Hetalia no me pertenece, este es de su respectivo creador.
Winter
Rey's Theme.
Arthur despertó con los rayos del sol iluminándole el rostro. Se talló los ojos mientras se incorporaba. Las cortinas parcialmente abiertas cubrían los grandes ventanales que daban vista al parque y a las calles que a esa hora de la mañana empezaban a verse ajetreadas.
Terminó por abrir las cortinas, dejando que la luz solar iluminara toda la estancia.
Deshizo el sofá cama, regresándolo a su forma original. Dobló las cobijas y las colocó en el closet de la sala. Después fue a la cocina y encendió el pequeño televisor que tenía junto a la licuadora.
"Home Alone: Lost in New York" estaba comenzando.
Porque claro, sería rarísimo si no pasaran esas películas estando a dos semanas de navidad.
Escuchó que Francine se levantaba mientras el preparaba un omelette.
Aunque no las había pedido, las clases de cocina que la francesa habría insistido en impartirle, estaban dando sus frutos. Ya no dependía de las comidas congeladas ni del horno de microondas. Siempre que tuviera huevos, sal, aceite o mantequilla, podría prepararse algo casero. Ahora bien, no había sido sencillo. Al parecer tenía un talento innato en provocar incendios o que la comida supiera desabrida o salada. Una vez, al terminar unos huevos revueltos sin quemarlos, el y Fran se dispusieron a comerlos. La joven asintió complacida hasta que masticó una cáscara de huevo. Arthur suspiraba derrotado mientras ella lo veía.
Ese día, después de mucho tiempo, Fran estalló en carcajadas.
Mientras recordaba aquello, echo los huevos batidos en el sartén y puso a calentar algo de leche en la estufa.
Al terminar de cocinar, Francine salió de la habitación. Con vaqueros, una blusa con el logo de "El cabaretito" impresa en el frente y botines negros.
La francesa estaba a punto de cumplir un mes trabajado en aquel sitio. Había sido a principios de Noviembre, mientras ella estaba asistiendo a sus citas con la doctora Masi Tanaka, que Feliks llamó.
No tenía el número de teléfono de la francesa, así que había llamado al suyo para comunicarle que el cabaretito solicitaba un cocinero urgentemente.
Llevaba trabajando en el sitio casi un mes y aquello había contribuido mucho a la recuperación de la joven.
Porque Arthur se había dado cuenta de que además de sentirse útil, Fran estaba más tranquila con el pasar de los días gracias a la distracción que el trabajo el ofrecía.
La mujer se sentó frente a la mesa mientras Arthur sirvió a los platos. Después colocó dos tazas y las lleno de leche. A un lado puso la botella de chocolate líquido y una bolsa con malvaviscos pequeños.
Fran no pudo evitar sonreír.
—Buenos días Arthur.
—Buenos días rana.
Comieron en silencio, limitándose a observar la película navideña.
Después de un largo rato. El inglés habló.
—Creo que el niño además de defenderse es un maldito sádico.— Exclamó Arthur mientras tomaba un sorbo de chocolate caliente.— Porque no contento con empaparlo de pintura, hace una trampa para que el hombre se electrocute.—Se dio cuenta de que Francine lo miraba. Estaba sonriendo, el amaba verla sonreír.—Me sorprende que manden a los ladrones a la carcel y no a el. Esto claramente es intento de asesinato. Mínimo deberían de enviarlo al tutelar hasta que cumpla 18.
Fran negó con la cabeza.
—Las leyes son grises Arthur, puede alegar que lo hizo en defensa propia y con un buen abogado hasta le felicitarían en la corte.
—¿Y tú cómo sabes eso?.—Preguntó el hombre.
—Demasidos maratones de "La ley y el orden"
Ambos rieron y siguieron viendo la película. Poco después y en cuanto Fran termino de comer agradeció a Arthur por los alimentos, tomó el abrigo y se despidió de él.
—Iré por ti a las doce, no me importa si Feliks empieza con sus lloriqueos.
Bonnefoy le sonrió mientras asentía. Ella cerró la puerta.
El inglés siguió mirando el televisor, había llegado a la escena en donde la madre y niño logran encontrarse frente al gran árbol de navidad. Despegó los ojos de la pantalla y observo la estancia.
La llegada de la francesa había empezado a mostrarse en el departamento. Este siempre estaba ordenado, la cocina con la alacena y el refrigerador llenos. El baño que aparte de su espuma de afeitar, también estaba el shampoo con aroma floral y la crema para peinar que a ella tanto le gustaba. Por todo el lugar había detalles, cosas que delataban la presencia de la joven. Las velas aromaticas, el suavizante para telas que usaba al lavar la ropa.
Aún así, Arthur sintió que faltaba algo.
Apago el televisor y tomo las llaves del auto. Al parecer pasaría el resto del día en ASDA.
Duncan probablemente podría matar a una persona problemática de un puñetazo y seguir sonriendo de oreja a oreja a los visitantes tranquilos. Ese era el pensamiento que venía a la mente de Francine cada que saludaba al guardia de seguridad. El hombre de piel oscura de dos metros de altura le saludó con amabilidad mientras entraba al cabaretito.
Una vez allí, la joven saludo a Julianne y Alysha. Las divas del lugar estaban en la barra, descansado antes de que el espectáculo comenzara. Escuchó las risas de Lauren y de Lily provenientes del escenario, las chicas ensayaban junto a Feliks los pasos finales del espectáculo burlesque que iban a ofrecer en la hora estelar.
Ya habían dado las dos de la tarde y sus clases con Sara estaban a nada de comenzar.
Cuando Francine escuchó que tenían un lugar disponible en la cocina del lugar aceptó de inmediato. Imaginando que sería algo similar al Pub de Arthur, la joven se sorprendió un poco al saber que si bien hacían comidas sencillas, la dueña del lugar también necesitaba una bartender que pudiera ayudarla cuando el lugar estuviera lleno de gente.
Aún cuando le dijo que no sabía nada acerca de bebidas, la mexicana se ofreció a enseñarle. Ella era una "barman" profesional. Le había visto encender tragos, mezclar todo tipo de bebidas, hacía que el servir alcohol fuera un espectáculo. Hacía que "La Llamarada Homero" fuera una realidad.
Además la chica era encantadora. Con el cabello corto y negro, la piel trigueña y unos impresionantes ojos verdes. Aunque bajita, aquello no le impedía imponer su autoridad.
Con todo eso, no era difícil saber porque Gilbert se había enamorado de ella.
Porque además, Sara estaba haciendo que su trabajo fuera un poco más fácil. El lugar tenía un horario en donde se servían las comidas, este iniciaba a las cinco y finalizaba a las ocho. Así que no tendría que quedarse hasta tarde limpiando la cocina. La mexicana se quedaba atendiendo la barra con ella y cuando llegaba a haber un cliente revoltoso, le pedía a Duncan o a Chris (el otro guardia de seguridad) que lo echaran de allí sin miramientos.
—"Yo no atiendo pendejetas".—Le había dicho hace cinco días, cuando una clienta pasada de copas le había dicho que era muy estupida por no pronunciar las palabras como eran.—"No hay nada malo con tu acento "mamita",—Le aseguró.—"Esa vieja solo tiene mierda en la cabeza"
Fran agradeció sus palabras, porque aún cuando sabía que era una estupidez, lo dicho por aquella mujer le dolió. Le recordaban las burlas que hacía Scott cada que ella pronunciaba mal una palabra.
—¡Francine!.—La mujer la saludó una vez que entro en la oficina a colgar su abrigo.— Hoy vamos a aprender algo muy especial.
Ya eran las cinco de la tarde y el británico suspiró cansado. El árbol y las decoraciones por fin estaban en el departamento. El hombre había subestimado el arte de colocar un bonito árbol de navidad. La creatividad al parecer se le había extinguido con el pasar de los años y aún cuando el árbol de dos metros y medio se encontraba pie en aquella esquina, no tenía ni la más remota idea de cómo adornarlo.
Su cerebro no daba para más y terminó buscando tutoriales en YouTube. Vio varios y eligió el ofrecido por una muchachilla con la voz demasiado aguda para su gusto.
Puso primero la serie de luces, después empezó a colocar las esferas rojas y verdes y al final, los adornos con forma de pequeñas estrellas y copos de nieve en color dorado.
Si bien no le convencía el resultado, aquello sin duda había superado sus bajas espectativas. Apagó las luces del departamento y encendió las del árbol. La serie también estaba equipada con una bocina que emitía canciones navideñas. "Jingle Bells" resonó por la estancia mientras las lucecitas parpadeaban con lentitud.
Arthur sonrió con nostalgia. La última vez que puso un árbol de navidad había sido un año antes de que su padre muriera.
Ocultó su emoción al ir a recoger a Francine.
Como siempre Feliks había lloriqueado, tratando de que ambos se quedaran un rato. Y cómo siempre, el inglés negaba con la cabeza mientras Francine se despedía y subía al auto.
—Tengo una sorpresa para ti.—Dijo Arthur a unos pocos minutos de llegar.— Si no te gusta solo dime y lo echaremos a la basura.
La joven no había podido ocultar su asombro.
—¿Qué es?—Pregunto con curiosidad.—¿Es algo para la cocina? ¿Un set de cuchillos nuevos? ¿O es algo que has aprendido? ¡No me digas que ya supiste hacer una lasaña y que nos está esperando en la mesa!
—No es nada de eso. Y no, es una sorpresa, no un milagro rana. Quizá la lasaña me salga en unos seis o siete meses mas.
—¿Entonces que es?
El inglés estacionó su coche, lo apagó y ambos salieron del auto.
—Estas a nada de descubrirlo.
Llegaron al departamento, Kirkland lo abrió y la estancia se encontraba a oscuras. El hombre se internó en la penumbra y Fran le siguió indecisa. Cerró la puerta, y con ello, ocultó la luz que provenía del pasillo.
—¿Arthur?
—Solo unos segundos más.—El rubio de tropezó mientras caminaba hacia el interruptor. De milagro no se cayó.
—¿Estas bien?
—Si.— Alcanzó el interruptor.— Y... ¡Voila!
Las luces iluminaron la estancia, la musiquita proveniente del árbol conmovió a la joven. Le recordaron las navidades en Paris con sus abuelos.
—Petit papa Noël, Quand tu descendras du ciel Avec des jouets par milliers.—Canturreó.
La joven camino hacia el y le abrazó.
—Gracias Arthur.
El se permitió estrecharla entre sus brazos.
—De nada... Francine.
Sleepwalk
—No me gusta cómo está quedando.—Feliks resopló. Llevaba más de media hora acomodando las mesas para la fiesta de Año Nuevo.—Quizá si las ponemos más cerca de la ventana nos quede un espacio en el centro para poder bailar.
El inglés le dio una mirada asesina.
—No. Llevo moviéndolas desde hace una hora. Así se van a quedar.—Arthur sentenció fastidiado.
—Pero...
—Si no te gusta puedes pasar Año Nuevo en tu otro trabajo.
Feliks rodó los ojos.
—Sabes que eso no puedo. La jefa se fue y nos dio vacaciones forzadas con paga. Francine debió habértelo dicho.
—Si, lo hizo.
—¿Lo ves? Por eso quiero que este sitio esté perfecto. Debemos iniciar el año con el pie derecho.
Arthur suspiró.
—Ok, pero tú vas a mover todo como se te antoje. Estoy cansado y fastidiado, lo único que quiero es irme de aquí a las diez, llegar a casa, comer algo y dormir tres dias seguidos.
El polaco se cruzó de brazos.
—¿Dices que no pasarás la noche con nosotros?
—No.
—Pero si todos estaremos aquí.
—No todos, algunos moteros no van a venir, lo pasarán con sus familias. Gilbert se largó a Alemania y volverá hasta la próxima semana.
—Pero Jaime y Gwen...
—El va a cerrar el pub por mi. Hemos pasado los últimos 33 años nuevos juntos, creo que estarán bien si me ausento esta vez.
—Pero y ¿Francine? ¿Ella si va a venir?
—No lo sé. ¿Por qué no se lo preguntas?
—Para que hacerlo si puedo preguntártelo a ti, después de todo ella vive contigo.—Dijo Feliks como si fuera la cosa más obvia del mundo.
Kirkland negó con la cabeza.
—Una cosa no tiene que ver con la otra. No leo su mente o hablo con ella todo el tiempo. Cada quien está en su mundo. Así que no te confundas.
—Pero, por la manera en que ella se expresa de ti pensé... pensé que estaban juntos.
Arthur frunció el ceño. Estaba algo confundido.
—Si estamos juntos.
—No me refiero a eso...
Se miraron. Arthur sintió sus mejillas enrojecer. La incomodidad comenzaba a asfixiarlo.
—Ok, seamos claros. Ella y yo somos compañeros de piso, somos amigos y nada más. No confundas las cosas. No está pasando y no pasará nada entre ella y yo ¿te quedó claro?
—Súper claro.
"No pasará nada"
Sintió pesar por aquellas palabras, pero eso era la realidad. La primera vez que había intentado algo lo había jodido todo y ahora que las cosas estaban bien entre ellos, no era su plan estropearlo con su mierda sentimentalista.
Guardarse el amor que sentia por ella era su modo de protegerla. De el mismo.
Un hombre ingresó al pub y el polaco fue a atenderlo. El inglés se quedó de pie allí. Iluminado por la luz que entraba por la ventana. Suspirando. Con el anhelo impregnado por todo su ser.
Fran seguía recostada en el sofá. Escuchando la música proveniente de su recien adquirido tocadiscos moderno.
Francine casi lloro de alegría en cuanto había abierto su regalo de navidad. El inglés solo atinó a reír en cuanto vio su expresión. También había un par de vinilos con el.
Dark Side of the Moon y The Wall.
—Recordé que era tu banda favorita y Mathias me sugirió que te comprara esto. Yo iba a regalarte un millón de dólares pero...
Por supuesto que lo había abrazado mientras le daba las gracias. Después de aquel regalo cualquier cosa era menos a comparación pero ella le ofreció la caja con las manos aún temblorosas por la emoción. Una cámara instantánea Fujifilm de color azul.
La Polaroid que el inglés había tenido por muchos años sufrió un accidente hacía varios meses atrás y había dejado de funcionar. Miro el regalo y sonrió.
—Gracias Francine.
Francine. ¿Francine? ¡Francine!
La joven se sacudió. Arthur le miraba.
—Tierra llamando a rana, ¿te sientes bien?
—Si, tan solo, estaba recordando algo.
—Ok.—El la miro.—Por lo que veo, a menos que quieras ir en pijama, no se ve que tengas muchas ganas de ir al Pub.
—Claro que quisiera ir pero...
—No ha ido desde que pelee con el, ademas, Rómulo se encargó de hacerlo razonar.
Fran recordó el día en que Arthur había llegado con la cara echa un desastre. No estaba tan golpeado como ella pero el bastardo le había echo un corte con algún pedazo de vidrio en la mejilla. La cicatriz estaría allí por siempre
—Tú sabes que esa clase de personas tarde o temprano pierden el juicio, ¿qué tal si se le ocurre aparecerse?
—No va a pasar Francine y si así sucediera no podría si quiera ponerte un dedo encima, nadie lo permitiría y yo estaría allí para cuidar de ti... es decir, el pub entero estaría allí para cuidarte.
La francesa se puso de pie. Le sonrió y con un gesto de infinita ternura le retiró un mechón de pelo de la cara y acarició la cicatriz en su mejilla.
—Te ves cansado. Me habías dicho en la mañana que no pensabas quedarte en el Pub. Hice Lasaña. ¿Qué tal si comemos y vemos la cobertura que hará la BBC?
Arthur asintió.
—Y después podemos ver una película o escuchar música. Quiero sacarle todo el provecho a mi nuevo tocadiscos.
Y así lo hizo la francesa.
Después de haber comido y visto la cobertura, ambos estaban recostados sobre el tapete de la sala, iluminados por las luces del árbol de navidad y las velas aromáticas de la mesita de centro. El olor a canela y malvaviscos se combinaba con la colonia que Arthur siempre usaba. El tocadiscos emitía la música que recibía del celular de la francesa.
—¿En serio? ¿El Quinto Elemento?
—¡Claro! Recuerdo haberla visto de niña unas diez veces seguidas cuando mi abuela la rentó de Blockbuster. La escena que más me gusta es cuando Diva canta y Leelo lucha contra los mangalores.
Arthur río.
—Y yo que pensé que tú película favorita sería algo más ordinario.
—Lo se, soy impredecible. Aunque también hay otras dos que comparten esa posición. "El Profesional" y "La Bamba"
—¿La Bamba?
—Oh por Dios, voy a fingir que no dijiste eso. ¿No has visto esa película?
—Emm nope.
—¡Es la historia de Ritchie Valens! Pionero del Rock and Roll. Debería darte vergüenza el no saber de el.
—Ok, se quien es Ritchie Valens, solo que no he visto esa película. ¿Es buena?
—¡Es de las mejores películas que he visto! Y tiene un soundtrack increíble.
La francesa tomó su celular, buscó la banda sonora de la película y la reprodujo.
"Donna" se comenzó a escuchar.
Francine se puso de pie.
—Ven, está cancion merece un baile.
—Pero no se bailar.
—Descuida, la canción es tranquila, yo te enseñaré.
El inglés se levantó a regañadientes. La francesa colocó sus manos en su cintura y ella puso las en sus hombros.
—Solo da pasos cortos, como si balancearas tu peso de un pie a otro. Así como hago yo.
—¿Tú donde aprendiste a bailar?
—Mi abuela me enseñó. Aprendí cuando era niña.—La joven se aclaró la garganta.—Esa canción la compuso Ritchie para su novia.
—¿En serio?
—Si.
Siguieron bailando en silencio. Donna se terminó y Sleepwalker tomó su lugar.
La francesa miraba los ojos de inglés. Este no podía rehuir a su mirada aún cuando lo intentaba con todas sus fuerzas. Algunos segundos después sintió los labios de la joven sobre los suyos. Un beso casto y dulce que pronto pasó a ser un poco más apasionado.
Estaban abrazados cuando se separaron. Arthur colocó su frente en la de la mujer. Ahí estaba, su segunda oportunidad.
—Francine ¿quieres ser mi novia?
Las palabras salieron sin control, una propuesta propia de un adolescente más que de un hombre de casi 35 años.
Fran le miro. Y sonrió.
—Si. Si quiero.
Mi beta está dormida así que cualquier dedazo o falta de ortografía son enteramente mi culpa.
Este fic ya va a cumplir dos años y en verdad agradezco a quienes se toman el tiempo de leerme. No hay notas acerca de las canciones esta vez (la habría pero sería larga y ya es muy tarde para seguir escribiendo)
Gracias a Cobalto585 y a CecyZm por sus bonitos comentarios. Se les quiere. Y también un agradecimiento muy especial a DaniBerbin. Me encanto tu review y en efecto, "Los heroes seremos nosotros con nuestra voluntad" 3
Rey's theme es autoría de John Williams y Sleepwalk pertenece a Santo Johnny.
