Capítulo 21...
(*-*-*-*)
"Desenterrando el Pasado Season 2"
(Chapter 21)
– Prometo que, nos veremos de nuevo. – susurra el shinobi encapuchado. Kiyoshi asiente y corre hacia Koishi. Éste, al verlo, lo abrazó fuertemente. El encapuchado mira cómo se acercan donde está la fogata y puede distinguir a Asumi inconsciente. – Nuestros caminos volverán a reencontrarse. Y cuando eso suceda, sabrán la verdad de quienes somos. – dice para sí mismo, antes de desaparecer al compás del viento.
Asumi descansa sobre las piernas de Kimi, quien preocupada le mueve los flequillos del cabello hacia atrás. Repentinamente notó la marca que ella posee en el cuello. – Esa marca es idéntica a la que vi ilustrada en ese libro. La marca maldita del Cielo. – se dice a sí misma. Mira a Árika con preocupación, mientras la rubia le devuelve la mirada.
Koishi se acercó con su hermano hacia Asumi. – Mi-san, mira… es Kiyoshi. – le susurra Árika a la Hatake.
Al mencionarle el nombre de Kiyoshi Asumi despertó y le vio degustando una paleta. Lo abrazó fuerte, sin deseos de soltarlo. Se separó un poco de él, lo suficiente para verlo mejor. – ¿Dónde conseguiste ese dulce? – pregunta, voz ahogada. – ¿Con quién estuviste? – él señala el lugar donde anteriormente estaba el encapuchado. – Ahí no hay nadie. – entrecierra sus ojos, estudiando aquel lugar con la vista. – No lo vuelvas a hacer, ¿Oíste? No quiero que te alejes de Koishi o de mí por nada. – el niño baja la cabeza, triste. – Es la segunda vez que pasa, por favor no hables con extraños.
– Ella no es una extraña. – susurra Kiyoshi, mirando el suelo.
– ¿Ella? – toma al pequeño por los hombros. – ¿Con quién estuviste? – asustado por la reacción de ella, cierra sus ojos. – ¿Cómo es ella? ¿Quién es?
– Ella es…– empieza a confesar, pero se detiene, ya que ella nunca le dijo su nombre.
– ¡Asumi, lo estás asustando! – interviene Kimi, alejando al pequeño de la aludida y lo abraza, más ve los ojos de Asumi horrorizados. – Cálmate, Asumi. Alterada no resolverás nada.
El ninja encapuchado atraviesa el corredor del departamento hasta llegar a la puerta enumerada con el 29. Saca las llaves del bolsillo de su pantalón y entra la llave en la cerradura, pero antes de girar la manilla la encargada llamó su atención.
– Señor Hanazawa, su esposa acaba de salir y me pidió de favor que le dijera que la espere. – dijo la encargada del departamento.
– Gracias, y buenas noches. – contesta e ingresa a la habitación.
– ¡Buenas noches! – responde ella y se retira a atender el puesto.
Él espira, cansado. Se aproxima a la ventana y corre las cortinas para que la luz de la luna ingrese e ilumine. Al sentir una presencia a su espalda, sonríe. – Prometiste no acercarte más de lo debido. – murmura, calmamente.
Ella toma asiento sobre la cama. – Me dejé llevar por mis impulsos. – respuesta inconforme para él.
– Espero, no vuelva a ocurrir. – voz seria y firme.
– No puedo prometer que no volverá a pasar. – se deja caer por completo en la cómoda cama.
– Sabes el peligro que ahora mismo corremos, como para que involucres a unos niños. – él suspira por segunda vez.
– No son unos niños. Ya no. – cierra sus ojos.
– Nos quedaremos unos días más, pero vigilaré todos tus pasos, ¿Correcto? – cierra las cortinas.
– Haz lo que quieras. Pero…– abre sus ojos y le mira con seriedad. – En caso de pasarles algo, no me abstendré de ayudar. No permitiré que salgan heridos. – él se recuesta al lado de ella. – ¿Recuerdas cuando logramos escapar? – él asiente. – Tenía miedo de morir, pero ahora que estás a mi lado me siento fuerte y que puedo hacer hasta lo imposible.
El ninja empieza a reír. – También siento lo mismo. – contesta con toda certeza y seguridad. Posa una mano sobre la mejilla de ella. – ¿Qué haría sin ti?
La mirada de ella entristeció. Esconde el rostro entre el hueco y el cuello del shinobi. – Si él intenta controlarnos de nuevo…
– No va a pasar y si ocurre saldremos adelante, lucharemos contra su prisión. – responde, voz segura.
Ella se desabrocha la chaqueta hasta el pecho y posiciona su mano sobre el pecho de él. Luego le retira la capucha a él y le quita la camisa. Ambos tocan el pecho del otro. – Si estamos juntos…
– Podremos luchar contra él. – apoyan sus cabezas contra la del otro y cierran los ojos. El pecho de él brilla de un color rojo, debido a un cristal insertado. A ella, también, su cristal implantado brilla. Ambos cristales en sus pechos brillan al mismo tiempo.
Abren los ojos. – ¿Cómo llegamos a esto? ¿Por qué tenemos estos cristales? – ella interroga, temblando de miedo. – No lo quiero tener. Así me veo…– no termina de hablar, ya que él la atrae hacia él para abrazarla fuerte.
– Tranquila, habrá una manera de deshacernos de esto. – susurra.
Al poco rato de quedarse dormidos, los cristales implantados en sus respectivos pechos empiezan a brillar de nuevo, esta vez con insistencia. Ambos ninjas fruncen el entrecejo, más el sudor corren por sus cuellos, pechos. Ella ahogó un gemido. – Me duele. – la queja de ella, provocó que él despertara dificultosamente.
– Resiste. – le aconseja, voz ahogada.
– No puedo. Quema…– él nota que las venas y arterias que están alrededor del cristal del pecho de ella sobresalen, señal de estar activándose.
– Estar aquí es peligroso. Debemos salir de la Hoja cuanto antes. – le dice, pero ella niega insistentemente con la cabeza. – Nuestros sellos no durarán más tiempo. Sé que deseas quedarte, pero…
– Lo sé. – ella grita. – No quiero alejarme de ellos. – susurra, voz agitada. – Por favor.
Entiende su sentir, pero la situación empeorará si permanecen en la Aldea de la Hoja, e involucrarían a los aldeanos, arrastrándolos a la perdición. No pueden quedarse, no mientras son activados sus cristales.
– Déjame seguir viendo a Kiyoshi, por favor. – le pide poniendo toda la seguridad en dicha petición, ella no desea alejarse de ese niño tan hermoso que le robó el corazón.
Él lo piensa durante unos segundos. Espira. – Está bien. – responde, inseguro de si dejarla compartir más tiempo con el pequeño Hatake es buena idea. – Prométeme que si sigues viéndolo serás cuidadosa. – ella asiente. – Haré otro jutsu para revertir el efecto del cristal. No es mucho, aunque por ahora podremos estar tranquilos al menos por unos días.
A la mañana siguiente…
Asumi viste un short negro y el chaleco jounin sobre una camisa de rejilla negra. Lleva puesto, además, unas botas negras hasta la rodilla y guantes de hierro sin dedos color negro. Más su protector ninja en la frente, el porta shuriken y un vendaje en la pierna derecha. Lleva el pelo en una coleta alta.
Ella camina por las calles de la aldea. A su lado, Kiyoshi agarrando el chaleco de la jounin en una esquina. Koishi detrás de ellos, contando los pasos y midiendo la distancia entre ellos; observa con determinación la mano libre de Asumi, deseoso de tocarla como antes lo hacía, ella siempre lo tomaba de la mano y ahora, es muy raro que tome de la mano siquiera a Kiyoshi, quizás cuando lo hace es porque se siente culpable.
Un par de ninjas aterrizaron frente a ella. – Disculpe, pero esto es para usted. – informa uno de ellos, mientras le pasa un pergamino.
Asumi lo toma. Mirada neutral. – Gracias. – echa un vistazo al pergamino por fuera, más lo abre. – Es una misión al País de las Olas. – susurra. Mira a sus hermanos. – Tres días fuera de la aldea…– Kiyoshi intensifica el agarre que sostiene con el chaleco y eso ella lo notó.
– Si tienes que ir, adelante. – dice Koishi, desviando la mirada. – No me importa si te vas o no. Pero es incómodo escuchar a Kiyoshi llorar cada vez que te vas por varios días. – contempla a su pequeño hermano. – Es una molestia soportar tu ausencia.
Ella cierra sus ojos, sonriente. – Ya veo… Es lo que piensas. – murmura, y los entreabre, mirando al chico de intensos ojos negros.
Koishi ruboriza sin darse cuenta. – ¡No! ¡Por supuesto que no es lo que pienso! – ella levanta una ceja interrogante. – Bueno, sí es lo que pienso, pero eso no es lo que iba a decir… así que…– gruñó.
– Es el mismo de siempre. – se dice a sí misma. – Me alegro que no haya cambiado. – de cara a los ninjas frente a ella. – Díganle a la Hokage que…– observa de reojo a sus hermanos – por esta ocasión, paso. Me tomaré el resto del día libre.
– Pero…– intentó replicar el otro shinobi, sin embargo los ojos de Asumi mostraron el color rojo del sharingan. Ambos ninjas hacen una reverencia. – Con su permiso, nos retiramos. – desaparecen en una cortina de humo.
Koishi sonríe. Más, desliza sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. – ¿Qué harás? Fue una orden de la Hokage. – pregunta él, como sin darle mucha importancia a la pregunta.
– Lidiaré con ella después. – responde ella, alborotando el cabello de Koishi, haciéndole reír. Toma de la mano a Kiyoshi y continúan su camino. – ¿Qué les parece si almorzamos? – interroga, observando los diversos establecimientos a medida que pasan frente a ellos.
– Buena idea. – contesta Koishi. – Además, no llegamos a comer nada esta mañana ya que a "alguien" no se le da bien la cocina. – énfasis en alguien mientras observa de reojo a la mayor.
Una venita aparece en la frente de ella. – Deja de quejarte, ¿Quieres? Sabes que no soy buena cocinando, pero no tienes que restregármelo en la cara cada vez que puedes. – refunfuña.
Una sádica sonrisa aparece en el rostro de Koishi, quien se gira para quedar frente a ella y apunta a Asumi con el dedo índice de su mano derecha – Al menos lo reconoces… Onee-san. Por poco y quemas la cocina. – ella ruboriza, más levanta el puño en el aire. – Me alegra saber que…– Asumi presta atención a sus palabras. – mi hermana es la misma de siempre. Gracias por no cambiar.
Ella sonríe. – Sí he cambiado, Koishi. – él se sorprende ante aquellas palabras. – Sólo intento volver a ser quien era. No pretendo cambiar todo lo que ha pasado, puesto no es posible, pero si me dan la oportunidad de ser como su madre yo…
– Siempre lo has sido. A pesar de no comprender tus sentimientos, hemos estado a tu lado. – contesta él, sonriendo. – Eres nuestra madre. Tanto para Kiyoshi como para mí tú has sido más que una madre o un padre, nos has cuidado como has podido y eso te lo agradezco. Lamento darte tantos problemas y…
– Ustedes nunca han sido ningún problema para mí, quiero que lo entiendas, que ambos lo entiendan. – ella se aproxima a él y posa su mano sobre la cabeza de él. – Puede que a veces pierda el control. – ríe tan sólo pensarlo. – Pero… quiero que si alguna vez eso pasa tienes permiso de abofetearme.
– Eso será todo un placer. – contesta Koishi, riendo y huyendo de ella.
– Eso quisieras, pero si intentas abofetearme estando consciente de lo que haga te patearé el trasero, Koishi-kun. – vocifera y el aludido le sacó la lengua como respuesta.
No muy lejos de allí, Ishida contempla la divertida escena de los Hatake. – Olvidar la venganza es lo mejor, Asumi. – mira hacia el cielo, sonríe.
Koishi corre rápidamente, intentado huir de Asumi. Por un instante, echó un vistazo hacia atrás y cuando volvió la cabeza al frente chocó contra alguien lo suficientemente resistente como para tirarlo al suelo. – ¡Auch! Eso dolió. – se soba la nariz, lugar donde sufrió el mayor impacto. Luego, ve una mano enguantada. Mismos guantes de hierro que Asumi usa para el combate o entrenar. Toma esa mano y la persona impulsa el cuerpo del chico hacia él y lo ayuda a levantarse del suelo. – Arigato! – mira al shinobi que le tendió la mano.
El shinobi que lo ayudó viste con la ropa ninja representativa de Konoha, pero no usa la banda ninja, más bien lleva una capucha negra sobre la cabeza que le cubre el cabello como también le permite esconder sus ojos, debido a la sombra que proporciona la capucha. Lo que más le llamó la atención es que él lleva una máscara que oculta la mitad inferior de su rostro.
– Ten más cuidado. Es peligroso correr sin ver hacia donde vas. – Voz firme y seria, a la vez serena y despreocupada, pero sobre todo amable. – Nos vemos, Koishi. – desaparece en una cortina de humo, dejando a un Koishi desconcertado.
– ¿Có-cómo sabe mi nombre? – se pregunta.
Asumi le da una palmada en la espalda. – Pareces haber visto un fantasma. – voz divertida.
– ¡Mi-san! – llama Árika, aproximándose a ellos sumamente contenta, conjuntamente con Kimi. – ¡Koishi! – rodea el cuello del aludido con sus brazos e intensifica el enlace.
– ¡Me estás ahogando! – exclama Koishi, con dificultad.
Asumi y Kimi ríen. En verdad su amiga necesita ir donde un psicólogo, no es normal tener esa energía y entusiasmo que es bastante contagioso. No obstante, entienden que ella lo hace con el único propósito de cumplir aquella promesa que alguna vez se hizo a sí misma: Ver felices a sus amigos.
Los cinco retomaron su caminar, esta vez almorzarían todos juntos. Las personas a su alrededor transitan monótonas sin notar el desequilibrio existente en el ambiente, en el aire. Kiyoshi va tomado de la mano de Asumi, de pronto ve de espaldas la figura de una mujer a lo lejos. Esa mujer se aleja a cada instante, su cabello lila hasta las caderas se mueven al compás del viento. Ella se detuvo y giró su cuerpo de frente hacia Kiyoshi, reconociéndola él al momento. Ella le regaló una tierna sonrisa al pequeño y le extendió su mano derecha. Feliz, Kiyoshi se soltó de la mano de Asumi y corrió hacia ella.
Al sentir el deslizamiento de la mano de su hermanito, Asumi viró la cabeza hacia atrás, buscando al pequeño sin tener éxito; pasa a través de los aldeanos intentando hallarlo cuanto antes. Gira la cabeza como también su cuerpo por todos lados y nada. – Kiyoshi…– avanza más… y allí, a una cuadra más lo ve de espaldas. Espira, aliviada. Pero… él no está solo, sino acompañado de una ¿mujer? Parpadea para distinguir mejor la figura de ella. No obstante, ve el hermoso y largo cabello color lila hasta las caderas y el flequillo cubriendo sus ojos.
Esa mujer mueve la cabeza hacia Asumi y le sonríe. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la Hatake e hizo que retrocediera un par de pasos. – ¿Quién es esta mujer? – se pregunta. Valientemente, corre hacia Kiyoshi. La misteriosa mujer, toma al niño entre sus brazos y se empieza a alejar. – ¡Espera! – vocifera Asumi. – ¡Maldición! ¡Es rápida! – salta y aterriza frente a ella.
Cuando creyó haber aterrizado ante ella, la mujer reaparece detrás de Asumi. – ¿cómo…? – se gira y la mujer ya no está. La busca con la mirada y a unos cuantos pasos lejos de ella, la ve sonreírle. Es una sonrisa transmitente de calidez y paz.
Esa mujer abraza con amor al pequeño Hatake y lo arrulla. Le susurra unas palabras, después lo baja al suelo y se arrodilla. Deposita un tierno beso en la mejilla de él. Se pone de pie. Ambas intercambian miradas, sin embargo, Asumi no distingue el color de los ojos de ella. Kiyoshi regresa con una paleta en sus manos y sonriendo abraza a Asumi. Parpadea y el shinobi encapuchado aparece al lado de la mujer y ambos se toman de la mano.
Las miradas de Asumi hacia ellos persisten. De un momento a otro, la mujer deja de sonreír y levanta la cabeza, mostrándole a Asumi el color de sus ojos, más desapareció junto al encapuchado cuando un aldeano pasó frente a ellos. El desconcierto de Asumi es notable, pareciera haber visto un fantasma. Sus ojos horrorizados y el labio inferior temblando a más no poder mientras se aferra a Kiyoshi.
Sin previo aviso recibe una fuerte bofetada en la mejilla izquierda. Cuando reacciona y mira al agresor, su mirada confundida ante la mano enrojecida de Árika, quien la había golpeado cuando ella se perdió entre sus pensamientos. – Kiyoshi… Koishi… – lo único que ella susurra al reaccionar. Baja la cabeza, melancólica y desconcertada. – ¿Qué está pasando? Ella… ella…
– No es una extraña. – termina de decir Kiyoshi. Asumi abre los ojos como plato. – Ella me regala dulces.
Asumi se deja caer de rodillas, derrotada. – Escucha cariño, cuando te alejaste por primera vez de tu hermano y te encontré frente a la dulcería, ¿Cómo llegaste ahí? – le pregunta, sonando lo más tranquila y comprensible.
Flash Back
Koishi y Yukari juegan tiro al blanco, que consiste en lanzar dardos y explotar con éstos los globos, mientras el pequeño Kiyoshi sostiene un globo entre sus pequeñas manitas. Cuando Koishi lanza el dardo y uno de los globos explota, Kiyoshi suelta su globo a causa del susto. Corre detrás de él para atraparlo y sin darse cuenta se había alejado bastante de su hermano y ahora estaba perdido.
Lágrimas brotando de sus ojos, así camina hasta hallar el camino correcto, objetivo que le estaba resultando difícil. Cuando desiste y se deja caer al suelo, empieza a llorar.
Justo en ese momento, una hermosa mujer de largo y sedoso cabello lila le extiende un pañuelo color violeta. Le regala una maternal sonrisa. – ¿Estás perdido? – pregunta, a lo que él afirma.
Ella se arrodilla frente a él. Limpia cuidadosamente las sonrosadas mejillas del pequeño. – ¿Sabes? Conozco un excelente puesto de Dangos. ¿Te gustan los Dangos? – él se queda pensativo. Ella ríe alegre. – Eso es un "No sé de qué hablas", ¿Cierto? – Kiyoshi ríe. – Entonces, esta será la primera vez que los comerás. ¿Sabes qué? – él presta suma atención. – Son deliciosos.
Ella toma la mano del niño y ambos se encaminan al establecimiento. Cuando arriban, ella solicita una docena de Dangos. Ya servido sobre la mesa, él permanece dudativo, mirando aquel dulce. – Di… Ah. – ella le indica que abra la boca, entretanto sostiene una bolita dulce con un tenedor.
Kiyoshi le hace caso y permite que el dulce entre a su boca. Las mejillas ruborizaron al parecerle rico el sabor de ese fascinante aperitivo. Pero lo que más le alegró es saber que ella actúa el papel de una buena madre y eso le hace realmente feliz. – Tengo un hijo de tu misma edad. Ha de ser un niño tierno como lo eres. – mira con intensidad a Kiyoshi. – Me gustaría poder disfrutar con él todo el tiempo que me sea posible, pero ahora no puedo. Me arrebataron la felicidad de estar con ellos. Detuvieron el tiempo de mi esposo y el mío y ya no podemos permanecer junto a ellos. – cierra las manos en puños. Ver al niño comer la tranquilizó. – ¿Y dónde están tus padres?
– No tengo papás. – responde tranquilamente. – Y mi mamá…– la mujer espera con ansias conocer la contestación. – está en una misión.
Extrañada por dicha contestación de que sus padres fallecieron y su madre en una misión le hace dudar. – ¿Tus padres fallecieron? – él asiente. – Pero dices que tu madre está en una misión.
– Mi onee-sama es mi okāsan. – responde con naturalidad.
– Ya veo. – voz entristecida. – Debe de ser una buena madre para tener un hermoso niño. – le acaricia la pequeña y suave mejilla. Él afirma. – ¿Puedo pedirte un favor? – Kiyoshi le mira, minuciosamente. – ¿Puedes decirme mamá? – él asiente, contento.
La alegría de ella es notoria, por lo que al terminar de degustar los Dangos, salieron del establecimiento. Ella tuvo la idea de ir por unos helados dobles. – ¿Me esperas aquí? Iré por unos helados, luego te llevaré con tu madre. – él asiente.
Se recarga contra la pared. Mientras esperaba, unos niños que le doblaban la edad se acercaron a él y empezaron a intimidarlo. Kiyoshi parece asustado. Más levanta la mirada y su alegría es notoria al ver a Asumi frente a él, detrás de esos abusivos. – ¡Okāsan! – exclama. Los abusivos se retiran corriendo.
Asumi le extiende su mano derecha. – Hola. – susurra como si nada. Agotada de tanto correr. – No debiste alejarte de tu hermano como lo hiciste. – el pequeño baja la cabeza avergonzado. Luego, señala con el dedo índice a la mujer que le había brindado Dangos. Ella le sonríe, entretanto sostiene dos helados, uno en cada mano y desaparece, dejando en su lugar los dos helados que habían caído al suelo.
Sorprendida, Asumi ve el puesto de Dangos y abre los ojos como plato. – Entiendo. – sólo quería comer unos dulces y por ello se alejó de Koishi, era su deducción, cual errada. – Vamos. – Kiyoshi toma su mano buscando con la mirada aquella hermosa mujer. Asumi toma impulso y lo carga.
Él rodea el cuello de la chica y cierra sus ojos. – Arigato! – piensa para sí mismo.
Flash Back
– Por Dios, no puede ser. – susurra Asumi abrazando fuertemente al niño. – Ella… ¿Cómo es posible? – deposita un casto beso entre las hebras del plateado cabello de él.
– Mi-san, ¿Estás bien? – interroga Árika, acercándose a ella, pero Kimi le impidió que se aproximara, no es momento de intervenir.
La Hatake apoya la barbilla en el hombro izquierdo del niño. – Kiyoshi… ¿Cómo es ella? – interroga, intentando ahogar un grito desesperado.
– Amable… hermosa… atenta…– enumera, pensativo.
Los ojos atemorizados de Asumi fueron evidentes ante sus amigas. – ¿Qué te ha dicho?
– Vino a recuperar lo que le arrebataron. – responde él, inocentemente.
Asumi cierra las manos en puños. – ¡Maldición! ¿Qué debo hacer? Siento como si mis fuerzas me abandonaran. – mira con recelo el lugar donde por última vez vio a los ninjas desconocidos. – Ella está…– la mirada de esa mujer invadió su mente. –…muerta. La vi morir esa noche. ¡Está muerta…MUERTA!
Espero que los tres capítulos les hayan agradado más que a mí. Cuídense mucho, eh!
Ja ne!
