Hola! Nuevo capítulo, y creo que uno de los más largos que escribí hasta ahora para esta historia. Y sólo faltan unos más para llegar al final de Becoming Free. Espero que lo disfruten :)


"Siempre hay otra tormenta. Es la manera en que funciona el mundo. Tormentas de nieve, lluvias, tormentas de viento, de arena, y de fuego. Algunas son feroces y otras pequeñas. Tienes que lidiar con cada una de ellas de forma separada, pero necesitas mantener un ojo en lo que se viene para mañana."- Maria V. Snyder. Fire Study


Capítulo 21. El Inicio de la Tormenta.

Abril, 2016.

- Lo han hecho, finalmente expuesto a la comunidad mágica ante el mundo.

La bruja frunció el ceño. No se suponía que ocurriera, no todavía. Arrojó su copa al suelo, furiosa. ¡Malditos Vengadores! Y sobre todo, maldita Ginnevra Weasley, Potter, Rogers… como fuera que se hiciera llamar entonces.

Habían cometido un error al no haber acabado con ella desde un principio, cuando enviaron a Graham y a George Hill por los Potter. La dejaron con vida, pensando que a partir de entonces sería indefensa, pero la estúpida parecía un imán para atraer héroes. Primero al héroe de la comunidad mágica en Europa, y luego al superhéroe que representaba y unía a todos los demás en su país, el que había sobrevivido al tiempo al parecer sólo para darles batalla.

- ¿Qué haremos ahora, Aisa?

- Les ayudaremos a ver cómo ese mundo con el que sueñan no existe. – respondió finalmente la bruja, sonriendo. – Contacten a nuestros grupos en todos los continentes. Es hora de agitar las aguas.


Nueva York. 20 de noviembre de 2016.

Algunas cosas se habían evitado con la cancelación del Registro de Súper Humanos. Incluso las protestas contra los mutantes comenzaban a menguar, sobre todo gracias a las acciones del instituto del profesor Charles Xavier y algunas figuras políticas que se encargaban de trabajar con aquellas personas que salían a la luz con sus habilidades especiales. Pero otras, en cambio…

Steve acababa de leer el reporte que la agente Hill le había entregado, una base de HYDRA que había sido atacada, todos sus agentes asesinados sin dejar ningún tipo de rastro.

- Esto es magia. – murmuró. ¿Por qué brujas y magos interferirían con HYDRA? ¿Qué ganaban?

Nick asintió.

- Las cosas no pueden seguir así. – las manifestaciones muggles contra brujas y magos, así como la de éstos con la Confederación Internacional de Magos, no se habían atenuado con los meses. En cambio, las cosas se habían puesto bastante difíciles. – Hubo un ataque en una cafetería en Francia, al parecer responsabilidad de magos – dijo Fury. – y en Brasil, varios niños de familias mágicas y muggles han sido atacados.

- Esto es malo – murmuró Pietro, frunciendo el ceño.

S.H.I.E.L.D. había sido re-establecida por las Naciones Unidas, como una organización al servicio tanto de gobiernos muggles como mágicos, en un intento de frenar la violencia desatada, aunque como en sus comienzos contaba más bien con un personal muy limitado y operaba mayormente con ellos, los Vengadores.

- Están incitando la guerra – dijo Steve, preocupado. – Y es difícil seguir el rastro de la magia, al menos para nosotros.

- Es por eso que contaremos con ayuda. – dijo Fury. – La Confederación Internacional de magos nos ha puesto en contacto con sus agentes más confiables, o aurores, como les llaman ellos. Se aparecerán en el perímetro en unos momentos.

- También necesitaremos a más gente, si tenemos que dividirnos… - dijo Steve, sopesando la situación. – necesitaremos a Peter, y también a Kate.

Peter era un chico de Queens que todavía iba al instituto, sin embargo desde que S.H.I.E.L.D. lo descubrió haciendo de Vigilante secreto, habían visto su potencial. Y Steve veía en él lo más importante: el chico tenía corazón. Fue por eso que le ofrecieron un lugar en el equipo, entrenando con ellos, si bien no lo llamaban a misiones regularmente – después de todo, Peter sólo tenía dieciséis años – a cambio de que él dejara de actuar por cuenta propia, algo que sin duda le traería problemas si era descubierto por los demás.

Y luego estaba Kate. Clint la había traído personalmente, luego de haberla entrenado por meses – la chica vivía en una granja cercana a su casa, y no lo había dejado en paz hasta que él le enseñara todo lo que sabía – y decidir que era una natural con el arco y con la flecha y que él no tenía nada más que enseñarle. Desde entonces, había estado entrenando con Natasha, pero tampoco formaba parte de las misiones regulares ya que no era mucho mayor que Peter.

- Bishop puede ir – concedió Fury. – Pero Parker no está listo aún…

Steve suspiró. Había mucho más en el asunto, como la actitud de Peter últimamente al sentir que era dejado de lado. Adolescentes. Tratar con ellos era todo un problema, y él sólo podía agradecer que todavía quedaran muchos años para que Anthony llegara a esa fase.

- Capitán, Director Fury – Steve se sorprendió al oír ese conocido acento francés. Gabrielle Delacour se encontraba caminando hacia ellos. – Es bueno verlo de nuevo – dijo Gabrielle, sonriendo ligeramente a Steve.

- Oh, ya se conocen. Por qué no me sorprende.

- Tenemos una familia política en común – comentó Steve. Sin contar con la pequeña aventura que sabía que Bucky y ella estaban teniendo, aunque su amigo evitara hablar del tema.

- La oficina de Aurores de Francia y la de Inglaterra han estado trabajando en la localización de los magos que llevaron a cabo el ataque. Creemos saber dónde están – dijo ella, directo al grano. – Y como suponíamos, no se trata sólo de magos, sino de criminales muggles también. El mismo grupo que, según información proporcionada por Ginny, se hacen llamar las Moiras.

- Moiras. ¿Como las tres brujas que manejaban los hilos del destino?

- No me importa cómo se hagan llamar. – dijo otro hombre cruzando las puertas. De piel morena y largo cabello negro, iba acompañado de otra mujer joven bastante alta. – Sólo queremos deshacernos de ellos.

- Auror Adaro – Fury se adelantó hacia él – y usted es…

- En este mismo momento ya no somos aurores. Los aurores ya no tienen permitido interferir en asuntos muggles – acotó Adaro. – puede considerarnos… agentes especiales. Esta es Nina Mego, mi compañera.

- Su superior no me informó que vendría acompañado.

- Bien, me tomé la libertad. Hasta ahora, la oficina de Aurores de la Junta Mágica Brasileña siempre ha trabajado bien por su cuenta, y sin embargo ahora nos vemos obligados no sólo a tratar con muggles, sino con americanos…

- Esa ha sido la decisión de la Confederación Internacional de Magos, – dijo Gabrielle con un tono de reproche – y si no has visto lo que ha sucedido recientemente, no tienes autoridad para cuestionar…

- Basta. – dijo Steve, deteniendo a Gabrielle. – No estamos aquí para pelear, sino para trabajar juntos. Todos tenemos el mismo objetivo, proteger a personas inocentes que están sufriendo estos ataques y descubrir quienes están atrás de todo esto.

- Somos perfectamente capaces… - comenzó otra vez el Auror Adaro.

- No dudo de que sean capaces de manejar sus asuntos internos. Pero esto es sin duda a una escala mayor, no podemos hacerlo solos – dijo Steve, tratando de hacerle ver la situación. – Como estábamos hablando cuando ustedes llegaron, las personas responsables de estos ataques son, o al menos todo apunta a ello, las mismas que conspiraron a favor de una invasión alienígena hace cuatro años. No se limitan a actuar en una sola zona, ni siquiera sabemos cuál es realmente su objetivo, pero claramente están sembrando el caos en todo el mundo. Tenemos que poner un alto a esto, y eso solo podremos hacerlo colaborando.

- El Capitán Rogers tiene razón, Félix.- dijo la agente Mego, que se había mantenido silenciosa hasta ese momento. – Nuestro objetivo ahora es el mismo.

- Bien – continuó Fury – aclarado eso, por favor vengan conmigo. Tengo algo que enseñarles.


- Acabo de recibir la confirmación de los Departamentos de Seguridad mágica de Inglaterra y de Alemania, creen tener la ubicación de bases de las Moiras – dijo Ginny, en cuanto vio llegar a los demás. Ella, Bucky y Wanda sólo estaban esperándolos para compartir la nueva información. – Hasta ahora son los únicos países que han respondido.

- Algo es algo.

- ¿Ustedes son los agentes Adaro y Mego, supongo? – dijo, dirigiéndose a los dos desconocidos. – Mucho gusto, soy Ginny Rogers. Llegan justo a tiempo, porque quería consultarles algo sobre el caso que están llevando. Por favor, miren esto.

Les enseñó un dibujo, similar a un ojo, marcado en el papel.

- Los aurores en Londres encontraron esta marca mágica en los lugares donde se produjeron los ataques. Una especie de firma. ¿Vieron algo similar?

- El Ojo de Agamotto. – dijo Mego, sorprendida.

- ¿El Ojo de Agamotto? – preguntó Ginny - ¿Entonces sí lo han visto?

- No, al menos no vimos nada así en los lugares en donde los niños fueron atacados pero… el Ojo de Agamotto es una antigua leyenda. Una piedra de poderes místicos inimaginables. Pero ningún mago o bruja lo ha visto nunca, es más bien un cuento que mi abuelo nos contaba cuando éramos pequeños.

- Las leyendas siempre provienen de algún lugar – dijo Steve.

- Bueno, según el abuelo hubo un tiempo en el que hechiceros convivían con brujas y magos, y el Ojo de Agamotto era su más preciado tesoro. Al menos, es lo que él oyó durante sus viajes por Hong Kong. Pero no se ha visto un hechicero en siglos, han desaparecido.

- Entonces, ¿cuál es la diferencia entre magos, brujas y hechiceros? – preguntó Bucky.

- Las brujas y magos heredan la magia por genética – explicó Ginny. – Hay familias de larga tradición mágica, hay quienes están orgullosos de lo que llaman su "sangre pura", la mayoría son mestizos, y también están los nacidos de muggles, es decir, magos y brujas que aparecen en familias aparentemente no mágicas. Pero rastreando en los árboles de familia, siempre habrá algún familiar mago o hijo de magos que pasara el gen. Los hechiceros…

- Teóricamente, cualquier ser humano con suficiente fuerza espiritual puede llegar a ser un hechicero. – continuó Mego. – Su magia tiene otro origen. Sin embargo, si alguna vez existieron, han desaparecido por completo. No hemos oído de ellos en siglos.

- O tal vez simplemente se han estado escondiendo muy bien – apuntó Steve, y se dirigió a Fury. - ¿Natasha y Sam se encuentran en camino?

- Deberían llegar aquí en diez minutos.

- Crees que las Moiras usan a magos y hechiceros por igual – dijo Ginny, viendo los ojos de Steve repasar el dibujo del Ojo una vez más.

- Y terroristas sin magia ni poderes especiales también están con ellos. Si esas diferencias no les importan, ¿por qué estos ataques… - preguntó Wanda.

- Necesitan el caos. Quieren al mundo dividido, a las personas peleando unas con otras. Es una distracción. – para Steve era claro, querían verlos divididos y débiles, sabían lo fuertes que podían resultar juntos con magia o sin ella. – Lo que debemos descubrir es para qué.


- ¡Quiero ir! ¡Yo también quiero ir a Hogwarts! – lloró Hugo, cuando la abuela Molly recibió una lechuza de Rose.

Rose era la hermana mayor de Hugo. Anthony no acababa de entenderlo, pero no soportaba que su primo llorara por el tal Hogwarts ese. Rose ni siquiera iba allí todavía, pero Hugo ya lloraba por una tonta lechuza.

- Abuela, ¿qué es Hogwarts?

La abuela Molly le miró sorprendida.

- Oh, cariño. Es un colegio de Magia. Tu mamá estudió allí también – y resultaba inconcebible que ni siquiera la hubiera mencionado a Anthony, aunque era cierto que todavía era muy pequeño para entender.

- ¿Puedo ir yo también?

- Cuando seas mayor, tesoro. Y tú también, Hugo, no llores. En unos años irás con Rose también.

Con su primo siguiendo con lo mismo, Anthony más bien se aburría. Quería ir a casa. ¿Cuándo vendrían mamá y papá por él?


- Hay una barrera mágica muy fuerte aquí – dijo Gabrielle, mientras ella, Natasha y Buck aguardaban en su posición.

- Y alguien se acerca – mencionó Mego, ubicada en otra esquina, junto a Adaro y Wanda.

- Eso está bien – dijo Ginny, echándose encima la capa. – Entraré con ellos y luego podré darles el pase.

- ¿Cómo piensas hacer eso? – preguntó Adaro, preocupado.

Ella acarició la vieja tela de la capa de invisibilidad. ¡Oh, cuántas veces esa capa había salvado la vida de Harry! Por años, se había rehusado a mover nada de su lugar en Grimmauld Place, ni siquiera había vuelto allí en todos esos años desde que se marchara a Nueva York, pero en esos momentos necesitaban todas las ventajas que pudieran tener, y una de las reliquias de la Muerte sin duda era una ventaja.

- Ese es mi secreto – respondió ella, avanzando cuando la bruja y el mago se dirigieron hacia la entrada del viejo edificio que, a la vista de todos los muggles, eran simples ruinas y escombros.

- Ten cuidado – le dijo Steve, que aguardaba junto a Pietro, Sam y Kate en un café cercano.

- No te preocupes.

Era algo sencillo: entrar con la bruja y el mago y ser capaz de burlar los encantamientos de defensa dando paso a los demás desde dentro.

Muy sencillo, excepto por el hecho de que el auror Pucey les había informado de sus sospechas de que la base de las Moiras fuera mucho más grande de lo que aparentaba en primer lugar.

¡Malditas nuevas legislaciones que no permitían a los Aurores interferir en asuntos que involucraran a los muggles! Si tan sólo tuvieran a más magos y brujas en las fuerzas de S.H.I.E.L.D., no habría problemas, pero la desconfianza y el recelo todavía eran demasiado grandes, por lo que en ese momento se encontraban en la situación de enfrentar quizá a un pequeño ejército de brujas y magos con apenas cuatro de ellos en sus propias filas.

Bueno, Ginny se resignó pensando, habían estado en situaciones mucho peores juntos. Y hasta el momento, seguían vivos.


La bruja parada en el centro de la gran sala parecía haberlos estado esperando. No podía ser mucho mayor que Ginny, aunque las líneas oscuras bajo sus ojos la hacían lucir más vieja.

Sonrió cuando vio a Ginny y Steve llegar, acompañados de Gabrielle y Bucky. De las dos puertas laterales emergieron más brujas y magos encapuchados.

Ginny creía saber quién era, gracias a reportes de la Confederación Nacional de Magos. Eran tres hermanas, tres brujas de Grecia, y la que estaba frente a ella era la menor de ellas.

- Láquesis Kafkis.

- Así que después de todo, no son tan ignorantes. Al menos tienen nuestros nombres. – no parecía para nada afectada por ese hecho. - Justo a tiempo, les estábamos esperando.

Ginny enarcó una ceja.

- ¿Así que querías vernos?

- Desde luego. ¿Crees que sería tan sencillo encontrarnos si no lo quisiéramos? Pero mis hermanas y yo hemos esperado bastante tiempo para conocerte, Ginny Potter. Después de todo, fuimos nosotras quienes te dejamos vivir.

Ginny empuñó su varita con más fuerza.

- Pues ha sido un error. No permitiremos que sigan operando, quedas bajo arresto.

Una carcajada resonó en el lugar.

- ¿Bajo arresto? ¿Me lo dices a mí? ¡Estás viva sólo porque nosotras lo permitimos! Se suponía que quedarías destruida, un recordatorio para ustedes los ingleses y para el mundo de lo inútiles que resultaban. – ella frunció el ceño – Pero resulta que sólo debimos matarte a ti también. Y hoy corregiremos ese error.

Ginny fue más rápida.

- ¡Stupefy!

Pero su hechizo rebotó contra otro lanzado por la bruja. Los magos alrededor de ellos comenzaron a disparar sin tregua, y Ginny se sintió preocupada por los demás, que en esos momentos debían estar siendo doblados en número en los pasillos.

Bucky logró cortar distancias con uno de los magos, dejándolo inconsciente de un golpe y arrebatándole la varita.

- ¡Avada Kedavra!

El rayo de luz verde dirigido a Ginny rebotó contra el escudo que Steve lanzó en el momento justo.

- ¡Desmaius! – Ginny debía reconocer que esa bruja era demasiado veloz. Tan veloz que ella misma no lograba acertar con sus encantamientos.

- ¡Expelliarmus! – Se agachó para evitar una maldición - ¡Stupefy!

- ¡Desmaius!

Una última bruja cayó con una maldición de Gabrielle, y sólo quedaron ellos cuatro y Láquesis.

- Bien, un placer conocerlos. – dijo Láquesis, suspirando. Debió haber traído a mejores hombres, pero al parecer había subestimado a los Vengadores. – Dissa…

- Oh, no. No escaparás – Ginny corrió hacia ella, agarrando su brazo en el momento justo.

Y desaparecieron.