Feliz día de la madre.
-Papá… ¿Qué haces? -le preguntó Margarett, sorprendiendo a su padre en la cocina, muy temprano en el primer domingo de mayo.
James miró a su hija y sonrió. La niña llevaba un pijama de Violetta, porque adoraba a su hermana mayor y quería todo lo de ella, se estiraba y bostezaba. James se acercó a ella, la cogió en brazos y le dio varios besos por la cara, haciéndola reír.
-¿Sabes qué día es hoy? -preguntó James, cuando la niña volvió a su actitud somnolienta y apoyó la cabeza en el hombro de James.
-Domingo.
-El día de la madre.
-¡Anda! -dijo sorprendida Maggie, mirándolo.
-¿Qué te parece si vas a despertar a Vivi y le hacemos el desayuno a mamá juntos? -preguntó James. Maggie asintió sonriente.- Pero en silencio, que mamá no se despierte.
-Vale… -dijo Maggie, susurrando. Despacito la niña volvió a la habitación de su hermana, pero la encontró vacía. Entonces bajó corriendo otra vez a la cocina.- Papi, Vivi no está.
-¿Cómo que no está? -preguntó James.
-No está en su habitación. -dijo Maggie. James sonrió y negó con la cabeza. Sabía perfectamente donde estaba, Violetta se había ido a dormir a su cama cuando lo escuchó a él bajar a la cocina.
-Pues ven, que terminamos esto tú y yo solos. -dijo James.- Vigila la tostadora, cuando las tostadas salten las pones en el plato.
-Vale. -dijo Maggie, orgullosa de ser útil en la preparación del desayuno.
Cuando todo estuvo listo, James puso todo en una bandeja, subió a Maggie a su espalda y los dos subieron en silencio hasta la habitación del matrimonio. Abrieron la puerta y James pensó que se iba a morir de la ternura. Avani y Violetta, además de parecerse una barbaridad, estaban las dos dormidas en la misma posición, una al lado de la otra. James se las comería a besos en ese momento.
El azabache dejó a Margarett en el suelo, que corrió a despertar a su hermana. Mientras él se sentó al lado de Avani en la cama y le dio un beso en la mejilla.
-James, quiero dormir… -se quejó ella.
-Papá… -dijo Maggie, sorprendida, sentada encima de su hermana mayor, que quería dormir como su madre.- ¿Qué te ha llamado mamá?
-James, Maggie. Papá se llama James. -dijo Violetta, medio dormida. Habitualmente, si las niñas estaban delante, James y Avani se llamaban el uno al otro papá y mamá, por eso escuchar el nombre de su padre, resultó extraño para la pequeña.
-No, se llama papá, tonta. Y ella se llama mamá. -le dijo Maggie, poniendo un tono molesto.
-Además de papá y mamá se llaman James y Avani. -le explicó Violetta.- ¿No sabes que los abuelos y los tíos los llaman así? -le dijo a la pequeña, que abrió la boca sorprendida.
-Entonces, ¿yo también te puedo llamar James? -preguntó Maggie, saltando sobre el cuerpo de su madre y abrazando a James por el cuello. Él le contestó inmediatamente.
-No. -dijo rotundo. Haciendo reír a carcajadas a Avani.- Maggie y yo hemos hecho el desayuno. -dijo él, sonriendo.
-¿Ah sí? -preguntó Violetta, abriendo los ojos para mirar sobre su madre la bandeja llena de comida. Avani sonrió y le acarició el pelo alborotado a su hija mayor.
-Vamos a desayunar, que hoy comemos con los abuelos. -dijo Avani, sentándose en la cama.
Maggie se sentó sobre Avani y Violetta sobre James. Y los cuatro desayunaron en la cama. Después, a media mañana, se fueron a Grimmauld Place, donde iban a comer con sus padres, Albus, Valerie, Harriet y Lily. Nada más llegar, las niñas desaparecieron tras Harriet y los adultos fueron a la cocina a ayudar a Kreacher y charlar tranquilos.
-Ahora Harriet quiere un hermanito. -dijo Valerie molesta. Después miró a Lily.- Así que tú y Longbottom ya os estáis apurando para tener un bebé y que se le pasen las ganas.
-Buena suerte, serpiente. -le dijo Lily, riendo. Las dos pelirrojas seguían siendo mejores amigas y aquella complicidad no había hecho más que aumentar con el paso de los años.
De repente las dos niñas más pequeñas entraron corriendo aterrorizadas. La pelirroja Harriet saltó a los brazos de su padre y Maggie se escondió tras las piernas de Ginny.
-¿Qué pasó? -preguntó Valerie.
-¿Qué hicisteis? -preguntó Lily, riéndose. Para ella sus tres sobrinas eran lo más divertido del mundo, quizás porque se parecieran bastante a como era ella de pequeña.
-James, ha sido todo culpa de Vivi. -dijo Maggie, apretando fuerte una pierna de Ginny. Pero que la pequeña Maggie llamara a James por su nombre y la cara de molestia de éste, hizo que todos en la cocina estallaran en profundas carcajadas. Las dos niñas los miraron sin entender y James mantuvo su mueca de molestia. Pero Ginny y Harry no podían dejar de reír a carcajadas.
-Cría cuervos, que te comerán los ojos. -dijo Ginny, todavía riéndose y secándose una lágrima de la risa de su mejilla.
-¿Qué pasó? -le preguntó Albus a su hija, que seguía colgada de su cuello.
-Estábamos jugando con la varita del abuelo y Vivi hizo aparecer una cosa roja. -dijo Harriet. Todos los adultos se miraron asustados y Lily se quedó en la cocina con las dos niñas mientras el resto corrían hacia el salón. Allí se encontraron con Violetta recubierta por un líquido viscoso de color rojo escarlata.
-Solo estaba jugando, mamá… -le dijo Violetta a su madre, cuando ésta se acercó y observó aquella sustancia con una mueca de asco.
-Ven, vamos a ducharte. -dijo Avani, cogiendo una mano de su hija, aunque le estaba dando realmente mucho asco. Avani se llevó a Violetta al piso de arriba para ducharla y limpiarla. El resto volvieron relajados a la cocina. James y Ginny se quedaron de últimos, ella seguía sonriendo por la escena anterior, en la cocina.
-Feliz día de la madre, mamá. -le dijo James, remarcando el mamá del final. Ella se rió y lo abrazó.- Y gracias, al fin y al cabo fuiste como cupido para mí. Tú trajiste a Avani a esta casa.
-De nada. -dijo Ginny, acariciando la mejilla de su hijo.
¡Hasta aquí James y Avani! Espero que os haya gustado.
Y nos vemos en la próxima.
