¡Hola!

Les dejo el nuevo capítulo. Agradezco como siempre que me sigan leyendo, alegran mi corazón.


La cita:
Parte 2


— ¡Irie-san! — saludó Sakura, acercándose a paso apresurado — Lamento llegar tarde, el tiempo se me pasó volando en el cem- eh, se me hizo tarde. Disculpa.

— Descuida. — le tranquilizó, acomodando un mechón de cabello detrás de su oreja.

El gesto la puso nerviosa, y los celos irracionales de Naruto hicieron eco en su cabeza, pero los calló inmediatamente de una sacudida.

'¡Esto no es una cita!', se reprendió mentalmente.

— Te ves preciosa. — le comentó, viéndola a los ojos con sus mejillas encendidas.

— Oh… gracias. T-tú también te ves… lindo. — respondió nerviosa. Y era verdad. Estaba vestido totalmente de blanco, y su perfecto cabello caía grácilmente sobre su hombro izquierdo.

Irie se cubrió su rostro soltando una risa suave.

Casi parecemos pareja.

Sakura volteó a ver sus ropas y se sonrojó al instante.


— ¡Gracias! — chilló Ino extasiada cuando le entregaron su banana Split con extra crema batida y jarabe de chocolate.

Sai sonrió cálidamente.

— ¿Qué pasa? — le preguntó Ino sonrojada — ¿Quieres un poco? Sí pensaba compartirte…

Él negó con la cabeza.

— Quiero casarme contigo. — soltó sin más, tomando una cucharada de su propia copa de helado.

Ino se quedó congelada ante la declaración, lágrimas acumulándose en sus ojos, mortificándolo al instante.

— No tienes que hacerlo si tu no quieres…

— ¡N-no es eso! Es sólo… Kami-sama, creo que nunca me acostumbraré a tu honestidad. Y t-t-ú… tú quieres casarte conmigo y yo- me gustas desde hace tanto, entonces…

Todos los que pasaban volteaban a ver a Sai con mala cara, pues visto fuera de contexto parecía que estaba terminado con ella.

— ¡Todos son iguales! — susurró una chica a su amiga, al pasar.

— Pobre chica…

— ¿Qué le habrá hecho?

— De seguro la engañó…

— ¡Vaya estúpido!

— Está jodidamente buena… ¿crees que cuando termine pueda-?

Una mirada gélida de advertencia por parte de Sai hizo que el cabrón que estaba unas mesas más allá se largara como alma que lleva el diablo. Ino no se dio por enterada.

— L-lo siento, yo… no sé qué m-me pasa.

Sai rio con ganas.

— Ya te enterarás. — le sonrió enigmáticamente. Tomó otras cucharadas de su helado, y casualmente volteó hacia la izquierda donde un castaño vestido de blanco estaba sentado en una de las mesas, en las afueras de la cafetería cruzando la calle — Definitivamente, Kakashi-senpai está más bueno.

— ¿Qué…? — preguntó Ino confundida.

Siguió con la mirada el lugar hacia donde estaba apuntando Sai, y se encontró con Irie.

— ¿Qué dices tú?

— Pues, Irie-san sí es guapo, y creo que Kakashi-sensei puede serlo, pero nadie ha visto su rostro. Aunque tus bosquejos son…

— Ardientes, lo sé. Pero esta mañana, Sakura me confirmó que no es así.

— ¿No? — dijo con la misma carita de decepción que los chicos.

— Es mejor. — compuso Sai con una sonrisa traviesa.

— ¡N-no puede ser!

— Lo mismo dije, pero Sakura-chan estaba muy segura de ello. Creo que tendré un sueño húmedo con él de nuevo… — se quejó, comiendo su helado.

Ino se rio con ganas.

— No sé si te lamentas por ello o te frustras por no estar dormido en este momento para poder tenerlo.

— Creo que es algo de las dos.

Ambos rieron.

— Me sigue sorprendiendo que no te cause conflicto decir ese tipo de comentarios.

— ¿Por qué me causaría conflicto?

— Bueno, no todos los hombres son tan abiertos para… sus experiencias.

— ¿Eso es malo? — preguntó un poco mortificado — No piensas que yo-

— Por favor, Sai. Mírame: aunque te gustaran los hombres definitivamente tendrías que ser un ciego imbécil si no cayeras rendido por mí.

— Lo hago. — contestó sinceramente, tomándola de la mano y haciendo círculos con su pulgar en la palma — Hazlo. — le ordenó, viéndola fijamente.

Ino acató la orden dócilmente, y de manera silenciosa, conectó su mente a la de Sai, de modo que pudiera ver los sucios pensamientos que tenía sobre ella.

En su cabeza, en lugar de tener las copas de helado en la mesa, Sai tenía a Ino totalmente desnuda, con crema batida en sus pezones, hilos de chocolate fundido corriendo por el abdomen, y la entrepierna escurriendo de placer. Él se tomaba su tiempo para degustar de su postre, y ella se encontraba al borde, luchando por no venirse mientras todos veían el sucio acto.

Todos los hombres estaban visiblemente duros a su alrededor, queriendo acercarse a probar, pero solo Sai tenía ese privilegio.

— Joder, Sai… — gimió quedamente, apretando con fuerza sus piernas una vez que deshizo la conexión.

— Definitivamente te haría mía, aunque yo fuera mujer. — confirmo, besando su mano.

— Y-yo no me opondría. — soltó sin darse cuenta, colorándose al instante.

— Bueno, esto es una sorpresa. — sonrió él maliciosamente.

— ¡Oh, cállat-! Oh, no es verdad… — se interrumpió a si misma cuando vio a una conocida y peculiar cabellera rosa llegando con Irie.

Sai volteó a donde ella estaba viendo, y soltó una risita.

— ¡Tu sabías que venía con él! — le recriminó la rubia.

— Sí, sí sabía. Naruto hizo un escándalo.

— ¡Y como no hacerlo! ¿Qué demonios ocurre con ella? ¿Dónde está Kakashi-sensei? — preguntó, volteando a ver a todas partes, segura de que se encontraba por ahí.

— No lo sabemos, pero fuera lo que fuera es malo. Ella ya no quiere estar con él.

— ¡¿QUÉ?! — gritó Ino, ganándose miradas extrañas de las personas a su alrededor. Volteó a ver a Sakura e Irie, pero ninguno parecía haberla escuchado — ¿Por qué? — susurró ahora.

— Lo único que nos dijo es que él no la ve de la misma forma que ella lo ve.

— ¡Oh, por favor! ¿Le creyeron esa basura? — preguntó molesta. Sai negó con la cabeza — ¿Y ahora, está usando a Irie para olvidar cualesquiera que seas sus alucinaciones? Que no me joda…

— Creo que es más bien, que Irie quiere ser usado por ella. — corrigió Sai — Sakura no está enterada de que él tiene sentimientos hacia ella.

Ino se levantó abruptamente, decidida a terminar con esa ridiculez.

— ¿Qué haces?

— No voy a quedarme a ver toda esta mierda, ¡no sé como están tan tranquilos con todo esto!

— No lo estamos. — hablo Itachi, acercándose de la nada.

Tenía puestos unos lentes de sol, sombrero, y una gabardina de espía. Poquito más atrás de ellos, estaban Naruto y Sasuke disfrazados igual comiéndose una nieve.

— Por todos los cielos… — suspiró Ino — Ya se estaban tardando.

— Habíamos decidido no intervenir-

— Y no lo haremos. — reafirmó Sasuke desde su lugar. Estaba sosteniendo el helado de Naruto mientras éste lamía y veía con innecesarios binoculares a su pelirosa compañera.

— ¿Entonces…?

— Es la primera cita de Sakura-chan, ella no ha estado en citas antes. Debemos cuidarla. — habló Naruto con determinación. Sasuke le limpió los restos de helado que quedaron en la comisura de sus labios con el pulgar, para después lamerlo juguetonamente.

Ino se agitó y Sai no perdió el tiempo.

— Bien, lo dejamos en sus manos, nosotros regresaremos en un rato. — anunció, tomándola de la muñeca.

— Te mandaré un mensaje. — se despidió Itachi, guiñándoles el ojo.

Sai se llevó a Ino en el hombro y se fue entre los techos hasta su departamento.


Irie veía divertido la pelea que se estaba desatando a espaldas de su "cita".

Se sentía un bastardo por haberla engañado al invitarla a cenar, y no mostrarle sus verdaderas intenciones, pero quería demostrarle que tenía material de pareja antes de recibir el No que sabía que ya tenía.

Sabía que los hermanos Uchiha sabían que él sabía que se encontraban ahí. Sasuke fingía demencia por Naruto, e Itachi… no sabría decirlo. Lo veía con un extraño brillo en los ojos, era como algo cercano a los celos, pero no estaba del todo seguro. Tal vez sólo era que actuaban sobreprotectores con ella, y el único espécimen masculino aprobado que tenía derecho a acercarse era Kakashi.

Ardía de rabia al pensarlo.

¿Por qué solo él?

Ellos lo conocían. Ellos sabían de sus sentimientos hacia ella… ¿por qué no era suficientemente bueno?

Decidió seguirles el juego.

En el pasado, la razón por la que nunca había actuado era por el profundo respeto que sentía por el legendario ex ANBU, al igual que respetaba los sentimientos de Sakura. Por eso mantenía su distancia. Por eso se autoconvencía todos los días, que él sería feliz si ella lo era.

Quiso creerlo con todas sus fuerzas… pero luego ella llegaba y sonreía de esa forma tan divina y él apenas podía controlarse.

— ¡No es mi culpa! — reía ella a carcajadas, haciéndolo suspirar.

— No, claro que no. — respondió él condescendientemente, ganándose una patada por debajo de la mesa.

— ¿Están listos para ordenar? — preguntó el mesero.

Sakura casi se cae de espaldas cuando se dio cuenta de quién era.

— ¡¿HATAKE?!

El peligris hizo gala de sus reflejos, y detuvo su silla.

— Ese es mi nombre. — respondió él amablemente. — Seré su mesero esta noche.


Esto simplemente no podía estar pasando. Luego de la terrible incomodidad inicial, Sakura se la estaba pasando realmente bien con Irie.

El chico tenía algo en su voz y sus gestos, que la tranquilizaban inmediatamente. Rechazó todo tipo de dudas sobres sus intenciones para con ella conforme avanzaba la plática. La tristeza que le generaba ver a su padre fue más tolerable, e incluso cierto peligris había logrado dejar de dar vueltas en su cabeza… Para materializarse justo frente a sus narices.

De verdad, creyó que estaba alucinando, hasta que Irie también hizo su propio reconocimiento.

— Buenas noches, senpai.

— Buenas noches para usted, Kohaku-san.

Se quedaron sonriéndose mutuamente por aproximadamente 2 minutos. ¿De pronto hacía mucho frío ahí o era ella?

— ¿Qué haces aquí? — se siseó, molesta por todas las caras de babosas que tenían tanto la dueña como el resto de las comensales que estaban en el lugar.

Kakashi sacó un letrero de "Se busca empleado/a" de la nada, lo rompió, y lo tiró por ahí.

— Ya que no me asignan misiones aún, decidí ganar algo de dinero. "Es muy importante estar siempre activo". Eso me dijo mi linda enfermera. — explicó amablemente.

¿De qué iba este hombre?

— Sí, sobre todo llegando a cierta edad... — apuntó Irie, con el mismo tono meloso — No nos estamos haciendo más jóvenes, el cuerpo ya no es el mismo.

— Tienes mucha razón ahí, pero Haru-chan es tan buena en su trabajo, y ha cuidado tan devotamente de mi cuerpo, que me hace sentir 10 años más joven.

Maldita sea… ¿tenía que decirlo en ese tono?

— Y-y-y-yo-o… ¡dos platos de espagueti, gracias! — ordenó atropelladamente, estampándole la carta en la cara y evitando su mirada.

Kakashi soltó una risita.

— Como ordenes, Haruno. — confirmó, agachándose a su altura y hablándole al oído.

Su aroma boscoso, fresco y masculino la mareó por momentos, y casi no pudo resistir la urgencia de bajar esa máscara y besarlo como loca.

Entendía a todas las idiotas que estaban a punto de venirse en las mesas más alejadas, Kakashi se veía comestible con ese uniforme de mesero: camisa formal blanca, pantalón negro ajustado, delantal negro, con su máscara eternamente adherida a su rostro y sin su Hitai-ate, su cabello caía rebelde en todas direcciones.

Hasta el maldito hielo de su bebida se había derretido.

— ¿Quieres irte a otro lugar? — sugirió Irie, probablemente viendo lo turbada que estaba. Sabía que lo más seguro es que tuviera una cara de sufrimiento absoluto, pero el pobre castaño no sabía qué tipo de sufrimiento era…

— P-pues, verás… normalmente te diría que sí. Pero no quiero que ese idiota crea que puede molestarme de ese modo. — le explicó honestamente.

Irie sopesó por unos momentos sus palabras, pero terminó asintiendo.

— Bien, si eso es lo que quieres. — le dijo sonriendo — Podemos regresársela, soy todo tuyo. — agregó maliciosamente.

Sakura parpadeó confundida.

— ¿Regresársela?

— Sí. Él está aquí porque quiere molestarte, podríamos molestarlo de regreso…


— Jamás vuelvan a utilizar el honorífico "Sensei" conmigo. Me dan vergüenza. — comentó Kakashi, agazapado atrás de los hermanos Uchiha y Naruto.

Sasuke y Naruto se abrazaron y saltaron como gatos, e Itachi se burló de ellos.

— Buena jugada. — le felicitó, girándose nuevamente para ver la interacción del Kakashi real con "la pareja" — Pero creo que te la voltearán muy fácil.

El clon de Kakashi le quitó los binoculares innecesarios a Naruto para ver de qué estaba hablando, y los rompió cuando vio, cruzando la calle, a Irie tomando las manos de Sakura y haciendo el idiota… con ella siguiéndole el juego.

— ¡Ves lo que provocas! — le reprendió Naruto, empujándolo — ¡Si no hubieras-! Eh… ¿qué fue lo que hiciste ahora Kakashi-sensei?

El peligris suspiró varias veces para tranquilizarse antes de responder.

— Ni puta idea. — respondió, tomándose el puente de la nariz.

— ¿Le preguntamos a Raito? — dijo Itachi burlonamente.

— ¿Por qué jodidos la sigues mencionando? — respondió él con mueca de asco.

Los cuatro se quedaron callados, y él supo que lo estaban evaluando. Y supo que pasó la evaluación, porque en sus ojos se veía la misma pregunta que lo estaba atormentando:

¿Qué jodidos pasó?

— Eh, chicos, cerramos a las 9, sólo faltan 10 minutos. ¿Pagarán o…?

— Lamentamos ser una molestia, Obaachan. — se disculpó Itachi, quitándose las gafas y el sombrero.

— Tenemos unos asuntos… privados por atender. — le imitó Sasuke.

— ¿Podrías darnos algo más de tiempo? — concluyó Kakashi.

La pobre señora no supo de sí, sólo le entregó las llaves a Naruto y se la llevaron sus hijos, que trabajaban con ella, a rastras. Estaba tan conmocionada con tanta belleza que no podía ni articular palabra alguna.

— ¡Te lo encargamos Naruto, suerte! — se despidió uno de los chicos.

— ¡Graciaaaas! — respondió el rubio feliz.

Una vez se fueron, apagaron las luces y volvieron a agazaparse tras el ventanal, cubriéndose con las plantas falsas. Ya no había rastro del clon de Kakashi.


Kakashi llegó como un rayo justo 30 segundos después de que Irie tomara de las manos a Sakura. El castaño rio internamente.

— Su orden está lista. — ladró, aunque su cara era la representación total de la bondad.

A propósito, pasó los platos muy cerca de su cara para que tuvieran que alejarse hacia atrás, y se soltaran de las manos.

— ¡Hatake, antes de que te vayas, hermano! — le llamó Irie, con falsa confianza — ¿Podrías regresar esta comida y traerla en un solo plato? Queremos compartir, ¿verdad muñeca?

Sakura se mordió el labio para no estallar en carcajadas cuando él le guiñó el ojo.

— ¡Es que no puedo soportar la idea de estar separada de ti de ninguna forma, Irie-kuuun! — dijo ella, haciendo a un lado el plato de espagueti y afianzando el agarre de sus manos.

Kakashi disimuló un bufido con una risa amable.

— Cómo ustedes ordenen.

Sakura e Irie se rieron como estúpidos, pero no les duró mucho su chiste. Kakashi no se fue, sino que sólo vertió lo de un plato hacia el otro, y lo puso sonoramente en medio de la mesa, dejando cada una de sus manos recargada en cada lado.

— ¿Les parece bien así? — inquirió, dedicándole una mirada de advertencia a Sakura.

La pelirosa abrió mucho los ojos y se sonrojó al tenerlo tan cerca. Irie fue capaz de ver cómo sus bonitos ojos verdes bajaban hacia el área donde Kakashi tenía su boca cubierta por la máscara, y la vio relamiéndose, probablemente de manera inconsciente. Rápidamente, ahogó su dolor por el gesto, y apuró un tenedor. Lo enterró en el espagueti, lo giró e hizo ruido para llamar su atención.

— Preciosa, — dijo en un tono asquerosamente tierno — di "ahh".

Sakura parpadeó varias veces, como saliendo de un trance, e hizo bizcos al tratar de ver el bocado que le estaban ofreciendo en las narices.

Luego de una risa nerviosa, aceptó.

— Ahhh… — dijo con ganas, metiéndose de una sola vez todo lo del tenedor.

Irie se arrepintió inmediatamente de hacer eso…

Ver a la pelirosa abrir e introducirse ese bocado a su pequeña boca, y escuchar los ruidos de gusto por lo buena que estaba la comida, hicieron que su mundo se tambaleara. Sobre todo, cuando hizo el sonido de succión para atrapar el último retazo de espagueti que quedó colgando.

Kakashi estaba en las mismas, puesto que retiró con prontitud el plato para que no siguiera con esa tortura.

— Bien, a las 9 dejamos de servir comida. — dijo con voz estrangulada.

—¡Hatake! — se quejó ella —¡Todavía no termino! — dijo, limpiando dos pequeñas gotitas de salsa que le quedaron en la comisura de la boca con su pulgar, y chupándolas.

No eran ruidos ni movimientos realmente fuertes o marcados… mucho menos sugerentes. Ella no estaba haciendo aquello a propósito, lo sabía. Pero que alguien se lo explicara a su entrepierna, por favor.


Kakashi estaba perdiendo los estribos… sabía lo que estaba pasando por la mente de ese chico, y el sólo saberlo le hacía hervir la sangre.

— ¿No se quedan al postre? — preguntó histérico.

— ¿No dejabas de servir comida a las 9? — preguntó de regreso la sabelotodo pelirosa.

— Haru-chan, la comida y el postre son cosas distintas.

Ella le fulminó con la mirada.

— Pues yo preferiría que nos fuer-

— Está bien encargar un postre. — le interrumpió el castaño con una sonrisa resplandeciente que él quiso moler a golpes.

— Ya regreso. — bufó Kakashi.

— No te he ordenado aún. — le detuvo Sakura, tomándolo de la manga.

Ella registró el gesto confianzudo al mismo tiempo que él, y ambos voltearon a lados contrarios, avergonzados.

— Vas a querer un brownie con una bola de nieve de vainilla, y una copa de fresas con crema aparte. Ya lo sé. — respondió rascándose la nuca, tratando de sonar despreocupado y sin ser realmente consciente de lo que estaba diciendo.

— ¿L-lo sabes…? ¿Cómo es que lo sabes? — preguntó ella, con un brillo esperanzador en los ojos — ¿Lo recuerdas?

Él realmente quiso decirle que sí. De verdad. Pero no era tan mierda para mentirle de aquel modo.

— No, Haruno. — respondió, evitando ver su cara de decepción.

— Ya veo. — suspiró ella.

Iba a girarse e irse, pero le reventó que el castaño tomara su mano, ya no para joderlo, sino para reconfortarla.

— No he podido recordar nada, excepto a ti. — escupió sin poder contenerse. Ella abrió los ojos con sorpresa, y apretó la mano del castaño — Nunca es algo en concreto, sólo te veo a ti... y cosas sobre ti. Y no sé por qué.

Sus palabras se quedaron ahí flotando, nada más. Ella no preguntó nada tampoco, pero en ese momento, cuando él terminó de hablar, el ruido de las personas alrededor, de los cubiertos chocando con la cerámica de los platos, las risas, los murmullos, las personas pasando, los cantos lejanos de los borrachos en los bares… todo comenzó a perder fuerza gradualmente. Sólo quedaban ecos difusos, luces tenues, manchones de colores, y en el centro de toda esa revolución, estaban ellos dos.

Podía leer la confusión en sus ojos, estaba jodidamente enojada con él, pero sus palabras resquebrajaron su férrea determinación de repelerlo. Sabía que podía acercarse, sabía que no lo empujaría ni pelearía, y maldita sea, él quería tocarla…

— A mi me traes un pedazo grande de pastel de triple chocolate. — irrumpió el castaño.

Tuvo que pedirles a los dioses de al menos 5 culturas distintas, además de a Kami-sama, que le dieran la paciencia para no asesinarlo ahí mismo a sangre fría sólo con sus manos. Lo único que mantuvo su cordura fue la mirada plana que a Haruno se le escapó.

Kohaku no la vio, estaba luchando consigo mismo también en ese momento, pero cuando ella se repuso, volteó a ver a Kakashi nuevamente, y ambos tuvieron que morderse el labio para no romper en carcajadas por la situación.

— Ya regreso. — comentó alegremente.


El postre transcurrió en paz. Kakashi, por alguna razón, jugó bien su papel de mesero y atendió a las mesas que aparentemente tenía asignadas.

Sakura también parecía bastante relajada, y en ningún momento volvió a prestarle atención al peligris, estaba totalmente inmersa en la conversación que ellos estaban manteniendo. Su mano estaba aún en la mesa, justo donde él se la soltó luego de la declaración de Kakashi, y aunque él sabía que sólo debía mover un dedo para tocarla, sentía que estaba a kilómetros lejos de él.

— ¿Irie-san? — le llamó. Por su expresión preocupada, parecía que tenía un tiempo de no contestarle — ¿Está todo bien? ¿Quieres irte?

Él sonrió lo mejor que pudo, y asintió con cansancio.

— Sí, estaría bien. Parto mañana a primera hora a una misión.

Sakura sintió, sacando su cartera.

— Descuida, Sakura-chan-

— Cortesía de la casa. — irrumpió Kakashi, tomándola gentilmente de la muñeca.

Ella se sonrojó inmediatamente.

— G-gracias.

Irie le tomó de la mano sin poder contenerse, y los alejó de ahí.

— Nos veremos, Senpai. — ladró.

Sakura le llamó en repetidas ocasiones, pero estaba demasiado enojado como para registrarlo. No fue hasta que llegaron al puente, que ella se zafó de su agarre.

— ¿Cuál es el problema? — gruñó, sobando su muñeca adolorida que él había estado aferrando hasta ahora.

— Sakura-chan… perdóname. — se disculpó — No quise-

— Lo sé. — le cortó. Tenía el ceño fruncido, pero no se veía realmente molesta — ¿Qué es lo que te molesta? Actuaste muy raro allá.

Él la observó con atención, y con temor, se dio cuenta que no tenía sentido seguir fingiendo.

Ella lo sabía.

— Lamento que te enteraras así. — dijo apenado, cubriendo parcialmente su rostro — No quise que fuera de este modo, créeme.

— ¿P-por qué no dijiste nada antes? — preguntó ella, sonrojada. Era una tortura tenerla tan cerca y sólo no poder…

— No tenía sentido. — interrumpió sus pensamientos — Tus sentimientos siempre fueron muy claros, y yo no quería causarte problemas con los míos. Y aunque suene muy bien decirlo así, la verdad es que no quería que te alejaras de mí. Quería estar contigo de al menos este modo.

Se sentó en la orilla del puente, viendo su reflejo en el agua.

— Perdóname, Sakura-chan.

Ella lo imitó, y se sentó a su lado.

— No tienes que disculparte. Entiendo cómo te sientes.

Él sonrió, y tuvo el atrevimiento de pasar sus dedos por su cabello. Era realmente suave, y ese rosa brillante era hipnotizador.

— No me estoy dando por vencido, ¿sabes? Me has descubierto, pero el plan sigue en pie.

— ¿El plan?

— El plan para que te enamores perdidamente de mí. — declaró.

Sakura abrió muchos los ojos y se sonrojó de forma encantadora, y él celebró que al menos, no se había retirado ni lo había empujado.

— Esa es la idea al menos. — rio tranquilamente, buscando que Sakura se relajara.

— Irie-san, yo-

— Yo sé cuál es tu respuesta, Sakura-chan. — le interrumpió. Necesitaba explicarse antes del inminente rechazo. Suspiró hondo y contempló las estrellas para evitar ver lástima en sus ojos — Si no te lo había hecho notar antes, era porque ya lo sabía desde hace tiempo. Siempre supe que no tenia oportunidad… pero luego de lo que pasó, lo tomé como una señal para poder intentarlo. Esta vez los dos estamos en el mismo nivel, estamos empezando desde cero contigo, y sólo te estoy pidiendo el beneficio de la duda. Quiero demostrarte que puedes desarrollar sentimientos hacia mí, si realmente pongo mi esfuerzo en ello. Es lo único que te pido, que sólo me dejes intentarlo.

¡… jodidamente asqueroso! — se escuchó un susurro, en un árbol cercano, arruinando totalmente el ambiente — Sai, voy a vomitar, no te atrevas a verme.

Sakura e Irie parpadearon, volteando a las alturas, tratando de localizar a sus ruidosos espías.

¡Lo siento, no es mi culpa!

Voy a vomitar. No te atrevas a verme Sai.

¡El chocolate afloja mi estómago! ¿Verdad, Sasuke-kun?

¡Sólo cierra la boca!

¡Si sigues moviéndote así se romperá la rama!

¡¿Me estás diciendo gorda?!

¡Estoy diciendo que se romperá!

¡ESTAS HACIENDO MUCHO RUIDO!

¡TU ERES QUIEN NO DEJA DE GRITAR!

Un ruidoso '¡crack!' después, y todos cayeron de lleno al río.

— Oh pudoh rpirwar… — gimió Naruto, teniendo los senos de Ino aplastándole la cara.

— Sasuke… — se avergonzó Sai, pues tenía la entrepierna del Uchiha a un suspiro de la boca.

— ¡QUITATE YA DE ENCIMA! — chilló Ino, tratando de aventar a un divertido Itachi, que había terminado sobre ella en una posición comprometedora.

— Hola chicos… — siseó Sakura, en un tono gélido y muy muy bajo.

El grupo dejó de forcejear y removerse de inmediato.

— Se puede saber… — prosiguió, con la voz igual de calma mientras se levantaba de su lugar — ¿Qué diablos hacen aquí?


— Lamento que ellos- yo no tenía idea, Irie-san, de verdad. — trató de disculparse. No quería que el castaño creyera que ella se estaba burlando de él cuando se estaba confesando.

Debió haber estado más alerta. ¿Qué clase de kunoichi era? Probablemente debieron estarlos siguiendo desde el inicio.

— Tranquila, Sakura-chan. — rio Irie amablemente — Sé que las cosas no fueron de ese modo.

Estaban caminando por sendero de árboles que habían adornado con luces y bancas para hacer un espacio recreativo. Era relativamente nuevo, y pese a lo sencillo que era el concepto, tenía algo atrapante que lo hacía un lugar famoso para llevar a tu pareja…

De pronto Sakura se puso sumamente nerviosa. Por donde voltearas, veías parejas acarameladas, caminando tomados de la mano, susurrándose cosas sentados en los bancos de madera, riendo, paseando a sus mascotas… Vio de reojo a Irie, y supo que él también lo había notado, porque sus mejillas comenzaron a colorearse y evitaba verla a la cara.

— ¿T-te quieres sentar? — ofreció él.

— Sí. — respondió ella silenciosamente. Habían escogido la banca más alejada de todo el caramelo flotante que había atrás.

— No te estoy pidiendo salir, propiamente dicho, Sakura. Te estoy pidiendo que abras tus ojos para que me veas como hombre, y si hay, aunque sea una mínima parte de ti que pueda estar interesada, yo tomaré esa oportunidad.

Le sorprendí la facilidad con la que decía las cosas. No era demandante, no estaba suplicando. Le estaba exponiendo sus sentimientos de la forma más abierta y sincera, y eso la derritió y la ofuscó. Se sentía como la peor persona del mundo, porque justo en ese momento tan íntimo (y honestamente romántico), ella sólo podía pensar en un hombre más viejo, alto, huraño, gruñón y tosco.

¿Por qué era tan difícil hablar de manera clara? Para Irie parecía que era facilísimo.

Un repentino dolor de cabeza y de corazón comenzó a formarse en su interior, y no vio cuando un proyectil amarillo casi conecta de lleno con su cara. De no ser porque Irie reacciono rápido y atrapó la pelota a 4 milímetros de su cara, estaba segura de que se estaría reconstruyendo el puente de su nariz en estos momentos.

— ¿Qué demonios…? — susurró Sakura, tomando el conocido esférico en sus manos.

— ¡Acá está, acá está! — gritó con júbilo Urushi, para después correr como poseso hacia Sakura — ¡Sakura-chan la atrapó!

— ¡Eso, excelente cachadora como siempre! — apremió Akino, bajando de un árbol.

— ¡Yo quiero a Sakura-chan en mi equipo! — bramó Buru, corriendo felizmente hacia ella.

— ¿Estos son…? — trató de preguntar Irie, más no pudo terminar la frase debido a que el enorme can saltó sobre ellos en la banca, despedazándola toda y enviándolo volando lejos.

Al levantarse, observó con ojos desorbitados como Sakura era atacada a caricias por el resto de los ninken de Kakashi, como si se tratara de perritos domésticos.

— ¡Te extrañamos mucho!

— ¿Por qué no has ido a visitarnos?

— ¿Has dejado a Kakashi de nuevo?

— ¡Chicos…! — trató la pelirosa de hablar y de levantarse.

— Deben estar peleados.

— Pero ellos siempre están peleados.

— Sakura-chan es demasiado linda para el jefe…

— Creo que no nos conocemos. — habló Irie, interrumpiendo a discusión sin sentido, ofreciéndole una mano a la pelirosa.

Todos lo voltearon a ver con mala cara, mientras Sakura la aceptaba y se ponia de pie.

— ¿Y tú quién eres?

— ¿Es tu amiga, Sakura-chan?

— ¡Es mi amigo, y les sugiero que se comporten! — advirtió ella, molestándose ahora sí. Irie era un buen chico, no tenían que comportarse así con él — ¿De qué van ustedes? ¿Por qué están aquí?

— El jefe nos ha sacado a pasear. — ladró emocionado Guruko, apuntando a un lugar indefinido entre los árboles.

Sakura e Irie voltearon, encontrándose con un Kakashi bajando de un árbol, leyendo despreocupadamente. Tenía ropa de civil, totalmente negra, que contrastaba con la de Irie.

— Senpai, ¿terminó tu turno? — preguntó el castaño amablemente.

— Ah, sí. Renuncié. — respondió Kakashi sin darle demasiada importancia.

— ¿Ellos saben que renunciaste? — preguntó Sakura dirigiéndole una mirada plana.

— Lo sabrán algún día.

Sakura de verdad, de verdad quiso mantenerse en su posición ofendida, pero este imposible hombre no se lo ponía nada fácil.

— Eres tan…

— ¿Irresponsable? — aportó Buru.

— ¿Flojo?

— ¿Arrogante?

— ¿Inmaduro?

— ¿Celoso?

— ¿Infantil?

— ¿Cínico?

Ya no pudo contenerse más, y estalló en carcajadas antes de que siguieran.

— ¡Yo también los extrañaba! — dijo ella, abrazándolos como podía.

-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Se había alejado un poco para despedirse de Irie. Podía ver a kilómetros de distancia lo furioso que el chico estaba, pero le importaba más bien poco.

— Oi, jefe. ¿Quién es el chico?

— ¿No era una chica?

— No sabía que a Sakura-chan le gustaban las chicas.

Kakashi dejó de leer en ese momento, tratando de no imaginarse a Haruno revolcándose con unos cuantos clones…

— No sabría decirles, nunca he estado con una. — respondió la cínica pelirosa, apareciendo de la nada. Kakashi casi se va de espaldas de la impresión.

— Chicos, ¿nos podrían dar algo de privacidad? — pidió Sakura, cruzada de brazos, viéndolo fieramente a los ojos.

— ¿Cortejarán?

Siempre lo hacen.

Un par de miradas gélidas (gris y verde menta) después, y 8 nubes de polvo reemplazaron a los ninken que habían estado ahí.

— ¿Realmente lo considerarás? — soltó Kakashi, irguiéndose de la banca de madera y acercándose a ella.

— ¿Qué te importa? — respondió ella con rencor, pero sin poder evitar aspirar a placer su esencia.

— Me importa. — respondió él simplemente, tomándola de las caderas y arrastrándola entre los árboles lejos de la luz, ella tuvo que sostenerse de sus brazos para no perder el equilibrio.

Su cuerpo no le pertenecía. No mientras esa mirada de ojos grises, que era un espejo de la luna llena, se mantuviera sobre ella.

— ¿Qué es lo que quieres de mí? — alcanzó a preguntar antes de que él hiciera los sellos correspondientes para transportarlos al departamento de él.

— No sé. — respondió Kakashi bajando su máscara, y besándola con urgencia.

La subió con brusquedad a la mesa de la cocina y se acomodó entre sus piernas, manoseando a placer sus piernas cubiertas por la suave media color vino. Sakura se limitaba a responderle, ocupada como estaba reprimiendo su instinto animal que le instaba a conectar su cuerpo con el de Kakashi.

Sabía que él lo había notado, puesto que estaba disminuyendo la fuerza.

— ¿Por qué me trajiste aquí? — articuló ella, cuando logró obtener la voluntad necesaria para alejarlo.

— Hueles a él. — gruñó molesto.

Sakura abrió los ojos con sorpresa por la inesperada declaración.

— ¿Por qué te importa? — insistió ella, cansada.

— Me importa. — reiteró él, apretando el agarre en su cintura.

— ¿Y qué hay de ella?

Kakashi suspiró.

— ¿Ella? — repitió con hastío — ¿Todo esto es por ella?

Sakura se bajó de un salto de la mesa, y se estiró en toda su pequeña estatura a enfrentarlo.

— ¿Y todo esto es por él?

Kakashi se calló de pronto, y ella casi se ríe por el súbito cambio en su expresión.

— Dejaste que te tocara y te hablara de ese modo.

— ¡Y tu le hablas y la tocas a ella de ese mismo modo! ¿Por qué a ti se te permiten esas cosas, pero a mí no?

— ¡Eres mi jodida enfermera, Haruno! ¡Mia! — rugió. La tomó de la nuca con ambas manos y le susurró en un sensual barítono en el oído — Tu no vas a estar con nadie más. No puedes tener el olor de otro hombre mezclado con el tuyo. — sus manos descendieron en un camino tosco, pasando por sus senos, estrechando con fuerza su cintura, subiéndole la falda del vestido para apretar sus nalgas. Durante este tiempo su boca se ocupó de su cuello, lo descubierto de sus hombros y en menor medida, de su boca — Por que creo que podría matarlo.

Sakura gimió sin poder contenerlo más, momento que Kakashi aprovechó para asaltar su boca posesivamente. Ella gruñía y trataba de "pelear", cuando ambos sabían lo fácil que era darle una buena patada que lo mandaría volando, atravesando al menos cuatro paredes. Parecía que ambos habían pensado lo mismo, puesto que fueron sacudidos por un fuerte escalofrío de placer al mismo tiempo.

La camisa de Kakashi salió volando, cayendo en un susurro al suelo. Sakura se separó de el para apreciar su trabajado abdomen que tanto había extrañado. Tenía cicatrices nuevas, y las hendiduras de los músculos estaban ligeramente más marcadas, resultado de los constantes entrenamientos. No pudo evitar rasguñarlo, disfrutando cómo su pálida piel se pintaba de rojo por el maltrato, para después lamerlo y besarlo con hambre. El peligris siseó por el escozor, y echó su cabeza para atrás, sintiéndose cada vez más caliente, duro, y grande. Escuchó a Haruno susurrar entre dientes, y aun con su agudo oído sólo logró registrar la palabra "mío".

Compuso una sonrisa arrogante, y volteó a ver a la pelirosa, degustándose con su cuerpo. La tomó del cabello para detenerla, e ignorando sus reproches, con su otra mano abrió su pantalón y lo bajó suficiente para que se alzara su hinchada y palpitante verga que le golpeó ligeramente en la mejilla.

— ¿Crees que es normal que se me ponga así? — inquirió, dándose un par de bruscas jaladas — Todo esto es tuyo. — gimió, abriéndole la boca y metiéndosela hasta la garganta.

Sakura gimió con éxtasis y comenzó a marcar un ritmo exquisito, sin descuidar sus bolas, dedicándoles masajes circulares y lengüetazos furtivos.

Kakashi se movía hacia adelante y hacia atrás, disfrutando la vista de Haruno metiéndose a su pequeña boquita su enorme erección, mientras portaba ese inocente y jodidamente simple vestido.

¿Por qué le ponía tan cachondo?

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

¡Ya regresé! — escuchó su vocecilla.

Se removió bajo el calentito cobertor del kotatsu. Había tenido una siesta de lo más reparadora.

El clima fresco del otoño era su favorito para estar en la casa secreta de los Uchiha, encender la fogata, y resguardarse bajo el kotatsu mientras hacían la cena. A ella le gustaba molestarlo, diciéndole que tenía actitudes muy felinas para ser alguien a quien no le gustaban los gatos.

Aún se sentía adormilado, y, de todos modos, el chakra de Naruto no estaba cerca, no comerían hasta que él llegara, así que decidió refugiarse por completo bajo las sábanas y volver a dormir. Shiro, en cambio, salió disparado del calentito lugar para ir a recibir a la pelirosa. No entendía cómo ni por qué, pero todos los animales terminaban adorando a la chica.

¡Hola amor! — dijo ella entusiasmada cuando Shiro llegó ladrando a su encuentro. Las patitas del perro ya no se escuchaban por el lugar, por lo que dedujo que lo había cargado — ¿Dónde están todos?

Aquí. — llamó Itachi desde la cocina — ¿Encontraste suficiente salmón?

Para un ejército. — respondió orgullosa.

Mi héroe. — suspiró dramáticamente el otro Uchiha.

Aún no llegan, pero todo está bajo control acá, puedes descansar un poco.

Gracias. — dijo ella aliviada. Había tenido una difícil operación de 8 horas, por lo que estaba exhausta. Las patitas de Shiro se quedaron saltando en la cocina con los Uchiha, entusiasmado por el delicioso aroma que comenzaba a flotar en el ambiente.

Sintió su chakra acercarse a donde él estaba. La escuchó bostezar, y adivinó sus intenciones de meterse bajo el kotatsu. Quiso jugarle una pequeña broma, pues sabía que ella ignoraba en su totalidad que él se encontraba ahí. Se volteó boca abajo, preparándose para saltar en cuanto Sakura levantara el cobertor, pero justo en el momento, su mente lo traicionó y materializó a una Sakura debajo de su cuerpo, colgada a su cuello con una sonrisa que prometía muchísimas travesuras.

Su verga saltó cuando ella susurró un divertido "shh", y él tenía que salir de ese extremadamente caliente y sofocante espacio.

Tomó el cobertor y se lo quitó de encima, al mismo tiempo que él se levantaba, llevándose de encuentro todo y la mesa. La acción fue tan repentina y violenta, que creó una ventisca de aire, suficientemente fuerte para levantar el vestido de la Sakura real que se había quedado congelada frente a él.

Kakashi escuchó a la Sakura de sus fantasías reírse de él antes de desaparecer.

Creyó que nada podía ser peor, cuando ante sus ojos vio lo que había debajo de la impoluta faldita blanca que tenía su alumna: unas bragas de rayas, celeste con azul, cubiertas por la fina tela de sus medias color vino.

La mesa cayó, después el cobertor, y después la tela del vestido.

Kakashi no entendía por qué no podía dejar de ver sus bragas, y estaba seguro de que sufriría una profusa hemorragia nasal espontanea, puesto que un dulce aroma le estaba acariciando la nariz. No fue hasta que sintió algo sobre su cabeza, que se dio cuenta de lo cerca que había quedado de ella, pues la tela blanca del vestido no había podido bajar al quedarse atrascada en su cabello gris.

Kak-ash-i-sen-sei… — suspiró ella.

Él solo tenía que bajar su máscara y sacar su lengua, y podría comprobar si ella sabía tan bien como olía…

¡Ya llegu-! Oh… — Sasuke se quedó a media oración — Iré a la cocina. Yo no vi nada.

Sakura se cayó de espaldas, la falda de su vestido cayendo desarregladamente sin cubrir esas bragas de rayas, sus mejillas encendidas, sus enormes ojos brillando con lujuria, dándole la imagen más jodidamente erótica que en su puta vida había visto.

*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*.*

Chorros de semen llenaron la boca y salpicaron la cara de Sakura. Kakashi veía puntos detrás de sus ojos, y Sakura lo sostuvo cuando cayó sin fuerza de rodillas frente a ella.

— Hatake…

El peligris se recargó en su hombro unos momentos, tratando de recobrarse.

— ¿Estás bien? — preguntó ella con ojos preocupados. Él sonrió al verla, pues aún tenía rastros de su esencia escurriendo por la comisura de su boca, mejillas y un poco en la frente.

La limpió con una ternura que contrastaba brutalmente con su actitud de minutos atrás.

— Estoy demasiado jodido… — respondió él, acunando su bonito rostro con una mano.

— Siempre lo has estado. — dijo ella con un poco de humor.

— Y tú siempre has estado. — reafirmó él con frustración, sorprendiéndola — No importa qué haga o a dónde vaya, no importa si no lo recuerdo. Siempre estás ahí. Sólo- … no estés para nadie más. — gruñó, enterrando sus dedos en sus muslos — Me vuelve loco pensarlo.