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Advertencia: Incesto. Si no les gusta la temática es mejor no leer.
Clasificación: M.
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TWINS GAME.
21.
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Bolt Uzumaki Hyüga se removió ligeramente aun sintiéndose presa del sueño. Hundió el rostro en una superficie esponjosa y el intoxicante aroma a romero le llenó al instante. Fue entonces que recordó todo. Al reconocer el olor del cabello azulado de Himawari contra su mejilla, las imágenes fueron llegando, una a una, en un demencial torrente de luces, hasta su mente; Himawari sonriendo. Himawari sonrojada, Himawari bailando, Himawari riendo, Himawari gimiendo, Himawari rogando por más, Himawari llorando…
Casi tuvo que incorporarse para tomar aire, porque de repente todo daba vueltas, pero no lo hizo sólo porque existía primero la necesidad de confirmar que todo había sido real. Levantó un poco el rostro sólo para observarla. Ella estaba boca abajo y el cabello oscuro cubría su cara, bañaba también parte de su espalda, ambos de sus brazos se hallaban flexionados y eran usados como una especie de almohada, mientras que el resto de su cuerpo desnudo se estiraba deliciosamente sobre la poco convencional cama. Bolt mantenía un agarre suave en la curva de la cintura femenina, el cual apretó, y descubrió que había estado descansando sobre su suave espalda todo el tiempo.
Una sonrisa se coló en sus labios a la vez que depositaba besos gentiles y dulces sobre la piel blanca de sus pequeños omóplatos, bajando ligeramente por su delgada columna. Ella sabía a mujer y olía a sexo. Y no había lugar en el mundo en el que quisiera despertar más que en su cuerpo cálido y delicado.
Escuchó un suspiro brotar tembloroso, como si estuviese consciente del trabajo de sus labios, así que estiró una mano para despejar lentamente su rostro precioso, para mirarla. Pero no era así. Estaba dormida profundamente, los diamantes ocultos bajo sus parpados, sus labios rojos entreabiertos y sus mejillas sanamente pálidas. Por un instante se dedicó a contemplarla y, luego, depositó una dulce caricia en su cabello un poco enmarañado. Ella era perfecta incluso en las madrugadas.
Durante la noche, Bolt había despertado una vez y fue lo suficientemente listo para levantarse y cubrir nuevamente el techo del salón con el material negro apenas al espichar un botón, porque previó que los rayos del sol les causarían molestias en la mañana. Se alegraba de haberlo hecho, en serio, porque le ponía de muy mal humor no despertar por voluntad propia sino por el fastidio de la luz sobrepasando sus parpados y, además, odiaría que eso también le sucediese a Himawari… No quería que el sol la despertara, pero ahora mismo quería despertarla él. Era raro, es decir, mientras la observaba no pudo reprimir la sensación de anhelo que le sacudía el estómago; quería que abriera los ojos, quería ver el azul de sus iris, quería ver su parpadear perezoso y, al mismo tiempo, deseaba que permaneciese así, estática, quieta, dormida, con esa expresión serena que merecía ser retratada y exhibida en una galería de arte.
Finalmente, tomó la decisión de dejarla tranquila. Tomó un pequeño respiro y se inclinó para besarle la mejilla, siendo cuidadoso de no perturbarla y, no sin esfuerzo, se separó lentamente de su cuerpo.
Le encantaría permanecer tumbado con ella para siempre, pero había cosas que el hermano mayor tenía que hacer, cosas importantes. Sin embargo, antes de eso, Bolt visualizó su camisa negra en el suelo y sonrió. Él había hecho una promesa, así que se levantó, la tomó y la usó para cubrir parcialmente a Himawari. Aunque le divertía pensar en ella despertando, recordando y avergonzándose al descubrirse desnuda y sin nada disponible para taparse y, como la conocía, sabía que ella empezaría a balbucear, se pondría roja como un tomate y se le llenarían los ojitos de lágrimas… Era Himawari después de todo y, aunque la noche anterior se hubiese dejado llevar, lo más probable es que con el despertar su reacción fuese como él la imaginaba. Era tentadora la idea de verla en ese momento, pero también… Ah, Bolt se mordió el labio, se veía tan malditamente sexy con su camisa cubriéndole parcialmente desde la espalda hasta sus glúteos, la tela oscura contrastando de forma preciosa con su piel clara. Otro cuadro merecedor de ser expuesto.
Con un suspiro perezoso se rascó la cabeza y luego, decidiendo que no encontraría rápidamente los bóxer que quién sabe debajo de qué cojín habrían terminado, tomó el pantalón naranjado y, de espaldas a su hermana dormida, empezó a ponérselos para partir a su tarea antes de que ella desper-
—¿Nii-san…?
…tara.
Ay, mierda. Sus latidos de repente se aceleraron ante la vocecita pastosa y delicada. Cerró los ojos, maldiciendo internamente sin ninguna razón en específico.
—¿Por qué estás vestido?
No hubo pizca de reproche en su tono. Su voz era suave y rasposa, pintaba sincera curiosidad. Bolt se giró, topándose con una imagen preciosa de Himawari observándolo con los parpados ligeramente caídos, las cejas un poco más juntas y la mejilla estrecha aún contra el antebrazo. Se mordió ligeramente el labio… Ella lucía tan adorable. Adorable y tentadora, ¿cómo diablos lograba eso?
Se sentó nuevamente en su "cama", volviéndose en su dirección, apoyándose con una de las manos en el colchón y le sonrió, tranquilizador. —Vuelve a dormir, es temprano —le aconsejó, no atreviéndose siquiera a estirar la mano para apartar un indomable mechón de cabello oscuro que acariciaba su mejilla, pues temía de su fuerte poder de atracción. Ella hizo un gesto de disgusto, obviamente tomándose a mal el que la mandase a dormir cuando él se estaba vistiendo y dando claras muestras de marcharse. Por un momento, vio el reproche en sus pupilas azuladas y soltó una risa. Volvían a ser los niños de antes. —Joder, iba por el desayuno antes de que despertaras, para que fuera sorpresa —respondió, con un bufido—, pero claro, tienes que venir tú, abrir esos ojazos y echar todos mis planes al caño´ttebasa.
Incorporándose apenas, siendo también irritantemente cuidadosa para que la tela oscura no le resbalara de los hombros, Himawari se sostuvo con los brazos, esbozando una muy fingida mueca de pesar. —Es que tus planes nunca funcionan, Bolt.
—Pues que equivocada estás, Himawari —una sonrisa maliciosa torció la boca masculina, sus ojos brillaron antes de usar un tono más divertido y ronco—; Anoche uno de ellos fue todo un éxito.
Vio sus mejillas tomando rápidamente un tinte rojizo y sonrió aún más, satisfecho por haberla abochornado, pero sorpresivamente ella lo retó. Sonrojada y con ojos temblorosos, pero lo retó al pronunciar lentamente: —Uno de mil.
Una risa ronca se le escapó de los labios, mientras echaba al diablo su determinación de no tocarla para poder largarse a por algo de comer. De repente, no sentía tanta hambre. —Altanera —susurró, acercando la nariz a su fino cuello. Ella acomodó el cuerpo de medio lado, recibiéndolo contra sí en silenciosa excitación, soltando apenas un liviano suspiro y envolviendo los brazos alrededor de su cuello. Una ola de calor recorrió la espina dorsal del joven Uzumaki al sentir la parte frontal de su hermana raspándose gentilmente con su propia piel, a la vez que él le propinaba un mordisco amable en aquel punto sensible cerca de su dulce quijada, exigiéndole en silencio que se arqueara un poco. Apenas lo hubo hecho, habló en su pequeño oído, besándolo de paso. —Provocadora —le acusó.
Himawari jadeó suavemente al escucharlo, pensando fuertemente en que el provocador era él. Con Bolt azorando su oreja, su mandíbula, su cuello y su clavícula, con sus manos ásperas tocando ya con confianza la piel de sus costados, empezaba a sentirse ansiosa, muy ansiosa. Él no estaba en una posición dominante, no se encontraba sobre ella y, sin embargo, se sentía tan sometida, tan agradablemente esclavizada. El mareo la golpeó de forma placentera. —I-Incitador —respondió, depositando acertadamente un beso en su firme quijada, pasando los dedos por los músculos formados y relajados de sus omoplatos. Lo sentía cálido y acogedor entre sus brazos y, al mismo tiempo, la hacía sentir confortable, aliviada.
No podía creerlo. Su mente no iba lo suficientemente rápido como para alcanzar el ritmo de su cuerpo, el ritmo de la realidad; el día anterior –justo el día en el que se cumplió su año diecinueve en la Tierra- estaba frustrada, triste y terriblemente melancólica por su hogar, mientras que ahora, el día después de su cumpleaños, estaba en los brazos del hombre más apuesto y valiente del universo, del más divertido y espectacular, el más torpemente pasional, el que poseía la risa más contagiosa, siendo acariciada por sus protectoras manos, extasiada por la sensación exquisita de sus labios sobre su piel. Sentía como si todas las emociones la desbordaran, como si, de un instante a otro, tuviera la capacidad de caminar entre las nubes, de columpiarse en los rayos del sol… y se estremeció involuntariamente ante el pensamiento de que la pequeña burbujita que habían creado en aquel observatorio, exclusiva de los dos, tendría que romperse en algún momento. No quería pensar. Le asustaba pensar. Sin ser totalmente consciente, sintió los ojos que se le llenaban de lágrimas. En ese mismo instante, Bolt se separaba ligeramente para mirarla y sus azules pupilas aperladas le observaron con un gesto confuso que cubría infructuosamente su preocupación.
Se sintió tonta. Y sensible. Se obligó a sorberse las gotas saladas que amenazaban por desbordarse y le acarició las orejas. —N-No voy a llorar esta vez —estuvo orgullosa de su voz a pesar del inicial tartamudeo, además agregó una pequeña sonrisa.
Los atrayentes ojos de Bolt eran un bálsamo ligero para su alma. ¿Por qué con él todo se tenía que sentir tan bien? ¿Por qué el mundo paraba de girar cuando se adentraba en el mar de sus pupilas?
¿Por qué estar desnuda al lado de su hermano la sacudía internamente como un torbellino y, contrariamente, le resultaba tan natural?
—Eso es una buena cosa —él asintió, dándole un toque humorístico a sus palabras—. Resulta estresante soportar a una niña llorona´ttebasa.
—No soy una niña llorona.
—Lo eres, Himawari-chan.
Estaban cerca, no tan cerca como hace unos segundos, pero seguía siendo bastante cerca y Bolt pudo observar en primera fila el instante mismo en que los cachetitos de Himawari se tiñeron de rojo. Sabía que nunca podría dejar de enojarse cada vez que agregaba el "chan" a su nombre y confirmarlo sólo lo hizo sonreír. La conocía tanto. Con ese pensamiento, subió una mano y envió un mechón de brillante cabello azulado tras su oreja. Ella estaba sonrojada aún, pero Bolt sabía que ahora estaba ligeramente avergonzada. —La más llorona de todas las lloronas. Lloraste en nuestro primer día de clase, lloraste cuando rompí accidentalmente esa muñeca horrible que te regaló Inojin por tu octavo cumpleaños y también cuando ese perro gigante te confundió con un rico filete andante y te persiguió por toda la aldea-
—Fue a ti a quien persiguió —le interrumpió, riendo—, y era un cachorro diminuto lleno de ternura.
Él rodó los ojos. —Era un engendro del infierno, pero vale, vamos a dejarlo así por ahora —hizo una mueca resignada, que rápidamente cambió a una expresión despreocupada—, el punto es que lloras por cada cosa. Tus ojitos azules siempre se nublan de repente en el momento menos esperado… ¿Recuerdas que lloraste cuando papá fue nombrado hokage? —ella abrió la boca, pero la ignoró—¿Y recuerdas que también lo hiciste en ese tiempo en que nos graduamos de la academia y cuando nos hicimos chunnin? Yo lo recuerdo… Llegaste moqueando a mi habitación, pidiéndome que te dejara dormir conmigo porque tenías pesadillas con el Bosque de la Muerte. Lucías tan tonta. ¿Y recuerdas todas esas veces que te metías en mi cama cuando sabías que dormía, todo porque había una tormenta o porque veías sombras en tu armario o porque escuchabas ruidos imaginarios?
Estaba enojándola a propósito.
—No te burles de mí, Bolt… —su ceño se frunció de manera adorable, pero él contuvo las ganas de reír y abrazarla.
—No me burlo, Himawari —dijo, divertido—, ¿pero no eres tú la que lagrimea con cada película rosa y romanticona que pasan por ahí´ttebasa?
Vio la vergüenza y la ira mezclándose furiosamente en sus iris azules. Le encantaba eso, sabía que ella le respondería, sabía que dejaría a su lado Uzumaki tomar las riendas. Efectivamente fue así; su ceja oscura se arqueó. —Pues al menos no soy la que grita como niñita asustada en cada Casa del Terror que llega a Konoha.
Conocían tanto uno del otro que tenía un arsenal muy grande de cosas que podían sacar a flote. Himawari podría mencionar en algún momento, por ejemplo, la frecuencia con la que Bolt olvidaba sus calzoncillos colgando en la ducha y él a su vez podría responder con algo referente a aquellas bragas de algodón rosadas llena de ositos cariñositos que se habían colado por error entre su ropa limpia. En fin, sería una guerra eterna.
Pero Bolt sonrió, cínico. —Grito, pero no lloro.
Casi muere con su cara de frustración. Ella podía tratar de ocultarlo, pero la verdad es que la estaba volviendo loca. ¡Era tan irritante cuando se lo proponía! Y Bolt se lo proponía muy seguido, era su naturaleza. Sin encontrar una frase audaz para el contraataque, murmuró apresurada lo primero que se le vino a la cabeza y, por primera vez, se sintió satisfecha de hacerlo sonrojar: —¿Ah, sí? P-pues yo sí que te vi llorar cuando mirabas la novela de las tres con mamá.
—E-eso… —carraspeó—eso no tiene nada que ver.
—Claro que sí.
—Claro que no —él negó con la cabeza—. Porque tú eres la más llorona de Konoha. Y punto´ttebasa.
Si ellos no fuesen hermanos, seguramente esta conversación tan ridícula nunca se hubiera dado, pero dado que lo eran ésta resultaba inevitable. Y el resultado:
—Chouchou llora mucho más…
—¿Chouchou también llora cuando le hacen el amor?
El rostro de Himawari se contrajo en un gesto rubicundo, sin saber exactamente cómo sentirse al respecto; ¿Debería avergonzarse por haber llorado la noche anterior? Mierda, sí, era tan, pero tan vergonzoso, ¡por qué había tenido que hacerlo! ¡estaba con Bolt, y Bolt nunca dejaría pasar algo así! Era dulce y tierno cuando quería, sensual y romántico, pero por sobre todas las cosas él era un molestoso innato. Y aparte era su hermano. Su hermano gemelo. Y si los hermanos no estaban para burlarse de cada cosa, entonces vete tú a saber para qué estaban. Tomó aire, sintiéndose frustrada y muy molesta, pero también abochornada consigo misma. Él había acortado un poco las distancias, con una sonrisa que se le antojaba orgullosa.
Poniendo las manos en el pecho masculino para apartarlo, Himawari respondió: —Y cómo se supone que yo lo sepa. No me he acostado con ella.
—Cierto. Eso sólo lo haces conmigo´ttebasa.
La oración la sacudió ligeramente. Bolt era el único en su vida, hablando de manera sexual… Bueno, en realidad, hablando de cualquier manera, pero… ¿ella era la única en la de él?... Es decir, él era tan guapo, y tenía tantas chicas muriendo por él y… bien, estaba Sarada –aunque honestamente no creía que algo hubiese pasado con ella-, y seguramente que también debía contar a todas las chicas que se encontraría en las muy frecuentes y largas misiones a las que su padre lo enviaba. Chicas a las que él salvaba, cargaba en brazos y a las que le sonreía como el héroe perfecto de una película fantasiosa…
Por alguna razón, el pensar en ello aumentó un poco más su irritación.
Él la había amado durante mucho tiempo, lo sabía, pero y si… Ay, Dios, era tan egoísta, pero lo quería sólo para ella. Deseaba ser desde siempre la única en todos los aspectos de su vida.
—Lo hacía —dijo, desviando la mirada—. No volverá a pasar, Nii-san.
Bolt parpadeó. Seguidamente comprendió que era suficiente de jugar con ella. —Hey, no te enojes, Himawari —él habló tranquilo, conciliador—. Realmente me gusta que llores, no te preocupes.
Tonto.
Tonto, tonto, tonto, tonto.
—Eso ya no importa —se removió, dándole la espalda—, p-porque no volveré a llorar nunca frente a ti.
Hubo un momento de profundo silencio. Justo cuando ella empezaba a sentir la vergüenza y el calor de sus emociones molestas apaciguándose lentamente, con suave calma… justo cuando el silencio de Bolt le hizo pensar que estaría a punto de disculparse o de, al menos, decir algo medianamente serio, algo medianamente decente, él la abrazó por atrás y ella pudo sentir la sonrisa torcida presionándose contra su oído.
—O sea que seguirás haciéndolo de todas formas, sólo que a escondidas —el susurró la erizó—, Llo-ro-na.
Se removió en sus brazos, sintiéndose salvaje, pero él no le permitió liberarse, estrechó más el contacto y soltó una risa tan divertida que sólo logró ponerla más de los nervios, ¡se burlaba de ella cada vez más y más! —Usaré un rasengan, Bolt… —advirtió en un susurro—o, mejor, te haré el jutsu Mil años de dolor si no me sueltas. Suéltame —se sacudió fuertemente, pero él le aprisionó las manos contra su propio vientre, entrelazando los dedos con los suyos a la altura de su cintura, usando un agarre firme.
Sentía la respiración acompasada en su oído, en su cuello, y el varonil pecho pegándose a su espalda le hizo temblar. Quiso creer que era de rabia. —¿Cómo lo harás? —los labios se juntaron suavemente con la piel suave de sus hombros, desde donde agregó: —Que yo sepa, para hacer jutsus necesitas de estas manitas que… —fingió pesar— Ah, las tengo atrapadas´ttebasa.
Y ella lo odió un poco.
Pero también lo amó, porque se sentía tan increíble sentirlo tan cerca, aprisionándola, sometiéndola, teniéndola a su merced, completamente desnuda… Algo de erótico tenía la situación, mucho de erótico en realidad.
Intentó zafar las manos, desenredar los dedos de los suyos, pero sólo logró que él la apretara más. —Me haces daño… —susurró, sintiéndose un poco sin aliento, cuando Bolt repasó suavemente con la lengua un pequeño chupón en el costado de su cuello, producto de la noche anterior.
—Mentirosa.
Se sonrojó levemente. Era verdad, él no la estaba hiriendo para nada, simplemente fue un esfuerzo por liberarse. Un vano esfuerzo. Suspirando, decidió no rendirse aún. —En serio, Bolt, suéltame... déjame ir o… o —sintió el suave mordisqueó en su lóbulo, junto al vibrante gruñido de "¿O qué´ttebasa?" lo que casi la derrite. Apenas pudo continuar, apenas pudo evitar cerrar los ojos, pero no es que estuviese muy orgullosa de sus palabras—o… v-voy a llorar, y tú… n-no querrás soportar eso.
En un momento, pareció que Bolt había aflojado el agarre de sus manos y, aprovechando, Himawari las movió nuevamente, pero lo subestimó; él no estaba para nada desconcentrado y, en cambio, las atrapó con más firmeza. Él era rudo, pero las manos fuertes, grandes y cálidas cubriendo sus dedos delgados y largos, manteniéndolas presas contra la piel de su vientre plano y, a estas alturas, ardiente, se sentía demasiado bien…
El silencio aumentó sus nervios. Si él no estaba hablando, sólo podía significar que estaba pensando, y cuando Bolt pensaba era peligroso. Porque él era inteligente, muy inteligente, y justo en esa situación ella no tenía la habilidad de seguir a su mente. El comportamiento de Bolt podía parecer producto de un intelecto básico, no demasiado elaborado, pero Himawari sabía la verdad; él era calculador. No siempre, claro está, muchas veces se dejaba simplemente guiar por sus emociones, pero… le asustaba cuando Bolt usaba su capacidad contra ella.
Lo único que oía era su propia respiración y veía sus propios pechos bajando y subiendo suavemente al ritmo de la respiración. Estaba enloqueciendo con el silencio; prefería mil veces tenerlo riendo a carcajada abierta junto a ella, prefería que se burlase.
Justo cuando había decidido llamarlo, tratar de girarse al menos, o incluso gritarle para que se viera obligado a responderle, sintió un aliento caliente golpeando la piel de su nuca que la congeló por completo; la respiración del hombre rubio estaba agitada y, a pesar de que trataba de acompasarla con esfuerzo, le fue imposible no notar el grado de intranquilidad en él. Entonces supo que su silencio no se debía a que estuviese maquinando planes malvados, sino a que estaba intentando contenerse.
Él estaba inquieto y alterado tras ella, entonces apenas con un ligero movimiento de sus caderas hacia atrás, Himawari confirmó sus sospechas al sentir el roce de algo duro contra su trasero. El contacto tuvo el efecto de despertarlo. Bolt exhaló aire caliente casi sobre su oído y le apretó las manos. —Hay algo… —dijo muy bajo—algo que no te he dicho nunca… Un secreto´ttebasa.
—¿Q-qué secreto, Nii-san?
La adosó completamente contra su cuerpo viril, moviéndola como si de una muñeca se tratase, y la pequeña Uzumaki no pudo ya contener un suave gemido de placer, que se vio ahogado nada más con su bisbiseo: —Las niñas lloronas me calientan´ttebasa.
La sangre le subió a la cabeza. La sólida erección, aún entre los pantalones de Bolt, pero bien posicionada entre sus nalgas, logró aturdirla. —E-espera… —se removió, inquieta, impaciente por liberarse, pero consiguiendo únicamente frotarse contra el culpable de su situación, agravándola. Él gruñó y ella se mordió el labio.
Bolt empezó a besarle dulcemente la mejilla a medida que adoptaba un movimiento lento sobre su trasero. Sus caras estaban cerca, pero aunque trató impaciente de girar el rostro para besarlo en la boca, la posición no se lo permitía; la mejilla rugosa y rayada se presionaba suavemente en la suya, rasa y delicada. Respiraron. Suspiraron. Se mantuvieron estáticos por un breve momento, hasta que las manos de Bolt dejaron las suyas con lentitud, liberándola, y ella descubrió que en realidad no deseaba tal libertad; necesitaba que él le controlara las manos, porque no sabía en dónde podría ponerlas, no había lugar, y ansiaba absurdamente posarlas en algo, preferiblemente en alguna parte del cuerpo bronceado de su hermano. Cuando él subió la mano derecha y le apretó el mismo pecho, Himawari halló la solución a su problema, cubriendo la gran palma con sus gráciles dedos. Gimió, abochornada; —G-Gírame.
Pero eso no estaba en sus planes. Definitivamente no cabía esa posibilidad. Su risa fue ronca. —¿Por qué debería´ttebasa? —la otra mano, la izquierda, acarició el liso abdomen femenino, deslizándose hasta el tesoro entre sus piernas, provocándole un estremecimiento—Si te tengo justo donde quiero…
—B-Bolt… —ella se quejó de forma deliciosa, aferrándose a su brazo—, n-no es justo.
—La vida no es justa, Himawari-chan.
Y de nuevo vinieron esas sensaciones caóticas cuando los dedos de su hermano la recorrieron suavemente, apenas frotando con delicadeza el hueso de su intimidad. Cerró los ojos. Era como si el fuego ardiente en su bajo vientre se esparciera locamente por cada parte de su cuerpo. Era increíble, pero decidió no quedarse tranquila y sumisa, sólo recibiendo sus caricias, deseosa y acalorada, no quería darle tal satisfacción, así que en un esfuerzo casi desesperado por actuar de alguna manera se frotó contra su cubierta erección, aun sabiendo que aquello posiblemente resultaría contraproducente. Fuerte, de arriba abajo, mordiéndose el labio para evitar mostrar el efecto que tenía la propia acción sobre sí misma.
El gruñido en su oído la hizo sentir orgullosa, pero tal sensación de superioridad no duró sino hasta que Bolt abrió sus labios vaginales con su índice y corazón, desprotegiendo totalmente el pequeño clítoris para atacarlo en seguida con circulares movimientos alucinantes. Ella sollozó con dulce placer, removiéndose más intensamente contra sus pantalones, con la insistente decisión de no sufrir en soledad, apretando las piernas también, apresando la mano masculina a su vez.
Los jadeos apenas controlados de Bolt sobre su oído le calentaron la piel.
—Ah, nena…
Himawari soltó un gemido ligero, ardiendo internamente ante su forma de llamarla. Él nunca le había dicho "nena" antes. Él nunca se lo había dicho a nadie. Y sonaba tan esplendorosamente sensual cuando lo hacía.
Alzando cuidadosamente el brazo en medio de aquel tumulto de explosiones y movimientos, los suaves dedos pudieron acariciar a ciegas el rostro masculino. —M-me g-gusta...
—¿Qué te gusta´ttebasa? —la pregunta ronca vino acompañada de una gentil succión en el hueso de su quijada.
—Que me llames así, Nii-san.
La sonrisa ladina se sintió contra su piel cuando su hermano preguntó. —¿Nena? —y entonces sólo pudo cerrar los ojos y asentir silenciosa cuando su cálida mano se aferró más a su pecho, estrujándolo de manera que el ritmo se ajustara a los movimientos de cadera de ella. Himawari entendió rápidamente el juego y, ansiosa, aumentó la frecuencia del roce contra el cuerpo masculino, recibiendo como resultado un masaje más intenso sobre su sensible seno, sobre el respingado pezón. Lo único que le resultaba frustrante, que la estaba desesperando, era esa tela infame del pantalón de Bolt que suavizaba el contacto con su piel caliente.
También él estaba airado. —Abre las piernas, nenita´ttebasa.
Obedeció sin pensarlo, apenas aflojando lo suficiente para dejar una distancia diminuta entre ellas donde su mano (hasta ahora apresada) pudiese maniobrar con facilidad, pero frunció el ceño. —N-Nenita no.
Él se rió para, seguidamente, pellizcar delicadamente su clítoris, orgulloso por el gritito de placer que le sobrevino. Himawari estaba sudada, deseosa y caliente contra su cuerpo, pero él no estaba mejor. Jadeó con fuerza cuando ella, con innegable espíritu vengativo, presionó su trasero en su miembro con tal potencia que le significó un placer casi doloroso. Pero si quería jugar, entonces jugarían; Bolt deslizó sus dedos de forma descendente hasta rozar la pequeña y tibia entrada, sintiéndola estremecer al entero cuando la delineó en movimientos circulares y suaves.
Eso fue todo. Himawari perdió. Movió la cabeza, arqueó el cuerpo y se chocó más con él, pronunciando su clave entre gemiditos; —Por favor…
Y él se sentía bondadoso por las mañanas, así que la complació; Himawari a duras penas pudo balbucear su nombre y abrir esos ojos azules enmarañados de placer, cuando su espalda chocó totalmente contra el colchón, cuando Bolt la dejó allí acostada, agitada, observándolo mientras él se arrodillaba y, al fin, se liberaba de la opresión de la tela. Bajó el cierre y la extensión viril en todo su esplendor brotó ante la mirada atenta de su hermana.
Él le dedicó aquel vistazo lujurioso que ya había visto la noche anterior y sus pupilas ya adoptaban ese tono aperlado, fundido en gris, que marcaba su excitación creciente. Ansiosa y sonrojada, ella alzó los brazos, ofreciéndole un abrazo celestial, llamándolo, pero Bolt le tomó sorpresivamente las manos y las estrelló a ambos lados de su cabeza, seguidamente cayendo él contra su cuerpo cándido y besándola apenas, con una suavidad que distanciaba mucho de encajar con el verdadero estado de su pasión, pero que la hizo suspirar por la dulzura.
Su pecho subía y bajaba, acogiendo la respiración forzadamente pausada, y sus ojos colisionaron. Los de ella azules marinos en el momento del amor, los de él, en cambio, rayando el más oscuro gris. Bolt no habló, pero sus pupilas destellaban colores de sensaciones, de poesía y de arte misterioso y magnánimo. Le adelantaba con apenas una mirada el baile que iniciarían pronto, le decía que el sexo era arte y que el amor era el pincel.
Himawari se abrumó. Y cuando estaba abrumada decía lo que menos quería decir:
—Tengo hambre.
Bolt alzó una ceja, divertido, pero también confundido. —¿Hambre? —preguntó—¿de comida?
Ella asintió torpemente, sintiendo todavía su calor, la excitación palpando en cada una de sus células. —S-sí, quiero fresas con crema… —susurró—, en serio quiero comer fresas con crema.
—¿Y quieres que vaya ahora mismo por ellas? —él se rió y Himawari se asustó cuando retrocedió y soltó el agarre de sus manos. Lo miró consternada y sintiéndose estúpida al extremo; Bolt se encogió de hombros, negando resignado con la cabeza—Bueno, pues no hay remedio entonces´tteba-
Y él volvió a reír más fuerte cuando se incorporó, enlazó los brazos en su cuello y lo obligó a recostarse nuevamente sobre ella, impidiéndole terminar su amado "ttebasa" con un beso.
—Envía un clon… —le susurró contra un labio inferior, tirando luego de éste hacia afuera, hasta que Bolt se quejó brevemente.
—No. Tendrás que esperar´ttebasa —mientras hablaba, Bolt se liberó de los delicados brazos y aprisionó sus pequeñas manos de la misma forma que antes, entrelazando íntimamente sus dedos a ambos lados de su cabeza y unió ambas frentes, acarició la punta de su nariz, la miró a los ojos y sonrió—Quiero estar completo cuando te haga el amor, nena.
Himawari abrió la boca y apretó los dedos masculinos al sentir la intromisión. Tuvo que reprimirse para evitar cerrar los ojos, recordando fuertemente que a él le gustaba mirarla a los ojos mientras se unían (si él la complacía al llamarla nena, entonces ella podría mantener los ojos abiertos aunque se le fuese la vida) y, aunque apenas era la segunda vez, Bolt le hacía el amor como si lo hubiese hecho toda la vida, como si hubiese nacido haciéndolo. Se resbaló en ella con fluidez, tensando la mandíbula y exhalando un ronco sonido que tronó en los huesos de una Himawari que se ahogaba en el placer. Las cálidas paredes vaginales se apretaban alrededor de su sexo casi como si le estuviesen brindando un masaje, obsequiándole un abrazo íntimo y húmedo. Bolt agradeció internamente el que ella estuviese lo suficientemente preparada para recibirlo nuevamente. Agradeció al cielo y, luego, la embistió una vez más; más seguro, más profundo, más delicioso, y se fijó cuidadosamente en cada uno de los gestos del rostro angelical de su hermana; vio sorpresa, curiosidad, placer y, finalmente, una pasión arrebatadora. Ella se mordía el labio y tensaba los brazos, tratando de contenerse.
Bolt la apretó un poco más, penetrándola hasta el fondo. Varios mechones rubios le caían sobre los ojos, perturbándole un poco al interrumpir en su visión, pero para Himawari… Para ella él no podía verse más sexy. No podía lucir más masculino ni sexy con ese brillo perlado en las pupilas tras el rubio de los cabellos.
—Bolt…
Quería decirle lo asombrosamente guapo que lucía sobre ella, quería decirle la maravillosa sensación que la quemaba al tenerlo dentro de su cuerpo, quería decirle que no importaba que le llamase nena o nenita con tal de que la llamara de alguna forma y hasta quería confesarle que, en realidad, podía ser una chillona y no le importaba… pero él tuvo que inclinarse, bajar hasta su pecho, regodearse al encerrar un seno en su ardiente boca y hacerla gemir. —¡Ah!
La lengua pícara trazaba círculos de cada vez menor diámetro, hasta llegar a su pezón, succionarlo con avidez y terminar con un gentil mordisco que dejaba a Himawari hecha una masa temblorosa bajo su toque. Lo mismo con el uno, hizo con el otro; paseándose, deleitándose en los montículos femeninos, saboreándolos sin ningún tipo de discriminación, atendiéndolos a ambos por igual y siendo cuidadoso de no escatimar en sus servicios.
Ella deseaba acariciar los cabellos amarillos, hundir la cabeza en su pecho para ahondar el contacto, pero el agarre de sus manos se lo impedía, la hacía sentir indefensa, impotente. Estaba totalmente a su merced y, mientras tanto, estocada tras estocada, la estaba llevando a la locura.
Bolt no estaba mejor; su sabor lo abrumaba, su olor a mujer lo mareaba y el hecho de que cada vez engrandecía más dentro de la acogedora, pero muy estrecha, cavidad femenina le superaba. Ella era el camino al cielo. Sólo ella. E, irónicamente, también podía ser su pasaje al infierno…
Pero cielo e infierno significaban lo mismo si estaba a su lado.
Sintiéndose cerca, Bolt aumentó la fuerza con la que enredaba sus dedos y hundió la cara en la maravillosa curva de su delicado cuello, tratando inútilmente de contener los jadeos. Himawari se tensaba con el aire caliente que le acariciaba la piel, respondía con audibles gemidos y con balbuceos que en su mayoría resultaban incomprensibles. Sus ojos azules estaban cerrados y su espalda se arqueaba al ritmo de las embestidas que cada vez se hicieron más potentes cuando Bolt subió el rostro para susurrar en su oído: —N-Necesito que lo digas… dímelo ahora, quiero oírte´ttebasa.
Y aun perdida en su mundo de placer intenso, ella supo de lo que le hablaba. Entrelazó las piernas en los muslos masculinos, tensándose ante una inoportuna ola de diferente placer. —Te amo… —su voz era un hilito.
Él gruñó. —Más fuerte —mordisqueó su lóbulo, entró en ella casi con furia y Himawari tuvo que morderse el labio, apretar las manos y poner toda su mente en función de evitar el orgasmo. No hasta que él lo permitiera—, más fuerte, Himawari.
—T-Te amo —repitió, un poco más alto.
—Más.
—Te amo…
—Más —su tono era demandante, pero sus jadeos lo ahogaban suavemente, aumentando la sensualidad.
Himawari echó la cabeza hacia atrás, boqueando como un pez, cuando él atormentó un punto especialmente sensible. —Te amo —gimió, hablando por ella la pasión—¡Te amo, Bolt, te amo, te amo…! Por Dios, siempre te he amado…
Y entonces, después de una larga y fuerte estocada, Bolt enredó la lengua en su oreja, mientras se venía en un orgasmo, mientras se derramaba en su interior, llamándola por su nombre una y otra vez. —Himawari —le soltó las manos para agarrarle las caderas. Ella inmediatamente lo envolvió en un amoroso abrazo; pasó un brazo por la espalda ancha y enredó los dedos de su otra mano en los cabellos rubios, acariciándole la cabeza—Himawari, Himawari… Ah, nena´ttebasa.
Himawari hubiese sonreído ante la selección de palabras si no hubiese estado tan ocupada preguntándose cómo era posible que, aún en medio del potente clímax, Bolt siguiese hallando fuerzas para empujar más adentro.
—¡Bolt! —apretó los párpados, preparándose para liberarse al fin. Balbuceó varios "Oh, Dios" tan rápidos que sonaban como "ohDios, ohDios" y luego empezó a gritarlos. Estaba tan cerca…
Hasta que Bolt se movió nuevamente y dijo algo en su oreja que, bueno, fue el detonante para hacerla explotar. —Apriétame fuerte, nenita llorona.
Y todo fue un ¡bum! de colores en su mente, una tensión total en su cuerpo y un calor ardiente en su alma. Fue una pequeña una pequeña muerte que le permitió palpar el paraíso, usando a su hermano como le había dicho nunca que el sexo significaba morir en vida y renacer en el otro. —¡Nii-san! —sintió la garganta seca y hasta ese momento descubrió que había estado gritando todo el tiempo.
—Nii-san… esto…
Abrió los ojos, aún envuelta en el placer, y le vio mirándola fijamente; su precioso rostro de hombre estaba ruborizado por y el cabello rubio se pegaba a su frente debido al sudor, pero había algo más… Su mandíbula estaba tan tensa. —¿E-estás bien…? —a duras penas pudo susurrar con suavidad.
Él asintió, abrazándola por la cintura, recostándose exhausto sobre su hombro, jadeante. Himawari suspiró y lo apretó tiernamente contra sí, disfrutando de su calor, de su olor masculino y de la sensación de su piel húmeda.
Tras unos segundos, Bolt habló nuevamente, pasando los labios en un suave roce por su cuello. —Te sentí —dijo simplemente—, te sentí por completo´ttebasa.
Con cuidado, abandonó su sexo, sacando cuidadosamente el miembro flácido de su interior. Himawari suspiró otra vez.
—También te sentí…
Le acarició el cabello con dulzura, deleitándose en su textura, corrió varios de ellos frente y, tras despejarla parcialmente, depositó gentiles besos sobre la coronilla. Él se mantuvo en silencio, tan sólo abrazándola, respirando y exhalando ligeros suspiros. Luego, escondió el rostro en la base de su cuello y la llamó con suavidad: —¿H-Himawari?
—¿Sí?
Él hundió más la nariz en su piel y ella se sintió confundida ante la humedad que crecía en esta parte de su cuerpo. Podía confundirse con sudor, pero… no, era más cálido. Cuando escuchó nuevamente su voz, Himawari lo comprendió. Él había llorado.
—V-Voy a amarte para siempre —un escalofrío la recorrió. Su voz era tan dulce y tan honesta—. Voy a hacerlo, así que ámame tú también, ¿está bien´ttebasa?
Pasó saliva. ¿Que lo amara para siempre? Si lo imposible era no amarlo… Lo correcto era no amarlo y, sin embargo… sin embargo, ¿cómo podía resistirse a Bolt Uzumaki?
Él se separó apenas lo suficiente para mirarla y Himawari pudo notar apenas un signo de humedad bajo sus preciosos ojos. Al ver que no contestaba, Bolt añadió una tentación:
—Di que sí y te traigo tus benditas fresas..
La hizo reír.
—Di que no y sufre las consecuencias´ttebasa.
Himawari desvió la mirada, haciendo un gesto pensativo. —Hm… —desgraciadamente, la risa la traicionó. Ella nunca había sido buena fingiendo, así que lo miró de nuevo ruborizada—Me gustan mucho las fresas, así que… supongo que es un sí.
La sonrisa de Bolt calentó agradablemente su corazón. —Lo sabía. Iré por ellas.
Él se inclinó para rozar sus labios por última vez y, después, Himawari susurró en su oído, antes de que se marchase. —No olvides la crema, niño llorón… —se divirtió ante su expresión sorprendida, se sintió orgullosa luego con su gesto abochornado y, en seguida, se rió por su ceño fruncido cuando ella completó: —O tendré que reconsiderar mi respuesta.
Bolt bufó, de buen humor.
—Manipuladora.
¡Hola!
Oh, creo que esta es la primera nota de autor que dejo en este fic. Pues sólo quería agradecerles por su excelente acogida, chicos, y decir que, aunque estos dos ultimos capítulos han sido pura felicidad, fogosidad, y pasión, no siempre será así... Ajá, eso va para los que quieren ternura y drama y celos y situaciones diversas. Sólo quería darles a los hermanitos su tiempo de "conocerse" y, vale, ya, volverán a Konoha pronto y allí es donde empieza el climax de la historia.
Espero que les guste y me apoyen como lo han hecho hasta ahora.
Por cierto, en el último capítulo recibí dos reviews muy poco agradables e increíblemente estúpidos, así que me veo obligada a responder algo a estas dos personillas que, seguramente, estarán leyéndome a pesar de sus palabras. Mi mensaje es el siguiente:
"Pueden guardarse felizmente sus opiniones. El Fandom es libre y yo escribo, derrocho mi talento, escribiendo lo que me plazca, y si no saben leer el aviso de incesto ni distinguir lo que es una clasificación "M", entonces no es mi problema. Vayan a la escuela o algo. Y, por favor, no me hagan reír con sus argumentos de pacotilla sacados de sabrá-Dios-de-donde. En serio, dan lástima, tanta que podría escribir un libro para contarles lo mucho que he podido reírme con ellos.
Como sea, les deseo suerte en su camino de la hipócrita santidad, y espero que no les moleste que eche ambos reviews en mi cajoncito de "cosas que me importan un bledo".
Besos.
PD: Oh, sí. Si yo tuviese un hermano como Bolt, estaría encantada de hacerle "esto y aquello", más que encantada... ¿Eso satisface su curiosidad?"
A mis verdaderos lectores les digo: ¡Muchas gracias! Adoro cada uno de sus reviews, me encanta responderlos, me encanta leerlos, me divierto muchisimo y son mi mayor fuente de inspiración y movitación.
Por favor, no me abandonen y...¡Que viva el BoltHima!
