Cáp. 21: Los Sundeath

Hermione se secó las lágrimas de miedo que habían caído por sus mejillas y se levantó con torpeza. Le temblaba todo el cuerpo. Salió de la habitación y de la Sala Común, ya no quedaba nadie allí. Todo era silencio, exceptuando los gritos lejanos de los alumnos, las risotadas de los mortífagos y las continuas explosiones amortiguadas por las gruesas paredes de piedra. Cuando llegó al pasillo se dio cuenta de lo mucho que había cambiado todo en unos minutos. Los cuadros estaban vacíos, todos habían salido corriendo hacia el cuadro de algún familiar lejano donde poder alojarse, había escombros por todos lados. Estando en el estado en el que se encontraba, Hermione apenas se impresionó al ver los cuerpos sin vida de varios alumnos, bien por maldiciones recibidas o bien por caídas y golpes. De pronto, alguien la agarró por detrás. Ella gritó.

-Chssst, tranquila, soy yo.-dijo la voz inconfundible de Draco abrazándola. Hermione rompió a llorar.

-¡Todo es culpa mía! Tengo tanto miedo…

-No nos pasará nada, ya lo verás…

-Draco, sabía que en algún momento tendría que contártelo, pero no esperaba que fuera en estas circunstancias…

-¿Qué ocurre, Hermione? ¿Estás bien?

-¿Te importa si no salimos? Debemos… "debo" quedarme en Hogwarts, no debo salir…

-¡¿Pero qué estás diciendo?! ¡Tenemos que salir de aquí cuanto antes!

-¡No! ¡Eso es lo que quieren!

-¡¿Qué rayos estás diciendo?!

-Draco, escúchame. ¿Recuerdas el alboroto que hubo el año pasado en el Ministerio? ¿En el Departamento de Misterios?

-Por supuesto… mi padre está en la cárcel por ello.-dijo el chico con tono de amargura. Hermione se sintió culpable.

-Pero no conoces toda la historia, tú no estabas allí… Harry descubrió una profecía, una profecía que hablaba de él y Voldemort. Pero se rompió y nadie pudo escucharla, o por lo menos eso me han dicho.-Hermione se llevó la mano al bolsillo y sacó la pequeña esfera azul.-Esto es una réplica de aquella profecía, Draco, una copia exacta, pero ilegal. He estado trabajando en ello durante semanas. Voldemort me busca a mí, busca la profecía para saber su contenido y matar a Harry.

La expresión de asombro de Draco era indescriptible. No sabía cómo reaccionar.

-¿Me estás diciendo que has hecho una copia ilegal de una profecía con intención de ayudar a Potter y que el Señor Tenebroso está atacando Hogwarts para conseguirla?

-Sí.-dijo Hermione bajando la mirada.

Draco abrió la boca para decir algo, pero volvió a cerrarla al escuchar un ruido tras él. Tomó a Hermione de la muñeca y salió corriendo en dirección contraria. Se escondieron tras uno de los grandes armarios, en una habitación que estaba prácticamente a oscuras.

-¿Qué ha sido eso?-susurró el chico.

-No lo sé…-contestó Hermione temiendo la respuesta.

Se escucharon unos pasos cercanos, pasos que, claramente, no eran humanos. Al rato, la puerta de la habitación se abrió, emitiendo un leve crujido. La presencia de la criatura casi hizo gritar a Hermione. Principalmente tenía forma de lobo, pero con unos dientes extremadamente grandes y afilados, unas garras poderosas y ojos sin pupilas. Hermione no los había visto nunca, pero inmediatamente supo que aquellos horrorosos seres eran los Sundeath. Pero el verlos cara a cara abrió una franja en su mente, en sus recuerdos. En lo más profundo de su memoria, se vio a si misma leyendo en la biblioteca, como tantas otras veces, con un libro de Criaturas Mágicas en sus manos. Leía la sección de "leyendas". Toda la información empezó a llegar de golpe a su mente.

-Draco… yo he leído acerca de estas criaturas…-el chico se dispuso a escucharla.-Son criaturas diurnas, a la noche son totalmente vulnerables.-comenzó a contar Hermione entre susurros.-En teoría son ciegos, sólo pueden ver las cosas si son iluminadas por la luz del sol. Sino, aunque puedan oírlas y olerlas, no las ven. Es decir, sobreviven gracias al sol. De ahí su nombre. Una vez que un rayo de sol ha alcanzado a la víctima, no le sirve esconderse entre las sombras, el Sundeath podrá verlo aunque se oculte… No creía que existieran…

El chico se había quedado sin habla. Estaba recibiendo demasiada información importante en muy poco tiempo como para poder asimilarlo todo. El Sundeath parecía haberlos escuchado, ya que se acercaba hacia su escondite.

-Draco, no te muevas, estando aquí, a la sombra, no puede vernos…-susurraba Hermione. El chico parecía nervioso.

El Sundeath continuó caminando pesadamente hacia ellos. Se irguió sobre sus patas traseras y se dispuso a encender el candelabro que estaba sobre Hermione y Draco, valiéndose de las llamas que surgían de sus fauces.

-¡Hermione, hay que salir de aquí!

El chico salió corriendo de detrás del armario.

-¡Draco, no! ¡Es una trampa! Sólo pueden vernos con la luz… natural…

Pero era demasiado tarde. Draco se detuvo en seco, con una expresión de horror en el rostro, mientras un débil rayo de sol iluminaba su cara.