Bueno, parece que el anterior ha dejado si no dudas, si leves impresiones

¿Olvidaría ya todo Ron?

Bueno, este es para resolver eso…

SMaris: Gracias por comentar, no te preocupes por el retraso, cuando sea es bueno

Gracias por leer, ojalá optaran por comentar, pero tampoco se puede obligar a nadie, ojalá este les guste y les provoque dejar un review

Saludos!!!

Frunció el ceño mirando al techo, era blanco como el de la habitación de su padre en San Mungo aquélla vez, eso sí lo recordaba sin esfuerzo, también podía recordar que su nombre era Ronald Bilius Weasley, el Bilius por un tío, según creía; tenía hermanos, Bill, Charlie, Percy, George y Ginny, tragó saliva, le faltaba alguien, frunció el ceño y chasqueó la lengua, ¿Quién?, ¿Quién?, ¡¿Quién?! Se llevó la mano a la frente, procurando hacer presión para ver si se le despejaba el entendimiento; repasó los rostros de todos sus hermanos y entonces pudo quitarse la duda, George tenía un gemelo, ¡Fred! ya lo recordaba, había muerto hacía poco, sintió un espasmo en el pecho, se sintió más culpable que nunca, había olvidado a Fred, se quejó dando un gruñido, se dio la vuelta en la cama y se encogió contra el colchón. Le dolía la cabeza de tanto presionar su memoria, pero necesitaba alentarla o cuando volvieran a verlo iba a ser incómodo, delator y triste para todos ver que no podía recordarlos si no le daban un minuto para pensar y atar cabos.

Suspiró tratando de recordar la razón por la que estaba en cama, no le fue difícil, era por Hermione, por McGonagall, su muerte y lo ocurrido en la habitación; suspiró cerrando los ojos una vez más, podía ver esos ojos castaños perdidos en el dolor, al menos había impedido que se evaporara otra vez, la había retenido con él a fuerza de sacrificio, de matarse; sintió que volvía a marearse, se reprendió por ser tan débil y golpeó el colchón con rabia.

-Desahógate lo que quieras… porque cuando empiece los regaños no vas a poder con ellos, Ronald. –Ginny entró sin siquiera llamar antes, Ron la miró sin decir nada, lo que menos necesitaba era una reprimenda, sin embargo era conciente de que la tendría.

-Si me vas a gritar como si fueras mi madre, de una vez te aviso que te voy a contestar… porque no estoy de humor. –Soltó seco escupiendo las palabras, mirando al techo.

-¡Ah!, ¿No estás de humor? –Ginny le miró furiosa, se pasó al lado de la cama frente a él para gritarle a gusto. -¡Eres un idiota, Harry ya me lo ha dicho todo!... ¡Has tocado fondo Ronald!... eres un bruto insensible… ¿Es que acaso no piensas? –Preguntó atragantada, con las manos en la cintura en una perfecta posición de jarra; Ron infló las mejillas conteniendo las ganas de gritar.

-No te importa. –Vociferó ahogado, ella le miró aún más enojada y se tiró sobre él tomándolo por los hombros para zarandearlo.

-¡Es que sólo piensas en ti!... ¿Hermione no te importa? –Dijo rabiosa, al escuchar semejante acusación Ron se puso morado del coraje y jaló aire.

-¡Maldita sea!... claro que me importa… ¡Es lo más importante en mi vida!... por eso lo hice, por eso mandé todo al demonio… ¡Porque la amo más que a mi vida! –Gritó furioso, de un empujón se quitó a Ginny y se sentó a la orilla de la cama del lado opuesto a ella. -¡Hice lo que podía para recuperarla!... porque lo que ella tenía ya no era vida, sin recuerdos, sin nada… no podía siquiera recordar su nombre, ¿Es eso lo que querías para ella?... ¡Que se quedara para siempre como un zombi! –Dijo rabioso con lágrimas en los ojos, entrecortado por la rabia tomándose la cabeza con las dos manos, temiendo que de un momento a otro fuera a estallarle de dolor; Ginny lo miró fijamente, cerró los ojos con pena y se sentó en la cama dándole la espalda mirando al muro.

-Harry está con ella, va a decirle todo… -susurró sobrecogida, Ron abrió los ojos asustado pero no se movió un milímetro, permaneció con las manos apretándose las sienes, con el cabello en el rostro. -… cuando ella lo sepa, te va a odiar por hacerle esto, de todas las idioteces que has hecho, esta es la peor. –Masculló sin ánimo de ofenderlo.

-Yo sólo quiero que esté bien. –Confesó sin ganas de gritar más, Ginny no dijo nada, suspiró sonora y sollozó con gran estruendo.

-¿Qué va a ser de nosotros? –Preguntó con la voz quebrada llorando a pierna suelta, Ron miraba la alfombra apretando los dientes. -¿Qué voy a decirle a mamá?... ¿Cómo vamos a tenerte sin que nos recuerdes?, se va a morir de dolor, Ron. –Dijo sin mirarlo aferrada a la sábana, mirando el muro delante; habían perdido a Fred definitivamente, pero tener a Ron vacío iba a ser un infierno; Ron lloró en silencio, Molly le dolía demasiado.

-Van a superarlo, tal vez con el tiempo… vuelvan los recuerdos, no lo sé. –Confesó con la voz aguda, escondiendo las lágrimas a fuerza de inclinarse.

-¿Superarlo? –Ginny sonrió irónica. –Claro… Hermione va a superarlo. –Dijo con enfado, Ron soltó un resoplido.

-Ginny. –Dijo apenas audible, ella no se intimidó.

-Es que hace falta ser tú para actuar como lo haces… tan espontáneo, tan inconsciente… te vale lo que los demás puedan sentir, no te importa el dolor de Hermione de verte cómo estás. –Espetó furiosa, Ron alzó las manos.

-No menciones a Hermione, por favor –Murmuró con el llanto abultado en el pecho, cerrando los ojos con fuerza.

-Entérate Ron que la vas a matar con esto… se va a morir, se debe estar muriendo ya… -masculló poniéndose de pie, le dio la vuelta a la cama y se acercó a la puerta. -… no me extrañaría que te maldijera por esto.

-Espera… -pidió levantándose de un salto, corrió hacia su hermana y la envolvió en sus brazos con premura. -… no te vayas, no quiero estar solo. –Sollozó como un niño, Ginny estaba sorprendida pero no se negó al abrazo, por el contrario lo apretó contra sí y se puso a llorar.

-¡Eres un niño idiota! –Reclamó ahogada por el llanto, los dos se echaron a llorar; en la otra habitación Hermione y Harry no estaban muy distintos.

-Así que las cosas son así, Ron olvida mientras tú recuerdas, yo bueno, McGonagall y yo quisimos detenerlo pero lo conoces él…

-¡¿Por qué lo dejaron hacerlo?! –Gritó fija en sus ojos, Harry le sostenía la mirada porque otra cosa no podía hacer, la habitación estaba iluminada, Hermione tenía todos sus recuerdos, ya casi nada le faltaba, sólo detalles, quizá sólo tener a Ron, no lo sabía, sacudió la cabeza luchando porque su razón encontrara una solución, una forma, un medio en la magia que detuviera aquello; pero no podía pensar en nada que no fuera Ron sin memoria.

-Lo supe cuando ya había comenzado el proceso, no pude detenerlo. –Dijo quedo, casi como si las palabras lo avergonzaran, ella caminaba de un lado a otro de la habitación, se volvió a él de un paso y se plantó ante su rostro con toda la ira y la incomprensión agolpada en la garganta.

-Quiero el hechizo… quiero saber lo que él hizo… -exclamó molesta, las mejillas surcadas por las marcas del llanto; ahora sí le dolía todo, la cabeza, el cuerpo, el corazón. -… ¿Dónde está el libro del que sacó el proceso? –Preguntó ansiosa, Harry desorbitó los ojos, era obvio que sabía para qué lo quería; ella tenía que hacerlo, tenía que buscar una forma de detener aquello y si no la había, de hacerlo también y proteger a Ron. –Esto debe tener un error, por poco olvido todo otra vez hace un momento, tiene que haber un hueco… una forma, ¡Por Merlín es Ron!... –soltó de golpe, luego bajó la cabeza apretando los ojos y los dientes, eso había sido muy despectivo pero es que estaba desesperada, herida, abandonada. -… ¿Acaso lo planeó todo tan perfecto?... quiero el libro… -pidió furiosa, conteniendo el llanto que la ahogaba, Harry negó con suavidad pero ella no lo dejó abrir la boca. -… ¡Quiero el libro!… ¡Dame el libro, Harry! –Gritó buscándose en la bolsa la varita pero no la traía, dio un bufido y lo miró a los ojos.

-McGonagall lo guardó, pero el libro no está completo, no supe dónde lo puso y él jamás te lo dará… -concluyó Harry, veía en sus ojos lo que quería hacer, estaba ansiosa de repetir el procedimiento hecho por Ron; no iba a permitírselo, bastantes dolores tenían ya en la familia, todos afuera resolvían asuntos del funeral, ellos dos se estaban peleando por saber cuál sería el siguiente muerto, nada estaba normal, todo estaba de cabeza y por culpa de esos mortífagos. -… además, destruyó la última hoja, el cómo hacerlo se perdió para siempre. –Agregó para acallarla, Hermione arrugó la nariz con ira, golpeó el suelo para ahogar su rabia.

-¡Mientes! –Desesperada lo tomó de la solapa y lo jaló con fuerza, las gafas del chico se ladearon y sorprendido por la reacción no atinó siquiera a tocarla, estaba pálido de la impresión; Hermione tragó saliva con ansiedad, tenía la boca seca, el rostro empapado en llanto y además el corazón desecho. -¡Me mientes para que no lo intente!... te has unido a él en esto, quieres que se pierda, que olvide… ¡Te odio!... ¡Te odio como lo odio a él por hacerme esto! –Le espetó furiosa, rabiosa, con tanto dolor que hubiera querido matarlo, Harry sólo le escuchaba con la cara gacha.

Se le empezó a nublar la vista otra vez, ¿Qué le quedaba?, no tenía padres, no tenía a Minerva y pronto ya no iba a tener ni a Ron, ¿Qué le quedaba?, ese pelirrojo la había dejado sin nadie, en la desgracia; el mundo se le venía encima, sintió un mareo pero no quería olvidar, se aferró a lo que tenía con uñas y dientes, quería encontrar la forma de hacerlo volver, iba a buscar y la iba a encontrar, porque ella era Hermione Granger, Hermione la mejor alumna de Hogwarts, Hermione que estaba totalmente sola.

-¡Lo odio!... ¡Te odio por ayudarle!... ¡Maldita sea! –Gritó abandonada al dolor, cegada por la cólera y la tristeza, ya no podía hacer más que llorar. -¡Malditos sean los dos! –Rabió por dentro y por fuera, estaba muriéndose de pena y no tenía remedio, no había solución, ¡No había nada!

-Sabes que si yo pudiera, también lo impediría… lo sabes. –Murmuró y ella con la respiración agitada se dejó caer a lo largo de él, sujeta de su chaqueta llorando desconsolada; Harry se quedó impresionado, Hermione no tenía ya fuerzas ni para gritarle, verla así le parecía absurdo, de cierta forma esa era la reacción que debía haber tenido por la muerte de sus padres, no haber olvidado; entonces cayó en la cuenta de que esa pena la tenía Ron, esa era la pena de él antes de empezar al procedimiento. –Sientes lo que él sintió, por eso lo hizo… porque verte sin memoria lo estaba matando. –Hermione se quedó callada masticando las palabras, sintiendo el amargo sabor de quién sabe que de cierta forma el sufrimiento tiene una razón de ser.

-¡¿Y no me mata a mí saber que lo estoy perdiendo?! –Dijo en medio de un sollozo tan hiriente que Harry se echó a llorar desconsolado junto con ella, los dos se agitaron golpeados por el llanto; esto era de cierta forma morirse en vida, ella perdía al hombre de su vida, él a su hermano del alma. -¡Lo amo maldita sea!... ¡Yo lo amo!... y tengo que decírselo, tengo que hablar con él y decírselo antes de que sea tarde Harry… pero…

-Yo lo sé, juro que lo sé y te entiendo. –Le dijo mientras se tiraba a su lado y la abrazaba para procurar consolarla, Hermione se removió a su lado, agotada de llorar y sufrir tanto, en ese momento debería llorarle a McGonagall al lado de Ron, no a los dos.

-¿Por qué Harry?... –preguntó en el borde de la desesperación, levantó la cara para ver a Harry a los ojos, que se le clavaron como dos maldiciones imperdonables, ¡Cómo hubiera deseado que eso fueran y no unos ojos amigos!; respiró profundo y formuló la pregunta, ahora sí sin fuerzas ni para arremeter contra él que parecía estar sufriendo lo mismo que ella, quizá lo mismo que todos en aquella casa. -… ¿Por qué hace uno tantas idioteces por amor?

-No lo sé Hermione… no lo sé. –Murmuró ocultando su dolor en el cabello alborotado de su amiga, mientras ella, no encontraba ya cómo desahogarse; llorar ya no era suficiente, explotar como lo venía haciendo ya tampoco la aliviaba, entonces se le vino una idea a la mente, quizá la más hiriente pero la más efectiva también.

-Me voy a ir… voy a dejarlo… me alejaré de él para que deje de olvidar. –Declaró entre ahogos, de cierta forma sonrió, era un plan brillante, si tenerla cerca lo hacía olvidar tenerla lejos detendría el efecto del hechizo, tenía que funcionar, ¡Debía funcionar!

-No puedes hacerlo, vas a matarlo de dolor. –Dijo alejándola un poco para verla a los ojos, realmente le preocupaba, su rostro se puso nervioso, afligido; Hermione tragó saliva, conciente de que era la única forma que tenía a mano e iba a echar mano de ella todo el tiempo que fuera necesario, hasta que encontrara otra solución.

-No me importa si me odia, no me importa si le duele… -arremetió con la mirada encendida en decisión y se irguió empujando un poco a Harry, que casi boquiabierto no sabía si creerle o no. -… ¡Lo prefiero odiándome que vacío!... ¡Prefiero que me odie a perderlo para siempre! –Escupió decidida, Harry no supo qué decirle, nada podían decirse ya, nada podía ser alivio, para ninguno de los dos.

Se había reunido una gran cantidad de gente en la casa, todos esperaban tranquilos a que iniciara el funeral, los Weasley se habían encargado de casi todo y el Ministerio, como se trataba de una profesora, contribuyeron igual; Ron no había salido de la habitación en todo ese tiempo, sus hermanos iban a verle pero la debilidad que lo envolvía crecía cuanto más tiempo pasaba, porque ella no había ido a verlo. Hermione se había encerrado a piedra y lodo en su habitación saliendo apenas para ver a Luna un rato y volver, no quería encontrarse a nadie, sólo pidió libros, muchos, todos; cuando le anunciaron que era la heredera de las cosas de Minerva, se echó a llorar desconsolada, se tiró al muro norte de su habitación, ese que compartía con aquélla en la que estaba Ron y lloró. Del otro lado, Ron la acompañaba y de cierta forma tuvieron paz.

Cuando llegó el momento de salir a sepultar a McGonagall en el sitio que más amaba de su casa: cerca del bosque, con la vista del mar, Hermione salió primero, vestida en totalidad de negro, no hizo por hablar con nadie más que con Ginny, que no hacía otra cosa que decirle que pensara mejor las cosas, pero la castaña no le hizo caso alguno. Ron salió luego y Harry lo acompañaba, ante la mirada de todos del Ron del pasado no quedaba nada, la tristeza en sus ojos era infranqueable, pero sobre todo el hecho de que les mirara fijo y tardara un momento en reconocerlos, tenía a medio mundo intrigado; la lejanía de Hermione para con él era otra razón para ya no saber ni qué pensar, los dos se colocaron a lados opuestos del ataúd mirando cómo lo bajaban lentamente, Ron miraba a Hermione y ella, sin renuencia lo miraba igual.

Era tal la tristeza de los dos que en poco tiempo todos los asistentes se sentían de más, Ginny procuró apoyar a Hermione de la mejor manera posible, con silencio; Harry apretaba el hombro de su amigo mientras él buscaba en la mirada de ella algo que le dijera que no iba a marcharse; cuando empezó a llover y todos los dejaron solos, Hermione y Ron permanecían mirándose por sobre la lápida, ella lloraba sin poder contenerse y él sólo añoraba poder tocarla. Por un instante pareció que el dolor iba a ganarle a la castaña, que se tiraría a abrazarlo y decirle que lo amaba, pero no lo hizo, su convicción para encontrar una solución era más grande; se dio la vuelta para marcharse en medio de la lluvia, Ron ahí petrificado, apenas atinó a estirar la mano hacia ella.

-Espera… -dijo dolorido, ella se detuvo sin volverse, los dividía un cadáver, como ya antes lo habían hecho dos. -… por favor, no te vayas. –Suplicó sollozando, Hermione se llevó la mano al pecho en un fuerte puño, dispuesta a presionarse el corazón hasta que se le detuviera.

-No… no sé cómo soportaste esto Ron… pero ahora me toca a mí. –Dijo envalentonada, ignorando la tormenta que ya los tenía empapados, Ron no entendía lo que le decía. –Voy a encontrar la solución, hasta entonces no voy a verte más… prometo que voy a ver la forma de detener esto… -declaró volviéndose con una sonrisa muerta en los labios, Ron alzó la mirada sorprendido. -… te voy a salvar.

-No lo necesito. –Aseguró cortándola, ella se balanceó sorprendida por la frase. –Yo te necesito aquí, conmigo… por favor, quédate… lo encontraremos juntos. –Rogó sonriendo tembloroso, ella negó con la cabeza, estaba decidida; él le tendió la mano esperando que cambiara de opinión.

-Si me quedo… olvidarás… y yo no quiero que me olvides. –Estaba llorosa, acongojada, Ron apretó la mano que le tendía en un puño y volvió los ojos a la tumba fresca de McGonagall. –Hasta que yo vuelva, por favor… -suplicó, él levantó la mirada hasta chocar con sus ojos. -… no me olvides.

Se miraron, esa parecía ya ser la misiva entre los dos, no olvidarse. Ella emprendió la carrera entre la lluvia, sacó la varita y desapareció; Ron se quedó fijo ahí, sin sentir nada, absolutamente nada.