Disclaimer: ningún personaje o lugar que reconozcan me pertenece, todo es obra de la magnífica imaginación de Masashi Kishimoto.
Voluntad de Fuego
XXI
¿Por qué?
Tercera División de La Resistencia
País de las Olas
22:59
La voz de Sakura se perdió en la siguiente ola, las estrellas aun brillando sobre un manto azul, sombrío y sin vida.
Sasuke le observaba desde una distancia prudencial, notando como los delgados brazos de ella se envolvían a si misma mientras el viento azotaba las hebras de cabello rosa que salían de su coleta. En algún momento mientras transcurría la noche su conversación fue trasladada desde las opresivas paredes del salón de entrenamiento hacia la seguridad del mar abierto. Justo ahora la penumbra de una noche sin luna rociaba ambos cuerpos, tan distante y tan cercanos a la vez. La silueta de Sasuke permanecía inerte con los pies clavados en la arena. Sentía como la herida en su costado latía luego del breve ejercicio, pero ese peso desgarrador que tiraba de él desde la garganta hasta los pies era mil veces peor que una estocada sobre su pecho o el dolor de una lanza entre las costillas.
Había escuchado la historia con sumo cuidado, atento a cada sonido que surgía de la boca de Sakura. Pero no fueron solo palabras lo que sus sentidos pudieron apreciar. De una forma inexplicable y casi física, Sasuke reconoció la manera en que el desconsuelo se apoderaba de ella, la forma en que ese horrible recuerdo que mantenía oculto en su interior brotaba como la sangre de una herida abierta. Lánguido y mortal.
Una ráfaga de viento volvió a azotarles. El pecho de Sasuke se llenó con el aroma del mar. El frio de la noche rozó la piel desnuda de su pecho, besando la herida del costado y enrizándole los vellos de la nuca. Era verano, pero por algún motivo la temperatura había descendido al tiempo en que la historia cobraba forma tras la voz de Sakura. Sasuke sostenía la camiseta en una de sus manos que ahora eran puños tan cerrados que los nudillos habían perdido su color. Aunque la brisa que acompañaba a los murmullos del mar podría llegar a calar los huesos, no sentía otra cosa más que un calor bullendo dentro de él. Como un fuego de desprecio, odio e ira. Cada fibra de su cuerpo centellaba en una infinidad de sentimientos incontrolables. La presión en la base del cráneo que se extendía hacia su nuca y espalda lo mantenía rígido, casi inflexible. Dentro de él fluían tantas sensaciones que no alcanzaba a detenerse en una sola. Su mente era un enjambre de pensamientos que difícilmente podía encontrarle un sentido lógico o meramente racional. Lo único que habitaba en él era el caos. Un caos que lo dominando y lo cegaba, envolviéndolo como la oscuridad a una noche sin luna.
Para este momento, el silencio que ahora pesaba sobre ellos era tanto una tortura como una bendición. Él no sabía cuánto tiempo llevaba Sakura sin hablar, pero ambos necesitan un espacio para reflexionar lo que la historia había traído consigo, incluso si el silencio hiciese pesado el aire hasta el punto de hacerles respirar con dificultad.
Él no sabía que podía estar sucediendo dentro de ella en ese momento, y tampoco quería saber. La empatía era algo de lo que Sasuke carecía a plenitud. Nunca se molestaba en colocarse en los zapatos de los demás, no le veía la necesidad de involucrarse tanto con otra persona ajena a su familia para compartir un lazo tan fuerte. Pero esta situación era muy diferente. Lo que ahora conocía marcaba un antes y un después en sus pensamientos, en su forma de ver las cosas, en la manera en que juzgaría de ahora en adelante su propio pasado.
Es por ese motivo que una parte de él hubiese preferido no escuchar. Una parte de él le hubiese gustado vivir en la completa ignorancia. Una gran parte de él se odiaba a sí mismo por haber caído en esa estúpida «pregunta diaria» que ella había comenzado como un juego y él terminó convirtiéndola en un recuerdo desagradable.
Sasuke quería regresar el tiempo atrás y jamás haberse inmiscuido en la vida de Sakura. Pero la verdad de aquella guerra estaba ahí, frente a él, en forma de una muchacha que sufrió el dolor de los azotes, la humillación de la burla, el desprecio de las palabras, el tormento de la muerte.
Aunque hubiese preferido no escuchar, el pasado permanecería allí, inerte e inquebrantable. Listo para sangrar tras una herida que nunca podra cicatrizar.
Porqué el final de la historia seguiría siendo el mismo.
Una historia que ella nunca debió vivir.
Un final que él pudo evitar…
–Jamás olvidaré esa noche.
De nuevo fue la voz de Sakura alzándose por encima de las melodías del mar. Sasuke mantuvo el silencio, como lo había hecho desde el momento en que ella había comenzado a hablar, de la misma manera que había hecho muchas veces en su vida mientras la injusticia se proyectaba frente a él y no hacía nada por evitarla.
–Por mucho que quisiera, jamás podre olvidar… – hizo una pausa en donde Sasuke solo pudo admirar como los hombros de ella subían y bajaban en respiraciones profundas mientras las finas cicatrices nacaradas de su espalda brillaban por el sudor del ejercicio. Con sumo cuidado, el cuerpo de Sakura giró hacía él solo lo suficiente para mostrar un perfil tan pálido como un frágil copo de nieve –. Esa fue la primera y última vez que te vi. Esa noche en la que sin pensar salvaste a una prisionera. Una rebelde que no valía la pena rescatar…
Sasuke desvió la mirada, como el cobarde que había sido y que aun era, sin poder decir en palabras lo que se agitaba en su interior.
Desde siempre había aborrecido la forma en que los hombres de su clan proclamaban el autoritarismo sobre los prisioneros bajo su mano. Nunca había apoyado la manera desagradable en que los Uchiha hacían valer su justicia, pero eso era todo. Nada más. Sasuke solo detestaba el sistema que Madara les forzaba a ejecturar, pero detestarlo no era suficiente para cambiarlo.
Aunque él no promovía la tortura, tampoco la detenía. Sabía cómo usaban el cuerpo de las mujeres, pero no hacía nada para evitarlo. Por mucho que despreciara las diferentes formas en que asesinaban a rebeldes inocentes, él nunca cambió el curso de la historia.
Ni siquiera esa noche lluviosa, donde Sakura fue torturada por manos de un degenerado y él llegó en el momento justo para no prolongar su suplicio.
Ni siquiera en ese momento tuvo intenciones de hacer justicia.
Sasuke no había salvado a una chica rebelde de ser violada o asesinada. Él no había jugado el papel de héroe como ella insistía en apuntar.
Porque Sasuke recordaba esa noche.
La recordaba con escasa claridad.
No se había esforzado en almacenar los detalles. Se trataba de un momento en su vida sin importancia, un vago instante que no había dejado una marca significativa en su interior. Pero cuando la voz de Sakura se deslizó hasta él, tan queda y disonante, el recuerdo comenzó a surgir trabajosamente desde algún callejón de su mente. Aun no alcanzaba a encontrar todas las piezas que armaban la escena, solo podía obtener fragmentos que continuaban llegando lentamente hacia él y que debía escrutar con cuidado. Pero con lo poco que tenía, le bastó para llegar a una conclusión. No necesitaba más para saber que él no había sido el héroe del relato sino un villano sin intenciones de jugar su papel.
Porque, a fin de cuentas, toda historia siempre alberga dos lados de una misma moneda.
Y el lado de Sasuke era el más indigno y despreciable de todos.
De repente percibió la bilis subir por su garganta, como el estomago se retorcía y los brazos vibraban a ambos lados de su cuerpo. Se sentía enfermo, como si en cualquier momento una fiebre le recorrería la piel hasta hacerle compañía al dolor de su nuca y al estallido de luces dentro de su cabeza.
Ajena a lo que sucedía en la mente de Sasuke, Sakura le miró de soslayo y volvió unicamente su cabeza hacia las negras aguas de la costa, manteniendo aun los brazos cruzados bajo su pecho.
–Después de que esa noche llegase a su fin, yo no volví a ser la misma – su susurro llegó hasta Sasuke como el revoloteo de una pequeña paloma, frágil pero constante –. No le dije a nadie sobre lo sucedido con Inabi, no tuve el valor de hacerlo. Todos adjudicaron mi debilidad a la muerte de mamá. Creían que mi distanciamiento se debía a que me sentía culpable por su muerte… y de cierto modo así lo era. Si no hubiese sido por mi castigo en el pozo, Shizune jamás hubiese escapado de su sector y mamá tal vez y solo tal vez aun seguiría viva. Su muerte pesa de alguna forma sobre mis hombros. Aunque me gustaría pensar lo contrario, sé que así es.
Sasuke se vio en la necesidad de decirle que no, que ella no tenía la culpa de que un degenerado hubiese matado a su madre. Pero ya en este punto él no tenía derecho a opinar nada. Solo podía mantenerse callado, como siempre lo había hecho.
Los dedos de Sakura se aferraron a sus propios brazos, estrechándose sobre sí misma en un abrazo que intentaba mantenerla caliente y reconfortada.
–Todos en el campo creían que la culpa me había transformado, pero fue mucho más que eso. En las noches no podía conciliar el sueño, tenía pesadillas recurrentes. Comencé a temerle a la oscuridad, a los espacios cerrados. Jamás iba sola a recibir mi ración de comida. El estar cerca de la cocina o sentir el olor del licor me hacía temblar.
»Desde luego, ya no era la misma de antes. Mis compañeros lo notaban, pero ellos no podían arreglar algo que los guardias insistían en destruir. Durante los primeros años, los Uchiha y su gente habían tratado muchas veces en romperme, pero de alguna manera recogía los pedazos y volvía a construir mi Voluntad. Sin embargo, esa vez fue diferente. Luego de esa noche ya no había nada que pudiera arreglar…
Una ola rompió a lo lejos. La voz de Sakura era tan equilibrada que aturdía, como si la historia que había contado no hubiese sido tan traumática como en realidad era. Puede que solo deseaba confesarle la verdad a Sasuke sin caer en la lástima que se esforzaba por evitar. Aun despues de tanto tiempo, quería mostrarse fuerte ante él.
–Poco después escuché que te habías marchado del campo –prosiguió bajando la mirada hasta ver un caracol oculto entre la arena –, fue justo un mes antes de que la Segunda División decidiera atacar el complejo donde estábamos.
»Aquel asalto nos tomó a todos de improvisto. Ninguno de los prisioneros en ese entonces teníamos idea de cuáles eran los planes de La Resistencia. Vivíamos aislados de la guerra en su totalidad, por lo que el asedio al campo de concentración fue simplemente una sorpresa que algunas hubiese preferido que nunca llegase.
»Ese día me encontraba en el cobertizo tratando de atender a los enfermos que habían llegado durante la tarde cuando escuchamos la explosión. No recuerdo con exactitud como sucedió pero en un instante todo se llenó de caos, fuego y sangre. Los soldados dentro del campo estaban conscientes de su desventaja ante el repentino ataque de La Resistencia. No contaban con ello, desde luego que no, pero sabían cómo lidiar en caso de que algo así sucediera. Al parecer, existe una medida que cada guardia debe seguir en caso de existir un ataque enemigo. Y, por su puesto, todos ellos estaban dispuestos a cumplir aquella regla sin cuestionar lo que eso significaba…
»Fue entonces cuando vi como mataban a Anko que había superado su enfermedad luego de grandes esfuerzos. Presencie la forma en que atravesaban con una lanza a Amai desde la espalda cuando intentaba ayudar a un Blind tirado en el suelo. Yo sostuve el cuerpo de Hanabi justo cuando una bola de fuego le destrozó la piel y la dejó sin vida entre un mar de gente corriendo despavoridas por sus vidas.
»No importaba si eran niños, ancianos o enfermos. Todos perecerían bajo la mano de aquellos ninjas ciegos de poder; porque ese era su propósito. Esa era la regla que debían cumplir a como dé lugar.
Volvió su mirada hacia Sasuke.
–Esa noche el único protocolo que seguían era el de matar.
Sasuke sostuvo su mirada con la de ella. Ahora comprendía la razón por la que Sakura y su equipo dudaban en atacar el campo de concentración junto al resto de los ninjas de la Tercera División. Sabían que si se arriesgaban a entrar, los guardias asesinarían a todos los prisioneros con tal de que nunca conocieran la libertad. Porque así trabaja su clan, así era la forma en que Madara movía las piezas del juego.
Si él no podía controlar a sus prisioneros, nadie más podría hacerlo.
–¿Qué sucedió cuando regresaron a la Segunda División? – la pregunta salió de Sasuke casi por inercia. Era la primera vez que hablaba después de haber escuchado la historia. Su voz sonó áspera, casi ajena a él, pero aunque al principio de esa noche hubiese preferido no escuchar nada, ahora necesitaba saberlo todo.
Los parpados de Sakura se cerraron en comprensión. Sus pestañas se batieron ligeramente cuando aquel par de jades que tenía por ojos se dirigieron una vez más hacía el mar.
–Algunas personas nos ayudaron a restablecernos de nuevo. Fueron días difíciles. Estábamos acostumbrados a las torturas y el maltrato psicológico. Ese lugar nos había convertido en seres cohibidos que necesitaban tiempo para adaptarse a la luz. Lo peor fueron los primeros meses –tragó grueso, las manos temblándole casi imperceptibles–. No podía dormir sin pensar que en cualquier momento estaría encerrada en el pozo o que si no trabajaba lo suficiente no recibiría mi ración de comida. El trauma estaba aquí –señaló su sien con un dedo–, grabado en fuego y sangre en mi cabeza.
»Desde luego, tuvimos que recibir ayuda. Alguien nos dijo que necesitábamos un confidente que se encontrara en la capacidad de sobrellevar nuestras historias. Drenar es saludable, pero yo no podía imaginarme a otra persona soportando mis penas. Pero Tenten estuvo siempre a mi lado cuando una pesadilla me despertaba a mitad de la noche. Al poco tiempo terminé por decirle ciertas cosas. Nunca tuve intensiones de contarle todo, solo lo necesario para aliviar el peso en mis hombros.
–Es por eso que ella conoce la historia de esa noche… – apuntó Sasuke en un susurro.
–No, Uchiha –Sakura giró sobre sus talones, mirándole cara a cara–. Es la primera vez que cuento esa historia en voz alta.
Los ojos de Sasuke se abrieron más de lo que pretendía.
–Pero tu entrenadora dijo que…
–Tenten solo sabe una parte de la verdad –una arruga apareció entre ambas cejas rosadas, mostrando lo incomoda que se sentía al aceptar el engaño que había mantenido sobre su mejor amiga por tanto tiempo–. Acomodé la historia para que ella no se sintiera atormentada. Ya había escuchado otro de mis relatos, no quería hundirla conmigo. Sin embargo, una vez ella reconoció la fuente de mi problema, insistió en que buscara algún apoyo. Kakashi-sensei me ayudó a superar algunos recuerdos, con su poder ocular intentó remover lo que Inabi había dejado en mí.
–¿Kakashi? ¿Hablas del ninja copia?
–Como sabrás, él no es un Uchiha de sangre, por lo que su Genjutsu no fue lo suficientemente fuerte para erradicar los recuerdos. Pero de alguna forma funcionó –Sakura ladeo la cabeza, perdiéndose un instante en su pasado–. Al principio no podía tocar a ningún hombre o escuchar la lluvia sin sentir el pánico cortándome la respiración. Pero con la ayuda de Kakashi-sensei, Kiba, Tenten e incluso Neji, todo cambió. Poco a poco pude recoger los pedazos de la Sakura que alguna vez fui. Fue un duro camino, pero logré superar lo peor. No creas que he borrado todo de mi mente, no soy tan fuerte, nunca lo seré. Pero he aprendido a luchar conmigo misma, poniendome a prueba encontra de mis propios miedos.
»La primera vez que lo intente fue hace unas semanas atras. El día en que te encontramos en Kisaragi fue mi prima misión luego de un año de haber salido del campo. Quería probarme, demostrar que podía ser útil a La Resistencia y que el peso del pasado no sometía mi Voluntad. Pero me di cuenta que aun arrastraba parte de ese pasado conmigo. Lo supe luego de enfrentarme a Sakon y Ukon. Una vez me atacaron, quedé petrificada en escena, rememorando todo lo que me había pasado y lo que estaba por sucederme. Creo que no lo he admitido hasta hoy, ni siquiera en mi mente. No me gusta pensar en mis debilidades pero ahora me doy cuenta que solo creo ser valiente cuando en realidad soy la misma niña cobarde de aquel campo. He aprendido a no dejarme dominar por el miedo, pero ese hombre me hizo más daño de lo que imaginaba. Después de tanto tiempo pensé que había superado lo ocurrido en ese lugar… y mis sospechas se confirmaron cuando ese día hace unas semanas… cuando lo volví a ver… cuando estuvo frente a mi… fue ahí donde me di cuenta de lo equivocada que estaba...
Su voz se apagó mientras el ceño de Sasuke se fruncía con ahínco.
La caída de La Segunda División… El encuentro con Inabi.
Lo recordaba. Fue esa tarde, cuando la gente de Madara atacó la Base donde tenían a Sasuke prisionero. Sakura estaba junto a él, tratando de buscar la puerta hacia los túneles. Pero de camino se encontraron son Shino e Inabi. La imagen en su mente se esbozaba con claridad. Sakura estaba de pie, pálida y temblorosa, viendo al hombre con el emblema Uchiha marcado con orgullo en su espalda.
Es por eso que ella le reconoció. Sasuke no le había dado muchas vueltas al asunto, pero si regresaba justo a ese día podía recordar todo. Durante su encuentro nadie había pronunciado el nombre de Inabi, ni siquiera Sasuke, pero más tarde mientras escapaban bajo tierra Sakura lo nombró con preocupación y terror. Sasuke conocía la identidad de ese Uchiha pero ¿Cómo lo sabía ella? Esa vez no lo entendía pero ahora todo cobraba sentido. La forma en que el semblante de Sakura había perdido seguridad y de cómo su cuerpo se tambaleaba ante la presencia de Inabi encajaba a la perfección con la historia que había escuchado hace unos instantes atrás.
Al igual que en el pasado, Sakura se estremeció entre la arena. Aunque su rostro parecía imperturbable, estaba aterrorizada con tan solo recordar.
–Cuando lo volví a ver todo regresó a mi mente…–continuó con voz queda –. Supe bloquear el recuerdo, sin embargo… puede que haya logrado ver el miedo a través de mí… Tal vez él…
–Inabi no te reconoció – dijo Sasuke en un vago intento por disminuir los débiles espasmos que acompañaban las respiraciones de Sakura –. Él no sabía quien eras.
–De la misma manera que tú no me reconociste el primer día de los interrogatorios –sus ojos se volvieron a encontrar–. Ninguno de los dos se tomaría la molestia de recordar a una simple rebelde como yo.
Quería negar aquello, pero ¿Cómo podría? Ella tenía razón. Esa vez, Sasuke no se preocupó por recordarla, nunca pensó que se trataría de una persona relevante en su futuro. Las imágenes de aquella noche aun continuaban deslizándose en el callejón de su mente. El recuerdo intentaba cobrar más sentido, pero era difícil concentrase cuando ella estaba frente a él, observándole de esa manera tan profunda y ligera. Tan frágil y valiente.
Era sorprendente como su cuerpo mostraba la debilidad que debía tener un alma tan maltratada como la suya, pero en sus ojos, esos malditos ojos verdes estaban llenos de la firmeza de una Voluntad que a pesar de las caídas había aprendido a levantarse y continuar...
–Deberías odiarme – pronunció Sasuke a secas.
La mirada de Sakura se desvió de sus ojos, encontrándose de nuevo con el negro oleaje más allá.
–No puedo…
–¿Por qué?
Se encogió de hombros.
–Muchos dicen que debería; incluso he pensado que me gustaría hacerlo, pero simplemente no consigo albergar ese tipo de sentimientos hacía ti.
El rostro de Sasuke no mostraba lo que en realidad sucedía dentro de él, de hacerlo, en su cara se reflejaría algo diferente a la inexpresividad.
–Entonces ¿Qué sientes?
Los ojos de ella se abrieron desmesuradamente.
–¿Eh?
–¿Qué te evita odiarme?
Un nuevo estremecimiento invadió el cuerpo de Sakura.
–No estoy segura – balbuceó a penas, perdiendo por primera vez la seguridad en sus palabras –. Creo que todo se resume a esa vez… o eso es lo que pienso.
–Te has creado una imagen diferente de lo que en realidad soy.
El rostro de Sakura se oscureció.
Sasuke arrugó el entrecejo.
–Yo no te salve esa noche…
–Lo sé – la mirada de Sakura viajó hacia la arena, dándole de nuevo la espalda, alejándose hacia el mar –. Creo que siempre lo he sabido…
La vio desviarse unos metros más allá, plantándose en la orilla de la costa, diciéndole solo con gesto que necesitaba unos segundos para si misma; y aunque ella no pudiera verle, Sasuke también se veía obligado a procesar todo lo que su mente había acumulado en lo que llevaba de noche.
Hasta ahora las imágenes eran un destello borroso en su memoria, como las de un vidrio empapado por la lluvia. Los detalles eran vagos y el escenario se dibujaba en tonos fríos dentro de su cabeza, pero luego de haberla escuchado se dio cuenta que ahí estaba el recuerdo, regresando lentamente hacía él con el movimiento sinuoso de un reptil listo para el ataque.
Recordaba haber salido de una reunión. Caminar por la lluvia sin importar empaparse. Hablar con Shino sobre alguna estupidez del campo. Recordaba haber escuchado un ruido en un callejón. Él se había detenido, el resto que le seguía le imitó. El ruido era cerca de donde estaba. Había poca luz, pero recordaba haber encontrado la silueta de dos cuerpos envueltos en la oscuridad. La figura de un hombre sobre la pálida piel de una muchacha.
Las imágenes seguían revoloteando en su cabeza, desordenadas y disparejas. De lo poco que alcanzaba absorber de su memoria y que lograba regresar al presente era el fuerte olor a tierra húmeda. El aroma envolvía la escena, dándoles forma a las personas que poco a poco surgían desde la oscuridad. Ahí, tras sus recuerdos estaba el Teniente del sector tres. Inabi Uchiha brotaba como un espejismo entre las tinieblas. Aquel era el hombre que blasfemaba entre murmullos a su padre, a su madre, a toda la familia principal. Sasuke despreciaba a ese sujeto y su lengua viperina. Nunca había tenido la oportunidad de abusar de su poder en el campo hasta esa noche. Y viendo a ese ser despreciable, sabía que el momento de humillarlo de la misma manera que él hacía con su familia había llegado.
Después de echar a Inabi de patadas bajo la lluvia, la escena se volvió aun más difusa. Hasta ahí llegaban la gran mayoría de las imágenes que Sasuke almacenaba de esa noche. Pero se esforzó en recordar más allá. Quería ver aquella muchacha que se delineaba en su recuerdo como un cuerpo enclenque, sin rostro, con huesos prominentes y llena de barro desde la coronilla hasta los pies.
No sabía quién era. No reconocía su piel, su rostro o su cabello. Todo en ella se mostraba difuminado en las gotas de lluvia y la oscuridad de una noche hace ya mucho tiempo atrás.
Pero algo en su memoria conectó cuando vio los ojos de la silenciosa Sakura del presente fijos en la negrura del mar.
Esos mismos ojos verdes que lo volvían desquiciado los había visto antes.
Ahora, la persona de trazos torpes que aun habitaba en sus recuerdos, tenía la misma mirada de la muchacha que ahora estaba perdida en el vaivén de las olas.
Fue entonces cuando el corazón de Sasuke dejó de latir en su pecho.
Era ella.
Era ella.
Era ella.
–Después de esa noche, no volví a escuchar de ti.
A pesar de estar más lejos que antes, Sasuke pudo escuchar sus palabras con igual nitidez que hace unos instantes. Sakura se estaba esforzando por mantener la firmeza en su voz, pero poco a poco su mirada comenzó a perder intensidad.
–Tenía miedo de preguntar qué había pasado con el nuevo Director del campamento. No quería saber que daño le estaba haciendo a los prisioneros o que crueldad podría hacer con sus manos. Tal vez quería mantener esa imagen que me había creado de ti –le miró de reojo un instante–. Y ahora que te conozco, veo que no me he equivocado del todo.
No. Se equivocaba. Él no había sido ni la mitad de noble de lo que Sakura creía. Por mucho que repudiara lo que había presenciado, esa vez los ojos de Sasuke solo vieron la oportunidad de cobrar venganza contra Inabi. Su reacción fue movida por un objetivo personal, no por el deseo de ayudar a una prisionera en apuros de la que no se molesto nunca en recordar.
Sakura se equivocaba con respecto a él. No había nada heroico en sus actos y necesitaba dejárselo en claro.
Pero nada de eso importaba, porque ella ya lo sabía mucho antes de que Sasuke decidiera hablar.
–No creas que te veo como un héroe, Uchiha. Ni como el guerrero que ha venido a salvar a una esclava insignificante. No soy la clase de chica que cree en cuentos de hadas –aunque intentara sonar firme, su voz era a penas un hilo en la noche–. Puede que esa sea la razón por la que a veces me pregunto si de verdad te había conocido, o si lo sucedido esa noche fue producto de mi imaginación…
Sasuke permaneció callado, de nuevo con el deseo de hacerle llevar la contraria, pero, como la última vez, el silencio reinó en él.
–¿Sabes? soy buena bloqueando los recuerdos. Kakashi-sensei me enseñó a hacerlo, pero… hay veces en las que regreso al pasado y me dejo llevar por él.
El agua se alejaba para luego seguir jugueteando con los dedos de Sakura en la arena.
–Hay días en los que me pregunto si creé la ilusión de que tú llegaste en mi ayuda solo para bloquear lo que él me hizo después –Sakura se aferró a sí misma, su rostro inexpresivo seguía perdiendo color–. Suena enfermizo, lo sé, pero aun… aun puedo sentir como… como él…
Las cicatrices nacaradas de su espalda volvieron a asomarse bajo la fina tela de su camisa.
–Esa vez… esa última vez en la Segunda División creí que tal vez él podría reconocerme –la nube que cubría la mirada de Sakura se esparció como una enfermedad por su rostro–. A veces pienso que puede regresar y rehacer todo lo que hizo con mamá… lo que me hizo a mí… y cuando llegue el día se que yo no podré detenerlo… no puedo… mis fuerzas, mi Voluntad… aunque lo intente yo… yo…
–Escúchame – de la nada, Sasuke caminó la distancia que los separaba como si de un huracán se tratara, acercándose tanto a ella que pudo oler el constante aroma a cerezos que ni el mar podía ocultar. No sabía cómo pero sostuvo a Sakura de los brazos y la atrajo aun más hacia él. Sus miradas estaban ahí, fijas uno en el otro –. Estas a salvo ¿Entiendes? Él no va a tocarte otra vez. No volverá a hacerte daño.
La aprisionó más sobre su cuerpo, un gesto de protección influenciado por el dolor de su nuca y el caos en su pecho.
¿Qué le había impulsado a hacer aquello? ¿Por qué sentía la necesidad de tenerla cerca, de tocarla, de protegerla? ¿Cuál era la razón por la que su cuerpo reaccionaba así al verla tan sola, tan devastada?
Sakura tragó grueso, sin alejar su mirada de él.
–¿Cómo lo sabes? – su aliento roció el cuello de Sasuke – ¿Cómo sabes que él no regresará?
–Porque yo no lo permitiré – pensó. Quería decirlo en voz alta, por un demonio que sí, pero su orgullo se lo impedía.
Las manos de Sakura tocaron el pecho desnudo de Sasuke, buscando algo en lo que aferrarse cuando sus ojos vidriosos se alzaron llenos de esperanza. Él se contuvo de bajar las manos y sostenerla por las cintura. Su cercanía le hacía querer envolverla con sus brazos. Un deseo de protección que nunca había sentido por alguien le invadía cada centímetro de piel, mientras las lagrimas en el rostro de Sakura amenazaban por salir.
–Esa noche… ¿La recuerdas?... ¿Recuerdas lo que sucedió?...
El rostro de Sasuke permaneció impertérrito, Sakura jadeó desesperada, acercándose más hacia él, una lagrima solitaria cayendo por sus mejillas.
–¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me ayudaste?
Sus ojos verdes brillaron tras la nube que cubría sus pupilas, anhelando una respuesta que él no podía darle.
Los labios de Sakura volvieron a temblar, los mismo que él intento besar hace unos días atrás.
–¿Por qué, Sasuke?
Sus ojos verdes brillaron como un par de estrellas en la oscuridad.
–¿Por qué…?
–¡Uchiha!
Sasuke giró solo los ojos hacia la tormenta castaña que había pronunciando su nombre y se avecinaba hacia él. Aun con la amenaza de una mirada rasgada caminando a grandes zancadas, sus manos continuaron aferradas a los brazos de Sakura. Ella en cambio alejó sus dedos del pecho de Sasuke como si este quemara, viendo también a la persona que atravesaba la costa como una tifón, listo para azotar palmeras y derrumbar edificios.
–¡¿Qué demonios estás haciendo?! – la pregunta del Inuzuka sonó más como el alarido de un animal salvaje que un grito de desprecio. El odio en su mirada estaba dirigido exclusivamente hacia el Uchiha – ¡¿Qué le estás haciendo a Sakura-chan?!
Hecho toda una furia, Kiba terminó de acercarse a Sasuke y le propinó un empujón a tal velocidad que si no hubiese sido por lo cerca que Sakura estaba, Sasuke le hubiese devuelto el gesto con un golpe en la mejilla.
–¡Kiba, no!
Sasuke se tambaleó hacia atrás, alejándose del contacto sobre la piel de Sakura. La embestida lo dejó sin aire en los pulmones hasta casi hacerlo jadear. Pero se rehusó a mostrarse débil. Y mucho menos frente a esa basura.
–Maldito hijo de perra –gruñó Kiba antes de volverse hacia Sakura – ¿Te ha hecho daño…?
–Estoy bien…
–No mientas. Estas llorando y daría mi brazo derecho a que el culpable es este animal.
–Estás confundido de quien es el animal aquí – le espetó Sasuke, irguiéndose con toda la dignidad que habitaba en su ser.
Kiba alzó el índice y le señaló en la cara.
–Cuida tus palabras, Uchiha. Te estás ganando el puñetazo en la cara que me debes desde el Bosque Jofuku.
–Tus amenazas me traen sin cuidado, Inuzuka.
–¿Qué le hiciste a Sakura-chan?
–¡Deja de armar un escándalo, Kiba! – exclamó Sakura tragándose las lagrimas que aun tenía en los parpados –. El Uchiha no me ha hecho da…
–¿Qué están haciendo los dos aquí? –continuó Kiba sin escucharla. Regresó la mirada hacia Sasuke y entrecerró los ojos con fiereza – ¿Por qué estas sin camisa?
Sasuke había olvidado por completo que seguía medio desnudo. Durante el entrenamiento previo junto a Sakura se había quitado la camisa y no se había percatado hasta ahora de ese detalle, lo que permitía que la imaginación del Inuzuka se dejará llevar por una línea de sucesos muy diferentes a lo que en realidad había sucedido.
–No me digas… No me digas que este malnacido…– Kiba se atragantó con sus propias palabras mientras su rostro subía a un nuevo nivel de ira.
–¡No! –Sakura se interpuso entre ambos–. No es lo que piensas.
–Dime que te hizo – demandó Kiba sin saber en donde dejar la mirada. Si en la mirada inquieta de Sakura o en los ojos desafiantes de Sasuke.
–Esto es un mal entendido – insistió ella por lo bajo.
–¿Qué son estos moretones?
Sakura trató en vano de cubrir sus brazos enrojecidos por el entrenamiento, pero ya Kiba se había creado toda una película muy diferente en su cabeza.
Esta vez se decidió por destruir a Sasuke con la mirada.
–¿La golpeaste?
Él no le respondió. No veía la necesidad de justificarse.
–Te he hecho una pregunta.
Sasuke intercambió una mirada gélida contra él. Kiba enrojeció encolerizado.
–¡Responde, maldita sea! ¡¿Le hiciste daño a Sakura-chan?!
Sasuke prolongó el silencio antes de susurrar.
–No es de tu incumbencia, Inuzuka.
El brilló de odio creó el caos en los ojos de Kiba.
–Ahora si me cansaste.
–¡No! – gritó Sakura, pero fue demasiado tarde.
En lo que tarde un parpadeo, Kiba se abalanzó sobre Sasuke en una tormenta de patadas y puñetazos que apenas podían distinguirse en la penumbra de la costa. A pesar de haber ejercitado hace poco, Sasuke albergaba energías de sobra para martillar a aquel animal hasta los huesos. Podía sentir los picos de adrenalina recorriéndole cada centímetro de su cuerpo, llegando hasta sus músculos y activando todos sus sentidos. Desde luego, Sasuke era excelente en artes marciales, pero el Inuzuka sabía cómo hacer frente al nivel de dificultad que él le ofrecía, y esto solo hacía que el encuentro fuese mucho más interesante.
–¡Por favor, deténganse!
Ni Sasuke ni el Inuzuka prestaban atención a los gritos de Sakura. Todo su odio se concentraba en sus puños. Por acuerdo tácito, Kiba mantuvo al margen sus jutsus pero lo compensaba en agilidad y destreza. No llevaban ni siquiera un minuto de pelea cuando Sasuke reconoció que tan buen ninja podía ser aquel saco de pulgas. Esquivaba sus golpes, arremetía contra él en los lugares más vulnerables y se escurría con agilidad de entre sus manos.
La herida más reciente de Sasuke comenzó a latirle bajo las costillas. El calor abrazaba sus músculos. El agua salada hacía que la arena se adhiriera a él como una segunda piel. Sasuke estaba comenzando a sentir la presión del agotamiento sobre su espalda. Pero nada de eso le importaba. De ser necesario, mataría a ese malnacido con sus propias manos.
De nuevo la voz de Sakura se perdió entre golpes y patada. Ella debía saber que no lograría nada pidiendo que se detuvieran. Ambos estaban cegados en una rabia que carecía de contexto y se desviaba a un asunto personal que ni siquiera ellos podían comprender. Era obvio que ninguno iba a detenerse con simples palabras. En una batalla como aquella, el orgullo era mucho más pesado que la razón, es ahí cuando el buen juicio se pierde y la estupidez se hace con la victoria.
Tal vez Sasuke volvió a escuchar los gritos airados de Sakura, tal vez era solo el rugir del mar en algún lado a su izquierda, pero ya a este punto solo tenía ojos para el desgraciado que se abalanzaba de nuevo hacia él. El Inuzuka hizo una zigzagueó como lo había hecho en movimientos pasados, acercándose a su contrincante con determinación. Sasuke lo veía venir, analizando el mejor lugar en donde asestar su siguiente golpe, si en un órgano vital o en algún punto de su cara para aturdirlo. El roce de la arena sobre los pies de Kiba se acabó en un instante cuando éste se alzó en un salto, listo para estrellar su mano cerrada en la quijada de Sasuke. El movimiento era nuevo, pero el odio seguía siendo el mismo que corroía los ojos rasgados del Inuzuka.
Sasuke amplió su centro de gravedad y esperó a que llegase el golpe, maquinando una idea que le sirviera de contraataque. No quería esquivarlo como lo había hecho desde el inicio, esta vez esperaría su llegada y lo atraparía en alguna trampa que su mente fabricaba a todo vapor. Pero antes de que el puño pudiera conectar con su objetivo, el cuerpo de Sakura surgió como un escudo entre los shinobis sobre la arena.
El sonido de hueso contra hueso fracturó el silenció de la noche, dejando al mar sin aliento y al aire sin voz.
El cuerpo de Sakura se precipitó hacia atrás como si se tratase de una hoja muerta de otoño, pero Sasuke fue lo bastante ágil para sostenerla al vuelo antes de que se acercara tan siquiera al agua bajo sus pies. Uno de sus brazos la rodeó por los hombros y casi al mismo tiempo el otro la sostuvo por las piernas, apreciando lo liviana que era, lo frágil que yacía su cuerpo bajo su contacto.
La mano de Sakura sostuvo con firmeza el sitio donde Kiba le había golpeado mientras Sasuke se apoyaba en la arena con una de sus rodillas. Impasible, observó la mueca de dolor que Sakura ocultaba con los ojos cerrados. Algo que más tarde reconocería como intranquilidad llenó los pulmones de Sasuke al verla herida entre sus manos sin poder hacer nada por evitarlo... una vez más.
–Sakur… – tartamudeó Kiba aun con el puño extendido pero con el rostro contraído en el espanto.
En otras circunstancias, Sasuke hubiese dejado a un lado a Sakura y seguiría rompiéndole la cara a Kiba. Pero solo el imaginarse dejarla en la arena bajo esas condiciones le hizo encoger el estomago de repente.
–¿Estás bien? – preguntó Sasuke a secas, impresionándose hasta él mismo de lo inexpresiva de sus palabras.
La mano de Sakura comenzó a sanar al instante la herida en la quijada.
–Sí… no fue nada.
–¡Sakura-san!
Sasuke estaba demasiado aturdido para importarle quien llamaba a Sakura, pero antes de lo que esperaba, la chica Hyūga surgió del mismo sitio donde el Inuzuka había aparecido minutos atrás, alcanzando el cuerpo de Sakura que seguía unido al de Sasuke en la arena.
Entre tanto, Kiba continuaba inerte, temblando de pies a cabeza. El color aun sin regresar a su rostro.
–Sakura… yo… yo…
–Está bien… Kiba – Sakura tardó un rato en decir su nombre, como si le costase trabajo pronunciarlo –. No fue nada.
Esta vez Sasuke se percató de que había hablado como la Sakura que conoció durante los interrogatorios, la misma chica que viajó a su lado por el país el Fuego y se adentró en las entrañas del Bosque Jofuku. Ya no quedaba rastros de la Sakura de la historia. Había regresado de nuevo su coraza, como si se tratase de una persona totalmente distinta.
–Sakura-san.
La chica Hyūga se arrodillo a un lado de ella extendiendo las manos para ver la herida. El gesto hizo que Sasuke oprimiera involuntariamente el cuerpo de Sakura sobre el suyo. La Hyūga se detuvo a medio camino, miró a Sasuke y dejó los brazos sobre su propio regazo. Observó con preocupación a Sakura.
–¿Se encuentra bien?
–Si, Hinata. No hagamos de esto un drama ¿les parece? – hizo ademan de colocarse de pie pero sus ojos viajaron primero a los brazos que la rodeaban y luego hacia el hombre que la sostenía como si fuese un objeto excesivamente frágil –. Uchiha… estoy bien.
Sasuke no tenía intenciones de responder, o en todo caso de hablar. La adrenalina aun le quemaba la piel.
–Yo la acompañaré de vuelta a la Base – la Hyūga no vio a Sasuke mientras hablaba pero era claro que se estaba dirigiendo a él más que a nadie.
Los brazos de Sasuke se relajaron en cámara lenta, liberando a Sakura de la prisión que había creado sobre su propio regazo. Con movimientos sólidos, la vio colocarse de pie. La herida en su quijada aun se veía ligeramente entre la comisura del labio y la barbilla. Sasuke no despegó la mirada de ella cuando él mismo se colocó de pie a su lado, sacándole una cabeza de ventaja.
Kiba permaneció silente con el agua acariciándole los pies. Ya no lucía tan pálido, pero la oscuridad nublaba lentamente su mirada.
–Espero que no sigan cometiendo ninguna estupidez una vez me vaya –murmuró Sakura, que aunque no tenía intenciones de sonar dura, se vio en la necesidad de dejar las cosas en claro antes de partir. Fue ahí cuando miró hacia Sasuke, con aquellos ojos verdes que no albergaban ni una sola lagrima en su interior–. Gracias por el entrenamiento, Uchiha. Espero que podamos repetirlo en un futuro sin tantos contratiempos.
Los puños de Kiba se volvieron a cerrar. La chica Hyūga se acercó un poco más hacia Sakura y le señaló el camino.
–Vamos, Sakura-san.
Sasuke las vio alejarse a paso firme. Sakura caminó con la cabeza erguida y sin dar la imagen de necesitar ayuda por parte de la Hyūga. Poco antes de perderla de vista, ella giró la cabeza solo un instante, permitiendo que sus miradas se encontraran antes de desaparecer tras unas palmeras cerca del salón principal.
A partir de ese momento, el silencio surgió con cansancio entre los que aun quedaban en la costa.
Un ave graznó en algún sitio de la isla. Las palmeras danzando sobre sus cabezas.
–¿Qué le hiciste a Sakura…? – la voz de Kiba sonó áspera, dejando a un lado el estupor para regresar poco a poco a su estado inicial. Atento y amenazador.
–Yo no fui el que le dio un golpe en la cara, Inuzuka.
–Sabes a lo que me refiero – proyecto la mitad de su cuerpo hacia Sasuke con la intención de amedrentarlo –. Sakura… ella no es una chica que se rompe con facilidad ¿sabes? No la he visto llorar desde que era una niña. Y sé que la última persona con la que quisiera verse vulnerable es contigo.
Sasuke frunció el ceño.
–¿Qué quieres decir con eso?
–Oh, vamos. Sé que a veces soy un idiota, pero puedo notar lo evidente.
Kiba entrecerró los ojos, tan furioso como se lo esperaba ver.
–Te aprecia, Uchiha –señaló hacia donde unos instantes estaba Sakura–. Ella no sabe ocultar sus sentimientos. Siempre ha sido demasiado entregada. No mide el peligro que esta ante sus narices, simplemente se arriesga. No sé qué hiciste para merecer que ella se preocupe por ti.
La mandíbula de Sasuke se tensó. Por supuesto que él no había hecho nada para merecer la atención de Sakura, ni antes ni ahora. Pero el Inuzuka desconocía lo sucedido hace un año atrás y pretendía dejar ese secreto oculto tanto como pudiese estar.
De nuevo, Kiba hizo sentir su amenaza proyectando su cuerpo hacia adelante.
–Admito que me equivoque hace un momento, pero si alguna vez me entero que llegas a tan siquiera tocarla sin su permiso te meteré un Rasengan por el culo ¿entiendes?
La mirada de Sasuke se volvió inquisidora, no por el ultimátum, aquello era lo de menos. Si sus oídos no le fallaban, Kiba acababa de nombrar un ataque poco común, casi inexistente ¿En donde había escuchado alguna vez ese jutsu?
–Espero que te quede muy claro, Uchiha –insitió el Inuzuka ante el silencio expuesto por Sasuke, aun con la mirada filosa hacia él –. Sigues sin caerme ni la mitad de bien de lo que Sakura… o Tenten lo hacen. Pero de algo puedes estar seguro, y es que a pesar de todo lo que pueda suceder siempre cumplo mis promesas. Y si para protegerla necesito matarte lo haré con mucho gusto...
–¿Por qué te importa tanto?
Arremeter amenazas violentas con preguntas inquisidoras no era la costumbre de Sasuke, pero algo dentro de él necesitaba escuchar la respuesta.
–¿A qué te refieres?
–A ella –trató en lo posible de sonar indiferente, aunque una nota de interés se filtro en su voz– ¿Por qué te importa tanto?
Al inicio, Kiba se mostró extrañado, luego comenzó a bajar la guardia, aun sin relajar la musculatura de su espalda.
–Sakura… ella es una persona muy especial para mí de la forma que tú nunca entenderás. La conozco desde que escapamos de Konoha y luego cuando nos unimos a La Resistencia. Doce años de guerra nos hicieron mucho más que amigos. Sé que si yo me encontrara en problemas ella vendría en mi ayuda sin importarle los riesgos, de la misma manera que yo la protegería hasta con mi vida si fuese necesario.
Sasuke no hizo ningún gesto. No sabía cómo rebatir aquello. Ese sentimiento del que hablaba el Inuzuka era algo de lo que tal vez jamás llegaría a conocer. Él nunca había sido capaz de formar una relación de amistad con nadie, a penas y tenía un lazo con su familia que era sostenido por las sangre. Pero ahora, lejos de su clan y de la aldea, nunca se había cuestionado la posibilidad de tener a alguien más en su vida. De entre todas las personas que Sasuke conocía no podía imaginarse a nadie capaz de dar la vida por él. Pero ese pensamiento no era devastador sino más bien justo. Exceptuando ciertas personas de su familia, Sasuke no estaba dispuesto a importarle tanto alguien como para dar su vida a cambio de salvarle. Aun no conocía ese nivel de entrega, o al menos eso es lo que él creía sentir…
–Se que fuiste el Director de aquel campo – fue de nuevo el Inuzuka. Hablaba de manera pausada y serena, aunque el tinte de amenaza nunca abandonaba el trasfondo de su voz –. No sé lo que sucedió ahí dentro. Ella no me lo contará nunca y Tenten a penas sabe lo suficiente como para tener pesadillas, pero tú sí que lo sabes. Estas consciente de lo que hiciste en ese lugar y de todo la sangre inocente que ensucia tus manos. Es por esa razón que no puedo tolerarte, Uchiha. No hay manera de que te vea sin recordar como ella regresó de ese lugar, tan destruida, tan devastada…
Sasuke no sabía cómo interpretar sus palabras. Además de restregarle en cara lo que había hecho y dejado de hacer, Kiba hablaba de Sakura como si fuese algo preciado, algo que merecía la pena proteger.
–Y aun así ella… – el Inuzuka cerró los ojos con fuerza –. A pesar de todo por lo que ella tuvo que pasar te aprecia, Uchiha. Mucho más de lo que llegarías a merecer –esta vez su parpados se agitaron y su mirada cayó sobre Sasuke –. Y lo peor de todo, es que en los últimos días he visto que a ti también te importa, te importa lo suficiente como para salvarla y protegerla, como lo hiciste con aquellos Bandidos, como lo acabas de hacer justo ahora.
Aunque el corazón de Sasuke se aceleró en su pecho, nada se reflejó en su mirada. Todo en él era inexpresividad, aun cuando sentía los latidos en sus oídos y la nuca a instantes de reventar su cabeza en dos.
El Inuzuka entrecerró los ojos y dio un paso al frente.
–Aun no comprendo exactamente la razón que te mueve a hacer todo esto ¿Por qué te debería importar alguien que torturaste en el pasado? ¿Quieres expiar tus pecados? ¿O es que realmente te interes…?
–Deja de decir tonterías, Inuzuka – se jactó Sasuke queriendo darle punto y final a esas absurdas palabras.
–Dices eso porque no lo sabes, Uchiha – bramó Kiba entre dientes, frunciendo su rostro en una mueca de desprecio –. Y espero que te vayas de aquí antes de que llegues a averiguarlo.
Y así sin más, dio media vuelta y abandonó la costa. Dejando a un Sasuke atormentado con los demonios de su mente. Todo dentro de él daba demasiadas vueltas. Los pensamientos iban y venían. El dolor en su cabeza estaba latente, la herida en el costado le quemaba, el mar rozándole las piernas tensas y nudosas.
No sabía qué hacer. No tenía ni idea de lo que había pasado esa noche. Solo una pregunta colgaba de su mente con tal insistencia que lo dejaba prendado en un mundo solitario y oscuro. La misma pregunta que Sakura le había hecho, la mismas palabras que el Inuzuka habían pronunciado. Ambas tan diferentes y tan similares a la vez. Aquella pregunta le arrebataba la consciencia y lo dejaba extenuado al saber que nunca alcanzaría a responder...
¿Por qué...?
Tercera División de La Resistencia
País de las Olas
23:30
Recibir un buen baño después de un entrenamiento destruye músculos era lo que Tenten resumía como «El momento refrescante del día». Por su puesto, hacer ejercicio en verano acarreaba un cansancio desproporcionado, casi masoquista, además de un proceso de deshidratación constante, pero los apasionados al Taijutsu consideraban el clima estacional más un reto que una tortura; y si se tenía antecedentes de entrenamiento con la juventud de Maito Gai, el calor sumaba puntos extra a todo aquel meollo de golpes y patadas.
Tenten salió de la regadera de mala gana cuando el agua dejó de caer. La idea de pasar toda la noche bajo el grifo le sentaba como una idea fenomenal, pero las reservas de agua eran limitas y ahorrar era cosa seria por estos lados. Una vez fuera, empapó el piso con grandes gotas que caían por todas partes al tiempo en que esquivaba un par de chicas que pasaban por ahí. Aunque los baños se trataban de espacios amplios y de buena iluminación, era evidente que habían sido fabricados con casi nada de esmero. Las duchas estaban una a lado de la otra sin una pared que la separase entre sí, partes del piso carecía de baldosas y las ventanas no gozaban de una ubicación muy decorosa que digamos. Al final, las chicas dentro de la División se vieron en la necesidad de implementar el uso cortinas hechas con sabanas viejas, quitándose el incordio de que algún shinobi de cuello largo y hormonas desatadas les mirase de puntillas por alguno de los gigantescos ventanales.
Tenten secó su cuerpo con ayuda de una toalla y se cambió a ropas cómodas para dormir. Lo poco que recordaba antes de salir del salón de entrenamiento era que la tarde había caído hace ya bastante y faltaban pocos minutos para alcanzar la media noche. Pero aun con toda esa variación temporal la actividad en La Tercera División permanecía imperturbable. Había escuchado que los entrenamientos se extenderían hasta bien entrada la noche durante el transcurso de esa semana en preparación a la misión del campo de concentración. Por lo visto, los altos mandos habían pasado sin ton ni son sus advertencias y estaban dispuestos a llevar a cabo el ataque con o sin ayuda del equipo de Neji. Ciertamente un grupo no mayor a cinco personas carecían de la fuerza para detener a toda una División de La Resistencia de hacer una misión estúpida y por demás suicida. Si ellos estaban dispuestos a llevar a cabo una masacre, media decena de voces que intentaban llevarle la contraria no harían ningún cambio en sus planes.
Y como si este problema no fuese suficiente, cada ser viviente dentro de la Base manejaba la información del asalto al campo como si fuese noticia internacional. En situaciones normales, la misión debería permanecer en secreto. Incluso el Uchiha y casi todos los civiles del país de las Olas estaban al corriente de cuáles eran los planes de Gai-sensei. Tenten juzgaba de mala manera ese gesto. Siendo ella la directora de una Base de La Resistencia no dejaría en libertad un dato tan circunstancial como el ataque a un centro enemigo. Podía caer en oídos equivocados y llegar al escritorio de Madara, previniéndole de cualquier invasión enemiga. Lamentablemente, en este lado del continente no se pensaba con malicia suficiente, lo que hacía que la inquietud de Tenten estuviese bien justificada. Tanto era su inquietud que esa misma tarde, mientras entrenaba junto al resto de shinobis en el gran salón, se atrevió a preguntarle a Rock Lee sobre el asunto.
–Oye, Lee – el aludido estaba golpeando un gran saco de arena con parches que, por lo visto, no resistirían por mucho tiempo bajo los puños del pupilo predilecto del General Gai – ¿Es cierto que llevaran a cabo la misión del campo?
–Veo que te enteraste – apuntó Rock Lee mientras el pobre saco se zarandeaba de un lado a otro recibiendo más golpes de lo que podría soportar –. Gai-sensei había propuesto esperar por ustedes para que se nos unieran, pero Darui lleva mucho tiempo paleando cada aspecto de la misión. Como sabrán, la vez que fuimos a la costa del País del Fuego donde te encontramos a ti y a los demás era parte de nuestra última ronda de reconocimiento. Entre más pronto ataquemos tendremos más posibilidades de vencer.
Tenten se mordió el labio. Dudaba mucho sobre esa victoria de la que tanto alardeaba Rock Lee desde la última reunión, y aunque tuviese muchos argumentos para llevarle la contraria, tenía una pregunta más importante que hacer aunque no sabía cómo abordar el tema.
Tal vez la preocupación que se arremolinaba tras su mirada hizo que Rock Lee detuviera su tortura contra el saco que seguía sangrando arena y se fijo en ella jadeando de manera casi imperceptible.
–Mira, Tenten. Sé que tu y los demás están muy preocupados por lo que sucedió la última vez en ese campo. No es justo que nosotros les obliguemos a hacer algo que no quieren, pero ustedes tampoco pueden forzarnos a que nos quedemos de brazos cruzados. Hemos evaluado cada aspecto de la misión con sumo cuidado. Sería de gran ayuda recibir los conocimientos que ustedes consiguieron en su antigua misión. Manejamos los informes que Kakashi-sense nos envió, pero un par de letras no se compara a la experiencia vivida.
–Veo que están muy seguros de hacer esto.
–¿Por qué deberíamos dudar?
Los ojos de Rock Lee estaban delineados de una forma que lo hacía parecer demasiado pueril, casi inofensivo, pero la mirada que le estaba devolviendo a Tenten era la de un hombre seguro en su palabra. Listo para cumplir promesas, derrumbar muros y defender sus ideales.
Este chico era una versión mejorada de lo que alguna vez había sido.
–Deberían replantarse la posibilidad – continuó Rock Lee, serio e inquebrantable –. Aun están a tiempo de unirse a nosotros. Serían de gran ayuda para la misión. Tu, Neji, Kiba… Lograríamos alcanzar mucho más si se unen a nosotros.
Esta vez, Tenten no pudo negarse con la vehemencia que había dispuesto hace unos días en la reunión. Le dolía solo imaginarse lo que podría sucederle a todos esos ninjas una vez atravesaran las puertas de aquel campo. El miedo a lo inevitable la consumía, el recuerdo de las historias de Sakura y de lo que sus propios ojos habían visto era demasiado para ser revivido.
Rock Lee se acercó a ella dando un paso al frente. Sus grandes ojos se aferraron a los suyos con determinación.
–Estaremos bien. Si nos mantenemos juntos, lo lograremos.
–No lo hagas parecer fácil, Lee, porque no lo es.
–Entendemos los riesgos a los que nos enfrentamos. Todos estos ninjas –señaló el salón repleto de hombres y mujeres sin despegar su atención de Tenten –, todos y cada uno de ellos están conscientes de lo que se avecina. Ellos conocen el peligro y están dispuestos a ayudar a pesar de…
–A pesar de que pueden morir en el intento.
Rock Lee frunció los labios.
–No queremos llenar nuestras cabezas de mentiras. La realidad es necesaria aun cuando sea demasiado difícil de tolerar. Es por esa razón que la misión no es un secreto para nadie en esta Base.
–Y justamente ese es el problema.
–¿A qué te refieres?
–Creo entender porque Gai-sensei quiere que todos conozcan las repercusiones que podría tener la misión. Nadie quiere arriesgarse al peligro sin saber al menos que tantas oportunidades tendrá de morir. Y eso ha sido tanto un acierto como un error por parte de ustedes.
Las arrugas en la frente de Rock Lee no se hicieron esperar.
–No permitiremos llenar la cabeza de mentiras a nuestros ninjas para que peleen sin conocer antes los riesgos, Tenten.
–Eso lo entiendo y también comparto su propósito, pero ¿no crees que es mejor mantener todo esto bajo perfil?
–¿Por qué lo preguntas?
–¿Qué pasa si llega a caer en manos equivocadas?
–Jamás sucedería algo así – le reprochó con firmeza –. Nadie dentro de la Tercera División o de la mismísima Resistencia sería capaz de ser tan descuidado para decir más de lo debido en el lugar equivocado o con la persona incorrecta.
–Sí, lo entiendo, pero…
–¿Por qué dudas? –Rock Lee frunció aun más el ceño haciendo que su cejas se juntaran y parecieran una gruesa línea negra por encima de sus ojos –. No estarás pensado que puede haber un espía entre nosotros ¿verdad?
Tenten parpadeó un instante.
–¿Un espía? Yo… no lo había pensado…
–Pues no lo pienses – le recriminó con gran ímpetu –. La idea de tener un traidor dentro de nuestras tropas es imposible, Tenten. Estoy convencido de que todos los que formamos parte de La Resistencia serían incapaces de vendernos a las manos de Madara. Nosotros confiamos lo suficiente en nuestra gente para saber que no nos traicionaran.
El cuerpo de Rock Lee dio un paso hacia atrás, regresando a la posición con la que estaba entrenando. Tornó la mirada hacia el deprimente saco que seguí esparciendo arena por todos lados justo antes de que sus brazos volvieran a zumbar en el aire.
–No te angusties, Tenten. Todo va a salir bien. Aunque ustedes no puedan o quieran ir con nosotros, la misión será un riesgo que estamos dispuestos a cumplir – una sonrisa curvó sus labios antes de agregar –. Solo tienes que mantener las esperanzas.
El gran espejo del baño le devolvió la mirada luego de que Tenten limpiara su mohosa superficie, desvaneciendo el recuerdo del salón de entrenamiento hasta dibujar su fuerte figura al otro lado del cristal. Tenía moretones dispersos en la piel, donde Rock Lee le habían propinados unos buenos golpes hace unas horas atrás. Sanó con torpeza las heridas más molestas y visibles, ya dejaría que Sakura enmendara esos tatuajes que había adquirido en su nueva sesión de entrenamiento.
Peinó su cabello húmedo hacia atrás, dejando caer gotas de agua sobre la blusa holgada y el short viejo que cargaba puesto. Tomó el brasier y el uniforme sucio listo para lavar a primera hora y salió hacia los pasillos, dirigiendo sus pisadas hacia el ala de los dormitorios.
Cada paso era una latido en todo su cuerpo. Músculo tras músculo, contrayéndose como resortes, felices de recibir una dosis letal de entrenamiento por parte de su viejo compañero y eterno pupilo de Gai-sensei. Pero aunque quisiera dejarse llevar por los lamentos de sus articulaciones, la mente de Tenten permanecía sumergida en la última conversación que había sostenido con Rock Lee.
¿Qué probabilidades había de que existiese un topo? ¿Era una situación probable o imposible? ¿Qué tal si Lee se equivocaba? ¿Qué tal si tuviese razón? Ella en lo personal no podía hacerse a la idea de que existiese un enemigo implantado desde hace semanas, meses, incluso años dentro de La Resistencia, pero ¿Y si eso es era justamente lo que su mente quería pensar? ¿Una mentira que pudiera salvarla de la verdad? No. Se negaba a que esa idea la consumiera. Era absurdo imaginarse a uno de sus compañeros susurrando palabras a los oídos de Madara, transfiriendo información, alentándolo a que siguiera con su mandato de odio. Tenten se prohibió derrapar en esa línea de pensamientos. No le daría el gusto a ese hombre de crear más anarquía de la que llevaba consigo. Ella debía confiar en su gente de la misma manera que Gai y Rock Lee lo hacían. No había manera de que alguien traicionase a la Voluntad de Fuego. Era imposible.
Imposible…
Mientras avanzaba por los pasillos, reconoció el escaso personal que pululaba por esos lados. La gran mayoría estaba del otro lado de la Base, rompiendo huesos y desgarrando músculos en los salones de entrenamiento, por lo que el ala de dormitorios estaba prácticamente vacía.
De camino pasó frente a la habitación de Darui que compartía con Naruto, o mejor dicho que compartía con un Naruto que se hacía pasar por Kiba. Tenten era una de las pocas personas que estaba al tanto de la situación. La presencia de Naruto dentro del País de las Olas era información confidencial y ultra secreta –al menos ese dato era mil veces más privado de lo que era el ataque al campo–. Estaban al tanto de una organización llamada Akatsuki liderada por Madara que se encontraba preparada para capturar a Naruto en el momento en que bajasen la guardia. Es por ese motivo que el hecho de que se hiciera pasar por Kiba era una idea brillante y al mismo tiempo estremecedora. Era difícil hacerse a la idea de que un amigo se estaba pasando por otro amigo pero que este último estaba muerto y el primero lo daban por muerto. Sonaba bastante enredado, pero así lo era y así debía continuar si querían que su plan por mantenerlo vivo siguiera su curso.
La puerta siguiente correspondía a la habitación de Rock Lee que compartía con Chōjūrō. Por mala suerte, Tenten se encontró de nuevo indagando en esa última charla que había sostenido con su viejo amigo. No quería caer en la tentación de enredarse con teorías conspirativas y traidores que no podían existir. Simplemente no lo haría.
Mientras su cabeza daba un sin fin de vueltas desenfrenadas, sus pies pasaron frente a la habitación de Neji.
La recamara era solo para él porque, a este punto, los mismos arquitectos ingeniosos que habían construido los baños pasaron su mano desproporcionada por estos lados de la Base, creando la ultima recamara habitable de este sector solo para una persona, dos si se quisiese iniciar un hacinamiento. Era la puerta final del pasillo que separaba el dormitorio de los hombres de las escaleras que daba hacia a las habitaciones de las mujeres.
Tenten pasó con lentitud frente a la puerta, viendo como la luz se deslizaba por debajo de la rendija mientras una fuerza ajena a su voluntad la hacía detenerse en seco en medio del solitario pasillo.
No ameritó ningún esfuerzo para Tenten el recordar con dolorosa precisión la forma en que Neji había actuado en los últimos días, convirtiéndose en un ser distante y con miradas atestadas en recelo. Estos últimos días habían sido críticos para su relación. Nada de sonrisas alentadoras, caricias discretas o besos a escondidas. Jamás habían estado tan cerca pero al mismo tiempo tan lejos. Tenten quería recortar esa distancia que habían creado, enmendar los lazos rotos y seguir adelante como lo habían hecho siempre luego de una caída. Y ahora que estaba a escasos metros de él, vio la única oportunidad a la vista para hacerlo.
Tocó la puerta. Dos golpes. Uno a rebosar de decisión y otro inquieto por la repentina duda. El movimiento de su mano había sido creado por la misma fuerza que la obligó a detenerse en el umbral. Nada gobernado por su mente, todo era obra de esa energía casi corpórea que la empujaba a hacer lo que su orgullo le impedía.
Tenten tragó grueso a la espera. Pero nadie respondió.
Pensó volver a tocar con los nudillos al mismo tiempo que una voz en su cabeza le decía que perdía el tiempo esperando como una tonta en medio de la nada. Y en vez de hacer caso a alguna de las dos voces en su mente, tomó el picaporte y lo giró. La puerta generó un chasquido, las bisagras cedieron quejándose a penas mientras la luz mortecina del interior se derramaba hacia ella con una lentitud depravadora.
La habitación la recibió con un calor veraniego que hizo un gran contraste con la frescura de su piel. El aroma a tinta y pergamino llegó hasta sus pulmones conteniendo la abrupta necesidad de estornudar. Una simple vela descansaba sobre una mesita de noche, a un lado de una cama individual donde el cuerpo de Neji permanecía inerte, con la espalda apoyada en la pared y las piernas extendidas perpendiculares a la longitud del colchón. Estaba leyendo uno de los tantos pergaminos que tenía desparramados sobre el dosel. Sus ojos perlas permanecieron clavados en los trazos del papel sin inmutarse por la intrusión de Tenten en el umbral de la puerta.
–¿Puedo pasar?
De antemano sabía que no recibiría respuesta, pero Tenten no esperaba que su silencio le molestaría de sobremanera.
–Necesitamos hablar, Neji.
Engullido en su lectura, Neji no hizo ningún ademan para elevar la quijada, solo se limitó a susurrar:
–Estoy ocupado, Tenten. No tengo tiempo para esto.
–Nunca lo tendremos si continúas así…
Desde la distancia, se detuvo a admirar el semblante de Neji. Tenía el cabello amarrado en un moño desordenado casi en la coronilla, hecho con un pincel que había utilizado para escribir en algún pergamino. Una que otra hebra castaña caía con rebeldía por su rostro endurecido, alcanzando la desnudez de sus hombros y la fuerza de su musculosa espalda. Pocas eran las veces las que Tenten había tenido la oportunidad de verle sin camisa, porque Neji siempre se mostraba presentable ante cualquier situación, incluso cuando estaba enfermo o entrenando. Pero la escena que estaba presenciando tenía demasiados elementos que no concordaban con la pulcritud del chico Hyūga.
Ella lo conocía demasiado bien para saber que Neji nunca se comportaba como un hombre desordenado. Nunca abandonaría la pulcritud de su aspecto. Nunca se atrevería a ser esquivo con ella.
Nunca.
Repentinamente, la rabia dio paso a la preocupación dentro de Tenten. Aunque admitía que no estaba contenta por lo que había sucedido entre ellos en los últimos días, sabía que debía atravesar lentamente la barrera que Neji había construido entre ellos. Y ser condescendiente no la ayudaría a derribarla.
Cerró la puerta. Las bisagras volvieron a quejarse. Neji no hizo nada por impedir que se quedara, pero su lenguaje corporal solo decía «Quiero estar solo».
–Esta tarde hable con Lee – los ojos de Tenten se armaron de valentía y se mantuvieron fijos en el rostro del Hyūga, retándole para que le devolviera la mirada tarde o temprano –. La Tercera División seguirá adelante con la misión del campo de concentración.
De nuevo albergó la posibilidad de que él no le respondiera. Sin embargo, la gruesa voz de Neji se deslizó hasta ella con pesadez.
–Darui me informó del asunto durante el almuerzo. Esperaba darles la noticia a ti y a los demás mañana a primera hora, pero veo que ya está en boca de todo el mundo.
Al escuchar aquello, Tenten abrió los labios para abordar el tema que Rock Lee le había hecho pensar sobre un posible traidor, pero desecho la idea casi al instante en que se había formado. No debía mortificar más a Neji de lo que ya estaba sembrandole una idea tan absurda como esa. Si quería enmendar sus lazos, necesitaba buscar otra forma para hacerlo.
–¿Cuándo se llevara a cabo el ataque? – preguntó Tenten por lo bajo.
–Dentro de tres días.
–Es muy poco tiempo. No estarán preparados para lo que se avecina.
–Eso no importa. De todas maneras lo harán.
–¿Aceptaras entonces la misión?
–Si el resto del equipo está dispuesto, si.
Luego de una inquietante pausa, Tenten volvió a hablar.
–Nadie se negará, Neji.
–Eso es lo que me temo…
Aunque todos estuvieran en contra de llevar a cabo la misión, ninguno de ellos pretendía quedarse atrás. Tenten estaba segura de eso, y Neji también. Todo el grupo –a excepción de Naruto– había votado en contra de la misión durante la última reunión. Desde luego, nadie quería revivir el mismo escenario desgarrador dos veces en su vida, pero las cosas nunca funcionaban de la manera que se espera. Su insistencia no había hecho cambiar de parecer a Darui o a Gai, y, saber que toda una División se preparaba para entrar a la boca del lobo sin protección, obligaba a los escépticos a tragarse sus palabras y ayudar en contra de los pronósticos. Porque así era La Resistencia.
Si uno se atrevía a luchar, el resto le seguiría sin dudar.
–Debo ir – susurró Tenten.
Desde la cama, los hombros de Neji se tensaron.
–No.
–¿Disculpa? – una de las cejas de Tenten se arqueó.
–He dicho que no. Tú no debes ir – le repuso con firmeza –. Solo quieres arriesgarte para cumplir una venganza que de seguro terminara por matarte de la misma manera que le sucedió a él.
Tenten se dio cuenta que Neji lamentó lo que había dicho justo después de haber soltado la primera palabra. Por fin tuvo la decencia de alejar el pergamino, pero aun no la miraba a los ojos.
–Lamento lo de Iō – murmuró él.
–Yo también.
Un suspiro fue lo necesario para que Neji consiguiera las fuerzas de levantar la quijada y mirarla. Tenten aguardó imperturbable, de pie, a un lado de la puerta, mientras él continuaba prolongando el silencio que hacía pesado el respirar.
–¿Necesitas algo más? – quiso saber Neji.
–Estas molesto conmigo y creo saber la razón.
–Estoy ocupado, Tenten – no señaló los pergaminos, simplemente le sostuvo la mirada con la misma sensación de reto que ella le devolvía –. Ve a descansar, mañana podemos hablar de la misión si eso es lo que quieres.
–Sabes muy bien que eso no es a lo que he venido.
Caminó hacia la cama y se sentó tomando especial cuidado en no arrugar ningún papel. Una fría gota cayó del cabello de Tenten derramándose sobre su brazo como una solitaria lagrima. Su cercanía no hizo cambiar la posición de Neji, pero sus hombros dejaron de estar tensos, y por una efímera fracción de segundo creyó que tal vez, y solo tal vez, él necesitaba esa charla tanto como ella lo hacía.
–Odio esto, Neji. Simplemente lo odio – el valor se le escapó un instante por los pulmones y cerró los ojos ante la inquisidora mirada perla sobre ella –. No puedo tolerar la distancia que hemos marcado. Desde la reunión con Darui te has mostrado distante y lo detesto, realmente lo detesto.
El ceño de Neji no tardó en fruncirse.
–No quiero hablar del Uchiha.
–Esto no es sobre un desertor, ni de la razón por la que lo apoyé a él en vez de a ti. Esto es sobre nosotros, Neji. No inmiscuyas a otra persona en nuestros problemas. No actúes como un cobarde.
–Entonces es eso – entrecerró los ojos, trasmitiendo dolor tras su mirada –. ¿Has venido a echarme en cara mis errores? ¿Eso es lo que viniste a hacer?
–Quiero que dejes de buscar excusas para alejarte de mí – Tenten se acercó más hacia él, esta vez, su voz sonó suave y más sincera que nunca –. Déjame ayudarte, Neji. Permíteme hacer algo por ti…
Instintivamente miró a su alrededor. Algunos pergaminos dispersos en la cama habían caído sin remedio al suelo. Entre las sabanas se ocultaban rollos nuevos y otros arrugados. El olor a tinta flotaba en la habitación con insistencia. El propio Neji lucía demacrado, infeliz, sin fuerzas.
–Este no eres tú.
Tenten volvió a mirarlo. Esta vez Neji esperaba por ella, con los ojos perlas nublados en un desaliento que jamás le había visto antes. El dolor la invadió, la tristeza hizo mella en su pecho, la preocupación contrajo su garganta hasta cortarle la respiración.
–Habla conmigo – pidió con un hilo de voz –. Dime que esta pasando, Neji...
Pero él permanció callado, y aquel prolongado y oscuro silencio significó la rendición para Tenten. No le obligaría a que contara lo que le sucedía en contra de su voluntad, no forzaría a que confesara algo que no quería decir.
–Esta bien si no quieres contarmelo – susurró ella, tratando de guardarse la pena para sí misma –. Y lamento si te he molestado. Solo... solo esperaba que pudieras confiar en mi para...
–Ya no soy apto para ser líder, Tenten –las palabras salieron de él en un soplo incierto. Su mirada vibró un instante y con inseguridad regresó al pergamino sobre su regazo–. No hay manera de que pueda seguir en este camino...
El cuerpo de Tenten se mantuvo rigido sobre la cama.
–¿Qué dices?
–Mira todo lo que ha sucedido, todos los buenos ninjas que han muerto bajo mi liderazgo –Neji echó la cabeza hacia atrás e hizo un gesto con la mano hacia nada en particular–. Quieren que dirija a esos hombres al campo de concentración como si mi anterior experiencia fuese una obra maestra. Pero nada de eso es verdad, jamás será verdad. Por mi imprudencia muchos murieron ese día.
–Y muchos otros fueron salvados, Sakura entre ellos.
–Hanabi no piensa lo mismo.
Los labios de Tenten se fruncieron. Esta persona que estaba a su lado no era Neji, al menos no el guerrero indomable del que se había enamorado.
Sin pensarlo demasiado, Tenten se levanto de donde estaba, rodeó los papeles y se sentó a horcajadas encima de Neji, con la determinación tanteando su rostro.
–Mírame a los ojos – pidió Tenten tomando su rostro con ambas manos –. No te ahogues en las penas del pasado. Nada de lo que sucedió ese día fue tu culpa. Hiciste lo mejor que pudiste para salvarla de los Uchiha.
Los ojos de Neji continuaban nublados, pero estaba atento a ella, tanto a sus palabras como a su cercanía.
–No te merezco, Tenten –soltó en un susurro, luchando una guerra en su interior que ella desconocía y al mismo tiempo detestaba–. Estoy dañado, estoy incompleto. Siento demasiado odio que no lo puedo controlar. Cuando estábamos en la Segunda División, cuando estaba encargado del interrogatorio del Uchiha iba en secreto todas las noches a su celda. Siempre bajaba preparado, con un kunai en el bolsillo, listo para matarlo y vengarme por lo que su familia había hecho a nuestra gente –los brazos se tensaron a ambos lados de su cuerpo–. Pero no pude hacerlo. Aunque deseaba matarlo, nunca pude.
»Y ahora, cada vez que lo veo siento que me hierve la sangre. No hay forma de que lo vea y no recuerde las heridas de Sakura cuando la rescatamos del campo de concentración o los ojos sin vida de Hanabi tendida en medio de una estampida de personas –los parpados de Neji se cerraron, un puño se formó en su mano y comenzó a temblar–. Sé lo que dirás, porque son esas palabras que no has dicho las que me han detenido de hacer algo estúpido. Tú me has mantenido estable todo este tiempo. Pero no tengo reparo. Ya no hay vuelta atrás. Estas perdiendo el tiempo conmigo, con una persona que sigue nublada por el deseo de venganza. Deberías olvidarte de mí. No es justo para ti que sigues con un hombre como yo. Es por eso que he enviado una carta a esta División para permane…
La mano de Tenten conectó con la mejilla de Neji.
El eco del golpe retumbó en la habitación por lo que pareció una fracción de segundo que se extendió hasta convertirse en una pequeña eternidad.
–No te atrevas a insultarme...
El brusco movimiento hizo que el cabello de Neji cayera sobre sus hombros como una cascada castaña. Fácilmente pudo haber evitado el golpe, pero él sabía que se lo merecía y Tenten odiaba que él pensase así.
–Te amo por lo que eres. Desde tus errores, tu sentido de la lealtad e incluso tus imperfecciones –no quiso sonar tan dura, pero quería mostrarse tan segura de sus palabras como fuese posible –. No importa lo que digas, lo que siento por ti no cambiara, Neji.
–Yo... yo no te merezco, Tenten – insistió él con voz grave.
–Deja de decir disparates, no estoy con ánimos de golpearte otra vez.
–Tenten…
Una sonrisa queda se formó en los labios de ella. Elevó su mano y acarició el sitio donde le había golpeado segundos atrás.
–Eres un completo idiota ¿lo sabías?
El ceño de Neji se frunció al instante.
–¿Cómo puedes hacerlo? ¿Cómo puedes seguir a mi lado despues de todo esto?
–Amarte no es un reto – dijo Tenten.
–Pero si una mala decisión.
–Entonces esta ha sido la mejor mala decisión que he tenido en toda mi vida.
La mano de Tenten bajó hasta tocar con suavidad la línea de la mandíbula de Neji.
–Puedes darme todas las razones que quieras para odiarte – siseó ella con ternura –, yo en cambio te daré el doble de razones para seguir amandote hasta el final.
La nube tras los ojos de Neji comenzaba a disiparse lentamente.
–Perdóname – dijo él, tan suave como el roce del viento –. Por todo lo que te he hecho, por todo lo que te he dicho. Perdóname, Tenten...
Las palabras se mantuvieron suspendidas en el aire.
Una sonrisa gentil curvó los labios de Tenten.
–Sabes muy bien que no hay nada que perdonar.
Sus miradas se mantuvieron fijas entre sí. El silencio no les era incomodo, sino perfecto. Las palabras nunca habían sido demasiado necesarias para decir lo que sentían. El solo estar juntos, uno al lado del otro, bastaba para saber que querían confesar, que necesitaban tener, que anhelaban tocar.
Las manos de Neji llegaron a su cintura, tirando de ella con gentileza, permitiendo que sus caderas chocaran entre sí, que sus pechos reconocieran el latido del otro y que sus cuerpos se fundieran hasta ser uno solo. Ella mantuvo la calma en la tempestad que se arremolinaba dentro de su ser, dejandose llevar por las manos que acariciaban la piel de sus muslos y de los ojos perla que la devoraban en silencio. El juego de sus dedos era lento, nada temerario, todo en Neji seguía un cauce tan suave qué la espera solo hacía el momento más exquisito, pero ella no podía resistir por mucho tiempo más.
Tenten enredó sus manos en el laceo cabello de Neji, sosteniéndolo con fuerza y atrayéndolo hacia ella con la necesidad de besarlo palpitándole los labios. Él la recibió complacido y airoso, moviendo sus manos por su espalda, envolviéndola con una par de brazos que parecían cadenas de acero.
La vela a un lado seguía esparciendo un calor ínfimo a comparación de los cuerpos sobre el dosel de la cama. Este beso, a diferencia de muchos otros, estaba cargado de palabras no dichas, de sentimientos ocultos y del deseo que nunca habían sido capaces de revelarse entre ambos.
Tenten desprendió sus labios de Neji permitiéndose buscar aire entre jadeos agitados mientras él le inclinaba el cuello, dejando un rastro de besos sobre una piel caliente como brasas al fuego. Había olvidado lo hermoso que se sentí al estar con él. La forma en que sus cuerpos encajaban a la perfección como si el universo los hubiese fabricado para estar juntos. Todo en Neji le hacía delirar, desde sus sonrisas quedas hasta su actitud desdeñosa y sobreprotectora. Él era todo cuanto amaba en este mundo y más, mucho más.
El rostro de Neji se hundió en el hueco de su cuello, jugando con su sentidos hasta alterar cada fibra del cuerpo de Tenten, forzándola a buscar de nuevo su boca antes de que la dejara sin conciencia. Él la encontró antes, abriendo sus labios para profundizar su contacto. Tenten alucinaba a cada segundo, creyendo que en cualquier momento se disolvería entre sus brazos. Respiró sobre Neji con deseo, pero sabía que eso no le bastaba, necesitaba inhalarlo, absorber todo cuanto él significaba para ella. Apreció con delirio su aroma a sudor, cuero y tinta, tan embriagante y seductor. Se dejó llevar por las caricias que Neji esparcía por su piel, notando como sus gruesos dedos iban contando una a una las costillas por debajo de la camisa, mientras, las manos de ella se enroscaban en su cuerpo, tocando cada musculo contraído, fuerte y magro que se tropezara en la excursión por aquel abdomen perfectamente esculpido.
El mundo se balanceó peligrosamente cuando la risa de Neji sobre su piel la hizo estremecer. Era un sonido juguetón que se extendió hasta su oído, sus dientes razarón el latido desenfrenado de su cuello.
–No es justo que yo sea el único sin camisa aquí.
La sangre en su cuerpo hizo un recorrido enloquecido hacia su cara, ruborizándola hasta las orejas cuando se alejó de Neji con cuidado mirándolo con una expresión decidida en el rostro.
Él estuvo a instantes de arrugar el entrecejo, pensando que se había sobrepasado, pero Tenten le expuso lo contrario cruzándose de brazos hasta tomar el borde de la camisa y retirarla por encima de su cabeza.
Fue un movimiento decidido que hizo enloquecer la maquinaria entre sus costillas. No se cruzó de brazos ni ocultó la desnudez de sus senos bajo la luz de la vela, en cambio se aventuró a mirar los ojos de Neji que no sabían exactamente en donde ajustar su atención. Tenten creyó que su movimiento fue demasiado atrevido cuando pasaban los segundos y no recibía respuestas. Era la primera vez desde que estaba junto a él que se osaba a dar un paso tan valiente, de mostrar más de lo que algún hombre había visto de ella. Una parte de su cuerpo liderada por la vergüenza, le decía que volviera a tomar su camisa y cubriera lo que debería permanecer oculto. Tal vez no era lo que Neji esperaba. Nunca había sido muy femenina, pero creí tener un cuerpo decente para alterar la mente de un shinobi. Por lo visto, estaba equivocada.
Sofocada por el calor de la habitación y del silencio de Neji, buscó cruzarse de brazos y cubrir su pecho mientras bajaba una mirada que había perdido seguridad, pero antes de lo que esperaba la mano de Neji la sostuvo por la muñeca, impidiéndole regresar a la seguridad de su camisa.
–No lo hagas – le dijo con la voz ronca y los ojos perlas brillando en un éxtasis que trataba de mantener bajo control –. No te atrevas a dar un solo paso atrás.
Sin pensarlo demasiado, la fuerza de Neji la atrajo hacia su cuerpo con una necesidad desenfrenada, más fuerte que la anterior, buscando sus labios hasta disolverse uno en el otro con una voracidad que rayaba en lo inusitado.
La mente de Tenten estaba perdida en ese fogoso beso que le hacía alucinar. Su piel ardía donde él tocaba, avanzando por su espalda desnuda y terminando en la base de su cabello, liberándola de un gemido que tenía atorado en la garganta. Este Neji era diferente de los que alguna vez había saboreado en el pasado. La timidez estaba dando paso a la seguridad.
Ella seguía sentada a horcajadas encima de él mientras sus cuerpos sudorosos trataban de unirse más y más. Si antes pensaba que Neji no la deseaba como mujer, una respuesta dura bajo su cadera le hizo reconsiderarse ese punto. Algo ardió en su bajo vientre dejando soltar un jadeo y, sin saber cómo había barrido los pergaminos, en un parpadeo se encontró acostada encima de la cama sin interrumpir en ningún instante el contacto sobre sus labios.
Neji buscó las muñecas de Tenten y elevó sus brazos por encima de su cabeza. Ella le permitió hacerlo. Le permitió que se alejara de sus labios y mordiera suavemente su cuello y lamiera la pequeña gotas de agua que caían de su cabello hasta sus hombros. Le permitió que el brazo libre de él jugara con la piel de su abdomen, y ascendiera hasta su pecho llenando su mano sobre uno de sus senos. Arqueó la espalda, sintiendo convertirse en oro líquido bajo el cuerpo de Neji. Su traviesa mano seguía acariciando lugares que nunca antes había tocado, descendiendo lentamente hasta tocar el borde se sus pantalones cortos.
Ese pequeño acto hizo estremecer involuntariamente a Tenten, de tal manera que advirtió a Neji y se separó lentamente de ella, buscando sus ojos.
Por un momento lo único que podían hacer era respirar con dificultad. Había demasiado calor, el ruido de su corazón rompiéndole las costillas.
–Sé lo que dirás – susurró Tenten sin apartar la mirada de Neji –. Sientes que esto no es correcto.
–Por primera vez te equivocas – su aliento chocó contra el rostro de ella con gentileza –. Esto es lo correcto… solo que… no es el momento.
–En una guerra nunca lo será – se liberó del agarre sobre sus muñecas y llevó ambas manos hasta el rostro de él, sosteniéndolo como minutos atrás lo había hecho –. Sé que quieres hacer las cosas bien, esa es otra razón por las cuales te amo. No creas que tengo miedo, solo no esperaba que esto pudiera suceder. Sin embargo, sé que tu honor te impedirá seguir. Y si he de esperar por ti, lo haré. Siempre esperare por ti.
–Eres demasiado fuerte – los ojos perlados brillaron con la luz de la vela –. Pero, aunque no lo creas, yo no lo soy tanto.
Las palabras que Tenten pudo haber respondido se quedaron atoradas en alguna parte de su garganta. Trató de respirar cuando él volvió a descender otra vez hasta sus labios, pero en esta ocasión sus movimientos eran lentos sin dejar de ser seductores.
–Cuando esta guerra acabe… – dijo Neji, separándose de ella lo necesario para poder hablar, pero sin alejar el roce de su boca sobre la suya –… cuando todo termine y estemos en paz… ¿Estarías conmigo? ¿Te quedarías a mi lado por el resto de tu vida?
Tenten se lamió los labios hinchados sin poder ocultar una sonrisa de profunda felicidad.
–Esa es una extraña manera de proposición, Neji.
–Sabes que no soy bueno con estas cosas – admitio entre dientes.
–Razón número quinientos por la que te amo.
–Estoy hablando enserio, Tenten.
–Y yo tambien.
–Entonces... – susurró Neji con suavidad – ¿Eso es un sí?
Ella soltó una risa juguetona y lo atrajo de nuevo hacia su rostro.
–Solo si me vuelves a besar.
Y fue así como la brillante sonrisa de Neji fue lo último que apareció luego de que sus labios complacieran a la respuesta que ambos siempre habían anhelado sellar para ahora y para siempre.
N/A: Salut, mon ami! Espero que disfrutaran mucho estas vacaciones de verano :)
Antes de comenzar con la nota quisiera enviarles un mensajito apoyo a todas esas personas que sufrieron hace unos días las fuertes lluvias y el terrible terremoto en México. Sé que varios de ustedes son de este país y de verdad espero que se encuentren bien. Igual para todos aquellos que están sufriendo el paso de Irma. No tengo mucho para ofrecerles más que mis deseos porque todo termine sin contratiempos y estén sanos y salvos.
Ahora bien, sacando cuentas creo que llevamos poco más de un mes sin leernos, aunque a mí me pareció más una eternidad que unas simple cinco semanas. Sé que con este fic he tardado el doble de lo usual en actualizar, pero la historia es mucho más complicada de lo que esperaba y, por si fuera poco, el mes pasado ha sido lo suficientemente difícil para impedirme escribir. No les agobiaré con los problemas que tenemos por estos lados (ya bastante tenemos con tantas tragedias .w.), pero gracias a sus increíbles comentarios me elevaron los ánimos para retomar mi adorado vicio por lo que aquí me tienen.
Como les comenté a algunos, tenía planeado publicar el domingo, pero como la buena indecisa que soy, no lo hice. Me pasé tanto ayer como hoy (y toda la semana pasada) editando. Este capítulo trajo más problemas de lo que se imaginan. Al principio pensé que podría publicarlo rápido, pero resultó ser difícil a su manera (también es que me gusta complicarme la existencia xD). Sea como sea, aquí estamos. Debo admitir que no estoy muy conforme en cómo quedó desarrollado las cosas desde la perspectiva de Sasuke, sin embargo, creo que era el personaje ideal para reanudar la historia Post-Flashback. La otra mitad del capítulo, en cambio, es un pequeño regalo NejiTen que les había dicho hace unos eones que les traería :)
Tiempo de notitas! :D
1. En la primera mitad, cuando Sakura menciona su reacción ante Sakon y Ukon, fue justamente durante el Capítulo I, que si regresamos a ese entonces veremos que la pobre estaba totalmente aterrada por todo lo que sucede.
2. Cuando Naruto/Kiba dice a Sasuke «Te estás ganando el puñetazo en la cara que me debes desde el Bosque Jofuku» es justamente por lo sucedido en el Capítulo XV donde ambos estuvieron a punto de pelear.
3. En el momento en que Sasuke recuerda la caida de La Segunda División y entiende por fin el porqué Sakura conocía el nombre de Inabi de antemano es por lo sucedido en el Capítulo VIII
4. Durante la conversación de Tenten y Neji, este último le menciona que estuvo varias veces a instantes de asesinar a Sasuke en la Base de La Segunda División, lo que explica su reacción al final del Capítulo VI
5. Cuando Tenten le da un bitchslap a Neji (xD), le interrumpe justo en el momento en que dice «Es por eso que he enviado una carta a esta División para permane…». Aquellas personas que no recordamos la razón de esto (yo incluida), les adjunto que se refiere a algo sucedido en el Capítulo IV
Bien, creo que es todo por ahora. Lamento mucho no estar tan activa, esperemos con el tiempo las cosas mejoren .w. Ya saben que nos leemos en los comentarios si tienen alguna duda, sugerencia o reacción al capítulo. Me encanta leer lo que piensan y estén seguros de que siempre estoy al pendiente de ustedes :3 Me retiro enviándoles un gran abrazo, cuídense mucho y nos leemos pronto!
Bye Bye :3
