Christian se encontraba parado en medio del escenario mientras sujetaba el perro y todos continuaban aplaudiendo. Christian se dirigió nuevamente al atril y levantó una mano ocasionando que todos hicieran silencio. Las luces se apagaron y solamente quedó una iluminándolo.

—Como pueden ver, el prototipo es capaz de analizar las facciones del rostro y detectar las emociones. Mediante su interfaz es capaz de reconocer a cualquier persona, literalmente dotar al objeto de una inteligencia similar a la de los humanos…

Christian continuaba hablando pero dejé de escucharlo en el instante en que alguien comenzó a acercarse a Christian lentamente por el escenario. Apenas y se podía ver quien era esa persona. Y no sé porque tuve un mal presentimiento. Todos mis pelos se pusieron de punta.

—Se acerca alguien por tu izquierda. —le dije muy bajo.

Christian no me podía contestar, pues continuaba dando una explicación, pero sabía que me estaba escuchando pues se me quedó mirando fijamente.

Entonces vi a la persona del escenario sacar algo del bolsillo y comenzar a levantar la mano hacia Christian.

— ¡Cuidado! —grité. — ¡Tiene un arma!

Y rápidamente vino el disparo que Christian evadió rápidamente agachándose detrás del atril. Las personas comenzaron a gritar mientras se levantaban y corrían desesperadamente fuera del salón. Y yo me quedé agachada allí en mi asiento sin poderme mover, congelada por el pánico. La persona llegó donde estaba Christian y se paró justo frente a él.

—Entrégalo por las buenas o las malas, tú decide. —le pidió mientras Christian sujetaba el perrito con ambas manos y el hombre le apuntaba a la cabeza.

Christian tenía el perrito sujeto con ambas manos por lo que no podía sacar su pistola.

—Espera, te lo daré, no cometas una estupidez. —le dijo mientras aún agachado con una mano le tendía el perro.

El hombre cogió el perro con una mano y le sonrió a Christian.

—Estúpido, de veras crees que te dejaré vivir después de que viste mi rostro…Christian. —le dijo mientras pegaba la pistola en la frente de Christian y lo empujaba con ella haciendo que Christian cayera al suelo apoyándose en las manos.

Todo pasaba frente a mí en cámara lenta. Y escuchar al hombre llamándolo por su verdadero nombre hizo que me pusiera más nerviosa de lo que ya estaba. Aquel hombre sabía quién era en realidad.

—La verdad, nos tardamos un poco en descubrirlo, pero comenzamos a sospechar cuando regresaron de New York…—yo solamente escuchaba aterrorizada.

Miré con horror hacia donde se encontraba Christian con las manos y rodillas apoyadas en el suelo y el cañón de la pistola apuntándole mientras el hombre se agachaba frente a él. Y ahora le ponía el cañón de la pistola debajo de la barbilla haciendo que el levantara la vista.

—…y escaparon de la explosión del auto, eso fue lo que nos hizo sospechar. —entonces en un rápido movimiento golpeó el rostro de Christian con la pistola.

Grité sin poderme mover de mi lugar, presa del pánico. El hombre miró en mi dirección y me sonrió perversamente. Sabía perfectamente lo que quería decir aquella sonrisa. En cuanto se deshiciera de Christian vendría a por mí.

Christian levantó el rostro mientras un poco de sangre corría por su frente. Podía ver la furia y el enfado en su mirada. ¿Por qué no hacía nada?

—…tuvimos que halar de unos cuantos hilos, pero al final descubrimos quien eras en realidad. —dijo volviendo a mirar a Christian, acercó su boca a su rostro y le habló muy bajo para que yo no pudiese escuchar.

Pero él no tenía ni idea de que yo podía escuchar perfectamente todo incluso a diez metros de distancia. —"…y cuando terminemos contigo voy a disfrutar con la perra de tu novia haciéndola gritar audiblemente." —le volvió a sonreír y Christian en ese momento comenzó a reír a carcajadas ganándose otro golpe esta vez por la boca. — ¡Levántate imbécil! —le gritó el hombre.

Christian levantó el rostro nuevamente mientras escupía la sangre y lo miraba fijamente. La furia corriendo por su rostro.

— ¿Qué se siente sentirse tan indefenso en estos momentos? —le preguntó con el rostro pegado al de Christian, la pistola apuntando a su cabeza.

Christian le sonrió levemente.

—Se siente poderoso. —contestó mientras le daba un fuerte cabezazo al hombre y en una rápida maniobra lo desarmaba lanzando la pistola lejos de él y después inmovilizándolo por detrás. —Te dije que no cometieras una estupidez. —le dijo mientras lo apretaba.

Entonces vi que venía otro hombre por detrás de Christian.

— ¡Detrás de ti! —le grité mientras Christian se giraba y desarmaba al otro también pero sin soltar al que tenía el perro.

Me sentía impotente en ese momento mientras lo veía defendiéndose y sin ser capaz de poder hacer nada para ayudarlo. Christian le quitó el perro al hombre y después comenzó a pelear con ambos sin soltar el perro. Le estaba resultando algo difícil defenderse con una mano ocupada. Entonces en un momento se me quedó mirando fijamente.

— ¡Ana! —fue lo único que me dijo antes de lanzar el perro en mi dirección.

Traté de cogerlo pero me fue imposible y el perro cayó a mis pies destrozándose.

— ¡Ve por el perro!—gritó uno de los hombres.

— ¡Ana corre! —me gritó Christian.

Y fue todo lo que necesité. Recogí el perro del suelo y salí corriendo a toda velocidad en busca de la salida.

Corría desesperadamente por toda la estancia. Afuera todas las luces estaban apagadas, solo alguna que otra luz de emergencia estaba encendida.

Tenía que salir de aquí rápidamente, así que fui rumbo al parqueo subterráneo en busca del auto. Sentí que alguien venía detrás de mí, pero no quería mirar pues sabía que sería uno de los hombres que me estaba persiguiendo. Llegué al parqueo subterráneo y pude divisar a lo lejos el auto de Christian.

¡Mierda! No tengo la llave.

Podía sentir los pasos a lo lejos acercándose cada vez más donde yo estaba. Me escondí detrás del auto mientras aferraba con fuerza el perro destrozado en mis manos.

Los pasos se sintieron más cerca.

— ¡Puedo ver donde estas perra! —gritaba mientras se acercaba al auto.

Salí de mi escondite y me enfrenté a él.

— ¿Dame el perro? —me dijo mientras me apuntaba con el arma.

—De acuerdo. —le dije mientras le lanzaba el perro fuertemente.

Y aproveché ese momento para salir corriendo en otra dirección, porque sabía que si me quedaba allí, no iba a contar la historia. Entonces sentí un disparo pasar por mi lado lo que hizo que gritara y tapara mis oídos. Dejé de correr, tenía miedo de que si continuaba esta vez iba a acertar.

El hombre se quedó mirando al perro y después me miró a mí.

— ¿Te crees que soy estúpido? ¿Dónde estás? —preguntó mientras me apuntaba de lejos con el arma y soltaba el perro al suelo.

—No sé de qué hablas. —le dije mientras retrocedía con las manos en alto.

— ¿Dónde lo escondiste? —preguntó mientras se acercaba a mí.

—No te diré nada. —le dije mientras topaba contra una pared.

Ahora si no tenía escapatoria.

Creo que la adrenalina del momento era la que me hacía sentir eufórica. El hombre continuó caminando hasta llegar frente a mí y ponerme el frío cañón del arma en la frente.

— ¿Dónde escondiste el procesador? —me preguntaba mientras apretaba el arma contra mi cabeza.

— ¡Jódete! —así que sin pensarlo dos veces levanté mi pierna y lo golpee entre las suyas.

El hombre se dobló y cayó al suelo y aproveché ese momento para salir corriendo. Tenía que salir del parqueo y llegar afuera. Había sido una mala idea bajar aquí. Vi a lo lejos la salida del parqueo subterráneo. Ya estaba casi cerca.

Entonces sentí una mano que me agarraba por detrás y me tiraba al suelo haciendo que me golpeara el hombro.

— ¡Auch! —exclamé desde el suelo mientras me agarraba el hombro derecho adolorido.

— ¡Maldita! —dijo mientras me sujetaba en el suelo. —Vas a pagar. —me decía mientras me apuntaba con el arma. —No vas a hablar eh, parece entonces que tendré que buscarlo yo mismo. —dijo mientras comenzaba a cachearme buscando el prototipo.

Intenté apartarlo con las piernas pero él era más fuerte que yo. Entonces recordé lo que había cogido esta mañana antes que Christian despertara y que traía en el bolsillo derecho delantero de los jeans. Y decidí usarlo antes de que él lo encontrara. Lo saqué rápidamente con el brazo derecho y en un rápido movimiento y aguantando el dolor del hombro se lo inyecté en uno de los brazos.

— ¡Desgraciada! —lo último que vi fue la parte de atrás del arma golpeándome en la cabeza.

Después de eso todo mi mundo se puso en blanco y poco a poco se fue desvaneciendo hasta hacerme caer en una oscuridad total.