Se encontraba de pie, con la cabeza alzada pero con sus ojos cerrados, con una expresión totalmente serena en su rostro. De pronto, comenzó a abrir sus parpados lentamente, hasta revelar que sus ojos ya no eran los mismos de antes: ya no poseían ese verde que todos conocían de ella, sino un fuerte y penetrante brillo dorado, al igual que el fulgor que comenzó a cubrirle el cuerpo entero.

- Imposible… - Susurró atónito Mikage al ver esto. – ¿Cómo puede aún utilizar su magia?

Sakura extendió con fuerza su mano hacía un lado, y de la nada se comenzó a materializar en ella un objeto largo y delgado: un báculo mágico. Las dos partes de su báculo se habían vuelto a unir, creando uno bastón igual en forma al anterior, pero ahora de un color dorado muy resplandeciente. Alzó de golpe su mano izquierda al aire, soltando delante de ella dos cartas que giraron suspendidas por encima de su cabeza. Ella tomó su nuevo báculo, colocándolo por encima de su cabeza y comenzando a darle varias vueltas con fuerza hacía un lado y hacía el otro.

- '¡Cartas Sakura!, ¡bríndenme su poder y libérenos de este conjuro!' – Luego de recitar esas palabras, alzó con fuerza la punta del báculo hacía las cartas. – ¡Vuelo!, ¡Espada!

Ambas reaccionaron a su mandato, brillando con fuerza y comenzando a desprenderse en dos ráfagas de viento que la rodearon rápidamente, girando a su alrededor. Una vez que éstas desaparecieron, se pudo apreciar como su báculo se había transformado en una espada de dos filos de color dorada, e igualmente de su espalda surgieron dos enormes alas blancas, más similares a las de un ángel. Las alas de Sakura se movieron con fuerza y de golpe su cuerpo se elevó, pasando entre todas las ramas del árbol, esquivándolas con gran agilidad hasta salir del otro lado, elevándose más y más al aire, dejando una estela dorada detrás de ella. Tomó su arma con sus dos manos, jalándola hacía atrás, al tiempo que ésta se cubría por completo con su energía; sus ojos, aún dorados, resplandecieron con fuerza.

- ¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH!!! – Gritó con todas sus fuerzas, casi con coraje, jalando su espada hacía el frente de golpe.

Ese movimiento, a pesar de haber simplemente golpeado el aire, se pudo ver como un fuerte y poderoso resplandor se estremecía en todas direcciones, creando un fuerte choque. De la nada, todo alrededor de ellos pareció comenzar a "romperse". Como si todo el espacio en torno a ellos fuera de cristal, éste comenzó a desprenderse en un sin número de pedazos que comenzaban a caer uno tras otro. Al mismo tiempo que esto pasaba, los cerezos en todos los árboles a su alrededor se esfumaban, desintegrándose en puntos brillosos que flotaban por el aire en todas direcciones.

Sakura permaneció flotando en el mismo sitio, radiando todo a su alrededor con ese gran brillo que surgía de su cuerpo, un brillo que fue visto por todos los que estaban dentro de ese Territorio de Duelos, sobre todo por Shaoran, que había llegado al claro, herido, justo cuando Sakura realizó su ataque, mirando muy sorprendido hacía el cielo con gran admiración.

- "¡Esa luz!..." – Pensaba Shaoran atónito. – "Brilla… como una Estrella..."

Sólo pasaron tal vez tres segundos antes que esa brillante luz se fuera esfumando poco a poco hasta desaparecer. El color dorado en los ojos de la hechicera se desvaneció también, dejando atrás el mismo tono verdoso normal. Su mirada, hace unos momentos firme y fuerte, volvió a reflejar un gran cansancio. Su cuerpo comenzó a descender lentamente al inicio, pero luego pasando a prácticamente "desplomarse" hacía el suelo. Su espada y alas brillaron por última vez mientras ella caía, antes de desaparecer por completo volviendo a su forma de cartas y el báculo a su forma de llave.

- ¡Sakura! – Exclamó sobresaltado Mikki, corriendo de inmediato hacía el frente, pasando a lado del aún incrédulo Mikage.

Mikki corrió con todas sus fuerzas en dirección a donde caía Sakura. Al ver que tal vez no podría alcanzarla a tiempo, por simple reflejo se lanzó al frente elevándose con un largo salto, atrapándola en el aire cuando faltaba menos de un metro para tocar el suelo. Giró rápidamente en el aire para poder caer él de espaldas al piso, pero evitando que ella se golpeara.

Luego del impacto, se sentó con cuidado en el suelo sosteniendo a la chica en sus brazos, y revisándola para asegurarse de que estaba bien. Su rostro se cubrió de miedo al notar el cuerpo golpeado, herido y sangrado de la joven. Sin embargo, su rostro parecía muy sereno y calmado, y su respiración era lenta, como si estuviera simplemente durmiendo.

- Kaoru… - Escuchó que la voz de su Presidente lo llamaba desde atrás. De inmediato volteó por encima de su hombro, mirando de inmediato el rostro de Li, con algunos golpes y heridas por el ataque de Mikage, pero aún así parado con firmeza y con su espada en su mano derecha.

- Li, ¿estás bien? – Le preguntó un poco preocupado, mientras colocaba a Sakura en el suelo.

- Yo no soy quien importa en estos momentos. – Contestó él con seriedad, volteando de inmediato a ver a lo lejos a Mikage.

La Rosa Negra estaba parada en el mismo sitio, mirándolos a lo lejos con expresión tranquila, pero aún sorprendido por lo que acababa de pasar. Su atención estaba sobre todo centrada en la ahora inconsciente Sakura.

- Destruyó mi Ilusión… - Susurró para sí mismo en voz baja. – ¿Cómo es posible?

La mente de Mikage intentaba de alguna manera encontrarle la lógica a todo lo que había ocurrido ante sus ojos. Su cuerpo estaba malherido, su báculo roto, sus poderes debilitador. Ni siquiera cuando se encontraba perfectamente sana demostró tener poderes capaces de realizar tal proeza, ¿cómo podía haberlo hecho en esas circunstancias?

Una pequeña silueta pasó enfrente de los ojos del duelista, distrayéndolo de sus pensamientos. Rápidamente alzo su mano izquierda atrapando eso que pasaba frente a su rostro, mirando de inmediato de que se trataba: pétalos de cerezos. Pero no eran pétalos como los que él había creado con su ilusión, sino pétalos… blancos.

- "¿Pétalos de cerezo blanco? ¿De dónde salieron?" – Un segundo después de haberlos visto, los pétalos comenzaron a deshacerse en varios pequeños puntos de luz, hasta desaparecer por completo de su palma.

Esto lo dejó confundido, pero de inmediato comenzó a procesar cada una de las cosas que habían acontecido desde el momento en que se presentó ante Kinomoto, formulando de inmediato lo que deseaba: la justificación de la teoría que ya poseía desde antes de que todo ese enfrentamiento comenzara.

- Ya veo. – Susurró al tiempo que alzaba amabas manos hacía al frente.

Una esfera de luz blanca se formó entre sus palmas y toda la niebla alrededor de ellos comenzó a juntarse en ella, como siendo "absorbida". Todo el Territorio de Duelos comenzó a hacerse más pequeño, regresando el parque por completo a la normalidad. Las personas en él volvieron a aparecer como si nada hubiera pasado, los árboles que se habían derribado durante las peleas volvieron a levantarse, al igual que cualquier otro destrozo o marca provocados por los conjuros.

- Bajó el Territorio. – Murmuró Mikki alzando su mirada al cielo y viendo como éste regresaba a ser azul.

Li seguía sin apartar su mirada de Mikage ni un segundo, teniendo cada músculo de su cuerpo listo para reaccionar en el caso de que se atreviera a hacer algo. Sin embargo, no pareció tener la intención de hacer algo más contra ellos; por el contrario, en cuanto el Territorio fue retirado, guardó de inmediato su espada en el interior de su funda.

- Experimentación y demostración de la hipótesis terminada. – Murmuró en voz normal mientras guardaba su arma. Shaoran y Mikki fueron capaces de oírlo, pero aún así no comprendieron a lo que se refería. – Conclusión Final: La Nueva Rosa Blanca que responde al nombre de "Kinomoto Sakura" posee unos grandes poderes mágicos y espirituales, lo cuales dan señales de haberse desarrollado rápidamente en un corto lapso de tiempo, posiblemente en un par de años. Su fuerza y poder parecen aumentar de golpe cuando se encuentra en un estado de peligro alto, o en condiciones extremas, volviéndose relativamente peligrosa para su oponente y para sí misma. Todo esto me indica que aunque el poder del actual Príncipe de Blanco es grandioso, gran parte de éste se encuentra aún dormido la mayoría del tiempo, despertando poco a poco conforme una pelea progresa, pero ella es incapaz de controlar a la perfección dichos poderes. Sugerencia: tener cuidado al momento de enfrentársele, no subestimarla, no perder el tiempo jugando, y aprovechar sus debilidades a favor de la victoria.

- ¿Qué estás diciendo Mikage? – Exclamó con energía Shaoran ante esas palabras que parecían más pensamientos en voz alta.

- No te estreses tanto Li. – Le contestó con indiferencia mientras se daba la media vuelta con la intención de retirarse. – Los Duelos por la Doncella Blanco han de continuar, de eso no lo duden. Sabrán de nosotros muy pronto, en cuanto se reúnan el resto de los nuestros.

La Rosa Negra comenzó a caminar por el camino que llevaba derecho hacía la salida del parque por la que todos habían entrado, con total tranquilidad y normalidad como la de cualquier otro visitante al parque. Shaoran lo miró con el ceño fruncido y una expresión llena de enojo, mientras apretaba la empuñadura de su jian con algo de coraje. Mikage se alejó caminando, y ninguno hizo algo para detenerlo o alcanzarlo.

En el espejo se reflejaba vívidamente el rostro dormido y manchado de Sakura, que después de tantos problemas y percances ya parecía mostrar algo de tranquilidad. Tomoyo se encontraba de pie justo delante del espejo, admirando fijamente el rostro de su amiga con una expresión seria y tranquila, pero también muy triste.

Kamui se acercó de pronto desde atrás de ella, colocando sus manos delicadamente sobre sus hombros, mirando hacía su misma dirección.

- Esa chica sí que es buena, ¿No lo crees? – Murmuró con elocuencia el joven de tercero.

- Sí. – Respondió Tomoyo con voz baja. – Siempre ha sido así… Sakura…

Lentamente alzó su mano izquierda hacia el espejo, colocándola sobre el rostro de Sakura, revelando con ese toque inofensivo la sortija de color negro y sello azul que adornaba su dedo anular…

La Rosa Blanca

Capitulo 21: El Llamado

Un espasmo cubrió el cuerpo de Sakura de pronto, provocándole abrir sus ojos por completo. Se despertó de una manera muy violenta a pesar de su sueño profundo, sentándose de inmediato en la cama con la mirada totalmente perdida al frente. Se encontraba muy aturdida y confundida, tanto que se quedó paralizada por unos segundos antes de poder reaccionar. Giró su mirada lentamente alrededor de ella, hacía un lado y luego hacía el otro, tardando un poco en reconocer donde estaba: era su cuarto del Dormitorio D-3. Ella se encontraba sentada en su cama, la superior de la litera, y a simple vista era la única persona ahí. El sol entraba con facilidad por la única ventana de la habitación, pues las cortinas se encontraban corridas hacía los lados; todo el cuarto yacía en silencio y en completa quietud.

Miró con cuidado hacía abajo; se encontraba vestida con su pijama de color rosado con pequeños estampados de rosas algo separados. ¿Ella se la había puesto? En primer lugar, ¿cómo llegó ahí? ¿Qué día era? ¿Qué hora era? Levantó lentamente su mano derecha hacia su frente, tocándosela con mucha cautela; había una venda blanca enrollada alrededor de su cabeza. Bajó de nuevo su mano hasta colocarla a la altura de su rostro, sólo para darse cuenta de que su mano y brazo también estaban vendados, incluso los dedos.

- ¿Qué sucedió? – Murmuró en voz baja, intentando salir de su estado tan aturdido. Apoyó su rostro en su mano intentando recordarlo, pero después de un rato de estar en esa posición comenzó a sentir que la mano y el antebrazo le dolían. Retiró con cuidado su rostro, pero al hacer ese movimiento el dolor se pasó de golpe a su cuello y hombro. – "Me duele todo mi cuerpo… ¿Por qué?"

Fue en ese momento en el que la mente de la hechicera salió por completo de ese estado semiinconsciente en el que había caído desde que despertó, volviendo vívidamente de golpe todos los recuerdos de lo que había pasado.

******

Los dragones se le lanzaron encima como bestias hambrientas a su presa. La golpearon primero en el abdomen, haciéndola sentir como si algo le atravesará todo el cuerpo, al tiempo que su carne se abría, soltando un chorro de sangre con fuerza. Otro más la golpeó en el brazo, en las piernas, en el rostro, y al final en todas las partes posibles de su cuerpo, cortándola, golpeándola, empujándola y lanzándola hacía atrás como un simple muñeco de trapo siendo lanzando de un lado a otro por niños, separándola del suelo sin ningún problema. El cuerpo de Sakura fue azotado con mucha fuerza contra el tronco del enorme árbol ubicado en el centro del claro, elevada casi a la mitad de éste. Su espalda estrellándose fue lo último que la joven pudo sentir de manera consciente, notándose como sus ojos ya escasos de alguna fuerza se abrían por completo, y como la sangre saltó de golpe de todas las heridas de su cuerpo tras estrellarse.

******

Sakura abrió sus ojos como señal de horror al recordar esa escena tan traumática, y al sentir ese dolor quemante que le había recorrido todo el cuerpo. Se tapó la boca por simple reflejo, mientras su mirada se perdida en los tendidos rosados de su cama.

- "Es verdad…" – Pensaba aún algo afectada. – "En ese momento yo…"

Ni siquiera era capaz de decírselo así misma. Intentaba negárselo, pero ella lo sentía en el fondo de su corazón: en ese momento estuvo a un paso de la muerte. Había sido la sensación más horrenda y escalofriante de su vida. Pero había sobrevivido, de alguna manera su alma y su cuerpo se negaron a separarse. ¿Qué había sido?, ¿Qué la había salvado? En su cabeza resonaban de un lado a otro las imágenes de aquel sueño que había tenido, en donde sentía como lentamente se sumergía en ese pozo oscuro y silencioso. ¿Qué la había detenido? Había sido una voz, la voz de alguien, alguien que la llamaba… ¿Habrá sido esa persona?

Poco a poco su mente fue reconstruyendo todo lo que había pasado después de ello; la llegada de Shaoran, como Juri había intentado ponerla a salvo, cuando esa otra Rosa Negra las atacó… Y ese encuentro. Entonces intentó concentrarse en lo que había ocurrido luego de ello, pero todo era bastante confuso. Recordaba haber invocado dos de sus cartas, pero no tenía claro qué era lo que había hecho con ellas.

- Me duele la cabeza. – Murmuró en voz baja, colocando sus manos a cada lado de su cabeza, cerrando un poco los ojos.

Mientras arriba la maestra de las cartas intentaba aclarar su mente, abajo en el comedor su compañera de cuarto, Kotori, se encontraba colocando los últimos adornos a su deliciosa tarta de chocolate con cobertura del mismo sabor y fresas, aunque las frases aún se encontraban esperando su turno en un tazón colocado a un lado.

- ¡Ese pastel se ve delicioso! – Exclamaba con entusiasmo Kero, volando de un lado a otro con expresión soñada en su carita.

- ¿Usted cree? – Comentó sonriente Kotori como respuesta, mientras escribía con dulce rojo el nombre "Sakura". – Espero que a la señorita Sakura le guste. El chocolate hace feliz la vida.

Mientras Kotori decía esas palabras y realizaba los toques finales a su tarta con un muy marcado entusiasmo, Kero se aproximaba sigilosamente hacía ella, listo para tomar un poco el betún con su pequeña mano derecha. La Bestia del Sello hubiera tenido éxito en su deseo, si no fuera porque de inmediato Kotori colocó su mano en su camino, impidiéndole el paso.

- ¡No joven Kerberos! Esta tarta es para la señorita Sakura, no puede comerla aún.

- ¡¿Por qué?! – Lloró con fuerza el guardián, colocándose justo delante de su rostro a manera de suplica. – ¡Yo he estado todo el tiempo ayudándote y no me has dejado ni probar un poquito!

- Chu… Kerberos es un glotón… Chu… - Murmuró casi como un "canto" Chu-Chu, revoloteando de un lado a otro detrás de Kero.

- ¡No es cierto! – Exclamó con enojo mientras se giraba rápidamente hacía él. Sin embargo, justo al hacer ese movimiento, pudo apreciar que detrás de Chu-Chu, parada en el umbral del comedor, se encontraba una persona parada. – ¡Sakura!

Al oír ese nombre, Kotori alzó la mirada sorprendida hacía la puerta, reconociendo también al Príncipe de Blanco con facilidad. Se encontraba de pie en ese sitio, un poco confundida, mirándolos a todos con su expresión aún algo adormilada e incluso un poco débil.

- ¡Señorita Sakura! – Exclamó con algo de preocupación la joven de cabellos largos, sacándole la vuelta a la mesa y acercándola apresuradamente. – ¿Cómo se encuentra?

- Bien, eso creo… Pero estoy un poco aturdida… - Contestó con tono de voz bajo, mientras se agarraba la cabeza con una mano.

- Eso es natural, llevas alrededor de veinte horas durmiendo. – Comentó el guardián amarillo, flotando cerca de su rostro; ese comentario pareció despertar un poco más a la Duelista.

- ¡¿Qué?! – Exclamó sorprendida al oírla y volteó a ver de inmediato hacía las puertas del comedor que daban al jardín.

El sol brillaba con fuerza y entraba sin el menor obstáculo al cuarto. Era un día soleado, despejado y con un clima agradable. Pero no era el sol del medio día, ni tampoco el de la tarde, y menos el del atardecer: era el sol de la mañana, aproximadamente las siete u ocho de la mañana.

- Así es señorita Sakura. – Agregó Kotori con una sonrisa ligera. – Durmió toda la tarde y toda la noche de ayer. Ya casi es hora de que empiece el primer periodo.

- No es posible… - Incrédula, Kinomoto se sentó en una de las sillas de la mesa, intentando volver en sí.

- No es tan extraño. – Comentó Kerberos, descendiendo sobre la cabeza de su ama y cruzándose de brazos. – Algo así ya había ocurrido, ¿Lo olvidas? Cuando comenzaste a cambiar las Cartas Clow a Cartas Sakura, también te comenzaste a sentir cansada y dormiste mucho. Eso fue porque comenzaste a utilizar mucha más magia de la que estabas acostumbrada, y ahora con todas esas peleas tu cuerpo de seguro lo debe de resentir de la misma manera, y sobre todo esas heridas.

Era cierto, en aquel entonces también se había sentido muy agotada, y había dormido mucho tiempo a causa de ello. Eso se debía a que estaba utilizando más magia que antes para cambiar las Cartas Clow a su nombre, y a veces incluso lo hacía con más de una en un día, y esos momentos eran cuando más se cansaba. ¿Qué había pasado ayer? En efecto había utilizado mucha magia, había tenido que usar varios conjuros, pero lo más debilitante fue el daño tan profundo que sufrió por la técnica de Mikage. Había estado a punto de perder la vida, pero de alguna manera había logrado levantarse al último momento...

Sus ojos verdes se abrieron por completo de pronto. Un recuerdo le cruzó la cabeza en un parpadeo.

- "¡Es verdad!"

******

Sakura extendió con fuerza su mano hacía un lado, y de la nada se comenzó a materializar en ella un objeto largo y delgado: un báculo mágico. Las dos partes de su báculo se habían vuelto a unir, creando uno bastón igual en forma al anterior, pero ahora de un color dorado muy resplandeciente…

Se pudo apreciar como su báculo se había transformado en una espada de dos filos de color dorada, e igualmente de su espalda surgieron dos enormes alas blancas, más similares a las de un ángel. Las alas de Sakura se movieron con fuerza y de golpe su cuerpo se elevó, pasando entre todas las ramas del árbol, esquivándolas con gran agilidad hasta salir del otro lado, elevándose más y más al aire, dejando una estela dorada detrás de ella…

Un fuerte y poderoso resplandor se estremecía en todas direcciones, creando un fuerte choque. De la nada, todo alrededor de ellos pareció comenzar a "romperse". Como si todo el espacio en torno a ellos fuera de cristal, éste comenzó a romperse. Al tiempo que esos pedazos de cristales parecían caer, los cerezos en todos los árboles a su alrededor se esfumaban, desintegrándose en puntos brillosos que flotaban por el aire en todas direcciones.

******

Su báculo, el báculo que usó para sellar las Cartas Clow, el báculo que usaba para invocar el poder de las Cartas Sakura, se había rotó tras recibir ese mortal ataque. Aún así lo había traído consigo durante todo ese tiempo, y en ese instante… Se había reconstruido. Y no sólo eso, había cambiado de forma, igual como había ocurrido en el Juicio Final.

- El báculo… - Susurró en voz baja al mismo tiempo que se ponía de pie rápidamente. Kero reaccionó en cuanto su dueña se movió, elevándose de nuevo y colocándose a su lado.

- ¿Qué pasa Sakura?

- Kero, el báculo se rompió durante la pelea. – Le contestó mientras intentaba sacar la llave que colgaba de su cuello.

- ¡¿Qué?! – Exclamó la criatura mágica atónito. – ¡Eso es imposible!

- Eso paso, pero… Se reconstruyó...

La llave se encontraba colgada de su cuello. Ella no recordaba habérsela colgado luego de esa pelea, pero ahí estaba, y no sólo eso, estaba totalmente intacta. Se encontraba normal, como siempre la había visto, con ese círculo rosa con alas y una estrella dorada en ella, como si nada de lo que recordaba hubiera cambiado, ni el daño ni tampoco el cambio.

- Yo veo la llave normal. – Comentó el ser amarillo, mirando con curiosidad la llave en sus manos. De pronto, como si no lo hubiera escuchado, retrocedió un poco, alejándose de ellos sin quitar sus ojos de su llave. – ¿Qué estás haciendo?

Sakura se paró a uno de los extremos del comedor, decidida a comprobar lo que había visto. Invocaría su báculo, esperando ver ese cambio que había percibido en aquel momento, o aquel que creía haber percibido. La última vez que su báculo cambio su primer conjuro no dio resultado, pero igual lo tenía que intentar. Cerró sus ojos con cuidado, alzó sus manos al frente y la llave comenzó a flotar entre ellas, al tiempo que a sus pies surgía su marca mágica distintiva.

- ¡¡¿Qué haces?!!, ¡Detente! – Le gritó sorprendido Kerberos al ver lo que hacía, pero ella no le hizo caso.

- Chu… cuantos colores…. Chu… - Agregó el ser mágico de color morado, revoloteando detrás de él.

- Llave que guardas el poder de mi estrella… - Comenzó a recitar con fuerza la Maestra de las cartas como había hecho en muchas ocasiones. – Muestra tu verdadera forma ante Sakura, quién aceptó esta misión contigo… ¡Libérate!

La llave respondió con normalidad al llamado de su ama, comenzando a girar con fuerza junto con el viento alrededor de ella. Su forma comenzó a crecer y alargarse hasta tomar su forma real, pero no era la forma que ella había visto en ese recuerdo, sino la forma normal que ella conocía desde el Juicio Final, de color rosa y no dorado como había ocurrido en esos momentos.

Sakura lo tomó con fuerza con su mano derecha y la alzó al frente, admirándolo por completo de arriba hacía abajo para asegurarse de lo que veía. En efecto, su bastón volvió a ser el mismo, en una sola pieza y de color rosado…

- "Volvió a la normalidad…" – Pensó un poco extrañada la Card Captor al verlo. No tenía sentido, ella lo había visto claramente, de eso estaba segura. De pronto, sus piernas le temblaron y no logró sostenerse, cayendo de rodillas al suelo y soltando su bastón.

- ¡Sakura! – Exclamó Kero con preocupación, acercándose rápidamente al igual que Kotori.

- Señorita Sakura, ¿está bien? – Le preguntó la Doncella de Blanco mientras la ayudaba a pararse y a sentarse en una de las sillas.

- Sí, no se preocupen.

Se había vuelto a sentir débil de pronto, y también un poco mareada. Cerró sus ojos unos segundos para intentar calmarse y luego los abrió lentamente, mirando todo un poco borroso. Además de todo, esa pequeña caída por sí sola no había sigo nada, pero el movimiento tan brusco le provocó un dolor pulsante en varias de sus heridas.

- No seas irresponsable Sakurita. – Murmuró Kero, parándose sobre su hombro. – En tu estado no es recomendable que intentes usar magia.

- El joven Kerberos tiene razón. – Asintió la joven de cabellos castaños y largos. – Es mejor que no vaya tampoco a la escuela hoy. Quédese a descansar señorita Sakura…

- Pero…

- ¡Sin peros! – Exclamó de golpe Kero, colocándose frente a su rostro de la nada, haciéndola sobresaltarse un poco por la sorpresa. – Debes de descansar hasta que recuperes tus energías por completo…

La Bestia del Sello se alejó con cuidado del rostro de su Maestra y se quedó flotando a algunos metros de ella. De pronto, su cuerpo comenzó a brillar, las alas de su espalda crecieron de golpe, cubriendo por completo su pequeña silueta dorada, encerrando entre sus plumas el fuerte resplandor que radiaba. Sus alas se abrieron de nuevo, revelando la majestuosa forma de un león dorado con enormes alas blancas, su verdadera forma.

- ¡Yo personalmente evitaré que cualquiera que quiera lastimarte se te acerque! – Exclamó con fuerza casi como un rugido, parándose con firmeza en sus cuatro patas.

Una pequeña gotita surgió en la cabeza de la hechicera al ver como su Guardián tomaba de esa manera tan repentina su forma real.

- Eso no es necesario Kero… - Susurró entre dientes un poco nerviosa.

- ¡Se ve muy bien de esa forma joven Kerberos! – Agregó Kotori al mismo tiempo, aplaudiendo un poco detrás de Sakura.

- Chu… Un gato grande y malo… Chu…

- Apropósito, ¿cómo llegue aquí? – Preguntó ya con más calma Sakura, volteando a ver a Kotori, quién la miró con una sonrisa inocente.

- El Joven Li y Kiryuu-senpai la trajeron.

Sakura se sorprendió un poco por la respuesta. ¿Shaoran?, ¿él la había traído?

******

Shaoran colocó a Sakura con delicadeza en la cama de Kotori. Se encontraba completamente inconsciente desde ese último ataque, vestida aún con su traje rosa de combate totalmente roto, aunque tenía algunas vendas sobre éste donde había sido herida. Se le veía muy cansada y su respiración era lenta y pausada. El joven chino se levantó lentamente la miró fijamente con seriedad mientras se levantaba.

- Cuídala bien Monou, y no dejes que nadie se le acerque. – Le dijo a Kotori, la cual estaba de pie a su lado. A su vez, Touga esperaba recargado en el marco de la puerta.

- ¡Sí!, puede contar conmigo joven Li. – Contestó la Doncella de Blanco, asintiendo con su cabeza.

- Si puedes cámbiale las ropas por unas limpias, y cúrale las heridas. – Extendió su mano hacía ella, colocándola sobre su hombro y mirándola fijamente a los ojos. – Te la encargó mucho…

Kotori la miró fijamente por unos segundos y luego le sonrió con ternura, asintiendo lentamente con su cabeza.

******

- Se encontraba muy preocupado por usted. Me encargó mucho que la cuidara y que no dejara que nadie se le acercará. Se sentirá muy feliz cuando se entere de que ya se encuentra mejor.

Una sonrisa pequeña se dibujó en el rostro de Sakura al oír esas palabras, al igual que un ligero rubor que sirvió como adorno para esa expresión de felicidad. No le alegraba el hecho de haberse lastimado tan gravemente, ni tampoco que Shaoran y el resto se hubieran preocupado tanto por ella; de hecho, esas cosas eran la principal razón para sentirse exactamente lo contrario. Sin embargo, el hecho de que Shaoran la haya defendido con tanto ímpetu como lo hizo en aquel momento, que haya tenido tantas atenciones con ella, la haya llevado hasta ese sitio y le pidiera a Kotori que la cuidará tanto, le causaba una extraña calidez en el pecho, que la hacía olvidarse aunque sea un poco de sus heridas y de los horribles momentos que vivió el día anterior.

Sin embargo, Shaoran había peleado solo contra ese chico de nombre Mikage, el cuál era realmente fuerte. ¿Se encontraría bien?

- ¿Shaoran también estaba herido? – Preguntó con un poco de inquietud.

- El mocoso estaba muy bien en comparación contigo. – Respondió el león dorado, acercándose a ella aún en su forma verdadera.

- ¿Pero todos están bien? Shaoran, Juri-senpai… Ellos…

- No se preocupe… - Sakura sintió la mano gentil de Kotori posándose sobre su hombro. – Todos se encuentran bien.

Sakura suspiró aliviada por la información. Shaoran y los otros habían ido a ese parque especialmente para ayudarla a ella, y temía que algo malo les hubiera pasado por su culpa. ¿Qué había pasado exactamente en ese lugar? Especialmente, ¿qué había pasado luego de que perdió la conciencia?

- Apropósito, Daidouji-san también estuvo aquí durante la tarde. Se quedó un largo rato, y dijo que vendrá hoy a visitarla.

- ¿Tomoyo? – Preguntó un poco sorprendida la joven de ojos verdes; se había olvidado de ella. Tomoyo se había puesto muy mal cuando se lastimó en los duelos, incluso dejó de hablarle a Mikki por un tiempo. – "¿Ella me vio en este estado? De seguro debe de estar muy preocupada…"

Ya era hora de que todo estudiante que no quisiera llegar tarde estuviera de camino a Othori, pero como era de esperar existían varias excepciones a esto. Lo que en verdad no era de esperarse es que una estudiante modelo, puntual y disciplinada como Daidouji Tomoyo estuviera aún en esos momentos no sólo sin cambiarse, arreglarse o bañarse, sino incluso sin levantarse siquiera de la cama. Tomoyo estaba recostada en su dormitorio, oculta casi por completo debajo de su edredón verde, del cual únicamente se asomaba la parte superior de su cabello oscuro.

- ¿No te piensas levantar? – Le preguntó su compañera con algo de indiferencia, mientras se peinaba enfrente del espejo del tocador. Ya se encontraba vestida con su uniforme y lista para irse en cualquier momento. – ¿Te enfermaste acaso? Comenzaba a pensar que eras de hierro y que nada te afectaba.

Tomoyo no contestó. Se había metido en la cama desde ayer muy temprano, y no se había levantado desde entonces. Se encontraba muy silenciosa y pensativa, más que de costumbre. Pero su compañera a eso no le molestaba mucho, y probablemente ni siquiera se había dado cuenta. Era extraño, pero en esos meses en los que habían compartido habitación ambas no habían logrado tener una buena relación.

- Oye Mika. – Murmuró de pronto la chica de Tomoeda, asomando un poco su rostro hacía afuera.

- ¿Qué ocurre? – Contestó ella mientras se levantaba del buró y caminaba hacia donde estaban sus cosas.

- Hemos sido compañeras de cuarto por más de tres meses, y nunca hemos tenido una conversación de más de cinco minutos. No sé nada de ti, no mucho además de tu nombre y otras cosas, y tú tampoco sabes nada de mí…

- No te ofendas, pero tengo las amigas que necesito. – Respondió de golpe Mika, interrumpiéndola de un momento a otro. – Estamos juntas en este cuarto porque la dirección así lo decidió, no porque en verdad quisiéramos relacionarnos. No dudo que seas una chica agradable, pero no eres el tipo de persona con la que acostumbro hacer una amistad.

Tomoyo guardó silencio, enfocando sus ojos azules en el reloj del buró, en el cual ya faltaban menos de cinco minutos para las siete de la mañana.

- Supongo que tienes razón. – Susurró muy despacio.

- Cómo sea, yo si voy a clases. – Dijo por último mientras caminaba hacía la puerta del cuarto. – Recupérate.

Mika salió sin la menor espera del cuarto, dejando a Tomoyo sola debajo de su cobertor, y encerrada en esa habitación. Silencio, un profundo silencio la abrazó por completo, acompañada de una gran soledad. Así mismo se había sentido desde el día anterior, luego de haber visto todas esas imágenes, haber sentido toda esa angustia, impotencia, tristeza… Y lo que pasó después de eso. A duras penas era capaz de sacar su mano izquierda de abajo del cobertor y colocarla sobre la almohada frente a su rostro. Necesitaba mucha fuerza para no apartar su vista de ella, o más bien del nuevo objeto que la adornaba…

******

En el espejo se mostró tan claramente que prácticamente Tomoyo podía sentir que estaba en ese sitio. Sakura gritó con todas sus fuerzas estando en el aire, y jaló su espada hacía el frente de golpe, destrozando con su magia la Ilusión de Mikage en un varios destellos de luz que se extendieron en todas direcciones; era en cierta forma un espectáculo realmente hermoso. El rostro de la ojos verdes se mostró con lucidez en el cristal, su mirada decidida, su semblante sereno y fuerte, una expresión que Tomoyo sólo había visto en su amiga un par de veces, y muy diferente al rostro casi muerto que tenía hace sólo unos segundos.

Una sonrisa ligera surgió en su rostro al ver esa expresión, y al ver como su figura se enmarcaba con todo ese brillo dorado. Lo había conseguido. De alguna manera sentía en el fondo de su corazón que ella lo lograría, pues ella siempre lo logra. Casi inconscientemente colocó sus dedos sobre el espejo, acercándose unos pasos más a él. Miró fijamente como la luz se iba disipando al igual que los pétalos rosados. El resto Tomoyo pareció no verlo, pues estaba sumergida en sus propios pensamientos e ideas, y en todo lo que esas imágenes le provocaban en su corazón.

- Eso fue impresionante, ¿no crees? – Comentó de pronto la voz de Kamui a sus espaldas. – No me esperaba una recuperación tan repentina.

- Sí… - Susurró muy despacio la chica de ojos azules, pegando su frente con cuidado en el espejo. Un silencio cubrió toda la terraza por varios segundos.

- Dime algo Tomoyo… - De pronto, ella sintió como él ponía sus manos sobre sus hombros, sorprendiéndola un poco. – ¿Qué piensas en verdad de esta chica llamada Sakura? ¿Qué es lo que realmente sientes por ella?

No hubo respuesta inmediata. Miró discretamente hacía el espejo. Ya no estaban en él el reflejo de ese parque o de esa pelea, sino una imagen a cuerpo completo de una persona que la sorprendió, haciéndola retroceder un paso, y al mismo tiempo sin darse cuenta pegándose a Kamui. Era una chica, un poco más baja que ella, de cabellos castaños y cortos, de ojos verdes y grandes, vestida con un uniforme de color negro estilo marinero con falda blanca. La chica la volteaba a ver y le sonreía con mucha ternura. Era Sakura, Kinomoto Sakura de diez años, vestida con su uniforme de primaria y con su cabello corto como lo tenía antes. Era la apariencia que ella conocía, la apariencia que tenía la primera vez que la conoció, y antes de que todo aquello sucediera.

Una expresión seria se pintó en el rostro de la ojos azules, mientras admiraba esa imagen, esa imagen que tenía por completo grabada en su mente, y que ahora veía frente a ella como si estuviera parada frente a ella en persona… Apenas con un hilo de voz y con susurros pequeños, Tomoyo comenzó a contestarle…

- Sakura siempre ha sido capaz de enfrentarse a todo, de vencerlo todo, lograr lo que se propone, y de brillar con una fuerza y belleza que yo sólo había podido soñar… Cómo una hermosa estrella. Esa es Sakura, la persona más importante de mi vida, y yo soy incapaz de ayudarla, de extenderle mi mano… Nunca pude serle realmente útil… Nunca… Al contrario, ella siempre estaba ahí para mí, para ayudarme en lo que fuera, por su corazón es tan noble y hermoso que se esfuerza segundo a segundo a que todos a su alrededor se sientan bien…

Tomoyo se separó ligeramente de Kamui, extendiendo sus manos hacia el espejo, pero en cuando sus dedos tocaron el cristal, la imagen del espejo se esfumó, cambiando lentamente a su imagen, reflejada como en cualquier espejo normal.

- ¿Quién eres tú en realidad Kamui? – Murmuró en voz baja dándole la espalda. – ¿Cómo hiciste que este espejo me mostrará todas estas cosas?... ¿Tienes que ver con los duelos…?

- Si yo tuviera que ver algo con eso que mencionas, te aseguro que no sería más que tú. – Le contestó con un tono muy calmado, que indirectamente contestaba con "sí" a su respuesta.

- ¿De qué hablas? – Agregó ella volteándose hacía él con duda. –Yo no tengo nada que ver con…

- ¿De nuevo negándote a ti misma? – Interrumpió de golpe el chico de ojos rojizos, dando un par de pasos hacía ella.

Tomoyo por simple reflejo retrocedió, pero su espalda se encontró con el espejo, evitando que avanzara. Kamui se detuvo a unos cuantos centímetros de ella, mirándola fijamente a los ojos con una mirada profunda, que la hacía sentirse un poco intimidada. De pronto, alzó su mano derecha lentamente, colocando su palma sobre la mejilla de Tomoyo. Ella sintió la calidez de su mano sobre su piel, y la hizo sobresaltarse ligeramente. Kamui le sonrió ampliamente con gentileza, intentando tranquilizarla.

- Lo has hecho toda tu vida Tomoyo, pero eso debe de terminar, ¿no lo crees? Eso es lo que tú querías, ¿Lo olvidas? ¿O es que acaso vas a negar que en un momento de desesperación, en uno de esos momentos que nadie conoce de ti más que tú misma, pediste algo con tanta fuerza que ante ti apareció una respuesta?

Los ojos de Tomoyo se abrieron de par en par de golpe, quedándose estupefacta al oír esas palabras. Imágenes cruzaron su mente con velocidad, imágenes de una habitación oscura, de ruidos de gritos lejanos, la imagen de una cama, y de un objeto oscuro sobre ella.

- No… No puede ser… Tú… No puede saber de eso…

Confundida y aturdida, hizo a un lado la mano de Kamui e intento sacarle la vuelta y alejarse de él, pero al caminar hacía un lado, ante ella surgió de nuevo el mismo espejo de cuerpo completo, como si se hubiera movido por sí solo. Se sorprendió mucho y retrocedió como pudo, sólo para encontrarse de nuevo con Kamui, el cual la abraza delicadamente desde atrás, rodeando su cuello con su brazo derecho de manera protectora y colocando su brazo izquierdo alrededor de su abdomen. Tomoyo se paralizó por completo al sentir ese abrazo, mirando al frente sin cambiar su expresión atónita.

- Tomoyo Daidouji. – Comenzó a susurrarle muy despacio cerca de su oído derecho. Mientras hablaba, el espejo comenzaba a nublarse, comenzando a mostrarse diferentes imágenes de diferentes momentos del tiempos, imágenes de Tomoyo, de su infancia, de su vida en la escuela, sus padres, sus amigos. Ella miraba todo eso como si se tratara de una película, y no de su propia vida. – Desde el día en que naciste has tenido frente a ti diferentes caminos. Uno es el que en el fondo de tu corazón siempre has deseado recorrer, el otro es el que las demás personas te han impuesto, y un tercero es el camino que el destino te tuvo planeado desde un inicio. Dos de ellos son en realidad uno sólo, pero el que has recorrido hasta ahora es el otro. ¿Sabes de lo que hablo?

En el espejo se fue mostrando poco a poco la imagen de una pequeña niña muy hermosa, de cabello oscuro y rizado adornado con varios moños, con un vestido de color blanco y azul con encajes, muy elegante. Ese vestido, su peinado, su piel blanca como nieve la hacían parecer una muñeca de porcelana delicada y bella, pero no era una muñeca, era una persona, una hermosa niña que en unos años se transformaría en ella, en Tomoyo Daidouji.

- Desde el inicio de tu existencia, la sociedad te ha tratado como una joya invaluable, una frágil y delicada joya la cual se puede observar, pero nunca tocar, que se puede admirar, pero nunca amar… Te han encerrado detrás de mil máscaras, detrás de velos y vestidos. Nunca te han dejado salir de tu cascarón Tomoyo, no te han dejado nacer…

- ¿Nacer..?

- En su intento de mantenerte así, la demás gente te reprimió por completo. Te prohibieron odiar, enojarte, apasionarte… desear… Y siempre que mantuvieras esa sonrisa en tu rostro, el mundo estaría a tus pies. Pero no te prohibieron amar, ¿o sí Tomoyo? No, claro que no. Eras libre de sentir, pero jamás de expresar. Las joyas valiosas no expresan sentimientos. Pobre pequeña, un amor tan puro y noble como el que tienes en tu corazón, y debes de ocultarlo, callarlo como si se tratara de algo prohibido…

La imagen de la pequeña se nubló y dio paso a otra visión totalmente distinta. Era de nuevo Sakura, pero no la Sakura de diez años de antes, sino Sakura como se veía actualmente, de trece años, con el cabello hasta los hombros, su uniforme de Othori, sonriéndole ampliamente con mucha ternura y mirándola con sus hermosos ojos verdes. El reflejo inclinó un poco el cuerpo hacía el frente, cerrando los ojos, inclinando su cabeza hacia un lado y sonriéndole ampliamente. Luego, en el espejo surgió la imagen de otra persona, de un chico de cabellos castaños y cortos, que abrazaba a Sakura delicadamente por atrás y pegándola a su cuerpo. El chico parecía voltear a ver a Tomoyo, sonriéndole ampliamente con algo de malicia.

- Tú misma fuiste la culpable de unir a la persona que más amas en el mundo con la persona a la que ella quería, aunque no se tratara de ti. Creías que haciendo eso lograrías hacerla inmensamente dichosa, y si lograbas su felicidad, eso sería suficiente para que tú fueras feliz. Y lo fuiste, ¿no es así? Con tan sólo ver su sonrisa, un calor profundo inundaba tu pecho, y ese sólo sentimiento que radiaba era tu perfecta recompensa. Sin embargo, al mismo tiempo, al verla en los brazos de otro, al verla acompañada de alguien que no eras tú… todo eso te carcomía por dentro, hasta casi hacerte enloquecer. Deseabas con todas tu fuerzas deshacer esa maldita farsa, librarte de esa máscara que te aprisiona, saltar encima de esa persona, decirle todo lo que sentías, y demostrárselo de todas las maneras posibles…

- ¡No! – Exclamó con fuerza soltándose rápidamente del abrazo de Kamui. – ¡No es así!

Las palabras de Kamui parecieron afectarla mucho, tanto que ese sobresaltó la hizo casi intentar huir de él, mas sólo logró dar un par de pasos antes de caer de rodillas. Se agarró su cabeza con fuerza, pues se sentía muy confundida y aturdida por todo lo que acababa de ver y escuchar. Todo era muy confuso, como un sueño, de seguro eso debía de ser. Tendría que estar dormida en su habitación luego de haberse ido a ella, luego de haberse encontrado a Shaoran, eso debió ser.

- Por supuesto que sí es así. – Exclamó de golpe Kamui, parado en el mismo sitio. – Eso era lo que en el fondo de tu corazón deseabas, y aún ahora lo deseas con más fuerza. Pero tú aún sigues en ese estante de joyas en el que te ha puesto el mundo. Tú quieres bajar de ese estante y salir al mundo: tú lo deseas. Hazlo Tomoyo, Hazlo… en tus manos está la llave para Revolucionar al Mundo…

Tomoyo sintió como la mano de Kamui pasaba por encima de su hombro derecho y se colocaba frene a su rostro. Entre sus dedos, sujetaba un objeto que parecía quererle enseñar, un objeto pequeño, de color negro y circular: una sortija de color negro.

- Esa sortija… - Murmuró muy despacio al verla. – No… puede ser…

- Ven conmigo Tomoyo… - Murmuró la voz del chico de tercero, mientras tomaba su mano izquierda con y luego acercaba la sortija a su dedo anular, colocándola lentamente en éste; la sortija parecía caberle a la perfección. – Ven… y conoce tu verdadero destino…

******

Aún no podía creer todo lo que había pasado el día anterior. Sino fuera por la sortija que adornaba su dedo en esos momentos, seguiría aferrada a la idea de que todo fue un sueño, pero no fue así y ella lo sabía. Algo había ocurrido, algo importante, algo que cambiaba por completo su vida a como la había llevado acabo hasta entonces, aunque la verdad era que no sabía cual era ese cambio, ni tampoco las consecuencias negativas o positivas que le traería. ¿Qué hacer ahora? No podía estar escondida bajo las sabanas para siempre.

Se giró para recostarse boca arriba, centrando su vista en el techo. Intento no pensar en nada, aclarar su mente, concentrarse en algo más, la escuela, sus grabaciones, dibujo, el coro, en cualquier otra cosa que no tuviera nada que ver con ese momento, pero al final todos los caminos la llevaban al mismo punto.

- ¿Una Rosa Negra? – Murmuró en voz baja para sí misma. – ¿Un Duelista como Sakura y Li? ¿Porqué yo? No lo entiendo…

Lentamente hizo el cobertor a un lado y se sentó en la cama. Sus cabellos estaban fuera del lugar, y su expresión estaba carente de energía; esa no era la Tomoyo perfecta y pura que todos conocían, era algo totalmente diferente a eso. Ese era de alguna manera su lado "humano", su lado imperfecto, sucio, su lado que la hacía no ser una muñeca de porcelana, sino una persona de carne y hueso. ¿Nacer?, ¿romper el cascarón?, ¿Qué significaban esas frases? Necesitaba saber la verdad, la verdad sobre esa carta, la sortija, los duelos, y principalmente sobre Kamui.

No lo dudo más y se puso de pie. Se decidió a ir y averiguar que tenía que hacer de ahora en adelante, no sin antes esconder esa sortija. Por algún motivo, no podía pensar siquiera en quitársela, pero tampoco en que alguien la viera, no aún…

El tiempo paso, y ya era la primera clase del día para todos los niveles educativos. La escuela se sumió en un silencio completo, y en una calma que sólo existía en las horas de clases, e incluso en la noche cuando no había nadie. El Consejo Estudiantil se distinguía por gozar de varios privilegios y lujos que la mayoría de los alumnos no tienen, y uno de ellos es el de faltar de vez en cuando a algunas clases sin el menor problema por asuntos del Consejo, y por ello no era raro que ninguno de los cinco miembros activos del Consejo se encontrara en su respectivo salón. Sin embargo, normalmente cuando eso ocurría se les podía ubicar en el Balcón de la Rosa, pero en esta ocasión no era así.

Tres de los miembros del Consejo habían faltado a clases no por asuntos del Consejo, sino por asuntos de otra naturaliza. Era extraño, pero el punto de reunión de estos tres individuos era el Dojo de Kendo, un lugar que no era frecuentado por ellos muy seguido, a excepción de uno de ellos. Los visitantes al Dojo, que se encontraban parados en diferentes puntos del cuarto de madera pensativos en sus propias cosas, eran Touga, Mikki y Juri. Touga estaba de pie recargado en la pared a lado de la puerta de entrada, Juri estaba recargada en la pared contraria con los brazos cruzados, mirando al suelo con algo de enojo, y Mikki estaba sentado en el suelo a unos metros de Touga, anotando como le era costumbre en él unas cosas en su libreta de color verde. A excepción de Juri que traía algunas vendas en el cuerpo, más ninguna visible, todos los demás parecían estar intactos de sus combates del día anterior.

- Rosas Negras. – Comentó de pronto Touga en voz baja. – Es la segunda vez que me enfrentó a uno de ellos, pero considerando quienes fueron sus oponentes, no es su mismo caso, ¿verdad?

Juri y Mikki guardaron silencio, cada uno enfocado en lo suyo, aunque los dos escucharon claramente la pregunta del pelirrojo. En efecto, esos combates no habían sido ni el primero, ni el segundo, pues sus oponentes ya tenían una larga lista de encuentros pasados.

- Qué aire tan tenso se respira hoy. – Se escuchó que pronunciaba la voz sarcástica del capitán Sainoji, entrando tranquilamente al dojo, vestido con su traje de entrenamiento color café y su espada de madera en su hombro. – ¿Qué hacen todos aquí? ¿Están evitando ir al Balcón? ¿Acaso se esconden de él?

Y de nuevo nadie contestó nada. La verdad los tres habían llegado a ese sitio por separado, Touga había sido el último. Las razones de porque fueron ahí sólo las conocían cada uno, y no parecían estar muy abiertos a compartirlas. Sainoji no pareció ponerles mucha importancia y se puso en el centro del dojo, alzando su espada de madera al frente y luego jalándola hacía arriba y lanzando un golpe al frene mientras avanzaba con un paso.

- Sé lo que pasó ayer. – Comentó mientras comenzaba con sus repeticiones habituales. – Hicieron demasiado ruido como para no darme cuenta.

- Entonces gracias por tu ayuda. – Mencionó Touga con algo de reproche.

- Se los dije muy claro, ¿o no? No tengo motivo para intrometerme en los Duelos ahora. Las Rosas Blancas y las Rosas Negras, eso no me interesa. Sólo me interesa el Poder para Revolucionar al Mundo, y yo perdí mi Derecho al Reto. Así que esperaré mi oportunidad para recuperar a Kotori y obtener a la Doncella de Negro en la Arena…

- No todo tiene que ver con los Duelos. – Escucharon todos de pronto que una voz muy familiar para ellos pronunciaba en la puerta. Los cuatro desviaron su atención de golpe hacía el umbral principal, en donde se encontraba de pie el semblante sereno y firme de su Delegado.

- Li. – Susurró Mikki mientras se ponía de pie. – ¿En verdad viniste a la Escuela?

- Dije que comenzaría a venir regularmente. – Le contestó mientras daba unos pasos hacía adentro del edificio. – Además, mis heridas no son tan serias.

Shaoran estaba herido por el combate que había tenido con Mikage, aunque sus heridas físicas no eran comparadas con las de su orgullo rotó. Volteó a verlos a cada uno con seriedad, notando en sus semblantes la misma expresión pensativa, y él sabía porqué.

- Me alegra verlos a todos reunidos de nuevo. Creo que tenemos que hablar, ¿ustedes no? – Y de nuevo nadie dijo nada. – Lo crean o no, lo que pasó ayer fue algo serio. Como ustedes tres habrán notado, el poder de las Rosas Negras es muy grande, sobre todo el de Mikage y Himemiya, sin contar al actual Príncipe de Negro, Takatsuki Shiori. – Juri frunció el ceño ligeramente ante su mención y desvió la mirada rápidamente hacía otro lado. – Pero su poder reside también en otro factor: su unidad. Ellos trabajan como un equipo al mando de un hombre como Mikage Souji, y de esa manera nos tomaron por sorpresa, desprevenidos y separados, obteniendo una ventaja demasiado grande. Si son Duelistas de verdad deben de ser capaces de notar eso. En el fondo ese enfrentamiento nos reveló lo que ya les había dicho: Las Rosas Blancas deben de pelear unidas contra las Rosas Negras, esa es la única forma de obtener sus deseos.

- De nuevo con tu palabrería. – Interrumpió sin pudor el chico de cabellos verdes, reanudando su ejercicio de nuevo sin espera. – No tiene caso trabajar juntos, porque la verdad es que cada uno pelea por su propia cuenta para obtener sus propios fines. No veo cual es el caso de dividir a los duelistas en dos bandos, si al final de cuentas todos buscamos un deseo propio. Rosas Blancas, Rosas Negras, ¿cuál es la diferencia entre ser uno u otro? ¿Qué tenemos en común nosotros para que el Fin del Mundo nos haya puesto la mis etiqueta? Pues bueno, yo no pelee contra ninguno de ellos, así que eso que dices para mí no significa nada. Y si ustedes se dejan llevar por eso, son más tontos de lo que pensé.

El último comentario iba obviamente dirigido a Touga y sus dos amigos. La verdad era que Sainoji no tenía ni la menor idea de lo que sentían, pues él no había estado ahí, pero para el resto esos combates habían sido decisivos.

- La verdad es que yo tampoco entiendo bien el significado de ser una Rosa Blanca o una Rosa Negra. – Agregó Li continuando con su explicación. – El secreto debe de residir en la relación existente entre nosotros y los Dragones de la Leyenda, pero ésta a su vez también es un misterio. Pero aún así deben de entender que si estamos juntos es por algo.

Por más que lo intentaba, sus palabras no parecían romper la dura coraza que los miembros del Consejo habían puesto entre ellos y él, y en especial luego del asunto de Sakura, pues parecía que eso había provocado que en todos surgieran muchas dudas y preguntas que Li no era capaz de responder directamente.

- No me deben de contestar ahora, pero piensen en lo que les he dicho. – Dijo por último, mientras caminas hacia un lado del dojo, admirando las espadas japonesas en ella en estaban colgadas. – Como sea, hablando de lo ocurrido ayer, aún no conozco con exactitud los propósitos claros que pudo haber tenido Mikage para atacar a Sakura de esa manera fuera de la Arena. Según entendí, él deseaba conocer los poderes de Sakura antes de retarla.

- Y parece que lo logró. – Agregó Mikki recordando como había terminado todo. – Eso que Sakura hizo en ese momento, no fue normal, fue muy diferente a las veces anteriores.

- ¿De qué hablan? – Preguntó Juri, rompiendo el silencio que había mantenido.

- Ese es otro tema que debemos hablar con más calma. – Respondió rápido Shaoran, como evitando que Mikki dijera algo, y él así lo sintió.

- ¿Porqué todo eso te causa tanta conmoción? – Comentó Sainoji mientras se secaba el sudor con una toalla. – Los Territorios de Duelos son para peleas fuera de la arena, ¿o no?

- Sí, pero el Príncipe de Blanco y el Príncipe de Negro no son cualquier duelista. Ellos tienen a las Prometidas de la Rosa, y ambos estaban en ese sitio al mismo tiempo. No estoy muy seguro si las reglas de los Duelos de la Rosa lo permitan, pero igual lo único que sabemos es lo que nos dice el Fin del Mundo. No hubo una nueva carta como consecuencia, así que dudo que algo vaya a cambiar con este acto. Así que el Príncipe de Blanco tendrá que enfrentarse a las Rosas Negras sin importar qué.

- Sin embargo, hasta el momento sólo hay cuatro Rosas Negras, y Mikage Souji dijo que esperaría a que las otras tres llegaran, ¿no? – Comentó Mikki al recordar las palabras que Mikage dijo antes de irse.

- ¿Es eso cierto? – Preguntó Touga. – ¿Por qué haría algo así?

- Lo ignoró por completo, pero a estas alturas es muy probable que las otras tres Rosas Negras ya hayan florecido; la cuestión es cuando entraran en el juego…

Unos pasos se escucharon de pronto acercándose al Dojo. Por mera costumbre, todos tenían la costumbre de guarda silencio cuando hablaban de ese tipo de temas y alguien se acercaba, y eso mismo fue lo que hicieron. Una persona se asomó hacía adentro del dojo, moviendo sus ojos azules en todas direcciones, notando la presencia de todos los miembros del Consejo hasta encontrar al que buscaba: Shaoran.

- Lo siento, ¿interrumpo algo? – Preguntó con una amplia sonrisa la visitante, dando un paso hacía el interior. Era Tomoyo, vestida con su uniforme limpio e impecable, sonriéndole a Shaoran con su habitual expresión tranquila.

- Daidouji. – Susurró Mikki un poco sorprendido, pero a la vez algo aliviado; tenía miedo de que alguien hubiera escuchado de más, pero Tomoyo ya sabía de ese asunto, o al menos eso pensaba él.

Sin embargo, el joven de Kyoto notó que su sentimiento no era compartido por todos los presentes, en especial a Touga que estaba parado a su lado. El Delegado estaba mirando fijamente a Tomoyo, con una expresión de sorpresa que casi parecía de miedo. Touga se serenó poco a poco, pero nunca quitando la mirada de la joven de primero.

- "Esta chica de nuevo…"

******

De pronto, ambos peleadores parecieron ver como una figura comenzaba a atravesar la barrera, tomando forma poco a poco en el área de su territorio. Los dos parecieron sorprenderse al ver que se trataba de una persona, una joven para ser exactos. La persona que acababa de entrar caminaba por la calle, pero en cuanto penetró se paró de golpe al ver frente a ella las casas destruidas, y los póster de luz derribados a causa del combate entre ambos chicos. Se trataba de una joven de cabello oscuro y largo adornado con un listón blanco, piel muy blanca y ojos grandes y azules, vistiendo el uniforme de la Academia. Touga se quedó atónito al ver que había entrado a su Territorio de Duelos…

******

Esa chica era la misma que había entrado al Territorio cuando peleó por primera vez contra Akio, de eso estaba más que seguro, en especial luego saber que se trataba de una amiga de Kinomoto. No se lo había dicho a nadie, esperando utilizar esa información a su favor en algún momento, pero las cosas estaban cambiando. Viró su vista discretamente hacía su mano izquierda, temiendo encontrarse con algo que no deseaba ver. Para su sorpresa, la mano izquierda de Tomoyo estaba cubierta con un guante de color negro… ¿Estaba escondiendo algo?

- Daidouji… - Dijo Li mientras se le acercaba lentamente. – No, sólo conversábamos un poco.

El resto de los miembros del Consejo vieron con algo de curiosidad como ambos se paraban delante del otro, conversando y saludándose. Después de Sakura, era la primera persona a la que veían que Li trataba con un poco de cortesía.

- Ah, todos ustedes son el Consejo Estudiantil, ¿verdad? – Preguntó la ojos azules, volteándolos a ver. – Conozco a la mayoría, pero creo que nunca los había visto a todos juntos. Li, ¿eres miembro del Consejo también?

- Sí, algo así. – Murmuró son seriedad, volteando a ver como los demás los miraban fijamente. – ¿Me buscabas por algo en especial Daidouji?

- Ah, perdón. Solamente quería hablar un poco contigo, pero podría volver después.

- No, está bien. – Le contestó él, sonriéndole ligeramente. – ¿Podríamos salir a hablar afuera?

- ¡Sí!

Ambos caminaron hacía la puerta y salieron del dojo tranquilamente, con la vista de las otras cuatro Rosas Blancas los seguían con la vista.

- ¿Ex novia o algo así? – Comentó con una risita maliciosa Sainoji cuando ya habían salido. – O tal vez no tan "ex". ¿Cómo se sentiría la chica Kinomoto si se enterará de eso?

- Deberías de sacar tu cabeza de la basura más seguido Sainoji. – Murmuró Mikki mirándolo de reojo. El comentario no pareció agradarle en lo más mínimo a su receptor. – Ella es Daidouji, amiga de Sakura desde hace mucho, y Li también la conoció en Tomoeda hace tres años. Es obvio que exista cierta cortesía entre ambos.

- Creo que es un poco más que eso. – Agregó Juri, acercándose a Mikki. – Me atrevería a decir que esos dos son amigos.

- Ese sujeto no tiene amigos. – Comentó con molestia el chico de cabello verde, tirando su toalla a un lado, reanudando su ejercicio.

- Cómo sea, si es amiga del Príncipe de Blanco, ¿eso quiere decir que está enterada de los Duelos?

- Yo creo que sí. – Respondió Mikki volteando a ver a Juri. Sin embargo, el momento de voltearse, pudo notar que Touga seguía viendo fijamente a la puerta con expresión seria y pensativa; de hecho, no había dicho nada en un buen rato. – ¿Qué ocurre Touga?

El pelirrojo no contestó, y de hecho parecía que no lo había oído. Él seguía recordando esa experiencia que había tenido, intentando prever en su mente cualquier posibilidad, con tal de no pasar ninguna por alto, pero al final todo llegaba a la misma. Sin dar explicación, comenzó a caminar hacía la puerta.

- ¿Touga? – Preguntó un poco confundida la capitana, viendo como se disponía a salir. – ¿A dónde vas?

Shaoran había llevado a Tomoyo a una parte del patio que se encontraba a unos metros del Dojo. Era un pequeño claro, rodeado por cuatro árboles que parecían representar las cuatro esquinas de un cuadrado, separados uno del otro por varios metros. Sus ramas se extendían en todas direcciones, y por eso al pararse ambos en el centro, la sombra de los cuatro árboles legaba a protegerlos del sol con facilidad.

Tomoyo se paró frente a Shaoran y le sonrió ampliamente como lo había hecho en otras ocasiones en el pasado. Sin embargo, de pronto la joven de cabello largo comenzó a caminar hacía él, parándose a una distancia muy corta. Esto sorprendió mucho al muchacho castaño, el cual no pudo evitar mostrar un ligero rubor en su rostro al sentir esos ojos azules tan cerca de él. Tomoyo sin embargo estaba tranquila, y como si nada acercó una mano hacia él, colocándola a la altura de su cabeza y luego acercándola en línea recta a la de ella, mostrándola diferencia de estaturas.

- Sí que has crecido Li. – Comentó con alegría Tomoyo. – Recuerdo que cuando llegaste a Tomoeda por primera vez éramos casi del mismo tamaño, y ahora mírate.

- Ah, sí… eso creo… - Susurró un poco confundido el chico chino, dando un paso hacía atrás inconscientemente.

Ella río un poco al ver esa acción por parte de su amigo, y también dio un paso hacía atrás para no perturbarlo más con su cercanía.

- La verdad, cuando Sakura me contó que estabas aquí, no podía creerlo. Todo este tiempo, ¿y nunca nos habíamos cruzado?

- Algunas de las primeras clases de este ciclo las estuve llevando desde la Mansión de la Rosa. – Le explicó algo más calmado. – Tuve algunos asuntos que me impidieron venir regularmente a la escuela, pero actualmente estoy en el Salón C; Por eso no nos habíamos visto. La verdad no tenía idea de que estabas aquí hasta hace algún tiempo; pensé en ponerme en contacto contigo pero…

- Entiendo, no te preocupes, no tienes que darme explicaciones. – Interrumpió de pronto Tomoyo, agitando un poco su mano. Shaoran notó algo extraño en la manera de hablar y de actuar de Tomoyo; algo no estaba bien.

De pronto, la ojos azules caminó lentamente hacía un lado, teniendo sus manos atrás de su espalda y su mirada puesta en las hojas sobre ellos, y en los rayos de sol que lograban pasar a través de ellas. En ese momento, cuando Tomoyo prácticamente le estaba dando la espalda, Shaoran notó el guante negro que traía en su mano izquierda.

- Sabes Li… - Comenzó a decir la joven sin voltear a verlo. – En varias ocasiones me comunique con Meiling por correo electrónico, y cuando le preguntaba por ti, nunca me dijo que estabas aquí en Japón.

El Delegado del Consejo Estudiantil guardó silencio ante su comentario; hacerle ese recordatorio le traía muy malos recuerdos.

- Pasaron algunas cosas en Hong Kong un poco complicadas. Lamento no haberme comunicado con ustedes, pero el tiempo no estaba a mi favor.

- ¿El tiempo? – Preguntó de pronto Tomoyo con un tono serio muy raro en ella. – ¿Qué quieres decir con eso?

La joven volteó a verlo de pronto con una expresión entre seriedad y tristeza en sus ojos. Shaoran se sorprendió mucho al ver esto, pues nunca en el tiempo que convivió con ella en Tomoeda la había visto ponerse así… ¿Qué había ocurrido? Tomoyo siguió hablando de la misma manera.

- Dudo que lo sepas, de seguro no… Pero Sakura se sintió muy mal cuando no recibía respuestas a sus cartas, y cuando no supo nada de ti en casi un año se sintió aún peor.

- Lo lamento… Estoy seguro que preocupe mucho a Sakura, y en verdad no quería que eso pasara así. Pero tenía otro tipo de cosas en que ocuparme…

- ¡¿Más importantes que Sakura?! – Exclamó de golpe con fuerza la chica de cabello largo, girándose por completo hacía él.

El rostro de Tomoyo se cubrió de pronto de enojo, y esa mirada dulce y tranquila que siempre la adornaba su rostro había desaparecido por completo. Además de esto, una extraña sensación recorrió todo el cuerpo de Shaoran al sentir esa mirada sobre él, similar a un escalofrío, que casi lo dejó paralizado de la impresión. Esa chica que lo miraba, que le decía esas palabras con ese tono de enojo y de resentimiento, que casi parecía querer golpearlo en ese instante, no era Tomoyo... ¿Quién era esa persona?

Ambos estuvieron por varios segundos sin decir ni hacer nada, hasta que la ojos azules pareció reaccionar y darse cuanta de lo que estaba pasando. Su mirada se tranquilizó de golpe y de inmediato la desvió a otro lado, aparentemente algo apenada o confundida por lo que había hecho. Li la miró muy confundido, dando un pequeño paso hacía ella.

- ¿Estás bien Daidouji? – Le preguntó con un poco de preocupación en su tono, pero antes de que se pudiera acercar ella se movió, sacándole la vuelta y alejándose un poco de él.

- Nada, no me pasa nada. – Contestó de pronto, volteándolo a ver increíblemente de regreso con esa sonrisa amplia y tranquila, y ese rostro sereno como si nada hubiera pasado. – Pero bueno, tenemos que hablar algún día de estos para ponernos al corriente, ¿no crees?

Todas esas palabras fueron pronunciadas de la misma manera como ella podría haberlo dicho en cualquier día, con esa misma expresión tranquila y alegre. Antes de que Li pudiera comprender que era lo que estaba pasando, Tomoyo se dio la media vuelta y comenzó a caminar, alejándose de Li con tranquilidad.

- Nos vemos luego. – Se despidió con cortesía mientras se alejaba, sin voltear a verlo siquiera.

- ¿Daidouji…? – Susurró muy despacio desconcertado el mago chino, mirando como se alejaba caminando de esa manera. – "¿Qué fue esa sensación tan extraña que sentí en ese momento?"

- ¿Qué demonios fue eso? – Escuchó que la voz casi molesta de Sainoji pronunciaba a sus espaldas. – Primero creí que te arrancaría la cabeza, y un segundo después se despide con una sonrisa.

Li volteó por encima de su hombro; Touga y Sainoji se le acercaban caminando, y por las palabras de éste último habían estado ahí desde hace algún rato.

- ¿Estaban espiando? – Murmuró con desaprobación, volteándolos a ver. De pronto, notó como Touga se le acercaba y se paraba delante de él, mirándolo con una extraña preocupación a los ojos.

- Li. – Le dijo sin apartar su vista de él. – Hay algo que debo contarte.

Sakura no pudo oponerse por mucho tiempo a la determinación por parte de Kotori y de Kero de que se acostara en la cama a descasar y reponer energías. Ya cerca del medio día, se encontraba recostada bocarriba en la cama de Kotori, pero no era capaz de dormir, ni siquiera de cerrar los ojos. Esto podría deberse sin problema todas las horas que ya había dormido, pero no se trataba de eso. Sakura seguía muy absorta en sus recuerdos, intentando darle un orden aunque sea un poco lógico, pero seguía muy confundida, en especial por ese encuentro tan extraño con esa "personas".

Alzó su mano izquierda, colocándola frente a su rostro, mirando fijamente la sortija blanca en su dedo. Desde la primera vez que la tuvo en su dedo, no se la había quitado, ni siquiera para bañarse, y aún así estaba intacta, como la primera vez que la vio. En verdad no era un objeto ordinario, tenía que haber algo especial en ella como para obligarla de esa manera a no desprenderse de ella ni un momento. Además de todo, esa sortija se la había entregado esa persona, su Príncipe, en aquel segundo encuentro fugaz. Sin embargo, lo que acababa de vivir no había sido como las otras veces. Había sido más vivido, más claro, ella ahora no había escuchado esas palabras como ecos lejanos, sino como palabras pronunciadas ante ella por una persona real…

Sakura bajó su mano, colocándola ahora sobre su pecho, sintiendo los latidos lentos y tranquilos de su propio corazón, y recordando lo que ese ser le había dicho…

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- Desde el final de esa batalla en el que mi cuerpo desapareció de éste y de todos los mundos, un pedazo de mí reside en cada uno de los elegidos… En cada uno de mis Descendientes… En cada una de las Rosas Blancas. Y el más grande, y más fuerte de todos se encuentra… - Sakura sintió en ese momento como él colocaba su mano con cuidado sobre la mano que ella tenía en su pecho, sintiendo su firmeza y calidez, pero a la vez una gran delicadeza y dulzura. –… En ti… En la estrella que reside en tu corazón…

******

¿Un pedazo de él?, ¿Qué significaba eso? ¿Podría ser que su magia fuera en realidad un pedazo de la magia de esa persona?, ¿o se trataba de algo diferente? Si todas las Rosas Blancas tenían eso, ¿Qué tienen en común entonces ellos siete? Todo eso la tenía muy confundida, y seguía preguntándose con insistencia si eso había sido real o había sido una alucinación, si esa persona es en verdad la misma que ella recuerda, o se trata de algún truco de alguien. Y sobre todo, la pregunta eterna: "¿Por qué yo?" Al menos en esta ocasión Sakura había descubierto algo, y sobre todo lo más importante: su nombre.

- "Kamui…" – Pensó para sí misma al recordarlos. – "Eso no fue un sueño, ni una alucinación, ¿verdad? No estoy segura de que pasó en ese momento, pero yo siento que fue real… ¿Fuiste tú quien me permitió realizar eso?"

La última pregunta iba ligada a ese poder que había mostrado y que la hizo capaz de romper la Ilusión creada por Mikage, y el cambio repentino de su báculo mágico. Eso había sido real, los que estaban presentes lo habían visto. Aunque aún no había hablado con ninguno, estaba segura que Shaoran y Mikki y estaban ahí; ella creía haberlos oído en ese momento.

- "Necesito hablar con Shaoran sobre lo ocurrido. Él sabe más sobre estos Duelos y esa Leyenda, él podría explicarme un poco más…"

Escuchó de pronto que la puerta del cuarto se abría. Un poco exaltada por ser sacada de sus pensamientos de esa manera, volteó hacía la puerta para ver quien era. Kotori, gracias a la insistencia de Sakura, se había ido a la escuela. Ella deseaba quedarse a cuidarla, pero Sakura no se lo permitió. Al final tuvieron que hacer un trato: Sakura se quedaba en casa a descasar y Kotori iba a la escuela, y así había sido. Los únicos en la casa además de ella entonces eran Kero y Chu-Chu.

- ¡Sakura! – Exclamó con alegría su guardián de color amarillo, entrando volando al cuarto. – Tienes una visita Sakurita…

- ¿Una visita? – Sakura se sentó con cuidado en la cama y volteó a Kero que flotaba sobre ella.

- ¿Sakura? – Preguntó otra persona que se asomaba hacía adentro con algo de discreción. Sakura reconoció de inmediato los ojos azules y cabello oscuro de su amiga Tomoyo.

- ¡Tomoyo! – Exclamó un poco sorprendida la ojos verdes, parándose de la cama. – ¿Qué haces aquí?, ¿Y la escuela?

- ¡Sakura! – Exclamó con fuerza la segunda chica de Tomoeda, mientras caminaba rápidamente hacía su amiga y la abrazaba. Sakura se quedó muy sorprendida ante esto; parecía que en verdad estaba muy preocupada.

- Cuidado Tomoyo, Sakura aún sigue muy lastimada. – Comentó Kero, colocándose al lado de ellas.

- ¡Lo siento! – Rápidamente se separó de Sakura, con temor de que su abrazo la hubiera lastimado. – No te quiero lastimar, ¿Cómo te sientes?

- No te preocupes. – Contestó sonriente, la castaña, agitando su manos con rapidez. – ¡Ya me siento mucho mejor!

Sakura alzó sus brazos con fuerza para demostrar su buen estado, pero su prueba no salió como deseaba pues al hacer eso un dolor pulsante en su hombro derecho la hizo titubear y tener que bajar sus brazos de golpe, cosa que también le dolió.

- No te esfuerces, tranquila. – Le dijo Tomoyo, sosteniéndola con cuidado para que no se esforzará.

Tomoyo la guío con cuidado a Sakura hacía la cama para que pudiera sentarse, y ella a su vez a su lado. Sakura notaba que su amiga la miraba con mucha preocupación y la trataba con extremo cuidado. Eso la hacía sentir muy mal; en verdad les había provocado muchos problemas a todos.

- ¿Sabes lo qué pasó ayer? – Susurró en voz baja la castaña, bajando su mirada.

- Sí…- Le contestó de la misma manera ella a su vez.

- ¿Shaoran te contó?

La joven de cabello largo se sobresaltó un poco al comentario. No, Shaoran no se lo había contado, ni él un nadie. Ella lo había visto justo mientras pasaba, en ese espejo a cuerpo completo que Kamui le había mostrado. ¿Podía contárselo? Tenía que contárselo, podía hacerlo. Sakura era la única persona a la que podía decírselo, era su mejor amiga, su única amiga de verdad. En su mente se decía sí misma "Dile que no, dile la verdad…", pero sus labios no respondieron…

- Sí, así es. – Contestó sonriéndole levemente, mintiendo aunque ella no se diera cuenta.

- De seguro te preocupe mucho, perdóname. Todos se metieron en demasiados problemas por mi culpa…Shaoran, Mikki, Juri-senpai… - Una risita pequeña surgió de los labios de Sakura, mientras se tomaba su hombro derecho con cuidado. – Y encima de todo me siento como si me hubieran atropellado.

- Lo bueno es que estás bien amiga. – Mencionó Tomoyo con toda la ternura posible, mientras tomaba su mano derecha con cuidado con su mano izquierda. Al hacer esto, Sakura sintió y luego miró el guante negro de su amiga, el cual la extrañó mucho.

- ¿Y ese guante?

Tomoyo apartó rápidamente su mano, volteándose hacía otro lado al notar el error que había cometido.

- Ah… No es nada. – Le contestó con duda, sin voltear a verla.

- ¿Te lastimaste o algo Tomoyo? – Preguntó a su vez Kerberos, acercándosele a su rostro, pero Tomoyo reaccionó de la misma forma, parándose de la cama y alejándose unos pasos de ellos.

- No, no es nada de eso. – Murmuró en voz baja mientras les daba la espalda. Kero y Sakura se vieron el uno al otro confundidos por la reacción tan extraña que había tenido su amiga.

Después de unos segundos sin hacer nada, la chica de cabellos largos se giró rápidamente hacía ellos de un solo movimiento, sonriéndoles ampliamente con felicidad, como si nada hubiera pasado de nuevo.

- ¿Qué tal si salimos al caminar un poco? – Sugirió Tomoyo más animada. – No es bueno que te quedes acostada tanto tiempo.

- Pero, estoy en pijama.

- Podríamos salir al patio. – Rápidamente se le acercó a Sakura, tomándola de las manos y jalándola con cuidado hacía la puerta, intentando no lastimarla. – ¡Vamos!

- ¡Está bien!

- ¡Yo también voy! – Exclamó con fuerza el Guardián, volando detrás de ellas.

- ¡No Kero!, alguien podría verte afuera.

- ¡Ah!, ¡Siempre lo mismo!

Dejando a un molesto Kerberos atrás, ambas chicas salieron tomadas de la mano. El patio del antiguo dormitorio D-3 era relativamente pequeño. Era como un pequeño jardín, tal vez esa sea la manera más correcta de describirlo. El césped estaba algo seco en algunas partes; parecía que el calor del verano próximo ya empezaba a afectarle. Tenía unos cuantos árboles alrededor, árboles normales que daban poca sombra y de follaje moderado. No tenía rosales ni arbustos, ni una estatua u otro adorno similar. Sólo tenía una barda de la estatura de una persona promedio alrededor, una pequeña mesa y sillas de té, algo sucias en esos momentos, y una banca para sentarse. Si bien no era el sitio más bello del mundo, al menos era un poco más relajante que estar encerrado en un cuarto.

Tomoyo y Sakura optaron por sentarse en la banca. La castaña parecía sentirse un poco mejor de poder sentir el aire y los rayos del sol sobre su rostro, después de todo no había salido de ese sitio desde hace ya casi un día entero. Sakura le empezó a contar lo que había ocurrido, intentando ser lo más sutil posible para no preocupar de más a su amiga. Ella desconocía que la receptora de su historia ya sabía de antemano todo lo que le estaba diciendo, y de hecho podía detectar cuando estaba "suavizando" las cosas, pues ella había visto todo con mucha claridad, incluyendo como estuvo a punto de perder la vida.

- Entonces perdí el conocimiento… - Comentó la castaña, luego de contar como fue estrellada contra el árbol luego de recibir el ataque de Mikage. – No recuerdo muy bien que pasó después, pero Shaoran apareció en ese momento para ayudarme. Él peleó contra ese chico y me defendió. – Una sonrisa ligera surgió en su rostro al recordar eso. – Pero no sólo él, todos estaban ahí para salvarme… Mikki, Juri-senpai, creo que hasta el superior Kiryuu. Debo de hacer algo para compensarles…

- Sí, supongo que sí. – Comentó no muy animada Tomoyo, sonriéndole levemente. Sí, todos estaban ahí para ayudarla… Menos ella. – Pero, ¿por qué te atacaron Sakura?

- Eso es algo que tampoco entiendo muy bien. Ese chico de cabello rosa me dijo algo de que quería probar mis poderes, ver de qué era capaz o algo así. – Sakura guardó silencio unos segundos. – Me dijo también que mis poderes y habilidades eran mediocres, y que no merecía ser la dueña de las Cartas Sakura.

- Pero eso no es cierto. – Exclamó de golpe la ojos azules, tomando de nuevo su mano con ternura. – Yo no sé nada de magia o peleas, pero Sakura es la persona más poderosa y fuerte que conozco, y de eso no me cabe la menor duda.

- ¿Qué cosas dices? – Sakura se sonrojó un poco por los comentarios de su amiga, desviado su mirada hacia otro lado. – Me apenas…

- Es la verdad, no estoy bromeando. – El rostro de Tomoyo se iluminó con una amplia sonrisa. Su mirada se torno ligeramente soñadora, y ahora tomó su mano entre las de ella, tratándola como el objeto más delicado del mundo. – Sakura… es la persona más maravillosa que conozco. No se rinde ante nada, y todo lo que desea lo logra. Si te caes, siempre logras levantarte, si algo se pone en tu camino, logras pasarlo. Eres imparable en todo lo que haces, la mejor en cada una de las cosas que te propones. Eres increíble Sakura, y yo te admiro, te he admirado desde la primera vez que te conocí…

Tomoyo bajó su mirada, sumida en todos los pensamientos y sentimientos que esas palabras simbolizaban para ella. Su rostro se ruborizó ligeramente, resaltando mucho en toda esa piel blanca y lisa. Sus ojos se iluminaron, y el apretón a la mano de Sakura se hizo un poco más fuerte, como temiendo que se fuera a escapar de él. Su sonrisa se hizo más grande y su corazón latió un poco más fuerte, como sólo ella era capaz de lograr.

- De hecho, yo… - Intentó decir algo más pero su voz le falló. Lo podía ver tan claro en su mente, pero le era casi imposible decirlo en voz baja. ¿Qué ocurría?, ¿Por qué su cuerpo le fallaba en esos momentos? ¿O era acaso que aún no era el momento? – "Creo que es más que eso, es un poco más que simple admiración. Sakura, yo siempre…"

- No sabes lo que dices Tomoyo. – Escuchó que pronunciaba su compañera, aprovechando esa pausa que Tomoyo había tomado y antes de que pudiera convertir esos pensamientos en palabras. La ojos azules alzó su rostro lentamente, y notó como Sakura miraba hacía el suelo con una mirada y sonrisa llena de tristeza, con sus cabellos castaños tapándole casi todo su rostro. – Yo no soy nada como lo que dices. Eres mi amiga, y por eso me dices esas cosas pero… La verdad, todos saben que soy algo torpe en muchas cosas, distraída en otras... Nunca me di cuenta de los sentimientos de Yukito y mi hermano, y mucho menos los que Shaoran tenía hacía mí hasta que me los dijo. Principalmente en este último tiempo no me he sentido tan fuerte y segura. He dudado mucho de qué hacer y qué no hacer, o en mis sentimientos con todo esto de los Duelos, el Poder para Revolucionar al Mundo, el Príncipe de Blanco… Todo es muy confuso…

Sakura guardó silencio por varios segundos. De pronto, alzó su mano izquierda lentamente, tocándose su cabello con la yema de sus dedos, su cabello que por muchos años se lo había mantenido corto, pero ahora estaba largo. No había sido por gusto, y eso sólo unos cuantos lo sabían, y Tomoyo era la principal. Su cabello sufrió ese cambio por esos horribles momentos, esos momentos que incluso ahora la seguían afectando…

- Y además, recuerda lo que pasó el año pasado. – Susurró con desgano la Card Captor. – Mi hermano ya había dicho que se iría a Kyoto junto con Yukito… Rika se cambiaría de casa e iría a otra secundaria… Y además de todo, a pesar de que habíamos confesado nuestros sentimientos… Shaoran se fue, y desapareció por tanto tiempo. Tú misma me viste, me desmorone, estaba fuera de mí. Me descuide tanto que incluso me dejé crecer el cabello… Para cuando me di cuenta ya lo tenía así. – Una pequeña risa surgió de los labios. – Aunque después decidí dejármelo; mi padre me dijo que me veía bien. Pero en ese momento fui todo menos fuerte…

- No es cierto. – Susurró de pronto Tomoyo con fuerza, como queriendo que Sakura dejara de decir esas palabras.

La castaña volteó a verla un poco confundida por sus palabras. Tomoyo se encontraba con su mirada baja y puesta en el césped bajo ellas, con el cabello sobre sus ojos y su semblante serio.

- Eso no fue tu culpa. – Susurró en voz baja, aunque Sakura podía oírla con facilidad. – No, tú no hiciste nada… Todo fue culpa de Li, todo fue culpa de él. Si él no se hubiera ido, nada de eso hubiera pasado.

Sakura se extrañó mucho de escucharla decir eso.

- Tomoyo, ¿Qué estás diciendo? Li no…

- Se suponía que él te haría feliz, se supone que él te haría eternamente feliz… -Dijo con un tono cortante, sin alzar su mirada ni un segundo. – Se suponía que él tendría que estar ahí cuando lo necesitaras, para consolarte cuando te sintieras triste como en ese momento… Creí que él podría hacerlo… ¡¡Pero al final fue una tonta fantasía de niña!! – Tomoyo gritó con fuerza y de pronto se tapó el rostro con ambas manos, comenzando a llorar de golpe.

Sakura estaba estupefacta, totalmente confundida. Nunca había visto algo parecido. Tomoyo, desde el primer día que la vio, era tranquila, feliz, sonriente, calmada, nunca la había visto reaccionar de esa manera tan repentina y menos de esa manera. Ella no era la Tomoyo que conocía, al menos no la Tomoyo que creía conocer. Ella era siempre la que estaba ahí cuando Sakura o alguna otra persona deseaba llorar o desahogares, nunca había estado en el otro lugar. No sabía que hacer, que decir o como reaccionar, todo era demasiado extraña para ella.

- Perdóname Sakura, perdóname por favor... – Susurraba entre sollozos. – Todo fue mi culpa…

- Tomoyo, ¿qué cosas dices? – Comentó un poco nerviosa la ojos verdes. – Tú no hiciste nada…

- Claro que fui yo. – Contestó Tomoyo a su vez apenas con un hilo de voz. – Porque yo fui quién convenció y ayudó a Li para que se confesará a ti… Y yo fui quien prácticamente te obligó a que le dieras una respuesta…Yo fui quien causó que ambos se enamoraran… Si no hubiera intervenido…

- Pero Tomoyo, no digas eso, no ocurre nada. – Lentamente comenzó a extender su mano hacía ella, intentando tocarle su espalda para tranquilizarla. – Shaoran está ahora conmigo de nuevo, estamos de nuevo juntos, él, tú, yo…

Antes de pudiera tocarla, Tomoyo se paró rápidamente de la banca, y de nuevo se alejó varios pasos de ella, dándole la espalda y quedándose sin decir ni hacer nada por varios segundos. Luego de un rato pareció tranquilizarse y su llanto se contuvo. Sakura se puso de pie con cuidado, con la intención de acércale, pero se detuvo al momento en el que Tomoyo comenzó a hablarle.

- Hay algo que jamás te dije Sakura… - Comenzó a decirle sin dejar de darle la espalda. – Nunca se lo dije a nadie, ni siquiera a mi madre. Te había dicho que mi madre era la de la idea de hacerme venir a esta escuela… pero la verdad es que yo fui quien se lo pidió.

- ¿Tú Tomoyo? – Preguntó confundida Sakura, aunque no estaba segura si era por haber tocado ese tema tan repentinamente o por lo que acababa de decir. – ¿Pero porqué…?

La joven guardó silencio de nuevo. Lentamente se fue girando hacía Sakura, mirándola con una expresión seria, incluso un poco triste. Sus ojos ya no tenían esa luz que siempre poseían, ni sus labios esa sonrisa tierna y tranquila… Era el rostro de otra persona en el cuerpo su mejor amiga, era la mejor manera de describirlo.

- Hasta el Diciembre pasado, los planes eran que ingresaría a la Secundaria Tomoeda contigo. Pero unos días antes de la Navidad, mi padre vino de visita, ¿lo recuerdas? Me trajo regalos, pasamos juntos el día, y nos divertimos a pesar de todo el tiempo que estuvimos ausentes. La verdad hacía mucho que no me la pasaba tan bien con mis padres. – Una sonrisa pequeña apenas se asomó en sus labios ante ese recuerdo, pero se esfumó tan rápido como apareció. – Y luego, esa noche… me propuso que me fuera con él a Paris, y que estudiara la secundaria haya. Yo la verdad no tenía deseos de irme tan lejos. Mi madre se negó rotundamente, y ambos volvieron a pelear como lo hacían en el pasado. Igual que cuando era una niña, simplemente me fui a mi cuarto, donde no pudiera escucharlos…

Mientras pronunciaba su última oración, comenzaba a acercársele con pasos lentos, hasta colocarse a menos de un metro de ella.

- Y entonces... ahí estaba sobre las sabanas, para que yo pudiera verla a la perfección: una carta… en un sobre negro, con un sello de color azul… - Al oír la palabra "carta", el cuerpo entero de la castaña se sobresaltó. No podía ser posible. – Una carta escrita en un papel negro con letras blancas… "Ven… y conoce tu destino…"

Los ojos de Sakura se abrieron por completo, y su boca se quedó sin palabras por casi un minuto entero. Una carta, aparecida de la nada, esas palabras… No podía ser verdad, ¿lo estaba inventando? No, ¿qué motivo tendría para inventarlo? Pero no tenía sentido, eso no podía ser cierto.

- No… no Tomoyo… tú no… - Susurró muy despacio la castaña, sin salir aún de asombro.

Tomoyo cerró sus ojos para no ver la mirada de casi miedo que había surgido en su amiga. Alzó su mano izquierda con cuidado hasta colocarla sobre su pecho mientras con la otra toma con cuidado la orilla de su guante.

- Y anoche… recibí esto… - Mencionó por último, mientras jalaba el guante hacía arriba, revelando la piel blanca de su mano, y el pequeño objeto negro que adornaba su dedo anular.

Era una sortija idéntica a la que ella tenía, pero era de color negro, con el sello de la rosa de color azul oscuro, justo y como era la sortija que Mikage Souji tenía en su mano. Ella sabía lo que portar ese objeto significaba, todo lo que traía consigo el sólo hecho de tenerla en tu dedo un objeto como ese. Sakura reaccionó de golpe, acercándosele rápidamente y extendiendo su mano al frente.

- ¡Esa sortija!, ¡No Tomoyo! – Exclamó con fuerza la castaña, extendiendo su mano al frente, pero rápidamente Tomoyo hizo la de ella a un lado, retrocediendo un par de pasos.

Inconscientemente Sakura intentaba tomarle su mano, pero ella no se dejaba pues seguía haciendo su mano hacia un lado y hacia el otro y la esquivaba, hasta que le saca la vuelta y se para detrás de ella.

. – ¡No uses esa sortija! – Exclamó con fuerza la castaña volteándola a ver. – ¡No sabes lo peligroso que es esto! Por favor Tomoyo… no te involucres en esto… ¡No la uses!

La joven de cabello oscuro guardó silencio, mirando fijamente los ojos verdosos de su amiga de la infancia, mirando como le suplicaban con tanto ímpetu que se quitara esa sortija. Una parte de ella deseaba hacerle caso a esos ojos, quitarse esa sortija y fingir que nada de eso había pasado. Sin embargo, esa parte era demasiado pequeña, y la más grande e importante le susurraba a su oído: "No lo hagas, has llegado muy lejos. Esto es lo que querías, aún no te puedes rendir… Tú lo sabes…".

¿Eso era lo que quería? ¿Qué era lo que realmente deseaba? ¿Por qué había ido a esa ciudad en primer lugar? Tal vez la respuesta obvia estaba en las palabras de esa carta, en los motivos de Sakura: conocer su destino.

- Sakura… - Murmuró con desgano mirando a otro lado. – Yo…

- ¡Sakura! – Exclamó con fuerza una voz masculina desde la puerta del dormitorio que daba al patio.

Ambas voltearon al mismo tiempo hacía dirección. Li estaba de pie en la puerta, mirando con dureza en su dirección, centrando principalmente su atención sobre Tomoyo. Detrás de él se encontraba Touga, que igualmente miraba en su dirección, aunque su expresión era seria y calmada.

- Shaoran… - Susurró Sakura un poco sorprendida.

- Aléjate de ella ahora… - Murmuró con firmeza mientras se acercaba rápidamente a Sakura y se paraba delante de ella, todo esto sin separar su vista de Tomoyo ni un instante.

- Pero Shaoran… - Sakura miró confundida como se paraba delante de ella y extendía un brazo a un lado de manera protectora.

Shaoran y Tomoyo se vieron fijamente el uno al otro guardando completo silencio. Tomoyo se llegó a sentir un poco intimidada, pues la mirada del chico chino era dura, firme, incluso un poco enojada, como si estuviera listo para atacarla en cualquier momento. La verdad era que Li estaba más que nada confundido, en especial luego de haber escuchado la historia de Touga, de cómo ella penetró en el Territorio de Duelos sin el menor problema. Sólo había una manera de que eso fuera posible, y el ver su mano izquierda y divisar la sortija negra en su dedo se lo confirmaba: era una Duelista, y no sólo una Duelista, una Rosa Negra…

- Así que es cierto. – Susurró con algo de sorpresa en su voz. – Daidouji… ¿Eres una Rosa Negra?

Tomoyo se sobresaltó un poco, y de inmediato, cerró su mano izquierda en un intento por ocultar su sortija. ¿Ser una Rosa Negra? Tenía que ser sincera consigo misma, eso ni siquiera lo entendía como para afirmarlo. El que no contestará nada en varios segundos pareció irritar un poco a Li.

- ¿Qué te propones? – Le preguntó dando un pasó hacía ella. – Desde ahora te digo que no dejaré que lastimes a Sakura. ¿Tienes pensado retarla? Ella no está en condiciones de pelear con ninguno de ustedes en estos momentos.

- ¿Qué estás diciendo? – Preguntó la ojos azules, sorprendida por tal comentario. -¡Yo nunca lastimaría a Sakura!

- ¿Entonces que significa esa sortija? – Rápidamente alzó su mano derecha, apuntando hacía su mano izquierda. – Eres una Rosa Negra, un Duelista que busca el Poder para Revolucionar al Mundo. Pero eso es algo que no entiendo… - Li se le quedó viendo largo rato, como analizándola. – Estuviste con nosotros durante todos los incidentes relacionados con las Cartas Clow y con el Mago Clow. Sin embargo, en ninguna ocasión mostraste poseer algún poder mágico, o alguna habilidad fuera de lo común. Incluso ahora, simplemente te veo como un humano normal… no lo entiendo.

- Yo tampoco lo entiendo Li… - Contestó ella a su vez, como si se disculpara. – Te aseguro que no entiendo que está pasando… Yo sólo sé que recibí esa carta desde Diciembre… Yo vine aquí por esa carta, no sabía que significaba hasta que Sakura llegó… ¡Tienes que creerme!

- Yo te creo. – Murmuró en voz baja el hechicero de traja blanco. – Ninguno de nosotros llegó a esta ciudad sabiendo a qué venía. Sin embargo, eso no explica esto. Ya tienes tu sortija, eso quiere decir que has florecido y estás lista para pelear en los duelos. Nos has estado engañando, nos has ocultado quien eres en verdad.

- ¡¿Qué cosas dices Shaoran?! – Murmuró Sakura, colocando una mano sobre el hombro del chico. – Yo conozco a Tomoyo, ella nunca podría engañarnos, yo sé que lo que dice es cierto. Esto, esto debe de ser una confusión…

- No hay tal confusión Sakura. Si ella tiene esa sortija significa que es una Rosa Negra. – De pronto, la Rosa Blanca comenzó a caminar lentamente hacía ella. Tomoyo por simplemente reflejo comenzó a retroceder al mismo tiempo. – Y si es así, entonces quiero ver cuáles son tus verdaderos poderes, aquellos que hasta el día de hoy nos has ocultado.

- Yo no tengo nada de eso. – Murmuró apenas un hilo de voz la chica de Tomoeda. – Yo no…

- ¡Mientes!

De pronto, Li se le lanzó encima, corriendo a toda velocidad en su contra con la obvia disposición a atacarla. Tomoyo se quedó congelada. Era tan rápido que en un solo parpadeo pudo frente a su rostro el codo del chino, el cual se detuvo a unos escasos centímetros de su boca. Aunque físicamente no la golpeó, pudo sentir como el aire impulsado por su movimiento tan impresionante que había hecho chocaba contra su rostro.

- "Ni siquiera reaccionó…" – Pensó sorprendido el castaño al no notar ninguna resistencia por parte de la joven; de haber continuado la hubiera golpeado con facilidad.

- ¡Shaoran! – Exclamó casi asustada el Príncipe de Blanco. – ¡¿Qué estás haciendo?!

La joven sintió como alguien colocaba una mano sobre su hombro. Rápidamente se giró hacía un lado, notando como el superior Touga se había colocado a su lado, mirando al frente a su Delegado.

- Tranquila. – Le murmuró sólo para ella. – Será mejor que te mantengas atrás.

- Pero superior…

Shaoran dio un largo salto para alejarse de Tomoyo, colocándose en posición de combate, a pesar de que su oponente ni siquiera parecía saber que estaba en uno.

- No te involucres Sakura, por favor. – Le murmuró con seriedad sin voltearla a ver ni perder su postura. – En estos momentos sólo debes de preocuparte por descansar… Yo me encargaré de esto.

- Pero…

De inmediato se lanzó de nuevo contra ella. Tomoyo se sobresaltó y se hizo como pudo hacia un lado. Shaoran se paró justo en el sitio en el que ella estaba parada hace apenas un segundo, y luego se giró rápidamente a ella, extendiendo su pierna con la intención de darle una patada. Tomoyo se hizo hacía atrás como pudo, pero ese movimiento la hizo dar un par de pasos torpes hacía atrás, tambaleándose y cayendo sentada al suelo.

- ¡Ah! – Exclamó con dolor por la caída la joven. Lentamente volteó a verlo como pudo, con el rostro y su respiración agotada. – Espera Li… Yo no puedo hacer nada de eso…

- ¿No quieres pelear? – Le preguntó con seriedad, mirándola fijamente. – ¿Qué pasó con las ansias que tenías de atacarme esta mañana?

Tomoyo se sorprendió mucho al oírlo decir eso. Ella tampoco entendía que había ocurrido en ese momento, pero sí… Por un instante durante su discusión, sintió las ganas de golpearlo, algo que jamás había sentido hacía ninguna persona. De hecho, no podía negar que en esos momentos que una parte de ella le gustaría regresarle esos ataques que le lanzaba, pero era obvio que no estaba en la posición de hacer algo contra él. Y eso Li lo sabía, y aún así la atacaba. ¿Por qué no le creía?, ¿por qué no le hace caso cuando le dice que ella no les está mintiendo? De haberle dicho a Sakura la verdad desde un principio, tal vez no tendría que estar en esa situación. No, ese no era el problema. ¿Quién se crea él para meterse? Eso era entre Sakura y ella, él sólo había venido a estorbar, a interponerse en su discusión, él era el problema…

Reaccionó sacando esos pensamientos de su cabeza lo más rápido que pudo. ¿Por qué pensaba en todas esas cosas? Ella nunca había pensado ese tipo de cosas, nunca le había desea ese tipo de males a una persona… ¿Qué le estaba pasando?

- Tal vez como Sakura no estás acostumbrada al combate, pero debes de tener algo… - Rápidamente el chico de primero se puso de nuevo en posición de combate. – Muéstrame tus poderes…

Tomoyo se puso de pie rápidamente como pudo, y retrocedió varios pasos con rapidez, mirando con miedo como él se disponía a atacarla de nuevo, hasta que sus piernas se encontraron con la banca en la que estaba sentada con Sakura.

- Espera Li… Por favor… - Le dijo casi con suplica, pero fue tan despacio que Shaoran pareció no oírla, o al menos fingió no hacerlo.

Shaoran se lazó rápidamente con total iniciativa, incluso más que las veces anteriores. De nuevo Tomoyo se quedó congelada, sin presentar la menor reacción. Li notó eso incluso de lanzar su ataque, pero pensó en esta ocasión, tal vez si llegaba un poco más lejos, entonces ella podría reaccionar aunque fuera un poco, algo que le pudiera mostrar la naturaleza de esos poderes que jamás había podido ver ni detectar… Pero fue un gran error.

Alzó su pierna para dar una patada directa y con fuerza al lado derecho de su cabeza. No quería golpearla, no deseaba lastimarla, sólo quería ver de qué era capaz, pero todo salió horriblemente mal… Su patada golpeó con fuerza a Tomoyo en el lado derecho de su rostro, incluso antes de que el chico chino pensara en detenerse. Lo próximo que vio fue como la ojos azules era casi lanzada hacia un lado, con la mirada perdida y su cuerpo suelto, cayendo sorbe su hombro izquierdo sobre la banca, deslizándose por ella por el impulso del golpe y luego cayendo de éste de espaldas al suelo.

- "¿Qué…?" – Pensó atónito el chico al darse de cuenta de lo que acababa de hacer. Siguió con el giro de su pierna, bajándose rápidamente a la tierra y volteándose con el mismo movimiento hacía donde Tomoyo había caído.

- ¡¡Tomoyo!! – Gritó casi con pánico la joven castaña, corriendo hacía ella con rapidez, agachándose a su lado, intentando ayudarla a sentarse.

Shaoran parecía ido, no entendía lo que había pasado. La atacó, sí, pero él no quería lastimarla. Pero, si no quería lastimarla, ¿por qué la atacó? Sólo quería saber, saber que era eso que ella les había mantenido en secreto, cuales eran esos poderes que la hacen merecedora de poseer esa sortija… Pero, ¿Por qué? Sentía como si se acabara de despertar. Cuando lo pensó en ese momento tenía sentido, lanzarle una patada, que ella reaccionara, hiciera algo, lo sacara volando, hiciera algún conjuro, detuviera su patada, algo… Pero nunca percibió en su mente esa imagen.

- ¿Daidouji…? – Preguntó temeroso mientras se le acercaba lentamente.

- ¡No le hagas daño Shaoran! – Gritó de pronto Sakura, alzándose rápidamente y extendiendo sus brazos hacía los lados, evitando que pudiera avanzar un paso más.

- Sakura… No es lo que tú…

Antes de que pudiera dar explicaciones, Shaoran vio fijamente la mirada de la castaña, una mirada llena de dureza, de enojo, y a su vez llena de decepción.

- ¡¿Qué no te das cuenta de que ella no tiene poderes como tú?! – Le gritó con enojo la ojos verdes, como nunca le había hablado antes. – ¡¿Porqué la atacas?! ¡¿Qué es lo que te pasa?!

Li guardó silencio; no podía darle una respuesta y esa era la única verdad. Cometió un error, y eso es todo, y en lugar de lograr algo sólo terminó quedando en ridículo. Desvió su mirada rápidamente hacía un lado, y sin voltear a verla le sacó la vuelta y caminó hacía Touga.

- Shaoran… - Susurró con algo de preocupación Sakura al ver como le sacaba la vuelta.

- Vámonos. – Le dijo con seriedad a Touga y comenzó a caminar hacía el dormitorio.

El pelirrojo lo volteó a ver y luego miro a Sakura y a Tomoyo con seriedad en su rostro. Cerró sus ojos con cuidado y comenzó a caminar detrás de su Presidente, sin pronunciar ni una sola palabra.

Sakura miró fijamente como ambos entraban a la casa y luego de seguro se irían por la puerta de la calle. Sakura sintió un poco de culpa, pues en el fondo de seguro Shaoran sólo quería protegerla… Pero no, eso no le daba derecho de atacar a Tomoyo de esa manera.

Una vez solas, se agachó de nuevo hacía su amiga y la ayudó a pararse y sentarse en la banca. La parte donde había recibido el golpe estaba roja, y se le notaban algunas lágrimas en los ojos y mejillas. Podrían ser residuos de lo que acababa de suceder antes de que ellos llegaran, pero de seguro era por el dolor del golpe y luego la caída. Sus ropas estaban sucias, sobre todo su falda, y se encontraba desarreglada. Su mirada estaba perdida, ida y fija en la nada; definitivamente se encontraba aturdida.

- Tomoyo, ¿te encuentras bien? – Le susurró con mucho cuidado, mirándola con mucha preocupación.

- Sí… - Susurró muy despacio mientras se tocaba con cuidado el área del golpe, aunque la retiró de inmediato por ese delicado toque fue suficiente para causarle dolor. – Una vez mi madre me dijo que le preocupaba que a diferencia de todos los niños, yo nunca me lastimaba o me ensuciaba jugando… - Una sonrisa pequeña apenas visible surgió en sus labios. – Supongo que ya me tocaba…

De pronto, sintió como los brazos delicados y cálidos de su amiga la rodeaban, abrazándola con ternura y pegando su frente a la cabeza de ella. Tomoyo sintió como Sakura parecía llorar un poco, aunque por su posición ella no podía voltearla a ver. Sintió mucha culpa, muchísima culpa por causarle esos problemas, por ponerla en ese estado. Esto jamás debió de haber pasado. Había muchos caminos que hubiera podido tomar para que esto saliera bien, pero no los recorrió y en su lugar todo terminó así.

Se equivocó, justo igual que Shaoran. Todo eso había sido un gran error… Pero ella podía solucionarlo todo, lo de Shaoran, lo suyo, lo de Sakura… Todo tenía una solución, y ella sabía como llegar a ella.

- Tomoyo… - Escuchó que Sakura le susurraba en voz baja sin soltarla. – No debes de usar esa sortija. Por favor Tomoyo… No sabes lo que haces…

De nuevo sucedió lo mismo. Una parte de ella deseaba decirle que así sería, que se quitaría esa sortija, que se olvidaría de todo ese asunto para que volviera todo a la normalidad. Pero la verdad era que nada en la vida de ambas era normal. Ya no lo era al menos, porque sus vidas habían sufrido un cambio drástico, y no podría volver a lo que eran antes… no aún…

- Lo siento Sakura… - Le contestó en voz baja mientras se ponía rápidamente de pie. – Deberás lo siento… ¡Perdóname!

Sin dar más explicaciones, se fue corriendo rápidamente hacía la casa, huyendo lo más rápido que le era posible de ella, huyendo de lo único que podría hacerla retractarse de esa decisión…

- ¡Espera Tomoyo! – Exclamó Sakura con preocupación, poniéndose de pie con la disposición de ir por ella. Sin embargo, el sólo hecho de haberse levantado de esa manera provocó que varias de sus heridas le dolieran con fuerza y la hicieran sentarse de nuevo de golpe en la banca. – No puede ser… ¿por qué tenía que pasar esto…?

Entre dolor y dolor, logró divisar como la silueta de Tomoyo se desaparecía en el interior del edificio… Esa sería la última vez que vería a su amiga Tomoyo como la chica gentil, feliz y hermosa que había conocido desde hace más tres años. La próxima vez que le viera, sería como una Rosa Negra…

Los parpados de Mikage se abrieron de golpe de un momento a otro, revelando la expresión fría y pensativa de sus ojos púrpura. Se encontraba sentado en su escritorio, simplemente pensando, con sus manos cruzadas frente a su rostro, cuando sintió esa presencia tan cerca de él.

- Ahí viene. – Susurró en voz baja de pronto sin dejar de ver al frente.

- ¿Cómo dices? – Preguntó Akio mientras desviaba su atención del libro que estaba leyendo. Se encontraba sentado en una de las sillas frente a su escritorio leyendo uno de los libros que Mikage guardaba en ese estudio. En todo ese rato no había dicho ni una sola palabra, y por eso le había llamado tanto la atención ese comentario tan repentino.

Mikage se paró de su silla y caminó hacía la ventana que se encontraba a un lado del estudio, la cual daba hacía el frente de la casa. Se asomó por ella por algunos segundos, divisando a una persona que se acercaba caminando al edificio.

- Pude sentirla con claridad. – Susurró mientras miraba por la ventana. – Ella viene hacía acá.

Akio se acercó con curiosidad a la ventana, asomándose también por la ventana, notando a la joven de cabello oscuro y largo con el uniforme de Othori que estaba parada frente al edificio, como si lo estuviera admirando. Estaba un poco lejos, pero a pesar de ello pudo reconocerla con claridad: era la chica de aquella noche en la que peleó contra Touga.

- ¡Es la chica! – Murmuró con sorpresa al verla. – Justo ahora iba a ir a buscarla… ¿Pero cómo supo…?

Volteó a ver a Mikage, pero éste tenía su atención totalmente puesta en esa persona, que parecía estar intentando tomar valor para seguir avanzando.

- Parece que alguien se nos adelantó… - Comentó con seriedad, aunque luego surgió una pequeña sonrisa de satisfacción en su rostro. – Esto es muy interesante…

Tomoyo admiró fijamente el edificio por casi un minuto, o incluso un poco más. Cerró sus ojos un momento para tomar fuerzas y luego comenzó a avanzar lentamente hacía el edificio, el Conmemorativo Nemuro, donde Kamui le había dicho que tenía que ir… Donde encontraría su Destino…

Una sonrisa maliciosa surgió en sus labios al ver en el espejo reflejada la imagen de Tomoyo caminando hacía ese edificio. El chico de cabello negro y ojos rojos estaba sentado en una habitación oscura, mirando por el mismo espejo por el que la noche anterior le había estado mostrando todas esas imágenes a la chica de ojos azules.

- Eso me satisface. – Murmuró en voz baja mientras seguía paso a paso el avance de la joven en el espejo. – Ahora todo esta en donde debe de estar… ¿No es cierto… Kamui…?

FIN DEL CAPITULO 21

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Sakura: No puede ser… ¿Tomoyo es una Rosa Negra? ¿Cómo pudo pasar esto? Ella no posee poderes, ¿Por qué fue involucrada en esto? ¿Qué es lo que está pasando? ¿Qué? ¿Mi hermano y Yukito están aquí en Hooshi?

Touya: ¿Cuál es tu problema? ¿Por qué viniste a este sitio? Sakura, ¿en qué estás metida ahora?

Yue: Siento el poder del Mago Clow en todo este sitio…

Kerberos: Hay un misterio detrás de esto que nos involucra también a nosotros…

Sakura: Kero y Yue intentan descubrir cuál es el secreto detrás de la presencia del Mago Clow en Othori, ¿Podrán descubrir algo? ¿Y qué hago yo con mi hermano? ¿Ah? ¿Kotori qué? No se pierdan el próximo capitulo de "La Rosa Blanca"… ¡El Mundo yo voy a Cambiar!

= Capitulo 22: La Visita de la Luna =

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