21. Hermanos

Cómo suele saludar Mephisto, ¡cuánto tiempo! Me he acordado de todos vosotros cada día durante estos largos tres meses de ausencia. En las notas tras el capítulo explico brevemente qué me ha obligado a estar casi sin vida propia. No obstante, esta pequeña introducción la quiero dedicar a compartir mi felicidad porque hoy justo, 2 de mayo, es el aniversario de la publicación de El antipapa. Un año ya. Solo quiero deciros: GRACIAS

Los personajes de Blue Exorcist son obra de Kazue Kato y la finalidad de este relato es solo entretener


La melodía de "Moon river" acabó de hacerle perder la poca concentración que Yukio acababa de conseguir gracias a sus apuntes de la asignatura de pediatría sobre el crecimiento del aparato locomotor entre los niños desde los dos a los cinco años.

En la pantalla de su móvil aparecía el mensaje número privado.

¿Sería un teleoperador queriéndole vender un seguro de vida a las nueve de la noche de un sábado? Absurdo pero en este mundo donde todo giraba alrededor del consumo no era tan descabellado. ¿Pero y si era Shiemi?

Aquel sueño angustioso de ella en el yermo no se apartaba de su mente y no podía parar de intentar descubrir su verdadero significado.

Descolgó.

Una voz femenina le empezó a hablar con esa entonación tan innatural de los servicios automáticos de las compañías telefónicas.

-Llamada a cobro revertido desde Italia, a nombre de… –ruido en la línea, voces gritando, cláxones, risas y un nombre familiar apenas inteligible entre el alboroto de la calle-, para aceptar pulse uno tras la señal.

Mientras la voz mecánica le daba las instrucciones, Yukio pasó de la sorpresa de saber que ella estaba sin duda en el Vaticano a la deducción que era su lugar lógico en una situación de crisis como aquella.

La mala conciencia de mantenerse él al margen en su dormitorio de estudiante, cuando él sabía que su presencia era necesaria, le volvió a sacudir.

Yukio ni dudó en marcar la tecla uno tras el pitido.

El vacío de la línea volvió a dar paso al caos de ruidos que había acompañado de fondo al pronunciar ella su nombre.

Yukio notó como la saliva se le secaba en la boca por toda la concentración que ponía pero el bullicio de la calle no permitía apenas oír la voz que se quería comunicar con él.

-¿Shura?

-¿Yukio? –Yukio sonrió al poder al fin escucharla- ¿Me oyes?

-Sí, sí. ¿Dónde estás?

-En esa heladería a las puertas de Ciudad del Vaticano, utiliza la llave maestra y déjanos ir desde el almacén a tu dormitorio. ¡Hasta ahora!

La llamada se cortó y Yukio se quedó mirando la pantalla del teléfono con incredulidad.

¿Acababa realmente de hablar con Shura?

Había sido expeditiva, concreta y ni siquiera habían intercambiado un saludo.

Aunque, claro, en una llamada carísima internacional se debía hablar lo justo. Shura, en el fondo, siempre había bastante considerada con los gastos inútiles, menos en cervezas. Y, de todas formas, iban a verse enseguida.

¡Un momento! Había dicho "déjanos ir". ¿Con quién estaba? De nuevo la dulce cara de Shiemi vino a su mente. Las posibilidades de que ella acompañase a Shura eran realmente escasas pero no por ello, el nerviosismo dejó de aparecer y Yukio utilizó todo su buen entrenado autocontrol para evitar que el sudor apareciese en las palmas de sus manos.

Con resolución cogió la llave que colgaba de su cinturón y si dirigió a la puerta del dormitorio.

Yukio sabía a qué heladería se refería. Una vez Shura casi acaba con su paga a base de cornetes tras perder una apuesta en una práctica de puntería.

Dio la vuelta a la cerradura mientras pensaba el nombre de la gelateria y un olor azucarado llegó a su nariz.

Ahora sí que Shura le saludó con un abrazo en el que fue aplastado casi, aunque él no pudo corresponderle al quedar pasmado tras descubrir detrás de ella la sombra del que fue su hermano.

La noche ya había caído en Tokio y Rin miraba hacia las estrellas maravillándose tan solo de su belleza y frenando el torrente de recuerdos de una infancia descubriéndolas desde el patio del monasterio.

No quería rememorar tiempos felices que solo aumentaban su dolor presente.

Aunque se lo merecía. Por idiota, por estúpido y por cretino.

Derrotar a Satán.

Si le quedase un mínimo de fuerzas se reiría.

Ahora comprendía porque Mephisto se había carcajeado años atrás con tanta indolencia en el cementerio cuando le contó su propósito de patear el trasero a Satán tras apenas haber acabado la ceremonia de enterramiento de su padre.

Una idea necia de un niño tonto que crece en adulto sin haber madurado ni un punto.

¿Cómo iba a ser derrotado Satán por un demonio mestizo tan ingenuo para creer que la rabia de la venganza iba a ser superior al poder de un dios?

El escaso atisbo de libertad que había sentido cuando habían escapado de la Orden a través de la vidriera había terminado cuando Shura había empezado a interrogarle, aún dentro del Vaticano, encima del tejado del Palacio Apostólico, donde Kuro se había posado.

Shura siempre era muy directa con él, pero en esta ocasión había sido tan cuidadosa en sus palabras, por el aspecto mísero que sin duda debía el tener; que a punto había estado de soltar todo lo que le quemaba en su conciencia. Pero no tenía ni fuerzas, ni ganas. Sabía que solo iba a recibir reproches, bien merecidos por ingenuo, que no quería oír. No podía soportar oírlos.

Nadie podría jamás juzgar con más severidad su ruindad que él mismo.

¡Dios santo, cuánto necesitaba ahora mismo a Shiemi a su lado! Si ella le abrazara, si él pudiese enterrar su cabeza entre aquellos cabellos dorados y poder descargar todo el pesar de su corazón y recibir su consuelo.

¿Se lo merecía?

Mientras pensaba en ella, su mano estado apretando el anillo de pedida dentro del bolsillo.

"Cuando hayas vencido a Satán, podremos empezar una vida juntos, entonces búscame donde quiera que esté y te diré que sí."

Rin apoyó su frente contra el cristal de la ventana mientras sus dedos dejaban caer el anillo en el fondo del bolsillo.

-Shiemi, ¿aceptarías casarte con el noveno rey de Gehenna?

Se tuvo que morder el labio inferior para retener las lágrimas.

A sus agudizados oídos llegaba la conversación entre susurros de Yukio y Shura en el baño, que ella había intentado disimular con el ruido del chorro del agua llenando la bañera.

Con la excusa de tomarse un baño, algo que no existía en la prisión de la orden en Tokio, Shura se había retirado con Yukio para ponerle al corriente de la situación crítica de fugitivo de Rin.

-¡Satán!

Sintió como el estómago se quejaba de angustia al escuchar ese nombre en boca de su hermano.

-¡Shhhhh!

-¿Satán? –repitió más bajo Yukio. - ¿Ha conseguido entrar en el Vaticano?

-Por la interpretación que ha hecho Lightning de las lecturas de las máquinas detectoras de actividad demoniaca parece ser que sí. Y todo apunta a alguien como responsable.

Se oyó un pequeño suspiro y Rin pudo imaginarse a Yukio subiéndose el puente de las gafas conteniendo un pronto.

No te contengas, si alguna vez me he merecido un puñetazo, es ahora – se dijo para sí Rin mientras avanzaba en dirección al cuarto de baño al encuentro de una violencia física que pudiera hacerle sacudir su mala conciencia.

-Debemos ayudarle, Yukio –habló entonces Shura con ese tono que expresaba que aquello era no una sugerencia, sino un hecho irrefutable.

-Él se ha metido solo en este lío por confiar en Mephisto.

¡Ah! ¿Cómo iba a esperar Rin que Yukio aceptase ayudarle con una sonrisa?

-Déjame a ése para mi sola cuando solucionemos lo de Rin, debo aclarar ciertas cosas con él y por mi madre, que no me voy a amedrentar por sus manipulaciones hasta que no salde mi cuenta pendiente.

Rin se sorprendió que la curiosidad por saber a qué se refería Shura pudiese abrirse paso en su lamentable estado de abatimiento. ¿Tendría todo relación con su estancia en prisión? Rin, se había sentido intrigado por su uniforme de presidaria pero como el haberle planteado una pregunta sobre esto, hubiera abierto paso a una conversación sobre las actividades recientes de Rin que él no tenía ganas ni fuerzas de mantener, había guardado un silencio protector.

Afortunadamente Yukio sí que lo planteó.

-¿Ha sido el señor Pheles el responsable de tu reclusión?

Se oyó la risita socarrona de Shura.

-Siempre está él detrás de todo.

-Pero, ¿entonces no fuiste al Amazonas? No entiendo, si Rin y yo te despedimos en el aeropuerto.

Una nueva risita de Shura.

-Y en la puerta de embarque tuve la agradable sorpresa de ser detenida por la Orden.

- ¿Por qué te detuvieron? ¿Y por qué esperar a que estuvieses a punto de embarcar?

-¡Ah, Yukio, Yukio! Eres tan encantador cuando dejas de ser tan estirado y vuelves a comportarte como aquel mocoso curioso del que yo siempre me burlaba.

Rin no pudo evitar sonreír al imaginarse como Yukio volvía a poner rápidamente su cara responsable. Estaba claro que Shura no quería contar qué había pasado por eso hacía rabiar a Yukio.

-¡Ah, ya está lista el agua!

-¡Shura! ¡Espera a que yo salga!

-¡Cómo si nunca hubieses visto a una mujer desnuda…!

Se oyó un portazo y Rin supo que Yukio había escapado de Shura y está con su maniobra de distracción había conseguido parar las preguntas de Yukio.

Tras la pequeña relajación que había supuesto para Rin el intentar averiguar, a través de la conversación entre su hermano y Shura, los motivos que la había llevado a prisión, se volvió aponer tenso porque iba a tener de nuevo a Yukio delante de él. ¿Qué se podían decir? Respiró hondo.

Pero no apareció. Oía ruiditos provenientes del pequeño pasillo que separaba la entrada del baño del resto de dormitorio. El armario ropero empotrado estaba justo en la pared de delante de la puerta del baño y esos crujidos provenían de su hermano buscando algo en las estanterías. Rin supuso que Yukio estaba haciendo tiempo mientras pensaba cómo iba a entrarle.

Yukio siempre tan reflexivo.

¿Cómo podían ser ambos hermanos tan diferentes?

Hermanos.

Mephisto también era su hermano.

Al recordar Rin como Mephisto se había mantenido al margen, observando como siempre hacía, mientras Satán le había abatido, sintió que entre las cenizas de su orgullo aún quedaba un rescoldo de ira. ¿Cómo había pensado, ni por un segundo, que le iba a ayudar mientras se enfrentaba a su poderosísimo padre? Aunque… ¡un momento!

-Kuro, -llamó Rin al gato que, tras un día tan lleno de acontecimientos, disfrutaba de un merecido descanso sobre el teclado del ordenador de Yukio. Los ojos del gato brillaron de entusiasmo al oír de nuevo la voz de su amo, que se había mantenido casi mudo desde que abandonaran los cuarteles de la Orden. -¿Tú también estabas cuando… -¿podría volver a pronunciar ese nombre sin temblarle el ánimo?- cuando, él, Sa…, Satán apareció?

Kuro quiso contarle con qué condescendencia el dios de Gehenna había hablado al principio y cómo le había confiado que se sentía orgulloso de Rin. Pero el anciano Sith intuyó que ese información quizá sería malinterpretada por un desolado Rin. De modo que solo contesto:

-Sí.

Así que su querido familiar había sido testigo de su humillante derrota. ¡Cuánto le agradeció que no hubiese dicho ningún comentario al respecto! Muchas veces Rin pensaba que Kuro era quien mejor le conocía en toda Assiah.

-Mis recuerdos están un poco revueltos y necesito que me ayudes –. Hasta la propia pregunta en sí era absurda - ¿Mephisto me ayudó?

-Sí.

Otra vez la misma rápida y concisa respuesta de Kuro. Pero esta le dejó perplejo porque significaba que no había sido su imaginación. Quiso ahondar un poco más.

-Tengo la imagen nublosa de ver a Mephisto sujetando el brazo del guardia poseído y parando a Satán recordándole que yo soy su hermano.

-Sí, así pasó.

Así pasó.

-Pero, él nunca se expondría tanto ante Satán, ¿por qué lo haría? ¿Quizá – y en su cara se pintó una esperanzada sonrisa de incredulidad – me tiene afecto?

-No seas ingenuo, Nii-san.

El tono tajante de Yukio le sacó de sus insinuaciones de la utopía que los reyes de Gehenna pudiesen saber lo que es amar.

-Si el señor Pheles paró a Satán fue para que no destruyese su obra más importante hasta la fecha en Assiah: a ti.

Así era Yukio, frío como el hielo cuando el profesional se imponía al hermano. Sin duda había escuchado la conversación entre Rin y Kuro, pero en lugar de abordarle con una avalancha de preguntas, le mantenía la mirada con sus ojos azules, iguales a los suyos, que escondían un poder semejante.

Rin sintió el apremio de confesarle todo lo que había pasado en aquellas celdas del Vaticano, cómo su imprudencia y el exceso de confianza en Mephisto podían haber puesto en peligro a Assiah, cómo había defraudado a todos, pero no pudo más que decir estas palabras que le quemaban en la garganta:

-Le he llamado padre.

No hizo falta más.


Notas:

-¿Alguno de vosotros ha acudido a un curso intensivo? Esto es lo que h secuestrado mi vida. Desde hace más de dos meses acudo cada día de 8 a 16 horas a un curso intensivo de alemán. Si sumáis que tardo una hora en ir y otra en volver podeos haceros la idea del poco tiempo libre que me queda. Pero aún no he hablado de todos los deberes, redacciones y presentaciones que debo preparar cuando estoy en casa. ¡Ah, y una mención especial a los exámenes sorpresa! Yo no soy la mejor de la clase, de hecho iba tan mal al principio , estaba tan perdida que sólo me consolaba pensando que así se debería sentir Rin. (Sí, lo sé, soy una friki). En estas semana he pasado de hablar palabras sueltas a poder mantener conversaciones fluidas y a redactar dominando la complicada gramática alemana. En conclusión, mi cerebro ha aprendido a pensar en alemán. Como se dice por aquí: Ohne Fleiss kein Preis. (Sí, yo también me imagino a Mephisto pronunciando esta frase cuya traducción literal es "sin laboriosidad no hay premio", similar a la castellana "el esfuerzo tiene recompensa")

-Se dice que no hay que prometer lo que no puedas cumplir, pero no quiero dejaros esperando tanto tiempo, así que os puedo anunciar que el siguiente capítulo está casi listo y espero poderlo subir en breve este mismo mes.

-Y de nuevo muchas gracias a todos por seguir mis historias. Danke schön!

-camiliny08. A Mephisto le encanta jugar a ladrones y policias. ¡Cómo dejar perder la oportunidad de sentirse preso en una celda!