Capítulo 21
Toda la tarde estuve con Narcissa, Astoria y Daphne, planeando lo que sería el primer cumpleaños de Annie, dentro de quince días. Ellas estaban muy emocionadas y querían llevar a cabo cada una de sus ideas, y aunque a mí eso me ilusionaba, también sentía algo de inquietud por lo que el cumpleaños de Annie también significaba: la familia Weasley también querrá estar presente, siendo que Harry ya había permitido que éstos la conocieran, al menos lo que quisieron, pues Percy y su esposa jamás entraron a mi casa al igual que Ginevra, y claro, el resto no lo hizo todos juntos.
Primero estuvieron aquí Molly y Arthur, junto a Billy y Fleur, la rubia me caía mejor que el resto de esa familia, así que pude quedarme a platicar una rato con ella y contrario a lo que pensaba, ella no se había mostrado disgustada por lo que había hecho, siendo que, a como me contó en voz muy baja y discreta, Ron había llegado un día a la madriguera y había discutido con su hermana sobre lo que había pasado, y toda la familia se había enterado cuando los gritos de ambos alcanzaron toda la casa. Algunos estuvieron molestos con Ginevra y Harry, como Charlie, Ron y George, otros decepcionados, como Arthur y Molly, y el resto, como Billy, Percy y las demás esposas, incluyéndola a ella, actuaron con indiferencia sobre aquel hecho, sin disgustarse con alguno de los implicados. También me dijo que, cuando se les pasó el enojo contra Ginevra, me culparon a mí, llamando intransigente y cruel por ocultar a mi hija de Harry, aunque de igual modo, las esposas Weasley, excepto por Molly, al final reflexionaron en ello y dejaron de estar enojadas. Al fin de cuentas, ninguna de ella deseaba ver a su esposo besando a su ex novia.
Quise evitar decirle que lo que pensara esa familia me valía, pues sabía que ella estaba ofreciéndome su apoyo por lo que la familia Weasley hablaban de mí. Así que sólo asentí y dejé que continuara con la visita, retirándome a mi despacho para que no se sintieran incomodos, siendo que el único amable de ahí, además de Fleur, era el señor Weasley, que como siempre era un punto neutral en mi relación con Potter.
Pero ahora venía el primer cumpleaños de Annie y sabía que Harry querrá tener a esa familia en ese día, pues al fin y al cabo era su familia. Pero no me agradaba la idea, no sólo porque los Weasley parecían odiarme, eso no importaba, pues su amor hacía Annie lo compensaba todo, era que estuvieran junto a mis amigos, mi familia, era en verdad algo peligroso. Toda la guarida de leones, junto a mi nido de serpientes, no era lo más ideal en realidad, no después de la más tensa e incómoda celebración que tuve el día de mi boda con Potter, donde nadie habló y se retiraron respetuosamente temprano.
—¿Qué hacemos, Annie? —le pregunté a mi pequeña niña, quien estaba sentada en mi regazo, preparándose para dormir.
La acomodé mejor entre mis brazos, apoyándola sobre mi pecho y seguí meciéndome en la mecedora, contemplando como poco a poco sus ojitos se cerraban y se quedaba quietita, acompasando su respiración. Sonreí y acaricié su redonda mejilla. Le besé la frente y luego me levanté para dejarla en la cuna.
Los quince días pasaron volando entre preparativos, regalos de recuerdos para darle a los invitados, menú y decoración. Narcissa había opinado que se llevara a cabo en la mansión Malfoy y, aunque en otras circunstancias hubiera aceptado encantada, sabía que Harry no iba aceptar y también tenía que tomar en cuenta su opinión, además de que como ya lo había pensado, Harry había dejado en claro que su familia de pelirrojos debería estar presente.
—Está bien —acepté sin discutir y sonreí internamente al ver sus ojos inmensamente abiertos y su tos provocada por la impresión que le habían causado mis palabras, pues le contesté justamente cuando bebía una copa de agua durante la cena.
—¿En serio? —preguntó cuándo recuperó la voz.
—Sí.
—¿De verdad?
—No me hagas cambiar de idea —dije en voz baja, mirándolo con enojo.
Él asintió y sonrió ampliamente.
Así que la fiesta se llevaría a cabo en la mansión Parkinson, donde quitaría mis barreras para que la familia Weasley al completo entrara. Yo había hablado claro con mis amigos, diciéndole que la familia de pelirrojos estaría presente, Draco se enojó y Lucius hizo una mueca de desagrado, murmurando que era bueno que no pudiera salir de la mansión. Astoria y Narcissa ya se esperaban algo como eso, así que suspiraron resignadas, y esta misma reacción se repitió igual en Theo y Daphne y las reacciones de Blaise y Millicent no supe cual fue, aunque por la contestación de Blaise, proponiéndome escapar de nuevo junto con Annie a Italia para celebrar su cumpleaños, proponiéndome hasta rentar el Castillo Sforzesco para ello, me dejó en claro que tampoco le agradó la idea.
A Harry le pedí lo mismo, que hablara con sus amigos para decirle a quienes se iban a encontrar en la fiesta. Harry regresó en la noche con una cara de amargura y tristeza, así que no fue difícil para mí deducir que no había ido también como él esperaba. No quise preguntarle.
—Vendrán, al menos algunos —fue todo lo que masculló entre dientes esa noche.
Asentí y seguí con mi cena.
Pero ya era el gran día y después de tomar el desayuno en compañía de Annie, Teddy y Harry, estaba poniéndome mucho más angustiada, pues la hora para que llegaran los invitados se acercaba a pasos agigantados, y la presión de lo mismo aumentaba en mí, hasta el punto de que empezaba a dolerme el cuello y estaba más que dispuesta a seguir el plan de Blaise, escapar a Italia, celebrar este día sólo con Annie y luego regresar mañana, sólo para que Potter no se vuelva loco. O podría decirle a él que igual podía venir.
Había mando a Teddy a su habitación para que se diera un baño y se arreglara para la fiesta. Terminé de acomodar el vestido rosado que decidí ponerle a Annie, no queriendo predisponer a la familia de pelirrojos con el verde que en verdad deseaba colocar en ella. Era mejor mantener las cosas neutrales, después de todo, Annie lucía muy bien en cualquier color.
Escuché la puerta abrirse y Millicent entró a la habitación, luciendo un precioso vestido verde y el cabello recogido, dejando un par de ondas a los lados de su rostro.
Ella había llegado hace dos horas, alegando que quería verme ya y no podía aguantarse hasta la hora de la fiesta. Agradecí que lo hiciera, pues necesita que estuviera ahí, sintiendo su apoyo incondicional como siempre. Y aunque parecía muy feliz por estar ahí, si vi su cara de incomodidad cuando vio a Harry, quien tenía en brazos a Annie.
—Hola, Millicent —la había saludado él, sonriendo suavemente.
—Hola, Potter —contestó ella haciendo una mueca
Vi el rostro de Harry incomodarse igual y bajó la mirada, besando la cabeza de nuestra hija. Ellos se habían llevado muy bien desde el principio, pero era obvio que ahora Millicent no lo tenía en alta estima, no lo odiaba, pero tampoco lo apreciaba. Y Harry se daba cuenta de eso ya.
—Teddy, que enorme estás —le dijo al ahijado de Harry, que estaba a su lado sonriendo.
Ambos se habían conocido en la navidad hace tres años y se habían agrado de inmediato.
—Gracias, Milli.
—¿Puedo cargarla? —preguntó Millicent después de algunos segundos de tenso silencio.
—Por supuesto —dije y Harry asintió, acercándosela.
—Annie, Annie, te he extrañado tanto, mi cielo —le dijo a la niña, abrazándola y sonriendo al mirarle el rostro— Está preciosa, Pansy.
—Gracias —sonreí.
Luego de eso, ambas subimos a mi habitación, donde primero pasé a dejar a Teddy a la suya, para que empezara a arreglase, dejando atrás a Harry. Annie seguía en los brazos de Millicent, quien estaba muy contenta se ver una nueva cara a su alrededor. Entramos a mi habitación y ella había traído una pequeña maleta encogida en su bolso, la cual agrando y mandé a Hazpin a dejarla en una de las habitaciones de este piso.
—No creo que te molesté compartir habitación con Blaise —dije con picardía y ella se sonrojó, pero negó con la cabeza— Por cierto, ¿Dónde lo dejaste?
—En casa de Draco, pues dijo que no quería ver el inútil y estúpido rostro de Potter antes de tiempo. Y, de hecho, no creo que podamos compartir esa habitación, pues dudo que desee quedarse aquí —terminó de decir con una mirada de disculpa.
—Es entendible —suspiré— Oye, ahora si me contaras como sucedió lo de ustedes.
—Claro que lo hare, pero será mañana, creo que ahora lo más importante es arreglarnos para la fiesta y ver que todo este organizado.
—Tienes razón, así que manos a la obra —dije y me levanté de la cama, donde nos habíamos acomodado para hablar. Tomé el vestido azul marino que había escogido para este día y me dirigí al baño— Así que yo me daré una ducha primero, mientras cuidas a Annie, me arreglare y luego tú harás los mismo, mientras yo la arreglo a ella.
—Gran plan, jefa —dijo con burla, pero tomó un peluche de Annie y empezó a jugar con ella.
Ahora, ya las tres estábamos listas para la fiesta.
Millicent sonrió y caminó hasta nosotras, después de cerrar la puerta. La vi tomar a Annie entre sus brazos y mirarla de pies a cabeza, mientras mi hija reía en sus brazos e intentaba tomar uno de sus aretes.
—No creí que sería posible que te vieras más bella, pero me equivoqué —le dijo Millicent.
Yo sonreí y acomodé con un pase de varita las cosas que había regadas por la habitación, buscando distraerme, dejar de pensar en un posible desastre para esta tarde. Se suponía que el cumpleaños de mi hija debería ser un evento tranquilo, pero desde que me casé con Harry Potter debí hacerme a la idea de que eso no sería posible, y menos con todo lo que ha pasado.
Cuando terminé con todo, sentí la mano de Millicent bajando mi mano.
—Tranquila. Todos somos adultos en esta fiesta, no estaremos cómodos, pero no creo que terminemos lanzándonos maldiciones, después de todo, estamos aquí por esta personita que adoramos todos —dijo ella sonriéndome con mucha suavidad.
—Ella tiene razón —se escuchó la voz de Harry, que estaba apoyado en el marco de la puerta. Ni siquiera había escuchado cuando la abrió.
Lo miré por completo, tratando de no perderme ningún detalle, y luego giré la cara. No quería demostrarle lo que me provocaba aquella túnica roja que lo hacía verse como un jodido dios sexual. Estaba impactante, increíblemente atractivo, como nunca. No podía controlar esos pensamientos, pero si mi cuerpo y jamás confesaría que a veces me temblaban las piernas por él.
—Ya estoy listo, tía Pansy —dijo Teddy con entusiasmo, entrando a la habitación con una linda túnica azul metálico que combinaba muy bien con sus ojos y cabellos castaños, como una vez los tuvo su padre.
—Estás guapísimo, cariño. Entonces vamos —le dije.
Los tres salimos, después de que Harry se apartara, y bajamos las escaleras. Millicent seguía con Annie en brazos y de esa manera llegamos a la sala, donde los Malfoy, junto a Blaise, estaban siendo atendidos por Hazpin.
—¡Pansy! —saludó Blaise, caminando hacia a mí y abrazándome— Te he extrañado.
—Y yo a ti —dije y lo apreté un poco más fuerte, antes de alejarme y poder saludar a los demás.
—Pero mira nada más, sí que estás hecha una belleza Annie —dijo dirigiéndose a Millicent, que sonreía con una Annie muy entretenida al ver a muchas personas.
Blaise la tomó entre sus brazos y le besó la frente, para que luego Astoria se la quitara y, junto a Narcsisa, se entretuvieran con ella.
Narcissa saludó a Teddy con delicadeza y casi ternura, pues el niño no dejaba de ser su familia, independientemente de lo que pasara con Andrómeda Tonks, a la cual no hablaba para nada. Yo fui por Scorpius quien estaba en los brazos de su padre, y el rubio también se agachó a la altura de Teddy, pues este siendo mi amigo, yo había hecho que ambos se conocieran. Draco le hablaba con una sonrisa suave, preguntándole por sus días y si estaba emocionado por entrar ya al colegio, cosa que evitaba pensar, pues apenas lo había recuperado y ya lo tenía que dejar ir a Hogwarts, pues Teddy iniciaba sus clases este mismo septiembre. Teddy se emocionó y dejó que su cabello se pusiera de un lindo color azul brillante, parecido al de su túnica, haciendo reír más ampliamente a Draco y a Narcissa más suavemente.
—Estoy seguro de que quedare en gryffindor —dijo Teddy emocionado.
Reí, pues eso no debería decirse enfrente de las serpientes.
—Slytherin tampoco es mala opción, ¿no crees? —preguntó Draco.
—Lo sé. La abuela Andy es una serpiente, pero son muy serios y yo no quiero ser tan serio —contestó él, con las mejillas rojas.
—¿Yo te parezco serio? —preguntó Draco haciendo una mueca.
—A veces, primo Draco —dijo Teddy frunciendo el ceño, algo parecido al propio rubio y a Narcissa. Así que ese era un rasgo puramente Black.
—Ya déjalo, Draco, Teddy quedara donde daba y quiera estar —le dije, abrazando a Scorpius— Tal vez Scorp sea un Ravenclaw.
—No estaría mal —dijo el rubio, levantándose y sacudiendo el cabello de Teddy.
Ignoré el intercambio que continuó entre ellos, a la cual se unió Astoria, dándole a Annie a Narcissa para saludar a Teddy con un gran beso. La castaña era tan dulce con todos los niños, que no le interesaba si la abuela de Teddy no los toleraba, y a Teddy también le agradaba mucho.
Miré a mi derecha y vi a Harry detenido en la entrada al salón, la que daba a las escaleras. Al parecer se había detenido ahí y había observado todo el intercambio de palabras. Él sabía de la pequeña relación amistosa que mantenía Teddy con los Malfoy, y aunque no le encantaba la idea, tampoco intervenía en ella, pues Teddy siempre era simpático con todos.
Sostuve a Scorpius contra mi cadera, quitando la mirada de Harry, y presté atención a la plática en voz baja que mantenía Blaise y Millicent. Ella le rodeaba la cintura con los brazos, mientras Blaise sonreía y le murmuraba cosas en el oído, provocando el sonrojo de ella.
—Tú igual estás preciosa, mi amor —le escuché decir a Blaise a Millicent, mientras la tomaba de las manos, apartándola unos centímetros de su cuerpo, y la miraba de pies a cabeza, haciendo que mi amiga se sonrojara un poco más— Y si mejor nos vamos a hacerle un nuevo amigo a Annie.
—¡Cállate, Zabini! No debes hacer esos comentarios, son tan inapropiados —declaró ella con el rostro completamente rojo, mientras los demás reían.
Negué con la cabeza, pues ya me imaginaba cada una de sus discusiones por la boca tan floja que tenía Blaise cuando estaba en confianza, hablando de cosas que a Millicent avergonzarían hasta la medula. Pero también estaba segura de que esa era una de las cosas que más le gustaban de él.
—Pero, mi amor, si ya sabes que yo quiero un bebé y tú te verías preciosa embarazada —le dijo Blaise, abrazándola por la cintura.
—Zabini —advirtió ella y Blaise dejó de bromear, besándola en la frente.
—Está bien, no quiero ser castigado, otra vez —dijo en voz baja, pero Draco y yo estábamos cerca de ellos y lo escuchamos.
Draco empezó a reír y le palmeó la espalda, burlándose de él, suponiendo cual era el dichoso castigo, por la única cosa que Blaise cedería sin una queja más: el sexo. Sonreí divertida, pues sabía que, de ese modo, Millicent ya lo tenía controlado, Blaise haría lo que le pidiera con tal de no quedarse sin sus noches de pasión.
—Sí que estás amarrado, Blaise —le dijo Draco, haciendo que el moreno levantara la ceja disgustado y Millicent se sonrojó más, alejándose de ellos y yendo hacia a mí, para juguetear con Scorpius.
—¿Y tú no, Malfoy? Por favor, si Astoria te tiene amarrado al dedo meñique —habló Blaise, arreglándose la túnica.
—Por supuesto que no —contestó el rubio con prepotencia.
—¿De qué hablas, cariño? —preguntó Astoria con advertencia, disgustada por el tono que había utilizado su esposo.
—Nada, cielo —contestó de inmediato, haciendo que está vez fuera Blaise quien riera con burla.
Al final ambos terminaron callándose. Y la chimenea hizo ruido, anunciando la llegada de Theo y Daphne, quien traía en sus manos una bolsa grande de color plateado, mientras Theo traía en brazos a Gabriel, con sus cuatro años recién cumplidos. Hazpin apareció antes ellos, tomó sus abrigos y el obsequio.
—Feliz cumpleaños, Annie —saludó la rubia, besándole la mejilla a mi hija, que seguía en brazos de Narcissa.
Yo me acerqué a Theo y besé la mejilla de Gabriel, inmediatamente el niño quedó concentrado en Scorpius, quien también parecía muy feliz de verlo.
De mis amigos no hacía falta nadie más, así que le pedí a Hazpin que los guiara al patio, donde se llevaría a cabo la celebración. Cuando llegué a esta casa, pensé que el jardín se vería precioso en primavera y no me equivoqué, el pasto estaba tan verde y flores habían crecido a las orillas de los pequeños caminos de piedras, también Narcissa había colocado una fuente de mediano tamaño, con la escultura de un gran fénix en el centro extendiendo las alas.
Astoria, Daphne y yo habíamos hecho la decoración. Habíamos colocado varias mesas con manteles blancos, con grandes sobrillas en el centro para que a nadie le molestara el precioso sol que había este día, un centro de flores y fresas en cada mesa, pusimos grandes globos de color rosa y plateado, hechizamos burbujas de colores para que danzaran en el aire y había una ligera música; para los niños, pues los Weasley ya eran muchos pequeños, había decido colocar un castillo inflable para que se entrevieran y no escucharan si es que los adultos querían conversar acerca de la presencia de los otros invitados. En un lateral del jardín le pedí a Hazpin que acomodara la mesa de postres y dulces, donde una fuente de chocolate ya estaba encendida y había frutas en palillos para que los invitados disfrutaran, al igual que una barra para los que quisieran algún coctel o vino afrutado, que Hazpin serviría.
Todo se veía precioso, para una reunión de los más relajada y calmada, pero sólo de imaginarme a los que estarían aquí, no era completamente una idea relajada.
Acompañé a mis amigos a su mesa y tomé a Annie de los brazos de Astoria, sabiendo que teníamos que ir a recibir a la familia de Harry, y era obvio que éste querría tener a su hija con él para ese momento. Volví a entrar a la casa y caminé directamente al salón, donde Harry estaba sentado en el sofá, con un vaso de whiskey en la mano. Elevé una ceja confundida ante eso, pues, aunque ya había visto sus manías de beber una copa antes de dormir, no era dado hacerlo tan temprano. Él dejó el vaso medio vacío sobre una mesita y se levantó hacia nosotras y besó la mejilla de Annie, sin hacer o decir algo.
La chimenea se activó en ese momento y los primeros en salir fueron Ron y Hermione. Ambos sonreían, mientras descubrían el rostro de la pequeña Rose, que estaba en brazos de Hermione.
Harry se acercó a ambos y los abrazó, feliz de verlos ahí.
—Hola, Parkinson —saludó Hermione, sonriendo ligeramente y con menos incomodidad que la primera vez que vino aquí.
—Granger. Weasley —dije y me acerqué para que pudieran saludar a Annie.
Ellos se hicieron a un lado cuando la chimenea se activó de nuevo, dejando salir a Fleur y Billy, con Victorie y Dominique agarrada de la mano de su padre.
—Tía Pansy —saludó la niña rubia de nueve años, si no estaba mal, y yo me puse a su altura para besarle en la mejilla. Dominique igual se acercó más tímidamente, había crecido mucho en estos dos últimos años, de seguro ya había cumplido sus seis años.
Al menos los niños no sabían del odio que su familia me tenía, aunque eso probablemente también debía agradecérselo a Fleur, y al mirarla me di cuenta de que al parecer Victorie y Dominique no eran las únicas, pues ella tenía entre sus brazos a otro niño pelirrojo, tal vez de la misma edad que Scorpius. Elevé la ceja ante Fleur y la rubia sonrió con disculpa.
—No te lo dije, porque no lo sabía, pero tenía ya tres meses de embarazo. Él es Louis —me presentó la rubia con una sonrisa enorme.
—Es muy lindo —dije.
—Gracias.
La familia llegó al completo, excepto por Charlie, que estaba en Rumania con sus dragones, y Percy, su esposa y su hija Molly tampoco llegaron, y por supuesto que Ginevra no hizo acto de presencia, cosa que todos debieron agradecer porque, si la hubiera visto salir de la chimenea, inmediatamente hubiera sido la receptora de una crucio por mi parte.
Andrómeda fue la siguiente en llegar minutos después de todos los Weasley. Me acerqué a ella y aunque parecía un poco resentida, no fue desagradable como el resto de la familia de pelirrojos. Ella estuvo feliz de conocer a Annie, a la cual sostuvo entre sus brazos.
Hazpin se encargó de tomar los regalos y llevarlos a la habitación de Annie. Mi hija fue pasando de brazos en brazos, donde todos le sonrieron y besaron, hasta entregársela a Harry.
Los guie al patio y los rostros sonrientes de todos los invitados, se transformó de tensión y disgustos al verse entre ellos. Las serpientes no hicieron más gestos que quedarse con gesto serio y frío, mirándolos apenas, todo lo contrario que los leones, que parecían estar a punto de levantar las varitas, pero no hicieron más que seguir a Harry hacia las mesas asignados a ellos.
Para evitar disgusto, había designado una mesa sólo para Harry y para mí, cerca del pastel, no sería lo más cómodo, pues a él le gustaría estar con los Weasley y yo con mis amigos, pero era mejor de esta manera. Los niños parecían ignorantes de todo e inmediatamente fueron a subirse a los juegos inflables que había colocado un poco más allá. Teddy se unió a ellos, sorprendiéndome con el gesto de que había decidido quedarse con Draco, sentado justamente entre él y Narcissa, y sólo saludó a su abuela con la mano, quien se sentó con los Weasley. Andrómeda no pareció contenta con que su nieto estuviera con ellos, pero no hizo gesto de llamarlo, ni parecía preocupada. Quizá después de tantos años, al fin las asperezas entre las dos hermanas empezarían a limarse.
Teddy tomó a Gabriel con la mano y le prometió a Theo que cuidaría de él en el juego. Así que ambos se fueron de igual manera.
En determinados momentos, yo tomé a Annie y la llevé a las mesas de mis amigos, para que estuviera con ellos y luego volví para dársela a Harry y pudiera llevarla con su familia.
La fiesta transcurrió sin inconvenientes, los elfos sirvieron la comida y luego cantamos el feliz cumpleaños, mientras Harry y yo sosteníamos la mano de Annie para que partiera el pastel, cosa que evité tomarle importancia, aunque el suave cosquilleo de nuestras manos unidas llegó hasta mi vientre. Annie nos distrajo de todo cuando metió las manos en el merengue y embarrándoselo todo en el vestido y luego la cara, que un rápido hechizo de Narcissa prohibió que la mancha se hiciera permanente en la tela.
Fue una fiesta muy dividida en realidad.
Annie se durmió ya casi a las cinco de la tarde. Tanto los Weasley como mis amigos parecían más relajados. Harry platicaba con los suyos y yo con mi familia, sosteniendo a Annie en mis brazos.
—¿Y ustedes cuando se casan? —les pregunté a Blaise y Millicent.
Blaise tenía un brazo sobre sus hombros, y Millicent que estaba justamente a mi lado, acariciaba la mejilla de Annie, pero cuando escuchó la pregunta, se sonrojó.
—Cuando esta mujer se apiade de mí —dijo Blaise y Millicent le dio un ligero codazo.
—Me haces ver como la mala —dijo ella.
—Nunca te apiades de él, preciosa —pidió Draco, sonriéndole con burla a Blaise.
—Draco, deja de molestar a Blaise, que mucho trabajo le costó encontrar a una buena mujer que esté dispuesta a soportarlo —dijo Daphne con diversión— Millicent sólo por eso es casi una santa.
Todos reímos mientras Blaise se molestaba y Millicent negaba con la cabeza.
—Ya déjenlo ustedes dos —habló Astoria sonriendo y posando su pequeña mano sobre el hombro de Blaise— Deben de darse cuenta de que apenas han iniciado su relación, Millicent necesita más tiempo para arrepentirse.
—Tú también, Astoria —reprochó Blaise.
Todos siguieron burlándose de él, haciendo que Millicent se sonrojara y Blaise se molestara más. Yo abracé un poco más fuerte a Annie y la arrullé, para que no se despertara con las risas de los demás. Vi a Narcissa hacer lo mismo con Scorpius, pues igual el rubiecito se había dormido casi al mismo tiempo que Annie. Miré hacia los juegos y vi a los niños todavía en el castillo inflable, donde Teddy cuidaba de todos, en especial de Gabriel, junto a Victorie, quien vigilaba a su hermana.
—Ama Parkinson —habló Hazpin, haciendo una reverencia a mi lado.
—¿Qué pasa, Hazpin? —pregunté.
—En la entrada hay un hombre que pregunta por usted —dijo el elfo, algo mortificado.
—¿Dio su nombre? —pregunté extrañada, pensando que era un nuevo cliente, pero algo muy extraño siendo hoy sábado.
—Si, dijo que era el abogado Ryan Brennan.
Mi corazón empezó a latir de manera horrible, e instintivamente apreté más fuerte a Annie contra mi pecho.
—¿Qué pasa, Pansy? Te pusiste pálida—preguntó Millicent, apretando la mano que tenía sobre Annie.
—Ryan está aquí —dije.
—¿Existe un problema con él? —preguntó extrañada.
—No quedamos en buenos términos, Millicent —dije apresurada, bajando la voz, aunque nadie parecía prestarnos atención, y causándole confusión, pues ella no sabía nada todavía, no creí que fuera buena idea contárselo en una carta.
—Puedes decirle a uno de los chicos que vaya a ver qué es lo que quiere —apuntó ella, elevando la ceja.
—No, iré yo y veré que es lo que quiere. Es mejor dejarle en claro que no es bienvenido —dije con fuerzas— Toma a Annie, por favor.
Ella la acomodó en sus brazos y me miró preocupada.
—Hazpin, no dejes que entre a la casa, sólo permítele el paso a mitad del patio. Ahorita iré a atenderlo.
El elfo desapareció.
Me levanté y me disculpe con ellos, alegando que iría al tocador, como las bromas seguían, no dudaron en nada. Entré a la casa para abrir la puerta principal y saber qué hacía Ryan aquí. No pensé que se atrevería a venir, no después de lo que pasó, de lo que me hizo, lo que me intentó hacer. Pensé que era claro el mensaje, me fui al día siguiente de lo que hizo, eso debió hacerle entender que no quería verlo nunca más en mi vida, si es que mis palabras no las entendió cuando se lo grité, cuando le grité que jamás le perdonaría.
No deseaba verlo, no quería verlo nunca más por lo que me restaba de vida, pero si él quería este enfrentamiento, pues bien, era mejor que fuera en mis dominios, bajó mis barreras y protecciones, bajo mi magia, la cual utilizaría para defenderme. Tenía la varita ya en mi mano, oculta entre los pliegues de mi vestido.
Suspiré, tomé con la mano izquierda el pomo de la gran puerta y abrí.
Ahí estaba él, vestido con un abrigo café, mirando hacia la fuente que había en un lateral. Caminé y bajé los escalones que nos separaban y él giró a verme. Ryan sonrió, pero yo no me atreví hacerlo. No deseaba sonreírle por nada en el mundo.
—¿Qué haces aquí, Brennan? —cuestioné fríamente.
—Te fuiste. Te dije que teníamos que hablar. He pasado estos meses tratando de averiguar en qué lugar exactamente de Inglaterra vives. Una vez aquí, no fue difícil que me dijeran donde vivía la última heredera de los Parkinson —habló rápido, sonriendo de medio lado.
—Te deje claro que no quería saber nunca más de ti.
—No pensé que fuera tan literal y radical, como para que huyeras —dijo con voz seria, y él apreció por fin mi tono de voz que no era nada amable.
—No hui, regresé a mi hogar —señalé con la mano izquierda mi casa— Y sí, soy una mujer literal y eso también lo dejé en claro, si pude abandonar al hombre que más amaba, no entiendo porque no creíste que te sacaría de mi vida inmediatamente. Tú que nunca significaste nada para mí —aseguré con amargura y mirándolo con lástima.
Tenía que entenderlo de una vez, yo nunca lo iba a querer, ni siquiera dejándomelo sentir, como él muchas veces pidió. Era imposible.
—Pansy, por favor, sabes bien que te amo, que amo a Annie, y por eso vine igual, para darle su regalo —dijo, sacando de su bolsillo una pequeña cajita cuadrada.
—No te quiero cerca, Ryan, ni de ella ni de mí. Guárdate tu regalo y vete, por favor —pedí, señalándole el portón.
—Pansy, por favor, sólo dame una oportunidad y te prometo no arruinarlo, no como lo hizo Potter —aseguró.
Mi corazón latió lastimeramente cuando dijo lo último, sabiendo que sí, Potter lo arruinó, pero no por eso le permitiría a Ryan entrar a mi vida.
—¡Vete! —grité enojada ya.
Él se acercó y antes de pudiera colocar mi varita contra su pecho, un rayo violeta lo mando muy lejos, haciendo que golpeara el portón y dejándolo como un simple saco de huesos en el suelo.
Miré a mi espalda y ahí estaba: el maldito Harry Potter luciendo peligroso y furioso, como nunca lo vi antes en mi vida. Hasta podría asegurar que era otro.
Pero su magia estaba en el aire, provocando una ventisca cortante y casi asfixiante, me confirmaba que no era nadie con poción multijugos, era él, Harry Potter. No sabía si era el aire tan pesado o mi propia impresión y excitación a causa de él, por lo cual no podía respirar bien. Estaba como para besarlo en ese momento, parecía tan indomable y fuerte, era como un imán puro, era algo que me atraía irremediablemente. En lo único que podía pensar era tomarlo de la cara y besarlo, llevarlo a una habitación y no salir nunca.
Harry bajó las escaleras, sin dejar de mirar a Ryan, el cual empezaba a levantarse ya. Levanté mi varita contra Ryan, cuando vi que sacaba la suya y le apunta a Harry con ella. No deseaba que iniciaran un duelo, pero por el rostro de ambos parecían muy dispuesto a ellos, algo idiota de Ryan sabiendo quien era Harry y lo que podía hacer.
—No te vuelvas a acercar a mi esposa —dijo Harry en voz baja y amenazante.
Lo miré alucinada. Nunca lo había escuchado hablar así, como si estuviera a punto de matar a alguien y su expresión daba a entender lo mismo. Estaba dispuesto a matar y por dentro sonreí, ese lado oscuro nadie le conocía.
—¿Tu esposa? ¡Ahora si es tu esposa, ¿no?! —gritó Ryan, masajeándose el cuello y manteniendo la varita en alto.
—Siempre lo ha sido y siempre lo será —juró Harry.
—¡Por favor! Te abandonó, deberías saberlo. Ella te abandonó y tú nunca la buscaste. Claro, tenías que creerte un dios tocado por Merlín, ¿no? Piensas que todos, sobre todo ella, te pertenece. ¡Eres un imbécil! —gritó con rabia Ryan.
—No tienes ni idea de quién soy y de lo que sería capaz de hacer por ella, ¿verdad? —dijo Harry con voz peligrosamente calmada, pasando un brazo por mi cintura.
Me tensé ante el toque, pero permití que lo hiciera, al menos para que Ryan creyera que estaba ya con él. Harry me apartó un poco, colocándome ligeramente hacia su espalda, pero yo me afirme antes de que verdad me cubriera por completo. Esta también era mi pelea.
—Eres el jodido Harry Potter, el héroe del Mundo Mágico, y eso qué. No te hace nadie en realidad y lo que te atrevas hacer no me da miedo —continuó diciendo Ryan, pareciéndome cada vez más idiota.
—¡Lárgate! —gritó Harry, lanzando otro hechizo, el cual Ryan logró esquivar con el protego.
—La amo, Potter, y te juro que luchare por ella —aseguró Ryan.
—¡Yo no te amo, Ryan, entiéndelo de una maldita vez ya! —grité desesperada por la terquedad de ese hombre.
—¿Ryan? ¿Él es Ryan? ¡Ahora si te mato! —dijo Harry, soltándome y arremetiendo a hechizos contra él.
Ryan apenas podía esquivarlos, manteniendo su protego arriba, pero éste se debilitaba a medida que Harry lanzaba más y más hechizos en su contra, cada uno más peligro que el anterior y por un momento temí que de repente el rayo verde del Avada se hiciera presente en su repertorio. Pero confiaba que no sería así, Harry era el San Potter, no lo mataría, ¿o sí?
Tenía que hacer algo, por más que me gustara ver a Potter así de intenso, no podía simplemente mirar como ambos se atacaban.
—¡Basta! —grité, lanzándole un expelliarmus a Harry. Su varita cayó en mi mano y luego hice exactamente lo mismo con Ryan, cogiéndola de igual manera— Ahora lárgate, Ryan y no vuelvas nunca más.
—Luchare por ti.
Rodé lo ojos desesperada y la rabia me hizo arder la sangre. Esto era suficiente, hoy le haría entender que fue un error venir a aquí, cometió una enorme equivocación al pensar que me contendría como la última noche en Nueva York, comprendería por fin que su peor error fue amarme como él decía.
—Tú lo quisiste —susurré.
Levanté mi varita contra él, haciéndole un corte en el pecho, nada de gravedad, nada para matarlo, pero si lastimarlo. Vi la sangre correr y a él colocando su mano justo sobre la herida, la cual se manchó de sangre inmediatamente. Lo miré con odio y al parecer por fin lo había entendido, pues sus ojos me miraron con desconcierto y temor.
Demasiado tarde, Ryan, demasiado tarde.
Lancé otro hechizo más, haciéndole un corte más en el brazo, como el que le había hecho a Harry el día que nos volvimos a ver, aunque más profundo al parecer, pues la sangre corrió directamente hasta su muñeca. Luego lo hice levitar a varios metros del suelo, y él me miró con terror esta vez.
—¿Pansy? —dijo con voz trémula.
—¡No! Parkinson. Para ti siempre debí ser Parkinson. Y Potter no es el más peligroso de los dos, Brennan. Yo soy la de los amigos asesinos, la que estuvo en el bando contrario, es a mí a quien deberías temer, aunque subestimar a Potter no estuvo bien. Toma, cariño —le dije a Harry, devolviéndole su varita, utilizando una palabra dulce para que Ryan terminara de creérselo por completo— Lánzalo muy lejos cuando te diga —le dije y Harry asintió sonriendo de medio lado contra él.
Miré a Ryan con una sonrisa. Esta era mi venganza, mi venganza por lo que estuvo a punto de hacer en Nueva York, delante de mi propia hija, venganza por haber aparecido en este día, arruinarme el día que ya estaba siendo mejor a pensar de los invitados. Venganza por no entenderlo a las buenas.
Apunte mi varita hacia las barreras, haciendo que estas se calentaran, cuando Harry lo lanzara, sentiría como si se estuviera quemando al pasar por ellas, no sufriría ningún daño, solo experimentaría esa sensación de ardor profundo, pero no dejaría marcas en su cuerpo y no podría acusarme si decidía vengarse de manera legal, no tendría pruebas de nada, más que los hechizos que yo alegaría en defensa propia, en defensa de mi esposo, en defesa de Harry Potter, solo ese nombre haría el trabajo de librarme de una demanda.
—Ahora, cariño —dije con voz suave.
Harry lanzó el mismo hechizo violeta de antes y Ryan fue empujado más allá de las barreras y el portón. Los gritó fueron fuertes, para luego escucharse el sonido al caer al suelo. De la caída saldría algo dañado, pero nada que fuera mortal en realidad, pues no estaba tan lejos del suelo.
Cuando me quedé a solas con Harry, tiré la varita de Ryan hacia los portones, para que regresara con su dueño. No me interesaba destruírsela y dejarlo indefenso.
—Así que ese era Ryan —dijo Harry con voz profundamente molesta, girándose hacia mí y guardando su varita en la túnica. Yo hice lo mismo.
—¡Merlín! No creo que sea momento para hablar de eso, tenemos que volver a la fiesta —le dije caminando hacia la casa y subiendo rápidamente los escalones.
Escuché sus pasos atrás de mí, pero en el pasillo, entre el salón y el comedor, sentí sus manos rodeando mi muñeca y empujándome hacia una de las paredes, sosteniendo mis manos a los lados de mi cabeza.
Harry respiraba aceleradamente, como si no pudiera pasar el aire a sus pulmones de manera normal. Sus ojos verdes parecían brillantes y más oscuros, como el Avada. Su cara se puso justo sobre la mía y pude sentir la magia y el calor saliendo de su piel a rúales. Parecía no poder controlarse, parecía incapaz de tener el control de su cuerpo. Parecía salvaje e indomable, como un animal furioso. Y me encantaba.
—Ahora me vas a explicar porque ese idiota te ama, ¿Qué fue lo que hiciste para que así fuera? —exigió saber con la mandíbula apretada y los ojos acribillando los míos.
Estaba celoso, jodidamente celoso.
Quizá esa fue la expresión que tuve después de verlo besando a Ginevra aquella tarde hace dos años. Esa expresión, esa cara, esa rabia mal contenida. Así debí de verme, así de fuerte, celosa y peligrosa. No entiendo porque no se dio cuenta de lo que había pasado, si era tan jodidamente sencillo y fácil de saber. Yo estaba celosa y dolida ese día.
Lo miré directamente a los ojos, calculando cada gesto y respiración. No le tenía miedo, pero si estaba asustada por la posición en la que me tenía, no asustada a lo que él pudiera hacerme, sé que no me dañaría, sino a lo que yo quería hacer en ese momento con él. Asustada de no controlarme y terminar besándolo como deseaba hacer cuando lo vi atrás de mí, con la varita en contra de Ryan, mirándose tan furioso como ahora, cómo deseé hacerlo hace apenas unos minutos cuando lo vi sonreír con malicia a Ryan, al saber que lo aventaría muy lejos de aquí. Porque sí, vi aquella sonrisa que me hacía comprobar su lado slytherin, ese lado oscuro y malvado, ese lado incontrolable y vengativo, ese lado que era exclusivo mío, porque ante todos era un leal león, pero conmigo era el paquete completo, serpiente y león juntos.
Era muy difícil no pensar en cada posición y movimiento sobre una cama cuando lo tenía así de cerca y caliente. No querer saltarle encima al verlo tan enojado y apasionado. El sexo sería glorioso justamente en este momento, con él salvaje y celoso, con él ardiente y enojado.
Sí, Ginevra, él sigue siendo tan jodidamente mío, aunque no esté dispuesta a aceptarlo.
Pero no, no haría nada de lo que pensaba. Mi dignidad estaba en juego.
—¿Qué quieres decir con eso? Sólo porque tú empezaste a fingir amarme después de nuestra relación de sólo sexo, no significa que nadie más pueda amarme sin ese factor —le dije enojada.
—Dime que no te acostaste con él. ¡Dímelo, Pansy! —exigió, colocando su boca muy cerca de la mía.
Respiré profundamente, absorbiendo el aire que salía de entre sus labios. Cerré los ojos por unos segundos, para no terminar cediendo a aquella boca.
—No tengo porque contestarte, y es mejor que me sueltes, Potter —dije en un siseo, abriendo los ojos.
—¡Dímelo, Pansy! Dime lo que paso entre tú y ese maldito, porque te juro que lo matare y a ti, a ti te encerrare de por vida en esta maldita casa y jamás volverás a separarte de mí, jamás te perderé de vista —amenazó, besando mi cuello y enterrando la nariz en mi piel.
Mi respiración se agitó por aquel gesto, por aquellos labios besándome y por esa lengua acariciándome con delicadeza, algo sorprenden por la manera en cómo me apretaba las manos y las cosas que decía. Tiré la cabeza ligeramente hacia atrás, chocando con la pared y él aprovechó para posar su boca en mi garganta.
Me mordí los labios con fuerza para no soltar el gemido que quería dejar salir. Cerré los ojos y seguí disfrutando de sus caricias y en la manera en cómo su cadera se presionaba más a mi cuerpo, sintiendo aquella parte de él que deseaba con ganas. Harry siguió su camino de besos, hasta dejar uno entre mis clavículas y luego siguió con besos húmedos y tibios hasta llegar a mi barbilla, directo a mi boca. Recorrió de manera gentil mi mejilla y luego me besó la comisura de los labios.
—Dímelo, Pansy, dímelo mi vida, por favor, porque siento que moriré de celos —pidió suavemente contra mi piel— Te juro que te perdonare, sólo acabare con él y tú no te volverás alejar. Te amo tanto que no soporto la idea de alguien más contigo.
—¡Cállate, Potter, y suéltame ya! —exigí, recuperando un poco del control de mi cuerpo.
Sus manos me soltaron un poco, pero aquella condenada erección se pegó más a mi pelvis, haciendo que me tragara un escandaloso jadeo, aunque no lo tuve que reprimir tanto, pues la boca se Harry se abrió pasó en la mía.
Empezó a besarme con una pasión ardiente, sofocante y terrible. Su boca estaba caliente y dulce por los cocteles que le vi bebiendo. Sus labios estaban tibios y devoraban mi boca sin descanso, como si tuviera sed y hambre al mismo tiempo, una sed y un hambre de mí al parecer. Su lengua como una serpiente pasó entre mis labios y recorrió mi boca con gula, con una ansiedad arrolladora, haciendo que mis rodillas se temblaran y mis ojos se cerraran.
Las emociones se multiplicaron con esa acción. Cerrar los ojos me dejaba a su merced completamente, irrevocablemente.
No pude evitar corresponderle, mientras empujaba mis manos para que me soltara, necesitaba sostenerme de algo o sino caería al suelo. Él pareció entenderlo pues lo hizo, colocando ambos brazos en mi cintura y mis manos lo rodearon por el cuello, correspondiendo más profundamente al beso, jalándolo a mi cuerpo para que ni el aire pasara entre nosotros.
Sabía que me arrepentiría, pero no lo dejaría ahora. Estaba tan sedienta de él, de esto, de su boca, de su cuerpo, de aquella pasión que demostraba, de aquel calor insoportable que nos envolvía. Quería esto, tanto como él al parecer. Pero su traición estaba entre nosotros, sus engaños, sus mentiras. Todo. Mi rencor y mi odio igual.
Metí las manos entre nosotros, sobre su pecho y lo empujé. Su boca se alejó, pero sus brazos no se movieron ni un solo milímetro. Tenía la boca hinchada, con una mordida en el labio inferior, tenía los ojos dilatados y brillantes, con aquella excitación que ya conocía de sobra, pues en estos dos años no la había olvidado, era algo que me perseguía en las noches en forma de sueños.
—Suéltame —pedí otra vez, escuchando mi propia voz baja y ronca. Lo empujé, girando la cara para no tentarme más.
—Dímelo, Pansy —dijo mirándome a los ojos.
Seguí empujándolo hasta que sus brazos se aflojaron. Di un empujón mucho más fuerte y él dio un paso atrás.
—Entre él y yo sólo sucedió lo que pasó entre Ginevra y tú —dije con molestia, acomodando mi vestido.
—¡¿Eso que quiere decir?! —gritó e hizo el intento de volver acercarse, pero yo saqué mi varita y la enterré en su pecho.
—Lo que escuchaste —dije.
—No lo entiendo, pues tú piensas algo diferente a lo que pasó en realidad con Ginevra. Piensas que me acosté con ella —explicó él.
Me encogí de hombros y bajé la varita, para caminar al pequeño baño que estaba en el mismo pasillo. Cerré la puerta atrás de mí y me recargué en ella.
—¡Abre la maldita puerta, Pansy! —gritó golpeándola.
—Déjame en paz, Potter, y vuelve a la fiesta con tu futura familia política. No querrás seguir haciéndole esperar a tus futuros suegros, seguro están muy feliz de que por fin serás parte de su patética prole —dije con saña y me separé de la puerta.
Me miré en el espejo, viendo como mis mejillas estaban rojas, mis labios hinchados y rojos, mi cabello revuelto y mis ojos dilatados.
¡Estaba excitada, maldición!
—Eso no será así, porque nunca te dejare —dijo.
—Lárgate, Potter.
—Dime la verdad, es lo único que te pido.
Me acomodé el cabello con un pase de varita, para que nadie notara en mi persona lo que había pasado, aunque sentía que mis ojos me delataban.
Abrí la puerta y lo miré enojado y todavía celoso. Yo también estaba enojada.
—Sí es verdad lo que dices, si es verdad tu declaración de que sólo fue un beso, pues bien tienes la respuesta a tu pregunta de ahorita —dije.
Pasé de él, dirigiéndome al jardín, suficiente habíamos hecho esperar a los demás, teníamos que acabar la fiesta como si no hubiera pasado nada. Era hasta un milagro que no hayan escuchado nada de lo que pasó en la parte de enfrente, aunque eso quizá de debiera a la gran distancia que había entre el jardín delantero y el de atrás.
No era mentira lo que le había dicho a Harry. Ryan me había besado, un solo beso que yo no correspondí, pero eso fue exactamente lo que sucedió entre Ginevra y él, si era verdad lo que decía. Sabía que decía la verdad cuando me lo repetía casi todos los días, después de tantos arrebatos de él, pude creerle, pero aún no pensaba perdonarle.
No pensaba perdonarle su deseo de besar a otra, a la idiota de su ex, sobre todo. No pensaba perdonarle su falta de respeto hacia mi persona, su negativa a confesármelo y a pedirme perdón desde que sucedió. No pensaba perdonarle el que me haya olvidado mientras la besaba ella, pues me olvidó en aquellos segundos antes de hacerlo, me olvidó y sólo pensó en aquella idiota.
No pensaba perdonarle que me haya dejado de amar lo suficiente cuando lo hizo, porque eso fue lo que pasó, dejó de amarme en ese momento, dejó de amarme como siempre lo había hecho y eso a mí me partió el corazón.
Hola, hermosas personas. ¿Cómo están? Yo estoy bien, excelente diría yo, al parecer por fin mi inspiración fue tan amable de aparecer y al fin pude sacar un capítulo que me estaba dando dolor de cabeza, ahora solo tengo que pulirlo para que este satisfecha con él y podré subirlo.
Espero que les haya gustado el capítulo, algo intenso, ¿no creen? Por lo pronto, nos leemos el jueves, si es que no sucede algo más.
Les agradezco sus comentarios, desde el fondo de mi corazón, que así es.
By. Cascabelita
