Capitulo 21

Bella POV

- ¡Seth baja ahora mismo o llegaremos tarde!

Hoy comenzaban las clases de nuevo y a mi hijo parecía no hacerle mucha gracia. Se quería quedar en casa jugando con sus nuevos juguetes que le habían hecho por navidad.

- ¡Pero no quiero ir! – me chilló de vuelta.

- Más te vale que bajes ya, porque como suba yo, te arrepentirás de no haberme hecho caso.

Llevaba cinco largos minutos gritándole que bajara para poder irnos al colegio. Liz ya estaba a mi lado esperando para salir.

Iba a comenzar con la terapia psicológica la semana que viene, se la veía bastante nerviosa y emocionalmente era un mar revuelto. En casa tratábamos de hacerla saber que con nosotros estaba a salvo y tratábamos de darle todos los cariños, sin excedernos, que podíamos.

- Bells yo me voy ya – me dijo Jasper besando mis mejillas. – No corras con el coche – rió.

Jasper había tenido la genial idea de comprarme un coche como regalo de navidad, pero no cualquier coche, ¡no!. Un Mercedes nos esperaba en el garaje para ser utilizado. Me había negado a aceptarlo pero la insistencia de Jasper y de Seth acabaron por derrumbar mis intentos de persuadir a Jasper para que devolviera el coche, y acabé aceptándolo.

- Ja, ja, mira como me rio Jazz – le contesté entrecerrando los ojos.

- Disfrútalo y no seas aguafiestas – me dijo después de darle un beso a Liz en la mejilla.

No pasé desapercibido como se tensaba ante el beso y como agarraba fuertemente mi brazo. Era una reacción que tenia bastante cuando Jasper mostraba cierto cariño hacia ella. Lo hablé con él y me dijo que era normal que tuviera miedo de los hombres y que no le molestaba si se mostraba distante con él, que era algo que él comprendía.

- Hasta luego Jasper – me despedí. - ¡Seth, baja ya! – volví a gritar.

Y arrastrando los pies bajó las escaleras con el coche teledirigido que le había regalado Jacob.

- ¿A dónde crees que vas con eso? – le pregunté entrecerrando los ojos.

- Al colegio. Quiero enseñárselo a Lilly – me sonrió.

- De eso nada. El coche aquí, ya se lo enseñaras cuando quedes con ella fuera del colegio.

- Pero mamá… - intentó quejarse.

- De peros nada. Déjalo en tu habitación y ven corriendo ya – le dije con la voz firme.

…..

Llegamos al colegio justo a tiempo. Dejé a Seth en su clase y fuimos a hablar con el director del colegio respecto a Liz, con ella agarrada fuertemente de mi mano y mirando a todos lados. Después de explicarle más o menos la situación, nos dijo que no nos preocupáramos y que si ella tenia que salir de la clase porque no se sentía bien, podría hacerlo sin problemas, que ya se encargaría él de hablar con el resto de profesores de Liz para que le permitieran salir sin oponerse.

La dejé en la clase que ahora le tocaba, no sin antes forcejear un poco con ella, no quería quedarse sola pero sabía que compartía las clases con Anthony y que él la protegería de alguna forma, y fui a la sala de profesores, tenia la primera hora libre así que iba a aprovechar a ordenar los trabajos que tenia pensado hacer para este día.

- Buenos días Bella – me saludó Mike cuando entré en la sala.

- Buenos días Mike.

- ¿Qué tal las navidades?, ¿se han portado bien contigo? – me preguntó cuando me senté en una silla vacía y puse los papeles sobre la mesa.

- No me quejo – le mentí encogiéndome de hombros.

Estas navidades había tenido de todo y la mayor parte de las cosas no habían sido precisamente buenas.

Me preparé para ordenar todo, pero él siguió hablando.

- Esto es para ti – me extendió el brazo, en su mano había un ramo de flores.

Me sonrojé y lo miré sorprendida por su detalle. Jamás pensé que Mike tendría ese tipo de sentimientos por mí.

- No es mío – me sonrió. – Aunque hubiera preferido que hubieran sido mías con tal de ver ese precioso sonrojo que adornan tus mejillas – y automáticamente, me sonrojé más.

Cogí el ramo con la mano temblorosa justo cuando entraba Rose a la sala.

- ¡Oh dios! – exclamó quitándome rápidamente el ramo de la mano. – Pero, ¿de qué vas Newton? – le gruñó.

- ¿Rose? – la miré sin entender su reacción.

- No son mías, mujer de hielo – bramó éste en respuesta.

- ¿Qué me has llamado? – le preguntó Rosalie furiosa y acercándose peligrosamente a él.

- Mujer de hielo – le contestó con burla. – Es un apodo perfecto para ti, ya que eres tan fría o más que el hielo.

- ¡Que te jodan, Michael! – le dijo Rose apartando su mirada de él y posándola en mí. Vi que Mike le iba a decir algo, pero suspiró y la ignoró – Sino son de él, ¿de quién son? – alzó el ramo para que lo viera.

- No lo sé – me encogí de hombros. – Justo cuando iba a ver si tenía tarjeta el ramo, tú me lo has quitado de las manos.

Lo revisó antes de dármelo con una sonrisa y dijo.

- Tienes un admirador anónimo – rió entre dientes. - ¿Creo saber quién es? – se sentó a mi lado y esperó mi respuesta.

- Si estás hablando de quién creo que estás hablando, – Edward… – no, no creo que sea de él – vi que iba a decir algo, pero en estos momentos no me apetecía nada hablar de él. Bastante tenia en la cabeza con lo de Liz, como para añadirle algo más. – Rose, no quiero hablar de ello aquí – le señalé a Mike con los ojos y un casi imperceptible movimiento de la cabeza y ella enseguida comprendió.

- Bien – se levantó de la silla y caminó hacia la puerta después de coger unos papeles de su balda. – Hablamos en la comida – me guiñó un ojo y salió de allí dejándome a solas con Mike.

Miré el ramo de nuevo. Era un arreglo precioso, pero que no tuviera tarjeta y no saber quien me las enviaba, hacia que me pusiera nerviosa.

- ¿Mike? – le llamé. Apartó la mirada de los papeles que estaba leyendo y me miró. - ¿Cómo sabes que son para mí sino tiene tarjeta? – buena pregunta…

- El repartidor que las trajo te estaba buscando, le dije que yo te las entregaría – me explicó.

- Ah.

Intenté ordenar todo lo que tenia encima de la mesa, pero me resultó imposible teniendo el ramo delante, mi cabeza solo pensaba en quién podía haberlas enviado.

Estaba más que segura de que Edward no había sido cuando dejamos aclarado que nos teníamos que alejar una temporada.

Después de una mañana desastrosa por no haber ordenado los papeles, llegó la hora de comer. Fui a buscar a Liz a su última clase como le había prometido y caminamos juntas hasta el comedor. Le pregunté qué tal le había ido la mañana, pero su única respuesta solo fue, un encogimiento de hombros.

Nos sentamos en una mesa solas, apartadas del todo el alumnado y los profesores, vi como Rose estaba buscándome con el ceño fruncido por no encontrarme. Al final me tuve que poner de pie y saludarle en la distancia con el brazo para que me viera.

- ¿Por qué coño te sientas tan apartada del resto? – me preguntó poniendo su bandeja encima de la mesa. - ¡Oh!, hola Liz.

- Hola – susurró mi pequeña sin levantar la mirada de su plato lleno.

- ¿Qué le pasa? – me preguntó en un susurró.

- Ya te lo explicaré después.

- Vale. Ahora cuéntame los de las flores y porque piensas que no pueda ser él - susurró.

- ¿Es necesario hablar de esto aquí y ahora? – le pregunté esperanzada de que me dijera que lo podíamos dejar para otro momento.

- Sí, es necesario – se llevó el tenedor a la boca con un trozo de zanahoria.

- Rose, esta Liz – musité.

- Y, ¿qué? – la miré fijamente durante unos segundos hasta que apartó la mirada de mí y clavó sus ojos azules en mi hija. – Liz, ¿por qué no…

- Come Liz – le corté a Rose antes de que acabara la pregunta.

Mi hija no se iba a mover de la mesa quisiera ella o no.

- ¿Qué pasa? – volvió a susurrarme.

- Eso te lo cuento después.

- ¡Joder, Bella! – exclamó tirando el tenedor encima del plato. – Si me vas a contar todo después… ¿qué coño hacemos apartadas del resto de personas?

Bien… tenía que contarle un poco lo que pasaba con mi hija y advertirle antes de nada que no dijera nada y que actuara como si le habría dicho algo normal.

- Ni se te ocurra alterarte, no hagas un escándalo – vi que asentía con la cabeza y como se llevaba la botella de agua a los labios. – Y no bebas – le advertí.

- ¿Qué coño? – preguntó molesta.

Me acerqué más a ella y tras echarle un vistazo a Liz – no estaba comiendo nada... – le susurré en el oído.

- Violaron a Liz en Forks – se tensó como sabía que iba a hacer y un gemido mezclado con un gruñido escapó de sus labios. – No te alteres – le recordé.

Me aparté de ella, giró su cabeza en mi dirección, sus ojos mostraban mucha ira, preocupación y pena, mucha pena.

- ¿Quién? – bramó en un susurro.

Le conté en susurros el asunto algo más detallado. Solo asentía con la cabeza e incluso creí verla limpiarse una lágrima de su mejilla con la mano.

- Por eso Anthony iba a ir a Forks – acabé de explicarle.

- Ese hijo puta…

- ¡Rose! – la reprendí cuando dijo aquello más alto de lo que debía teniendo a muchos niños alrededor.

- Lo siento, pero si Tony hubiera conseguido llegar a Forks, estoy segura de que algo gordo habría pasado y no estaríamos teniendo esta conversación ahora mismo – susurró.

- Lo sé, pero no llegaron y estamos haciendo todo, legalmente. No quiero más problemas, solo quiero que ese intento de persona esté entre rejas – le contesté en el mismo tono que su voz.

- ¿Es mayor de edad? – asentí. - ¿Ya tienes abogado?

- No. Edward me dijo que cuando tuviera la denuncia se la entregara a él para que se la diera a Emmett, pero… - me corté.

No le había contado a Rose todavía nuestro pequeño "acuerdo".

- ¿Pero? – insistió.

- Eso para luego, ¿vale?

- Claro, sin problemas. Cuando tengas la denuncia avísame y hablamos con Emmett. Le pondré al corriente cuando lo vea en casa.

- Gracias Rosalie – la abracé en un acto reflejo.

Ella pareció sorprenderse por mi repentino abrazo, pero al final me rodeó con sus brazos y me devolvió.

Estuvimos unos minutos en silencio comiendo o al menos intentándolo. Las tres estábamos metidas en nuestros pensamientos. Traté que Liz comiera un poco, pero fue misión imposible.

Pasé mi vista por todo el comedor. Vi a mi hijo hablar con Lilly mientras le daban la espalda al primo de ésta, tendría que hablar con él más tarde sobre eso. Debería de llevarse bien con todos, sin excepciones, no solo podía tener una amiga en todo el colegio. Seguí con mi recorrido hasta que me encontré con Anthony.

Estaba mirando en nuestra dirección, se encontraba sentado en una mesa apartado del resto como nosotras y no tenia siquiera una bandeja con comida. Lo que más me extrañó, era que estaba solo. Anthony era uno de esos chicos que siempre estaba rodeado de gente, como cuando lo conocí, después dejó de estar tan solicitado, desde que empezó a salir con Liz, estaba seguro de ello. Pero me chocó bastante verlo solo.

De repente apartó la mirada de nosotras y se levantó. Caminó hacia afuera del comedor, hacía los pasillos del colegio. Tenía que ir a hablar con él para agradecerle por preocuparse por Liz de esa manera, pero también regañarle por ser tan inconsciente y poner en peligro la vida de mi hija y la suya propia.

- Ahora vengo Rose – le anuncié. – Cariño quédate unos minutos con Rosalie, mamá ahora viene, ¿vale? – Liz asintió con la cabeza y sin apartar la mirada de su plato intacto.

Casi corrí para salir del comedor y encontrarme con Anthony en los pasillos.

- ¡Anthony, espera!

Me acerqué a él y lo agarré de un brazo para que parara de andar.

- ¿Te encuentras bien? – le pregunté preocupada.

- ¿Qué si me encuentro bien? – ironizó dándose la vuelta para enfrentarme. - ¿¡Qué si me encuentro bien! ? – alzó la voz. - ¡No, no me encuentro nada bien!. Y te diré porque – explotó. – En primer lugar, estoy harto de la situación de casa. Desde que mi madre echó a mi padre, esa casa parece la casa de las lamentaciones – abrí los ojos desmesuradamente ante su confesión. ¿Su mujer había echado a Edward a la calle?. ¿Cuándo?. ¿Se habrá enterado de lo nuestro? – En segundo lugar, – Anthony me sacó de mi ensimismamiento – ¡mi hermano pequeño se cuela en mi habitación para dormir conmigo porque tiene miedo de los chillidos que pegan mis padres cuando están juntos! – chilló golpeando una de las taquillas del pasillo con su puño. Agradecí que estuviéramos solos y que nadie se asomara a ver qué pasaba. – Y en tercer lugar y no menos importante, la única chica que ha sabido ver en mí, que me ve como realmente soy, me ha dejado porque ha sido violada por un grandísimo hijo de puta que debería de estar muerto – golpeó varias veces la taquilla con su mano, debía de detenerlo, iba a hacerse daño, estaba dejando la taquilla doblada por los golpes.

- Anthony – me acerqué a él para que dejara de golpear la taquilla y así evitar que se hiciera daño sino lo había hecho ya.

- ¡Deja de llamarme Anthony! – me gritó encarándome. – ¡Las únicas personas que me llaman así, son mis padres o abuelos cuando no me comporto! – gruñó.

- Tranquilízate, An… Tony – me corregí rápidamente al ver la ira de sus ojos crecer.

- No me pidas que me tranquilice – golpeó de nuevo un par de veces la taquilla.

Estaba bastante decaído. Parecía incluso deprimido, yo sabía cómo era estar así y él parecía deprimido e incluso perdido, muy perdido.

- Mamá – la voz de mi pequeño sonó a nuestras espaldas.

Me giré lo suficiente para ver a Seth sin perder de vista a Anthony, que ahora tenía la frente apoyada sobre la taquilla que había golpeado y también tenía los ojos fuertemente cerrados.

- ¿Qué?

- ¿Puede venir Lilly a casa después de la escuela? – los ojos de ambos brillaron esperando por mi respuesta.

- Cariño – le indiqué que se acercara. – Vete a buscar a Rosalie y dile que venga.

- Pero, ¿luego podrá venir Lillian a casa?

- Ve a buscarla y le preguntáis a su mamá – le sonreí.

- ¡Vale! – gritaron los dos al unísono chocando sus manos.

Desaparecieron corriendo por la puerta que daba al comedor. Suspiré y me giré para quedar de frente otra vez con Anthony. Me acerqué a él y con la mano temblorosa por miedo a su reacción en cuanto pusiera la mano en su hombro, le hablé.

- Tony – musité suavemente frotando su espalda. – Necesitas tomar aire, vamos a la calle.

- No – gimió. – No quiero moverme de aquí – su voz sonaba rota, aun así, no caía ni una sola lágrima por sus mejillas.

- Esta bien, nos quedaremos aquí, pero respira hondo.

Lo siguiente que pasó me dejó fuera de lugar. En un rápido movimiento se giró y se aferró a mi cuerpo fuertemente. Sus brazos rodeaban mis hombros y su cabeza estaba hundida en el hueco de mi cuello. No me había fijado bien hasta ahora, pero Anthony era un chico bastante alto para tener solo quince años.

- ¿Por qué? – repetía una y otra vez en mi cuello.

Rodeé su cintura con mis brazos y lo pegué un poco más a mí.

- ¿Por qué? – volvió a repetir.

¿Qué le podía contestar a sus por qué?

No sabía exactamente de qué tema de los que me había soltado hace unos minutos estaba hablando. Intenté buscar una buena respuesta, pero mi cabeza no estaba por la labor.

- ¿Bella?, ¿Tony? – gracias a Dios, Rose había llegado en el momento exacto.

Anthony se apartó de mí en un movimiento rápido y brusco. Ambos nos giramos para mirar a Rose y Liz que nos miraban curiosas e incluso vi preocupación en la mirada de mi pequeña.

- ¿Te encuentras bien Tony?

¡Oh, Rose!, pregunta incorrecta, pensé.

Como le soltara lo que me acaba de soltar a mí, estoy iba a ponerse…

- Sí – le contestó.

Me giré para mirarlo, él me devolvió la mirada, había desaparecido ese chico decaído con el que había tratado hablar. Sin decir una palabra más y mirando una última vez en dirección de las chicas, se giró y se fue hacia el lado contrario en el que estaban Liz y Rosalie.

- ¿Qué le pasa? – preguntó Rose acercándose a mí. Vi como mi hija se mantenía al pendiente de mi respuesta.

- No lo sé – me encogí de hombros.

- Luego hablaré con él – nos informó Rose. – Lilly me ha preguntado si podía ir a tu casa después del colegio, antes de contestarle quería consultarlo contigo – cambió rápidamente de tema.

- Si tú no tienes problema, yo tampoco.

El timbré sonó justo en ese momento. Caminamos las tres juntas hacia la sala de profesores, ahora tenia clase con Liz, así que al menos sabría cómo estaba afrontando todo esto en el colegio rodeada de alumnos.

- Luego tengo la hora libre, ¿y tú? – me preguntó Rose antes de despedirse de nosotras en el aula.

- Sí, esta es mi última clase.

- Te espero en la sala de profesores.

- Vale.

Los minutos pasaron, mi pequeña ya no se sentaba en el mismo sitio de siempre junto a Anthony, ahora ambos se sentaban solos y cada uno en una esquina de la clase.

Pude ver que Liz no levantaba la mirada de su cuaderno y que posiblemente lo que estaba haciendo en él, era garabatear y no escribir los apuntes de clase. Menos mal que empezaba la terapia la semana que viene con una de las mejores psicólogas de la ciudad. Jasper había hablado maravillas de la doctora, yo solo recordaba su nombre.

María.

Había hecho lo posible para que él atendiera a Liz, pero ambos parecían estar en desacuerdo con mi opinión, así que dejé de intentarlo cuando me habló de esa doctora.

Cuando dio por finalizada la clase, acompañé a Liz hasta el gimnasio. Me despedí de ella y le prometí que estaría antes de que sonara el timbre en la puerta del gimnasio.

Caminé rumbo a la sala de profesores, en cuanto entré Rose ya me estaba esperando con un par de cafés en sus manos.

- Siéntate y empieza – me señaló la silla que había a su lado.

- Déjame al menos llegar – bufé.

- Estas tardando – rodé los ojos y sin molestarme en dejar las cosas en mi balda, me senté a su lado.

- ¿Qué quieres saber? – le pregunté en un suspiro.

- Todo – fue su turno de rodar los ojos.

- Ya te he contado lo de Liz en el comedor, no hay mucho más que contar.

- No quiero que me cuentes lo de Liz otra vez, aun estoy tratando de asimilarlo – dijo tristemente.

- Entonces, ¿qué quieres que te cuente?

- Qué ha pasado entre Edward y tú.

- Ya te conté lo que pasó entre él y yo – le pegué un sorbo a mi café quemándome los labios, me llevé la mano a la boca por el dolor.

- Cuidado, quema – rió entre dientes.

- Gracias por avisar – le gruñí.

- No cambies de tema.

- No estoy cambiando de tema – me defendí. – Ya te conté lo que pasó en navidad.

- Sí, eso me quedó claro. Ahora quiero saber que ha pasado después de eso. Habéis ido hasta… - se llevó el dedo índice a la barbilla y alzó la mirada en un gesto de que estaba pensando.

- Port Ángeles – reí al ver como fruncía el ceño por no recordar el nombre.

- ¡Eso! – exclamó clavando sus ojos en mí. – Estoy segura de que algo ha pasado allí. Estuvisteis, ¿cuánto?, ¿dos horas en el coche metidos?. En dos horas podéis hablar de muchas cosas y estoy segura de que hablasteis de vosotros.

- No tenia la cabeza en ese viaje de dos horas para hablar de nosotros, Rose.

- Lo sé. Pero Edward me contó que Liz quería hablar con Tony a solas y que lo han dejado – volvió a sonar apenada. – ¿Dónde estabas tú mientras ellos hablaban?

Bien, de una cosa estaba muy segura. Rose sabía más de lo que me quería demostrar.

- Suéltalo ya – dije antes de pegar un sorbo a mi café. Ya no estaba tan caliente.

- Te lo volviste a tirar – rió.

- A mi no me hace gracia – bramé. Detuvo sus risas y me miró con la disculpa en sus ojos. – Me lo volví a tirar – afirmé.

- No perdéis una, ¿eh? – me pegó con su codo en mi brazo, mientras alzaba las cejas sugerentemente. – ¿Ahora qué haréis?

- Nada.

- ¿Nada?

- Nada – repetí. – Cuando llegamos fuimos al hospital para que revisaran a Liz, no podía quedarme en la habitación así que me ofreció ir a su despacho, accedí y…

- ¡Te lo volviste a tirar! – exclamó entusiasmada cortándome.

¿Qué le pasaba a esta mujer con su cuñado?

No me parecía nada lógico que se alegrara e incluso se haga una fiesta mental pensando que me acosté con Edward.

- ¡No!. Claro que no me lo tiré – le dije incrédula.

- ¿No?

- No. Si me dejaras acabar te…

- Sigue – me cortó ahora ella, rodé los ojos y seguí hablando.

- Hablamos.

- ¿Hablasteis? – asentí con la cabeza. - ¿De vosotros?

- Sí. Estuvimos hablando y hemos pensado que lo mejor era que nos alejáramos el uno del otro durante una temporada. No es bueno para ninguno de los dos.

- Créeme, lo sé – suspiró.

- ¡Joder, Rose!. Si lo sabes, ¿por qué coño mes estado lazando a sus brazos durante todo este tiempo?

Y como siempre me pasa en estos casos…

El timbre sonó dando por finalizadas las clases. Me quedé con la curiosidad de su respuesta, pero tenía que ir a buscar a mi hija corriendo, ya se lo volvería a preguntar en otro momento.

En otro momento que al hablar de Edward no me causara daño, como lo hacía ahora.

- Mierda, tengo que ir a por Liz y todavía no he preparado lo de mañana – gemí levantándome de la silla.

- ¿Quieres que vaya yo a buscarla?

- No. ¿Me tengo que llevar a Lilly? – le pregunté cogiendo algunos papeles que necesitaba para preparar las clases de mañana.

- No. ¿Me invitas a un café en tu casa? – me sonrió ampliamente cuando me giré para mirarla.

- Claro – le respondí con una sonrisa.

- Entonces encárgate tú de Liz, yo me llevo a los pequeños – asentí con la cabeza. - ¿Jasper vendrá a buscarte, no?

- No. Al muy… – no podía insultarlo después de todo lo que había y estaba haciendo por nosotros – le ha dado por regalarme un coche por navidad, así que ya tengo medio de transporte.

- ¡Eso es genial! – para ti, pensé. – Nos vemos en tu casa, Bella.

Me despedí de Rose y fui a la carrera a buscar a Liz al gimnasio. Aun no habían salido cuando llegué. Tardó poco más de un par de minutos en salir cabizbaja con Anthony pisándole los talones.

Caminamos juntas en silencio hacia el coche. Abrí la puerta del copiloto para que Liz entrara y después rodeé el coche para montarme por la puerta del piloto.

- Isabella – me giré al escuchar mi nombre.

Vi como Demetri, el profesor de gimnasia de Liz y Anthony se acercaba más a mí con las mejillas ligeramente rosadas.

- Hola – le saludé. – Solo Bella – le corregí – le sonreí.

- Hola Bella – me sonrió. - ¿Recibiste el ramo de flores? – me preguntó avergonzado y rascándose la nuca con la mano libre, en la otra llevaba su maleta de deporte.

Así que el ramo era suyo… ¡Joder! Me lo había dejado en la sala de profesores… recordé.

¿Por qué me había mandado un ramo de flores?

Apenas habíamos hablado en estos meses, nunca lo había visto mirarme de diferente forma que el resto de los profesores, bueno a excepción de Mike.

- ¿Era tuyo? – me quería asegurar.

- Sí – volvió a sonreír.

- Es precioso – le sonreí.

- Me alegra saber que te haya gustado.

- ¿Por qué no pusiste tarjeta? – la curiosidad podía más que yo.

- Estaba en dudas si decirte quien era o no, así que decidí no ponerla. Pero he estado pensando a lo largo del día y al final he optado por… - se cortó, estaba nervioso, podía ver como una gota de sudor le caía por la frente. - ¿Quieres salir a cenar alguna vez conmigo? – preguntó de carrerilla.

Edward POV

Había pasado una semana desde que Bella y yo decidimos alejarnos un tiempo y desde que Alice me había invitado a comer. Estuvimos hablando durante horas de nuestros logros laborales. Yo no había conseguido más de lo que tenía, pero ella se estaba haciendo grande según iba pasando el tiempo. Trató de averiguar qué estaba pasando entre Tanya y yo, pero no solté prenda, no estaba preparado para hablar de nada relacionado de Tanya, con ella. Primero quería y tenía que arreglar mi cabeza y ya puestos mi corazón.

Quería irme al hotel, quería llegar a la cama y tumbarme, quería dormir. Había dejado la casa de mi hermano hace un par de días, no quería ser una carga para ellos como sabía que era, a pesar de que ellos lo negaran. Así que decidí irme a un hotel donde no molestaría a nadie.

Acababa de salir de urgencias, no había tenido tanto trabajo como acababa de tener en mucho tiempo. Salí del ascensor cuando llegué al piso donde se encontraba mi despacho. Caminé decidido hacía mi consulta pero la voz de Ángela me hizo detener mis pasos.

- Sr. Cullen – me giré para mirarla. – Su madre le espera en su despacho – me sonrió nerviosa.

Suspiré y tras pasar la mano por mis cabellos una vez, me giré de nuevo y fui a mi despacho.

No me apetecía nada hablar con ella, porque sabía que había venido a hablar, pero cuanto antes empezara, antes iba a acabar.

Abrí la puerta lentamente y tras un último suspiro, entré.

- Hola mamá – me acerqué a ella con una sonrisa forzada y besé sus mejillas.

- Hola cariño – me saludó tras levantarse de la silla en la que se encontraba sentada.

- ¿Qué haces aquí? – probé a preguntar, esperanzado de que solo hubiera venido para hacerme una visita.

- ¿Has comido? – evitó mi pregunta.

- No – me acerqué a mi sillón y me dejé caer en él. - ¿Por qué?

- ¿Ya has acabado de trabajar? – volvió a evitar mi pregunta.

- Solo me queda rellenar un informe.

- Bien. Ponte a trabajar, te espero – se sentó en el sofá y sacó de su bolso una revista de interiores.

Tardé más de lo esperado en rellenar el informe. Estaba nervioso, tener a mi madre en frente de mí, mirándome de vez en cuando mientras trataba de concentrarme en lo que escribía me estaba sacando de quicio.

Después de revisar el dichoso informe doce veces para comprobar que estuviera bien y enviarlo, apagué el ordenador y me levanté del sillón.

- Ya he acabado – anuncié caminando hacia el perchero para dejar la bata y coger el abrigo.

- ¿Ya? – preguntó sorprendida alzando la mirada de su revista.

- Sí.

- Bien. Vamos entonces, te invito a comer.

- Mamá… - intenté quejarme mientras la ayudaba a levantarse del sofá.

- No, no voy a permitir que te niegues. Vamos a ir a comer a un sitio tranquilo que conozco y vamos a hablar.

Bien, lo que me temía. Ahora tenía unos pocos minutos para prepararme mentalmente para la conversación de madre e hijo. Esto prometía ser difícil.

Salimos del edificio y caminamos hacia mi coche. Me había informado que había venido con papá en el suyo. Montamos en el coche y tras preguntarle a dónde íbamos – su respuesta fue, arranca y yo te guio – comencé a conducir.

- ¿A casa? – le pregunté en cuanto comencé a ver la carretera general que iba a casa de mis padres.

- Sí – se giró para sonreírme. – Ya te dije que conocía un sitio tranquilo para hablar – rió por lo bajo.

Temblé, pero pude disfrazarlo fingiendo que tenia frio mientras subía la calefacción del coche para que mi madre no sospechara.

- No me tengas miedo hijo – ¡me pilló! – Solo vamos a comer y hablar, nada más.

Claro, nada más…

Podía comer sin dificultad o eso creía, pero hablar… hablar era otro cantar. Estaba más que seguro, de que quería hablar mi madre y eso… eso me acojonaba.

Aparqué en el garaje de la casa, me bajé y ayudé a salir a mamá del coche.

Entramos en la cocina, era increíble que ya tuviera todo preparado.

¿Qué pasaba si yo ya había comido?

¿O si no salía a estas horas de trabajar?

¿Y si tenía planes?

- Deja de preguntarte y si – miré a mi madre sorprendido de que supiera que estaba pensando en eso. – Soy tu madre, Edward. Te conozco no como si te hubiera parido. ¡Te he parido! – exclamó con una enorme sonrisa.

Nos sentamos en la mesa del comedor unos minutos después. La ayudé a llevar todo lo que había preparado para comer hasta el comedor y después de descorchar una botella del mejor vino, lo serví en su copa y después serví agua en la mía.

- ¿No me vas a acompañar? – me preguntó con una ceja alzada y una pequeña sonrisa dibujándose en los labios.

- No. Ya no bebo – le dije sonrojándome un poco.

- Eso está muy bien, Edward – palmeó la mano que tenia encima de la mesa.

Comimos en silencio, cosa que agradecí, así podía tener más tiempo para prepararme por lo que se avecinaba.

La ayudé a quitar la mesa y a meter los platos y los cubiertos en el lavavajillas. Tomamos el café en la cocina mientras hablábamos de nuestros trabajos. Estábamos hablando animadamente cuando mi teléfono móvil empezó a sonar.

- Disculpa mamá – le dije apretando el botón de descolgar, sin mirar quien me llamaba y llevándome el aparato a la oreja. – Hola.

- Edward vuelve a casa.

- No, no pienso volver a casa – susurré lo suficientemente bajo para que mi madre no me oyera.

- Por favor, no aguanto más.

- Pues tendrás que aguantar, hasta ahora lo has hecho, no seas quejica – seguí susurrándole.

- Edward por favor – lloriqueó.

- ¡No! – le dije con voz dura y colgué.

Pasé las manos por mis cabellos asqueado.

¿Qué diablos le pasaba?

- ¿Qué estás haciendo con tu vida, hijo? – miré a mi madre con el ceño fruncido.

¿A qué venía esa pregunta?

- ¿Qué?

- ¿Qué estás haciendo con tu vida? – repitió. Su voz sonó dura pero sus ojos mostraban comprensión.

- ¿Qué quieres decir?

- No has susurrado tanto como creías. Si Tanya te pide que vayas a casa, puedes ir. Podemos hablar en otro momento, no quiero meterte en problemas con ella por mi culpa y…

- Mamá – le corté. – No era Tanya.

- ¿Entonces a quien le decías que no ibas a volver a casa? – sus ojos se abrieron desmesuradamente.

Y aquí venia lo difícil…

- Era Emmett – dije en tono bajo y agachando la mirada.

Llevaba llamándome todos los días al móvil desde que dejé su casa, tan solo hace un par de días. Tenia más llamadas perdidas de él que de cualquier otra persona. Era increíblemente pesado.

- ¿Emmett?

- Sí – susurré a la vez que asentía con la cabeza.

- ¿Para qué te pedía que volverías a casa? – alcé el rostro para mirarla. Estaba con una ceja alzada mirándome fijamente mientras esperaba a que le contestara.

- Porque he estado unos días viviendo con ellos – le confesé agachando de nuevo la cabeza.

- ¿Unos días? – asentí. - ¿Por qué?

Ahí íbamos…

- Porque Tanya me echó de casa a principios de mes – confesé sin apartar la mirada de mis manos entrelazadas sobre la mesa.

- ¿Qué? ¿Por qué? Fue porque no viniste a cenar en fin de año, ¿verdad?

- Mamá… – intenté.

- No sabes lo decepcionada que se la veía cuando nos pusimos a cenar con tu silla vacía – siguió. – Nos decepcionaste a todos – susurró. - ¿Dónde estuviste? – me chilló de repente golpeando la mesa con su mano.

Me sobresalté ante el golpe.

- Mamá – alcé la cabeza para que dejara de hablar y que me dejara explicarle, pero me arrepentí en el acto. Un par de solitarias lágrimas recorrían sus mejillas. – No llores, mamá – me levanté de la silla y me senté en la que estaba a su lado para abrazarla. – Es complicado y… - comencé, pero ella me lo impidió.

- Shh – puso un dedo en mis labios. – Entiendo que vuestros problemas, son solo vuestros, pero me sentí tan decepcionada de que no vinieras.

- Mamá, déjame…

- No, no es necesario que me expliques nada. Pase lo que pase entre vosotros, espero que lo solucionéis pronto. Yo solo estoy aquí para apoyarte – acarició mi mejilla.

Cerré los ojos y suspiré.

Menos mal que había comprendido sin siquiera que yo abriera la boca, que los problemas de mi mujer y míos eran nuestros, porque si no lo llega a comprender, no sabía si iba a tener la fuerza suficiente para tener esta conversación con mi madre.

- Llevo muchos meses sin beber – dije unos minutos más tarde abriendo los ojos. – Estoy haciendo terapia con un psicólogo y estoy tratando de arreglar las cosas con Tanya.

- Cariño no es necesario que me cuentes todo esto – volvió a acariciar mi mejilla suavemente.

- Quiero hacerlo, no quiero volver a decepcionarte – quería contarle como estaba yendo mi vida hasta el momento, sin detallar demasiado.

Tal vez eso sonaba muy poco maduro de mi parte, pero mi madre siempre había sido una persona importante para mí en la vida y no quería decepcionarla, no otra vez. No solo lo había hecho estas navidades, cuando tuve los problemas de alcohol sabía que también estaba decepcionada, al igual que los problemas de matrimonio que estaba teniendo. Aunque no dijera nada porque no le correspondía, sabía que estaba muy defraudada.

- Voy a hacer todo lo posible para que mi matrimonio funcione – volví a decirle después de salir de mis pensamientos.

- Me alegra escuchar eso, cariño. Espero que estés haciendo lo correcto – la miré con el ceño fruncido ante esas palabras.

- ¿Qué quieres decir?

- Que espero que ambos toméis las decisiones correctas. No me quiero meter, Edward, pero no solo sois vosotros dos. Tony y E.C. también sufren por vuestros roces. Quiero a Tanya como si fuera mi hija, pero creo que deberíais de tomaros las cosas con más… – se quedó en silencio unos segundos buscando la palabra adecuada. – Más madurez – dijo finalmente.

- Lo sé – susurré concordando con ella.

- Pensar en Tony y E.C. aparte de vosotros mismos – besó mi mejilla antes de levantarse de la silla y salir de la cocina.

Tenía mucho en que pensar. Mi madre no era la única que me había dicho que pensara en los niños, ellos eran importantes y también sufrían como me había contado Tony cada vez que Tanya y yo discutíamos. E.C. era el que peor parte se llevaba.

…..

Dos semanas más tarde…

Aparqué frente a la puerta del garaje de mi casa y bajé del coche. Estaba dudando si abrir con mi llave la puerta principal de casa o tocar el timbre.

Opté por lo segundo.

Toqué el timbre y esperé pacientemente a que Tanya o cualquier otro miembro de mi familia abrieran la puerta. Tuve que tocar el timbre una vez más porque nadie venia a abrir. Al menos Tanya debería de estar en casa, ya que tenía el coche aparcado fuera del garaje.

- ¡Ya voy! – la escuché gritar desde el interior.

Comencé a ponerme más nervioso de lo que ya estaba cuando escuché su voz. Esto era completamente ridículo… parecía un adolescente que iba a buscar a su chica para su primera cita.

Pasé nerviosamente mi mano por mis cabellos hasta que la puerta se abrió de golpe.

- ¿Edward? – me preguntó Tanya sorprendida.

Me fijé en ella, estaba más hermosa de lo que la recordaba – ya había sido capaz casi de olvidar el rostro de mi mujer y solo habían pasado unas semanas... – Llevaba tan solo el albornoz puesto y una toalla sobre la cabeza, solo con eso puesto se veía preciosa.

- He venido a hablar – le dije después de recorrer su cuerpo con mi mirada.

- Está bien, pasa – me contestó sonrojada y echándose a un lado para que entrara.

Nos sentamos en el sofá del salón un poco apartados, el uno del otro. Mis manos sudaban y mi pierna no paraba de temblar. Traté de poner en orden mis pensamientos para empezar a hablar. Había pensado mucho en esta conversación durante los tres anteriores días, también la había imaginado y tal y como estábamos, no era nada comparado a lo que mi mente había creado. Me había jugado una mala pasada, había imaginado esta conversación mucho más fácil de lo que realmente era.

- He estado pensando – dije pasado unos minutos.

- Yo también – dijo ella acercándose más a mí.

- Creo… creo que deberíamos darnos una oportunidad. Yo… yo aun te amo – giré un poco mi cuerpo para mirarla de frente y clavé mis ojos en los de ella que también estaba girada hacía mí.

Sus ojos brillaban con emoción al escuchar mis palabras.

- Yo también creo que deberíamos de darnos otra oportunidad y yo también te sigo amando.

- Eres una de las personas más importantes de mi vida – seguí hablando. – No quiero perderte – me acerqué más a ella y alzando mi mano derecha, acaricié su mejilla.

- Yo tampoco quiero perderte – susurró muy cerca de mis labios.

- Entonces démonos una oportunidad – rocé sus labios.

- Claro. Podremos superar esto juntos - susurró.

- No más discusiones – atrapé su labio inferior con mis labios.

- No más reproches – abrió su boca dándome acceso a ella.

Mis manos viajaron a su cintura y de un rápido movimiento la puse encima de mi regazo, con las piernas una a cada lado de mi cuerpo. Subí mis manos y me deshice de la toalla que tenia envuelta en la cabeza, dejándola caer al suelo.

- Solo sinceridad – dijo antes de atacarme la boca de forma voraz.

- Te quiero Tanya – le dije entre jadeos cuando dejamos de besarnos por la falta de aire.

- Yo también te quiero Edward – frotó su entrepierna con la mía y eso fue mi perdición.

Volví a tomarla de la cintura y la tumbé en el sofá, me coloqué entre sus piernas desabrochando el botón y bajándome la cremallera del pantalón. La besé en la boca, nuestras lenguas jugaban juntas mientras bajaba un poco mis pantalones y mi bóxer dejando libre mi creciente erección.

- ¿Están los niños en casa? – le pregunté antes de atacar su cuello.

- No – gimió.

Deshice el nudo del albornoz y lo abrí apartándolo a ambos lados de su cuerpo. Acababa de salir de la ducha porque ni siquiera llevaba ropa interior.

Gruñí al verla desnuda con los pezones erectos y seguramente con la entrepierna mojada.

Pero…

No pude evitar compararla con el cuerpo de Bella.

Tanya tenía un cuerpo diez, pero Bella tenía el cuerpo mejor. Sus pechos no eran tan grandes como los de Tanya, pero eso a mí me gustaba, nunca me habían importado que no fueran excesivamente grandes, con eso no quiero decir que mi mujer los tenga enormes, no, solo que los tiene un poco más grandes que los de Bella.

El vientre de Tanya era plano al igual que el de ella, lo único que las diferenciaba en esa zona, era la cicatriz de la cesárea que Bella tenía en el abdomen.

Las piernas… las de Tanya eran un poco más largas debido a que ella era más alta que Bella. A pesar de ello, Bella tenía unas piernas bien torneadas, incluso me atrevería a decir que mejor torneadas que las de Tanya.

Me adentré en ella de una sola embestida, sin previo aviso y sin ponerme un condón. No tenía tiempo para entretenerme, necesitaba sentirla alrededor de mi pene. Pensar en Bella en estos momentos no me estaba ayudando en absoluto. Lo único que me estaba provocando era que quisiera tenerla a ella debajo de mí, en vez de mi mujer.

- ¡Edward! – gimió Tanya en cuanto la penetré.

Ataqué su boca mientras comenzaba con mi vaivén desenfrenado, no quería seguir pensando en Bella y ésta era una de las posibles cosas que podía hacer, para no pensar en ella. Ésta era la decisión que había tomado, seguir con mi mujer y arreglar nuestras pequeñas diferencias, así que no podría arrepentirme de ello, aun la amaba.

Y con el paso del tiempo, lograría olvidarme de Bella y todo lo que ella me hacía sentir.


Buenas! otro capitulo más... y Edward sigue en con su terquedad y sin abrir los ojos... pero pronto los abrirá, poco a poco... Y Bella... no tengo palabras para ella.

Espero que hayais disfrutado del capitulo :P.

Gracias a mi Beta tlebd por darme el visto bueno con el "capitulo" jejeje. Gracias tambien a Yzza por tu pequeña aportación en el capitulo :P.

Muchas gracias a toooodos vuestros reviews! ¡mirar que contenta estoy! :D:D:D, cada vez sois más las/os que comentais y eso es un buen subidon para mi autoestima jajaja, gracias a los reviews y que me leeis, sigo escribiendo estas locuras. Gracias por las alertas, favoritos y a los que solo leeis. Bienvenidos a las/os nuevas/os lectoras/es :P

Nos leemos en el siguiente! espero que pronto ^^

Saludos!