Capítulo 21: Regalo de vida
Se arrodilló junto al muchacho y lo observó con detenimiento. Le acarició dulcemente la pálida y fría mejilla, sintiendo un fuerte nudo en la garganta, de tan sólo imaginar por todo el sufrimiento que debió haber pasado a su corta edad. Pero no sólo había sido él… su hermana luchó incansablemente para liberarlo de las manos de Naraku, pero todo había sido en vano. Al fin y al cabo, ese maldito se había salido con la suya y le había arrebatado la vida, destrozando el pobre corazón de su amiga.
Tomó la perla entre sus manos, y la sostuvo muy pensativa. Había algo diferente en la joya, ¿pero qué? ¿Tal vez el color? No, más bien era la energía que emanaba, pura, limpia y sin rastro de maldad. Entonces era cierto. En cuanto se cumpliera ese último deseo, la perla de Shikon desaparecería para siempre… y con ella, las esperanzas de regresar algún día a la época feudal. Pero eso era algo inevitable.
– Sin importar lo que pidas… te será concedido, aún si fuese algo para tu propio beneficio... Pero al hacerlo, la perla desaparecerá definitivamente y… tendrás que volver a tu época… ya no podrás regresar… ¡jamás!-
Las palabras de Midoriko y Kikyo resonaron constantemente en su cabeza. ¿No regresar jamás? ¿Cómo sería capaz de olvidarse de todo así de repente? Mucho menos después de que Inuyasha le ha dicho que la amaba en aquella cueva… escuchar esas palabras, había sido su mayor anhelo por casi dos años, desde que lo conoció. Pero ahora…
Se sacudió fuertemente para desechar esos pensamientos. Debía pensar únicamente en su objetivo inicial, lo demás ya era irremediable. Dio un fuerte suspiro y se acercó la perla a su corazón, empuñándola entre sus manos, cerrando sus ojos al mismo tiempo. Sin darse cuenta, un deseo silencioso se formó en su alma, aunque la desgarrara por dentro. Olvidar… Era lo mejor…
- Perla de Shikon, por favor concédeme este último deseo antes de desaparecer…- suplicó Kagome con fervor y seguridad en sus palabras – deseo que este joven despierte de su sueño eterno…- Lo miró con ternura y con lágrimas en los ojos, se dirigió a él - deseo darte el regalo de vida ¡Kohaku!-
La joya empezó a resplandecer, desplazándose hasta el pecho del joven exterminador. Su cuerpo comenzó a levitar, y fue rodeado por un hermoso e intenso brillo. Un sin fin de luces de colores iluminaron el lugar, cayendo como estrellas fugaces sobre el suelo alrededor de Kagome y Kohaku. En medio de esa lluvia de luces, apareció un bulto transparente y resplandeciente, el cual se aproximó al muchacho, introduciéndose en él. Por su forma tan peculiar, parecía tratarse de su alma que había regresado del más allá.
Fue un espectáculo realmente hermoso y único. Kagome observó maravillada cada detalle, deleitándose con los destellos que traían consigo paz, felicidad, amor, calidez o simplemente armonía. Sensaciones inexplicables que demostraban el extraordinario poder de la perla de Shikon, estando ésta en su estado más puro.
La muchacha notó como la joya giraba a grandes velocidades sobre el cuerpo del joven, hasta el punto de trisarse. Su corazón comenzó a latir muy rápido, sintiendo como sus anhelos e ilusiones se fragmentaban junto con ésta. La perla detuvo sus revoluciones abruptamente, quedando estática. Algo extrañada Kagome la observó con detenimiento, pero se sobresaltó al ver como la pequeña esfera estallaba, convirtiéndose en simple polvo cristalino. Ella se vio forzada a cerrar sus ojos para no lastimarse, cubriéndose el rostro con su brazo.
Aquella brillante escarcha cayó sobre todo su cuerpo, cubriéndola en su totalidad. A su vez, su piel absorbió cada partícula, como si de un humectante se tratara, formando nuevamente parte de ella sin siquiera notarlo.
Logró escuchar un pequeño gemido y levantó el rostro inmediatamente. Parpadeó varias veces para asegurarse que no estuviese alucinando, pero al fijar sus ojos en el muchacho y verlo moverse, esbozó una gran sonrisa de felicidad.
- ¡Kohaku!- exclamó emocionada.
El joven exterminador abrió rápidamente sus ojos al escuchar su nombre, encontrándose con una radiante expresión por parte de la muchacha. Se sentó sobre su puesto, mirándola bastante aturdido. Levantó sus manos a la altura de su cara y comenzó a temblar debido al desconcierto. ¿Estaba… vivo? ¿Pero cómo? Lo habían asesinado… ¿cómo era posible? Sin poder contenerse, las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.
- S- señorita Kagome… qué…- balbuceó a penas.
- ¡Has resucitado!-
- ¿Eh?... ¿Resucitado?... pero- preguntó sin entender, sintiendo al mismo tiempo una inexplicable felicidad que lo embargaba - ¿cómo?-
- La perla de Shikon- respondió simplemente – Kohaku, se te ha concedido el regalo de vida para que puedas volver a estar junto a tu hermana- volteó a verla con dulzura – ella te necesita.-
Los ojos de Kagome se aguaron y efusivamente abrazó al muchacho, sabiendo que había hecho lo correcto. El joven exterminador se sonrojó con esa muestra de afecto, quedando sin habla. Su cuerpo no le respondió al instante, pero no sólo era por la sorpresa, sino que por la conmoción por lo sucedido. Estaba más que agradecido por tan preciado regalo y dejó que las lágrimas hablaran por él.
Luego de secarse las mejillas humedecidas, Kagome se puso de pie, tendiéndole la mano a Kohaku para ayudarlo a levantarse, pero repentinamente un fuerte mareo se apoderó de ella. La temperatura de su cuerpo bajó súbitamente lo que le provocó escalofríos. Su vista se nubló hasta volverse todo oscuro, comenzando a caer.
- Señorita…- masculló el muchacho, sin lograr movilizarse.
Kouga, quien se encontraba a pocos metros de distancia, la vio y como un relámpago se precipitó hacia ella, atrapándola entre sus brazos antes que lograra tocar el frío suelo.
- ¡Kagome!- la llamó desconcertado. Su corazón comenzó a latir desmesuradamente de la angustia – por favor… ¡Kagome!- pero sus palabras se acallaron al verla fijamente al rostro y notar su respiración acompasada. Acaso ella estaba…
Como la poderosa corriente de un río al desbocarse, torrentes de energía fluyeron por sus venas, llenando de nuevas fuerzas todo su ser. Sus ojos dorados se abrieron espontáneamente quedando muy abiertos, incorporándose de medio cuerpo. Su respiración se volvió algo agitada, como si se hubiese despertado repentinamente de un mal sueño. Examinó su alrededor para tratar de orientarse.
¿Qué es lo que había pasado? Evocó sus recuerdos de los últimos sucesos para intentar hallar la respuesta. Para su sorpresa, la fugaz imagen del preocupado rostro de una hermosa muchacha de cabellos azabaches llegó a su mente.
- ¡Kagome!- exclamó instintivamente al tiempo que la buscaba con la mirada.
De inmediato se percató de la presencia del hombre lobo, quien estrechaba a la muchacha entre sus brazos. Sin pensarlo dos veces se aproximó rápidamente hacia ellos, completamente invadido por los celos.
- ¡Kouga!- lo llamó con una voz ronca, sintiendo como su sangre comenzaba a hervir. – Se puede saber ¿por qué estás abrazando a Kagome? ¡Suéltala de inmediato lobo rabioso!- pero calló de inmediato al llegar junto a ellos, notando que ella estaba inconsciente.
- ¡Cállate bestia!- le gritó indignado – ¡por tu culpa es que ella está así!... Mi querida Kagome, no debiste esforzarte tanto…-
- ¿Qué… qué fue lo que le pasó?- se desesperó por su condición - ¿qué fue lo que le hiciste lobo?... ¡Dámela!- contraatacó y en un ágil movimiento logró arrebatársela de los brazos, sin darle tiempo a rehusarse. -¡Kagome!- le palpó suavemente la mejilla preocupado – ¡e- está muy fría!-
Pero había algo que le llamó la atención y que en cierto modo lo calmó. La respiración de la muchacha era absolutamente regular y calmada, así como los latidos de su corazón. Si no fuera por la baja temperatura de su cuerpo y el color pálido de su piel, podría jurar que tan sólo estaba reposando. Con su agudo olfato logró detectar algunas heridas, aunque no parecían importantes, así como también una que otra magulladura. La observó fijamente y pestañeó varias veces algo incrédulo.
- Está… dormida- musitó, seguido por un aliviador suspiro – Kagome…-
- Es como si hubiera caído en un profundo sueño- dijo Kouga, obviamente molesto, permaneciendo de pie junto a ellos con los brazos cruzados. – Es natural, después de haber utilizado su poder espiritual de la manera en que lo hizo…-
Inuyasha se quitó su haori para cubrir a la muchacha y así abrigarla para que su cuerpo no se enfriara aún más. La acomodó sobre su regazo mientras permanecía sentado con las piernas cruzadas, envolviéndola luego entre sus protectores brazos. En cuanto el hombre lobo vio esa acción por parte del híbrido, se exaltó de inmediato.
- ¡Óyeme! ¡¿Cómo te atreves a abrazarla así en mis narices?-
Comenzó a refunfuñarle un sin fin de cosas, tales como "eres un inútil", "si la hubieras protegido mejor" o "todo es por tu culpa" entre algunos insultos. Pero Inuyasha no le prestaba mucha atención en esos momentos. Se perdió por completo en la expresión facial de Kagome. Se veía tan pacífica, dulce y angelical. Fue como estar velando los sueños de una pequeña… ¡su pequeña!
- Inuyasha, ¡¿me estás escuchando?- le seguía reclamando – ¡dije que la soltaras!-
- Grrr, ¡ya cállate Kouga!- demandó exasperado – tu eres el menos indicado para reprochar. Después de todo fuiste tú, quien se dejó atrapar por Naraku y luego…- se calló repentinamente, parpadeando confundido al darse cuenta de algo importante – oye lobo… ¿cómo es que estás vivo?-
Kouga abrió ampliamente sus ojos celestes, quedando estático y con la boca abierta ante ese comentario. ¡¿Qué? ¿Acaso ese bestia pretendía verlo muerto? Quiso rebatirle, pero en eso el híbrido continuó.
- ¿No estabas más muerto que vivo y…?- preguntó desconcertado con sus cejas levantadas - ¿cómo fue que te libraste de ese maldito veneno?- lo observó de pies a cabeza inquisidor, notando su perfecta recuperación. Desvió la mirada por unos instantes, percatándose también de la persona que se encontraba junto a él, sobresaltándose. - ¡AAAHHH!-
Asustado y con los ojos como platos, comenzó a señalar con su mano libre y temblorosa aquella figura. ¡No era posible! Tal vez estaba demasiado cansado y su visión lo estaba engañando. Seguramente se había dado un fuerte golpe en la cabeza y por eso estaba viendo alucinaciones. Si, eso era lo más probable.
- ¿Qué te pasa bestia? ¿Por qué gritas así?- preguntó Kouga extrañado por su actitud.
- Es… ¿es Kohaku?... ¿está vivo?- manifestó aún algo nervioso. Tragó fuerte, tranquilizándose paulatinamente - ¿qué fue lo que sucedió? ¿Cómo es que…?-
Había demasiadas preguntas. Obviamente habían ocurrido muchas cosas durante su inconsciencia. ¿Cómo es que Kouga se había curado del mortal veneno de Shihai, encontrándose ahora en frente de sus ojos como si nada? ¿En qué momento había revivido Kohaku? ¿quién lo había hecho? ¿Acaso fue Kagome? Todo era demasiado extraño… y por cierto… ¿qué había pasado con Sesshomaru? Tampoco pudo localizarlo por ninguna parte.
- Todo se lo debemos a la señorita Kagome…- interrumpió el monje inesperadamente, cuando Kouga se disponía a hablar. – Ella fue quien los sanó a todos…-
¿A todos? ¿Entonces ella había sido capaz de revertir el efecto de aquella sustancia mortal en los cuerpos de Kouga y Sesshomaru? ¿y qué había de Kohaku? El poder espiritual de la muchacha no era tan grande como para revivir a las personas, ni siquiera Kikyo hubiera sido capaz de algo así. Tuvo que haber pasado algo más.
Muchas cosas rondaron por la cabeza del híbrido. Además, ¿cómo que Kagome sanó a todos? Él no había estado envenenado, así que… Como si acabara de hacer un gran descubrimiento, todo en él se paralizó. Con su mano libre se palpó el abdomen, notando que ya no estaba aquella herida.
- Si Inuyasha… a ti también…- le confirmó el monje.
¿Entonces era por eso que Kagome había caído en ese profundo sueño? Había utilizado todas sus energías para salvarlos. En definitiva no dejaba de sorprenderlo, pero ¿hasta cuándo permanecería dormida? ¿Podría estar en peligro de muerte? Eso lo inquietaba demasiado.
De pronto la exterminadora comenzó a moverse gentilmente en el regazo de Miroku, quien puso toda su atención en ella. Abrió sus ojos, despertando finalmente.
- Sango-
- Qué… ¿Qué me pasó? ¿En dónde estoy?- dijo contrariada - ¡¿y Naraku?- exclamó al momento en que se levantaba precipitosamente.
- Ya no hay de qué preocuparse… ¡Él está muerto!- respondió Miroku tranquilamente, poniéndose de pie también.
- ¿Qué?... ¿Cuándo fue que…?- Sango se petrificó al notar que su hermano estaba enfrente de ella. ¿Sería posible? - ¡¿Kohaku?-
- Hermana…- el joven se acercó lentamente a ella hasta encontrarse en un fraternal y efusivo abrazo.
Entre sollozos y lágrimas, se expresaron su infinita alegría. ¡Era un milagro! ¡Un regalo divino del cielo!
Por otro lado, al parecer Miroku era el único quien había espectado gran parte de la batalla y sobre todo estaba al tanto de todo lo sucedido al final. Pero no quiso entrar en detalles aún, simplemente les recalcó las partes importantes como la muerte de Kagura, Kikyo y Naraku, omitiendo por supuesto la despedida afectuosa entre la sacerdotisa e Inuyasha. También les mencionó algo acerca de la desaparición de la perla al ser revivido Kohaku por el deseo de Kagome. Después de la breve explicación, el asombro se hizo presente en los rostros de todos.
- Pero si la perla de Shikon desapareció, ¿entonces también la conexión entre ambos mundos?- preguntó Sango algo inquieta.
¡Eso no podía ser! Eso significaba el retorno de Kagome a su época. ¿Acaso ya no podría volver o se quedaría en con ellos para siempre?
- Lo mejor será volver a la aldea de la anciana Kaede antes de sacar conclusiones. Además Kagome debe descansar para recuperarse y curar sus heridas.- dijo Inuyasha muy serio, mientras levantaba a la muchacha cuidadosamente en brazos y se ponía en marcha.
No permitiría que nada le sucediera y mucho menos ahora, que todo había terminado. Lentamente lo siguieron los demás, encaminándose rumbo a la aldea, siendo el único en protestar Kouga, por no ser él quien llevaría a Kagome. Además tendría que ir con ellos, para asegurarse que ese bestia no la descuidara de nuevo y también porque necesitaba saber que ella estuviera bien.
Inuyasha detuvo su paso repentinamente, al sentir una extraña sensación recorrer su espalda. Vio por sobre su hombro, creyendo escuchar algo provenir del lugar donde habían batallado.
- ¿Qué sucede Inuyasha? Te vamos a dejar atrás…- lo llamó el monje ya a varios metros de distancia.
- ¿Eh? No, ya voy.- corrió rápidamente para alcanzarlos, olvidándose de lo demás. Seguramente debía ser su imaginación…
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El sol ya se ocultaba en el horizonte, coloreando el cielo con matices de color naranja y rojo, dando la impresión de estar ardiendo en intensas llamas. El viento comenzaba a soplar, refrescándolo todo antes del anochecer. Como una sombra del desierto apareció una pequeña figura, blanca como la nieve y sin ninguna expresión en su rostro ni siquiera en su mirar, llevando consigo un pequeño espejo entre sus manos. Se acercó a paso lento hasta el pequeño manantial, deteniéndose justo en frente.
Bajó su mirada hasta unas pequeñas ramas rotas, las cuales fueron alguna vez parte de la enredadera de Shihai y que protegieron la fuente de vida de Naraku. Una de ellas estaba cerca de una diminuta gota de sangre, que parecía ser de aquel corazón maldito… y como un gusano comenzó a arrastrarse hasta esa partícula para poder absorberla. En cuanto el líquido carmesí penetró en la rama seca, ésta comenzó a palpitar. Su delgada forma cambió drásticamente a una más gruesa y nutrida, retorciéndose, cobrando vida propia.
- ¡Maldito! Disfruta mientras puedas… ¡Inuyasha!- sonó una voz tétrica en aquel lugar.
Continuará…
N/A: Finalmente la perla de Shikon ha desaparecido, cumpliendo el último deseo. Pero ahora ¿cuál será el destino de Kagome? ¿Acaso tendrá que volver a su verdadera época sin poder regresar? y sobre todo Inuyasha, ¿lo aceptará así a la ligera?
Por otra parte, la mayoría de ustedes seguro pensó que el final de este fic ya estaba cerca… pero ¡no! La última parte de este capítulo se los habrá dicho o al menos dejado con la duda… La amenaza de esa misteriosa voz, no fue en vano.
Al decir verdad, aún tengo algunos capítulos (quien sabe cuántos más) en mente. Desde el principio tuve pensada casi toda la trama de la historia (incluyendo el final) y pues por lo visto aún falta mucho. No sé si sea una buena noticia para ustedes, pero aún así espero que les agrade la idea y me sigan acompañando. ^^
Quiero agradecer a todas las personas que me dejaron sus bellos reviews, siendo el motivo de mi alegría y motivación: Sanwitoop, sumiko, AllySan, Kagome-chan1985, Katherin S. Potter, Lolichan36 y Viccky-y. Me alegra tanto que les esté gustando!
Sin olvidarme por su puesto de todas aquellas personas que sólo leen también, ya que para mí es todo un honor, el ser leída por tanta gente. Así como a las personas que me agregaron a sus favoritos y alertas… realmente es un halago, muchas gracias!
Nos vemos y hasta la próxima!
