El
vampiro herido fue el del pelo largo y castaño, el atacante de
Ángela. No tardó ni un segundo en arrancársela
del pecho y echarse a reír, pese a la gran cantidad de líquido
que salía de la herida.
-
¿Qué te hace tanta gracia? – bramó Emmett
Entonces
me gire, allí estaba él, pero… ¿Dónde
estaban los demás?
Volví
a escuchar el sonido de otra daga pasarme muy cerca, esta vez se
hincó en el cuello del rubio, empezó a brotarle la
ponzoña, espesa y oscura, lentamente pero sin pausa.
-
¡Marcos! – gritó el castaño – ¡márchate!
Me ocupare de él. ¡Llévatela!
El
herido, Marcos, aun chorreando me agarro fuertemente por un brazo y
me obligó a caminar hacia la inmensa profundidad del bosque.
Yo
intenté zafarme de él, quería quedarme con
Emmett pasara lo que pasara. Aun con mis esfuerzos, no conseguí
soltarme hasta que estuvimos ya bastante lejos de donde peleaban el
castaño y Emmett.
-
¡Vuelve aquí! – me gritó mientras me perseguía
por entre los árboles
Yo
corría como no lo había hecho nunca, no sabía
muy bien que dirección estaba tomando, pero me daba igual.
Cualquier sitio lejos de esos malvados vampiros seria perfecto en ese
momento.
De
repente algo chocó contra mí, me maldije por estar tan
poco atenta a mis sentidos. Si hubiera estado escuchando habría
evitado el golpe. Sin embargo, lo que había chocado conmigo me
sorprendió gratamente.
-
¡Alice! – grité – me están persiguiendo –
le dije entrecortadamente
-
Lo se – me contestó con una sonrisa nerviosa
Entonces
vi a Edward, corría en la dirección contraria a la que
yo llevaba anteriormente. Sostenía una gran espada, no era
como las que había utilizado yo en mi entrenamiento, esta era
aun más grande y se me antojaba aun mas pesada. También
era más hermosa, la empuñadura de oro brillaba bajo la
tenue luz de la luna sin envidiar al perfecto brillo de los miles de
diamantes engastados para crear tal maravilla.
Marcos
apareció entonces, la herida de su cuello había
desaparecido por completo.
Cuando
él y Edward se encontraron, me asombré una vez mas de
la magnificencia de los vampiros. Jamás había visto un
espectáculo semejante.
Edward
se abalanzó sobre él con la espada en alto, con
intención de dejarla caer con toda la fuerza posible. Para mi
sorpresa, Marcos no se echó atrás. Pensé que tal
vez, al estar en inferioridad de condiciones, intentaría huir,
pero ese vampiro era mucho más valiente de lo que hubiera
imaginado. O puede que tuviera una agilidad y una fuerza
impresionante.
Desgraciadamente,
era correcta mi segunda opción.
Me
costaba ver con claridad cada uno de sus movimientos, era
increíblemente rápido, incluso para los ojos de un
vampiro. Edward atacaba una y otra vez sin ningún éxito.
Por primera vez, temí por él. Había pasado miedo
otras veces, pero nunca había visto con tal claridad que él
fuera inferior a su contrincante. Pese a tener la espada, no
conseguía herirle.
Alice
se estaba poniendo tan nerviosa como yo, algo realmente malo
tratándose de ella.
-
¡¿Qué has visto?! – le grité sin poder
contenerme
-
No he visto nada – me susurró ella – debería…
-
¿Si? – pregunté nerviosa
Pero
ella no hablaba para mí, parecía debatirse entre ayudar
a su hermano o quedarse protegiéndome. Yo me enfadé, no
había nada de que protegerme, el que necesitaba ayuda era el…
De
todas formas, tampoco me sentía capaz de pedirle a Alice que
arriesgara su vida por mi…
Sin
dudarlo, me levanté de un salto y corrí hacia la pelea,
yo ayudaría a Edward.
-
¡Bella! – gritó Alice a mi espalda
Yo
era como ellos, no podría detenerme, no era más fuerte
que yo…
-
¡Bella mírame! – gritó de nuevo
Me
giré para ver que quería, ella me lanzó un par
de dagas. Yo, totalmente sorprendida, acerté a coger una con
cada mano y, sin decir palabra, me giré para enfrentarme a mi
destino.
-
¡Bella no! – exclamó Edward enfurecido - ¡no
necesito ayuda!
Yo
le ignore y seguí avanzando hacia ellos, me paré cuando
me encontraba a pocos metros, quería tener una buena visión
para acertarle en el cuello de nuevo. Suponía que en ese
momento esa zona seria más débil.
Edward
seguía intentando acertarle con la espada, pero Marcos parecía
prever cada uno de sus movimientos. Entendí en ese momento
que, tal vez, el también tuviera algún poder.
-
No tienes nada que hacer – le dijo entre risas – teniéndote
tan cerca nunca me acertaras
Eso
confirmo mi sospecha. Debía tener alguna especie de don sobre
la lucha cuerpo a cuerpo. Pensé entonces en mí. ¿Podría
hacer uso también de su poder conmigo?
Decidí
dejar de pensar y comprobarlo por mi misma.
Esperé
milésimas de segundo hasta que le tuve a tiro y lancé
una de las dagas. Me sorprendió la rapidez y estabilidad con
la que avanzó, elegantemente, hasta clavarse en su cuello. Se
hundió en el como si de mantequilla se tratase. Desde luego un
vampiro poco podía hacer contra tal material.
Edward
parecía tan asombrado como eufórico.
-
Lanza la otra – me alentó, mientras se apartaba
Eso
hice. Mientras Marcos se arrancaba la anterior, yo lancé
apuntando a su abdomen.
En
el momento en que se clavó, Edward aprovechó la
debilidad de Marcos para blandir su espada contra él. Acertó
a amputarle el brazo derecho. Me sorprendí de lo poco que me
afectó esa imagen.
Alice
apareció a mi lado entonces, ofreciéndome más
dagas.
-
Tienes mejor puntería que yo – me susurró guiñándome
un ojo
Volví
a lanzar, acertando esta vez en su pierna izquierda. Marcos seguía
en pie, desafiante, pero sabia que había llegado su hora. Le
brotaba ponzoña como si de una fuente se tratase. Tanto del
brazo amputado como de las heridas provocadas por las dagas.
-
Acaba con él – le pidió Alice a Edward
Sin
embargo, cuando Edward se preparó para blandir de nuevo su
gran espada, Marcos echó a correr con torpeza.
-
¡Lanza a la otra pierna! – me gritó mientras le
perseguía a gran velocidad
¿Me
hablaba a mí? ¿Cómo iba a acertarle? Cada vez
estaban más lejos, y ya se movía a una velocidad
increíble. Además, Edward iba tras él, ¿Y
si le daba sin querer?
-
¡No dudes! – me dijo Alice – ¡vamos! – exclamó
tirando de mi – ¡Les seguiremos!
Lanzar
mientras corría también me parecía una locura,
pero al menos volvía a tenerlos mas cerca…
Entonces
pasó algo que me hizo decidirme, una serie de imágenes
se sucedieron ante mí dejándome sin respiración
por un breve lapso de tiempo.
Marcos
se había girado con rapidez, llevaba la daga que le había
clavado en la pierna en la mano que le quedaba. La lanzó con
todas sus fuerzas contra Edward y le acertó en el cuello.
Edward
lanzó un alarido al aire y se derrumbó, dando vueltas
por el suelo debido a la gran velocidad a la que corría.
Y
digo que entonces me decidí por que no podía consentir
que ese maldito vampiro acabara con mi marido.
-
¡Dame mas! – le grité enfurecida a Alice
Ella
empezó a darme una daga tras otra mientras yo las lanzaba
contra Marcos. El cambió su sonrisa de suficiencia al darse
cuenta de lo que se le avecinaba.
Cuando
ya había lanzado unas 10 dagas eché a correr de nuevo
hacia él. Edward parecía estar bien, se la había
arrancado del cuello y se taponaba la herida. Pero yo no me paré
a asegurarme de su estado, sin pensarlo dos veces cogí la gran
espada y me abalance con toda mi furia contra Marcos.
Él
ya se retorcía por el suelo, dejando el suelo empapado con su
ponzoña. Yo no pude sentir lastima del ser que había
malherido a mi marido… La ira me cegaba, por lo que una vez a su
lado, no vacilé en cortarle la cabeza de una sola estocada.
Seguía sin afectarme ver su cuerpo mutilado, así que
continué descargando la espada sobre él una y otra vez,
una y otra vez…
Alice
se acerco lentamente a mí y empezó a hablarme, yo no la
entendía, no oía nada más que un zumbido
incesante en mis oídos. Yo era la máxima expresión
de lo peligroso en ese momento. Sin temor, sin duda, sin piedad…
Finalmente
fue Edward quien me arrebato la espada de las manos y se abrazó
a mí.
-
Ya esta Bella – me decía – ya esta…
En
ese momento me deje caer, no estaba exhausta, era un vampiro, pero la
fuerza me abandonaba conforme me daba cuenta de lo que había
echo. No había arrebatado una vida en el sentido estricto de
la palabra… pero había acabado con la existencia de alguien.
Edward
me levantó en sus fuertes brazos de mármol y me alejo
de allí. Pude ver como Alice sacaba algo de su bolsa, no sabia
que era, pero rápidamente las llamas inundaron el lugar donde
Marcos había estado antes…
Pasé
varios minutos con los ojos cerrados, con Edward acariciándome
el pelo y susurrándome que ya había pasado todo. Pero
no era así, Emmett debía estar en peligro… ¿Y
donde estaban los demás?
-
Edward… - dije finalmente, abriendo los ojos
-
¿Si? – preguntó el, mirándome a los ojos con
tristeza
-
¿Dónde están los demás?
-
Emmett viene hacia aquí, el otro se le ha escapado. Jasper y
Carlisle fueron tras Victoria, estaba acechando a tu padre. Y Rosalie
y Esme se quedaron velando por el.
En
ese momento me estremecí y me puse a temblar. Charlie…
-
Tranquila Bella, él esta bien – dijo abrazándome
fuertemente
-
¿Seguro? – titubeé
-
Si… Ya esta en casa, enfadándose contigo – contestó
sonriendo – debería llevarte a casa enseguida
-
¿Y los demás? ¿También están bien?
¿Encontraron a Vitoria?
-
Están bien. Carlisle y Jasper ya están en casa. Rosalie
y Esme aun vigilan tu casa…
En
ese momento Alice volvía. Había ocultado las marcas del
fuego echando tierra por encima.
-
¿Cómo estas? – me preguntó tras darme un
abrazo
-
Muy bien – le dije mirando al suelo
-
Has sido muy valiente – me dijo con una sonrisa
-
Si… - me limité a contestar
-
De acuerdo, vamos – dijo Edward mientras se levantaba – no
queremos que a Charlie le de un ataque ¿no?
Me
ayudó a levantarme del suelo y me pasó un brazo por la
cintura. Yo ya estaba bien, pero me agradó que no me soltara,
le necesitaba conmigo como nunca antes.
Me
fijé entonces en su cuello, ya no había rastro de la
herida. Suspiré aliviada.
-
¿Qué pasa? – preguntó confuso
-
Ya estas bien – le dije sonriendo, pasándole la mano por la
garganta – Me asusté mucho
-
No tenias por qué – dijo el, sonriendo también –
Nada puede conmigo
-
No parecía eso… - susurré
El
no dijo nada, en el fondo sabía que yo tenía razón.
Marcos había peleado bien.
