Actuación sin Libreto: Rurouni Kenshin.

(Premio Mejor Romance, Mejor Historia, Mejor Universo Alterno FFRKSA2005

Acto Veintiuno.

Al comienzo de la noche.

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Kaneda se llevaba las manos al costado lastimado mientras con su cuerpo intentaba proteger a Miranda su esposa y a Nadesico. Ambas miraban aterrorizadas a los dos sujetos frente a ellos y en ese momento, alguien comenzó a llamar a la puerta.

Uno de los agresores hizo un ademán para que se quedaran callados. Kaneda reconoció la voz de Akira y se lamentó por ser incapaz de proteger de mejor manera a sus seres queridos. No comprendía por qué esas personas querían hacerles daño; ingresaron a la casa y los atacaron sin mediar palabras, destrozando los muebles y amenazándolos con espadas para que no opusieran resistencia. Se sentía muy impotente y en su mente elevó una plegaria desesperada sin saber que al otro lado de la puerta cerrada, Ken estaba introduciendo un pedazo de alambre por la cerradura sin hacer ruido. Aoshi miraba asombrado al pelirrojo, pensando que al menos las malas artes que aprendió en su juventud como ladronzuelo, esta vez podrían salvar la vida de Kaneda.

Con un suave "click" la puerta se abrió y como un rayo, Ken atravesó la habitación para colocarse entre Kaneda y los agresores, siendo respaldado por Aoshi y Akira.

Ken estudió a los hombres frente a él, sorprendiéndose. Uno tenía el cabello blanco, como el chico que había visto en el manga, aunque vestía completamente de negro, rondando los treinta años. El otro sujeto vestido también de negro, usaba una capucha sobre el rostro y Ken pensó en Gein, el ayudante de Enishi en la saga del Jinchuu de Rurouni Kenshin. Los agresores sostenían espadas pero lejos de intentar atacarlo, el tipo que se parecía a Enishi comenzó a sonreír, como si estuviera satisfecho.

-Aquí tienen a la persona a la que ustedes deben odiar, por culpa de la cual estamos haciendo todo esto. Así que llegaste, Ken... finalmente. Veo que los pequeños mensajes que dejamos para ti despertaron tu mente, que resultó tan rápida como la de tu personaje... vamos a conversar, se detiene la agresión. –

-¿Quién eres¿Por qué haces esto?- preguntó Ken, con una voz tensa y helada, dando una rápida ojeada al entorno para buscar más agresores, dándose cuenta de los daños que evidenciaba la sala.

-Sobre quién soy... te sorprenderías. Sobre por qué hago esto... también. En fin, verás... me gustaba mucho la serie de Rurouni Kenshin y he juntado cada una de las revistas en las que se publica semanalmente, y he comprado los tomos de la misma. Todo iba bien hasta que comenzaron a emitir la serie y supe que eras tú el protagonista. Eso no me gustó nada.-

Kaneda hizo un gesto de "este tipo es un fanático idiota". Pero el dolor de sus costillas no le permitía moverse. Lo habían golpeado mucho y a duras penas se mantenía en pie.

-Mi nombre es Eishi... viendo las coincidencias, decidí darte un castigo por ser tú el representante de hasta hace medio año, mi personaje favorito. Y el castigo lo encontré aquí mismo... – Eishi extrajo de entre sus ropas unas hojas sueltas con algunas viñetas del manga-... me encanta esta historia. ¿Sabes?... siempre me gustó Kenshin porque era bueno, eso hasta que tú...- en este punto, Eishi perdió el control en su voz, alterándose. -... te apareciste en la serie, y luego cuando Enishi da a entender que Kenshin mató a su hermana en el último capítulo... ¡Eso enfurece a cualquier seguidor!-

-¡Maldito desgraciado!- replicó Akira – ¡en cualquier caso debieras tomar venganza contra Watsuki, el sujeto que escribió la historia!-

-¡Cállate! Una palabra más y te quedas viudo, "Sanosuke".- respondió Eishi ante el ataque verbal, sacando un celular de su chaqueta. – En este momento, tu esposa está sola¿cierto? Fobia a la... ¿cómo le dicen?... ah, sí... la fobia nocturna. Es una tristeza que siendo tan joven y bella, pierda la vida por culpa de la lengua de su marido. Hoy se veía muy linda con la trenza y ese vestidito nuevo que le regalaste.-

Akira se quedó de piedra al escuchar eso. Aoshi tragó saliva. Los habían estado vigilando…

Ken miraba fijamente a Eishi, tratando de recordar si él le había causado daño. Le recordaba a alguien, naturalmente. Pero... ¿a quien?

-Escucha, cabeza de gallo. Uno de mis "compañeros" está vigilando a tu esposa. Me llama cada diez minutos. Si mi celular no contesta, por el motivo que sea, él tiene orden de acabarla... y si quiere, de divertirse un poco antes con ella. Ken Nihimura, supongo que esto no te interesa demasiado, así que acabaré de responder a tu pregunta del "por qué". Dime... ¿no te dice nada el apellido Fukuda?-

Ken pestañeó.

Yuki.

Pero él jamás le hizo daño. Por el contrario...

-¿Yuki?-

-Veo que la memoria no te falla. Eso es genial.-

-¿Dónde está ella?-

-No está. Está muerta. Eso es todo. Y como su hermano, la vengaré.-

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Teruo acababa de llegar al departamento de Misato con su hija y con Kaori. Las mujeres se pusieron a conversar tranquilamente, mientras los minutos volaban. Teruo pasó al cuarto de baño y sonó el timbre del departamento.

Misato, sobre la cama, pensó en su esposo.

-Nunca sale con llaves ese desordenado... iré a abrir la puerta. Debe ser él.

-Yo iré – se ofreció Kaori. – Tú descansa.-

Dos minutos después, Satori, Teruo y Misato, se encontraban en la calle llamando a gritos a Kaori, quien no regresó...

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- Excelente. – dijo Eishi al contestar su celular nuevamente. Dijo algunas palabras en clave y siguió mirando al grupito frente a él.

-¿Qué le pasó a Yuki?- exigió saber Ken.

Eishi repasó las páginas arrugadas de la historieta y guardándolas, sonrió nuevamente.

-Tienes suerte, Ken, porque como estamos representando la historia del manga, al parecer Kenshin conocería los motivos que tiene Enishi de vengarse, por lo tanto, para estar equivalentes yo te contaré la verdad para que tú también tengas ese conocimiento, así que aquí te va. Mi hermana estaba esperando un hijo tuyo, bastardo. Ella tenía a su prometido y éste en cuanto lo supo, la repudió. Así que ella se practicó un aborto y tú sabes cómo son esas cosas... mucha sangre, mucho feto destrozado... Yuki no lo soportó y se murió. Fin de la historia.-

-Si ella abortó, no fue culpa de Ken, sino de su propia irresponsabilidad.- sentenció Kaneda. – Ken la buscó mucho tiempo y la esperó aún más.-

-¡Cállate, viejo! Claro que fue culpa de este bastardo lo que le sucedió a mi hermana. Si él no la hubiera engatusado, si no la hubiese seducido... de no haberla embarazado, ella... ella seguiría viva y feliz.-

Ken no podía creerlo. ¿Yuki, abortando?... ella no podía ser capaz de algo así.

-Yo me habría hecho cargo de ese niño y de Yuki.- dijo el pelirrojo, algo triste al pensar que pudo haber sido padre, recordando un viejo sueño con su primer amor.

-¡Cuidado, Ken!-

De pronto, Ken notó el puño de Akira frente a su rostro, protegiéndolo de un objeto metálico que Eishi, furioso, le había lanzado. La piel lastimada de la mano de Akira se rompió, comenzando a sangrar.

-¡No te atrevas a decir semejante estupidez, desgraciado malnacido! Mi familia jamás habría permitido que Yuki se relacionara con Ken Nihimura... o mejor dicho... con Isamu Kawada, alguien demasiado indigno como para siquiera, vivir aquí.-

Ken se sorprendió al oír su primer nombre.

-¿Tú... cómo sabes que yo…?-

-Cuando le contaste tu triste historia a mi hermanita sobre tu padre golpeador, tus escapes y tus excesos, ella ató cabos y me lo contó a mí. Fuiste tú, hace unos catorce años, quien inició en las drogas a mi prima y… ¡quien se aprovechó de ella! – Aoshi y Akira, quien se sobaba la mano adolorida, miraban con cierta sorpresa a Ken. – Dudo que lo recuerdes pero con tus amigos la hicieron una adicta, y cuando ella no tenía dinero para comprarles la mierda que ustedes le daban, les pagaba con su cuerpo. ¿No te acuerdas de una chica de cabello claro y pecas en la nariz¿No te acuerdas de Akiko¿De cómo la tomabas sintiéndote más hombre?-

Ken bajó la cabeza, horrorizado y avergonzado. Claro que recordaba… recordaba muy bien a esa chica. Temblorosa, con los ojos vidriosos, pidiéndole un poco más de lo que tuvieran para ofrecerle y quitándose la ropa. Ken no se atrevió a preguntar por ella.

- Bueno, Ken o Isamu... el asunto es que tú has desgraciado a buena parte de mi familia, así que yo haré lo mismo a la tuya. Como la historieta manga termina en esta parte y yo, francamente tengo un poco de apuro por terminar con "nuestro asunto", no esperaremos a la próxima semana, sino que vamos a improvisar a partir de ahora con el tema de la venganza. ¿Te parece? Haremos algo realmente original.-

-Deja en paz a los demás, Eishi. Ellos no tienen nada que ver en esto… tú rabia es contra mí. Fui yo quien cometió esas fechorías que dices…-

-¿Dejar en paz a los demás¿Estás loco? Este viejo indigno y esa mujerzuela a la que protege.- dijo apuntando a Kaneda y Nadesico.- fueron los que te ayudaron. Los que evitaron que te pudrieras en la cárcel.-

En ese momento entró un hombre vestido de negro también. Acababa de llegar en un auto y al parecer conocía a Eishi porque se dirigió a él. Traía el rostro descubierto y a Kaneda se le hizo familiar…

-Eishi, ya es la hora del Jinchuu. Vámonos.-

-Perfecto.- dijo Eishi guardando su espada en la funda.- Me retiro porque… ya he acabado por hoy. Como te dije, Ken, vamos a improvisar un poco.-

El hombre bajo que usaba la máscara de "Gein" rápidamente sacó una pistola y apuntó a los demás, asi como Eishi y el otro sujeto. Iban a largarse y no querían que los molestaran.

-Este es un buen modo de improvisar. No se muevan o te juro Ken que cargarás con la muerte de uno de tus amigos en la conciencia. Debería declararte la guerra para dentro de diez días pero es demasiado tiempo así que… me comunicaré pronto contigo. Desde luego… entenderé que no me quieras contestar aunque al final, tendrás que hacerlo.-

Los tres sujetos se dieron a la fuga. Ken y sus amigos de inmediato auxiliaron a la familia Kaneda y en eso, Nadesico preguntó sobre el "Jinchuu". Ken francamente no podía creer que alguien le tuviera tanto odio.

Aunque era comprensible…

Tomó a su madre adoptiva en brazos mientras Akira examinaba a Kaneda.

-Debemos ir al hospital.- sugirió el ex boxeador.

-No creo que sea buena idea.- dijo Aoshi.- Saben demasiado sobre Ken, sobre ti incluso. Si vamos al hospital, notarán que esas lesiones son producto de agresión, llamarán a la policía y empezarán a hacer preguntas. Somos famosos y ellos sabrán por la televisión que los denunciamos.-

-Estoy bien, no necesito ir al hospital.- declaró Kaneda, quien era ayudado por su mujer para llegar hasta el sofá y recostarse en él.- Me duele el cuerpo pero estoy seguro que no me rompieron ni un solo hueso. Afortunadamente llegaron ustedes y pararon a agresión.-

Aparentemente todo estaba bien, aunque Ken se sentía intranquilo. Necesitaban un lugar seguro para todos. Ahora no podían saber a quién atacarían próximamente porque no tenían la guía del manga.

Akira fue a buscar un botiquín a su auto y notó que su celular estaba sobre el asiento. Lo tomó y vio que tenía más de cien llamadas perdidas de Misato. De inmediato la llamó para saber qué pasaba.

Minutos después, muy pálido, le daba a Ken la noticia de que Kaori había desaparecido…

Casi de inmediato volvió a sonar el celular de Akira, al que le quedaba muy poca batería.

Era Eishi, y pidió hablar con Ken para reiterarle que una sola palabra a la policía y Kaori se moría ese mismo día, porque siendo ellos tan famosos, Eishi sabría enseguida que lo habían denunciado al ver la televisión o leer el periódico. Prometió no hacer daño a Kaori, porque su motivación, de hacerle daño, era hacerlo frente a Ken para que sufriera lo que él al ver como su gente importante sufría sin poderlo él remediar. Eishi cortó la comunicación, anunciando que se contactarían con Ken muy pronto.

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Kaori despertó temprano, encontrándose sola en una gran cama. No reconocía el lugar y se asustó mucho. Recordó que alguien puso un paño humedecido en su boca y ante esa imagen su estómago dio un vuelco. Sintiéndose asqueada, Kaori dio milagrosamente con el baño en su habitación, donde vomitó.

Cuando salió del baño, una mujer desconocida sostenía una bandeja con algo para comer. Algo para Kaori.

-Veo que ya ha despertado, señorita... creí que nunca lo haría.-

Kaori la estudió recelosa, mientras se secaba la boca con el dorso de la mano.

-¿Está bien?... noté que vomitaba... –

Kaori se pegó a la pared, evidentemente asustada.

-¿Dónde estoy?-

-Oh, discúlpeme, por favor. Es normal que esté nerviosa. Verá usted... anoche, unos hombres la asaltaron. Mi marido pasaba por allí y la rescato, la trajo hasta acá y llamó a un médico, el cual se fue antes que usted despertara. El médico sugirió reposo absoluto, por ello la dejamos en esta casa. Yo traté de buscar su identificación pero los ladrones se la llevaron con ellos, supongo. Lamento no poder hacer más por usted.-

Kaori reflexionó en las palabras de la mujer. No recordaba absolutamente nada desde lo del paño húmedo y esta falta de memoria la comenzaba a molestar así que hizo una rápida revisión mental de su estado. Traía la misma ropa que el día anterior y no notaba nada especial entre las piernas, tampoco dolores o malestares en el cuerpo, por lo que era poco probable que hubiera sido violentada. Por otra parte, mirando a Akiko, algo le decía que de momento todo estaba bien. La mujer se acercó a la cama, para depositar la bandeja en ella.

-Mi nombre es Akiko. Encantada de conocerla¿señorita...?-

-Hayahama... Kaori.-

-¡La actriz!... oh... esto es... la encontraba parecida, claro, a una amiga mía del barrio. Su nombre es Kori pero tiene los ojos negros, no como los suyos. Es todo un honor tenerla en mi casa, señorita Kaori... –

Kaori prestó atención a las tostadas junto a la taza de leche en la bandeja. Su combinación diaria de desayuno. Sin embargo, el aroma de las tostadas la envió de vuelta al baño, junto al retrete, a vomitar...

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No había podido descansar como le sugirieron. Ken en su cuarto, sentado en la cama, se tomaba la cabeza. De tanto apretársela, parecía que iba a estallar. Aunque sus amigos trataron de calmarlo y le dieron una pastilla para dormir él rehusó tomarla y al final pidió que lo dejaran solo un rato. Estaba muy cansado pero su mente se negaba a desconectarse, ya que sólo un pensamiento la ocupaba del todo.

-Kaori… mi Kaori… - sollozó.

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-No sabía que no le gustaban las tostadas... si quiere le preparo otra cosa... –

-No se preocupe... yo... tomaré la leche, señorita Akiko.-

Akiko sonrió amablemente. Se notaba que era ella una mujer muy especial.

-No soy señorita... soy señora. Soy Akiko de Fukuda.-

Ese apellido sonó en la cabeza de Kaori, pero aún algo mareada, no se preocupó del asunto. Bebió la leche que curiosamente, su estómago soportó bastante bien. "Mi bebé la prefiere." se dijo la chica para calmarse.

Akiko encendió el radio para escuchar algo de música suave, sentándose sobre un silloncito cercano a la cama. Kaori se relajó.

-¿Me permite decirle algo? Espero no se moleste, claro. Es que su esposo, Ken... me recuerda mucho a un chico que conocí.-

A Kaori le gustó que Akiko llamara "su esposo" a Ken y la observó con atención. Tenía el cabello algo rizado y largo, de un color castaño. Era alta y tenía un rostro bonito adornado con pecas doradas. Vestía con sencillez y su voz era clara y dulce. Era el tipo de mujer del que uno quisiera hacerse amiga. A Kaori le recordaba que era como estar con una versión femenina de Ken, porque Akiko parecía que emanaba tranquilidad. Tenía unos ojos muy bellos, color miel. Debía tener unos treinta.

-No me molesta que Ken le recuerde a un chico, señora Akiko. Me parece normal, pues él es actor y debe provocar emociones en la gente.-

-Permítame hablarle de ello. A usted le parecerá extraño que siendo yo una desconocida, hable tanto con usted.-

-Por favor, Akiko... trátame de "tú".-

Akiko sonrió.

-Está bien... Kaori. Es que yo paso la mayor parte del tiempo sola. Mi esposo trabaja mucho últimamente y no está mucho en casa. Lo extraño y no tengo demasiados familiares, más que mi cuñada que es muy apegada a mi marido, pero ella es tan callada... casi no habla. Nos trasladamos hace poco a este lugar, por eso no conozco a nadie aún. Pero como a ti te veo en la tele... siento que te conozco un poquito. ¿verdad que soy muy tonta?-

-No, Akiko, no lo eres... yo misma pasé una larga temporada hablando sólo con dos personas... mi padre y mi mejor amiga... pero a la gente que escuchaba por la radio o veía en televisión, los consideraba más cercanos que mis vecinas.-

-Esta historia te parecerá extraña y espero no me juzgues pero siento deseos de contársela a alguien, ya que es una parte de mi vida de la que mi marido no me permite hablar aunque para mí, si bien fue dolorosa, también es importante. Verás… cuando yo era una adolescente, tuve una etapa difícil. Sentía que el mundo estaba contra mí porque mis padres peleaban constantemente y ya no me prestaban atención. Yo no pensaba mucho entonces, sólo sabía que quería evadirme y así conocí a un chico pelirrojo que pertenecía a una pandilla de callejeros. Mi padre me recomendó no acercarme a ellos pero yo por llevarle la contra, no hice caso y un día me escapé de mi casa y fui a una de sus fiestas. Allí vi nuevamente al pelirrojo y en eso, alguien me ofreció de beber. Me acerqué al joven que también bebía y nos pusimos a conversar. Se llamaba Isamu… -

-¿Isamu?...- preguntó Kaori sorprendida.

-Claro... Isamu Kawada... nunca olvidaré ese nombre. Me contó su historia que era muy triste, porque su padre lo golpeaba y mató a su mamá. Ambos queríamos un escape y nos drogamos esa noche, aunque yo aún estaba conciente. De todos modos pasamos la noche juntos… teníamos como dieciséis años y fue mi primera vez.-

Kaori comenzó a atar cabos... Ken habló en su relato, de unas chicas a las que conseguían si les daba droga.

-Fue algo tonto lo que hice, pero para mi era una liberación hacer lo que me viniera en gana. Yo lo encontraba muy sexi con su pose de chico malo y sus ojos tristes... comencé a drogarme para experimentar más cosas y caí bastante bajo porque al final me escapé de mi casa y me convertí en una callejera como ellos.- dijo con la voz un poco ahogada.

Kaori la miraba con la boca abierta.

-No tienes que contarme esto si no quieres, Akiko.-

-No, estoy bien. Es algo que pasó hace mucho… yo… yo me acostaba con ellos si me daban un poco de lo que tenían aunque siempre prefería a Isamu porque extrañamente, él era bastante gentil conmigo, a diferencia de los otros que me hacían daño o querían tener sexo de a varios. Mis padres y mi primo me buscaron hasta que dieron conmigo y en esos días Isamu se vio involucrado en un accidente de coches donde murieron muchos de nuestros amigos. Días después me internaron en una clínica de rehabilitación y bien, pasaron los años. Estudié arte y me casé con mi primo aunque, aún me pregunto qué habrá sido de Isamu. Disculpa si te he perturbado con mi relato... no sé por qué lo recordé... es que de verdad tu Ken me lo recuerda mucho y quería hablar de esto con alguien. Es que... mi marido se ha alejado tanto de mí en el último tiempo y yo... quisiera contarle tantas cosas.-

-Yo... no sé qué decir... solo que Ken es... es... un gran hombre... pero tú... ¿ya no sientes nada por Isamu?-

-No, claro que no... eso fue un amor de juventud, una locura. Como te digo, me gustaría saber qué fue de él. Me casé con un hombre muy bueno, del que estoy enamoradísma pero, por una malformación en mi útero, no he podido concebir niños aún. – el rostro ensombrecido de Akiko en un momento se iluminó. – Aunque, por estos días supe que uno viene en camino, pero... aún no se lo he podido comentar a mi esposo. ¡Lo he visto tan poco!. Quién diría que a mis treinta y un años, yo sería mamá finalmente... es algo tan lindo... nunca pensé en compartir esto contigo... ¡es increíble! Por cierto, Kaori... tú también vas a tener un niño¿verdad?-

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Inuyasha frente a la puerta se mantenía atento a cada señal, sin quitar su vista de ella, sin moverse. Ken le había intentado dar comida, pero el perro inmóvil, la rechazaba esperando la llegada de su querida Kaori, lo que enervaba a Ken que a cada momento se sentía más triste e impotente.

Misato descansaba en el cuarto de invitados de la casa junto a Akira. Estaba demasiado preocupada por Kaori y se sentía culpable por hacerla ir a su departamento la noche anterior. Aunque en un principio los hombres no quisieron decirle nada sobre lo que estaba pasando, Misato se puso a llorar y a exigir explicaciones... le contaron entre Aoshi y Akira lo que sucedía. Ken, simplemente, no hablaba. Estaba aterrorizado. Misato en tanto sufrió un ataque de nervios que calmaron con mucha leche y una pastilla suave.

Satori por su parte, había ido con Aoshi a ver a Nadesico, Kaneda y Miranda. Eishi había asegurado que no los molestaría más, así que mientras Kaneda reposaba por la golpiza, medio sedado con calmantes, ellas limpiaban la casa. Ya estaban bien, pero preocupados por Kaori que no aparecía. Al menos en Kyoto las cosas estaban tranquilas.

Aoshi contestó cortésmente a sus preguntas y ya se iba cuando Kaneda se levantó de la cama aún medio aletargado. Abrazó a Miranda antes de salir.

-Quiero ver a Ken. Cuida de mi hermana. Te amo.-

Se subió al auto y se despidió agitando un poco la mano.

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Akiko aseaba la casa, y Kaori la ayudaba un poco. Ella estaba tranquila gracias a que Akiko había llamado a su esposo para que se contactara con Ken Nihimura, pues Kaori aún estaba algo atontada con los mareos y no recordaba muy bien el nuevo número de su casa ni el de Ken. Sonó el teléfono, rato después y la dueña contestó. Sonriendo, se dirigió a su nueva amiga.

-Kaori, buenas noticias... mi esposo dice que ha contactado con el tuyo y que vendrá por ti esta tarde... ¿no es maravilloso? Te he dicho que mi marido es un hombre muy bueno.-

Kaori se alegró mucho.

-¡Qué bien, Akiko!... ¿Y tu esposo, cuando vendrá?-

-Muy pronto... llegará en una hora. Prepararé algo delicioso para él. –

En ese momento sonó el timbre y Akiko corrió a abrir la puerta.

-Hola, cuñada... pasa, por favor... ¡mira quién esté en mi casa! Es una invitada especial.-

Kaori vio a una mujer de ojos y cabellos muy negros que la miro sin mayor interés. Casi se diría que con algo de odio. Kaori protegió, sin darse cuenta, su vientre. La mujer pasó de largo hacia el baño. Luego se encerró en una habitación.

-Mi cuñada no es muy efusiva... bueno, Kaori, sígueme contando sobre tu amiga Satori. Parece una gran chica, debe ser graciosa.-

-¡Oh, sí que lo es... ella es muy linda, es la mejor amiga que tengo... !- las dos mujeres picaban unas zanahorias.

La hora se pasó volando. Entonces llegó el esposo de Akiko. La mujer se lanzó a los brazos de su marido, para besarlo alegremente. Ese día le diría lo de su embarazo.

Kaori salió a saludar al hombre que tan amablemente la había ayudado y le había brindado una nueva amiga. Kaori le había apuntado a Akiko su dirección para que fuera a visitarla a su casa.

Pero al ver el blanco cabello de Eishi, Kaori tuvo un mal, pero muy mal presentimiento.

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Aoi miraba de reojo hacia la casa de Kaori donde estaba medio elenco de "Rurouni Kenshin" reunido. No había notado movimiento extraño alguno. Pero sentía unas ganas enormes de entrar para matar al condenado pelirrojo de una buena vez, con sus propias manos, golpeándolo hasta hacerlo perder el sentido... luego iría por esa traidora de Nadesico y su pequeña Sakura... no, ya no era su pequeña... se había cambiado el nombre a Yuriko. Ella era una más de los traidores. También debía morir.

A las siete en punto el teléfono de Ken sonó. Reconoció la voz de inmediato.

-Hola, pelirrojo... ¿cómo estás?-

-¿Qué quieres?-

-¡Qué modales!- replicó Aoi, oculto tras un árbol, frente a la casa. – Te hago el favor de llamarte y me respondes tan mal... somos viejos conocidos¿no?...- Aoi rió un poco.

-Dime de una vez.-

-Bien... verás... el jefe dice que tu mujercita está siendo muy bien atendida... que está contenta y que esta noche tendrán una cita muy romántica en un viejo dojo. Apunta la dirección con cuidado, no vayas a perderte, que si llegas tarde, ella se te muere.-

Ken voló por papel y lápiz.

-Otra cosa... en tu casa hay seis personas. Si quieren, para tener público, tú sabes, que vengan, pero eso sí... vemos algo raro y la chica se muere de todos modos... bye Bye, pelirrojo!- Aoi colgó.

Ken observó el papel escrito y contó a los demás lo que dijo Aoi.

-Claro que iremos, Ken. Para ayudarte en lo que necesites.- dijo Aoshi.

-Cuenta conmigo, Ken. Esos sujetos se arrepentirán por lo que hicieron a nuestra Kaori- exclamó Satori.

-No pasará un día que no se arrepientan- dijo Akira, con una oscura expresión, acariciando la frente de Misato.- no solo por Kaori, sino por los niños a los que dañaron...-

-Pero las damas se quedan- sentenció Aoshi y Satori lo miró con mala cara.- porque debes cuidar de Misato y Kaneda. Y alimentar al perro que así como va, se nos morirá de inanición.-

La noche caía lentamente cuando tres personas salieron de la casa Hayahama en el auto de Aoshi. Ken vestía camisa blanca, pantalón negro y una gabardina del mismo color, bajo la cual llevaba una de sus katanas aunque esta tenía el filo invertido. Aoshi, vestido de camisa y pantalones azul oscuro llevaba una espada corta y Akira, de buzo negro con rayas rojas cruzando el pecho, sólo sus puños. Lo único que necesitaba.

Había bastante gente en la calle, disfrutando del aire fresco, demasiado metidos en sus propios asuntos como para percatarse de que tres afamados actores pasaban por la calle. En algún punto, el grupito fue interceptado por un hombre que ellos conocían y que los seguiría en moto para verificar que todo estaba bien, sin policías.

Hisashi. El tipo que había intentado drogar a Kaori para violarla... el muy maldito también estaba metido en eso.

Cerca de las ocho de la noche llegaron al viejo dojo y desde ese momento, era cosa de esperar. Hisashi, Otoba (el tipo que apareció en la casa de Kaneda), y el enmascarado "Gein" los miraban silenciosos.

Eishi pronto llegaría.

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Inuyasha estaba en exceso nervioso y sus aullidos aumentaban los nervios de Satori, quien no lo soportó más y se levantó de un salto.

-¡Me importa un comino lo que diga Aoshi, me voy con ellos, ya estoy harta de esperar y no ha pasado ni una hora!-

Inuyasha logró abrir la puerta de la casa... le faltaba la puerta que daba a la calle, cruzando el pequeño antejardín. Elevó su patita, pero una mano la retiró.

Satori abrió la puerta, mientras miraba al perro, esperanzada.

-Vamos a buscarla, Inuyasha... estoy segura que puedes rastrear a esos hombres.-

Inuyasha miró a la joven expresivamente y acercó su nariz al suelo, buscando algún indicio, el olor de su amo. En eso Kaneda recordó las señas que anotó Ken sobre el viejo dojo.

-Satori… no es necesario que caminemos. Creo saber dónde queda ese lugar.-

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Akiko preparó un bocadillo para Eishi, quien se despidió de ella, a la vez que subía a Kaori al auto. Se despidió de su nueva amiga y le deseó suerte. Kaori le dedicó una sonrisa a Akiko y en cuanto el auto se puso en marcha, cambió de expresión, al dirigirse a Eishi.

-Es usted¿verdad?-

-Sí- respondió este, sin apartar sus ojos del camino ante sí.

-Y entonces... –

-¿Por qué hago esto?- Completó Eishi.- Ken ya lo sabe y no es necesario que le repita todo el cuento a usted, aunque si he de ser sincero, esto es por "ellas". Porque el maldito de Nihimura o Kawada, como prefiera usted llamarlo, les desgració la vida a ambas. Akiko es una mujer muy buena... quizá demasiado buena y no se merecía lo que él le hizo. Y ni hablar de Yuki.-

-Usted y… ¿Yuki? –

-Somos hermanos, pero da igual que lo sepa o no. Lamento lo que le sucederá, Kaori, y de antemano le agradezco no haberme delatado ante mi esposa. Es usted una buena persona, demasiado para Ken. Y también lo odiará, porque por culpa de él, usted sufrirá mucho.-

-Akiko está... ¿está involucrada en esto?-

-No. A decir verdad, ella llegó sorpresivamente ayer en la tarde de un viaje, pues me extrañaba. Me sorprendió cuando yo entraba a casa con usted inconsciente, después que me la trajo un compañero. Le inventé un cuento y se podría decir que usted corrió con suerte en ese momento, porque mi acompañante Hisashi debía comenzar con su labor en ese instante. Pero él se desquitará dentro de un rato y su Ken lo verá.-

Kaori pasó saliva, nerviosa.

-No haga esto, Eishi... deténgase, aún está a tiempo... su esposa sufriría mucho si usted hace lo que se propone, ella lo ama mucho. Usted dice que hace esto por ella, pero... pero no es cierto. Su esposa no odia a Ken.-

-¿Cómo puedes saber eso? Conoces a mi esposa de sólo un día.-

-Eso es suficiente para nosotras. Akiko es muy abierta y si usted le prestara más atención, sabría cosas de ella... -

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Akiko vio sobre la mesa unos apuntes y la chaquetita de Kaori, la que traía cuando su esposo la trajo. Akiko tomó el auto de su cuñada y partió en búsqueda de la pareja que le llevaba unos minutos de ventaja, porque no quería que Kaori se preocupara por su prenda de vestir.

Iba mirando atentamente el camino, por si les daba alcance, pero un enorme auto apareció de pronto frente a ella, haciéndola frenar bruscamente. Tanto, que el auto quedó atravesado en la carretera. Akiko agradeció el haber usado su cinturón de seguridad y al levantar la vista e intentar reponerse del susto, vio como las personas del otro vehículo corrían hacia ella.

Satori abrió la puerta del conductor, interesándose en Akiko.

-¿Está usted bien...? discúlpenos, por favor. Vamos con apuro. Es de vida o muerte.-

-Yo… creo que estoy bien.- preguntó Akiko algo mareada por el susto.

-Qué bueno que esté bien. Ahora nos retiramos y...-

Inuyasha, que se había bajado del auto de Akira junto a Satori, comenzó a olisquear el aire, pues había notado algo extraño en él. Jazmines... no podía equivocarse... y venían desde el interior del auto de Akiko. El perro pronto se montó sobre la mujer, alcanzando con el hocico la chaquetita en el asiento del copiloto.

-¡Sale de ahí, perro tonto!- dijeron Satori y Misato mientras arrastraban a Inuyasha desde su collar, pero él no se movía.

-Ten cuidado, perro. Eso es de mi amiga Kaori- dijo Akiko.

-¿Kaori? – Preguntó Misato. -¿hablas de la actriz Kaori Hayahama?-

-Claro, estuvo en mi casa hoy... voy a devolverle esto, pero, creo que ya no alcanzaré el vehículo en el que ella iba. Antes de dar con ustedes le estaba dando alcance.-

Satori y Misato miraban extrañadas a Akiko. Intercambiando una mirada y entre ambas, sacaron a la mujer del auto y la subieron al de ellas. Satori se puso al volante, pisó el acelerador y salieron disparados en la dirección que les indicaba Kaneda. Ya tendrían tiempo de aclarar las cosas con esa mujer sospechosa porque lo primero era dar con el paradero de su esposo y de sus amigos.

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Eishi apareció con Kaori y la metió dentro de un cuarto que al parecer, había sido construido hacia poco tiempo. De hecho, la separación de ese cuarto con el salón del dojo estaba dada por un ventanal de vidrio muy grueso y barrotes de acero. A la pieza misma se accedía por una puerta de madera cercana a la de ingreso al lugar.

Kaori se acercó al ventanal en cuanto notó a Ken y éste hizo lo mismo.

-¿Estás bien?- preguntó él.

Kaori iba a abrir la boca cuando el filo de un acero se colocó en el cuello del pelirrojo.

-Las reglas son las siguientes, Ken.- comenzó Eishi sosteniendo firmemente la espada.- Vamos a jugar. Hasta ahora mis camaradas tenían la orden de no hacerte daño ni a ti ni a tus acompañantes. Pero desde ahora, vamos a luchar contra ti y tus amigos, mientras, Hisashi, dentro de ese cuarto, mantendrá ocupada a Kaori. Si nos ganas y le quitas la llave mágica a Gein, puede que la salves con vida. Si no… bueno, también seguirá con vida, aunque supongo que ella preferirá estar muerta. O quién sabe… en una de esas le queda gustando Hisashi y se queda con él. Así sabrás lo que siente un hombre cuya mujer… ¡HA SIDO DE OTRO!-

Ken de un manotazo apartó el filo de su garganta, rebanándose un poco el dorso de la mano. Puso distancia entre él y Eishi al tiempo que Hisashi entraba en el cuarto de Kaori y Gein le echaba llave a la puerta para luego, trepar a un altillo dentro del dojo, poniéndose fuera del alcance de cualquiera.

Eishi miraba la escena divertido. Esto se iba a poner bueno.

Pero para Kaori, se estaba poniendo bastante malo. Eso ni que decir.

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Fin acto veintiuno.

Febrero 15, 2004.

Septiembre 7, 2006.

Gracias, gracias, gracias…

Kendappasoma

Kaerii Ryuka

KagomeKaoru

Gabyhyatt

Purple

Lilac.Kitsune

Michel 8 8 8

Silvi-chan

por darse el tiempo de reportarse y hacerme llegar sus comentarios.

Hola!

Supe por ahí que había problemas con la página, ya que al parecer, hay momentos en que no reconoce los capítulos. De hecho yo quería releer uno y tuve que esperar unos minutos para que se normalizara, asi que les ruego que se armen de un poco de paciencia si eso les pasa, para que puedan leer la historia.

Kendappasoma, la primera versión es básicamente similar a esta. Pero al ser mi primera obra larga tenía varios detalles en la trama que se veían muy forzadas y que yo me prometí arreglar algún día. No te estás perdiendo de mucho en verdad y de hecho, me esfuerzo en esta para mejorar la redacción de la primera, sin perder esa esencia de Actuación sin Libreto. Kaerii Ryuka, ya tomé apunte del mensaje. Gracias por avisarme del cambio. Y me sorprendes con tu conocimiento de esta historia! Kagome Kaoru, me han llegado tus buenas vibras y me siento muy bien, gracias, Gabyhyatt, que bien que te hayan gustado los cambios y bueno, ahora Kaori lo sabe. Purple, a mi también me causa gracia este Aoshi tan… demostrativo y capaz de hacer lo que sea por quedarse con Satori y en efecto, la escena del reencuentro en el hotel entre Ken y Kaori es la que le servirá de inspiración a alguien para efectuar el Seisohen. Lilac.Kitsune, sorry, yo creo que por estos días me conecto a msn. Y sobre tu pregunta respecto a los vengadores, te puedo decir que todas las anteriores. Michael 888, estoy trabajando para que el encuentro de Ken con los tipos malos sea realmente bueno, aunque si que lo va a pasar mal. Silvi-chan, gracias por escribirme.

En el próximo capítulo, se desvelarán los últimos misterios en torno a la venganza contra Ken. Así sabremos quienes son los participantes de tan singular venganza y los motivos que tienen. También veremos si Satori y compañía pueden servir de algo o se convierten en un fastidio.

Les quiero contar que la próxima semana, actualizaré el episodio 22, así que pueden ponerse atentos. Con respecto a las otras dos obras, seguirán actualizándose semana por medio cada una.

Bien, nada más que comentarles, salvo decirles que estén bien y que nos leemos pronto.

Blankaoru.