Las visitas de Mary Ann eran repentinas y espontáneas como estrellas fugaces desprendidas del firmamento. Tan sorprendentes y satisfactorias como la visión de una estela blanca en el cielo estrellado.
Steve aún estaba acostumbrandose a la noción de tener a Mary de regreso en su vida cuando ella decidió sumar a Joan a su pequeña familia pero la idea de su hermana con una hija no era tan desconcertante como al principio.
—Mira quiénes están ahí, Jo.
Joan miró a Steve con esa expresión suya que le hacía preguntarse si se acordaba de ellos. Fue insultante que se mostrase igual de apática con él de lo que se mostraba con Chin y con Kono. Pero fue aún más insultante verla extender sus bracitos con algo muy parecido a la ansiedad apenas vio a Danny salir de su oficina para reunirse con ellos frente a la computadora.
Se consoló con la idea de que Joan se quejaba incluso desde los brazos de su madre.
—Hay, claramente, favoritismo —dijo Kono, a manera de protesta. El brillo en sus ojos la contradecía.
—Tiene locura por Danny —les confío Mary con una sonrisa. Miró a Steve fijamente antes de continuar—. Debe ser una cosa McGarrett.
—¿La locura? —preguntó Danny, pero su expresión era tan suave, tan afectuosa que la intención jocosa de la pregunta se perdió en el olvido. Abrió los brazos para recibir a Joan con una mirada tan cariñosa que Steve sintió que le costaba un poco respirar.
—No exactamente —dijo Mary.
