Vane no habló durante unos segundos, que a Zac le parecieron eternos, pero aún así no dijo nada. Sabía que tenía que darle su espacio, y su tiempo. Cuando lo hizo, sus ojos estaban nublados por las lágrimas y su voz sonaba temblorosa.

Vane: Sabía que iba a pasar esto... –mirando al vacío.

Zac: ¿De... De qué hablas?

Vane: -volviéndose hacia é- ¿Es eso no? Ya tuviste todo lo que podías tener de mí, y te aburriste. Ahora te vas.

Zac: Vane.. ¿De que hablas? No entiendo a que te refieres con eso de "todo lo que podías tener de mí"... y no estoy yéndome, estoy sincerándome contigo para que nuestra relación se vuelva más fuerte.

Vane: -negando con la cabeza- Te lo di todo –dijo poniendo énfasis en la última palabra-... Hasta mi inocencia. Y como ya no tengo nada más que darte, como no hay nada por descubrir de mí ¿te vas verdad?

Zac: Van... Mi amor, ¿De que hablas?

Vane: No... Me... Digas... Así –masculló entrecortadamente por los sollozos.

Zac: Estás mezclando dos cosas Van... ¿Qué tiene que ver todo lo que te dije con querer irme? Que por cierto no es así, no quiero alejarme de ti por ningún motivo –añadió luego para evitar malentendidos.

Vane: Estás diciéndome esto para que te odie y rompa contigo... y así tú no tengas ninguna culpa.

Zac: No! Por supuesto que no... Sácate esa idea ridícula de la cabeza.

Vane: -lo miró apenada- A no?

Zac: No... –la besó en la cabeza- Por supuesto que no. No podría vivir separado te ti.

Se volvió a producir silencio. Uno muy incómodo, por cierto.

Vane: Por qué me mentiste, M... –se calló antes de pronunciar [i]Max[/i]

Zac: No lo sé. Deseo con todo mi corazón que eso nunca hubiera sucedido.

Vane: Es que... yo confiaba en ti. O sea, confiaba en él. No se quien eres –lo miró-. La persona de la que yo estaba enamorada resultó ser una farsa. Ya no se que creerte y que no. ¿Cómo puedo saber que realmente te llamas Zac Efron? ¿Cómo estar segura? No puedo ni creerte tu nombre! –las lágrimas comenzaron a saltar como gotas de agua en una cascada- No estoy segura de qué hacer ahora... Yo pensé que te conocía, pero ¡Dios! ¡Que lejos estaba! Todos estos... años... enamorada... de alguien que... no existe, o... en el mejor... de los casos, de alquien... que... me engañaba –no podía hilar una frase, entre las violentas convulsiones de su pecho y las lágrimas...- No sé.

Zac: -realmente apenado- Van... mi amor, se me parte el alma viéndote llorar así, y las ganas de matarme por ser yo el que las origina son... casi incontrolables.

Vane: Entonces por qué lo hiciste!

Zac: ¡No lo sé! No lo sé. La inseguridad me cegaba, era demasiado chico para enamorarme así, no lo sé! Pero me arrepiento cada día de mi vida de haberte mentido así. El cielo sabe hace cuanto tiempo te lo quería decir. Haría lo que fuese para ahorrarte este dolor. Iría hasta el mismo infierno si es necesario, pero no sé. No sé nada ahora, la impotencia, la rabia y el odio a mi mismo no me dejan pensar con claridad, no puedo. Lo único que tengo claro es... que tenía que decirte la verdad.

Vane: Sabes... –con el rostro desfigurado por el dolor- lo que significa lo que me dijiste? O sea, ni siquiera tu nombre es el que yo pensé que era! Ni eso. Como confiar en ti?

Zac: Haré lo que sea necesario para que confíes en mí de nuevo. El tiempo que me tome.

Vane: -lo miró unos instantes- No lo sé. Ahora vete, quiero estar sola.

Zac: Está bien...-se incorporó- Si necesitas cualquier cosa... sólo di mi nombre. –Se acercó a ella y besó tiernamente su coronilla y luego salió por la ventana.

Afuera estaba oscuro. Había perdido absolutamente la noción del tiempo.

Max, Zac, o como fuese que se llamara el maldito mentiroso le había fallado. La había engañado toda su vida, y ella le había creído. Había caído como una ilusa en su mentira y ahora estaba pagando su error. Se limpió las lágrimas con furia.

Él también lo pagaría, ya vería la forma. Haría que le doliera haberle ocultado eso. Que le doliera tanto como le dolía a ella el desengaño. Que sintiera en carne viva el agujero profundo que ella sentía ahora. Sentía un vacío hondo, donde antes había estado Max. Era un vacío tan doloroso, y el aire a su alrededor le presionaba el pecho, como una mano de hierro aplastando su corazón, que le presionaba los pulmones y no le permitía respirar bien, que la ahogaba.

Se sentía frágil, desprotegida, de un modo peor que nunca. La única cura para sus males se había convertido ahora en el mal mayor, y sentía unas ganas horribles de llorar. De llorar y desahogarse, para siempre. De llorar hasta que sus ojos se secaran.

Ahora que no tenía a su único consuelo no sabía como hacer remitir el dolor.

-Max... –susurraron sus labios dolientes.

Una silueta apareció por la ventana, y en tiempo récord, la atravesó y estuvo junto a ella.

Ella levantó la mirada y lo miró con desprecio.

-Vete.

No dijo nada, no replicó. Dio la vuelta y salió titubeante por la misma ventana –la unica que había- por la que había entrado escasos segundos antes.

Entonces fue que ella explotó. Por primera vez en su vida supo lo que era llorar toda una noche.