Después de un larguísimo hiatus he regresado momentáneamente para traerles el siguiente capítulo de esta saga que estoy comprometido acabar. Los proyectos personales me absorbieron por completo, e incluso tuve la necesidad de hacerlos a un lado por el bien de mis estudios.
De los cuales no quisiera sacar provecho pero por desgracia se volvieron parte importante del día con día.
De hecho me he puesto en estos días de merecido descanso a ponerme al corriente con los episodios más recientes de esta excelsa obra de arte que es Hora de Aventura. El episodio de hace una semana me dejó con la boca abierta, ¡Finn destruyó la espada de su padre para salvarle la vida a un par de zopencos!
¡Yo adoraba esa espada!
Hay que admirar el sacrificio del humano a favor de sus amigos, sólo esperemos que el día de hoy pueda rescatar a su hermano, quien fue arrastrado a Glob sabe dónde. Todo ser confundido con su padre Joshua.
Pero el tiempo para lamentarse y disculparse se han ido y he aquí el capítulo. Disfruten.
"Me es imposible pensar que una multitud de osos pusiera ser derrotada tan fácilmente." Expuso la heroína.
"No puedes probar lo contrario…" se defendió el humano. Le contó la tercera historia que se le pudo ocurrir durante el tiempo que llevaban ahí. Y en cierta forma, leer los desvaríos del humano se había vuelto agotador; a causa de los errores de continuidad.
"Como digas… Así que… ¿Marceline, eh?" Fionna quiso preguntarle a su contraparte sobre aquella vampira a la que él le tenía gran afecto, así que lo hizo de la manera más sutil que se le pudo ocurrir.
Finn no se le ocurrió una razón para no contarle a su otro yo sobre su amante. "¿Qué puedo decir? Ella me hace feliz."
Sonaba tan honesto que dolía. Dolía el hecho de que no usara palabras rebuscadas o largos poemas para describir lo que sentía por ella. Tal vez era cierto que mientras sea menos será más.
Finn temía preguntar lo mismo que ella. Especialmente después de escuchar sobre el último momento que ella y Marshall habían compartido.
Sin embargo, el tiempo es un lujo que requería un gasto.
"¿Lo extrañas…?"Preguntó él.
Los minutos no tardaron en sentirse como horas en aquel lugar, y sólo era cuestión de tiempo para que sintieran ansiedad suficiente como para querer arrancarse cada cabello de su cabeza. Después de hablar por varias horas decidieron volver a intentar derribar las paredes que los rodeaban.
Era de esperarse que resistieran todos los intentos del inquieto par.
Aunque el hambre y el cansancio no tardaron en afectarles. No importa que tantos recursos estén a su disposición, seguían siendo humanos.
La mayor parte del tiempo…
"¿Hubo… suerte… de tu… lado?" La pizarra mágica hizo un excelente trabajo al expresarle a Fionna el cansancio de Finn.
"Me temo que no" aunque ella tratara de ocultar su fatiga con una rápida oración lo cierto era que no podía continuar. Después de todo, la magia también tiene sus límites.
Las pláticas no los mantuvieron alejados de sus sueños de libertad. No importa cuánto tiempo tomaron en conocerse el uno al otro, ellos querían escapar.
Exhaustos, ambos decidieron, sin decir una palabra, tomar un descanso sobre la fría e indestructible roca. Era incómoda pero no había forma de aparecer una cama en ambos lados, y el único lado donde esto era posible ahora padecía de agotamiento.
Dicho agotamiento logró que el sueño se apoderara de sus seres y cayeran casi de inmediato en aquel mundo subconsciente.
Poco sabían que la dura capa de roca comenzó a vibrar en ese momento, las palpitaciones no tardaron en llegar y con ello la luminosidad del lugar empezó a llegar. El espacio disponible pudo ser visualizado con esa ayuda, sin embargo, poco se sabía que había algo debajo de la roca indestructible.
Los humanos fueron mecidos por fuerzas invisibles mientras al mismo tiempo eran transportados a los niveles inferiores de aquel sitio.
Los alrededores tenían, además de masas gelatinosas de color cian, ramificaciones que brotaban espontáneamente por cada contacto. Un olor fétido que emanaba la flora de aquel lugar los noqueaba tras cada intento por despertar.
Las puntas afiladas de cada rama que los tocaban perforaban su piel y dejaban un rastro de sangre mezclada con una sustancia de muchos colores. Ninguno de ellos podía percibir esto y de cualquier forma no serían capaces de buscar cicatrices, ya que los cortes sanaron con gran rapidez.
El trayecto de unos cuantos metros terminó en una caída que fue incapaz de despertarlos. Finn el humano fue el primero en despertar. Los claros efectos de un somnífero nublaron su vista y lo dejaron fuera de balance por unos instantes. El virus Eureka tuvo dificultades para filtrar los malestares pero una vez que le permitió a su portador la capacidad de caminar sin tropezarse este no perdió el tiempo para empezar a hacerlo.
No notó que estuviera fuera de su diminuta prisión, y poco le importó poder ver una luz al final de un pasillo hecho por material más suave, y seguramente menos resistente a la roca de antes. Su instinto nuevamente tomó las decisiones por él y esta vez quería ver una luz que fuese la del sol.
Poco a poco, el manojo de persona que seguía bajo la influencia de varios componentes naturales encontró la fuerza suficiente para arrastrarse fuera de aquel sitio. La luz que entraba en la ruta que él seguía se fue suavizando, ninguna luz solar puede hacer esto de manera directa pero a Finn no le importó este detalle.
Pronto cruzó al claro aún en estado de somnolencia y mientras sus ojos, y su cuerpo, se adaptaban al cambio de sombras y luces pálidas pudo ver que se encontraba en un área excepcionalmente grande, pero que aún era delimitada, al igual que su celda.
Estaba rodeado por tribunas a manera de rejas y la tierra se transformó en arena tan pronto como entró en el círculo interno. Se tambaleó a unos cuantos metros del centro y esperó a que pasara una figura femenina a través de una de las múltiples entradas adornadas con antorchas encendidas.
— ¡FIONNA! — gritó desesperado después de comprender que ella no estaba en algún lugar cercano.
El virus no fue capaz de eliminar las impurezas y por ello sintió los mismos efectos de hace un momento. El sueño no perseveró y aun así la visión nublada y el sordo aturdimiento amenazaban nuevamente a su persona.
Su cuerpo peleó contra estos síntomas pero mientras pasaba más tiempo más cambiaba su semblante y más color adquirían sus venas. No sentía este último trastorno pero era claro que este aparecía a lo largo de toda su piel.
De pronto, las luces de uno de los extremos del lugar dejaron a la vista un enorme trono que reposaba en el nivel más alto de la estructura. Las antorchas no permitieron al humano distinguir a quien reposaba en el metal moldeado adornado con piedras preciosas. Pero no hacía falta verlo para saber a quién pertenecía esa inquietante presencia.
— Tú…
Murmuró el rubio que apenas podía enfocarse en el mandatario sentado en la manera más arrogante que se pudiera imaginar. En su mano descansaba una burbujeante copa repleta hasta el borde un brebaje de verde coloración, tomó un trago de la bebida pero esta escapó por cada abertura en su podrida piel.
La túnica medieval apenas logró ocultar el hecho de que se trataba de un hombre muerto que se movía de forma incómoda. Sus ojos huecos mostraban una diminuta luz que se enfocaba en el recién llegado.
— Hola Finn —. Saludó con una voz que rebosaba de arrogancia. Cuando su vista pudo percibir la cornamenta y corona sobre la cabeza del espectro, el humano pudo confirmar su sospecha.
— Lich… tú deberías haber muerto…
Un escalofrío atravesó la espalda del humano, no por la presencia del monstruoso ser sino por el avance del veneno. El Lich se dispuso a tomar otro trago de su bebida y rió abiertamente por lo que escuchó.
— Debiste haber hecho un mejor trabajo, héroe —. El monstruo se mantuvo tranquilo en su posición mientras el rubio que acaba de arribar intentaba con mucho esfuerzo llegar a donde se encontraba su viejo némesis.
Tomar su espada no ayudó en absoluto en esta tarea y la labor del veneno lo obligó a apoyarse en una de sus rodillas para no caer de lleno sobre el suelo.
— No tienes que arrodillarte. Sólo debes complacerme como harías con cualquier monarca de tu tierra. Debes servirme, Finn.
— Tal parece que tu tiempo en el Cuarto de Tiempo incrementó tu locura todavía más.
— No eres nada para mi, Finn el humano. Pero aun así eres útil. Una molestia muy útil.
— ¿De qué hablas? — Preguntó Finn, genuinamente interesado en el mensaje críptico que recibió por parte del monstruo.
— Creo que tienes asuntos más importantes de que preocuparte, héroe.
Con uno de sus delgados dedos apuntó a una de las entradas que llevaban al mismo círculo donde el humano se encontraba. Finn no podía saber a ciencia cierta a cuál de todas las puertas se refería el Lich pero no era necesario saberlo, ya que de una de ellas comenzó a salir una persona.
Esta persona llevaba encima una armadura brillante que se amoldaba perfectamente a su delgada pero esculpida fisionomía. Su larga cabellera rubia era oculta por un gorro de conejo que debería desentonar con la imagen de guerrera que mostraba.
Los borbotones de energía mágica que emanaban sus puños no desviaron la atención de la mirada absorta que reflejaban un par de orbes de distinto color, ambos inyectados con sangre.
— Fionna… ¿qué le hiciste? — La demanda no sonó como debía y pareció más un lamento que una pregunta hecha con enojo.
— Sólo le di… mi favor.
Esas palabras le recordaron al humano una amarga experiencia con un antiguo rey que él mismo había derrotado hacia años con ayuda de su hermano. Incluso aunque en aquel entonces lo haya engañado para obtener la victoria este humano tenía que admitir que aquella sed de pelea que experimentó fue demasiado real para su gusto.
Y con ello recordó también los síntomas de esas heridas invisibles de hace un momento y de las cuales aún sentía los efectos. Estos eran la primera etapa de la subsecuente sumisión que otorgará las riendas a un monarca diez veces peor que el anterior.
La dosis era mayor a la que recibió en aquella ocasión y empezaba a hacerle efecto a sabiendas de los potentes antivirus que le proporcionó otra mala experiencia.
Ahí se dio cuenta de cómo sus venas se llenaban de un líquido que seguramente era una versión purificada de lo que alguna vez probó en un coliseo más grande del que ahora se encontraba.
— Morituri Te Salutamus
Fueron las primeras palabras que dijo la heroína afectada por el veneno. Finn no pudo hacer nada por contrarrestarlo y el tiempo para que este fuera eliminado de su sistema estaba lejos de terminar.
Tendría que dejarse llevar por la sed de pelea una vez más. Igualmente no era su decisión.
Desde la posición en la que él se encontraba sintió como sus malestares desaparecían y como una energía indescriptible los reemplazaba. Se apoyó en su espada para ponerse de pie y con la misma apuntando al trono del Lich repitió las mismas palabras que Fionna, pero en una manera más pausada.
— Morituri… Te Salutamus.
