Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Suzanne Collins.
Una noche en el Majestic
Capítulo 21
Woodmere, 1919
"Nos complace anunciarle que ha sido aceptada en la prestigiosa Academia de Enfermería de Batón Rouge, favor de enviar…" Leyó Primrose, no bien desplegó la carta que había recibido minutos antes de manos del afable cartero, que nunca olvidaba elogiar su creciente belleza. La rubia liberó un gritito de júbilo. Había sido aceptada en la academia, con una media beca, lo cual era muchísimo. Pero ser hija de Josephine Everdeen o mejor dicho, Auster, tenía cierta ventaja. Su madre había estudiado allí, cuando aún era considera como un miembro de la honorable familia de médicos Auster. La familia le había vuelto la espalda a Josephine cuando decidió huir con un simple muchachito del pueblo, sin siquiera terminar sus estudios. El resto de su formación había concluido en el hospital municipal de Woodmere.
-No creo que podemos pagar esto, mamá.- dijo con cierta pena Prim, cuando su euforia dio paso a su mente fría.
-Usaremos el dinero que Katniss nos envía.- resolvió la mujer.
-Pero…
-Estoy segura de que tu hermana estaría completamente de acuerdo, Prim.- afirmó su madre, mientras continuaba el bordado que estaba haciendo.
-Katniss.- suspiró Prim.- ¿Cuándo regresaras?
No necesitaba ver a su madre para saber que la acongojaba la misma pena, pensando en la frágil mujer que era su hermana enmascarada de rudeza. En su última carta había contado que estaba en París y que conseguiría la forma de regresar a América.
Observó por la raída ventana de la sala como Haymitch Abernathy regresaba a su hogar, llevaba muchísimo tiempo sin verlo. Quizás él tuviera más noticias de su hermana mayor. Pensando en ella recordó al amable hijo del panadero, Peeta. De seguro estaba por terminar la universidad. Extrañaba su carácter afable y realmente anhelaba que pudiera encontrar el amor, más allá de lo que sintiera por Katniss.
Se mordió el labio cuando un remordimiento le pinchó por dentro. Jamás se había atrevido a contarle a Peeta que Katniss se había casado.
Chicago, 1920
"Desbordante" era una palabra adecuada para describir la pasión que sentían el uno por el otro, y no habían hecho ninguna otra cosa que distara de demostrarse la mutua devoción. Salidas y paseos. Largas horas de charla. Pero sobre todo…
-¡Oh, mi Dios! No pares, cielo.- suspiró, presa de la ardiente pasión.
Él no respondió y continuó abocado a su tarea, completamente dedicado a lo que estaba haciendo. Acariciar, lamer y succionar el tibio sexo que tenía enfrente.
Poco le habían importado sus tareas, cuando ella se apareció a la media tarde en su oficina con un vestido muy sugerente para la época, obra de Cinna. Ahora la tenía tendida sobre su amplio escritorio, con el hermoso vestido subido hasta las ingles, a su merced, devorando eso que amorosamente le ofrecía. Hundió la lengua en su estrecho canal y ella dejó escapar un gemido extendido y profundo. Reemplazó su lengua por las falanges y, momentos más tarde, sintió en sus manos el demoledor efecto de su climax. Aquello no hizo otra cosa más que inflamar más, si era posible, la erección que palpitaba en sus pantalones.
-Eres fantástico, Peet.- susurró, con la voz ronca por la pasión, y una sonrisa satisfecha aflorando en los labios.
Jamás se cansaría de ver esa expresión que ponía luego del orgasmo, que lo motivaba a darle muchísimos más.
-Tú eres fantástica.- respondió él, ayudándola a sentarse en el escritorio, ahora esa superficie de madera lustrada tendría otro significado para él.
Katniss rió un poco.
-Cariño, creo que debemos resolver un problema.- mustió.
-¿Ah, sí? ¿Cuál?- preguntó curioso.
-"Este"- respondió Katniss, acariciando la potente erección por encima del pantalón.
Peeta iba a retrucar, pero se dejó a su merced cuando ella desabrochó su pantalón, acariciando directamente la piel de su longitud.
Presos de su pasión, se dirigieron rápidamente a los sillones de la oficina. En el mismo lugar donde había titubeado la última vez, ahora Katniss lo acogía de la manera más profunda que una mujer podía hacerlo con un hombre. Brincaba sobre su miembro, mientras él la sostenía por las caderas, por debajo del vestido, sintiendo la firmeza de su carne.
-Sigue así.- rogó él, cuando Katniss dibujó un círculo con su cadera.
-¿Te gusta?- preguntó sensual, mientras repetía la acción.
Él gruñó por toda respuesta, apretando el trasero de la mujer que tenía encima.
Adoraba el color ligeramente rosado que tomaban sus mejillas y como fruncía el ceño cuando estaba a punto de llenarla. En los pocos días que llevaban inmersos en la pasión había aprendido a admirar todos esos gestos que hacían a la intimidad con Peeta. Lo sintió tensarse dentro de ella y empujar la cadera hacia arriba, apretándola más, incitándola a acompañarlo.
Ambos se dejaron ir allí mismo. Katniss resbaló relajadamente sobre el fuerte pecho del rubio y este relajo el agarre en la carne firme de su trasero, pero sin abandonar el contacto con esa curvatura.
-Vas a terminar matándome- confesó Peeta, tratando de recuperar el aliento mientras acomodaba algunos mechones de cabello oscuro que Katniss tenía pegados a la frente.
-Temo que sea al revés, Peet.- respondió Katniss, besándolo amorosamente antes de levantarse de su sitio.- Demonios, ya son cerca de las cuatro. Debo irme…- agregó con pesar, mirando el reloj de pared que relucía sobre la chimenea.
Peeta hizo un sonido lastimero y una mueca de puchero. No le gustaba dejarla ir. Pero no había otra opción, así que debía atragantarse con la decepción de verla partir. Aún tumbado en el amplio sofá la contempló ponerse con rapidez los interiores y acomodar sus ligas. Katniss era hermosa y sensual en sus gestos, y no podía negar que estaba fascinado con cada una de sus curvas. Observándola de perfil mientras ella acomodaba su cabellera se la imagino en otras situaciones, qué formas adoptaría cuando fueran mayores o estuviera esperando un niño suyo. Un bebé. Luego de estar haciendo frenéticamente el amor durante cuatro días seguidos en cada minuto libre que tenían para entregarse mutuamente, cabía la posibilidad de que estuviera esperando uno. Un sentimiento de alegría lo embriagó. Adoraba esa idea. Pero, ¿qué pensaría ella al respecto? No sería adecuado preguntárselo directamente, debía encontrar el modo.
-¿No piensas alistarte, cielo?- preguntó risueña, viéndolo todavía tumbado.
Él sonrió y se levantó, acomodando sus pantalones y su camisa. Avanzó hasta donde ella se encontraba y la abrazó por la espalda.
-Estaba fantaseando con que…- y sus palabras murieron allí, incapaz de seguir. Posó las manos en el vientre plano de ella, confiando que captara el mensaje y le ahorrara el bochorno.
-¿Con qué?- preguntó, completamente despistada, Katniss.
-Un niño.- mustió y se mordió el interior de la mejilla ante tal pronunciación. Agradecía que ella no pudiera verle el rostro.
-Imposible, Peet.- dijo relajada Katniss, acariciándole las manos.
-¿Cómo lo sabes?- preguntó Peeta, buscando que su voz no sonara a desilusión.
-Una mujer sabe cuando lo está o no. No lo estoy.- respondió con suavidad, soltándose para poder girar. La expresión algo triste del rubio le estrujo el corazón.- Los niños nunca han sido una misión en mi vida.- confesó, tomándolo por las mejillas.- Pero no me importaría tenerlos contigo, cielo. Solo que ahora no. No es momento.
-Tienes razón.- asintió él, tomando una de sus manos para besarle la palma.- Lo siento, creo que te he incomodado.
Ella meneó la cabeza negativamente.
-Nunca lo haces.- afirmó.- Te quiero. Ojala no tuviera que irme.- mustió.
Él bajó el rostro, lo suficiente para besarla tiernamente.
-Pronto llegará el día en que estemos juntos. Más que ahora.- la reconfortó.
-¿Te quedarás conmigo?- preguntó, algo llorosa.
-Siempre.- afirmó con convicción.
Katniss le regaló una sonrisa y luego terminó de alistarse para marchar al Majestic.
-Sé que tienes una cena de negocios. Te veré mañana, Peeta.- lo saludó, antes de besarlo por última vez, sabiendo que debía hacerlo rápido, sino no tendría las fuerzas suficientes para separase de él.
-Nos vemos mañana, amor mío.
Johanna, Gale y Katniss no podían creer su suerte cuando descubrieron que Snow, el Gran Jefe, se había marchado esa misma mañana a la ciudad de Detroit y no volvería hasta el sábado. Pero como toda noticia buena tiene su cara malvada, Cray, la mano derecha de Snow había quedado a cargo del "negocio" y con ello, de la oficina de Snow.
- Por favor, Glimm, eres la persona perfecta para este trabajo.- rogó, con voz seductora, Gale, mientras le acariciaba la mejilla a la bailarina más sexy del Majestic.
-No lo sé, Gale. Parece peligroso.- respondió dubitativa la rubia.
-No lo será, estaremos cuidándote las espaldas.- afirmó el moreno, dirigiendo una mirada breve por encima del hombro de la bailarina hacia donde Johanna y Katniss cuchicheaban.
-Quiero algo a cambio.- afirmó ella, adoptando una expresión un poco más dura.
-Lo que desees.- asintió el bailarín.
-A ti.
-¿Cómo?- preguntó desorbitado.
-Te quiero a ti. Quiero pasar una noche contigo.- respondió ella con tranquilidad.
Gale suspiró, la expresión de convicción de la rubia acabó por convencerlo de que no estaba bromeando.
-De acuerdo.- aceptó él y nada pudo hacer cuando los precipitados brazos de la mujer se enroscaron en su cuello para poder robarle un apasionado beso. Él ni siquiera cerró los ojos para saborearlo y las miradas atónitas de las otras mujeres recayeron en él.
El beso fue breve, luego todos se dirigieron con cautela al pasillo que los conducía a la oficina de Snow. Glimmer se acomodó la ropa, de modo que en el vestido corto, rebosante de lentejuelas, sus senos se vieran más exuberantes. Le dirigió una mirada encendida al austriaco y luego ignoró olímpicamente a las mujeres. Poco les importaba aquello, puesto que el objetivo principal corría por otro lado.
La rubia golpeó suavemente la puerta de la oficina y una voz grave la invitó a pasar. Pasaron algunos minutos, los tres espías contenían la respiración ocultos en el corredor. Finalmente la rubia y el secuaz salieron de allí, el hombre iba tan embobado con ella que ni siquiera se tomó la molestia de cerrar. Johanna y Katniss se precipitaron a la oficina, mientras Gale quedaba custodiando la entrada.
Revolvieron cajones, recopilaron papeles y datos.
-Vaya, vaya. ¿Qué tenemos aquí?- murmuró con sorna Johanna observando un extraño objeto, escondido en una gaveta.- Así que nuestro querido Snow es adicto al opio.
-¿Al opio solamente?- preguntó Katniss, con un sonrisa de lado, mostrando una botella a medio tomar de aquel vodka potente que Haymitch le había facilitado.
-Esta oficina apesta a encierro y a vicio.- señalo Johanna.
Escucharon los ligeros toques, señal de que debía huir. Tomaron apresuradamente lo papeles y se marcharon.
Más tarde esa noche, Gale se encargó personalmente de escoltar a Johanna hasta su domicilio, para que nada malo le pasara a los documentos. Ella vivía en un pequeño departamento, junto con el agente Boggs, donde, a los ojos de los demás inquilinos, jugaban a ser un matrimonio, aunque él pareciera doblarle la edad.
-Entonces entre tú y Boggs…- comenzó Gale como buen chismoso.
-No sucede nada. Él es un excelente compañero.- aclaró ella, arrebujándose en el abrigo.
-¿Vives con un hombre y no sientes nada por él?- preguntó curioso.
-Me dobla la edad, Gale. Es como un familiar para mí, un segundo padre. Aunque el mío bien está en Carolina del Norte, trabajando de leñador. – respondió con tranquilidad Johanna.- Eres muy curioso, precioso.
Gale rió con ganas ante al apodo.
-Solo es curiosidad. Jamás me imaginé que una mujer tan bella como tú pudiera terminar trabajando en una agencia tan ruda como el FBI- señaló el moreno.
-¿Eres de los que creen que la mujer es una especie de trofeo que debe exhibirse y guardarse en la casa?- preguntó con escepticismo, entornando los ojos café.
Él la miró por el rabillo del ojo, comprendiendo que su mirada echaba chispas. Analizando la cuestión, él tampoco creía que las mujeres pudieran limitarse solo a eso. Bien recordaba a su madre enseñándoles a él y a sus hermanos a cazar en los bosques, luego de que su padre muriera. Todas las mujeres que conocía parecían tomar con tenacidad su destino. Y eso le gustaba.
-No. Creo que las mujeres pueden hacer muchas otras cosas, además de estar en la casa.- respondió al fin.
-Me gusta tu pensamiento, Hawthorne. Llegará un día donde las mujeres dirijan países y economías completas.- dijo orgullosa, escondiendo bajo las facciones el increíble asombro que le despertaba el hecho de que él no hubiera expuesto una colección de pensamientos machistas.
-No sé si llegaran a esos extremos.- la pinchó.
-Ya lo veras, Gale.- dijo desdeñosa.
-No te enfades, por favor- pidió amablemente.- Anda, cuéntame cómo terminaste en el FBI.
-Por mi padre.- dijo con simpleza.- Mi padre vino a América librándose de su viejo empleo como agente para el Imperio Ruso. Nos costó mucho huir, pero finalmente logramos llegar aquí como polizontes. Éramos mi padre, mi madre y mi pequeño hermano Joseph. Un primo de mi padre nos consiguió un lugar en Nueva Orleans y, gracias, al fino trabajo de mi padre consiguió falsificar nuestros documentos.
-Vaya. Llevas el espionaje en la sangre.- señaló sorprendido Gale.
-Algo así.- dijo ella, encogiéndose de hombros.- Mi padre nos enseñó varios idiomas, los que él aprendió en su trabajo, así conseguí entrar en el FBI, cuando decidí entregarme a la aventura y escaparme de lo tradicional.- explicó con una sonrisa.- A mi edad se espera que una mujer esté criando varios niños. No es mi estilo.
-¿Cuántos años tienes?- preguntó despreocupado, ganándose un golpe en el brazo.
-¿Cómo se te ocurre preguntarle eso a una dama?- dijo molesta Johanna.
-¿Dama? No veo ninguna dama- respondió Gale en tono bromista. Recibió otro golpe.- Sólo bromeaba.- rió.
-Tengo veintiséis años.- dijo ella al fin.
-Tampoco eres Matusalén para enfadarte tanto.- señaló el moreno, mientras giraba el volante para doblar.
Johanna bufó, pero en fondo disfrutaba muchísimo la compañía de ese hombre. Estaba acostumbrada por su trabajo a lidiar con varios especímenes de su género, pero el parecía ser muy especial. Lo observó detenidamente, el perfil recto, el cabello oscuro y los ojos grises como el hielo. La expresión seria y calmada, que lejos de invitar al descanso, suponían la excitación previa a la tormenta.
-¿Cómo conociste al borracho?- preguntó con sorna, luego de un breve silencio.
-¿A Haymitch? Era el esposo de mi prima Effie. No era un familiar directo, era hija del primo de mi padre. Pero la adorábamos, era encantadora. Aunque era varios años mayor que yo, era muy cariñosa, en especial con los niños. Solía trenzarme el cabello y enseñarme a bailar.- respondió con cierta añoranza.- Todos quedamos destrozados cuando murió, en especial porque era muy joven. Apenas tenía veinte, yo tenía seis.
-Qué pena. Lo lamento mucho.- dijo él con pesar.
-Fue una pena. Más porque la sospecha es que su muerte no fue tan accidental como parece.- dijo ella secamente.
-¿A qué te refieres?
-Murió atropellada por un caballo cuando cruzaba la plaza del pueblo. Pero alguien azotó debidamente al animal para que lo hiciera.- respondió, frunciendo el ceño. – Effie era bailarina en el primer espectáculo que monto Snow y este de disgustó muchísimo cuando ella lo abandonó para retirarse a la vida tranquila que Haymitch le ofrecía.
Gale la miró con una expresión boquiabierta. "¿Acaso el muy cretino no había dejado vida sin tocar?" Pensó mirándola con los ojos grises muy abiertos.
-¿El mundo es muy pequeño, verdad?- preguntó Johanna, ante la expresión que él llevaba.- Aquí es.- indicó, señalando el pórtico apenas iluminado por el tinte amarillento del farol.- Gracias por traerme Gale.
-Fue un placer. Qué tengas un buen descanso.- respondió él, con la cabeza aún maquinando.
-Tú también.- dijo ella amablemente, mientras descendía del vehículo.
La mañana de ese viernes le había resultado altamente productiva y, para cuando Castor le acercó el resultado de las finanzas de Marvel O'Leary, no pudo evitar levantar los brazos en señal de júbilo. Tenía todo planeado. Iba acabar con ese sujeto de una vez y por todas.
-Oh, Marvel. Te haré sufrir.- masculló.
La cena de negocios había resultado un rotundo éxito y estaba más que feliz de que las cosas marcharan tan bien. Nada podría opacar el regocijo que sentía. Tenía un floreciente negocio, una albacea de dinero enorme, y estaba a pasos de terminar con aquello que atrapaba a la mujer que más amaba en el mundo.
Cuando pasó el almuerzo, Peeta estaba plenamente convencido de que nada podía salir mal. Hasta que una visita inesperada llegó.
-Señor Mellark, Lady Cartwright está aquí.- anunció Robba, del otro lado de la puerta y él le permitió el acceso. Hacía mucho tiempo que no veía a su amiga Delly. Pero lejos de la visita agradable que él esperaba, la rubia aristocrática entro hecha una tromba a la oficina.
-¡Voy a casarme con el señor Ross Pearson!- exclamó, colérica.
-Felicidades.- dijo él, mirándola escéptico, buscando la razón de su furia.
-¿No lo entiendes, verdad?- preguntó con ligera tristeza.- Sé que mi padre te consultó primero a ti. Peeta… ¿P-por qué me rechazaste? – dejó escapar un sollozo, que trató de atrapar con su mano enguantada.
-Delly, yo… no podía hacerlo.- respondió con toda la suavidad que le fue posible, poniéndose de pie y avanzando hacia ella.
-¿Por qué? ¿No soy lo suficientemente bonita para ti?- preguntó rabiosa, con las lágrimas pujando por salir.- Volví de una breve visita a Nueva York y me entero de que mi padre me arregló un matrimonio. Y que encima tú habías rechazado la oferta.- agregó enojada.
-Lo siento, Delly. No puedo sentir más que una amistad por ti. Eres una mujer encantadora y te valoro como tal.- dijo Peeta, titubeando si sería adecuado o no frotar sus hombros para reconfortarla. Le dolía mucho ver a su amiga sufrir así, y más siendo él el causante de su dolor.
-Peeta. Estoy enamorada de ti.- confesó con las mejillas teñidas de rojo.
-Delly, lo siento. Pero no puedo corresponderte- confesó él con cierta aflicción.- Estoy enam…
Ella no lo dejó terminar porque estampó sus labios con los suyos, queriendo calmar su corazón dolido. Entregándole a él su primer beso. El rechazo dolía como miles de agujas clavándose en su delicado cuerpo.
Peeta posó sus manos anchas en los delicados hombros cubiertos por el suave paño italiano que conformaba su lujoso abrigo, para poder alejarla con delicadeza. La reticencia que ella mostraba para abandonar la situación, hacía que tuviera que imprimir una mayor fuerza en sus hombros.
La puerta abriéndose era algo sumamente inoportuno en ese momento tan emocional. Delly lo soltó, sobresaltada por verse descubierta besando a un hombre de esa manera, y Peeta pudo girar la cabeza para observar al intruso. Los violentos ojos grises le indicaron que estaba en gravísimos problemas.
Katniss giró en sus talones, echándose a correr lo más rápido que sus tacones se lo permitieran. Peeta la había herido de una forma horrible y cruel. Arrojó descuidadamente la carpeta sobre el escritorio de Robba y le pidió, con toda la amabilidad que fue capaz, que se lo diera al "Señor Mellark" cuando este se desocupara.
-¡Katniss, espera!- escuchó decir a Peeta, y retomó su carrera.- ¡Katniss!
Ella no le dio tregua y recién pudo alcanzarla cuando trataba de abrir la puerta del auto de Gale. La tomó bruscamente del brazo para hacerla voltear.
-Escucha, fue un error. Delly es solo una amiga, yo no quería…- farfulló desesperado.
-Me haces daño, Peeta. Suéltame.- dijo Katniss, zarandeando su brazo. Él aflojó el agarre.- No eres mejor que ningún hombre de los que asisten al Majestic, Mellark. Me usaste, saciaste tu necesidad y ahora vuelves a los brazos de tu princesita.- agregó, con veneno en la voz.
-¡Eso no es verdad!- exclamó irritado.- Katniss, por favor, déjame explicarte.
-No me interesa lo que tengas para decir. Eres un mentiroso.- rebatió con dureza, notándose al auto, ante la mirada seria de Gale. Un solo gesto de ella y saltaría arriba del rubio.- Vámonos, Gale.
Dio unos pasos hacia atrás, para que no lo golpeara con la puerta metálica y le bastó con ver la expresión dolida de Katniss a través del vidrio del auto de Gale, antes que éste arrancara a toda prisa, para saber que aquello podía suponer un horrible punto de inflexión en su relación. Golpeó molesto el suelo. Demasiadas personas se habían metido entre ellos y no estaba dispuesto, bajo ningún concepto, a seguir tolerando aquello. Giró sobre sus talones y con determinación regresó a paso firme a su oficina, donde Delly aguardaba aún por él. Ella se sobresaltó cuando Peeta abrió con brusquedad la puerta, la ira que emanaba de sus ojos y el gesto rubicundo en su rostro le hizo ver que las cosas no había resultado ni un ápice como lo había planeado.
-Escúchame bien- siseó Peeta.- No tienes ningún derecho de venir a mi oficina, interrumpir mis tareas y generarme uno de los peores disgustos de mi vida, sólo porque a ti se te antoja que debo casarme contigo.- rugió, y ella se encogió en el mullido asiento. Jamás lo había visto tan furioso.
-Peeta… yo…
-Ni una mierda, Delly.- ella gimió ante el insulto.- La mujer que se marchó es la misma mujer que amo desde que soy un niño. No habrá otra en mi vida si no es ella, ¿lo entiendes, verdad?
Delly asintió con un gesto de dolor. Peeta no se apiadaría de ella ni por un instante.
-No soy un caballo, con el que te encaprichas y tu padre decide regalártelo.- agregó con amargura.- No provengo de una familia acaudalada y me hecho a mí mismo y eso, mi querida Delly, me da el derecho de casarme con quien yo quiera.- explicó con cierta crueldad.
-Peeta, lo lamento.- sollozó la rubia, escondiendo el delicado rostro entre sus enguantadas manos.
-Delly, Ross es un buen muchacho.- dijo él, ablandando el tono.- Está loco por ti. Sé de buena fuente que cuando tu padre le entregó tu mano, mandó a llenar el jardín de la casa con esas benditas rosas que tú quieres tanto.
Ella lloró más fuerte y Peeta, que en el fondo no podía tolerar que una mujer sufriera y menos por su culpa, se colocó de cuclillas al lado de su asiento. Le retiró las manos del rostro, contemplando sus mejillas ardidas y mojadas. Su expresión de cachorro no puedo hacer más que arrebatarle una sonrisa.
-Dale una oportunidad, Dell.- le pidió, acunándole el rostro con una mano.
Delly trató de decir algo, pero el nudo en su garganta era tan fuerte que se lo impedía, por lo que optó por asentir con la cabeza.
-Así me gusta.- rió él.- Ven, deja el protocolo de lado y dame un abrazo.
Y así lo hizo. Hundió el rostro en la curva de su cuello, aspirando su esencia tan masculina, y se permitió dejarse arrullar por el calor que desprendía su cuerpo. ¿Cuánto tiempo hacía que no recibía un abrazo así? Quizás mucho tiempo.
-Perdóname, Peeta.- susurró Delly, apenas separándose de él.- Le pediré disculpas a Kathy.- afirmó.
Él meneó la cabeza negativamente.
-Déjalo así. En parte es mi culpa. Ella y yo tenemos una relación algo complicada.- explicó Peeta.- Esto debo resolverlo yo mismo.
-De acuerdo.- suspiró Delly, aún con el remordimiento sopesando en su interior.
-¿Quieres un té o algo?- ofreció amablemente, erguiéndose.
-No, gracias. Pasaré por el tocador y luego me marcharé a casa.- respondió ella.- Tengo un ajuar que encargar.- suspiró.
Peeta sonrió complacido.
-De acuerdo. Luego me dirás que debo regalarte.- dijo él.
-Oh. Ya lo tengo decidido.- soltó risueña y Peeta la miró sorprendido.
-¿Tan rápido? Dime que es.
-Quiero que hagas el pastel. Sé que te salen magníficos.- respondió radiante, levantándose del asiento con un grácil saltito.
Cuando la joven aristócrata se marchó, él salió raudo de la oficina en búsqueda de la única persona que podía darle una mano con su problema.
Gale miró con suma preocupación a Katniss, su amadísima amiga no dejaba de llorar y sollozar, emitiendo una serie de soniditos lastimeros. Terminó aparcando el auto en las cercanías del paseo lateral del lago. Ella lo miró sorprendida, detrás las lágrimas.
-Ven. Daremos un paseo.- indicó el austriaco, mientras bajaba del auto. Lo rodeó para poder abrirle la puerta a su acompañante.
Caminaron en silencio hasta un lugar apartado, lejos de la mirada de los transeúntes.
-¿Qué ha sucedido?- preguntó con suavidad, mientras le tomaba el rostro con delicadeza. Una tras otra las lágrimas no dejaban de desfilar por su perfil.
-Peeta…Me engañó- respondió con un gran suspiró.
-¿Te engañó?
Katniss asintió con dolor.
-Solo quería acostarse conmigo, Gale. Y cuando lo hizo, regresó corriendo a los brazos de una preciosa rubia.- dijo con amargura.
El moreno sentía bullir la ira, primero porque la había hecho sufrir, segundo porque se había acostado con ella y tercero porque le había dado la impresión de que era mejor hombre de lo que él había creído. ¡Si hasta había aceptado su derrota frente a él!
-Lo mataré- gruño Gale, mirando hacia el lago con rabia.
-No vale la pena, Gale.- dijo Katniss, meneando la cabeza.- Era de esperarse. ¿Quién ama a una persona luego de estar seis años sin verse?
-Realmente pensé que te quería, Catnip.- mustió Gale, sorprendido y rabioso por la actitud del comerciante.
-Yo también.- sollozó Katniss.
La estrechó entre sus brazos y ella se aferró a su pecho, descargando todo su dolor allí. Se quedaron varios minutos así, hasta que ella, lentamente, fue rompiendo el contacto.
-Eres un gran amigo, Gale. Gracias.- mustió Katniss, antes de pararse de puntitas para besarle la mejilla.
La palabra "amigo" lo hería como la más mortal de las dagas, pero confiaba plenamente que, sin el panadero ladino en medio, a la larga terminaría conquistándola. No iba a bajar los brazos ahora.
Permanecieron algunos minutos en silencio, hasta que Katniss estuviera completamente calmada. Luego regresaron al vehículo.
Aquella noche, Katniss se esforzó por aparentar que nada malo sucedía. Desde el escenario divisó la figura de Peeta e hizo un esfuerzo sobre humano por ignorarlo." ¿Quién demonios se creía? ¿Pretendería acaso que ella fuera su amante mientras él tenía un prestigioso matrimonio? De eso ni hablar" Pensó con rabia la morena, mientras se colocaba su abrigo y retocaba su maquillaje. Esa noche, luego del show habitual, tenían permiso para divertirse y celebrar el cumpleaños de Gale.
De pronto se sintió muy mal, había aguado el día especial de su mejor amigo con sus lágrimas. Era una pésima amiga. Tendría que recompensarlo como sea. Se reprochó ser tan desatenta e hizo la nota mental de comprarle un regalo la semana entrante.
El viejo bodegón llamado El Holo, los recibió lleno de humo y música que recordaba con alegría a la vieja Europa. Un grupo de irlandeses interpretaban el River dance e invitaban a todos a bailar. Como no había más bebida que el whisky que había podido robar de la barra del Majestic, diez botellas en total, el grupo estaba más que achispado.
-Si no la controlas tendrás que llevarla en andas, precioso.- dijo con suspicacia Johanna, colocándose a la derecha de Gale, que tomaba de a sorbos el whisky con dos piezas de hielo. Su mirada de acero estaba clavada en su amiga, que bailaba despreocupadamente en medio de la pista junto con los otros. Reía tontamente por efecto del alcohol, y eso la hacía más encantadora aún.
-Eso me temo.- murmuró Gale, sonriendo de lado.
-Eso esperas.- puntualizó la mujer, dándole un pequeño codazo.
Él dejo salir su risa y chocó su vaso con el que ella tenía.
-Me conoces bien.- dijo él, riendo.
Johanna solo se limitó a sonreír, buscando así ocultar los celos que comenzaban a formarse en su pecho. En el poco tiempo que llevaban de conocerse, Gale definitivamente estaba haciéndose lugar en su corazón, y ella no deseaba eso, porque sabía que sería muy desdichada. Lo observó encaminarse hasta donde estaba la dichosa Katniss, no podía odiarla, era tan… tan… Katniss. La persona más transparente que hubiera conocido. Él posó sus manos en su cintura y ella volteó a verlo, invitándolo a unirse a la danza.
-Gale, creo que deberías llevar a Katniss a casa, no se encuentra bien.- murmuró con preocupación Annie, mientras le pasaba un paño mojado a su amiga por la frente. La fiesta seguía, pero Katniss estaba demasiado borracha para continuar en ella.
-La llevaré a mi casa, está más cerca. Necesito que me ayudes.- respondió él.
Annie asintió, observando cómo Gale levantaba a la morena en brazos. Él se despidió de todo con un leve gesto y algunos lo miraron con picardía al ver que llevaba una mujer de esa manera.
La cargaron en el auto y ella a penas se enteró. Una vez en el departamento de los Hawthorne, Annie la desvistió diligentemente, mientras Katniss se limitaba a dejar salir risitas tontas y mascullar palabrotas sobre lo mucho que le giraba todo.
-No le digas nada a Peeta.- dijo Katniss con voz pastosa, riendo como si hubiera cometido una divertida travesura.
-No le diré nada.- respondió su amiga, siguiéndole el juego, mientras la ayudaba a meterse en la cama.
Cuando Annie se retiró, dado que Rory la alcanzaría hasta su casa, Gale entró al cuarto donde yacía Katniss, para comprobar que estuviera bien. Estaba borracha como una cuba. El disgusto se aquella tarde le había dado fuerte y no había tenido mejor idea que ahogar, literalmente, sus penas en alcohol.
-Ay, Catnip.- suspiró Gale, acariciándole delicadamente el rostro, sentado sobre la cama, a su lado.
-Gale.- mustió Katniss, entre sueños.- No te he dado tu regalo de cumpleaños.- contó, despertándose un poco, con la voz pastosa.
-No hace falta.- dijo él, restándole importancia.
-¡Sí!- afirmó la morena, haciendo un mohín.-Te lo voy a dar…- confesó estirando los brazos para tomarle la cara.- Así.- explicó, antes de besarlo.
Él no se resistió a lo que le ofrecían tan amablemente. Entre abrió los labios y pidió permiso con su lengua para entrarse. Katniss accedió gustosa.
Ya estoy aquí! Nueva actualización, nuevo conflicto! Oh, oh, oh! ¿Qué pasará ahora? ¿Peeta se queda sin el pan y sin la torta? ¿Katniss y Gale darán rienda suelta a la pasión presos de un ataque de YOLO? Mmmhh... próximo capítulo la semana entrante... muajajajaja
Esta semana recibí nuevas notificaciones de seguidores, muchas gracias!
De todas maneras, agradezco a todas las personas que siguen la historia, ya sea que me lo hagan notar o lo hagan desde el anonimato, se agradece de igual manera! ^^
Everllarkglee4ever: Sí, por fin! :)
Baisers Ardents: Me alegro que te haya gustado tanto! :)
Catherine Cosseth: Ahora sí! Lo prometido es deuda, he aquí la famosa respuesta de Peeta. :)
Juliper22: Annie y Finnick son mis chuchis favoritos y quería hacer una escena bien linda para ellos, ahora están libres de Alma. Nadie podría resistirse a un Peeta así, tan apasionado y dedicado a amarla de esa manera! Espero que no te enojes mucho con el final de este capítulo, más cuando te habías reconciliado con Gale. :)
Katri Wishart: Si, definitivamente tienen muchas ganas de agarrarse a palos esos dos y Finnick, era obvio que no la iba a sacar barata. Lo de la apoyada me lo imagine con sonido y todo (tengo una imaginación muy sexy) (ja) (malísimo). Todo en la vida llega, los panaderitos sexys también, a no desesperar. Buenísimo que no te pareció burdo, a veces es complicado relatar este tipo de escenas sin irse al caraj*. Lo único que los para a estos dos... es Delly metiendo la pata! :)
Ivonnette: Bueno, hago una contestación general a todos tus reviews, gracias por todos. En primer lugar, sí, Katniss y Kathy son la misma persona, al menos durante el comienzo de la historia, algunos capítulos más adelante queda explicado de donde sacó el nombre. Segundo, siempre pasa, hay algunos fics que quedan relegados ante otros, pero buenísimo que te tomaste el tiempo para leer este. Tercero, de momento Prim no se lo dice directamente, se lo trata de explicar por carta. Cuarto, Annie y Finnick son los más tiernos del relato y Marvel y Snow los más odiosos, sin duda; sin embargo, la relación de Katniss y Peeta va a ser complicada a lo largo de la historia, dado que es el motor de la misma. Espero haber podido resolver algunas de las dudas que me fuiste planteando y muchas gracias por tus reviews! :)
Edy: La escena entre Katniss y Peeta causó estragos me parece! :)
Saludos,
Ekishka
