¡Hola!... Se nos vino el Jueves encima junto con el par de actualizaciones, por supuesto espero que les este yendo muy bien el día de hoy… xD. Ahora bien, entremos en materia, antes de dejarles la lectura del día, quiero agradecerles a todos por el apoyo, por leer y por supuesto dejar su Review, para mi es bastante importante, y me alegra demasiado ver que logro mi propósito que es mantenerlos entretenidos con mis historias. Y sin mucho más que decir, más que un gracias… Continuemos con el emocionante capítulo de hoy…
Cáp. 21: Reencuentro y olvido
- En serio te trae mal – Se recostó en la cerca al lado de él.
- Eso creo – Suspiró y alejó su vista de la mansión hacia los trabajadores que no paraban en sus labores – Todo esto es demasiado raro, no la he visto más que una vez hace más de tres semanas y no dejo de pensar en ella…
- Ella logra producir ese efecto, simplemente es una mujer increíble su esposo tuvo demasiada suerte…
- Ni tanta, morir sin disfrutar a su mujer hasta los últimos días…
- Si lo ves desde ese punto de vista, sí… Aunque bueno lo más posible es que tarde que temprano consiga un nuevo esposo… No te alcanzas a imaginar la cantidad de hombres que la rondan y aun más la cantidad de rechazados, algunas damas la tildan de orgullosa y ególatra pero la realidad es que ella no se casará con alguien que no ame…
- ¿Y esperas ser esa persona?
- Esperaba serlo, pero me di cuenta antes de que mis sentimientos tomaran vuelo, que ella y yo no estamos destinados, creo que a la larga fue mucho mejor ahora tengo una buena relación con ella…
- ¿Qué tan buena? – Preguntó más por el ánimo de avivar sus esperanzas que de confrontar a Hojo.
- Pues… Tan buena como para entrar a su casa sin necesidad de hacer una cita – Bromeó - ¿Acaso quieres que te lleve y le presente al nuevo de la ciudad?
- Claro que no, eso sería demasiado estúpido…
- Como si ya no fueras lo suficiente – Inuyasha le lanzó una dura mirada mientras el otro solo se rió, comprendía la atracción que él sentía por ella pero por alguna extraña razón Hojo creía que había mucho más que el simple deseo en los sentimientos de Inuyasha – Mejor deja de pensar en ella, tienes un esposa que respetar y esa es una poderosa razón para que Kagome no se fije en ti…
- ¿Kagome? – Repitió el nombre con cierto sobresalto acompañado de un profundo palpitar en su corazón - ¿El nombre de ella es Kagome?
- ¿No te lo dije antes?... Ah bueno, sí ese es su nombre – Desató las riendas de su caballo mientras continuaba hablando – Kagome viuda de Taisho… - Se subió al caballo con rapidez sin prestar atención a la reacción de Inuyasha.
Quedó estático, las palabras no salieron de sus labios para corroborar con Hojo que hubiera escuchado bien; él conocía el nombre de Kagome era la hermana de Kikyo y conocía el apellido Taisho pues según su esposa era el suyo en realidad, eran demasiadas cosas para ser una simple coincidencia, aunque también ¿Cuántas mujeres tenían ese nombre? ¿O cuantos Taisho existían?, tal vez una persona de su familia había sido el esposo de la joven ¿Y si ella pudiera decirle más cosas acerca de él?
- Señor… - Lo llamó un hombre de las plantaciones por enésima vez trayéndolo a la realidad.
- ¿Qué pasa? – Preguntó luego de recuperar la compostura.
- Va a llover y así no podemos trabajar – Dijo el hombre mirando hacia el cielo que comenzaba a nublarse.
- Tiene razón, es todo por hoy – Soltó su caballo de la estaca en el que estuvo atado el de Hojo y rápidamente se subió en él – Nos vemos mañana a primera hora…
- Hasta luego señor – Se despidió el hombre antes de Inuyasha saliera a todo galope.
- Ah… parece que él día se echó a perder – Una gotera cayó en su mejilla y resignada se levantó de las raíces del árbol para ir por su yegua que pastaba un par de metros más alejada – Es hora de volver a casa – Tomó las riendas de su yegua y subió en ella con destreza adquirida en años, aun le gustaba montar era una de sus actividades favoritas y no esperaba el día en que su hijo aprendiera para salir con él, mas ahora también agradecía esos momentos de libertad, momentos de sentirse como una adolescente cuando escapaba de todos en uno de los caballos de su padre y se refugiaba bajo la sombra de un árbol o trepaba en ellos por diversión, aun ahora adoraba disfrutar de esa paz.
El agua cargada por las grises nubes en el cielo de inmediato comenzó a caer, instó a su yegua a galopar más rápido, no quería pescar un resfriado por culpa de la lluvia. Un rayo surcó el cielo iluminando todo en su totalidad en segundos el gran trueno se dejó escuchar; su equino asustado se encabritó, levantó sus dos patas delanteras asustada por el gran estruendo, Kagome trató de controlarla presionando con fuerza las riendas pero esta por el contrario se inquietaba mas; cuando pensó que caería del caballo irremediablemente un par de manos se apoyaron en las suyas y le ayudaron a estabilizarse. El animal volvió a apoyarse en sus cuatro patas, Kagome tomó una gran bocanada de aire mientras miraba fijamente las manos sobre las suyas, de manera extraña su corazón latió con fuerza y no estaba segura si era debido al susto o si algo más lo provocaba.
- ¿Está bien? – Preguntó a la joven que no se atrevía a mirarlo; había estado cabalgando de regreso a la mansión pero se encontró con el pequeño suceso en que se veía envuelta la mujer, así que había actuado con rapidez, saltó la cerca y se acercó a ella para ayudarla a controlar al animal.
Al escuchar su voz no dudo ni un segundo en voltear a ver a la persona que la había llamado, no quería pensar que a estas alturas su cabeza estaba jugándole más bromas. Pero al contrario, la poca claridad que se vislumbraba entre la espesa tarde debido al frío y la lluvia, fue suficiente para diferenciar los rasgos del personaje; cabellos negros, piel levemente acaramelada, un rostro masculino, un cuerpo poderoso y un par de ojos dorados que casi la hacen desmayar… Era él…
- Inuyasha… - El susurró salió irremediablemente de sus labios y aun con el ensordecer ruido de la lluvia cayendo sobre el pasto, él pudo escuchar su nombre dejándolo totalmente atónito.
- ¿Usted me conoce? – Preguntó extrañado, estaba seguro que él jamás hubiera olvidado el rostro de ella aunque bueno era tonto decirlo cuando ahora había perdido la memoria.
- Que si yo… ¿De qué hablas? – Aun no salía de la impresión de verlo ahí al lado de ella, vivo, al contrario de lo que había pensado tanto tiempo, a menos de que esta fuera un tonto sueño y aun estuviera recostada en las raíces del árbol.
- Esta lluvia le va a sentar mal – Sin siquiera preguntarle, tomó las riendas de la yegua de ella y la llevó bajo la protección del árbol, no era que ahora el agua no cayera sobre ellos pero se amortiguaba bien la lluvia.
Sus ojos estaban fijos en él, estaba tratando de despertar del sueño, pero todo le indicaba que era verdad, Inuyasha estaba frente a ella y él aparentemente no sabía quién era ella… ¿Cómo era eso posible?, no olvidabas en cuatro años…
- ¿Se encuentra bien? – Preguntó mirando como la joven lo miraba insistentemente, era como si ella esperara que él se esfumara en medio de la lluvia, como si él no fuera real para ella.
- No… - Se apeó del caballo y se apoyó en el árbol sentía que se iba a desmayar en cualquier instante.
- ¿Quiere que la lleve a…
- ¡No!, ¡No quiero nada de eso!... ¿Quiero que me digas donde has estado?... ¿Dónde te metiste estos cuatro años?... Te buscamos por años… - Inuyasha la miró contrariado, luego supuso que ella hablaba que su esposo lo había estado buscando por el hecho de que eran familia.
- Estuve con quien debía estar con mi esposa… Con Kikyo…
- ¿Kikyo?... ¿Te casaste con Kikyo? – Necesitaba salir de ahí pero no podía evitar preguntarle, las cosas la confundían demasiado, ¿Qué era lo que estaba sucediendo aquí?
- Bueno no recuerdo haberlo hecho – Pasó una manos por sus húmedos cabellos, miró a la joven directamente a los ojos castaños descubriendo en ellos la tristeza mezclada con la confusión, era claro que ella no comprendía – Es normal que no lo sepas, veras hace más o menos cuatro años me caí de mi caballo y perdí la memoria, por suerte mi esposa estuvo a mi lado para tratar de organizar las cosas en mi vida, aunque bueno aun no recuerdo nada…
- ¿Perdiste la memoria? – Preguntó sorprendida - ¿No recuerdas nada?
- Eh… No… Pero por lo que veo tú me conoces aunque no entiendo como pude olvidar tan bello rostro – Kagome se sonrojó y desvió su mirada a otro lado - ¿Eres la esposa de algún familiar mío? – Ella lo miró y el continuó – Me dijeron que eras Kagome Taisho y bueno yo imaginé que…
- Yo… Me tengo que ir – Caminó hasta su yegua y trató de subirse a ella pero la mano de él detuvo.
- Espera… Necesito saberlo, deseo saber más de familia no es mucho lo que sé… - Kagome miró sus ojos dorados y supo distinguir la confusión en ellos.
- ¿Eres feliz con tu esposa? – La pregunta brotó de sus labios con necesidad; Inuyasha se sorprendió por las palabras de ella pues estas hicieron que el mismo se cuestionara.
- Quiero a mi esposa y… sí, soy feliz – Respondió lo último con cierta duda, lo primero era cierto pero lo segundo no podía asegurarlo siempre había sentido que algo faltaba en su vida.
- Eso es lo único que necesitas saber – Se soltó de él y subió a su yegua antes de salir a todo galope.
Inuyasha miró el caballo perderse a un par de metros cuando la densa capa de neblina hizo que la perdiera de vista; quiso seguirla y preguntarle mas pero algo le decía que ella quería estar sola, además de que podía haber jurado que sus ojos se habían puestos cristalinos cuando él contestó la pregunta, aunque tal vez había sido efecto de la lluvia. Sin nada más que hacer subió a su propio caballo para marcharse.
- Niña por fin vienes íbamos a mandar a buscarte – Kagome entró por la puerta de la cocina y alzó su rostro para mirar a Kaede quien era la única en el lugar, la mujer se acercó a ella para llevarla a su cuarto – Mira nada mas cuan mojada es… - Antes de poder terminar la frase Kagome se abrazó a ella y estalló en lágrimas - ¿Pero qué te pasa mi niña? – La anciana abrazó a la joven como si de una hija se tratara y le acarició los cabellos en espera de que ella contestara su pregunta.
- Era él Kaede… Era él…
- ¿Quién mi niña?... ¿A quién viste?
- Era Inuyasha… - Un sollozó se escapó de sus labios mientras las cálidas lagrimas resbalaban por sus mejillas frías.
- ¿Inuyasha?... Claro que no mi niña él…
- No está muerto Kaede, yo lo vi no estaba soñando, era él
-.-.-.-.-.-.-
- Mira como nada más como estás Inuyasha – Exclamó Kikyo cuando lo vio entrar en la habitación totalmente empapado – ¿Dónde estabas metido?
- ¿Qué edad tiene Kagome? – Preguntó Inuyasha sin prestar atención a la pregunta de ella.
- ¿Por qué me preguntas eso? – Lo miró entre contrariada y asustada.
- Solo contéstame Kikyo y no quiero rodeos, yo la recuerdo como una niña de diez tu me dijiste que ahora es mayor pues han pasado casi cinco años desde que la vi…
- Sí… debe de haber cumplido…
- Piensa bien la respuesta Kikyo… - De camino a la casa la imagen de la niña lo había golpeado una vez mas y no podía evitar pensar que se parecía demasiado a la joven de la mansión vecina – Créeme que no estoy de humor para esto…
- Kagome… Ella debe tener algo así como veinte años – Se decidió por decirle la verdad, no quería a un Inuyasha enfadado.
- ¿En que mas me has mentido Kikyo? – No quería enfadarse pero ya era demasiado tarde para decirlo, lo estaba y mucho.
- En nada mas yo lo…
- ¡No jures si no es cierto!... ¿Por qué me mentiste acerca de Kagome?, ¿Acerca de mi identidad?... No me creo ese asunto de la familia y no sé qué otras cosas…
- ¡Pero es verdad!...
- ¿Estás segura?... ¿Puedo preguntarle a Kagome y ella me corroborara tus palabras?
- ¿A Kagome? – Kikyo palideció ante la mención del nombre de su hermana.
- Tu hermana vive en la capital, vive en la mansión vecina…
- ¿Te ha visto?
- Hace nada mas unos cuantos minutos nos vimos y sé que era Kagome – Estaba seguro de ello, pues las probabilidades de que dos mujeres con el mismo nombre lo conocieran eran nulas y además de que fueran idénticas entre ellas.
- ¿Ella no te dijo nada?
- Nada relevante… - Suspiró y comenzó a desprenderse de su camisa que estaba más que mojada; y sin más palabras de por medio salió de la habitación dejando a una Kikyo confundida y asustada, quería un baño pero no ahí,
- ¡Pero esa mujer es una desvergonzada! – Exclamó Kaede consternada por lo que acababa de oír – Lo que tienes que hacer mi niña es contar todo… Mi muchacho debe volver para estar contigo y con…
- No Kaede… Inuyasha no va a saber nada nunca – Limpió las lágrimas que caían de sus ojos para continuar – Él ahora tiene otra vida, una sin preocupaciones, él ahora no vive a la defensiva esperando las acciones de nuestras familias, él es feliz…
- ¿Feliz?... Él era feliz a tu lado…
- El me lo dijo, me dijo que quería a Kikyo y que era feliz con ella…
- Esa felicidad no es verdadera mi niña, es una mentira así como lo es la vida que ahora lleva, él tiene derecho a…
- Ya lo decidí Kaede voy a dejar que Inuyasha tenga una vida diferente, él no ha conocido más que el desprecio es hora de que pueda conocer el otro lado de la vida…
- ¿Y Yasha?... El tiene derecho a un padre…
- El nació sin un padre y puede continuar así… Nada le va a faltar nunca… - Aseguró Kagome y eso Kaede no podía dudarlo ella sabia mejor que nadie como Kagome amaba a ese pequeño, como se desvivía por él.
- ¿Y tú?... ¿Puedes continuar luego de verlo?... ¿Después de saber que está vivo?
- Tengo que poder Kaede… - Se sentó en la cama y dio una mirada a la sortija en su dedo anular, con su otra la mano la quitó y dio una mirada a la cara interna, allí decía el nombre de él y sabia bien que en la que él usaba estaba el suyo, era un prueba ferviente de la realidad pero era una que se iba a quedar al otro lado, al igual que en ese anillo.
- Ay… Mi niña, no puedo decir que es la mejor decisión, pero no estoy para cuestionarte sino para apoyarte… ¿Quieres algo de beber?... ¿Un té para calmar los nervios?
- No… Quiero dormir… - La anciana asintió y se marchó una vez que deshizo la cama para la joven; Kagome luego de cambiarse se metió en ella.
No era que tuviera sueño, eso era lo menos que tenía en ese instante, pero si quería estar a solas, ella con el silencio de su habitación. Enterró su cara en la almohada mientras sus ojos ya rojizos se inundaban una vez mas de lágrimas, era increíble que aun llorara, pensaba que estaba seca de tanto hacerlo; pero las lágrimas empaparon la almohada y su rostro en pocos segundos. Un gran dolor en su pecho clamaba por salir y mientras más lo retenía mas dolía, todo ese dolor era por la pesadilla en que estaba instalada; una pesadilla esa era la manera de la cual podría describirla, había perdido a Inuyasha hace cuatro años y ahora que lo encontraba no le pertenecía, era por ello que luchaba por sacárselo, ahora más que nunca necesitaba olvidarlo, por todo el amor que sentía era mejor olvidar por él.
-.-.-.-.-
- ¿Me traes dulces mami? – Pidió el niño mientras bajaba con su madre las escaleras.
- ¿Te comerás las verduras al almuerzo?
- Odio las verduras… Pero me encantan los dulces – Musitó el pequeño meditando su decisión – Tal vez me ayuden a pasar el mal sabor… ¡Está bien mamá! – Kagome sonrió ante las palabras de su hijo.
- Volveré en la tarde… Pórtate bien con Kaede – Se inclinó a la altura del pequeño y le dio un beso en la mejilla que luego él le devolvió.
- Te quiero mucho mami – Le dijo el niño antes de que su madre saliera de la casa.
- Espéreme aquí – Le ordenó al cochero mientras se bajaba frente a las oficinas del banco.
- Kagome… - La mano de alguien la detuvo acompañado del susurro de su nombre.
- Kikyo…
- ¿Podemos hablar?... Por favor…
- ¿Qué es lo que quieres? – Se soltó del brazo de su hermana y esperó porque ella hablara.
- ¿Por qué no le dijiste nada a Inuyasha?, sé que se vieron él me lo dijo…
- ¿Por qué tu no le dijiste nada Kikyo? – Se sentía hervir de la ira, era increíble el cinismo que tenía su hermana de hablarle, es que el hecho de que ella estuviera aceptando lo que sucedía no quería decir que no le enfadara las acciones de Kikyo - ¿Por qué razón le mentiste en lugar de decirle la verdad?
- Su vida estaba en peligro, si él regresaba contigo Sesshomaru y mis padres lo encontrarán, esa fue la única manera que encontré de evitarle más problemas…
- ¿Estás segura que lo hiciste por eso?
- Yo amo a Inuyasha a Kagome, lo amo desde hace tantos años – Aseguró y Kagome sabía que ella no mentía lo podía ver en su rostro – Por eso es que hice lo que hice, porque lo amo y lo quiero a mi lado…
- Pues ahí tienes tu respuesta Kikyo, amor… - Aclaró – Entiendo todo el embrolló de nuestros padres y Sesshomaru y sé que él está mejor lejos de tantas preocupaciones, yo no deseo más que el bien para Inuyasha, quiero que esté bien y libre de su tormentoso pasado y también lo amo, tanto que soy capaz de dejarlo libre si de esa manera es feliz… - Kikyo la miró sorprendida, las palabras de ella habían hecho mella en su ser sin darse cuenta – Puedes quedarte tranquila, de mis labios él no conocerá la verdad, solo hazlo feliz… - Le dijo antes de girarse y entrar al edificio.
Ahí estaba todo el asunto, amor… Sabía que ella jamás olvidaría a Inuyasha, no podría hacerlo nunca, no cuando tenía un hijo idéntico al padre y no cuando lo amaba de la manera inconmensurable en que ella lo hacía, pero podía sacrificar todo por la felicidad de Inuyasha, si él estaba bien ella de una u otra manera también lo estaría. Quería que él fuera feliz.
¿Qué le pasa a Kagome?... Bueno, creo que no es el encuentro que esperábamos, pero no quería que Inu recordara de un minuto a otro con solo ver a Kagome, creo que ese evento se merece algo mejor, así que ya verán lo que tengo pensado… Pero para eso les toca esperarse un poquitín mas… Lo siento… (No tanto! xD).
Antes de irme una última cosita… la verdad también me encantaría publicarles más seguido, pero por el momento es imposible… Sé que sabrán comprenderme…Gracias!
Espero que les haya gustado y que me dejen sus mensajes, les mando un abrazo… ¡Nos vemos!...
