CAPÍTULO 21

Fueron a buscar a Derek tan pronto como Stiles recibió el alta.

Para ser más exactos, fueron a buscarle tan pronto como Stiles dejó la habitación del hospital, sin hacer caso de las advertencias de Melisa de que aún no estaba recuperado del todo.

Pero ella bien sabía, al igual que todos los demás, que nada conseguiría retenerle en el hospital. Tal vez sí una dosis de calmantes que le dejaría KO durante 48 horas… Pero no había ninguna duda de que, si se les ocurría hacer eso, en cuanto despertara todos conocerían la ira de Stiles.

Y después de todo, necesitaban a Stiles.

Puede que ya supieran dónde estaba Derek, porque él mismo se lo dijo antes de marcharse. Pero Scott no terminaba de captar la esencia del Beta, al estar atrapado en una antigua nave industrial, donde los restos de sustancias químicas afectaban a sus sentidos…. Probablemente el motivo por el que Kate decidió llevarles allí.

Y Stiles no dejaba de haber sido el único que estuvo allí, y que conocía el lugar un poco mejor… Aunque sólo fuera la celda en la que estuvo encerrado durante dos días, los pasillos laberínticos que llevaban al exterior, o el exterior de la nave donde encontró a aquel paleto que se había aliado con una psicópata sobrenatural.

Además de que era la persona que iba a ir con ellos sí o sí, con lo que convenía tenerle cerca en el caso de que las cosas se torcieran.

No tardaron ni media hora en llegar.

Iban en el coche patrulla del Sheriff, con Kira, Scott y Lydia ocupando los asientos traseros.

Stiles no dejó de mirar la carretera durante todo el viaje, mordiéndose el labio y frotándose las manos de pura ansiedad. A su lado su padre le miraba con gesto preocupado, y lanzaba constantes miradas a la parte de atrás a través del espejo retrovisor, donde Scott trataba de asegurarle que Stiles estaba bien. Y que aunque su ritmo cardiaco se había acelerado un poco, no dejaba de ser el mismo que tenía desde que despertó en el hospital.

Cuando llegaron a la zona industrial abandonada, Stiles señaló enseguida la nave de la que trató de escapar una vez. Su padre aún no había tenido tiempo para parar el coche frente a las enormes puertas, cuando ya estaba bajando y corriendo hacia el edificio.

Scott corrió tras él, sabiendo que pedirle que parara y que esperara a los demás no iba a servir de nada, por mucho que aquel lugar ya le estuviera dando escalofríos y tuviera una sensación más que extraña… Y lo peor fue que no tuvo más que mirar a Lydia, para saber que a ella le estaba pasando exactamente lo mismo.

Stiles captó perfectamente el intercambio de miradas entre sus dos amigos, y aumentó la velocidad.

Abrió la puerta de metal por la que recordaba haber salido, y mientras lo hacía vio el lugar donde había conocido a aquel chico del que ni siquiera sabía su nombre, pero al que deseaba que le hubiera pasado algo horrible desde que le vio por última vez.

Comenzó a recorrer los pasillos del interior como un loco, oyendo tras él las pisadas de los demás. Avanzó sin pensar si estaba siguiendo el camino correcto, pues la única vez que recorrió esos pasillos, ni siquiera veía por dónde iba. Sólo la presencia de Scott a su lado, olisqueando el aire y siguiendo su misma dirección, le indicó que estaban yendo por el buen camino.

Pero cuando abrió la puerta de metal junto a la que gritó durante minutos, y sobre la que aún podía ver restos de sangre de sus propios nudillos, deseó haberse equivocado.

Porque encontrarse con las celdas completamente vacías, salvo por una chaqueta de cuero destrozada, y un enorme charco de sangre negra en el mismo lugar en que vio a Derek por última vez, no era precisamente lo que esperaba.

Stiles avanzó hacia el lugar como si estuviera sonámbulo. De fondo le dio la impresión de que su padre estaba diciendo algo, pero no fue capaz de entender nada. Atravesó la celda de metal, abierta de par en par, y calló de rodillas al suelo. Con manos temblorosas tocó la sangre negra, aún húmeda, y señal de que no debía llevar demasiado tiempo allí.

Pero eso no importaba si la sangre y una chaqueta era lo único que quedaba de Derek.

Stiles no sabía qué decir. Ni siquiera sabía si echarse a llorar o ponerse a gritar de rabia, pues era la primera vez que se encontraba sin respuestas.

De camino allí se había imaginado un millón de escenarios: Kate atacando a Derek sin parar de recordarle su historia juntos, sabiendo lo mucho que él la detestaba; o incluso Derek poniéndose de parte de ella, fruto de un repentino síndrome de Estocolmo hacia la madre de su posible hijo (todavía no estaba preparado para quitar el "posible")… Cualquier posibilidad le habría valido, pues con todas ellas habría peleado por liberarle y hacerle entrar en razón. Para que comprendiera que su sitio no era con ella, por mucho que él creyera que era la única manera de salvarle…

Pero nada de eso servía, si no estaba la persona a la que debía salvar.

Si a cambio, lo único que quedaba de él era un charco de sangre y una vieja cazadora.

Cogió los restos de la chaqueta y la llevó hasta su pecho para abrazarla, como si de una persona se tratara… Y cuando inspiró profundamente y pudo notar el olor a cuero, mezclado con ese olor único a Derek y que reconocería en cualquier lugar del mundo, empezó a temblar.

- No lo entiendo… - musitó sin darse cuenta de que estaba hablando en voz alta.

Notó entonces la mano de su padre sobre su hombro, quien se puso de cuclillas a su lado y respondió a su mirada triste con otra de su propia cosecha.

- No lo entiendo – repitió Stiles.

- ¿Estás seguro de que era aquí donde estuvisteis?

- Sí… – respondió mirando a Scott. Él se había quedado con Kira y Lydia junto a la puerta, y asintió con la cabeza, asegurándole que él también creía que aquel era el lugar donde estaría Derek - Pero Kate no tenía por qué haberle hecho daño.

- Tal vez Derek intentó huir y…

- No – Stiles miró a todos lados – Sabía que si lo hacía ella volvería a por mí. La única manera de protegerme, era haciendo lo que ella le dijera…

- Vamos a ver si están en otra parte – dijo Scott entonces – Este sitio es muy grande.

Scott no esperó a que su amigo le diera el OK, pues no tenía pinta de que fuera a hacer mucho más que seguir abrazando la cazadora, con la mirada perdida en el charco de sangre. En cuanto empezó a recorrer los pasillos del lugar, ya tenía a Kira y Lydia a su lado, ayudándole a buscar al compañero de manada.

Dentro de las celdas, que ahora se antojaban mucho más grandes de lo que parecían cuando estuvo encerrado en ellas, Stiles seguía intentando entender lo que había ocurrido.

- Tal vez Derek se escondió cuando nos oyó llegar - musitó sin mirar a su padre - Tal vez la sangre no es suya.

- ¿No dijiste que vosotros erais los únicos que estabais aquí dentro?

- Sí… Pero también estaba ese chico. El que estaba ayudando a Kate.

- Pero él era normal, ¿no? Quiero decir que… era humano.

- Es lo que creía pero… - se mojó los labios, contemplando el pequeño charco de sangre roja que había en la celda de al lado. No tenía dudas de que era su propia sangre. Pero en comparación con ese, el charco de sangre negra era mucho más grande. Demasiado grande como para proceder de una simple herida, como había sido su caso – Él era muy fuerte… Podía haber sido perfectamente otro hombre lobo del que Kate se cansó cuando dejó de serle útil y…

- Stiles… - la voz de su padre era grave – Odio ser yo quien…

- ¡No! – gritó de pronto, soltando la chaqueta y poniéndose en pie - ¡No puede ser de él! No tiene ningún sentido que le haya atacado ahora.

- Ella es una psicópata que asesinó a niños – le recordó John Stilisnki, poniéndose también de pie – No tiene por qué seguir ninguna lógica.

- Si quisiera haberle matado, podría haberlo hecho perfectamente en el loft de Derek, cuando nadie sabía siquiera que estaba viva - le explicó con nerviosismo, sin parar de mover los brazos - ¿Por qué no lo hizo entonces?

- No lo sé, Stiles… Tal vez se lo pensó mejor y…

- ¡No! – comenzó a deambular por la celda para no tener que seguir contemplando las evidencias de algo en lo que no quería pensar – Ella no hace nada al azar. No mató a Derek porque le quería con vida. Desde el principio lo único que ha querido es que él acabara quedándose con ella para…

No pudo terminar la frase. Y no sólo porque no quería que nadie más supiera las verdaderas intenciones de Kate; sino porque ahora mismo no sabía que sería peor: Que Derek estuviera realmente muerto, o que ahora mismo estuviera en algún lugar lejos de allí, y teniendo que acostarse contra su propia voluntad con la asesina de su familia…

Sintió su estómago protestar ante aquella imagen, y no tuvo ninguna duda de que Derek preferiría la muerte…

Devolvió la atención al charco de sangre, y se preguntó si a lo mejor fue el propio Derek quien se causó las heridas, en un desesperado intento por terminar con aquella pesadilla.

No…

Sabía que no era eso lo que había ocurrido.

Primero porque Derek sabía que si lo hacía, la venganza de Kate caería sobre Stiles y entonces habría fallado en su intento por protegerle; y segundo porque si realmente hubiera ocurrido, el cuerpo tendría que estar allí.

¿Para qué iba a llevarse Kate el cadáver de alguien que ya no le servía para nada?

No. Tenía que haber otra explicación.

- Si es verdad lo que dices – dijo su padre cuando comprendió que Stiles no iba a seguir hablando – lo que no entiendo es por qué no se lo llevó la primera vez que le atacó en su loft. ¿Por qué se limito a dejar que él supiera que seguía viva, en vez de aprovecharse del efecto sorpresa?

Stiles se había preguntado lo mismo un millón de veces. Incluso después de que Kate asegurara que sólo había sido por pura diversión.

Esa respuesta, viniendo de una mujer jaguar que no había dejado nada al azar hasta ahora, no terminaba de convencerle.

- Creo que es por mí… - musitó – Ella sabía lo que yo sentía por él, y no lo aceptaba. No quería que nadie salvo ella ocupara ese puesto en la vida de Derek, y quería darme una lección. Dárnosla a los dos – respiró hondo - Es como si, aunque en el pasado sólo le hubiera utilizado para acabar con una familia de hombres lobos, ahora no soportara la idea de que él tenga una vida propia y lejos de ella - se le atragantaron las palabras, al comprender que aquello tenía mucho sentido viniendo de una mujer que ya había tenido un hijo con esa persona a la que ahora le resultaba imposible dejar marchar… Por mucho que supiera que él jamás la aceptaría – Es… Es demencial – miró de nuevo el charco de sangre - Pero después de todo lo que ha hecho, no tiene ningún sentido que ahora haya querido matarle…

El Sheriff no supo qué responder.

Pero seguía siendo su hijo, y seguían hablando de la persona de la que estaba enamorada; con lo que sólo le quedaba intentar mantener la esperanza.

- Sólo es sangre – mostró una sonrisa triste – Y no hay ningún cuerpo – se encogió de hombros – Y no olvidemos que es un hombre lobo… Lo que para un humano puede ser demasiado, para él no lo es.

Stiles asintió, agradeciendo las palabras de apoyo de su padre; aunque a él no le salió ninguna sonrisa.

- No puede estar muerto, papá… - tragó con dificultad - Sé que no está muerto.

El Sheriff supo que ese era el momento indicado para darle otro de los abrazos marca registrada Stilinski… Pero esta vez tendría que esperar…

En ese momento, entraron corriendo los amigos de su hijo, hablando todos a la vez.

- ¿Habéis oído eso? – preguntó Scott.

- Tenemos que irnos – aseguró Lydia.

- No hemos encontrado a nadie – explicó Kira antes de mirar a Scott – Y se oye el sonido de un reloj.

- ¿De qué estáis…?

El Sheriff no terminó de formular la pregunta.

No hacía falta ser muy listo para sumar dos y dos, y menos cuando ya había vivido una experiencia similar, precisamente de manos de su hijo. A lo que se añadía el importante detalle de que si un hombre lobo, una Kitsune y una Banshee (que era capaz de intuir cuando estaba a punto de morir alguien) te decían que debías irte de allí, es que debías hacerlo.

- ¡Todo el mundo fuera!

John Stilinski agarró del brazo a su hijo y empezó a correr.

El camino hasta la salida se hizo a un tiempo rápido e increíblemente lento. Abriendo la marcha estaba Scott seguido de Lydia, y cerraba el grupo Kira, que no dejaba de mirar atrás. El Sheriff sabía que estaba captando el tic-tac del temporizador, y en cierto modo eso era un alivio: Pues mientras siguiera sonando, significaba que aún había tiempo… ¿Cuánto tiempo? Esa era la pregunta del millón.

Al llegar al exterior, les gritó que no pararan. Que se alejaran todo lo posible del edificio. En esta ocasión él era el experto, y sabía que si el artefacto era lo suficientemente potente, podría lanzar los cascotes del edificio con tal velocidad, que serían como auténticos proyectiles… Y aunque dos de las personas que había allí no tendrían muchas dificultades para curarse de esas heridas, ahora mismo sólo podía pensar en que su hijo y Lydia no tenían auto-curación.

No pudieron alejarse demasiado.

Tenían el coche a menos de diez metros de distancia, cuando la honda expansiva les lanzó por los aires.

Scott y Kira se tiraron encima de Lydia, protegiéndola con sus propios cuerpos, y el Sheriff hizo lo mismo con su hijo. Pude que él no fuera tan fuerte como los demás, pero seguía siendo un padre que haría lo que fuera para proteger a su único hijo.

Unos cuantos segundos después, cuando dejaron de llover cascotes y la humareda se asentó un poco, John Stilinski se atrevió a incorporarse un poco para ver los daños que había causado la explosión.

La situación era dantesca.

Donde antes había habido una nave abandonada de la que acababan de salir, ahora sólo quedaba una columna de humo y fuego que se elevaba en el aire.

Si ninguno de los amigos de Stiles hubiera estado con ellos, ahora mismo estarían muertos sin llegar a saber qué es lo que acabó con ellos.

El Sheriff negó para sí, olvidándose de las preocupaciones. No era la primera vez que se alegraba de que los amigos de su hijo fueran tan especiales, por mucho que también tuvieran esa tendencia a no contar nada de lo que estaba pasando.

Afortunadamente, esta vez no había sido así, con lo que podría olvidarse de tener otro amago de infarto al no saber dónde o qué le había pasado a su hijo.

Ayudó a Stiles a ponerse de pie, asegurándose de que no estuviera herido… Más de lo que ya lo estaba.

- No puedo creer que haya puesto una bomba – dijo Kira mientras se sacudía el polvo de la ropa - ¿No se suponía que había hecho un trato con Derek, y que ya tenía lo que quería?

- Bienvenida al maravilloso mundo de las psicópatas – apuntó Stiles con calma.

- Pero podía habernos matado – siguió la chica japonesa, todavía no muy acostumbrada a eso de que los humanos (o los que antes eran humanos), podían ser tan o más peligrosos que antiguos demonios – Y nosotros no le hemos hecho nada… Yo ni siquiera la conozco.

- Pero sí conoces a Derek – tosió a causa del polvo que aún no había terminado de asentarse – Y sólo por eso, ya estás en su lista de enemigos.

El Sheriff fue hasta el coche patrulla y sacó un par de botellas de agua que tenía guardadas en la guantera. Lanzó una a su hijo y la otra a Lydia, aunque ella parecía más preocupada por colocarse el pelo y la ropa, antes que asustarse ante la idea de que había estado a punto de morir…

- Y ahora qué – preguntó a su hijo, cuya cara de concentración ya le indicaba que estaba pensando en lo que hacer a continuación.

Si estuviera con cualquier otra persona, se habría recriminado a sí mismo por preguntar qué hacer cuando se suponía que él era el Sheriff y el que daba las órdenes… Pero Stiles no era cualquier otra persona, y no sólo por ser su hijo.

- Si Kate ha puesto esa bomba era porque sabía que vendríamos a rescatar a Derek, y no quería que la molestáramos.

- Sí. Eso ya lo habíamos intuido – replicó Lydia con tono prepotente.

- Lo que quiero decir es que Kate se ha marchado de Beacon Hills. Y sea donde sea que haya ido, no quería a una panda de críos detrás de ella - el Sheriff asintió, mostrándose de acuerdo - Ya tiene lo que vino a buscar – se mojó los labios – Y Beacon Hills no es su territorio. No tiene ningún sentido que se quede aquí.

- ¿Y dónde puede haber ido? – preguntó Scott.

- No lo sé – negó con rabia, llevándose una mano al pelo – Nunca llegué a saber dónde había estado escondida todo este tiempo. Sólo sé que los jaguares prefieren las zonas húmedas… Y si Kate es en parte jaguar, intuyo que también preferirá eso.

- California no es precisamente húmeda – apuntó Kira.

- Lo sé – Stiles miró a la chica y luego a su amigo - ¿Podéis captar el olor de Derek? – un incómodo silencio siguió a la pregunta de Stiles, y el chico supo muy bien a qué era debido… Pero eso no significaba que lo fuera a aceptar - ¡Él no está muerto! – miró a los ojos a todos los presentes, asegurándose de que lo entendieran bien - ¡Está claro! Si estuviera muerto, habríamos encontrado su cuerpo. Y Kate no habría dejado esa bomba para nosotros.

- Pero no capto su esencia – dijo Scott con la voz apagada, como pidiendo perdón por darle las malas noticias.

- Eso no significa nada – negó Stiles, más que convencido – Kate nos tenía encerrados en una antigua nave industrial. No fuiste capaz de captar el olor de Derek a causa de los productos químicos que había en su interior… Y ahora que ha explotado el edificio, parte de esos productos se han expandido por el aire, impidiéndoos sentir nada más.

- Pero…

- Es lo que hizo el Nogitsune – interrumpió a su amigo, usando la palabra mágica tras la que sabía que nadie se atrevía a decir nada más – Y funcionó, ¿verdad? Kate ha hecho exactamente lo mismo.

El padre de Stiles colocó una mano sobre su hombro, pidiéndole que se calmara.

- Si es así, seguimos estando como al principio – explicó, llevando la voz de la razón – No sabemos dónde pueden haber ido, y no podemos seguir el rastro de Derek.

Stiles lo sabía.

Y también sabía lo que debían hacer ahora.

- Pero sí el de Kate…

Stiles miró a su padre con gesto serio. Una parte de él se alegraba muchísimo de que estuviera a su lado y que, por primera vez desde que su vida dio un giro de 180 grados, no tuviera que ocultarle las cosas. Que por el contrario, podía contar con su ayuda

Pero otra parte no estaba tan convencida de que fuera buena idea tenerle a su lado, pues su padre no dejaba de ser el Sheriff, y se suponía que ellos respetaban las leyes…

Leyes que tenía la firme intención de quebrantar.

El modo en que su padre le miró, con una mezcla de curiosidad y miedo, dejó claro que él ya había intuido lo que quería hacer su hijo.

Y Stiles nunca había estado tan contento de contar con un padre al que no tuviera que explicarle todas las cosas. Aunque tenía toda la lógica del mundo… Después de todo, él era el palo del que había salido la astilla.

- Bien – anunció el mayor de los Stilinski, abriendo la puerta del coche patrulla – Siguiente parada, la residencia Argent.