Capítulo 21: La petición divina.

Nota: Los personajes son de Masami Kurumada yo solo hice una historia con sus personajes. Yo quiero agradecer a las personas que me comentan y ¡espero que agreguen esta historia a sus favoritas y que las sigan! :)Bueno esta historia ya mero llega a su final. Espero que les agrade y muchas gracias.

Fue muy corto el camino de la heladería al orfanato de Miho.

Ella miraba a la niña, muy sorprendida por el parentesco enorme con él, le preguntó directamente que se parecían tanto y el solo sonreía y levantaba los hombros.

En el camino Shun y Asami susurraban y reían en su propio mundo, como dos niños pequeños.

Tiene 7 años. Yo la conocí cuando tenía unos 14 años, después eso le sumamos la edad de la niña y obtenemos… ¡21! No, no puede ser. Mei es más astuta de lo que pensé. A lo mejor, la niña nació en la Tierra el día en que yo y Mei nos enamoramos y casi se podría decir que nació de nuestro amor. Si, tiene que ser eso porque, a estas alturas de mi vida y como la he llevado, todo es posible.

Saori me recibe con un abrazo muy seco y casi automático, pero su expresión cambia totalmente al ver a Asami.

La niña abre sus ojitos y de su boquita rosa salen unas palabras

— Athena — murmura para sí.

— ¡Hola, yo soy Saori! — dice alegremente con una ternura y paz que desde hace mucho no tenía. Sus ojos desprenden una chispa de enorme alegría que desde hacía un año no tenía.

— los dioses han valorado tus esfuerzos, te esperan en el olimpo — la niña masculló estas palabras tan claras, pero por un momento parecía que tenía otra voz.

Saori quedo helada, una especie de frío glaciar la invadió, pero tuvo suficiente fuerza para ir a la sala con sus amigos.

— ¿qué tienes, Saori? — preguntó Seiya, el cual tomo por los hombros a su amada.

— Nada, solo que los dioses quieren verme— dijo mientras veía como Shun le mostraba la casa a la niña.

— ¿Cómo lo sabes?— dijo el caballero de sagitario al momento que tomaba asiento a su lado.

— La niña me lo ha dicho— dijo al momento que su vista se concentraba en un florero, pero con la mirada perdida

— Esa niña a lo mejor quiso hacerte una broma, es muy pequeña y no sabe que decir — intento tranquilizarla, al momento que tomaba sus manos y las entrelazaba con las suyas.

Una mirada los atrapó, ella miró fijamente esos ojos almendra que la enloquecían, que miraba cada vez que estaba en riesgo y esos ojos cafés le devolvían la paz interna y le daban relativa calma

Esa mirada de fuego que le penetraba por los ojos, esas dos olivas por las que siempre luchaba, por las que estaba dispuesto a dar su vida con tal de que ellas siguieran teniendo alegría y ese brillo especial que se pintaba en ellas cada vez que sus ojos se cruzaban en su camino.

Un ardiente deseo empezó a hacerse presente, Saori sentía en sus adentros un fuego ardiente que amenazaba con consumir todo su ser, era tanto su deseo pero, una voz empezó a decirle que no.

Ella odiaba esa voz, eso que llamábamos conciencia no era la única voz interna que tenía. Era Athena— "Deja ese deseo, Saori. No me obligues a matar a ese caballero con mis, bueno, nuestras manos". Estas palabras tuvieron efectos inmediatamente porque la fuerte llama que había surgido se extinguió de inmediato. Seiya se acercaba cada vez más, era un juego muy peligroso pero la advertencia no dejaba que ella se dejara llevar por sus deseos.

— ¿Qué sucede? — preguntó Seiya al percatarse de la enorme tristeza que acababa de hacerse presente.

— Nada, creo que ya es hora de partir

— ¿A dónde?, no pensaras ir al Olimpo, la última vez intentaron matarte, tal vez sea una trampa.

— Tengo que ir, Athena lo desea.

Saori fue al jardín donde elevó su cosmo para que la enorme escalera blanca se hiciera presente. Seiya salió tras de ella, la tomo del brazo y de un gran habilidoso movimiento la besó. Sus labios al fin sellaron la enorme atracción y amor que tenían el uno al otro. Seiya puso sus manos en la cintura de ella. Saori empezó a poner sus brazos sobre el cuello del castaño y empezaron sus manos a viajar en su cuello cuando de pronto, sus manos empezaron a tomar vida propia y sus delicadas manos empezaron a apretar el cuello del joven.

Saori sintió que las advertencias no eran vanas y se apresuró a recorrer las escaleras para tener un nuevo encuentro con los dioses.

Seiya, en cambio, se quedó pensando en cómo por fin él había tenido contacto con esos suaves y carnosos labios que durante tanto tiempo había deseado. No le dio importancia a que esas manos casi lo estrangulan, pues estaba tan feliz de al fin tenerla entre sus brazos.

Shun y Asami llegaron corriendo porque desde una ventana vieron casi todo.

— ¡Seiya! No habrás dejado que fuera sola, ¿verdad? — dijo alarmado Shun

— Ella… tenía… que ir… Mi mamá… me lo dijo — dijo jadeando la niña

— Tranquilo, Shun. Ella va a estar bien. Si no, yo me encargaré de subir a cualquier costo.

— Yo… opino que… está muy bien… que se fuera…sola

— ¿Por qué, cariño?

— Porque… mamá le ha hecho…. Un favor a ella.

Mientras tanto, Saori corría por las escaleras hasta toparse con la gran puerta que una vez vio pero no tenía ningún candado, esto no le agradaba nada. Entró y vio a Mei con Zeus platicando.

— Es que, Zeus, ella no tiene ningún poder sobre ella misma, tiene que lidiar con tantas presiones y creo que ya ningún dios amenaza a la humanidad, así que yo pienso que ya es hora.

— ¿Hora de qué? Preguntó Saori haciendo una gran interrupción. Detrás de ella paso una mujer muy parecida a Mei, cuyos ojos eran rojos y esta tenía el collar negro que una vez le perteneció a Mei.

— Lamento llegar tarde — dijo al momento de entrar

— Oh, no te preocupes Harmonía, estábamos esperándote — dijo sonriente el viejo canoso

— Saori, pasa — – dijo dulcemente Mei

— ¿Qué vamos a tratar, Zeus?

— Pues veras querida Harmonía, tu cuerpo mortal (o como ella prefiere, Mei) quiere persuadirme que mi hija, Athena deje ese cuerpo.

— ¿Qué? — dijo Saori al momento que se a cercaba.

— ¿Y para que me llamas? Tengo mucho trabajo, últimamente desde que ya no estoy en mi cuerpo mortal, me ha sido muy difícil traer la paz porque Iris no me deja hacer mi trabajo.

— ¿Qué no entiendes? Creí que eras más inteligente. Yo pensé que era mejor que tú como diosa, convencieras a Athena dejar el cuerpo de Saori.

— ¡Quiero una explicación, y dejen de ignorarme! — Saori explotó contra todos

— ¿Esta es la mortal que quieres ayudar? Es gritona, mandona y berrinchuda. Yo lo he visto con mis propios ojos y no planeo ayudar a una persona que solo se encarga de dificultar mi trabajo

— Pues veras, Harmonía. Yo soy tu cuerpo mortal y se me hace increíble ver como yo sin ser una persona muy alabada sea mejor persona que todos ustedes.

— La verdad no me interesa para nada ir en su ayuda de ella

— Zeus, ¿ya sabes que Ares está volviendo a hacer de las suyas?

— No, no lo sabía

— Pues, verás. Como ya no ha podido llevar grandes potencias a luchas enormes, ha decidido atacar con los niños (junto con Iris) a crear odios, peleas y muchas otra cosas entre ellos

— No te atrevas a recordarme eso, mi padre aliado de mi enemiga, es horrible. Yo no he podido controlarlos. Son 2 contra 1.

— Terrible, pero ¿si tu padre tuviera a su enemiga mitológica a su lado?, ¿no crees que dejara a Iris sola y dejará que tú puedas hacer tu trabajo?

— Pues… creo que no es tan mala idea pero…

— Haber, Athena, despierta.

— Mande, padre — dijo Athena con gran fuerza

— ¿Quieres dejar ese cuerpo humano?

— No, todavía no cumplo con mi misión

— Pero, hija. Ares no quiso reencarnar esta vez, ya derrotaste a Hades y tú siempre has odiado ser una mortal con esos sentimientos, cambios físicos y demás.

— Mira, Athena. Yo soy diosa de la paz y necesito que controles a mi padre que últimamente ha hecho de las suyas y te aseguro que aquí es mejor. Es más, yo no quiero volver a la tierra porque solo tenía que lidiar con todos esos sentimientos tan triviales.

— Mmm... Tienes razón. Sé que siempre he deseado estar en la Tierra, mi protegida, pero esta humana ha hecho o ha intentado que caiga en los deseos mortales y no lo tolero. Si usted, padre, lo desea quiero dejar este cuerpo en paz y seguir virgen por siempre.

— Oh, Athena. Bueno, sentirán dolor por breves instantes pero después ya no.

Zeus lanzó un rayo, muy pequeño, y lo disparó en el pecho de Saori y esta quedo inconsciente por un rato. En ese momento, una muchacha de cabellera rubia y ondulada, con la armadura de Athena salió de su pecho. Era Athena que dejaba el cuerpo de Saori.

Saori reaccionó en seguida, pero despertó en el pasto de su mansión.

— Saori, ¿Qué pasa? — dijo desesperado Seiya

— Nada — dijo mientras se sentaba en el pasto.

— Athena, ¿estás bien?

— Papá, ¿qué no ves? Ya no es Athena, solo es Saori.

— ¿Qué? — dijeron al unísono los 2

— Como lo oyen, ella y…

— Yo se los explicaré. Bueno estaba…

Después de que ella explicara a detalle lo sucedido, entraron a la mansión donde la niña se sentó en el sillón y empezó a tararear una melodía

— Entonces… ¿tengo una oportunidad contigo?

— Asami, ven, vamos. Te voy a enseñar tu habitación. Antes era de tu mamá… — la voz de Shun se hacía más débil a medida que subía las escaleras hasta desaparecer.

— Bueno, Seiya. Sé que tú me has esperado todo este tiempo. Yo te rechazaba por miedo a que te pasara algo

— ¿Qué me podía pasar?— dijo en tono burlón

— No temía que te atacaran otras personas, temía que yo fuera la que te atacara. Como sabrás, Athena puede disponer de mi cuerpo cuando le plazca. Pues bueno, ella quería que ambas estuviéramos en completo celibato. Mi castidad fue lo prioritario para ella, por eso me hacía amenazas de que me obligaría a matarte para que yo te olvidara. Pero, todo cambio hoy — dijo mientras ella tomaba las manos del confundido castaño — gracias a Mei, al fin puedo estar contigo, no como tu diosa sino como tu mujer.

Era demasiada felicidad para los dos desde que Mei falleció. Por algún motivo, cuando Athena dejo el cuerpo de ella, su alma volvió. Su cabello volvió a su antigua gloria, sus labios junto con su piel se hidrataron y volvió a ser tan suave como la seda.

— Entonces, todo este tiempo me rechazabas porque me amabas. Bueno, ahora Athena no está así que…

La besó tan repentinamente que sus verdes ojos olivas de ella parecía que iban a saltar de su lugar, pero después de comprender que pasaba los cerró y cooperó en ese beso desesperado. Tanto tiempo sin que sus bocas se unieran tan apasionadamente, sin que ninguno de los dos tuvieran ninguna preocupación, cuando el único universo que sentían era el del otro, cundo sus corazones se volvían uno.

Se separaron para respirar, para meditar lo ocurrido, para volver a unirse en un beso, pero esta vez uno tierno, uno más delicado. En este beso Saori pudo oír sus pensamiento eso, al fin juntos y pensar que tuvieron que pasar tantas cosas para que estuvieras de una buena vez con el. Saori sintió alivio al no escuchar la "otra" voz interna que le "prohibía" su felicidad.

— Saori, sé que tal vez piensas que es muy arriesgado lo que te voy a proponer pero…

— Acepto — dijo mientras lo besaba — sí, quiero ser tu esposa. Sé que será un poco raro por el apellido "Kido" pero al fin de cuentas a mi él me encontró y yo no soy su hija biológica

— La verdad a mí nunca me ha importado lo que piensen los demás y lo sabes, así que… ¿en que estábamos?

Continuaron tan acaramelados como dos adolescentes, viendo películas de amor, preparando palomitas y comiendo chocolates acurrucados en una manta azul.

Shun y Asami lograron salir por la puerta de atrás para no interrumpir ese momento que era el más esperado por los 5 caballeros de bronce y Saori.


— ¿Cómo me veo? — preguntó Saori mientras se acomodaba su vestido

— Mmm… pues ¡como princesa! — contestó Asami que era, junto con June las únicas ahí

— Es que me siento muy mal por Miho

— ¿Por qué? — dijo June mientras arreglaba el cabello de Saori

— Pues, es que… ella hizo mi vestido y pues ella siempre amo a Seiya y se me hace muy mala onda, ¿entiendes?

— Bueno, yo sé cómo se ha de sentir, pero con el tiempo y un buen hombre (como mi Jabu) lo superara. Oye, hablando de Jabu, voy a ir a ver a mi Mika porque con él nunca se sabe – se marchó como un relámpago dejando a solas a Saori y a la niña

— Que Bonito molote

— Gracias, se lo vi puesto a la esposa de Víctor y pues lo imite.

Saori lucia resplandeciente. Su largo cabello estaba recogido con el nudo clásico de las bailarinas de ballet. Sus labios no tenían ese labial lila, era rojo carmín, sus pestañas eran más largas y gruesas y sus parpados tenían una sombra.

Camino con un ramo de flores por esa alfombra que estaba en la entrada. Hay hicieron una especie de portal con muchas flores. De bajo estaba Seiya con un traje blanco y el sacerdote, que los uniría para siempre.

Termino la ceremonia y todos se fueron a un elegante salón, donde una vez fue el lugar de entrenamiento de ellos.

Todos los dorados y Marín estaban hay. Ninguno tenía sus armaduras y se mostraban menos formales con Saori porque ella les contó como su diosa se "salía" de su cuerpo.

La noche estuvo genial. Todos brindaron por la pareja y hubo un gracioso que dijo "por los amantes trágicos de Japón" algo que siempre fue cierto pues siempre estaban en constante peligro.

Bailaron un bello Vals y cuando la 1 de la madrugada les cayó encima partieron el pastel.

Shun ese día tuvo que irse con Shunrei y Shiryu con su hija a dar un paseo por China, porque esa noche era la luna de miel de su amigo y de su ex diosa.


Pasaron los días, dándole paso a los meses y estos en un parpadeo se hicieron años.

Shun vio como el fruto de su amor con Mei, Asami, terminaba su universidad y se casaba con un empresario que era socio de la Fundación Kido. Su pequeña se convirtió en una madre muy hermosa y valiente (porque como hija, sobrina y demás de caballeros de Athena no se iba a quedar sin saber lucha. De hecho ella tenía en su poder la armadura de lira y la tocaba igual o mejor que su antecesor, Orfeo). Tuvo una hija que llamó Esmeralda a petición de su tío, pues tenía los ojos verdes y el cabello rubio.

Shunrei y Shiryu vieron como su pequeño Ryûnosuke se convirtió en todo un hombre, se casó con Mika. Jabu y June estaban contentos por la unión porque sabían que él era un buen chico y la haría muy feliz. Este amor tuvo su fruto y se llamó Takara.

Hyoga y Flare por unos problemas de fertilidad no pudieron tener hijos propios pero eso no los desanimo, pues pusieron un lindo orfanato el cual llamaron "Paz y armonía"

Seiya y Saori tuvieron una niña que tenía los ojos avellana y el pelo lila, la piel blanca y un espíritu de lucha digno de su padre. Ella se dedicó a administrar las empresas de su madre y se casó con el joven más bueno que encontró y de este amor tuvieron un hijo el cual nombraron Seiya como su padre.

Ikki no encontró a nadie que lo valorara, pero él no se sentía para nada mal, de hecho amaba la idea de cuidar sin barreras a su familia que cada vez se hacía más grande, en especial a la pequeña Esmeralda

Ver pasar las estaciones por mi ventana, en la cabaña que ella y yo veíamos como nuestro hogar. Ahora estoy tan anciano que no recuerdo cuando fue mi último cumpleaños. Mi hija es buena y me visita de vez en cuando, pero yo ya no puedo luchar. He vivido tanto, la muerte jamás me ha espantado. Primero ver morir a mis compañeros, saber de la muerte de mi maestro, mirar como pierdo al amor de mi vida, ver como el tiempo se llevó a mi hermano.

El tiempo siempre es cruel. Ver como las hermosas rosas rojas ya no está. En ese prado en el que Mei solía correr y disfrutar con tanto amor ya no existe.

Mientras que yo, que una vez corría sin cesar, no soy más útil que una piedra. Inerte, inmóvil, inactivo y creo que lo peor de todo, sin ganas de vivir.

Los años me acaban poco a poco, mi hija me mantiene vivo porque es un capricho suyo, debería ser menos egoísta y dejar que vaya a ese hermoso lugar que una vez me enseño su madre, ese pequeño paraíso donde se ven tan felices las personas que una vez conocí y marcaron mi vida para siempre. Ese lugar que todos llaman Cielo.

Nota: Gracias por seguir la historia y creo que es conveniente explicar que un molote es como el que las bailarinas de ballet usan y si ni así entienden busquen como "molote peinado" y aparece :)