Capítulo 19 Grand Prix: Los campeones están aquí. Enfrentamiento en el programa corto.

Aeropuerto de Estocolmo— Bramma

Veía las publicaciones en su celular sin mucho interés, daba unos cuantos corazones aquí y allá, uno que otra pulgar arriba a alguna imagen de gatos haciendo cosas graciosas o fotos que le gustaban.

De vez en cuando alternaba su vista al tablero donde los vuelos arribaban o despegaban, marcaban retraso o desvió, Yuri bufó al ver que el que esperaba seguía "demorado".

Había arribado a Estocolmo hace dos días, era el único del equipo ruso que se encontraba en la ciudad, eso debido a que Yakov no lo dejaba ni un segundo solo, a manera de castigo ya que para los demás les había sido permitido regresar a Moscú un par de días antes de la gran competencia y los demás que no clasificaron tenían días libres hasta una semana antes de las nacionales.

Yuri ya se había hecho a la idea que sus entrenadores le reñirían, pero no esperaba este castigo, no es que se quejara, pero detestaba estar bajo vigilancia constante. Y estaba malditamente aburrido y solo.

Al menos así era hasta esta mañana, donde Otabek le había mandado un mensaje, como si leyera su mente, que el también arribaría desde antes para la competencia. Yuri no pudo evitar emocionarse tanto por ver a su amigo que casi le rogó a Yakov que le dejara ir a recibirlo al aeropuerto, este, un tanto renuente, le dejó, ya que Yuri se había comportado decentemente hasta ahora.

El problema es que Otabek parecía tener una especie de mala suerte con los vuelos últimamente, pues tuvo que aterrizar en Helsinki para hacer una conexión hasta Estocolmo, pero debido a una tormenta pasajera se retrasó dos horas.

— Pff… tengo hambre— por la emoción de recibir a Otabek, Yuri hizo una revolución para poder llegar por su cuenta al aeropuerto, perdiéndose un par de veces y gritándole en ruso al chofer que le llevaba por una ruta que no era, tanto así que ni siquiera se había parado a comer algo más que el desayuno de esa mañana.

Al menos le quedaba la satisfacción de imponer una queja y evaluar deficiente. Yuri no se arrepentía de eso.

Estaba a punto de ir a dar una vuelta por los locales de comida rápida cuando en un último vistazo al tablero, le hizo desistir de esa idea.

Pues el vuelo de Otabek ya estaba llegando.

Se abrió paso entre las personas hasta la salida del mismo, espero un par de minutos y poco a poco empezó a ver venir a la gente cargado sus maletas y revisando las salidas, unos conversando y riendo, mientras otros tenían rostros demacrados, seguramente luego de un muy largo viaje.

Entonces lo vio a él.

El rostro soñoliento y cansado revisaban las salidas con cierto desánimo, avanzaba arrastrando los pies, traía una maleta en la mano izquierda y su mochila colgada del brazo derecho, vestía un par de jeans y la chaqueta negra que tanto le gustaba a Yuri y que, a escondidas, se había probado en secreto un par de veces para tomarse selfies privadas.

Yuri no pudo evitar emocionarse por ver a su amigo y, al mismo tiempo, sentía que su corazón quería salirse del pecho por alguna razón que ni siquiera analizó cuando sus piernas pensaron por sí mismas y emprendieron una carrera hacia el de cabello negro.

— ¡Otabek!— fue una reacción típica de él, ya lo había hecho antes en Paris cuando le felicitó por su cumpleaños atrasado, pero esta vez…

Se lanzó a su cuello casi trepándosele encima, el kazajo sorprendido, de alguna forma logró equilibrarse, si Yuri le iba a recibir así cada vez que se vieran, debería ir practicando el recibir un tacle de ese nivel, soltó la maleta que traía para agarrar al rubio con firmeza, sino ambos terminarían en el suelo.

— ¡Me alegro que hayas llegado! ¡Tardaste mucho!— el ruso lo seguía abrazando y poco a poco fue bajando hasta estar en el suelo, Otabek le sonreía, el ver a Yuri le había borrado todo el cansancio.

— Lo siento, los aviones no son lo mío— comentó con un ligero tono bromista, Yuri le correspondió con una sonrisa un tanto torpe, ahora pensaba en lo infantil que se vio al lanzarse de esa manera a su amigo.

Pero este no hizo comentario al respecto, agradecía por ello.

— Bueno, será mejor que nos larguemos de aquí, tengo hambre y tienes que dormir, mañana seguirán llegando los demás competidores, el cerdo y Viktor seguro llegan hoy en la noche…— Yuri jaló a su amigo de la manga de la chaqueta, Otabek se dejó guiar sin quejarse, pero lo detuvo tocando su hombro suavemente.

— Al menos deja recojo mis maletas ¿crees que puedas ayudarme con una?— Yuri asintió un poco sonrojado al notar que estaban a punto de olvidarse –o solo el— de las pertenencias del kazajo. Hubiera sido bastante vergonzoso de estar a medio camino y recordar ese "pequeño" detalle.

Sin embargo, parecía que la mala suerte de Otabek no solo se limita a su persona, ya que después de revisar varias veces la salida de las maletas se percató que las suyas no estaban ahí, así que se dirigieron con el encargado de documentación.

Yuri vio como el color abandonó el rostro de Otabek, desprovisto de toda emoción que no fuera la sorpresa y el shock. Nunca le había visto de esa forma.

El también escuchó lo que el sujeto le había dicho y, todo lo contrario a su amigo, este si reaccionó como solo Yuri Plisetsky es capaz de hacerlo:

— ¿QUÉ DEMONIOS QUIERES DECIR CON QUE NO LAS TRANSBORDARON?—

— .— .— .— .— .— .—

Dos horas más tarde tras un montón de llamadas entre aeropuertos, radios y movilización de personal, llenado de papelería y la intervención de las autoridades de la federación de patinaje, finalmente Otabek y Yuri pudieron salir del aeropuerto, por supuesto no resolvieron la situación del kazajo en ese instante, pero ya habían encontrado su equipaje pues que resultó que estaba de camino a Dubái por una confusión.

Yuri de nuevo quiera gritar y asesinar a medio personal mientras Otabek solo quería comer y dormir. Por supuesto golpear a alguien no sonaba tan mal, pero entre los dos, era el que debía mantener la calma si no querían ser sancionados o deportados o como sea que le llamasen cuando alteraban el orden público en un aeropuerto.

Yakov les había ayudado bastante, pues acompañó a las autoridades de la federación para presionar a los trabajadores del aeropuerto para que hicieran su trabajo más rápido, él ya tenía experiencia en este tipo de eventos desafortunados y sabía cómo manejarse.

Otabek se puso en contacto con su entrenador, no habían llegado juntos ya que este se encontraba volando desde Canadá, él ya se dirigía a Helsinki para asegurarse que las maletas llegaran ahí y volar con ellas hacia Estocolmo.

Recargó su cabeza en el respaldo del servicio de transporte que Yakov les había pedido, el entrenador ruso estaba en la parte delantera hablando con el conductor acerca de algo que ni se molestaba en entender ya que hablaban en sueco.

Estaba demasiado cansado y estresado por toda la situación, además con todo el alboroto ni siquiera había tenido tiempo de comer algo más aparte de la comida insípida del avión.

— Hey…— sintió una mano cálida sujetar la suya, Otabek giró la cabeza hacia Yuri, quien le sonreía, también notó el cansancio en su rostro y se sintió mal.

— Lo siento… te hice perder todo un día por mi culpa—

— No digas eso… fue culpa de la incompetencia de la aerolínea ¿Qué demonios harían unos patines sin dueño camino a Dubái? ¡Ni siquiera tienen pistas! ¿O sí?— Yuri frunció el ceño pensativo, Otabek sostuvo su mano sonriéndole cansado.

— Ni idea… nunca he estado ahí, supongo que tal vez tengan pistas cerradas, así como en Tailandia o Filipinas—

— Puede ser…— el kazajo suspiró, tomando de nuevo la palabra.

— Yuri, quiero agradecerte por todo lo que hiciste hoy por mí, cualquiera en tu lugar se hubiera desesperado...—

— Me desesperé Otabek, por si no te diste cuenta… pero tranquilo, además no tienes que agradecerme… es lo que hacen los amigos, ¿o no?— Ahí estaba otra vez, esa sonrisa que pocas veces era mostrada al público y Otabek podía apreciarla casi cada momento, no dejaba de deslumbrarle, Yuri no era de los que mostraban alegría o de una sonrisa fácil y de comercial, tenía más bien, una mirada seria y desafiante, su rostro de ángel solo era una fachada a los medios, sin embargo, en el fondo, Otabek podía ver una rara mezcolanza de fuerza y fragilidad, algo que hacia único a Yuri Plisetsky. Y le encantaba.

Aunque su corazón se detenía cada vez que este hermoso ser le sonreía de tal manera y repetía las palabras "amigo" "mejor amigo" como pequeñas dagas directo a su corazón. Se daba cuenta que el rubio no lo veía como algo más que eso.

Y aunque dolía, no importaba, porque de no ser así, ni siquiera tendría la oportunidad de estar a su lado.

Por eso callaba, por eso guardaba sus propios sentimientos bajo llave, arrojándola lejos, desde aquella sublime tarde en Paris, se prometió guardar su propio corazón, para que Yuri no lo hiriera, para no herirlo a él.

— Sí, Yuri… es lo que hacen los amigos— el camino del aeropuerto al hotel duraría casi veinte minutos, Otabek cerró los ojos brevemente, dejando que la bruma de pensamientos y emociones desapareciera solo un momento.

Solna— Estocolmo, Suecia

— No puedo creer que nos haya convencido de venir aquí— susurró Otabek a su lado, Yuri se encogió de hombros mostrándose indiferente, desde hace mucho tiempo que está acostumbrado a las locuras de Viktor... Una más no le haría daño.

— A mí me sorprende más que te dejaras convencer— soltó dando un sorbo a su refresco.

Miró alrededor, estaban en las gradas del Friends Arena, en la localidad de Solna, en Estocolmo. Apenas habían llegado hace dos días y Viktor interrumpió en medio del descanso de entrenamiento para anunciarles a los chicos que tenía entradas para el juego amistoso de los equipos locales.

Todos lo miraron como si le hubiera crecido otra cabeza, pero de alguna manera logro convencer a todos que se le unieran.

Cuando le cuestionaron acerca de cómo consiguió los asientos — debido a la enorme popularidad de los equipos — Viktor alegó que la hija de uno de los coaches del equipo que apoyaba era fanática de él, a cambio de un autógrafo y una foto, consiguió casi una docena de pases.

— Ni siquiera sé pronunciar el equipo al que supuestamente vamos a apoyar— soltó Leo mirando al kazajo— practique ese deporte cuando era niño, pero de ahí no pasó a mas—

— Lo mismo digo— le contesto Otabek, no es que fuera ignorante del tema, sino más bien que no era de su interés, con el patinaje y la universidad no le tomo gran interés a otras cosas.

— Solo hay que apoyar a los que van de negro— dijo Yuuri calmando los ánimos— además solo es un partido amistoso, créanme, cuando son finales de clubes o eliminatorias estos lugares son un campo minado—

— ¿Te gusta el futbol, Yuuri? — pregunto el kazajo algo sorprendido, le resultaba curioso que Yuuri tuviera esos intereses.

— Pues... Sí, mi padre es fanático del fútbol local y de niño lo veía con el cuándo había juego— Viktor llegó a interrumpir los ya que empezó a extender bolsitas de comida y más refresco, Jean Jaques, quien lo había acompañado por las botanas se sentó a su lado.

— Wow, hace años que no venía a un juego europeo, creo que la última vez que asistí a un estadio fue en la eliminatoria de la Juventus hace como cuatro años en los octavos de la UEFA— el kazajo asintió sin contestarle nada, recordaba vagamente que JJ insistió en que fuera con él, pero el Otabek declinó la oferta.

— Serás idiota Leroy, la Juventus fue eliminado de la UEFA hace tres años, hace cuatro fueron eliminados por el Bayern en cuartos de final—

Otabek giro la cabeza hacia Yuri, el miraba al canadiense con fastidio mientras le recordaba aspectos técnicos y de posiciones que Otabek no tenía la menor idea de que significaba.

— El Milán es el mejor equipo en su defensa—

— Imbécil, como se nota que no has visto el futbol español, el Real Madrid barre el piso con ellos—

— En la UEFA de hace dos años eran imparables—

Otabek, en medio de ellos no sabía cómo librarse de una discusión del tipo hincha que podría ocurrir entre este par, entonces Leo les llamo la atención.

— Ustedes para de hooligans será mejor que cierren el pico si no quieren salir linchados de aquí—

Y es que discutir de otros clubes en un estadio donde estaban otros equipos del mismo nivel y mediana rivalidad... No era lo más sensato.

Solo así se callaron, Yuri estaba molesto mientras JJ lucia satisfecho de hacer rabiar al ruso.

— Había olvidado que Yurio es un verdadero fanático del futbol— soltó Yuuri acomodándose los anteojos— lo hubieras visto cuando los llevamos a un partido local en Hasetsu.

— No empieces katsudon, por culpa de los entrenamientos intensos del año pasado se me pasó casi todo el campeonato de la liga, tenía que compensarlo con algo—

Dio inicio el partido y las porras no se hicieron esperar, a pesar de que era un partido amistoso entre los rivales de la casa, no dejaba de sorprenderse del ánimo de la gente y como apoyaban a sus equipos, Otabek solo veía el juego y aplaudía cada que se acercaban a la meta, a como Yuri le dio a entender. Pero realmente su atención estaba puesta en su compañero rubio que gritaba mil improperios y algunas palabras inteligibles en ruso, quizás eran insultos, cada que había una falta no marcada o el jugador perdía una oportunidad. No podía dejar de admirar la belleza salvaje de Yuri, su cabello alborotado y las mejillas sonrojadas por el esfuerzo de seguir el ánimo de las hinchas.

Ni siquiera el ruidoso canadiense a su lado pudo distraerlo de quien era llamado hada rusa. La cual parecía haberse transformado en un pequeño demonio hincha alborotador.

Transcurrió el medio tiempo y en el intervalo Otabek y Yuuri fueron a conseguir más refrescos, en el camino Yuuri comentaba con cierta alegría.

— Me estoy divirtiendo bastante, no creía que nos ayudaría al inicio, pero Viktor insistio—

— Lo sé, muchas gracias de nuevo por tomarme en cuenta—

— No lo digas, además eres un amigo, ¿no? Fue idea de Viktor, crear lazos de confianza con todos los chicos, incluso JJ, hasta yo pienso que es un sujeto agradable— comento sin afán de ofender, Otabek asintió.

— Es algo ruidoso y un poco ególatra... Pero debo admitir que es un buen chico—

— Incluso Yurio piensa lo mismo y eso que hace un año lo detestaba—

Después de que los atendieran regresaron a sus lugares justo a tiempo para la segunda parte.

— .— .— .— .— .— .—

Salieron completamente felices del estadio, fue un partido muy agradable y sin disturbios, en la salida ya los esperaba un servicio de transporte que Viktor había contratado, pues se encontraban en una localidad alejada del lugar donde se daría la competencia, en el camino, los chicos hablaban animadamente del juego, Leo y Yuuri veían un par de fotos en el celular del japonés y eran compartidas a través de whatssap con Pichit y Guang Hong, que no se encontraban con ellos en esta ocasión.

— Guang Hong llegará mañana, ¿cierto Leo? Me alegra que este aquí— el americano asintió bajando la mirada a su móvil, Yuuri lo observó extrañado — ¿Sucede algo?—

El joven moreno alzó la cabeza negando repetidamente y cambiando de tema, mostrándole un video absurdo en su timeline, Yuuri se dio cuenta del cambio, pero no le presionó más sobre ello.

Mientras tanto, en los asientos traseros, Yuuri también estaba concentrado en sus propias fotos, sonreía con alguna toma que había hecho, como cuando a Viktor le derramaron cerveza por accidente o cuando el katsudon casi se ahoga con una botana…

— Me lastimas Yuri-chan— habló Leroy a su lado, mirando su celular— no tienes ni una foto con el rey—

— ¿Porque querría una foto contigo? Corro el peligro que mi cámara se descomponga—

— Aun así tienes muchas fotos con Otabek— Yuri enrojeció al instante y por inercia volteo a ver al kazajo, quien estaba recostado en la ventana, se había quedado dormido.

— Es porque es mi amigo, los amigos se toman fotos juntos idiota, es algo que tu deberías saber— Leroy soltó una risita condescendiente.

— Bueno… hay de fotos a fotos, si vieras de cerca las tomas que tienes con Otabek te darías cuenta de algo muy importante— el ruso lo miró extrañado y molesto.

— ¿Qué demonios quieres decir?—

— Nada, nada… creo que mejor llamaré a Isabella para decirle que ya vamos de vuelta— término el canadiense con una sonrisa enigmática, Yuuri decidió ignorarlo, pero sus palabras seguían rondando por su mente.

— "Este idiota solo quiere enfadarme"— pensó hastiado, pero aun así no podía evitar voltear a ver al chico dormido a su lado.

— .— .— .— .—

— Sigues haciendo la transición antes de tiempo, Yuuri, vamos, desde el inicio— Viktor se apoyó en la barra mientras veía a su pupilo alzar la mano dándole a entender que lo había escuchado, Yuuri y el habían arribado a Estocolmo hace dos días, después del partido, habían decidido ponerse a practicar sin descanso, ya sea porque el mismo Yakov presionaba a Viktor o Yuuri insistía en tomar todas las oportunidades de practicar que pudiera.

Habían tenido poco tiempo fuera de la pista para verse y solamente llegaban a la habitación del hotel directamente a dormir.

Como en este momento, después de la práctica, Viktor había llegado antes que Yuri a su habitación y no se sorprendía de la falta del más joven en el cuarto, tras un suspiro dejó su maleta en el suelo y se dirigió a tomar una ducha, contrario a lo que medio mundo pensaba, el peso en sus hombros no era tal como para atormentarlo.

Viktor decidió que había tenido suficiente acerca de cumplir con las expectativas de los demás –aunque no quisiera— el patinaba como quería y lo que sentía en esos momentos. Era un artista y como tal, tenía sus altibajos, como cuando había dejado el patinaje hace dos años, la soledad lo estaba consumiendo a tal punto que estuvo a punto de colgar sus patines para siempre… pero la visión de un chico que necesitaba su guía, el "ser alguien" había tomado un nuevo significado.

Y si, esa persona era Yuuri Katsuki, su primer y único pupilo. Y más importante aún, el amor de su vida y fuente de inspiración.

— Yuuri— Viktor susurró su nombre cerrando los ojos, sintiendo las gotas caer por su cuerpo llevándose todo el estrés acumulado, amaba sentir el agua en su piel, siempre encontraba paz y quietud al estar sumergido incluso en una tina, lastimosamente no había una en aquel hotel y tenía que conformarse con la regadera.

Termino su baño y fue directo a la alcoba, dejándose caer en la cama totalmente extendido, si conocía bien a Yuuri el volvería ya tarde, por mucho que le insistiera que regresaran juntos, el japonés ahora era una especie de robot, Viktor ya lo conocía mejor y sabía que, en un par de horas, le llamaría para ir a recorrer la ciudad, como había hecho aquella vez en Barcelona, como una forma de despejar su mente.

Sus labios dibujaron una sonrisa satisfecha, hace no mucho se hubiera preocupado por la actitud del japonés, pero ahora, la experiencia con su amado le habían enseñado bien que botones tocar y cuales no en Yuuri Katsuki.

Sin poderlo evitar, sus parpados comenzaron a cerrarse, llevándolo a un sueño bastante agradable, pues era un recuerdo de aquella vez en San Petersburgo hace ya bastantes meses, donde Yuuri le había pedido ser su pareja oficialmente.

Las calles de San Petersburgo estaban cubiertas de nieve, pero era algo totalmente normal la mayor parte del año, aunque el frio que se sentía calaba hasta los huesos, era algo a lo que los rusos les tenían sin cuidado. Incluso podría andar con una simple camiseta de tirantes y no se congelaría.

Por supuesto, su acompañante, no opinaba lo mismo y, todo lo contrario, se había atiborrado de sweaters y chamarras en cuanto salieron del departamento.

No hace tanto frio, Yuuri—

¿C- como que no? ¡Estamos a menos cinco grados!—

¿En serio? Creí que eran menos diez—

¡Viktor!—

Ya, ya… conozco un buen café, el vodka te quitará el frio desde el primer sorbo— Yuuri enarco la ceja, ni siquiera iba a preguntarle porque un café servía vodka "cosas de rusos" dijo para sí.

Pero al llegar al local, estaba cerrado, Yuuri ya no sentía sus mejillas y se lo hizo saber a Viktor, quien, un tanto desanimado por no poder llevar a Yuuri a conocer los mejores lugares de San Petersburgo, decidió que regresaran a casa para que el más joven se calentara.

Una vez en el departamento del ruso, este traía en una bandeja un par de tazas de café instantáneo, Yuuri lo miró entrecerrando los ojos –No tiene Vodka, ¿verdad?— el ruso solo sonrió negando con la cabeza –Créeme, no quieres combinarlos— Yuuri tomó un sorbo, dejando el caliente y reconfortante liquido se deslizara por su garganta y calentara su cuerpo.

¿Y cuál es el plan de hoy? Vemos películas o jugamos con Makachin?— preguntó sonriendo, ya que el perro se había acercado a ellos para recibir mimos.

Debido a tu incapacidad por soportar el clima ruso, nos quedaremos aquí hasta que suba unos grados arriba de cero—

Me parece un buen plan… lo siento Viktor, creí que podría soportar este clima… los rusos en verdad son formidables— el aludido se encogió de hombros y lo miró divertido.

Hasestu también es algo frio, pensé que estarías habituado—

No mucho, el frio es diferente aquí y allá… incluso en Detroit, a veces nevaba pero nunca hizo un frio que te calaba hasta los huesos como aquí—

Espero que el clima no te haga huir de Rusia—

No lo hará… es más fuerte lo que me hace quedarme— Viktor miró a Yuuri fijamente, este le sostenía la mirada con determinación, un leve sonrojo se mantenía en su rostro, más no sabía si era por el frio u otra cosa.

¿Quieres más café?— el japonés negó con la cabeza recostándose en el sillón donde ambos estaban sentados, Viktor levanto las tasas llevándolas a la cocina.

Al regresar a la sala, se quedó de pie, Yuuri lo miró brevemente antes de hacerse a un lado en el sofá, pero sin levantarse, Viktor se recostó también quedando entre sus piernas y un poco encima de su pecho.

Se quedaron en silencio. Con mucho ruido en sus mentes, al menos el ruso se sentía así.

Habían pasado demasiadas cosas entre ambos, pero nadie había dado el primer paso, lo más cercano a una declaración fue aquella vez en Barcelona, donde Yuuri le dio aquel anillo que aún brillaba radiante en su dedo.

Lo acarició con su pulgar, sonriendo por el recuerdo de esa bella noche en Barcelona, parecía tan lejana a pesar de que habían pasado unos cuantos meses desde entonces.

Lo dirás tu o lo diré yo, Viktor… esta ansiedad es peor que la vez de la copa de China— Viktor se estremeció por esas palabras, alzo la cabeza para ver el rostro sonrojado de Yuuri, sin duda, le había costado bastante decir aquello.

Yuuri…—

Creo que lo haré yo… Viktor, sal conmigo, por favor— el ruso lo miró asombrado un par de segundos, lo último lo había dicho en japonés, pero Viktor entendió perfectamente a que se refería y no pudo ser más feliz por eso.

Oh Yuuri…— sin más, el ruso se le echo al cuello y enterró su rostro en él, Katsuki lo abrazo sin saber muy bien que hacer, cuando se separó, solo fueron cuestión de segundos antes de que el mayor sellara sus labios con un beso.

Creo que al final, el orden de los factores no altera el producto— Katsuki lo miró contrito, no sabía muy bien a que se refería, Viktor besó su mejilla— Me haces inmensamente feliz, Yuuri—

Entonces…—

Por supuesto que sí, cerdito— Katsuki inflo las mejillas, levemente molesto por el mote, pero a Viktor le importo un comino y volvió a besarlo, poco a poco, Yuuri le correspondió, soltándose de a poco hasta hacerse un experto, o al menos, hasta que fue un beso de Yuuri quien le quitara el aliento a Viktor.

Aprendes rápido, Yuuri— dijo Viktor, un poco sonrojado y con los labios levemente hinchados.

Tengo un buen entrenador— contesto Yuuri con una sonrisa seductora, aquellas que solamente Viktor Nikiforov, era capaz de provocar.

Aquella tarde solo fue el inicio oficial de una etapa en sus vidas, superando los obstáculos paso a paso, obteniendo o no la aprobación de la gente, aunque daba lo mismo si no les aceptaban.

Por fortuna, al menos las personas más cercanas a ellos, compartían su felicidad y eran felices con su decisión.

Lo despertó el sonido de su móvil, Viktor lo tomó entrecerrando los ojos por la fuerte luz de la pantalla, sonrió al ver un mensaje de Yuuri.

— Hay un concierto de música clásica en un café, dicen que es bueno. ¿Quieres ir?

Solo a Yuuri se le ocurría una salida antes de la competencia por el Gran Prix… y solamente Viktor le seguiría en aquella locura.

Bajo en diez minutos.

— .— .— .— .— .— .— .— .— .— .— .—

— ¡Leo! ¡Espera, por favor!— Guang Hong le sujeto un brazo, impidiendo que el chico saliera, después se interpuso entre este y la pared, Leo se había pasado buena parte del último día de practica tratado de evitar a su amigo, quien había llegado ayer por la mañana para apoyarlos en la final.

Sin embargo, lejos de estar contento y animado por la visita de su querido amigo, se sentía incómodo y bastante avergonzado por un hecho que sucedió, hace un par de semanas en Japón.

Guang Hong lo tenía acorralado, en algún momento Leo se descuidó y, mientras iba al baño y el joven lo siguió, ahora, no podía salir si no quería pasar por encima de él a la fuerza.

Aunque jamás haría algo así y Guang Hong lo sabía.

— Tenemos que hablar—

— No hay nada que hablar, ya quedo todo dicho, ¿no?—

— Leo…—

Guang Hong suspiró, en sus ojos se veía el arrepentimiento y el dolor por la actitud de quien fuera su mejor amigo, el joven se cruzó de brazos, dándole a entender que no se movería.

— Guang Hong, la competencia está a punto de empezar, déjame ir—

— Si te dejo no volverás—

Se quedaron en silencio varios segundos, sus miradas reflejaban inseguridad, pero más que nada, miedo, ese temor a lo desconocido, en este caso, al secreto que sus corazones ya no pudieron callar por más tiempo.

Ambos temían admitirlo y arruinar la bella relación y compañerismo que tenían. Preferían callar antes de perjudicar al otro.

Pero ahora, las cartas estaban sobre la mesa, sus sentimientos ya habían sido develados pero ni una palabra al respecto salió sobre ¿y ahora que hacemos?

Solo un incómodo silencio que se prolongó semanas, se apartaron del otro hasta que, finalmente, uno de ellos decidió dar el primer paso. Para bien o para mal.

— Yo… lo siento, en verdad…— comenzó el joven de China, mirando al piso, era incapaz de ver el rostro de Leo, así como su posible reacción— pero ya no puedo seguirlo negando, Leo, lo que siento por ti es real, así como te lo dije cuando fuimos a celebrar por el torneo NHK, puedo asegurarte que no bebí ni un solo trago para darme valor y confesarlo, había tenido mi mejor momento en esa pista y la emoción me ganó… pero con el transcurso del tiempo, puedo decir que no me arrepiento de lo que dije…—

— Temí arruinar la noche…— interrumpió el americano, alzando el rostro del joven de China— pero es que tú lo dijiste de repente que solo… bueno, tu sabes como soy de impulsivo—

— Creo que ambos lo somos— los chicos desviaron la mirada, riendo tontamente al recordar esa noche, como Guang Hong y Leo habían salido del bar antes que los demás debido a que no querían verse involucrados en cualquier incidente propiciado por rusos totalmente ebrios.

Anduvieron charlando de diversos temas de regreso al hotel, en algún momento, Guang Hong había tomado su mano y le dijo, no sin cierto sonrojo en sus mejillas, lo mucho que le gustaba pasar el tiempo con Leo.

Quien, solamente había replicado con un que él también se sentía de esa manera… y luego, Guang Hong rápidamente le hizo entender que no era de esa manera.

Leo, impulsivo y armándose de un valor que no sabía que tenía, tomó sus mejillas suavemente y lo besó. Un pequeño y fugaz beso que se convirtió en una pesadilla recurrente para ambas partes desde entonces.

Ninguno dijo nada después de eso, ni siquiera a la mañana siguiente, cuando cada quien partió a su país de origen.

No hubo mensajes ni llamadas, ambos chicos temiendo enfrentar al otro.

Ahora, estaban ahí, en medio de un baño en Suecia, donde uno de ellos había llegado a la final de una de las competencias más importantes de su carrera y el otro, en un arranque de valor, fue para animarlo y aclarar las cosas.

Ambos chicos suspiraron al escuchar un altavoz en el corredor llamando a los asistentes y patinadores a sus posiciones, Guang Hong supo que su tiempo se había terminado.

Con lentitud, se apartó de la puerta, dejando el camino libre a Leo, quien, avanzo unos cuantos pasos hasta quedar frente a él.

— ¿Leo?— murmuró Guang Hong, extrañado al verlo parado enfrente, el americano tomó su rostro y unió sus labios, el joven de China se quedó inmóvil, degustando el sabor de Leo, era dulce y un poco fresco, como a menta con limón, al separarse, Guang Hong quiso lamer sus labios para tener más de ese delicioso sabor.

— Cuando esto termine… tengo algo importante que decirte, por favor, no te vayas— el americano pego sus frentes, Guang Hong suspiró asintiendo.

— Aquí estaré, Leo—

— .— .— .— .— .— .— .— .— .—

Todos daban la última vuelta de calentamiento en la pista, en cualquier momento se retirarían para que el primer patinador empezara su programa.

Según el sorteo, a Otabek realmente no le importaba el orden de participación, no se dejaba influenciar por quien salía primero o quien después… hasta ahora.

El orden había quedado de esta manera: Jean Jacques Leroy saldría primero, le seguirían Leo de la Iglesia y enseguida, Viktor Nikiforov, para continuar, Yuuri Katsuki y en penúltimo lugar Yuri Plisetsky.

No se dejaba abrumar con facilidad, pero quería impresionar al público. Todos los demás competidores que le antecedían, sin duda harían excelentes programas, pero Otabek sentía que aún no era suficiente.

¿Que podría hacer para impresionar a estas alturas?

Hey Otabek!— JJ se acercó a una distancia considerable, el joven lucia muy animado a comparación de la última vez que lo vio.

— Hola JJ— no le molestaba su actitud ruidosa y un tanto prepotente, aunque el kazajo sentía que de esto último, ya no podía percibir mucho. ¿Acaso estaba cambiando? ¿O eran impresiones suyas?

— Por fin estamos aquí, ¿no es genial? Dos años seguidos en la final, no había tenido oportunidad de felicitarte—

— No hace falta, también es bueno que estemos aquí— el canadiense le sonrió, un gesto amable y luego hizo un swing antes de patinar en otra dirección, en eso, a la distancia ve a Yuri que le mira extrañado, pero en seguida desvía la mirada y comienza a prepararse para un Axel.

El kazajo no le quita la mirada de encima, algo en su postura no está bien y así lo confirma el leve tambaleo con el que aterrizó.

Intenta acercarse a él, pero por el micrófono les señalan que es hora de dejar el hielo, los demás y él se aproximan a la salida, Leroy se queda atrás dando vueltas a la pista, Otabek intenta alcanzar a Yuri, pero este salió de la pista rápidamente.

— Otabek— se voltea al ser llamado, topándose con su amigo Leo, quien le señala en dirección bajo las gradas, donde estaban la entrada/salida de los competidores que aguardaban su turno.

Una vez adentro, el kazajo busca por el lugar a Yuri, pero no lo vió en ninguna parte, solo ve a Viktor y Yuuri platicando con los competidores de otras categorías, sus amigos les hacen una seña para que se acerquen.

— JJ realmente está muy animado— comento una chica a otra— es bueno verlo tan fuerte y concentrado—

— A comparación con el Gran Prix del año pasado, es un cambio bastante notable— Otabek estaba de acuerdo con ellas, el kazajo prestaba atención al programa de su ex compañero de pista, sus piruetas eran tan impactantes como equilibradas, la música y su patinaje realmente se complementaban, JJ había combinado perfectamente los acordes de la melodía con sus pasos, un trabajo impecable.

No le sorprendió que obtuviera una puntuación tan alta, sin duda el joven canadiense subió la apuesta muy alto desde el primer día y Otabek, lejos de sentirse preocupado, ahora, solo sentía que sería todo un reto superarlo.

Aun así, seguía sintiéndose nervioso por no poder sorprender al público, pero ya se le estaba ocurriendo algo que sin duda lograría robarse la atención de todos.

Después de un fuerte programa corto por parte del campeón canadiense, Jean Jacques Leroy, tenemos al americano Leo de la Iglesia, en su primera vez en la final del Gran Prix, su programa, coreografiado por el mismo, le ha traído hasta esta pista y no dudamos, que lo llevará más lejos.

Guang Hong observaba desde las gradas en compañía de Sala Crispino y Mila Babicheva, quienes aplaudían al joven americano, él también quería gritar y apoyarlo así como ellas y el resto de los fans que se habían tomado la molestia de ir hasta ahí para animarlo.

— Sabemos que quieres gritar, Guang Hong, ¡vamos! ¡No te contengas!— le codeo Sala guiñándole el ojo, el joven chino se volvió rojo y negó con la cabeza.

— No suelo gritar, pero si apoyo a Leo, es mi amigo— Mila sujeto su mano y Sala tomo la otra, ambas chicas se levantaron y comenzaron una pequeña porra que duro apenas un par de segundos y que, tal vez Leo ni siquiera noto, pero eso no evitó que Guang Hong se quisiera hundir en el asiento.

— ¡Oigan!— Sala y Mila se miraron cómplices pero no dijeron nada más, sino que volvieron a tomar sus asientos para disfrutar del programa de Leo.

Ni bien las puntuaciones se mostraron en el tablero, Guang Hong salto del asiento para correr directamente al área de descanso, Leo se dirigiría ahí cuando se levantara del Kiss and cry.

Guang Hong lo espero impaciente, por el momento, la sala estaba sola ya que Viktor era el siguiente y luego Yuuri, tenían la costumbre de ver patinar al otro, era una bonita atención hacia tu pareja que esperaba, poder implementar con leo pronto.

Se volvió rojo al caer en cuenta de sus pensamientos, pero antes de que pudiera reprenderse, la puerta se abrió y por ella entraron Leo y su entrenadora.

Guang Hong ni siquiera la vio, su cuerpo se movió por impulso y pronto, rodeo al americano entre sus brazos, Leo le recibió bastante sorprendido, pero no lo rechazó, fue tal la emoción de Guang Hong que esta sobrepaso su lado racional y unió sus labios en un beso torpe, pero con mucho sentimiento.

Alexa tenía una sonrisa de medio lado y alzo las manos en señal de rendición— Ahora entiendo tu mapa, como sea, estaré en las gradas, gusto en verte, Guang Hong— la mujer se retiró con una sonrisa, Leo ni siquiera le prestó atención ya que tenía todo lo que necesitaba entre sus brazos.

Al separarse, el joven de China le miró extrañado:

— ¿A qué mapa se refiere?—

— .— .— .— .— .—

¡Puedo sentir el hielo estremecerse bajo este escritorio! No cabe duda que el regreso de Viktor Nikiforov es un acontecimiento que quedará para la posteridad. Su programa "Music of the Night" ha cautivado a miles en lo que vamos de la temporada, saltos perfectamente ejecutados y una secuencia de pasos de altísimo nivel ¿Qué inspirará tanto a este hombre? ¡Ha vuelto a renacer la leyenda!

Viktor sabía que los ojos del mundo estaban puestos en él, y, prácticamente, su competencia dependía de lo que el hiciera esa tarde.

No es que se diera aires de grandeza, solo era la verdad.

Viktor Nikiforov tenía el poder aplastante de llevarse la competencia en un abrir y cerrar de ojos.

Al menos, era lo que había pensado hasta hace un año, cuando un joven torpe y algo robusto japonés le pidió ser su entrenador bajo la influencia del alcohol. Meses más tarde, ejecutó su programa libre de esa temporada, a la perfección.

Yuuri Katsuki era su nombre.

Cuando lo conoció, era un hombre roto, con las esperanzas y sueños destrozados por un mal momento, aquella noche del banquete le abrió los ojos a una nueva oportunidad, un cambio totalmente radical en su vida, volverse entrenador significaba mucho más para Viktor, significaba que su legado seguiría, enseñar a otros le haría eterno.

Ser competidor, o mejor dicho, ser el campeón absoluto era una cosa a la cual ya estaba habituado, pero sentía que esa llama a poco iba extinguiéndose. Cuando esta se apagara por completo ¿Qué sería de él?

Era algo que se había planteado últimamente, el conocer a Yuuri le brindo un brillo de esperanza, de poder trascender a todo y todos.

Sin embargo, así como Yuuri Katsuki, existía alguien más a quien debía prestar atención, un adolescente rebelde y ambicioso, pero totalmente decidido a darlo todo.

Yuri Plisetsky, el delincuente ruso.

Con un éxito abrumador a tan corta edad, Viktor no dejaba de prestarle atención en cuanto gano su primer oro en junior, sabía que el joven se convertiría en un fuerte rival y él estaba bien con eso. Sin embargo, aún no decidía bien que hacer respecto a esa situación cuando llego el otro Yuuri a mover su mundo.

Extrañas y forzosas coincidencias hicieron que, al final, todos terminaran siendo compañeros de pista, apoyándose mutuamente y formando lazos fuertes.

Ambos Yuris habían demostrado su valía en el Gran Prix de la temporada anterior y, reafirmaron su presencia en las siguientes competiciones. Los dos apuntaron a lo más alto y llegaron hasta el final con entereza y orgullo.

Viktor estaba orgulloso de ambos, Yuri poco a poco se hacía un lugar en este mundo competitivo mientras Yuuri, se despedía de él con la frente en alto.

No era secreto para Viktor lo abrumado que Yuuri se sentía a veces, el mismo había pasado por eso y sabía, que el tiempo de ambos, como competidores, se estaba terminando.

Independientemente del resultado de esa competencia, Viktor estaba decidido a que sería su último Gran Prix, ni siquiera se postularía en las Nacionales, era su última competencia en el hielo y se despediría como los grandes.

Después de todo, tenía que darles un último reto que superar, ¿no es cierto?

Viktor estuvo acompañado de Yakov en el Kiss and Cry, pues Yuuri ahora estaba en la pista preparándose, al ver su puntuación, abrió los ojos totalmente sorprendido, no había roto su propio record, pero era bastante alto, Yakov le sonrió complacido y le sonrió orgulloso, Viktor sentía que sus ojos se humedecían por las lágrimas que el mismo se impedía derramar.

Abrazo a su entrenador, ocultando su rostro en su hombro, Yakov solo le dio unas palmadas en la espalda, reconfortándolo y susurrando en tono paternal.

— Lo hiciste bien, hijo—

Yuuri Katsuki veía desde el centro de la pista a Viktor ser abrazado por Yakov, a pesar de que el quería estar ahí y darle ese soporte, sabía que, realmente, ese lugar le correspondía a Yakov, quien fuera su primer y único entrenador, él debía tener ese derecho.

No importaba, más tarde le haría saber a Viktor lo orgulloso que estaba de él.

Pero ahora…

Tomó posición en el centro de la pista, el público poco a poco silencio sus gritos emocionados, el presentador termino de decir su nombre y sus logros sobresalientes, entonces, la música comenzó.

Yuri amaba el sonido del piano, había sido su instrumento favorito desde niño y practicaba de vez en cuando. No era un experto, pero conocía la técnica y de vez en cuando, disfrutaba interpretar algunas melodías de grandes artistas, sin embargo, nunca se había atrevido a crear una propia.

"Yuri on ice" fue un encargo que pidió a una chica de confianza, hizo un trabajo estupendo y muy difícil de poder superar, incluso ahora, pensaba que aún no llegaba a las expectativas con sus programas actuales.

Pero estaba dando su máximo esfuerzo, se lo debía a Viktor, a Pichit, a Minami, a la gente de Hasetsu… a él mismo.

La música que ahora estaba usando era hermosa y atrapante, tenía ambas caras de interpretación, lo cual era en extremo agotador para Yuri, pero de alguna forma logró un perfecto balance.

Sin embargo, Yuri se planteaba llevar su interpretación a otro nivel, uno nunca antes pensado para él y mucho menos, puesto sobre la mesa con Celestino, mucho menos con Viktor.

La presión de su emergente triunfo en el Gran Prix anterior le había abierto las puertas a muchas posibilidades de triunfo ¿Quién decía que no podía intentar algo nuevo?

"Para el próximo año… ya no interpretaré las melodías de alguien más, serán de mi propia composición"

Se prometió en cuanto termino su presentación y repartio saludos al publico, se dirigio a la salida, donde Viktor le esperaba con una gran sonrisa en forma de corazón, aùn con algunos rastros de lágrimas en las comisuras de sus ojos, Yuri tomó su mano y lo abrazó, tanto para brindarle apoyo, como para recibirlo.

"Si estoy al lado de Viktor, no debo temer a nada"

Yuri Plisetsky se encontraba frente a la última persona que esperaba ver en ese lugar.

— ¿Tu que haces aquí?— el rubio estaba a la defensiva ante aquella presencia, quien, solo se levantó de la silla y camino con una sonrisa ladina hasta quedar en frente, tenían la misma altura, lo cual hizo sonreír a la ex modelo.

— Sí que has crecido, Yuratcha—

Svetlana Plisetsky acarició la mejilla de Yuri suavemente, antes de que el rubio la apartara no sin cierta rudeza.

— Aun no respondes, ¿Qué demonios haces aquí?—

— Cuida tu lenguaje, jovencito que soy tu madre— el rubio quería reírse, pero en lugar de eso, le contesto mordazmente:

— Oh, creo tener un vago recuerdo tuyo abofeteándome por no seguirte la corriente ¿es así?— La sonrisa en el rostro de Svetlana se borró, pero no demostró enfado, sino que oculto su molestia con un rostro indiferente.

— Lo que opines o recuerdes me tiene sin cuidado, yo estoy aquí para apoyar a mi hijo creo que ya es su turno— Yuri la miró con profundo rencor pero solo se dio la media vuelta y se marchó, uno de los chicos de staff se había acercado a él para indicarle que un familiar estaba esperando por el en la recepción del evento, Yuri pensó que sería su abuelo, aunque era prácticamente imposible que Nikolai viajara tan lejos y solo.

Yuri jamás pensó que su progenitora iría hasta Suecia a verlo personalmente.

¿Qué pretende esa bruja ahora? ¿Querrá dinero? No lo creo, el tipo con el que se casó está podrido en millones…

Iba tan distraído que sin querer, chocó con alguien.

— ¿Yuri? ¿Estás bien?— su amigo Otabek le detuvo por los hombros, impidiendo que se cayera, Yuri parpadeo confundido, pero enseguida le miró con cierto enfado, aunque ni siquiera sabia la razón:

— Estoy bien— se lo quitó de encima, muy en el fondo, sabia que Otabek no tenía la culpa de nada, después de todo, el no conocía a su madre y mucho menos le quedaban ganas de presentárselo.

Además, aún seguía algo confundido por las palabras de Leroy cuando regresaron del juego, desde entonces, había estado examinando sus redes sociales, los estados que compartía, fotos y conversaciones por cualquier aplicación, incluso aquellas que no compartían con nadie más.

Y lo que estaba encontrando, no le gustó para nada. O más bien, lo tomó desprevenido.

Otabek solamente sonreía cuando estaba con él, no importaba si era una foto casual o en algún evento, siempre que salía con Yuri, aparecía una leve sonrisa en su rostro.

Sus estados durante el tiempo de Otabek en San Petersburgo eran bromas y emoticonos entre ellos, saliendo o entrando de algún lugar. Eran raras las ocasiones en que èl era el que creaba el estado y etiquetaba, por lo general, los demás lo hacían.

El breve escape que habían tenido en Paris, a pesar de estar en plena competencia, fue una de las experiencias más increíbles de Yuri.

Conversaciones a casi toda hora del día, gracias a la diferencia horaria, llenaban sus aplicaciones, así como las miles de fotos que se habían enviado entre ellos para demostrar lo que hacían en ese momento: los desayunos improvisados de Otabek, Yuri con Poltya en sus piernas en medio del desorden de su habitación, Otabek mandándole fotos de algún club en el que estuviera tocando, Yuri enviándole fotos de piroshkis o borsh.

Fotos de sus trajes en el proceso de creación, Otabek mandándole demos que podría usar en su programa corto, Yuri dando su opinión en la vestimenta del programa libre de Otabek.

Eran demasiadas cosas, algunas bastante íntimas, otras de dominio público. Yuri no hacia distinción entre que compartía con Otabek y que no.

El único tema del cual Yuri se mantenía hermético, era su madre y Otabek había respetado eso.

— Esa bruja… solo vino a joder, es todo, pero no le daré ese poder— Yuri mascullaba para sí de forma inteligible, Yakov le miró extrañado:

— ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?— el ruso rodó los ojos y asintió bruscamente, sin despedirse de su entrenador, fue al centro de la pista.

Estoy bien. Ella no tiene influencia en mí, es solo una persona molesta que jode de vez en cuando, no debe afectarme en lo absolu…"— sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando falló el cuádruple salchow y su cuerpo dio de lleno al hielo, Yuri tardó en reaccionar y se incorporó no sin cierta dificultad, ya que había caído sobre su pierna derecha.

Yuri cerró los ojos, ignorando las exclamaciones de sorpresa del público y los aplausos que dieron para animarlo.

Odiaba eso.

— "¡No aplaudan!"— quería gritarles, pero no podía, el ruso continuó con el programa, sin embargo, ya había perdido el tiempo tratando de seguir la música que ya era momento de la secuencia de pasos.

Había perdido una combinación de triple lutz— triple toe loop, una de las más sólidas en su programa.

— "Maldita sea, no lo harás, Svetlana, no me arruinarás como a ti"— Yuri ni siquiera le decía "madre" era un título demasiado importante para alguien como ella.

— "Por favor, que ya termine esto, estoy tan cansado"— Yuri había llegado a su límite, inhalaba con dificultad, presa del pánico, no había fallado los últimos saltos, pero perdió el ritmo en su secuencia de pasos. Yuri supo que lo había arruinado.

Finalmente la música terminó, y por si fuera poco, Yuri dio un traspié antes de acabar, lo cual le deducirían en la presentación.

A pesar de todo, sus fans no dejaron de apoyarlo y animarlo, era tal el afecto que le tenían que Yuri se conmovió, aun así, no se permitió llorar su frustración, eso era darle más poder a su enemiga.

Yakov le esperaba en la salida, el rostro totalmente serio, Lilia, lo miraba extrañada y preocupada.

Se dirigieron al Kiss and Cry, Yuri no contestaba las preguntas de su entrenador e ignoraba la mano de Lilia en su espalda dándole apoyo, su vista estaba enfocada en el tablero, donde, pocos segundos después, mostraron su puntuación.

Había quedado en último lugar.

Yuri cerró los ojos, sordo a las exclamaciones sorprendidas de la gente, ciego a las cámaras que captaban para los diarios y notas su reacción.

En su mente, Yuri volvía a ser un pequeño niño, buscando la aprobación de la mujer que le había dado vida, una búsqueda que le había tomado años antes de que, finalmente se rindiera.

Ella estaba ahí, una vez más, fuerte, hermosa y tan cruel como la recordaba. El fantasma de Svetlana le había dado alcance y Yuri supo que, nuevamente, lo había atrapado bajo su sombra.

— ¡Otabek! ¡Concéntrate!— alzo la vista al rostro de su entrenador, quien le miraba severamente, el joven de Kazajistán asintió haciendo una mueca y cerró los ojos.

Apenas había pasado la conmoción por el programa que había dado Yuri Plisetsky y la pista fue desalojada, que lo medios no dejaban de tomar fotos y hacer comentarios despectivos o sorprendidos al respecto.

Otabek quería golpearlos a todos por igual.

Lo peor, es que no podía ir con Yuri, apenas si vio sus puntuaciones se marchó del Kiss and Cry, siendo seguido por sus entrenadores, quienes se interponían entre el chico y los periodistas que ya estaban esperándolo en la salida.

Otabek apenas podía contener el impulso de seguirlo, quería confortarlo entre sus brazos, quería decirle que todo estaba bien, quería… que la mirada desolada de Yuri fuera borrada, lástima que las cámaras s se encargaron de captar el preciso instante en que se vio reflejado su dolor e impotencia, la cual fue rápidamente enmascarada por su habitual entrecejo fruncido y sus labios apretados en señal de enfado.

Una máscara que pronto ya no le serviría de nada.

La música se encargó de enfocar su mente, Otabek no ganaría nada si se quedaba quieto, para ir con Yuri, para poder plantarse frente a él y decirle que todo saldría bien, el mismo tenía que mostrarse fuerte, tenía que ser digno de verlo a los ojos y ofrecer su mano.

Yuri Plisetsky era su mejor amigo, un chico que creyó inalcanzable pero el cual le habia abierto las puertas de su vida sin dudarlo un segundo. Otabek no podía ir hasta el de manera tan mediocre como dejar la competencia a la mitad, le debía a Yuri al menos el respeto como competidor y quedarse hasta el final.

La multitud enloqueció ante la sorpresa que tenía preparada: dos cuádruples seguidos en la primera parte de su programa, ejecutados perfectamente le elevarían hasta las primeras posiciones.

No se equivocó, pues ahora, acompañado de su entrenador en el Kiss and Cry, esperaban las puntuaciones, una sonrisa satisfecha surco su rostro al ver su puntuación, había superado su propia marca en el programa corto, su entrenador palmeo su espalda orgulloso.

— .— .— .— .— .— .—

Se encaminó a la salida debajo de las gradas donde la gente seguía animándolo, Otabek evito a la prensa del momento, pues tenía que buscar a su amigo, Leo y JJ le felicitaron por su puntaje, el kazajo les pregunto pro el rubio pero estos no tenían idea de donde estaba.

— Yuri, ¿dónde estás?— ni siquiera ubicaba al menos a uno de sus entrenadores, entonces vio a Mila, quien platicaba amenamente con Sala Crispino y Guang Hong cerca de una de las salas de entrenamiento.

— Hola chicas, ¿Han visto a Yuri?— Mila le sonrió, felicitándolo, pero negando con la cabeza.

— No desde que se fue del Kiss and Cry, a estas alturas, lo más seguro es que se haya devuelto al hotel— Otabek asintió, estaba a punto de retirarse en busca de Yuri cuando Viktor y Yuuri lo abordaron sonriéndole emocionados.

— Otabek! Felicidades por tu record!—

— Gracias Yuuri—

— ¿A dónde vas? ¿Acaso se te olvida que hay que prepararnos para la ceremonia de medallas pequeñas? Anda— Viktor le arrastro de vuelta a la zona de prensa, Otabek no podía retirarse, después de todo, había quedado en tercer puesto y tenía que estar ahí.

En su camino de vuelta al área de prensa, su campo de visión captó una melena rubia que pasó a su lado, por un momento pensó que era Yuri, pero rápidamente desecho la idea al ver que se trataba de una mujer.

— ¿Quién…?— al kazajo se le hizo familiar, creía haberla vistazo en algún lado, pero no recordaba donde. Sin embargo, no pudo seguir pensando al respecto ya que, finalmente habían llegado al panel de entrevistas.

¡Que competencia, señoras y señores! ¡Ha estado llena de sorpresas y eso que apenas es el programa corto!

Hemos visto un regreso triunfante y emotivo de Viktor Nikiforov, quien se ha quedado con el primer puesto en el programa libre.

Leo de la Iglesia ha hecho un debut estupendo en su primera competencia del Gran Prix, por el momento, está en quinto lugar, pero eso no desanima a este risueño joven, ¡es todo un artista!

Yuuri Katsuki ha reinventado su programa corto, al trasladar todos sus saltos a la segunda mitad! Sin duda una segunda plaza bien merecida.

No podemos dejar de asombrarnos por la habilidad de Otabek Altin, en su segundo año consecutivo en la final del Gran Prix, ¡el héroe de Kazajistán ha logrado sorprendernos al ejecutar dos cuádruples seguidos en su programa! Lo que lo ha llevado directamente al tercer lugar, superando al canadiense, Jean Jacques Leroy, quien ha quedado en cuarta posición, aunque eso no parece afectarle ya que vemos lo animado que esta, apoyando a todos y siendo aclamado por sus fans, quienes mantienen la esperanza de verlo nuevamente en el podio.

La gran sorpresa de esta noche fue Yuri Plisetsky, quien fue el campeón absoluto de la temporada anterior, ahora, tras una serie de errores se ha colocado en sexta posición ¿Qué habrá sucedido con él? ¿Esta abrumado por la competencia? Los entrenadores de Plisetsky se mantienen herméticos al respecto, pero aseguran que estará listo para el programa libre y se repondrá de este suceso inexplicable.