Si, ha llegado el día esperado. Hoy, un año después de haber comenzado mi primer teenchester, ha llegado a su fin. Tantas emociones he atravesado escribiendo esta historia, disfrutando del recibimiento y la aceptación que tuvo, de los comentarios y de las amistades nuevas que gracias a él he cosechado que tengo unas cuantas razones por las que nunca voy a olvidar esta historia que escribí con mucho cariño hacia ustedes, el público que hace posible que trate de superarme día a día en esta vocación olvidada por el tiempo y las obligaciones y que retomé por amor a los Winchester y por el apoyo enorme y cordial que recibí de todas ustedes. Emocionada como estoy ahora sólo me queda dejarlas leer el final para no quebrar con tantas palabras el hilo conductor de lo que venían leyendo en la primera parte por lo que las dejo leer tranquilas y después de la palabra FIN (buaaaaaahhhhh *_*) agrego algunas palabritas más.

Enjoy it!

Supernatural

…-Ve con tu hermano chico, es hora de que me dejen tomar un café en paz-le dijo luego de un carraspeo que intentó despejar su voz antes de que sonara demasiado emocionada y sin más, giró sobre sus pies -y caminó hacia la cocina sin mirar atrás, sonriendo cuando escuchó un sincero gracias y luego los pasos apresurados de Dean que se alejaron hacia la puerta de entrada…

Supernatural

El joven cazador llegó al aire libre del exterior y lo recibió el sol resplandeciente, una brisa cálida en el rostro y un hermano pequeño muy entretenido mirando hacia un gran pino que estaba a algunos metros de la cabaña. Arrodillado en el suelo de vez en cuando estiraba un brazo y se mantenía muy quieto, al parecer esperando algo que Dean no tardó en identificar como una nerviosa ardilla cuando puso una mano sobre sus ojos, a modo de pantalla, para protegerse del brillo del sol.

El pequeño animal estaba ya casi en el suelo, olisqueando el aire nerviosamente y estirando el cuello en dirección a su hermano, moviendo sus orejitas como si estuviera escuchándolo con atención para después de unos pocos minutos-que fue el tiempo en que Dean se decidió a esperar luego de verificar que esa ardilla no estuviera rabiosa o mostrando signos de malhumor-el animalito de brillante pelo y cola larga se acercó al chico cada vez más y, para sorpresa del observador silencioso, trepaba velozmente sobre él, daba una veloz vuelta alrededor de su cuello deteniéndose apenas un segundo detrás de su cabeza para después descender por su brazo extendido y saltar con impresionante agilidad hacia el rugoso tronco del pino mientras la risa de Sam festejaba ese acto que parecía de circo.

El hermano mayor arqueó las cejas gratamente sorprendido no sólo por presenciar, una vez más, como Sammy parecía tener una especial conexión con los animales sino también porque la risa del chico era algo que no oía hacía bastante tiempo, sobre todo teniendo en cuenta de que las cacerías, las discusiones cada vez más frecuentes con su padre, el torbellino temperamental que era en esos momentos el jovencito que estaba en plena adolescencia, la vida que llevaban, los cambios constantes de escuelas, ser siempre el nuevo de la clase-que empeoraba cuando a "nuevo" le agregaban "fenómeno"-y las eternas preguntas sin contestar sobre esa madre que sólo conociera a través de una foto lo tenían sumido en un mar embravecido de emociones.

-Y eso sin contar lo emo que se pone a veces la princesita-fue lo que murmuró Dean para despejar con esa broma los pensamientos que tendieron a desdibujar esa sonrisa que surgiera en sus labios y le diera calidez a su corazón.

Decidido a no dejarse invadir por pensamientos tristes que lo condujeran al recuerdo de la horrible pesadilla vivida el mayor de los Winchester caminó hacia su hermano quien, al escuchar sus pasos acercándose, se dio vuelta para recibirlo con un ademán de silencio y cuidado que hizo fruncir extrañado las cejas la joven cazador.

-"Lo único que me faltaba, que ahora quiera adoptar una ardilla"-pensó con fastidio el rubio dándose cuenta de que ese pedido silencioso de cautela era para no asustar al pequeño animal-Cómo si no hubiera tenido suficiente con la cantidad de palomas, gorriones, caracoles, gatos, perros-refunfuñando por lo bajo el muchacho continuaba caminando hacia el chico mientras seguía con su diatriba molesta-hormigas, lagartijas, ranas, sapos, arañas y cuánta cosa peluda y sin pelo que se le cruzara y traía a casa para que yo fuera el malo de la historia y lo obligara a llevarlo nuevamente adonde lo encontrara soportando todo el camino los malditos ojos de cachorro lloroso y …¡Sammy! ¡Aquí estás!-exclamó sarcástico el pecoso con voz fuerte observando con una sonrisa satisfecha como la ardilla daba un pequeño chillido de espanto para salir corriendo ágilmente por el rugoso tronco del árbol desapareciendo en su verde follaje-"Si las miradas mataran"-fue lo que pensó Dean cuando su hermano se paró para enfrentarlo con esa expresión a la que él había bautizado cara de perra.

-¡Dean! ¡Lo hiciste a propósito!-dijo el castaño con vehemencia-¡Asustaste a la ardilla!

-¿Ardilla? ¿Cuál ardilla?-la mirada del mayor recorrió el entorno con una mal disimulada inocencia sonriéndole con más ganas cuando los labios fruncidos aparecieron junto con un destello enojado en esos ojos verdes que esa mañana parecían más oscuros-"A veces es tan bueno molestar a mi hermanito"-se dijo Dean cuando, parado ya frente a frente con el castaño, pudo ver como en muy pocos segundos el rostro de Sam reflejó con sus colores lo que estaba sintiendo. De un suave tono natural, notándose todavía el bronceado que tenía desde la última cacería al aire libre, a un color más escarlata, pasando después por un blanco rosado cuando el chico respiró profundamente tratando de equilibrar su temperamento. Después de todo, no quería discutir con Dean por una ardilla y ya estaba acostumbrado a las ocurrentes bromas de su hermano mayor.

-Idiota-le dijo solamente mientras se sentaba nuevamente en el pasto dándole la espalda a su hermano que sintió en ese momento una punzada de culpabilidad por haber sido el causante del cambio de humor del chico.

-Perra-le contestó el joven cazador sentándose a su lado y tomó la leve sonrisa con hoyuelos que apareció después de su acostumbrado juegos de palabras como una tregua-¿Te sientes bien esta mañana, Sammy?-le preguntó luego, su tono suave y su mirada interesada le dijeron al menor que el chistoso le había dejado el lugar al protector hermano mayor lo que hizo que su molestia por el susto que se llevara la pobre ardilla se difuminara como la niebla cuando sale el sol regalándole la misma calidez que el astro rey le regala a la Tierra.

-Si, Dean, estoy mejor. No te preocupes-contestó el castaño dirigiéndole al interesado una mirada de agradecimiento que despejó cualquier duda del mayor de un posible resquemor del chico por culpa de su broma. Siempre duraban poco tiempo los enojos del menor con él lo que le regaló a su alma una sensación de calidez que iluminó su rostro con una sonrisa.

-¿Quieres que entremos a tomar algo caliente o planeas seguir sentado en el pasto?-preguntó mientras le palmeaba la espalda sintiendo en ese momento una dureza bajo la palma de su mano-¿Qué tienes ahí, Sammy?-se extrañó el joven mientras tiraba de la capucha de la campera de su hermano para mirar en su interior encontrándose con un par de bellotas-Oh, chiquillo astuto-le dijo-¿Así conseguiste que Alvin se subiera sobre ti?

-¿No era que no habías visto ninguna ardilla?-Sam lo cuestionó elevando una ceja en expresión sospechosa.

-Está bien, lo confieso-dijo el rubio sintiendo como la mirada inquisitiva del menor lo traspasaba de lado a lado-Pude ver el truco que hacías con ese bicho-aclaró-¡Pero espero que no te haya llenado de pulgas porque a mi nena no te subes si empiezas a rascarte!-exclamó de pronto causando una risa divertida en su hermano menor.

-¡Yo no tengo pulgas Dean!-contestó todavía riendo-Y si no crece todo un ecosistema en la basura que a veces acumulas en la parte trasera… ¡Auch!-se quejó Sam como respuesta al manotazo que le dio el rubio en la nuca.

-¡No le digas sucia a mi nena!-lo retó el mayor.

-¡Tú eres el que la ensucia, Dean!-saltó el chico-Además, el Impala no es una perso…¡Auch!-volvió a quejarse Sam pero esta vez le respondió con un puñetazo en el brazo-¡Estúpido!-le dijo parándose-¿Estás buscando pelear conmigo hermano mayor?-le dijo desafiante poniéndose de inmediato en una postura que le demostró a las claras al joven cazador que Sam estaba listo para recibir una respuesta no verbal de su parte, lo que hizo que arqueara las cejas algo desconcertado ya que era raro que en sus discusiones pasaran a algo más que un par de manotazos o puntapiés disimulados.

Pero algo en la sonrisa provocativa del castaño le dijo que no era enojo lo que lo motivaba sino una necesidad física de descargar la tensión que fue acumulando desde que John decidiera dejar la cabaña apenas un par de horas después de que llegara Bobby y por el reposo completo que fue casi obligado a cumplir a pesar de que tres días después del emplasto la mejoría fue notable y todo rastro de fiebre desapareció por completo.

-¿Quieres morder el polvo, hermanito?-le contestó el rubio siguiéndole el juego-No te conviene meterte con alguien que no sea de tu tamaño-agregó comenzando a dudar si no era mejor parar con ese jueguito o si no estaría bien después de tantos días de inactividad entrenar un poco y de paso enseñarle al pequeño unos cuantos trucos más necesarios para que sepa defenderse en caso de ataques de cosas que, la mayoría de las veces, eran más grandes que Sam.

Esa apariencia frágil y vulnerable, ese niño dulce y conversador, esas miradas plenas de devoción absoluta hacia él habían profundizado aún más los instintos protectores de Dean casi desde que tenía memoria haciéndole rechazar categóricamente cualquier intento de su padre en incluirlo en alguna cacería a pesar de que desde los ocho años supo de la existencia de ese mundo de criaturas malvadas que acechaban en la oscuridad. Si proteger su inocencia no era suficiente para él si lo era el hecho de que el niño era demasiado pequeño para su edad.

Sólo después de los quince años había comenzado a dar indicios de que su crecimiento había decidido darle la altura que no le había dado en el resto de su niñez y fue recién a los doce años cuando empezó a participar más activamente en las cacerías y cuando la parte más dura de su entrenamiento realmente había empezado. Uso de armas de fuego, de cuchillos, ballestas, navajas, resistencia y trote, cien lagartijas mínimo por semana, combate cuerpo a cuerpo, sutura de heridas, sobrevivir a la intemperie y toda la experiencia que su padre ex marine había aprendido en su entrenamiento militar era pasada a ellos en esas duras sesiones de entrenamiento.

Eso sin contar las actividades no militares como falsificar tarjetas, abrir cerraduras, encender autos que no les pertenecían, profanar tumbas, salar y quemar cuerpos y matar todo tipo de monstruo o criaturas que nunca hubieran imaginado que existían y que habían convertido a ambos hermanos en dos chicos peligrosos.

-¡Eso lo veremos!-le respondió el chico sonriendo con autosuficiencia y confianza sacándolo de esos pensamientos que lo habían confundido unos segundos. A pesar de todo el entrenamiento recibido, de que Sam ya casi lo había alcanzado en altura, llegándole bajo su barbilla cuando aún le faltaban dos meses para cumplir diecisiete y, aunque sus veintiún años con más de un metro ochenta eran motivo de orgullo para él, su reinado de hermano mayor no incluía ser el único más alto y fuerte de los dos sino también ser el que protegía, cuidaba y enseñaba al pequeño de la familia. Y Sammy siempre iba a ser eso para él, el niño al que debía proteger pero, al que también debía preparar para los males que lo rodeaban para cuando él no pudiera estar cubriéndole la espalda, pensamiento que fue el que finalmente lo decidió por lo que se sentó a sacarse las botas sonriendo cuando su hermano lo imitó a sabiendas que el chico recordaba tan bien como él que si iban a entrenar debían evitar cualquier riesgo de herirse mutuamente.

-¿Listo, enano?-lo desafió entonces el rubio mientras se paraba y se ponía en guardia.

-Veremos por cuanto tiempo más me podrás decir enano-le contestó el menor mientras al mismo tiempo lanzaba un golpe cruzado que intentó sorprender al joven cazador que lo bloqueó justo a tiempo con el codo.

-Bien, enano, casi me sorprendes-lo elogió Dean a pesar de que se dio cuenta de que su hermanito planeaba entrenar más seriamente de lo que había pensado-¿Estás seguro Sammy que quieres seguir con esto? ¿No te duele aún la herida?

-Dean, no empieces, los puntos me los quitaste hace dos días. Sigamos-le contestó el chico rodando sus ojos con algo de fastidio aunque en su interior la calidez por la nunca olvidada preocupación de su hermano por él le brindó más energía y fuerza que el aire puro que estaba inspirando mientras regulaba su respiración al tensar los músculos, saltando en puntillas sobre sus pies descalzos mientras se preparaba para recibir el golpe con el que debía contestarle su hermano mayor.

-Bueno, entonces no olvides seguir tu instinto, usa tu memoria muscular, relájate, deja que fluya y… ¡Con un demonio!-exclamó Dean cuando debió hacer un esfuerzo más grande de lo esperado para bloquear la cantidad de golpes y patadas que de pronto le llovieron de parte de un, inesperadamente, enérgico jovencito-¡Vaya, aquí tenemos a Karate Kid! ¡Veo que estuviste prestando atención en mis últimas clases!-agregó Dean con una sonrisa que casi había rozado el orgullo sino fuera porque ahora su orgullo estaba sentado en el pasto adonde había caído cuando una pierna de Sam le bloqueó la rodilla que había lanzado hacia él.

-¿Estás bien Señor Miyagi?-continuó la broma el castaño mientras le tendía la mano a su hermano para ayudarlo a pararse.

-Te voy a borrar la sonrisita, enano-declaró el mayor murmurando entre dientes pero lo suficientemente fuerte para que Sam riera con más ganas.

Pronto, los dos hermanos estuvieron en un ritmo perfecto disfrutando de lo que hacían, de sentir sus cuerpos jóvenes y fuertes conteniendo en el momento justo la fuerza descargada para no hacerle daño al otro, los brazos bloqueando, los pies descalzos bailando en el césped, manos cerradas en puños duros pero suaves a la vez en cuanto llegaban al cuerpo del otro moviéndose en una danza hermosa pero mortífera para el que la provocara en serio, músculos nervudos anudándose debajo de camisas que ya comenzaban a empaparse de sudor mientras que cada uno probaba en el otro los movimientos de defensa, lucha y retirada.

La mayor fuerza, tamaño y experiencia del hermano más grande contrarrestada por la velocidad, reflejos y agilidad mental del más joven que parecía leer los pensamientos de su hermano para saber donde bloquear. Ambos sonriendo y gruñendo al mismo tiempo, respiración agitada pero no trabajosa, conectados y sincronizados hasta en el ritmo de su corazón, esquivando y girando con la misma sintonía trataban de pasar la guardia de cada uno para obtener el triunfo que siempre le había pertenecido a Dean quien, sin poder evitarlo cuando entrenaban bajo la estricta mirada de su padre, siempre había dejado a un derrotado hermanito atrapado bajo una llave de lucha que generalmente sólo era el peso de su cuerpo.

Pero esta vez le estaba costando más trabajo derrotar al chico y Dean en ese momento pensó con orgullo que parecía más fuerte y alto que cuando llegaron a Minessota, como si la fiebre mezclada con el aire puro del bosque le hubieran dado unos cuantos centímetros más, pensamientos que lo desconcentraron momentáneamente por lo que no midió la fuerza con la que lanzó un golpe que fue derecho a la cabeza de Sam que alcanzó a bloquearlo un poco con el antebrazo pero que lo encontró fuera de balance y, sobre todo, más cansado de lo que se había dado cuenta por lo que perdió el equilibrio cayendo pesadamente al suelo donde quedó boca abajo completamente inmóvil.

Dean miró caer el cuerpo de Sam y de repente los recuerdos de esa pesadilla que había sufrido lo golpearon con fuerza abrumadora paralizándolo, su corazón aceleró aún más palpitando con fuerza contra sus costillas, su garganta se cerró con un nudo que le regaló ese pánico que comenzó a filtrarse por sus venas, a calarse por sus huesos y a perforarle los pulmones que de repente se quedaron sin aire cuando todas las sensaciones y el dolor que sintiera en esa pesadilla volvieron a recordarle que sin la mitad de su corazón no podría vivir.

-¡SAMMY!-gritó de pronto saliendo de esa parálisis que lo había aterido en el terror de que se estuviera repitiendo el horror que viviera en sueños haciéndolo saltar como un resorte hacia el lugar donde había caído el chico arrodillándose a su lado para poner una mano en su hombro y poder voltearlo y que la visión de su rostro, la ausencia de sangre y la presencia de un pulso lo rescataran de esas garras de dolor que parecían querer arrastrarlo nuevamente hacia esa pesadilla que lo había dejado sumido en la más profunda oscuridad. Grande fue su sorpresa cuando una mano cálida de repente lo tomó de la muñeca haciéndola girar al mismo tiempo que un codo apoyado en su antebrazo lo inclinara hacia delante y una pierna en su espalda lo atrapara en una llave que hizo que el que ahora yacía de espaldas con un sonriente y triunfante hermano sentado sobre sus piernas fuera él-¡MALDITA SEA, CONDENADO MOCOSO!-le gritó Dean furioso mientras le daba un manotazo a la mano que le había tendido el chico para ayudarlo a pararse y que lo miró sorprendido por la explosión de furia.

-¿Dean, qué te… pasa?-tartamudeó el castaño cuando las manos de su hermano se cerraron en su camisa acercándolo con tanta fuerza hacia un rostro enrojecido que le recordó al que le reclamó por un auto perdido.

-¿Qué qué… me pasa, qué…qué…me pasa?-dijo entre dientes el mayor respirando con fuerza por la nariz mientras trataba de contener el aluvión de emociones que lo estaban enviando cuesta abajo. Tenía tantas ganas de darle un abrazo, de llorar por la alegría de saberlo vivo y bien como de patearle el trasero por una semana entera por el susto que le había dado- ¿Acaso perdiste la cabeza Sam? ¿Cómo mierda se te ocurre asustarme así?-el color enrojecido de su rostro, las palabras dichas entre dientes con una voz ronca que tanto podía ser confundida con el tono enfurecido de un asesino como con el tono enronquecido de angustia de quien estaba volando de la preocupación, una vena gruesa latiendo en su sien y un sospechoso brillo en los ojos verdes asustaron, preocuparon y sorprendieron más al menor de la familia que la explosión de aparente furia.

-Lo…lo siento, Dean-tartamudeó el jovencito tratando de aflojar el agarre pétreo que mantenía el mayor sobre su campera quien no pareció inmutarse ante las manos del castaño tratando de separarlo de la tela.

Sin haberlas notado siquiera sólo tenía ojos para la bruma borrosa que tapaba el rostro de su hermano mientras respiraba entrecortadamente culpando a los latidos frenéticos de su corazón el no poder conseguir que el oxígeno le llenara los pulmones y le permitiera escuchar algo más que no sea ese zumbido molesto que le estaba taladrando los oídos. Sintiendo como si estuviera parado sobre arenas movedizas poco a poco paralizándole las piernas y hundiéndolo en una húmeda sensación de impotencia mientras lentamente iba arrastrándolo hacia una oscuridad de la que no sabía si podría escapar no se dio cuenta siquiera de que había soltado el agarre en la campera de su hermano ni de que Sam lo había tomado con fuerza de los brazos guiándolo con firmeza hacia el suelo donde lo sentó. De inmediato una mano detrás de su cabeza lo inclinó entre sus rodillas y otra mano comenzó a frotar con suavidad pero con energía su espalda. Y fue en ese instante cuando finalmente sus oídos comenzaron a descender el nivel del zumbido para dar lugar a una voz que en pocos segundos pasó de un mero murmullo a una atronadora certeza. Sam, estaba llamándolo, asustado, intranquilo, tan cercano y vulnerable que sus instintos se tensaron con la fuerza de su arrolladora protección y pudo recuperar la claridad que le estaba faltando.

-¡Dean! ¡DEAN!-lo llamaba el chico prácticamente desesperado-¿Qué te pasa, Dean, qué tienes?-le había preguntado con voz temblorosa de temor mientras lo sentaba en el pasto y lo inclinaba hacia delante tal como el mayor le había enseñado en caso de que los mareos arremetieran con demasiada fuerza o la debilidad de alguna herida o enfermedad le provocaran un descenso a la tensión del cuerpo. Cuando la tez rojiza de Dean había pasado a un blanco casi fantasmal y sus ojos verdes vibrantes con el fuego de su ira habían ido opacándose con una brillante humedad el corazón de Sam se había hundido en su pecho con el dolor agudo del miedo y la preocupación, todo desconcierto o molestia por la reacción demasiado explosiva de su hermano mayor se habían olvidado de inmediato cuando sintió que las piernas del rubio ya no se apoyaban con firmeza en el suelo-¡Dean! ¡Dime algo, por favor!-le pidió después de que al frotar una de sus manos por la espalda curvada de su hermano sintiera como los músculos se anudaran en una respuesta que hasta hacía unos segundos no existía.

-Deja el melodrama…princesa-replicó en voz baja el rubio mientras levantaba lentamente la cabeza para mirar el rostro de su hermano quien, aunque en ese momento sonrió aliviado, se veía terriblemente asustado, sus ojos grandes de miedo ya comenzaban a derramar algunas lágrimas, su tez pálida y su flequillo pegándose en la frente en las huellas de un sudor que no había sido solamente provocado por el entrenamiento anterior-¿Estás bien, Sammy?-no pudo evitar preguntarle a pesar de que era él quien estaba intentando relajar su respiración y recuperar la compostura.

-¿Si yo estoy bien?-repitió el castaño consternado por la pregunta-¡Eres tú el que casi se desmaya!

-¡Hey! ¡Yo no me desmayo!-lo retó el joven con voz aún ronca por lo que carraspeó, tragó saliva y antes de que el ceño fruncido de su hermanito diera lugar a una respuesta agregó-¡En esta familia sólo hay lugar para una princesa y la niñita de pelo largo eres tú!-bromeó en un nuevo intento de apuntalar la muralla que casi se desmorona por completo y lo dejara a él en el lugar del protegido y no en el del protector, cosa que no pasó desapercibida por el más chico quien conocía a su hermano lo suficiente como para saber que el regreso del bromista no tenía nada que ver con el estado de ánimo sino con el intento de distraerlo y alejarlo de esos momentos en donde las cosas se tornaran demasiado emocionales.

-Dean, lo siento mucho, de verdad. Yo no quería asustarte así-el adolescente empezó a hablar no dispuesto a dejar las cosas como estaban-Sólo intentaba una de esas tácticas que me enseñaste hace un tiempo-siguió hablando el menor mientras Dean, quien había intentado no mirar los ojos de cachorro y había volteado la mirada de nuevo hacia el pasto, se volvió hacia él con dudosa expresión, luchando nuevamente por no molestarse otra vez con el chico que parecía verdaderamente arrepentido-Me dijiste "distrae al oponente si es más grande y fuerte que tú"-explicó Sam imitando el tono grave de su hermano mientras le dirigía una tímida sonrisa a Dean que todavía lo miraba con el ceño fruncido lo que continuó poniendo nervioso al más joven por lo que agregó-Entonces recordé a las zarigüeyas que fingen estar muertas cuando las atacan-en ese momento el joven cazador arqueó las cejas considerablemente sin saber si darle un correctivo o asombrarse de la capacidad de Sam por aplicar todos esos conocimientos de ratón de biblioteca aún cuando estaban sólo entrenando-Lo siento…de verdad, Dean, yo no creí..

-¡Basta, Sam!-lo cortó el rubio cuando se dio cuenta de que por más que el chico se deshiciera en explicaciones y disculpas las verdaderas razones de su reacción-y nunca iba a admitir casi desmayo-habían sido las consecuencias dolorosas que esa pesadilla había dejado clavadas como agujas de hielo en su pecho. Él nunca podría haber imaginado que ese truco de su hermano pequeño, que en cualquier otro momento él habría reconocido como lo que era, ya que se daba cuenta de que no lo había golpeado tan fuerte, se transformara en un disparador para el regreso apabullante de la pesadilla que hacía tan poco tiempo lo había atormentado-No tienes la culpa de nada, no te disculpes-agregó finalmente Dean con un suspiro, dividido entre confesar la verdadera razón de su reacción, lo que equivaldría a abrir otra vez su corazón, o hacer de cuenta que nada pasó y seguir con sus vidas.

-Puedes confiar en mi, hermano-la voz suave de Sam lo sacó de sus dubitativos pensamientos-Me preocupas, no te ves bien. No quise hacerte daño, lo juro…

-Lo sé, lo sé, no sigas Sammy-lo interrumpió nuevamente el joven cazador mirándolo de frente otra vez-Estoy cansado, chico, es eso. Hace días que estamos en este maldito bosque y demasiadas cosas han pasado. Quiero decir, ya sabes, desde Bloomington-la voz de Dean se tornó levemente temblorosa ante el recuerdo de las cosas que ambos habían sufrido-Y…nunca, desde que éramos niños…estuve… tan cerca de perderte, hermanito-agregó finalmente casi en un susurro.

En ese momento fue el turno del menor en arquear las cejas sorprendido. Finalmente, su hermano, el duro, el bromista, la muralla infranqueable llamada Dean Winchester se estaba abriendo emocionalmente a él-"Y no estoy herido, afiebrado o inconsciente"-pensó el chico sintiendo como esa grata sensación de saberse querido lo envolvía regalándole una calidez que de inmediato llenó sus ojos verdes de húmedas gotitas que ayudaron a transmitir con más fuerza el silencioso mensaje de amor correspondido que iluminó su mirada como cuando las gotas de rocío brillan gracias a los dorados rayos del sol.

-Yo también te quiero, Dean-su voz suave transmitiendo con igual intensidad sus emociones así como también lo hicieron sus ojos verde azulados que con tanto cariño lo miraran.

-"Acá vamos de nuevo, ojitos de cachorro al ataque"-se dijo el rubio tragando nerviosamente, intentando ocultar la efectividad de esa respuesta bajo ese pensamiento. Pero, a pesar de eso, aún sentía la necesidad de desahogarse para aflojar así ese nudo que se había atado en su alma desde que la garra del Kappa surcara la piel de su hermano comenzando así esa odisea donde casi lo había perdido-Sammy, quiero que me prometas algo-dijo entonces el rubio interrumpiendo así el silencio emocionado que se había instalado entre los hermanos.

-Lo que quieras, Dean-le aseguró con firmeza el castaño.

-Y más te vale que lo cumplas-advirtió el pecoso-Quiero que me prometas que confiarás en mí siempre…

-Yo confío en ti, hermano…

-Déjame terminar-pidió levantando la mano-Quiero que siempre me digas si algo te pasa, sea una herida, una mala nota…está bien, ya sé que no tienes-agregó el joven al ver las cejas de Sam elevarse unos centímetros-decía, sea lo que sea: matones, fantasmas, una chica obsesiva, una pelea con papá, una pesadilla u otro de tus dolores de cabeza…

-Si, Dean, entiendo la idea-interrumpió el chico temeroso de que la lista de cosas malas que ya le habían ocurrido varias veces volvieran a sacar a la luz todos esos instintos protectores que estallaban en cuanto a él le pasaba algo. Y como prueba de eso podía ver como, en medio de su enumeración, el rubio fruncía cada vez más el ceño y apretaba con tanta fuerza los puños que los nudillos se le tornaron blancos.

-…osos, hombres lobos, arpías, chupa cabras, Wendigos, venenos, bibliotecas cerradas-continuó el mayor como si no lo hubiera oído deteniéndose solamente porque la risa de Sam ante la mención de la biblioteca había sido demasiado sonora-¿Te estás divirtiendo, enano?-le dijo algo molesto pero cuando vio la enérgica negativa del más chico mientras miraba hacia otro lado tratando de contener la risa sonrió también con disimulo contento de ver como con sus palabras y esa pizca de broma estaba consiguiendo distender el ambiente emotivo que se había formado entre los dos ya que sentía que él solo estaba llevando la conversación a un plano demasiado emocional.

-Te estoy escuchando, lo siento-se disculpó el chico-Te lo prometo, Dean. Siempre confiaré en ti, pase lo que pase-agregó con seguridad-Gracias por todo lo que haces por mi, eres el mejor hermano mayor…

-Soy asombroso-lo interrumpió el rubio con su sonrisa más radiante-Y el más guapo además-agregó mientras se paraba-"Ya es tiempo de que el momento emotivo llegue a su fin"-pensó mientras tendía una mano a Sam para ayudarlo a ponerse de pie y, cuando lo tuvo frente a frente, su mirada clara, plena de confianza, gratitud y amor hacia él, su barbilla temblorosa como prueba de las emociones que intentaba contener y su rostro tan joven e inocente aún a pesar de la pesadillas que habían vivido reflejándole con su expresión que esas palabras habían provenido desde el fondo de su alma lo enternecieron de tal forma que sintió la necesidad dejar las bromas de lado-otra vez-y desnudar su corazón. Sólo Sam conseguía que sus más profundas emociones se transformaran en palabras-"Definitivamente, este chico es un riesgo para mi hombría"-se dijo Dean antes de aclararse la voz con un carraspeo y levantar sus manos para apoyarla en los hombros de su sorprendido hermano menor-No me agradezcas, muchachito-empezó obteniendo la total atención de su hermano-Escúchame bien, siempre, pase lo que pase, voy a estar aquí para cuidarte la espalda o para lo que necesites. Palabra de hermano mayor-le aseguró el pecoso, el cálido apretón que le dio a sus hombros reafirmando la fuerza de sus palabras.

-¿Y vas a confiar en mí?-le preguntó ilusionado-Eres mi hermano, Dean y, al igual que tú, no hay nada que yo no haría por ti-le aseguró deseando con todo su corazón que le permitiera ocupar un lugar que no sea solamente el del protegido. Ser su amigo, su compañero, su apoyo tanto en las cacerías como en esas preocupaciones que él sabía a veces hundían un poco con su peso los jóvenes hombros de su hermano era uno de los anhelos más grandes del chico junto con el de dejar esa vida itinerante y tener una vida normal junto a su familia.

-Si, Sammy, siempre voy a confiar en ti-le respondió luego de unos segundos en que lo miró intensamente sintiendo como la calidez de las palabras de su hermano se dispersaba por cada célula de su cuerpo inundándolo con una confortable sensación que disolvió un poco el dolor que aún perduraba en su alma-"Dios, cómo amo a este chico"-pensó conteniéndose a duras penas de darle un abrazo cuando una radiante sonrisa de felicidad apareciera al escuchar su respuesta. En su lugar, rodeó el cuello del más joven con un brazo atrapando su cabeza contra su pecho y le revolvió con fuerza el largo cabello castaño-¿Así que como una maldita zarigüeya, chico Animal Planet?-fue lo que le dijo después de que escuchara la queja del adolescente ante su demostración poco convencional de cariño.

-También como la mangosta, el escarabajo rojo de la harina, la comadreja, algunas especies de víboras-empezó a enumerar el chico en cuanto Dean lo soltó mientras se alisaba con una mano el cabello revuelto que le había dejado su hermano quien, en ese momento, abría los ojos sorprendido de ver como, no sólo el jovencito había empezado con una de sus lecciones catedráticas, sino como parecía estar disfrutando de la boca abierta de su hermano mayor-Es una estrategia anti predatoria llamada tanatosis, por cierto-agregó el castaño sin poder evitar una sonrisa ante la expresión del rubio quien levantó una ceja y quiso decir algo pero él continuó para no darle la oportunidad de interrumpirlo-que resulta muy efectiva a estos animales cuando quieren escapar del ataque de algún depredador…

-¿Así que ahora resulta que soy un depredador, chico experto en "zoología"?-lo interrumpió finalmente el mayor remarcando esa palabra con énfasis y un dejo de ironía haciendo una mueca de disgusto al recordar el momento en que Sam le había aclarado el término momentos después de su encuentro con la mamá osa, su moco, el osito, el Wendigo y estando a punto de desmayarse.

-Eres un cazador, Dean-le contestó el castaño mirándolo con un claro gesto que indicaba que no hacía falta ninguna aclaración más-Y en realidad, no es zoología, hermano, es etología-aclaró finalmente aunque sabía que iba a seguir alimentando la discusión en la que él sólo parecía estar divirtiéndose-que es el estudio de comportamiento animal y no…

-¡Oh, ya cállate Sam!-exclamó Dean interrumpiéndolo-Eres un sabelotodo aburrido por eso yo me quedo con las chicas lindas y tú con los libros-agregó triunfal.

-Las chicas no son todo en la vida, Dean, hay otras cosas…

-Sí, como mi bebé, mi arma, mis cintas de música, los pasteles, mi hermanito molesto…

-Idiota-lo cortó Sam riendo.

-Perra-le devolvió el juego de palabras y la sonrisa-Vamos a comer algo, me estoy muriendo de hambre-agregó pasando una mano sobre su camisa a la altura del estómago mientras comenzaba a caminar hacia la cabaña.

-Tú siempre tienes hambre-replicó Sam al escucharlo y en pocos pasos alcanzó al mayor quien, en gesto afectuoso, volvió a revolverle el cabello cuando llegó junto a él.

Muy pronto, ambos hermanos, cansados pero satisfechos por la conversación que habían tenido, sintiéndose más unidos y dispuestos a todo el uno por el otro, ingresaron a la cabaña donde el amigo de la familia los estaba esperando con una sopa bien caliente, y el tácito mensaje que reafirmaba con su presencia, que si permanecían juntos siempre tendrían un hogar.

SPN-SPN-SPN-SPN-

El radiante sol apenas estaba asomándose detrás de las montañas nevadas cuando Dean Winchester salió de la cabaña donde habían pasado la última noche de esa estadía llena de complicaciones, sufrimientos, dudas, discusiones, sustos, peleas, dolor y lágrimas. Antes de cerrar la puerta tras sí, dio un último vistazo a su hermano dormido asegurándose de que no se había dado cuenta que él se había levantado de la manta puesta en el suelo junto a su cama donde tratara de reposar algunas noches cuando Bobby no había podido convencerlo de turnarse para dormir en el otro colchón donde ahora estaba roncando sonoramente el barbado cazador.

El recuerdo de todo lo que pasaron, de las noches de fiebre, de las dudas por la curación de su hermano, el corte que tuvo que hacer en su herida, el sufrimiento que causó en quien siempre juró proteger aún pesaban como plomo en su corazón y eso, sumado a la pesadilla que había tenido la noche anterior, hizo que sintiera la necesidad de tener un instante de absoluta soledad para analizar tranquilamente todos sus sentimientos y pensamientos.

Después de haber pasado una tarde tranquila, amena, escuchando las anécdotas de Bobby y sus cacerías e intercalando esos comentarios sarcásticos que hacían reír a su hermano y al amigo de la familia llamarlo idiota a pesar de que su disimulada sonrisa desmentía cualquier molestia que le estuviera causando, decidieron que al día siguiente partirían hacia la casa del cazador en Dakota para esperar ahí a John, tal como habían quedado, por lo que Dean decidió que ese momento era el único en que tendría la oportunidad de hacer lo que había pensado en los instantes de tranquilidad cuando la tarde anterior observara disimuladamente a su hermano menor y los recuerdos de todo lo que pasaron fueran cayendo poco a poco, como fichas de dominó, hasta que llegaron a lo más profundo de su corazón.

Cerrando el cierre de su campera salió decididamente al exterior, recibiéndolo el aire aún frío de la madrugada. Con pasos seguros empezó a caminar hacia el bosque, palpando su bolsillo para asegurarse de que llevaba lo que necesitaba. La claridad de los primeros rayos del sol le daban un efecto irreal a la neblina que flotaba alrededor de los árboles, iluminando como una vela atenuada por una translúcida tela de blanco algodón, el camino por donde el joven cazador caminaba con pasos firmes y rápidos consiguiendo que, poco tiempo después, el murmullo burbujeante de una corriente de agua le avisara que ya estaba llegando al lugar de destino el cual vislumbró detrás de unos arbustos que se transformaron en su último obstáculo.

Después de rodearlos hábilmente el rubio muchacho llegó al río donde estuviera atrapado su hermano y en donde casi perdiera la vida y ahí detuvo su andar para sentarse en una enorme roca desde donde comenzó a mirar la turbulenta correntada que en ese momento se transformó en el reflejo de su alma atormentada. Sus pensamientos en empatía con los veloces remolinos repasaban cada uno de los momentos en que sintiera, con más intensidad que nunca, que la posibilidad de perder a su hermanito era algo que él no podría soportar, el recuerdo de cada uno de ellos y de esa horrible pesadilla le confirmó que sin la mitad de su corazón no iba a sobrevivir sintiendo que, aunque siguiera con vida, se transformaría en una cáscara vacía, dura, feroz, convirtiéndose quizás en uno de esos cazadores a los que sólo les importaba matar.

Y ésa no era la vida que quería para él, la seguridad de que su fortaleza la obtenía del amor con que cumplía con su principal responsabilidad le confirmó que si fallaba todo su mundo se derrumbaría y ya nada tendría sentido otra vez por lo que las palabras de Bobby, que habían calado profundamente en su alma, surgieron como la luz de un faro cuando destella en la noche tormentosa para guiar al barco a la seguridad de su destino.

-"No es tu trabajo el cuidar de tu hermano, es lo que necesitas y mientras confíes en ti y en lo que puedes hacer pobre diablo el que intente hacerle algo a Sam"

Dean se pasó la mano por el rubio cabello corto mientras resonaban en su cabeza las palabras del amigo de la familia. Respiró profundamente, sintiendo como se calmaban las turbulentas emociones de su corazón con la certeza que sintió con esas pocas y sencillas palabras.

Él siempre supo que era verdad pero escucharlo de otra persona le dio un significado más importante de lo que se había dado cuenta. La necesidad de grabar esa certeza en su corazón lo había llevado a orillas de ese río con la firme intención de hacer una promesa que se le había ocurrido después de la sensación de calma y tranquilidad que le regalara la calidez del momento emotivo en que ambos hermanos sellaron con palabras una cadena más en el eslabón de su mutuo destino.

-No voy a fallarte Sammy, eres lo más importante del mundo para mí-sabiendo que hubiera sido incapaz de decir en voz alta a su hermano lo que estaba sintiendo se contentó con murmurarle al río cristalino las palabras que lo llevaron hasta allí mientras introducía una mano en el bolsillo de su chaqueta de cuero y sacaba la navaja que le había regalado su padre y que fuera ese objeto causante de resquebrajar su alma tanto en sueños como en la vida real. Abriéndola, pasó suavemente un dedo por su filo, miró sus ojos verdes reflejándose en la plateada hoja y, en ellos, encontró el brillo de esa certeza que en primer lugar lo había llevado hasta allí para sellar esa promesa que se instaló en su interior con determinación, valor y fuerza-Siempre voy a protegerte, Sammy, no importan los años que pasen, no importa lo independiente que seas o si la vida nos lleva por caminos separados. Siempre serás mi hermanito y no habrá nada que yo no haga por ti-dijo con firmeza el joven cazador mientras se ponía de pie y arrojaba la navaja hacia la blanca espuma.

Viéndola desaparecer bajo la superficie cristalina sintió como desaparecía con ella la sensación de inseguridad que había hecho flaquear con el fantasma del miedo toda su fortaleza y determinación restaurándolos, gracias a la tranquilidad que se regalara con esa promesa privada, al lugar al que siempre habían pertenecido.

En su corazón residía la verdadera esencia de Dean Winchester. Hermano mayor antes que cazador y nada ni nadie podría cambiar eso.

Fin

Awwww, se terminó ;_; (llora emocionada)

¡Cuántas emociones que me encantaría seguir compartiendo con ustedes! Realmente, deseo de corazón que les haya gustado este final y que disfrutaran al leerlo tanto como yo disfruté escribirlo (pidiendo mil disculpas por los sustos que les he dado, eso sí, jajajajja) En fin, retomando la idea, lo que quiero decir es que con más ansiedad que nunca esperaré la opinión que tan amablemente dejarán solamente haciendo click en Review (como bien saben ,jajajaja)

Tengo tantas cosas que decirles, tantas cosas que me gustaría aclarar, tantos sentimientos sobre ese brotherly love que fue el motivo principal de este Always que temo que no me alcanzaría el tiempo para terminar y publicar antes de que se cumplan las doce de la noche y ya no sea el aniversario del día en que empecé por eso les digo que todos mis agradecimientos, mis respuestas a sus comentarios de la primera parte del epílogo y del capítulo anterior a todas mis amigas visibles que han dejado su apoyo en esta historia y a las que han leído y quizás ahora se animen a dejar un pequeño comentario los haré el domingo o el lunes a más tardar por este medio (si me lo permite el sitio o contestando vía mail) Desde ya un beso grande y un GRACIAS gigante y de corazón a mis hermanitas virtuales Aleeys, Scarlett, a mis amigas del alma: Inugami, Agus, Patri, Nikimi y por supuesto mi hermana del corazón selenewinchester por tantas palabras de apoyo y tanto cariño. Y por supuesto muchísimas gracias a: Atenea, Tari Elik, impalasammy, winchesterlove, casammy, zelda, KrizDeangirl, Karmele, Brielle-W, Camila, loolbox, Atenea65 y Eva quienes comentaron en algún momento y a las que espero encontrar cuando comience alguna otra historia para seguir compartiendo nuestro amor en común por los Winchester y forjar una amistad que traspase las pantallas de este fandom (es decir que en mi faceboock espero aceptar varias amistades más *_* (ojitos de cachorro de Sammy insertar acá)

A todas por igual, hayan dejado review o no, les agradezco con toda mi alma el apoyo, el cariño, la paciencia y el tiempo que dedicaron a este humilde trabajo de esta aficionada a la escritura, madre, maestra y ama de casa.

Un abrazo muy grande a todas y que disfruten del capítulo (que en pocas horas más) nos devuelve a la pantalla a nuestros amados Winchester!

Hasta muy pronto!

Nanci

P/D: Para que no me reten debo aclarar (y mal rayo me parta!) que los Winchester no me pertenecen, que son de la CW y de su creador (el bienamado y alabado Erik Kripke) y que hago esto sin ningún fin de lucro. (como los Winchis, xd, no cobro un peso, jajajaj) Bye!