Nuevamente, aprovechando mis vacaciones les traigo un nuevo capítulo de este fic. Debo decirles que ahora las cosas han tomado un cambio total y pues bueno... ya lo verán cuando lo lean.
Como siempre les recuerdo que los personajes acá utilizados no me pertenecen sino a la mangaka Rumiko Takahashi y que solo los he tomado prestado para la creación de esta historia.
Les pido por favor que me digan que piensan sobre el desarrollo que esta historia está tomando y es que es muy importante para mí saber si les gusta. El hecho de saber que las personas lo están leyendo me alegra mucho pero preferiría que dejen su opinión para así saber directamente que piensan.

Espero les guste =)

PD: el título de este capítulo está inspirado en un tema de Gloria Trevi con el mismo nombre, 'El recuento de los daños'. Me gustaría que escuchen esta canción en especial la letra ya que representa de forma precisa como se sentía Kagome tras su 'ruptura' con InuYasha.


DURA REALIDAD
Capítulo 21 - El Recuento de los Daños

"¡Qué HERMOSO!" – todas estaban completamente sorprendidas y los gritos de emoción no se hicieron esperar.

"¡Como quisiera que ya me dieran a mí el mío! ¡Te envidio, Eri!" – Ayumi totalmente sentimental y estupefacta quien ya le daban por hecho que iba a ser la primera pues resultó no ser así.

"Lo sé chicas, ni yo misma lo puedo creer. Pero mírenlo… ¿no es hermoso?..." – no dejaba de mostrar y admirar ella misma el anillo de oro con un pequeño diamante en el centro dejando a relucir su compromiso con su novio de hace poco más de dos años. Yo solo me limitaba a observarlas a todas en silencio, sonriendo y es que con solo eso me conformaba. Me alegraba mucho por Eri y es que estaba completamente enamorada, eso ni dudarlo y después de tantas dificultades por las que había pasado pues en serio se lo merecía.

"Felicitaciones, Eri" – le sonreía mientras tomaba su mano para apreciar el anillo – "Y también al afortunado…" – no dejábamos de reírnos y es que en verdad era un momento muy especial para las tres. Desde el colegio éramos amigas y a pesar de los años, de que cada una estudió en universidades diferentes y carreras distintas pues siempre seguimos en contacto, reuniéndonos y saliendo cada cierto tiempo. "El tiempo pasa tan rápido…"

"Después de Eri debe seguir Kagome, ¿no les parece?" – no pude evitar ponerme roja y es que siempre debatían entre quién sería después de Ayumi, si Eri y yo pero ahora que Eri había abierto la carrera pues era lógico que empezaran con sus comentarios

"Es cierto, Kagome. Es imposible que no hayan considerado esa posibilidad después de tanto tiempo juntos" – solo les sonreía y es que era cierto, la posibilidad del matrimonio ya había aparecido en nuestras conversaciones pero no era nada 'seguro' entre nosotros. Personalmente la idea de casarme con la persona a quien amo pues era perfecta pero a veces pensar en esa posibilidad me hacía sentirme extraña.

"¿Aló?" – de repente mi celular había empezado a sonar sacándome rápidamente de mis pensamientos.

"Hola, amor. ¿Cómo estás?" – me puse de pie y me alejé un poco del grupo y es que aparte del ruido que había en el bar pues no me gustaba hablar por teléfono en frente de la gente… sentía que 'invadían' la privacidad de la conversación, no importaba quién estuviera al otro lado de la línea.

"Amor… estoy aquí con las chicas en el bar de siempre. Estamos celebrando el compromiso de Eri. Quién diría que ella le ganaría a Ayumi…" – pude sentir claramente una pequeña risa… - "Tú ya sabías de esto, ¿verdad?" – siguió riéndose en secreto… era un hecho… - "Hoyo, dime…"

"Pues sí, ya lo sabía. Ryo me llamó hace un par de semanas para ayudarle a elegir un anillo de compromiso para Eri. No pude decirle que no…" – ahora comprendía todo. Por eso desde hace un tiempo, cada vez que salimos siempre terminamos mencionando dicho tema. Ahora mucho más que antes… "lo está considerando…" – "Espero no estés molesta conmigo amor… por no habértelo dicho…"

"No, no lo estoy. Al contrario, mejor que no me lo hayas dicho sino no habría actuado sorprendida… como debía ser…" – era cierto, prefería que no me lo hubiese dicho y es que si algo no me gustaba era fingir con mis amigas… especialmente cuando de emociones se trata.

"Está bien, amor. Bueno entonces no te interrumpo más. Mañana nos vemos, ¿sí? Te amo…" – por algún extraño motivo esas palabras sonaban cada vez más lejanas para mí…

"Está bien, cariño…. Yo también…" – colgué la llamada y volví a la mesa con las chicas.

"Por fin volviste, Kagome. Ahora sí podemos empezar la fiesta…" – les sonreí a todas y me senté. Habían pedido una piña colada para mí, mi favorita y no perdimos tiempo en empezar a festejar… "El amor hay que celebrarlo… en todas sus formas… para todas las personas…"

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Llegué a mi apartamento poco después de las dos de la mañana pero no tenía sueño. Nos despedimos y cada una fue camino a donde vivía pero yo me demoré en llegar a la mía y es que tenía la cabeza ocupada. Habían pasado ya diez años… diez largos años y por algún extraño motivo la presencia de InuYasha invadía mis pensamientos después de tanto tiempo sin pensar en él.

A pesar de los años tenía que admitirlo y es que él no había sido cualquier persona en mi vida. En ese entonces, InuYasha había sido el único chico a quien había querido… - "A quien había amado…" – y pues él simplemente me había utilizado… - "… sólo fui un objeto…" – Nunca sabré si fue su culpa o la mía, si yo la que se ilusionó, la que se apresuró o él que no quería 'algo' conmigo pero una pregunta nunca fue respondida, "Y nunca la responderán…" – "¿Por qué, InuYasha… por qué…?"

Después de la fiesta de promoción y la conversación que tuve con Hoyo en donde logré desahogarme y liberar todo lo que tenía adentro no lo volví a mencionar y lo que más evitaba era recordarlo y es que no quería saber nada más de él. Para mi buena suerte, en ese entonces pude vivir mi primera gran satisfacción que era haber aprobado los exámenes internacionales que había dado en noviembre. El resultado me lo dieron en enero, la primera semana y pues al día siguiente de saberlos pues pude ingresar a la universidad directamente, sin dar examen o presentarme a alguna entrevista. Toda mi familia estaba contenta, especialmente mi abuelo quien me comentó que le recordaba cuando mi madre ingresó a la universidad cuando era joven. Igual que yo, ella lo hizo sin dar ninguna evaluación debido a sus altas calificaciones durante la secundaría y el hecho de que yo haya logrado lo mismo pues le llenaba de alegría y orgullo. Sin embargo eso no evitó que las vacaciones fueran relajadas, sin ningún estrés. Resulta que debido a un extraño retraso, los diplomas no llevaron en el momento que debían viéndome presionada por la universidad quien me la exigía para no perder mi ingreso. Felizmente después de enviar cartas de cartas de parte de mi colegio para la universidad para que no me excluyeran pues los diplomas llegaron después de más de un mes de retraso pudiendo así no verme obligada a posponer mi ingreso un ciclo más… "En serio… dios me ayudó…"

La carrera que había elegido eran Negocios Internacionales. En los cinco años que duraron mis estudios conocí gente tanto de mi carrera como de otras, de mi ciclo como a los ya mayores. Tuve la oportunidad de conocer a muchas personas, de rodearme de amigos que ahora son colegas y me ayudan cada vez que pueden. Sin embargo lo que nunca logré fue enamorarme de alguien de la misma universidad. Tuve un par de propuestas, no puedo negarlo, pero no llegué a aceptarlas pero eso no implicó que perdiera la amistad de aquellos chicos, personas que aún hoy llego a ver de vez en cuando.

En el caso de Hoyo pues fue algo distinto. Él también ingreso el mismo año que yo pero a otra universidad de la ciudad. Para mi sorpresa él eligió la carrera de medicina lo cual al inicio me sorprendió un poco ya que no pensé que decidiera escoger eso. Sin embargo estoy contenta que lo haya hecho porque aparte de que se graduó con honores siendo uno de los mejores de la promoción pues decidió especializarse en pediatría descubriendo la gran paciencia que tiene por y hacia los niños.

A pesar de la presión que pudiésemos sentir en la universidad siempre Hoyo estuvo a mi lado, ayudándome en cualquier dificultad al igual que yo hacia él. Siempre estuvo a mi lado, nunca me abandonó y siempre me decía lo mucho que me quería a pesar de las varias novias que tuvo desde que comenzó la universidad. "Siempre me quiso… pero yo…"

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"Gracias, Hoyo… por esta noche. La pasé muy bien en verdad…" – sentí como su mano acariciaba mi mejilla. Estábamos ya frente a mi casa después de subir todas las escaleras que llevaban al templo. Era hora de despedirnos después de haber ido a comer…

"Kagome… sé que hace muchos años hablamos de esto pero…" – pude ver como bajaba la cabeza, tal vez por vergüenza o por temor. Quería que hablara por lo que levanté su rostro para que me viera y así sonreírle. Tomó mi mano y la beso volviendo a mirarme a los ojos… - "¿Hay alguna posibilidad de que logres amarme, Kagome? Te juro que lo he intentado en todos años… intenté olvidarme de ti y lo sabes porque estuve con varias chicas desde que empezamos la universidad pero… simplemente no puedo dejar de quererte…" – no pude evitar girar mi mirada. Lo que decía era cierto y es que a pesar de que el amor estuvo siempre frente a él pues nunca pudo corresponderlo, él mismo me lo decía. En cambio yo…

"Hoyo yo… me siento muy halagada en serio pero…" – lo quería, en serio quería demasiado a Hoyo pero simplemente ese sentimiento no crecía a más por más que lo intentara. Puse mi mano sobre mi mejilla y me acerqué a él para besarla después de acariciarla – "Déjame pensarlo, Hoyo… prometo darte una respuesta pronto pero por favor… dame tiempo…" – pude ver como una luz de esperanza iluminaba sus ojos. Tomó mis manos y las besó con una gran sonrisa en sus labios.

Pasaron un par de semanas pero eso no impidió que siguiéramos viéndonos. Hoyo fue igual a buscarme a la universidad un par de veces y almorzamos juntos cada vez que podíamos pero no conversamos sobre el tema y es que aún no estaba lista. En una de esas yo salí tarde de la universidad y él decidió recogerme y llevarme a mi casa a pesar de mi negativa. Sin embargo esta vez le pedí que antes de dejarme pues fuéramos a otra parte…

"Hoyo, ¿podemos ir al malecón? Quiero ver el mar un rato…" – estábamos ya dentro del auto camino a mi casa cuándo me animé a decirle. Giré para verlo y él también lo hizo aunque por unos instantes ya que estaba manejando. Pude ver como se reía levemente…

"Si quieres… Yo no tengo problema…" – me miró de nuevo con una suave sonrisa y cambió de ruta. El camino era corto y es que mi casa no estaba tan lejos de mi casa. Durante todo el trayecto permanecimos en silencio aunque cruzamos un par de palabras pero nada importante.

Una vez que llegamos Hoyo buscó un lugar donde podía estacionar. Lo hizo y bajamos del carro para seguir caminando unos metros justo al borde del risco en donde uno se puede apoyar en los muros que sirven de apoyo. Hacía frío y de forma instintiva me abracé a mí misma para poder 'darme calor'.

"Toma" – giré y lo vi tras de mi ofreciéndome su abrigo. Lo miré por unos instantes para luego dirigir mi mirada hacia sus ojos.

"Pero ¿y qué hay de ti?" – se acercó a mí y me lo puso sobre mis hombres sin decirme una sola palabra. Me lo acomodé el saco para que no se callera y volví a verlo.

"No te preocupes por mí que estoy bien. Aparte de este chaleco tengo la camisa y debajo un polo así que no tengo frío. Además, ¿no recuerdas que cuando éramos chiquillos no te enfermabas con frecuencia?" – no pude evitar reírme y es que era verdad. En la universidad dejé de enfermarme con dicha frecuencia pero de vez en cuando lo hacía. Le sonreí mirándole a los ojos. Quería tocarlo pero…

"Gracias, Hoyo" – agaché mi cabeza y giré para ver el mar. Me acerqué al borde y cerré los ojos. Después de mucho tiempo los recuerdos de InuYasha empezaban a invadir mi mente a pesar de los poco más de cuatro años que ya habían pasado. Debía admitirlo, no eran recuerdos que me acosaban, que estuvieran de mí siempre, persiguiéndome sin dejarme vivir; pero había que reconocer que de cierta forma me impedían avanzar en un solo aspecto en mi vida. La imagen de InuYasha está llena de nostalgia y es que es un pasado del cual no me arrepiento pero que a su vez no me dejaba de disfrutar ciertas oportunidades. Estaba segura que él de mí ya se había olvidado, no tenía que averiguarlo. Entonces, ¿por qué yo no podía? "Él ya no piensa en mí, hace años me olvidó. Por favor, ¿acaso él acaso pensará en mí cada vez que está con alguien? ¿Cada vez que besa a su pareja? ¿Cada vez… que la hace suya?" No pude evitar agachar mi cabeza y es que pensar en eso… No, no merecía seguir lamentándome por alguien del pasado, por alguien a quien nunca iba a volver a ver….

"¿Kagome?" – abrí los ojos y miré hacia el mar…

"Es hermoso, ¿no crees? El mar..." – me acomodé la chaqueta que me había dado y es que la brisa era cada vez más fuerte y fría – "A veces se le ve tan tranquilo pero esconde una fuerza enorme…" – me acerqué un poco más al borde – "Como quisiera ser con el mar… en donde nadie pueda afectarme… en donde nadie pueda dominarme…"

"Pero si tú eres así… aparentas tranquilidad pero dentro de ti escondes mucha fuerza… una gran pasión por lo que haces…" – no pude evitar sonreír para mí misma. Tal vez sus palabras eran ciertas, tal vez en verdad yo sí soy así pero…

"Es cierto… siempre me muestro tranquila ante la gente pero tú muy bien sabes que en verdad por dentro soy tan frágil…" – me di la vuelta y lo miré a los ojos – "La vida me ensenó a mostrarme fuerte por muchas cosas que viví… pero sólo tú me viste débil… frágil… llorando en tus brazos buscando consuelo por… por un hombre…" – pude ver como su mirada se entristecía un poco deduciendo que sabía a lo que me refería. Me acerqué a él en silencio y no pude hacer nada más que abrazarlo sintiendo claramente la sorpresa en nuestros cuerpos tuvieron contacto – "Siempre has estado a mi lado, Hoyo. Me has apoyado tanto en todos estos años… no sé qué haría sin ti…" – pude sentir como me devolvía el abrazo al sentir sus brazos rodeándome.

"Kagome…" – no pude evitar sonreír y es que estaba tan agradecida por todo lo que había hecho por mí. Nunca se alejó de mi lado no importa cuán difícil haya sido el problema que cada uno enfrentaba, no importaba la presión por los estudios ni nada. Era tanto su apoyo hacia mí que causaba fastidio a las enamoradas que Hoyo tenía. Podía ver claramente los celos que sentían cada vez que él estaba conmigo siendo motivo de conflicto y separación entre él y su pareja. Me hacía sentir mal que se peleara con ellas pero cada vez que yo hablaba con él siempre me decía que era 'su problema' y que no debía preocuparme por eso. "Lo quiero tanto…"

"Hoyo…" – me separé de él lentamente y lo miré a los ojos. A pesar de la diferencia de tamaños, y es que él me llevaba cerca de una cabeza, podía sentir su aliento cerca de mí y no pude evitar poner una de mis manos sobre su mejilla. Le sonreí suavemente y pude ver en sus ojos la duda, la preocupación – "…tranquilo…" – acerqué mi rostro hacia él y con mi mano traté de atraer el suyo hacia mí lentamente. Nuestros labios tuvieron contacto, fue un beso delicado, lleno de timidez e inseguridad de parte Hoyo. Traté de encender un poco el deseo en él rodeando mis brazos a su cuello y tratando de acercarlo más a mí. Lentamente empezó a dejarse llevar y a separar los labios un poco más con cada beso. Fue en eso que puse mi mano sobre su pecho y me separé de él.

"Kagome, yo…" – puse mi mano sobre sus labios. No quería que hablara, que me respondiera, que dijera algo… ahora me tocaba a mí hablar…

"Yo te quiero mucho, Hoyo, lo sabes muy bien. Y sé también que tú me quieres incluso más de lo que yo pudiera ofrecerte ahora. Pero…" – le sonreí para que se alegrara, para que viera que estaba segura – "… estoy dispuesta a hacer el intento. Si no me animé antes fue porque tengo miedo… temor a que no resulte y pierda tu amistad que es una de las cosas más preciadas que tengo. Pero ahora es diferente, quiero correr el riesgo… quiero intentar hacerte feliz como te lo mereces... quiero…" – no pude seguir hablando porque sus labios cortaron mis palabras. Me besó con fuerza, no con deseo pero sí con intensidad. Se separó de mí y me abrazó… yo simplemente le correspondí el abrazo.

"No tienes idea lo feliz que me haces, Kagome. Estoy seguro que logaré que me quieras, que me ames como yo te amo a ti…" – sonreí suavemente para mí. En verdad no sabía si era lo correcto pero… Hoyo había hecho tanto por mí que merecía mi cariño… "Aunque no logre amarte como tú quieres…"

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Abrí mis ojos pudiendo notar rápidamente que aún no había amanecido. Me levanté de la cama y fui hacia la ventana. Podía ver las luces de la ciudad que la iluminaban de forma tan bella. Vi hacia la mesa de noche donde estaba el reloj, "Las cinco de la mañana…" No había dormido mucho pero aún así no tenía mucho sueño. Mi mente estaba en otra parte y es que el hecho de que Eri se haya comprometido pues había causado que inevitablemente reflexionara sobre mi vida tanto profesional como amorosa… sobre mi presente, sobre mi pasado y sobre lo que quería para mi futuro. En estos últimos años me había ido perfectamente. Comencé haciendo prácticas temprano, me gradué medio año antes que todos e hice mi maestría inmediatamente después. A los dos años y medio decidí crear mi propia empresa y felizmente todo andaba viento en popa. La compañía seguía creciendo, las exportaciones aumentaban y cada vez la demanda era más y más, tanto que incluso tenía que viajar a varias partes del mundo para asegurar de que todo vaya como debiera. Estaba feliz de que todo me haya ido tan bien. No me cansaba de agradecerle a dios por haberme apoyado siempre, por haberme rodeado de las personas correctas que no dudaron en darme su apoyo cuándo se los pedí. Había logrado apoyar a mi madre con los estudios de Sota quien ya estaba en la universidad y a mi abuelo con algunos gastos del templo. Además hace poco logré rentar este pequeño apartamento para poder lograr la independencia que sentía debía tener. Claro, conseguir todo lo que tengo ahora no fue cosa de noche a la mañana. Fue un esfuerzo constante de varios años que Hoyo logró comprender.

"Hoyo…" – no podía evitar pensar en nuestra relación, en lo mucho que llevamos juntos – "ya serán seis años…" – pero a pesar de lo mucho que lo quería, lo mucho que me esforzaba no lograba darle y ofrecerle el sentimiento que él me daba – "…amor… a pesar de lo mucho que he intentado no lo logro…" – estaba segura que él ya estaba pensando en la posibilidad del matrimonio. Desde hace varias semanas que me mandaba ciertas indirectas en donde terminábamos hablando del tema pero yo siempre le hacía entender que para mí casarme aún era algo un poco lejano para mí y es que en verdad no me sentía preparada para asumir un compromiso así.

Fui hacia la cocina a tomar un vaso de agua para luego volver a mi cuarto y abrir un cajón.

"¿Dónde están las pastillas…?" – no encontraba las píldoras para dormir que necesitaba. Abrí varios cajones que hacía ya tiempo que no habría cuando en eso vi varias fotos. Me paré, prendí la luz de la habitación y decidí sacar todo. Vi varias fotos caer, fotos de mis amigos, de mi familia, de la universidad e incluso unas del colegio – "Pensé que ya no las tenía" – las veía en silencio, recordando rostros que hacía años que incluso no veía. En eso veo un pequeño sobre amarillo sin nada escrito – "¿Qué es esto?" – lo vi al derecho y al revés y es que no decía nada escrito. Despegué la cubierta y saqué lo que había adentro – "Imposible…" – no podía creer las fotos que tenía sobre mis manos. Cuando las recibí hacía años no quise abrirlas por lo que solo me limité a guardarlas en un cajón de mi cuarto para nunca más volverlas a ver – "Supongo que mi madre la metió aquí durante la mudanza…" – el vestido marrón que aún tenía guardado en mi cuarto en el templo se veía hermoso cuando lo llevé puesto por esa única vez. La orquídea tan blanca… tan hermosa. Nunca olvidaré cuando me la dio – "InuYasha…" – acaricié la foto en donde él salía a mi lado abrazándome. Se veía tan contento, tan sonriente por esa noche igual que yo y es que quien iba a saber que sería… - "… nuestra última noche juntos…" – sentía como la tristeza y la melancolía querían invadirme pero en vez de eso reemplacé esos sentimientos con cólera y decepción hacía mí misma. Tiré las fotos hacía alguna parte de mi la habitación y me puse de pie. Caminé por todo el cuarto hasta llegar a la ventana es que simplemente no comprendía motivo – "Por qué, demonios, ¡¿POR QUÉ?!...por qué no logro sacarte de mi vida, InuYasha…"


05 de agosto del 2009

Hecho por: letta-san =)