciente que mantenía una conversación con Sirius y que seguramente la gran mayoría estuvo escuchando atentamente lo que hablaban. Volvió a suspirar, mientras una mano suave y familiar le apretaba fuertemente la suya. Le agradeció a Ginny con la mirada.
—Harry, ¿Te encuentras bien? — le preguntó Remus, preocupado.
Harry apartó la mirada de Ginny, miró a Remus y asintió con la cabeza, respondiendo de esa forma que se encontraba bien.
Sin embargo, Ni Sirius, Remus, Tonks, los Weasley, Hermione, Albus y Minerva creían que Harry estuviese bien. Algo les decía que algo estaba pensando y no era nada bueno.
Harry, otra vez, suspiró y antes de que su padrino volviese a abrir su boca para hablar, él le pidió a Justin que siguiese leyendo. Justin lo hizo inmediatamente.
—. Quiero decir que yo..., yo soy de Gryffindor, yo soy...
—Uno de los mejores de Gryffindor en años— aclaró Neville.
Todos los de esa casa asintieron con la cabeza. Esa afirmación era completamente correcta. Harry había demostrado ser un verdadero Gryffindor, aquel que es valiente y heroico. Nadie lo ponía en duda.
Harry solo esbozó una sonrisa al escuchar eso, mientras que Hermione y Ron le sonreían abiertamente. Ambos lo sabían de sobra.
Pero calló. Resurgía una duda que le acechaba.
—Profesor —añadió después de un instante—, el Sombrero Seleccionador me dijo que yo... haría un buen papel en Slytherin. Todos creyeron un tiempo que yo era el heredero de Slytherin, porque sé hablar pársel...
—Y es algo que nos inquieta a todos— acotó Molly, mirando seriamente en dirección el director.
Albus, con sus ojos oscuros, ignoró a la señora Weasley y se limito a pedirle a Justin que siguiese leyendo. Éste lo hizo sin demoras.
—Tú sabes hablar pársel, Harry —dijo tranquilamente Dumbledore—, porque lord
Voldemort, que es el último descendiente de Salazar Slytherin, habla pársel.
—¿Qué tiene que ver eso con que mi ahijado hable pársel? — le interrogó Sirius, entrecerrando los ojos—. Es estúpido que porque él lo haga, Harry lo haga también.
—En un momento lo sabrás, padrino— le contestó Harry con los ojos oscuros.
La gran mayoría se estremeció. Tener a dos personas con esa mirada sombría, les producía miedo. Pero fue peor cuando Ron y Hermione cruzaron sus miradas y luego pusieron una expresión idéntica a la de Harry y Dumbledore.
Ningún presente se atrevió a decir nada, porque sabían que lo sabrían en unos momentos más, por lo que le hicieron un gesto a Justin para que siguiese leyendo enseguida. Él lo hizo sin demora alguna.
Si no estoy muy equivocado, él te transfirió algunos de sus poderes la noche en que te hizo esa cicatriz. No era su intención, seguro...
Un silencio tenso se apoderó del Gran Comedor. Nadie se atrevía a hablar, esa línea los habían dejado temerosos y perplejos… ¿cómo?, ¿qué?, ¿era imposible lo que había dicho Albus Dumbledore?, ¿no podía ser cierto que quien no debía nombrarse le hubiese traspasado poderes a Harry Potter? Ningún poder, era insólito e inaudito. No era posible aquello.
De pronto, las respiraciones de las personas se volvieron irregulares: Si el innombrable le había traspasado poderes a Harry eso significaría que él podría poseer un poder maligno dentro de sí y que él sería capaz de causar el mismo daño que había causado quien no debe nombrarse y …No, eso era imposible. Él ya había demostrado con creces no ser alguien como el innombrable, pero entonces, ¿por qué esto les provocaba pánico?
Nadie comprendía nada y los minutos comenzaban a pasar con lentitud.
—¿Qué significa esto, Albus? — susurró Sirius con el rostro pálido.
—¿Qué es eso de trasferir poderes? — interrogó Remus en voz baja.
—Es lo que acaban de oír— respondió Albus entrecerrando los ojos—. El día de aquel ataque a los Potter, Voldemort sin ser consciente de lo que hacía, le trasfirió algunos de sus poderes al señor Potter entre los que se destaca es su habilidad para hablar pársel.
—Pero cómo— volvió a insistir Sirius.
—A ciencia cierta, nunca lo sabremos, Sirius— suspiró el director, dejando a todos en un silencio profundo y aterrador.
Sin embargo, Harry, miraba a Dumbledore fijamente. No sabía el motivo, pero algo le decía que había algo más en aquellas palabras, algo que el director no quería sacar a la luz y que, suponía, sería horrible de saber. No obstante, sabía que Albus no hablaría hasta cuando él quisiera hacerlo y él, Harry, necesitaba con urgencia muchas respuestas. Pero también sabía que tendría que esperar.
Suspiró, al tiempo que Dumbledore pedía a Justin que siguiese leyendo a pesar de que el comedor seguía sumido en el miedo y la incredulidad.
—¿Voldemort puso algo de él en mí? —preguntó Harry, atónito.
—Eso parece.
—Así que yo debería estar en Slytherin —dijo Harry, mirando con desesperación a
Dumbledore—. El Sombrero Seleccionador distinguió en mí poderes de Slytherin y...
—Lo puso en Gryffindor— murmuró Dean tan blanco como un fantasma.
Aún las personas miraban a Harry con terror. No podían creer lo que el libro decía y pasarían algunas horas antes de que se calmasen por completo, sobre todo para Vernon y Petunia que pasarían querer huir de allí lo más rápido posible.
—Te puso en Gryffindor —dijo Dumbledore reposadamente—. Escúchame, Harry.
Resulta que tú tienes muchas de las cualidades que Slytherin apreciaba en sus alumnos, que eran cuidadosamente escogidos: su propio y rarísimo don, la lengua pársel..., inventiva..., determinación..., un cierto desdén por las normas —añadió, mientras le volvía a temblar el bigote—. Pero aun así, el sombrero te colocó en Gryffindor. Y tú sabes por qué. Piensa.
Los alumnos miraron sin comprender, pero los adultos asintieron, entendieron de inmediato a lo que se refería el director.
—Me colocó en Gryffindor —dijo Harry con voz de derrota— solamente porque
yo le pedí no ir a Slytherin...
—Exacto —dijo Dumbledore, volviendo a sonreír—. Eso es lo que te diferencia de
Tom Ryddle. Son nuestras elecciones, Harry, las que muestran lo que somos, mucho más que nuestras habilidades. —Harry estaba en su silla, atónito e inmóvil
—Y por eso y mucho más Harry nunca se parecería a Voldemort— aseguró Ron, mirando fijamente a todas las personas que aún seguían pálidos.
Todos miraron al Ron perplejos. Nunca hubiesen esperado que él dijese ese nombre. Y mientras la gran mayoría tragaba saliva, Harry, Hermione, Albus, Moody, Kingsley, Sirius y Remus le sonreían abiertamente.
—Supérenlo— añadió Ron, rodando los ojos —. Justin, sigue leyendo.
El chico asintió y volvió a leer con un comedor aún anonadado.
—. Si quieres una prueba de que perteneces a Gryffindor, te sugiero que mires esto con más detenimiento.
Dumbledore se acercó al escritorio de la profesora McGonagall, cogió la espada ensangrentada y se la pasó a Harry. Sin mucho ánimo, Harry le dio la vuelta y vio brillar los rubíes a la luz del fuego. Y luego vio el nombre grabado debajo de la empuñadura:
Godric Gryffindor:
Sirius, Remus y Ron hincharon su pecho orgulloso. Ese hecho, precisamente, era el que demostraba que Harry se diferenciaba de Voldemort. Ninguna prueba era más concreta que esa.
—Sólo un verdadero miembro de Gryffindor podría haber sacado esto del sombrero, Harry —dijo simplemente Dumbledore.
Gryffindor asintió, mientras algunos dejaban de lado el temor que les había causado aquella noticia de que el innombrable haya trasferido algunos poderes a Harry.
Durante un minuto, ninguno de los dos dijo nada. Luego Dumbledore abrió uno de los cajones del escritorio de la profesora McGonagall y sacó de él una pluma y un tintero.
—Lo que necesitas, Harry, es comer algo y dormir. Te sugiero que bajes al banquete, mientras escribo a Azkaban: necesitamos que vuelva nuestro guarda.
La gente aplaudió. Hagrid se sonrojo.
Y tengo que redactar un anuncio para El Profeta, además —añadió pensativo—. Necesitamos un nuevo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras.
Harry, Ron y Hermione le sonrieron a Remus y éste le sonrió de vuelta.
Por lejos Remus Lupin había sido el mejor profesor de DCAO que habían tenido nunca.
Vaya, parece que no nos duran nada, ¿verdad?
Los alumnos asintieron. Eso era verdad y ya estaban cansados de cambiar de profesor cada dos por tres.
Harry se levantó y se dispuso a salir. Pero apenas tocó el pomo de la puerta, ésta se abrió tan bruscamente que pego contra la pared y rebotó.
La gente miró perplejo en dirección al libro, ¿qué ocurriría ahora? Y como Justin sabía que lo comprenderían de un segundo para el otro, siguió leyendo con rapidez.
Lucius Malfoy estaba allí, con el semblante furioso; y también Dobby, encogido de miedo y cubierto de vendas.
Miradas furiosas y de asco se dirigieron a Draco Malfoy.
—Yo no tengo la culpa de nada— se excusó de inmediato, poniendo mala cara—. Es mi padre, no yo.
Varios rodaron sus ojos y esperaron a que Justin siguiese leyendo.
—Buenas noches, Lucius —dijo Dumbledore amablemente.
El señor Malfoy casi derriba a Harry al entrar en el despacho. Dobby lo seguía detrás, pegado a su capa, con una expresión de terror.
Dobby, de repente, se había sentando en las piernas de Harry y lo abrazaba fuertemente. Al elfo le había aterrorizado escuchar el nombre de Lucius Malfoy.
Y mientras Harry intentaba tranquilizar a Dobby, los demás aferraban fuertemente la varita para no hechizar a Draco sin que él haya sido el culpable directamente.
—¡Vaya! —dijo Lucius Malfoy, fijos en Dumbledore sus fríos ojos—. Ha vuelto.
El consejo escolar lo ha suspendido de sus funciones, pero aun así, usted ha considerado conveniente volver.
—Lucius— siseó Arthur, agarrando firmemente su varita.
Nadie decía nada, excepto Draco, quién tragaba saliva. Creía que algo malo le iba a pasar y esta vez no iba a ser culpa de él sino de su padre. Lo odiaba en esos momentos.
—Bueno, Lucius, verá —dijo Dumbledore, sonriendo serenamente—, he recibido una petición de los otros once representantes. Aquello parecía un criadero de lechuzas, para serle sincero. Cuando recibieron la noticia de que la hija de Arthur Weasley había sido asesinada, me pidieron que volviera inmediatamente. Pensaron que, a pesar de todo, yo era el hombre más adecuado para el cargo. Además, me contaron cosas muy curiosas. Algunos incluso decían que usted les había amenazado con echar una maldición sobre sus familias si no accedían a destituirme.
—¡Malfoy! — exclamó la mitad del comedor enojado.
—Eres un completo imbécil— dijo la otra mitad del comedor, mirando con rabia al único Malfoy presente en el salón.
—No fue mi culpa—volvió a excusarse Draco.
—Pero eres el único miembro de esa familia que está presente— lo corrigió Sirius, mirándolo con caras de pocos amigos.
—Sí, pero yo estoy con él, black— gruñó Snape, entrecerrando los ojos.
Ambos hombres se miraron con un odio irracional y parecía que estaban dispuestos a sacar su varita y hechizarse.
—Es suficiente— siseó Minerva—. Compórtense como los hombres adultos que son— posó su mirada severa en los dos, haciendo gemir a muchos. Ellos se dieron la última mirada de odio antes de ignorarse mutuamente—. El señor Malfoy no tiene la culpa y nadie le hará nada— terminó de decir la profesora, aunque se notaba furiosa por lo que había hecho Lucius con el director.
La gente asintió de mala gana y Justin volvió a leer.
El señor Malfoy se puso aún más pálido de lo habitual, pero seguía con los ojos cargados de furia.
—¿Así que... ha puesto fin a los ataques? —dijo con aire despectivo—. ¿Ha encontrado al culpable?
—Sí— dijo el comedor todavía enojado.
Draco tragó saliva.
—Lo hemos encontrado —contestó Dumbledore, con una sonrisa.
—¿Y bien? —preguntó bruscamente Malfoy—. ¿Quién es?
—El mismo que la última vez, Lucius —dijo Dumbledore—. Pero esta vez lord
Voldemort actuaba a través de otra persona, por medio de este diario.
Los alumnos se estremecieron, especialmente Ginny.
Levantó el cuaderno negro agujereado en el centro, y miró a Malfoy atentamente.
Harry, por el contrario, no apartaba los ojos de Dobby.
El elfo hacia cosas muy raras. Miraba fijamente a Harry, señalando el diario, y luego al señor Malfoy. A continuación se daba puñetazos en la cabeza.
Muchos miraron al elfo sin comprender, mientras que él seguía abrazado a Harry. Justin optó por volver a leer.
—Ya veo... —dijo despacio Malfoy a Dumbledore.
—Un plan inteligente —dijo Dumbledore con voz desapasionada, sin dejar de mirar a Malfoy directamente a los ojos
Harry entrecerró los ojos. Dumbledore sabía de mucho antes que Lucius había sido el culpable de poner el diario en el caldero de Ginny. Estaba seguro porque solo ahora prestaba atención a las cosas que había obviado en aquel entonces por haber estado pendiente de Dobby. Gruñó por lo bajo y siguió escuchando la lectura.
—. Porque si Harry, aquí presente —el señor Malfoy dirigió a Harry una incisiva mirada de soslayo
Sirius y Remus gruñeron.
—, y su amigo Ron no hubieran descubierto este cuaderno..., Ginny Weasley habría aparecido como culpable. Nadie habría podido demostrar que ella no había actuado libremente...
Los Weasley entrecerraron los ojos gruñendo. Darían lo que fuera por encontrar a la persona que había puesto el caldero aquel diario para ponerlo en su lugar por todo el daño que había causado.
Harry, Ron, Hermione y Ginny se miraron. Habría una tragedia cuando se leyese aquella parte y ninguno quería estar presente en ese momento. Suspiraron y esperaron a que el libro lo dijese.
El señor Malfoy no dijo nada. Su cara se había vuelto de repente como de piedra.
—E imagine —prosiguió Dumbledore— lo que podría haber ocurrido entonces...
Los Weasley son una de las familias de sangre limpia más distinguidas. Imagine el efecto que habría tenido sobre Arthur Weasley y su Ley de defensa de los muggles, si se descubriera que su propia hija había atacado y asesinado a personas de origen muggle.
Afortunadamente apareció el diario, con los recuerdos de Ryddle borrados de él. Quién sabe lo que podría haber pasado si no hubiera sido así.
—Una catástrofe en nuestra humilde familia— gritó histérica Molly—. Quien haya sido el responsable me las pagará.
—Y nosotros la apoyaremos en todo— dijeron sus hijos y marido.
Harry, Ron, Hermione y Ginny se volvieron a mirar. Esto se convertiría en una tragedia, sin dudarlo.
En cuanto a los demás, se veían asustados con el repentino cambio de personalidad de la familia Weasley. Justin, temeroso, aptó por leer.
El señor Malfoy hizo un esfuerzo por hablar.
—Ha sido una suerte —dijo fríamente.
Pero Dobby seguía, a su espalda, señalando primero al diario, después a Lucius
Malfoy, y luego pegándose en la cabeza.
Arthur, Bill y Charlie se frotaron la sien después de leer aquella línea. Si era responsable aquella persona, lo pagaría lenta y dolorosamente.
Y Harry comprendió de pronto. Hizo un gesto a Dobby con la cabeza, y éste se retiró a un rincón, retorciéndose las orejas para castigarse.
—¿Sabe cómo llegó ese diario a Ginny, señor Malfoy? —le preguntó Harry.
—¿Qué quieres decir? — interrogó Fred, mirando a Malfoy con odio.
En respuesta, Harry le hizo un gesto a Justin para que siguiese leyendo. Él lo hizo sin demoras.
Lucius Malfoy se volvió hacia él.
—¿Por qué iba a saber yo de dónde lo cogió esa tonta? —preguntó.
—Mi hija no es ninguna tonta, Malfoy— gritó Arthur, parándose de su puesto y apuntando con su varita a Draco.
—Papá, tranquilo— Ginny agarró la túnica de su padre, obligándolo a sentarse—. No ha pasado nada y él no tiene la culpa.
—Pero él te ha llamando…
—Lo sé, sin embargo, no me importa en lo absoluto— le interrumpió Ginny, con el ceño fruncido. Ella hubiese dado lo que fuera porque Lucius Malfoy pagase el daño que le había causado, no obstante, no era su hijo quien merecía la ira Weasley.
El señor Weasley se sentó de mala gana. Después de aquello, la lectura continuó.
—Porque usted se lo dio —respondió Harry—. En Flourish y Blotts. Usted le cogió su libro de transformación y metió el diario dentro, ¿a que sí?
La ira y el odio de la familia Weasley se podía sentir en cada rincón del comedor. Nadie se atrevía a hablar, la expresión oscura de los Weasley les impedía decir o hacer nada.
Mientras tanto, Draco, miraba furioso el libro porque por culpa de su padre, él recibiría toda la rabia de esa familia. De eso estaba seguro.
—Escucha muy bien lo que te diré, Draco Malfoy— habló, entonces, muy despacio Arthur Weasley, apuntando con la varita al joven. Molly, a su lado, sollozaba con rabia—. Le dirás a tu padre cuando lo veas, que me pagará muy caro lo que le ha hecho a mi hija, que se cuide muy bien la espalda porque nadie le hace daño a mi familia sin recibir algo de vuelta.
Arthur Weasley miró fijamente a Draco, al igual que sus hijos. Todos ellos parecían dispuestos a hacerle pagar al Slytherin por la falta de Lucius.
—Y es más, dile que Sirius y Remus estarán con ellos— acotó Sirius, gruñendo.
—Y muchas otras personas más— dijo Moody, entrecerrando los ojos.
Malfoy asintió con la cabeza. Su padre tendría que vivir un episodio desastroso.
En tanto, Harry, Ron, Hermione y Ginny suspiraban aliviados. No sucedió nada malo y la amenaza era eso, una amenaza que se cumpliría al terminar los libros.
—Ahora, Justin, sigue leyendo— urgió Molly.
Él siguió sin demoras.
Vio que el señor Malfoy abría y cerraba las manos.
—Demuéstralo —dijo, furioso.
—Nadie puede demostrarlo —dijo Dumbledore, y sonrió a Harry—, puesto que ha desaparecido del libro todo rastro de Ryddle.
—Pero fue él— dijo sin miramientos Harry.
La gente gruñó. Estaban asqueados por lo que había hecho Lucius Malfoy.
Por otro lado, le aconsejo, Lucius, que deje de repartir viejos recuerdos escolares de lord Voldemort. Si algún otro cayera en manos inocentes, Arthur Weasley se asegurará de que le sea devuelto a usted...
—Me aseguraría de darle una buena golpiza— corrigió Arthur, provocando aplausos aislados.
Albus negó con la cabeza antes de que la lectura continuase.
Lucius Malfoy se quedó un momento quieto, y Harry vio claramente que su mano derecha se agitaba como si quisiera empuñar la varita. Pero en vez de hacerlo, se volvió a su elfo doméstico.
—¡Nos vamos, Dobby!
Varios gruñeron.
Tiró de la puerta, y cuando el elfo se acercó corriendo, le dio una patada que lo envió fuera. Oyeron a Dobby gritar de dolor por todo el pasillo.
—Ese mugroso de Lucius Malfoy— gritó Hermione —, ¿Cómo se le ocurre tratar a los elfos de aquella manera, sobre todo a Dobby?
—Hermione, calma. Ese idiota Malfoy tendrá su merecido en cuanto terminemos de leer— le dijo Ron, tomándole la mano—. No vale la pena hacerlo ahora.
Hermione asintió, aunque claramente estaba pensando en el .D.O y en unas cuántas cosas más que agregarle.
Harry reflexionó un momento, y entonces tuvo una idea.
El trió sonrió abiertamente. Para suerte de los tres, nadie se fijó en ellos.
—Profesor Dumbledore —dijo deprisa—, ¿me permite que le devuelva el diario al señor Malfoy?
—¿Qué tienes pensado hacer ahijado? — le preguntó Sirius curioso.
—Ya lo verás, padrino— contestó Harry, mirando burlonamente a Draco.
La curiosidad aumentó tanto que Justin volvió a leer aprisa.
—Claro, Harry —dijo Dumbledore con calma—. Pero date prisa. Recuerda el banquete.
Harry cogió el diario y salió del despacho corriendo. Aún se oían alejándose los gritos de dolor de Dobby, que ya había doblado la esquina del corredor.
Gruñidos y silbidos de enfado se escuchaban a lo largo del comedor. Lucius se metería en un gran problema cuando apareciese.
Rápidamente, preguntándose si sería posible que su plan tuviera éxito, Harry se quitó un zapato, se sacó el calcetín sucio y embarrado, y metió el diario dentro.
—Brillante— murmuraron extasiados Sirius, Remus, Tonks, los Weasley, Moody, Kinsgley y unos cuantos profesores.
Harry simplemente sonrió mientras los demás se veían confundidos. Draco, en cambio, fruncía el ceño enfadado. Dobby, en tanto, miraba radiante y agradecido a Harry.
Luego se puso a correr por el oscuro corredor. Los alcanzó al pie de las escaleras.
—Señor Malfoy —dijo jadeando y patinando al detenerse—, tengo algo para usted.
Y le puso a Lucius Malfoy en la mano el calcetín maloliente.
Los antes mencionados anteriormente, sonrieron ampliamente. Estaban deseosos de leer si había resultado o no, aunque todo parecía indicar que sí.
—¿Qué diablos...?
El señor Malfoy extrajo el diario del calcetín, tiró éste al suelo y luego pasó la vista, furioso, del diario a Harry.
—Harry Potter, vas a terminar como tus padres uno de estos días —dijo bajando la voz
—No lo será— gruñeron Sirius y Remus—. Será Malfoy quién termine donde debió estar hace mucho tiempo, en Azkaban.
—Mi padre no se irá a ese sitio mugroso— le rebatió Draco enfadado.
—Ya lo veremos, Malfoy, ya lo veremos— Sirius miró directo al joven Malfoy, con sus ojos sombríos. Draco tragó saliva, nervioso.
El animago sabía que Lucius terminaría en Azkaban por todo lo que había hecho siendo un mortifago de Voldemort. Y nadie podía contradecirlo dado a que sería así.
Los demás se habían quedado callados y aguardaban que la pequeña discusión finalice para poder seguir leyendo.
—. También ellos eran unos idiotas entrometidos. —
—No lo eran— gruñeron de nuevo Sirius y Remus—. Ellos luchaban por detener a Voldemort de la crueldad y el daño que hacía.
Otra vez, la gente se quedó callada. No sacaban nada con hablar porque los dos hombres se encontraban enojadísimos por lo que Lucius decía en el libro. Sí el hubiese estado aquí, de seguro hubiera terminado en San mungo. No cabía duda de eso.
Y se volvió para irse—. Ven, Dobby. ¡He dicho que vengas!
Pero Dobby no se movió. Sostenía el calcetín sucio y embarrado de Harry, contemplándolo como si fuera un tesoro de valor incalculable.
—Esplendido— exclamó la mitad del comedor.
—Maravilloso— dijo la otra mitad, sonriendo.
—Ahora Dobby es completamente libre. En tu cara, Malfoy— rió Sirius—. Mi ahijado es el mejor.
Ante aquellas palabras, la gente aplaudió y felicitó a Harry por haber tenido tan buena idea. Y a Dobby le dedicaron varias miradas de ternura y afecto, que el elfo parecía que se estuviese a punto de desmayar por sentirse tan amado por las personas que había presente en aquel comedor.
Draco, en tanto, gruñía y maldecía por lo bajo. No solo era él quien tenía problemas con el colegio, ahora se sumaba su papá. Realmente él odiaba los libros y a Harry Potter, por haberle quitado a su elfo.
Luego de aquello, la lectura siguió.
—Mi amo le ha dado a Dobby un calcetín —dijo el elfo asombrado—. Mi amo se lo ha dado a Dobby.
—¿Qué? —escupió el señor Malfoy—. ¿Qué has dicho?
—Dobby tiene un calcetín —dijo Dobby aún sin poder creérselo—. Mi amo lo tiró,
y Dobby lo cogió, y ahora Dobby... Dobby es libre.
—Sí lo es— rió Arthur alucinado. Lucius había pagado en algo todo el mal que había hecho a su hija.
Lucius Malfoy se quedó de piedra, mirando al elfo. Luego embistió a Harry.
—¡Por tu culpa he perdido a mi criado, mocoso!
Pero Dobby gritó:
—¡Usted no hará daño a Harry Potter!
—¡Dale con todo Dobby! —gritaron los gemelos, pensando que algo bueno sucedería.
Esto, como no, provocó que el comedor se inclinase un poco más al libro, esperando con ansias lo que sucedería.
Se oyó un fuerte golpe, y el señor Malfoy cayó de espaldas. Bajó las escaleras de tres en tres y aterrizó hecho una masa de arrugas.
Silbidos, aplausos y risas era todo lo que se escuchó en el comedor después de leer aquello.
—¡Eres genial, Dobby! — silbó Sirius.
—¡Te amamos! — rió Fred, secándose una lágrima falsa.
—Ha recibido su merecido— Arthur se abrazó con su esposa y comenzó a saltar.
Dobby, mientras tanto, agachaba la cabeza, avergonzado. Jamás le habían felicitado de aquella forma y lo ponía contento. Después de aquello, la lectura siguió.
Se levantó, lívido, y sacó la varita, pero Dobby le levantó un dedo amenazador.
—Usted se va a ir ahora —dijo con fiereza, señalando al señor Malfoy—. Usted no tocará a Harry Potter. Váyase ahora mismo.
Lucius Malfoy no tuvo elección. Dirigiéndoles una última mirada de odio, se cubrió por completo con la capa y salió apresuradamente.
Más silbidos y aplausos se escucharon luego de que se leyese esa parte. Sirius y Reus eran los que lo hacían con mayor gana, pues el elfo había salvado a su ahijado y estarían agradecidos por eso.
Dobby seguía avergonzado.
—¡Harry Potter ha liberado a Dobby! —chilló el elfo, mirando a Harry. La luz de la luna se reflejaba, a través de una ventana cercana, en sus ojos esféricos—. ¡Harry
Potter ha liberado a Dobby!
—Y Dobby sigue agradecido con el señor Harry Potter, señor— dijo Dobby sonriendo.
—Yo hice lo que debía hacer Dobby— le sonrió Harry.
Dobby sonrió en agradecimiento, mientras los demás miraban con ternura al elfo.
—Es lo menos que podía hacer, Dobby —dijo Harry, sonriendo—. Pero prométame que no volverá a intentar salvarme la vida.
Dobby sintió firmemente con la cabeza.
Una sonrisa amplia, con todos los dientes a la vista, cruzó la fea cara cetrina del elfo.
—Sólo tengo una pregunta, Dobby —dijo Harry, mientras Dobby se ponía el calcetín de Harry con manos temblorosas—. Usted me dijo que esto no tenía nada que ver con El-que-no-debe-ser-nombrado, ¿recuerda? Bueno...
Mucha gente miró con curiosidad a Harry y a Dobby, preguntándose qué quería decir eso. En respuesta, Harry le hizo un gesto a Justin para que continuase leyendo.
—Era una pista, señor —dijo Dobby, con los ojos muy abiertos, como si resultara obvio—. Dobby le daba una pista. Antes de que cambiara de nombre, el Señor Tenebroso podía ser nombrado tranquilamente, ¿se da cuenta?
—Bobby tiene toda la razón—sonrió amablemente Albus, mirando radiante al elfo—. Si les cuesta llamarlo Voldemort, llámenlo, entonces, Tom.
Mientras Dobby miraba una vez más avergonzado, el resto del comedor pensaba que era una excelente alternativa para decir el nombre sin asustarse. Lo tendrían que poner en práctica en breve.
—Bien —dijo Harry con voz débil—. Será mejor que me vaya. Hay un banquete, y mi amiga Hermione ya estará recobrada...
Recordando a los petrificados, la gente silbó y aplaudió emocionada. Quiénes habían sido petrificados, sonrieron abiertamente.
Dobby le echó los brazos a Harry en la cintura y lo abrazó con fuerza.
—¡Harry Potter es mucho más grande de lo que Dobby suponía! —sollozó —.
¡Adiós, Harry Potter!
Y dando un sonoro chasquido, Dobby desapareció.
Sirius y Remus veían a Dobby muy agradecidos. El elfo no solo había intentado impedir que Harry estuviese involucrado en lo que estuvo involucrado, sino que lo había protegido del ataque de Lucius Malfoy.
Harry había estado presente en varios banquetes de Hogwarts, pero en ninguno como aquél. Todos iban en pijama, y la celebración duró toda la noche.
—Yo quiero estar en uno así— se quejaron Sirius, Remus, Tonks, Charlie, Bill y los señores Weasley, mirando con un poco de envidia a los alumnos de Hogwart.
Ellos solo esbozaron una pequeña sonrisa en respuesta.
Harry no sabía si lo mejor había sido cuando Hermione corrió hacia él gritando: «¡Lo has conseguido! ¡Lo has conseguido!»
—Y nadie entendía porque razón lo había dicho— reconoció Hannah, mirando radiante a los dos amigos.
Todos los alumnos asintieron con la cabeza.
; o cuando Justin se levantó de la mesa de Hufflepuff y se le acercó veloz para estrecharle la mano y disculparse infinitamente por haber sospechado de él
—Y creo— paró su lectura Justin, sintiéndose un poco incómodo nombrándose a sí mismo— que esa disculpa no fue nada para lo que has hecho por todo el colegio. Sinceramente, nunca debí haberte acusado injustamente sin tener pruebas. Con estos libros he ido aprendiendo de a poco que mí percepción sobre ti era un poco errónea a lo que pensé. Eres una persona completamente distinta a lo que creía y que a fin de cuentas nunca he conocido al verdadero Harry Potter— finalizó, un tanto avergonzado.
—Justin, eso pasó hace tiempo y tú ya fuiste perdonado por aquello. No debías haberte disculpado de nuevo, no hay rencores ni odio— sonrió Harry, sorprendiendo a Justin, ya que el Hufflepuff siempre pensó que él había quedado resentido porque la gran mayoría de los alumnos lo creyó sospechoso.
Muchos se sorprendieron, pero luego se dieron cuenta que Harry nunca fue como pensaron. Él era una excelente persona.
Y mientras eso pasaba, Sirius y Remus inflaban su pecho con orgullo. Sin embargo, Dudley se seguía sintiendo mal dado a que nunca conoció a su primo. Suspiró, sabiendo que pronto vendría aquella conversación.
Luego de que todo hubiese pasada, Justin continuó.
; o cuando Hagrid llegó, a las tres y media, y dio a Harry y a Ron unas palmadas tan fuertes en los hombros que los tiró contra el postre
Mientras varios reían recordando la escena, Hagrid adquiría un rojo intenso en sus mejillas.
; o cuando dieron a Gryffindor los cuatrocientos puntos ganados por él y Ron, con lo que se aseguraron la copa de las casas por segundo año consecutivo
Gryffindor aplaudió fuertemente.
; o cuando la profesora McGonagall se levantó para anunciar que el colegio, como obsequio a los alumnos, había decidido prescindir de los exámenes
—Pero, ¿qué? — dijo Sirius con los ojos desorbitados—, ¿por qué a esta generación le pasa todo lo bueno? — se cruzó de brazos—. Me hubiese encantado en mi época de escolar haber escuchado que los exámenes no van. Hubiera sido esplendido.
Muchos rieron por la queja del animago, sobre todo su ahijado y Remus.
(«¡Oh, no!», exclamó Hermione)
Varios rodaron los ojos o se palmearon la cara diciendo: Solo Hermione o es igual a Remus, provocando que ambos se ruborizasen.
; o cuando Dumbledore anunció que, por desgracia, el profesor Lockhart no podría volver el curso siguiente, debido a que tenía que ingresar en un sanatorio para recuperar la memoria.
Los aplausos y risas no se hicieron esperar. Aquel profesor tenía su merecido.
Algunos de los profesores se unieron al grito de júbilo con el que los alumnos recibieron estas noticias.
—¡Qué pena! —dijo Ron, cogiendo una rosquilla rellena de mermelada—. Estaba empezando a caerme bien.
—Claro, lo que digas Ron— bufó el alumnado.
Ron rodó los ojos
El resto del último trimestre transcurrió bajo un sol radiante y abrasador. Hogwarts había vuelto a la normalidad, con sólo unas pequeñas diferencias: las clases de Defensa
Contra las Artes Oscuras se habían suspendido
—Eso es malo— murmuró Moody.
(«pero hemos hecho muchas prácticas», dijo Ron a una contrariada Hermione)
Varios rieron.
y Lucius Malfoy había sido expulsado del consejo escolar. Draco ya no se pavoneaba por el colegio como si fuera el dueño. Por el contrario, parecía resentido y enfurruñado.
Muchos miraron a Malfoy burlonamente. Draco adoptó la misma expresión de resentimiento que decía el libro.
Y Ginny Weasley volvía a ser completamente feliz.
No del todo Corrigió al libro Ginny, recordando lo pésimo que lo había pasado luego de que fue consciente de lo que había hecho.
Muy pronto llegó el momento de volver a casa en el expreso de Hogwarts. Harry,
Ron, Hermione, Fred, George y Ginny tuvieron todo un compartimento para ellos.
Aprovecharon al máximo las últimas horas en que les estaba permitido hacer magia antes de que comenzaran las vacaciones. Jugaron al snap explosivo, encendieron las últimas bengalas del doctor Filibuster de George y Fred, y jugaron a desarmarse unos a otros mediante la magia. Harry estaba adquiriendo en esto gran habilidad.
Sirius y Remus suspiraron, recordando su época escolar junto a James. Era tan parecido a lo que se leía que sintieron nostalgia.
Estaban llegando a Kings Cross cuando Harry recordó algo.
—Ginny.., ¿qué es lo que le viste hacer a Percy, que no quería que se lo dijeras a nadie?
Percy se puso rojo mientras que los gemelos y los merodeadores lo miraban con burla.
—¡Ah, eso! —dijo Ginny con una risita—. Bueno, es que Percy tiene novia.
—Es todo un galán— dijo Fred, tocándose el corazón con la mano.
—Tan apuesto— continuó George, fingiendo un desmayo.
—Tan varonil— se rió Sirius.
—que muchas chicas andan tras de él— esbozó una sonrisa Remus.
—Y una de ellas es su novia. Felicidades— finalizaron los cuatro, riendo.
Mientras muchos reían a carcajadas, Percy se iba poniendo cada vez más rojo.
—Cállense— gritó Percy aún rojo—Continua Justin, por favor— rogó.
Justin asintió, pero con una sonrisa en su rostro.
A Fred se le cayeron los libros que llevaba en el brazo.
Ahora Percy se reía de Fred., aunque al aludido le corrían lágrimas, recordando aquella escena penosa y chistosa.
—¿Qué?
—Es esa prefecta de Ravenclaw, Penélope Clearwater —dijo Ginny—. Es a ella a quien estuvo escribiendo todo el verano pasado. Se han estado viendo en secreto por todo el colegio. Un día los descubrí besándose en un aula vacía.
—Y en secreto— silbó Sirius.
—Es un romance clandestino— acotó Remus.
—¡Cállense! — volvió a gritar Percy en medio de un comedor riendo a carcajadas—. Sigan leyendo.
Justin volvió a leer, pero con cierta dificultad porque él igual reía.
Le afectó mucho cuando ella fue..., ya sabéis..., atacada.
Varios pararon de reír. Se habían olvidado de que ella había sido atacada.
No os reiréis de él, ¿verdad? —añadió.
—Ni se me pasaría por la cabeza —dijo Fred, que ponía una cara como si faltase muy poco para su cumpleaños.
—Por supuesto que no —corroboró George con una risita.
Fred y George chocaron las manos con Sirius y Remus.
El expreso de Hogwarts aminoró la marcha y al final se detuvo.
Harry sacó la pluma y un trozo de pergamino y se volvió a Ron y Hermione.
—Esto es lo que se llama un número de teléfono —dijo Harry,
Harry y Vernon gruñeron ante el recordatorio, mientras que Ron se ponía rojo y Hermione rodaba los ojos.
Varios quedaron extrañados por aquella reacción, preguntándose qué significaba, pero sabían que pronto lo sabrían, por lo que, Justin siguió leyendo.
escribiéndolo dos veces y partiendo el pergamino en dos para darles un número a cada uno—. Tu padre ya sabe cómo se usa el teléfono, porque el verano pasado se lo expliqué. Llamadme a casa de los Dursley, ¿vale?
Vernon volvió a gruñir.
No podría aguantar otros dos meses sin hablar con nadie más que con Dudley...
Dudley agachó la cabeza.
—Pero tus tíos estarán muy orgullosos de ti, ¿no? —dijo Hermione cuando salían del tren y se metían entre la multitud que iba en tropel hacia la barrera encantada—. ¿Y cuando se enteren de lo que has hecho este curso?
—¿Orgullosos? —dijo Harry—. ¿Estás loca? ¿Con todas las oportunidades que tuve de morir, y no lo logré? Estarán furiosos...
—Yo estoy orgulloso de ti, primo— reconoció Dudley, aún con la cabeza agachada.
Sus padres lo miraban con el ceño fruncido. Harry, en tanto lo miraba directamente
—Dudley, tenemos que hablar ahora— dijo él seriamente.
Dudley asintió.
—Pero esperen, falta una línea para acabar el libro— aclaró Justin.
Los dos primos asintieron y esperaron a que se leyese aquella parte.
Y juntos atravesaron la verja hacia el mundo muggle
—Bien, ese es el fin del libro— anunció Justin, depositando el libro sobre la tarima.
—Así que ahora— comenzó a decir Albus—, cenaremos y luego dormiremos. Mañana empezaremos con el tercer libro.
Con un asentimiento de todos, la mesa de cada casa se llenó de comidas y sin esperar mucho, comenzaron a comer.
Harry le hizo un gesto a su primo para que lo siguiese a la sala del fondo. Dudley asintió.
—Papá, mamá, ¿ustedes vendrán conmigo? — preguntó tímidamente.
—No iremos— dijeron los dos, mirándolo enfadados.
Dudley se encogió de hombros, suspiró y se paró para llegar a donde se encontraba su primo junto a Sirius y Remus. Tragó saliva por ver a esos dos hombres esperándolo, pero se armó de valor y siguió a su primo.
Mientras se dirigían a la sala del fondo, Dudley podía sentir la mirada de todos encima de él. No tenía idea de lo que los magos pensarán sobre su persona, sin embargo, lo único que le importaba en ese momento era hablar con su primo, de ser posible, disculparse con él por todo lo que le había hecho en el pasado, dejar sus diferencias atrás e intentar establecer una relación entre primos más cercana. Claro, Dudley no aspiraba a que se convirtieran en íntimos primos porque sabía que Ron y Hermione eran los confidentes de Harry, no obstante, aspiraba a que su primo le contase lo que pasaba en su colegio, con eso se daría por satisfecho. No pedía mucho.
Suspiró intranquilo y siguió caminando rumbo a la sala. Cuando llegaron y se abrió la puerta, Dudley se puso aún más nervioso. No sabía qué diablos iba a decir o qué pasaría, ¿su primo sería capaz de perdonarlo? Debía ser, él había estado presente cuando aquel niño le había pedido perdón por segunda vez y su primo había dicho que era pasado. Además, leyendo los libros se había dado cuenta de algunas cualidades de Harry, entre las que destacaba el no sentir rencor de la gente, ¿podría ser perdonado? Esperaba que sí, pensó, dejándose caer en un sofá que había allí. Volví a suspirar y miró a su alrededor. Lo que vio lo dejó impactado: Miles de cuadros moviéndose, eso lo descompuso. Comenzó a hiperventilar, sobre todo cuando se di cuenta que uno de esos cuadros estaba presente su primo, pero el niño del cuadro era diferente, no tenía esa cicatriz, ¿quién era ese niño y los demás que se parecían tanto a las personas que había presente en el comedor?
—Asusta, ¿no? — dijo Harry sonriendo y sacándolo de sus pensamientos.
—Sí— logró decir, sacudiendo la cabeza—. Sobre todo ese cuadro— apuntó a ese niño tan idéntico a Harry.
Claro, Dudley por haber estado encerrado en sus pensamientos no se había dado cuenta que Sirius, Remus y Harry miraban con nostalgia ese cuadro, pero no podía saber la razón detrás de aquello.
—Y eso nos preocupa— Harry volvía a ponerse serio—. Son tan idénticos que contantemente nos preguntamos quiénes son, pero bueno, eso no importa ahora. Lo que importa…
—Es mi comportamiento, ¿cierto? — le interrumpió Dudley, entrelazando sus manos. Harry asintió—. Verás Harry, cuando ocurrió ese ataque de esas criaturas.
—Dementores— aclaró Sirius, entrecerrando los ojos.
—Sí, de ellos— corroboró Dudley antes de seguir—. Me pasaron muchas cosas que no podía explicar en su momento—se detuvo un poco, inhalando y exhalando más de la cuenta. Tanto Harry como Sirius y Remus escuchaban con atención lo que él hablaba. Suspiró y volvió a hablar—. Cuando fue el ataque, sentí que toda mi alegría se iba de mi ser, fue horrible sentirlo— Sirius tembló un poco. Dudley lo miró atentamente. No sabía por qué reaccionaba así, pero sabía que lo sabría pronto—. Y entonces, mis recuerdos felices se fueron de repente, ya no había nada. Pensé que moriría a causa de la asfixia que tenía, me faltaba el aire— Sirius volvió a temblar, junto esta vez, con Harry—. Empecé a ver borroso, sin embargo, veía a Harry intentando hacer algo con su varita. No logré ver qué hizo porque me desmayé y cuando volví en mí, me encontraba en mi casa, envuelto en una frazada y siendo atendido por mamá y papá. Recuerdo vagamente que mi primo y padres tuvieron una discusión, de lo cual lo único que escuché fue que mi primo me salvó de esos seres y que ellos absorbían toda tu energía. Y aunque no puedo recordar qué pasó con mi primo luego de aquella discusión, yo había cambiado. Pensaba todo el día en que fueran ya las vacaciones de verano y agradecerte lo que habías hecho— Harry se sorprendió, pero no dijo nada —. Mientras tanto, sacarme todos los pensamientos negativos de esos seres, a escondidas de mis padres, entré a tu habitación y comencé a buscar tus libros del colegio.
—Espera, espera— le interrumpió Harry—, ¿entraste a mi cuarto y buscaste mis libros del colegio?, ¿Para qué?
—Para investigar más de esos seres— contestó Dudley con simplicidad—. Sin embargo, no encontré nada porque eran los de tu cuarto año.
—Porque eso no sale en los libros de tan bajo año, sale en lo de más nivel—acotó Remus, mirando fijamente a Dudley.
—Yo no lo sabía— reconoció Dudley mirando avergonzado—. No obstante, lo que leí me pareció muy interesante. Así que, los saqué y los llevé a mi habitación, sin que mis padres lo notaran, para leerlos de noche.
—Con que leyendo mis libros del colegio, ¿quién lo diría? — rió Harry.
Dudley se permitió reír junto a su primo. Siempre pensó que Harry se enojaría con él porque le había quitado sus libros, pero su reacción era tan diferente a lo que imaginó que volvió a sentir pena de sí mismo. Harry no se mereció haber sido tratado así por él por tantos años.
—Harry— dijo, entonces, tristemente. Harry y los dos hombres le miraron fijamente y contrariados por el repentino cambio de ánimo de Dudley—. Realmente me siento mal conmigo mismo por haberte hecho tanto daño en el pasado.
—Dudley no tienes que…
—Déjame seguir, Harry, necesito sacarme todo lo que tengo adentro— Harry asintió. Dudley, en tanto, suspiró—. Nunca fue mi intención haberte intimidado como lo hice, pero veía siempre a mis padres tratarte tan mal que yo imité sus acciones. Luego, vino el que enterases que eras mago. Te confieso que me asusté en un principio porque pensé que te desquitarías conmigo, sobre todo teniendo en cuenta lo que ese gigante había hecho— el padrino de Harry y su tío rieron por o bajo. Dudley no comprendió lo que sucedía por lo que siguió relatando—. Durante todo ese año estuve atemorizado por tenerte cerca, incluso papá lo estaba, entonces, sucedió lo de la tartaleta y tu castigo por eso que mis temores quedaron atrás y volví a tratarte como siempre porque nunca podrías hacerme algo sin que te terminarán expulsando de este colegio. Pero después del ataque todo cambio, el haber sacado toda mi alegría me hizo reflexionar sobre el trato que tuve contigo y ahora lo único que me importa es pedirte perdón por todo lo que he hecho, si pudieras perdonarme yo podría sanar un poco mi consciencia— finalizó, sacándose una lágrima traicionera.
—Dudley, no hay nada que perdonar— le aseguró Harry, entrecerrando los ojos y suspirando calmadamente, mientras que los dos hombres asentían con la cabeza—. Tú actuaste de acuerdo con las creencias de tus padres, pero te has dado cuenta solo que no estaba bien, el que te haya carcomido la consciencia es suficiente para mí, aunque no te niego que me molestaba que te burlaras de mí de esa forma.
—Lo sé— agachó su cabeza Dudley.
—Así que, intentaremos llevarnos mejor, ¿te parece? — le sugirió su primo, sonriéndole.
Dudley no lo podía creer. No solamente él lo había perdonado, ni se había molestado por haberle sacado sus textos de estudio, sino que él era quién pedía llevarse mejor cuando Dudley le tendría que haber dicho, no Harry.
Dudley no pudo hacer otra cosa que sonreír
—Sí, primo— aseguró—. Nos llevaremos bien, pero tú trata de no hacer todas esas cosas peligrosas, podrías terminar muerto o más herido de lo que ya estás.
—Dudley, los problemas me encuentran a mí, no yo a ellos— se cruzó de brazos Harry, bufando.
Dudley, Sirius y Remus rieron.
—Igualito a James— dijo Sirius, aún riendo.
—Mi tío decía lo mismo que mi primo— se interesó Dudley.
En su casa jamás se nombraba a James Potter o a Lily Potter y a él siempre le había interesado saber de sus tíos porque eran su familia después de todo. Y ahora sentía que podía llegar a saber de ellos dado a que todos en este colegio parecían saber de ellos y se notaban que eran muy queridos. Él tenía curiosidad, no lo negaba.
—Dudley, ¿en serio te interesas por mis padres? ¿Qué dirán los tuyos si se enteran que sienten curiosidad por los míos? — le preguntó Harry, entrelazando sus dedos.
Dudley suspiró y miró a Sirius y Remus, quiénes lo veían con los ojos desorbitados. Algo tenía que decir.
—No me interesa lo que digan mis padres, ellos entenderán pronto que lo hacen está mal, no me preocupa, lo que si me interesa es saber un poco más de mis tíos maternos, después de todo fueron familiares míos.
—En ese caso— suspiró Sirius—. Harry es físicamente igual a James, pero…
—Tengo los ojos de mi madre— terminó Harry, con un deje de tristeza.
Dudley se estremeció. No le gustaba ver a su primo triste. No ahora cuando podían empezar a llevarse mejor.
—Ya lo veo— susurró muy bajo.
—Y no es solamente eso— acotó Remus—. Sino que actúa igual a Lily, aunque a veces se comporta como James.
—Una mezcla muy buena— sonrió Dudley.
—Así es— corroboraron ambos hombres.
—Y con razón ganaron la apuesta.
Harry se paró de un salto, recordando esa "apuesta".
—¿Ustedes ganaron?, ¿Cuál fue esa apuesta? Hablen ya— dijo Harry impaciente.
Sirius y Remus sonrieron y le pidieron a Dudley que hablase.
—Bueno primo, la apuesta fue muy variada— comenzó a decir Dudley—. Hubo quienes apostaron que saldrían enojados y no se mirarían por horas. Otros dijeron que llegarían tomados de la mano. Otros apostaron a que Cho y Michael saldrían hechos una furia y ustedes negándolo todo. Otros, que al salir habría una pelea. Otros que Ginny sladría despechada y cosas así.
Harry se sorprendió— Y tú, qué apostaste— quiso saber.
—A que llegarían tomados de la mano y fue solo porque sentí que se querían y porque era el primer empujón para intentar una relación más estrecha entre los dos como primos— se apresuró a decir Dudley.
Harry enrojeció, ¿tan evidente era?
—Y ellos— apuntó a su padrino y su tío con los dedos—, ¿Qué apostaron?
—Conociendo a James y Lily como los conocemos y leyendo aquel poema, supusimos que Ginny era como James y tú como Lily— dijo Remus con toda naturalidad.
A Harry se le salieron los ojos de la órbita.
—Así que apostamos a que Ginny saldría corriendo y llorando. Harry corriendo tras de ella. Una escena penosa y beso— resumió Sirius, sonriendo con aire de suficiencia.
Harry los miró conmocionado.
—Fueron astutos, al igual que ese profesor llamado Snape. Él igual apostó por eso. Fueron los tres quienes ganaron la apuesta y ahora son millonarios, creo—añadió Dudley.
Harry se incorporó de un salto.
—¿Snape?. ¿Snape? — gritó enfadado mientras que Sirius y Remus gruñían.
—No me lo recuerden— frunció el ceño Sirius.
—¿Cómo lo hizo?
—No lo sé— gruñó Sirius.
Harry prefirió dejar el tema hasta allí porque Sirius estaba enfadado, Remus atentaba calmarlo y Dudley miraba atónito.
—Ok. No preguntaré más. Y Dudley— se volvió a su primo—. Gracias por ser mejor persona conmigo.
Dudley enrojeció y supo que ya había terminado la conversación. Se paró el sofá y se dispuso a irse. Él vio a Sirius pararse, junto a Remus; pero su primo no lo hizo. Dudley se detuvo.
—No vendrás con nosotros, Harry— le preguntó preocupado.
—No, Dudley. Necesito hablar con Sirius y Remus. A los dos le pido que se queden.
Ambos hombres miraron a Harry con sorpresa, pero se quedaron en la sala. Dudley se encogió de hombros y se fue del salón más feliz que antes.
Hola a todos. Ya volví con el último capítulo de este libro.
Lamento la tardanza, pero después de actualizar me fui de vacaciones y no volví hasta el 26 de febrero. Luego, tuve que hacer unos trámites en la U y sorpresa...a volver a los estudios. He estado intentando actualizar hace mucho y solo ahora pude...En fin...
Terminamos este libro...ya se viene el Prisionero de Azkaban...No sé para cuándo. A lo mucho un mes, dale. La Uni me absorbe mucho. Sin embargo, les diré que cuando leamos el primer capítulo, haré una nueva historia: Hogwart Lee la serie de Harry Potter III y para que nadie se pierda, haré una nota de autor en esta historia, dale. Bien.
Emmm...gracias a todos por sus review, alertas, favoritos. No saben lo que me hacen feliz con todo el cariño recibido, aunque yo me demoré un poco en traer los capítulos.
Desearía poder contestarles a los review que no tienen cuenta, sin embargo, ahora estoy un poco ocupada estudiando. La otra semana se me viene tan cargada como está. Solo decirles que los leí todos
Emmm, qué más...ese * en la reacción es porque yo igual me había olvidado que él se encontraba allí...Y, emmm...no me gustó mucho el capítulo, sobre todo el final. Tenía planeado algo así como lo que leyeron pero en versión mejorada...emmm...qué más...en mi perfil habrá una encuesta. Me la contestan, por favor, es sobre el tercer libro que yo no he podido resolver aún ( todos pueden contestar) y dice así:
¿Debo traer a Teddy Lupin a leer los libros?
1) Sí, hazlo.
2) No, no me gustaría.
3) Decide tú. Eres la autora.
4) Traelo, pero a ninguno más.
Ok...chicos, esto no significa que traeré a todos los niños de la tercera generación si gana el sí traerlo. Solo a Teddy. Él vendrá pero sin ser él...digamos que nadie sabrá de quién es hijo hasta mucho...mucho...mucho tiempo más...ya que merece conocer a su padres. Y aclaro, no estaré trayendo al pasado porque ya no corre...Tendrá un máximo de una semana para contestar, dale.
Besos y saludos. Nos veremos en los comentarios. Los amo.
PD: Sí hay errores, lo siento. No tengo mucho tiempo.
