Capítulo 20 Correr o morir
Chimuelo gruño molesto e intento dar un sutil manotazo a la irritante bola roja que se interponía en cada plan de acción. Estaba arto de esconderse de haber ido de frente ya estaría en el puerto en espera de Hiccup; pero en lugar de eso se la pasaba escondiéndose y evadiendo a cuanto guardia se topaba.
—Esto es nefasto yo…
—Tu estarías muerto por imbécil— le contesto la bola roja destellando en coraje. A diferencia de lo que pensó el amigo, subordinado o pariente, poseía una voz fuerte, imponente y juvenil. —Eres un testarudo, no vez que mas tardarías en derribar a unos cuantos que en que tuvieras a todo el regimiento apuntándote.
—Yo puedo con…
—Con una mier…. Escúchame, porque parece que tu lo único que sabes hacer es pelear. ¿No has aprendido nada de Hiccup? Piensa antes de lanzarte solo a pelear, mide, anticipa. ¿Qué pasaría si llegando al punto de reunión estuvieran esperándolo?
—Ellos no podrían saber…
—Los estarías guiando directamente hacia Hiccup y el Garld.
Chimuelo apretó las manos en puños aceptando que tenía razón. Ya sin reclamos recorriendo un buen tramo antes de que la esfera roja decidiera que tomarían un descanso.
—Aun puedo continuar.
—No se trata de si puedes o no continuar, es mejor dormir ahora para tomar ventaja por la madrugada.
Chimuelo acepto a regañadientes, en su cabeza solo cabía un solo pensamientos, Hiccup. Su jinete estaba lejos a merced de los peligros y aunque estaba seguro de que su antepasado no permitiría que lastimaran a su pareja eso no menguaba su preocupación. Se habían visto en la necesidad de separarse cuando Drago dio la orden de cazarlos. Apenas habían tenido tiempo, más bien fue Hiccup el que con su destreza e ingenio logro quitarle el Garld a Drago antes de salir huyendo. Se habían arriesgado demasiado, pero es que no encontraron otra alternativa. Sin que Drago se diera cuenta el Garld le concedía ventaja a sus negociaciones, la magia de aquel medallón le estaba conduciendo a una victoria segura y a ellos los condenaba a la extinción.
Ahora tenían no solo al ejército de ese mal nacido cazándolos sino también gran parte de la arma porque se les había acusado de alta traición a la corona. ¡¿Cual traición?! Ellos ni siquiera pertenecían a ese lugar.
—Duérmete de una vez. —Exigió el espíritu rojo. —No hagas a que te noquee.
—Quiero ver que lo intentes.
—Eres un engreído y petulante, nunca sabré que es lo que ve Hiccup en ti. Si tanto solo él hubiera escogido a…
—¿A quién? No existe, ni existirá nadie que lo ame más de lo que yo lo amo.
—El amor no es suficiente.
Chimuelo levanto una ceja dudoso y sonrió socarrón, esa cosa no sabía nada del amor. La esfera centello molesto, al parecer había leído los pensamientos de pelinegro.
—Eres un idiota. El amor es incluso a veces un lastre, te hunde, te ahoga. Llega un momento en que tienes que decidir entre hacer lo correcto, tomar tu puesto como líder o aferrarte a tu amor. ¿Qué pasaría si para salvar a todos los dragones tuvieras que abandonar Berck? Hiccup no podría seguirte dejando a su pueblo desamparado y tú no podrías quedarte.
—Eso no pasara, yo… —Declaro rotundo y con voz firme
—Es solo un supuesto. Pero he ahí tu respuesta. Te niegas a creer que exista la posibilidad. Además, aun no han anunciado su relación. ¿Y si los desdeñan? ¿Qué tal si no aceptan que Hiccup este contigo?
—Destrozare a cualquiera que se interponga.
—¿Y crees que Hiccup estará bien con eso?
—A veces para demostrar amor debes callarlo sin importar cuánto te duela o cuanto lastime a quien amas.
—Tu, tu estuviste en ese predicamento ¿verdad?
La esfera se opaco su brillo hasta casi apagarse, luego sin más se alejo del dragón devenido en humano.
—Duérmete de una vez. —Dijo dando por terminada la conversación.
—Contéstame una última pregunta. Ese ser al que amaste y dejaste, ¿también te amaba?
—Sí, me amaba incluso más de lo yo llegue a pensar. Lo herí tanto que no sé si merezca verlo de frente aun después de la muerte.
—Yo creo que si ese sentimiento era tan grande estará más que feliz de verte, porque a pesar del pasado no puedes olvidar a quien le entregaste tu corazón. Con respecto a Hiccup y a mí, no importa si el mundo entero se opone, se que él encontrara una solución, siempre tendré la seguridad y certeza de que su brillante cabeza nos dará al menos una alternativa.
—Duérmete.
Esta vez Chimuelo asintió sin queja, esperaba que su historia no se viera manchada por ningún sentimiento negativo, que Berck aceptara su amor para no tener que abandonar todo por lo que Hiccup había luchado y logrado. Además se prometió que sin importar si existían o no le rezaría a los dioses para que ese ser de luz roja encontrara a el valor para buscar a amor.
Una fuerte explosión le hizo ponerse en pie, sus ojos verde tóxicos buscaban con desesperación a su guía sin hallarlo. Se quedado tan profundamente dormido y ahora se encontraba desubicado y solo. ¿Qué había pasado?
La esfera roja entro por la ventana a toda prisa, paso por su lado y sin necesidad de indicaciones corrió detrás de él.
—Están quemando todo. Ya no toman prisioneros, solo matan a quien se les atraviesa. —Informo a las carreras la entidad luminosa.
—¿Aun estamos muy lejos del puerto? —cuestiono Chimuelo sintiendo su corazón dejar de latirle porque las detonaciones más poderosas provenían de la dirección por donde Hiccup tendría que pasar.
—No, nos tomara un par de horas llegar.
Chimuelo asintió y comenzó a correr, pronto los estallidos se escuchaban a su espalda y él no tenía intenciones de voltear a ver qué tan cerca se encontraba del infierno. Tanta sangre y odio solo por una estúpida corona. El reino entero se perdería antes de ver llegar un nuevo dirigente.
—Agáchate. —Escucho el grito y sintió el golpe en su espalda que lo derribo en el segundo exacto en que sobre su cabeza paso silbando una bala que exploto apenas toco el edificio.
Los escombros salieron disparados en diferentes direcciones y el fuego no tardo en consumir la construcción. Chimuelo meneo la cabeza azorado e intentando recuperarse para levantarse y volver a correr.
[…]
Hiccup sentía la sangre bombeando a un ritmo acelerado, su corazón le palpitaba como si zumbara, sus pies se sentían pesados y su respiración errática le causaba dolor al inhalar. Dio un trastabillo y estuvo a punto de caer debido al estruendo que provoco un bala al impactar contra una de las contracciones cercanas, con dificultad logro mantener el equilibrio y continuar su frenética carrera.
La esfera blanca le esperaba unos metros más al frente una vez estuvo seguro que el castaño lo ubico ingreso por un recoveco de la calle. Hiccup no dudo en entrar al callejón por donde se había perdido el ancestro luminoso de Chimuelo. Apenas entrar sintió un leve golpe en el costado que lo derribo contra la pared. El entrenador de Dragones dio un jadeo de dolor y afilo la mirada dispuesto a reclamar pero al ver a su benefactor esconder su brillo dentro de un barril guardo silencio.
Mas estallidos le azoraron los sentidos, aun así logro captar los pasos de varios hombres frente al callejón, se escucharon las voces que entre ellas se reprochaban la pérdida del prisionero para luego pasar de largo.
Hiccup dio un suspiro aliviado, se había librado por muy poco. Con pesar abrazo sus piernas, esto estaba muy mal. ¿Cómo habían llegado a esa situación? ¿Por qué habían terminado en medio de esa guerra? Ellos no tenían motivos para participar en esa afrenta por el poder y sin embargo así terminaron.
El mundo se estaba desmoronando, Inglaterra se desintegraba por la repentina muerte de su rey y el deseo de poder de los allegados. La corona se disputaba implicando inocentes y aunque en el cuello de Hiccup pendía el Garld de nada le serbia si perdía a su mitad. Sin su Elska prefería no ver llegar la luz de otro día.
—Debes mantener la calma. Mi hijo no morirá tan fácilmente y te necesita. — murmuro la luz plateada. El ancestro floto alejándose lentamente.
Hiccup asintió dándole la razón y se coloco en pie listo para continuar tenía que reunirse con Chimuelo lo más pronto posible, solo esperaba que el subordinado, amigo o pariente rojo sea tan buen y competente como su acompañante plateado.
—No debes desconfiar, el guía de tu pareja lo protegerá a toda costa.
Hiccup dio un suspiro, la esfera plateada comenzó a moverse con mayor rapidez e Hiccup la imito. Los gritos atacaban sus tímpanos con dolorosa impotencia, las llamas crecían a su derredor devorando el pueblo completo y las tropas arrestaban a cuanto hombre estuviera en posición de ser útil en batalla. El vikingo estaba a unas horas del puerto y esperaba poder llegar antes del amanecer.
Hiccup percibió justo a tiempo la presencia detrás de él antes de ser atravesado con una espada logrando esquivarla solo por milímetros. El castaño miro sus manos desnudas, si al menos tuviera sus armas no sería problema enfrentarse a cuanto enemigo le surgiera al paso pero eso también implicaba que su vestimenta le delatara y atrajera mas atención.
—Muy bien niño bonito, tu vienes conmigo. —Declaro el hombre sonriendo de oreja a oreja.
—¡Uy! cuanto lo siento pero ya tengo una cita. —Contesto burlón Hiccup. —Y te recomendaría que primero te dieras aun baño, porque apestas peor que un Yack. —e hizo un ademán con la mano para acentuar el insulto tapándose las fosas nasales y abanicando con la otra.
El hombre bufo casi sacando vapor por las narices lanzándose en una embestida, Hiccup sonrió, había caído en su trampa, con el pie levanto un trozo de madera y antes de que el hombre pudiera frenar el castaño recibió la cabeza del sujeto con un buen batazo dejándolo inconsciente.
—Y pensar que en este continente existen tipos tan o más densos que Patán. —Se dijo antes de soltar el palo. Seguro a Astrid le da un ataque de solo verlos.
Era cerca de media noche cuanto decidió, más bien imploro un descanso. El ancestro desapareció un segundo para casi de inmediato volver y conducirlo a un lugar seguro.
—Aquí podrás dormir un par de horas.
Hiccup agradeció porque al parecer el antepasado pensaba montar guardia mientras descansaba. Era un alivio tenerlo cerca. Dio un rápido escaneo al lugar encontrándose con la falta total de muebles, pero sin argumentar nada se acurruco en una de las esquinas de la estancia su cansancio le hizo sentir el suelo menos duro y frio, sin darse cuenta cayo dormido.
Como se arrepentía de esos tres días en el barco cuando en vez de recuperar el Garld estuvo tonteando con Chimuelo, de no haber desperdiciado aquella oportunidad ellos ahora no estarían lejos ni en peligro de muerte.
—Si tan solo hubiera….
Y ese era el punto, el hubiera no existe, Bocón lo repetía todo el tiempo y ahora entendía cuánta razón tenía. Bocón. Extrañaba a su madre sustituta. Sus constantes parloteos y consejos que en tiempos difíciles lograban apaciguarlo además, y porque no admitirlo, tenerlo cerca siempre era un manto de seguridad inefable.
Hacía casi dos meses que habían dejado el barco sin ningún problema y seguido a Drago hasta una pequeña posada en el poblado en donde escucharon como vendía sin pudor alguno el navío con todo y tripulación. Con el dinero cobrado salió de la taberna.
Chimuelo estaba dispuesto a enfrentarlo de una buena vez, no deseaba mas contratiempos pero Hiccup lo freno al notar que varios hombres custodiaban a Drago desde la sombras. Sin duda el Drago tuvo buen cuidado en sus movimientos y su ejército ya había tomado si no todo si gran parte del poblado.
—No es tonto, tiene a sus hombres dispersos. —Murmuro Hiccup. Si lo atacaba seria su fin.
No tuvieron más remedio que continuar vigilándolo ahora consientes de los guaruras que al parecer aun no sospechaban de su presencia. Conforme se acercaban a Drago el miedo del castaño por ese hombre se acrecentaba.
Drago tenía pensado algo más que solo atacar Berck o al archipiélago, su idea era apoderarse primero de un ejército capaz de arrasar con todo a su paso, no se aliaria con nadie, sino que conquistaría parte de Inglaterra, eso le daría un margen de tiempo para hacer que los vikingos se olvidaran de él y así poder atacarlos con la guardia baja.
Lo que Drago quería no era venganza, la palabra quedaba corta, quería ver arden en vivas llamas rojas de dolor a todo aquel que no se doblegara a su poder, desaparecería de la faz de la tierra todo aquello que tuviera relación con la palabra vikingo, pero por sobre todo, aria sufrir hasta lo indecible a Hiccup Horrendous Haddock III.
Para el Furia Nocturna tenía otros planes, después de todo el dragón había demostrado su inmenso poder y ya había comprobado que para ese reptil no existía nada más valioso que su jinete, por eso disfrutaría sometiendo al hijo de Estoico solo para ver las muecas desesperadas y dolidas del traidor. El Furia Nocturna tendría solo una opción obedecerlo o ver morir de la peor forma al castaño.
Continuara…
Mil disculpas por el retraso pero había estado en cama. Enferme de gripe y estuve desvariando casi por tres días. Pero al fin tengo la fuerza para sentarme y sostener escribir. Casi vi las puertas del Valhala y a Odin gritando. "Maldita sea no pienso dejarte entrar hasta que termines ese fic" luego fui al cielo de los cristianos y me regresaron de una patada a mi cuerpo.
Vaya experiencia extra corporal, no puedo ni morir en paz hasta que no le dé fin a este fic.
