Los personajes pertenecen a Glee y la historia a S.D. Perry. Gracias como siempre por leer y comentar. Espero que les guste. Capítulo dedicado a SoLonely 82. Besos.
PUNTO DE VISTA DE BRITTANY
Sherry Birkin se había marchado, desapareciendo a través del túnel de ventilación, y Brittany no cabía de ninguna manera en aquel estrecho conducto, por lo que no pudo ir detrás de ella. Fuese lo que fuese lo que había lanzado aquel grito espeluznante que había aterrorizado tanto a Sherry, no había aparecido, pero la chiquilla ya no estaba, y quizá todavía se encontraba gateando frenéticamente en algún oscuro y polvoriento túnel. Al parecer, llevaba escondida cierto tiempo al lado del conducto del aire. Britt encontró envoltorios de chocolatinas y una manta vieja debajo de la abertura, en el patético escondite situado detrás de las tres armaduras que estaban de pie.
La rubia se apresuró a regresar a la oficina de Irons en cuanto se dio cuenta de que Sherry no iba a regresar. Tenía la esperanza de que quizás él le pudiera indicar dónde terminaba en túnel de ventilación... pero Irons había desaparecido, junto con el cuerpo de la hija del alcalde.
Brittany se quedó allí, de pie en mitad del despacho del jefe de policía, vigilada por los ojos de cristal de expresión vacía de las morbosas piezas de decoración, y por primera vez desde que llegó a la ciudad se sintió realmente insegura con respecto a lo que debía hacer a continuación. Había comenzado todo aquello para encontrar a Rachel, una preocupación que se había transformado en esquivar zombis, seguir pegada a Santana y evitar todo posible contacto innecesario con el macabro jefe de policía Irons, por ese preciso orden. Pero en algún punto entre el momento en que encontró a aquella chiquilla y el instante en que había oído aquel estremecedor aullido, sus prioridades habían cambiado de forma repentina y completa. Una niña se había visto atrapada en aquella pesadilla, una criatura dulce y pequeña que creía que un monstruo la estaba persiguiendo.
Y que quizás existe de verdad. Si tu mente puede aceptar que existen zombis en Raccoon City, ¿por qué no un monstruo? Demonios, ¿por qué no ya vampiros o robots asesinos?
Quería encontrar a Sherry, pero no sabía por dónde empezar. También quería encontrar a su mejor amiga, pero tampoco tenía ni idea de dónde podía encontrarla... y empezaba a preguntarse si ella realmente tendría alguna idea de lo que había ocurrido en Raccoon City.
Los policías habían estado investigando los asesinatos caníbales, así que tampoco era necesario ser un genio para relacionar aquello con toda la actividad devoradora de carne que se estaba desarrollando por aquellos alrededores...
Y eso significa... ¿qué? ¿Qué significa? ¿Qué Rachel y sus compañeros habían descubierto algún plan malvado y me lo estaba ocultando?
No tenía ni idea. Lo único que sabía era que no creía que ella estuviera muerta, y que su plan de encontrar a Rachel o a Santana había quedado en segundo plano frente a su necesidad de encontrar a Sherry. Por mala que fuera la situación, Britt disponía de unas cuantas defensas: tenía un arma y, después de casi dos años de carreras de diez kilómetros diarias, estaba en una excelente forma física. Sin embargo, Sherry Birkin no podía tener más de once o doce años, a lo sumo, y parecía frágil, en todos los sentidos de la palabra, desde su pelo rubio lleno de polvo y suciedad hasta la desesperada ansiedad de sus grandes ojos azules. La chiquilla había despertado todos los instintos protectores de Britt, recordando cómo era ella hacía diez años, con la diferencia que tenía a San para que cuidara de ella.
¡Thump!
Una vibración pesada y hueca recorrió todo el techo de la estancia e hizo temblar la gran lámpara del despacho de Irons. La rubia miró instintivamente hacia arriba mientras empuñaba su pistola con más fuerza por puro reflejo. No se veía nada más que madera y escayola, y el sonido no se repitió.
Algo en el tejado... ¿pero qué demonios puede haber causado un ruido como ése? ¿Un elefante aterrizando en paracaídas?
Quizá se trataba del monstruo de Sherry. El feroz rugido que había oído en la sala de exposiciones de armaduras había llegado a través del conducto de ventilación o de la chimenea, así que había sido imposible determinar su punto de origen, pero perfectamente podía haber sido el tejado. Britt no estaba muy dispuesta ni muy deseosa de encontrarse cara a cara con el ser que había lanzado aquel aullido, pero Sherry estaba segura de que la criatura la estaba siguiendo...
¿Así que si encuentras al que aúlla, encuentras a Sherry? No es mi ideal de un plan perfecto, pero no tengo mucho donde escoger en este momento. Puede que sea el único modo de encontrarla...
O quizás era Irons el que estaba allí arriba. A pesar del mal sabor de boca que le había dejado su encuentro con él, lamentaba no haber intentado sacarle algo más de información. Loco o no, no le había parecido estúpido. Puede que no fuera tan mala idea encontrarse de nuevo con él, al menos para hacerle unas cuantas preguntas sobre el sistema de ventilación.
No sabría nada hasta que se pusiese en movimiento. Britt se dio la vuelta y salió por la puerta del despacho que daba al pasillo exterior, donde había apagado el incendio provocado por la colisión del helicóptero. El humo se había disipado en el pasillo de al lado, y aunque el aire todavía estaba caliente, ya no era el calor de un incendio en toda regla. Al menos, con aquello había tenido éxito...
Brittany regresó al pasillo principal, esquivando con la mirada lo que quedaba del cadáver del piloto, cuando...
¡Crraaaacc!
Se detuvo en seco al oír un tremendo crujido provocado por una gran superficie de madera al astillarse, seguido por los pasos pesados de alguien que debía ser enorme y que estaba atravesando el pasillo que había más allá de la siguiente esquina. Todos los ruidos tenían un matiz deliberado y atronador.
El tío debe de pesar una tonelada, y... Oh, Dios, dime que no era el ruido de una puerta al ser arrancada de cuajo...
Britt miró rápidamente hacia atrás, hacia el pequeño pasillo que llevaba de vuelta al despacho de Irons, con todos sus instintos gritándole que echara a correr al mismo tiempo que su parte racional le recordaba que aquella ruta de escape no tenía salida, por lo que su cuerpo se quedó paralizado entre ambas reacciones contrapuestas...
Y justo en ese instante, apareció el hombre más grande que jamás hubiera visto, ante su atónita mirada, medio oculto por las escasas volutas de humo que quedaban en el pasillo. Estaba vestido con un largo abrigo de color verde oliva, como los del ejército, que resaltaba su enorme tamaño. Era tan alto como una de las estrellas de la liga de baloncesto... No, era más alto, pero su cuerpo era proporcionado, por lo que su tamaño era enorme. Pudo ver un gran cinturón de trabajo alrededor de su cintura, y aunque no distinguió arma alguna, sintió la violencia que emanaba de él en oleadas invisibles. Vio su cara de tez blancuzca y enfermiza, su cráneo sin cabello... y de repente, Brittany estuvo segura de que aquello era realmente un monstruo, un asesino con puños cubiertos de guantes negros, puños tan grandes como una cabeza humana normal.
¡Dispara! ¡Dispárale!
Britt le apuntó, pero dudó por un segundo, temiendo cometer un terrible error... hasta que aquello dio un largo paso hacia ella con sus piernas como troncos y oyó el crujir de la madera astillándose bajo sus grandes botas como las del monstruo de Frankenstein, y vio sus ojos negros rodeados de rojo. Eran como pozos repletos de lava rodeados por un peñasco blanco desigual, sin expresión pero con capacidad de ver. Su mirada se encontró con la de ella... y alzó un tremendo puño: la amenaza era inconfundible.
Dispara-dispara-dispara...
Apretó el gatillo una, dos veces, y vio los impactos: un trozo de la solapa de su abrigo saltó en pedazos cuando la bala se hundió debajo de su garganta y un poco hacia un lado, y el segundo proyectil atravesó por completo un lado de la garganta...
El monstruo dio otro paso sin que apareciera el menor rastro de emoción en sus rasgos tallados en piedra, con el puño todavía en alto, en busca de un objetivo, con la intención de aplastarlo...
El agujero negro y humeante en su garganta no estaba sangrando. ¡Oh, mierda!
Brittany sintió un acelerón en su cuerpo debido a la descarga de adrenalina provocada por el terror y apuntó la pistola hacia el corazón de la criatura. Apretó el gatillo una y otra vez mientras el gigante daba otro paso avanzando hacia la lluvia de proyectiles sin ni siquiera pestañear...
La rubia perdió la cuenta de los disparos, incapaz de creer que siguiera avanzando hacia ella, que estuviera a menos de tres metros mientras los proyectiles se estrellaban contra su mastodóntico pecho...
La pistola se quedó sin balas, justo en el momento en que el monstruo dejó de dar sus enormes pasos y comenzó a bambolearse como un enorme tronco mecido por el viento. Britt sacó otro cargador de su chaleco sin apartar la vista del oscilante monstruo y manoteó intentando meterlo en la pistola mientras su cerebro procuraba darle un nombre a aquel aborto andante.
Terminator, el monstruo del doctor Frankenstein, el Doctor Malvado, el Señor X...
Fuese lo que fuese, las más de siete balas semiperforantes que habían atravesado su pecho habían cumplido su misión.
La tremenda criatura cayó poco a poco y en silencio hacia la derecha, desplomándose contra una pared ennegrecida por el humo. Se quedó allí, medio reclinada, sin caer tumbada, pero sin moverse más tampoco.
Ha caído en un ángulo raro, eso es todo, pero está muerto, sólo se ha quedado así por su propio peso...
Brittany no se acercó y mantuvo su arma apuntada hacia el gigante inmóvil. ¿Había sido él quien había gritado de esa manera? No lo creía, a pesar de su aspecto inhumano y poderoso. No era el demonio furibundo y primitivo que debía haber lanzado aquel grito en su búsqueda de sangre. Este ser era más bien una máquina sin alma, una carne sin sangre que podía hacer caso omiso al dolor... o aceptarlo sin problemas.
—Ya está muerto, así que ya no importa—susurró Britt, tanto para tranquilizarse a sí misma como para cortar la interminable sucesión de pensamientos sin sentido.
Tenía que pensar, que averiguar qué era aquello... Eso no era alguna especie de zombi mutante, así que ¿qué demonios era? ¿Por qué no había caído antes? Casi había vaciado un cargador completo... ¿Habría alguien oído los disparos? ¿Quizá Sherry, o Irons, o incluso Santana? Quizás alguno de ellos o cualquiera que estuviese rondando todavía por la comisaría los habría oído y se acercaría para saber quién era. ¿Debería quedarse allí?
La criatura a la que ella ya había comenzado a llamar como el Señor X ya no respiraba, y su musculoso cuerpo estaba inmóvil, con los ojos cerrados y el rostro inerte como la máscara de la muerte. Britt se mordió el labio inferior mientras contemplaba a la increíble criatura medio apoyada en la pared e intentaba pensar en algo con claridad en mitad de sus aterradas sensaciones... cuando vio que sus ojos se abrían, sus brillantes ojos negros y rojos. Sin mostrar gesto alguno de esfuerzo o dolor, el Señor X se inclinó hacia atrás para recuperar el equilibrio y ponerse en pie, bloqueando todo el pasillo y levantando de nuevo sus gigantescas manos...
Con un tremendo movimiento, balanceó los brazos y sus puños atravesaron velozmente el aire, pasando a escasos centímetros de ella justo cuando trastabillaba dando un paso atrás. El impulso fue suficiente para que sus dos manos atravesasen la pared en la que había estado apoyada momentos antes. El impacto hizo que los dos puños se enterrasen y sus brazos quedasen atascados en la madera y la escayola hasta los codos.
Mi cuerpo, podría haber sido MI cuerpo...
Si huía hacia la oficina de Irons, quedaría atrapada. Sin pensarlo dos veces, Brittany echó a correr hacia el Señor X, pasando como una exhalación a su lado, y su brazo llegó a rozar su abrigo, con su corazón perdiendo un latido cuando el tejido rozó su piel.
Siguió corriendo, dobló a la izquierda y atravesó lo que quedaba de pasillo cargado de humo, intentando recordar qué había detrás de la sala de espera, intentando no oír los inconfundibles ruidos de movimiento a su espalda cuando el Señor X sacó de un tirón sus brazos de la pared. Dios, ¿qué es ESO?
Brittany llegó a la sala de espera y cerró la puerta tras de sí de golpe mientras seguía corriendo y decidió que ya lo pensaría más tarde. Corrió, sin dejar de pensar en otra cosa que no fuera cómo lograr correr con mayor rapidez aún.
