El día había pasado en un abrir y cerrar de ojos. Desde hacía casi dos semanas que no tenía un segundo en paz.
Las horas en las que no estaba trabajando, se ocupaba de abogados, periodistas, curiosos y demás personas que no lo dejaban respirar.
Cuando tenía unos minutos libres contestaba las cartas de sus hijos que preocupados le escribían desde Hogwarts. Los tres habían sido reunidos, fuera del colegio, con sus padres por separado informándoles la nueva circunstancia familiar. Sin embargo, las repercusiones habían ido surgiendo a medida que pasaba el tiempo. Al no haber definido la tenencia compartida, los niños sabían que su hogar era indefinido, al menos momentáneamente. A pesar de todo, ninguno de los adultos que los rodeaban se había anotado en un bando. Lo que no generaba rivalidades ni preferencias entre sus hijos. Ellos lo que necesitaban era una certeza de que todo iba a estar bien.
Por el momento, Harry había conseguido un departamento espacioso con tres habitaciones, dos baños, cocina, comedor, sala de juegos y terraza. Le había salido una fortuna, pero su abogado, recomendado por Hermione, le había indicado que debía demostrar tener el lugar y predisposición para cuidar de los niños. Si esperaba compartir la tenencia debía ocuparse de varias cuestiones que lo tenían cabeza arriba.
Las peleas con Ginevra se habían calmado bastante. Seguían hablando en términos secos y distantes. Sin embargo, podían estar bajo el mismo techo por algunas horas sin que a ella se le descontrolara la magia y cortara la luz dejándolos en penumbras por tiempo indefinido. Situación que había ocurrido los primeros días.
Sus respectivos abogados habían aconsejado hacer una mediación sobre la custodia de los niños, pero su actual ex esposa quiso ir a juicio. En su ataque de furia decidió solicitar la tenencia completa de sus tres hijos, sin darle lugar a ningún tipo de mediación posible. Aquello había arrasado con la paciencia de Harry, sabiendo que lo único que quería la otra era enfurecerlo. Por lo que decidió conseguir al mejor abogado, invertir lo que fuera necesario de su gran fortuna y ganar el juicio que se produciría en ocho días. Sabía que la mayoría de los juicios anteriores habían terminado a favor de las madres, pero en esos no se juzgaba al Héroe del Mundo Mágico. Si bien en su conciencia le pesaba sacar a relucir aquello, nunca había querido llegar a la justicia con Ginny.
- ¿Por qué nos haces esto? ¿Por qué, Harry?
- ¡Ginny, abre los ojos! Hace tiempo que no estamos bien, no quieras culparme de todo.
- Si hace tiempo que estamos así ¿Por qué ahora?
- ¿Entonces no lo niegas?
El silencio en la habitación se volvió sofocante. Ambos estaban parados en los extremos de la sala de estar de Grimmauld Place. Harry parado detrás del sofá y Ginny al costado de la chimenea mirando el jardín a través de la ventana.
- Sabes que no puedo negarlo.
La discusión continuó por horas. Era imposible determinar un ganador o perdedor. Ambos estaban angustiados por lo que ocurría. Él creía fervientemente haber hecho lo correcto al pedirle el divorcio y ella aseguraba que su marido estaba optando por la salida más fácil.
- Hace tiempo que estamos juntos y te conozco demasiado. Algo pasó, algo que no me estas contando.
El azabache se giró dándole la espalda a su esposa. El dolor que sentía por vivir aquello era casi inaguantable. Sabía que estaba rompiendo la familia que con tanto ahínco y fervor había logrado construir.
- ¿Me conoces demasiado? – respondió con un hilo de voz que a medida que hablaba iba aumentando su volumen – No lo creo Gin, si así fuera no podría entender cómo. Nunca me preguntaste nada, ni tampoco me dejaste preguntarte. Fuiste mi compañera silenciosa durante todos estos años, compartí contigo la mayoría de mis alegrías. Pero… ¿Y lo demás? ¿Las tristezas? ¿Las pesadillas? ¿Mis opiniones? Jamás.
Harry oyó como Ginny se había dedo vuelta, apoyando su cuerpo contra el vidrio del ventanal. Escuchó como ahogaba un sollozo casi imperceptible. Sin embargo, continuó hablando.
- Lo intenté, realmente intenté no atormentarte con mi pasado, con mis sentimientos… Pero, ahora es un impedimento, estamos en otra sintonía, creemos en cosas distintas.
- ¿Qué cosas? – preguntó la pelirroja con dureza.
- Yo creo en el pasado, en la historia. Creo que los prejuicios nos encierran y los resentimientos no nos dejan crecer. Quiero creer que nuestros hijos pueden vivir sin juzgar como nosotros lo hicimos. Me encantaría que Albus se sienta sumamente orgulloso de pertenecer a Slytherin. Espero que nadie de mi familia tenga que ser manipulado o engañado para triunfar, a costa de otras pérdidas.
- ¿Crees que no pienso lo mismo?
- No Ginny, creo que no lo piensas directamente. Estás enfocada en tu presente y futuro. Tu carrera hace que no pienses en nada mas. Las preocupaciones por los chicos son de acá en adelante, ni siquiera reflexionas sobre lo que pasó. Nunca te arrepentiste de haber dicho lo que dijiste de Scorpius…
- Eso… Eso no
El cuerpo del Auror se giró rápidamente para enfrentar a la mujer que tenía delante. Las palabras comenzaron a quemar dentro de su garganta. Mientras hablaba procesaba lo que decía. Como buen gryffindor existía y luego pensaba. Siendo así habían llegado a ese punto sin retorno.
- Eso es verdad, lo se porque jamás me lo mencionaste, ni tampoco a tu propio hijo. Cuando el te preguntaba para que su mejor amigo venga a casa lo desviabas del tema. ¿Cómo crees que me siento al ver eso? ¿Cómo te parece que estoy si cuando quiero hablarte de algo a mi también me rechazas?
Una bocina hizo que saliera de su ensimismamiento. Alzó la vista encontrándose cruzando la calle sin fijarse el semáforo. Suerte tuve en que el conductor le gritara algunos insultos y no lo pasara por encima.
Continuó esperando el paso para seguir su camino, mientras los recuerdos bullían en su conciencia. Tenía todas las escenas con Ginny frescas, lo que sintió con las charlas, las peleas, los desacuerdos. Pero, sobre todo, había un sentimiento en su interior instalado hacía tiempo casi indeterminado. La determinación de estar haciendo lo correcto. Lo que movilizaba su accionar. Lo que mantenía a Harry Potter seguir adelante.
Llegó al Londres Muggle caminando. Se le estaba haciendo costumbre salir del Ministerio y caminar hasta Down Pub. Sin darse cuenta, la primera vez sus pasos lo habían guiado hacia ese lugar y continuó yendo cuando se sentía estresado. Situación que ocurría casi a diario.
Entró al pub que abierto hacía poco estaba bastante vacío, exceptuando a dos solitarios hombres tomando un café por separado. Uno de ellos utilizaba su laptop y el otro miraba detenidamente la ventana. Ninguno era quien el esperaba.
Harry se sorprendió de ese pensamiento. Surgió con naturalidad, como si todos esos días hubiera estado esperando ver a la misma persona en ese lugar.
Había llegado a la barra y no pudo continuar con el hilo de pensamientos. El barman lo interrumpió preguntando qué iba a beber.
Uno más... Se que es cortito, pero quería poner algo de lo ocurrido entre Harry y Ginny para que se entienda mejor la separación, ya que hice un salto en el tiempo intenso. Je...
Como verán, estoy intentando actualizar todos los domingos y si todo sigue así, así seguirá.
Gracias por leer, a quienes siguen la historia y todxs los favoritos. Me hacen muy feliz!
Cualquier comentario ya sea crítica o no, es más que bienvenido.
Saludos,
L.
