Elisabeth rara vez dejaba que algo le molestara. Era una mujer fuerte y decidida, que defendía lo suyo, y no se dejaba intimidar por nadie. Pero si debía ser honesta, aquello estaba a punto de sacarla de quicio. Una voz en su cabeza le pedía ser más diplomática y no empezar una guerra, aunque debía decir que no la empezaría, la terminaría. Nadie se metía con ella y salía ileso para contarlo. Miró con el ceño fruncido como Ash hablaba por teléfono interrumpiendo su cena. Se trataría de algún asunto del trabajo, el único motivo por el cual el joven se permitía descuidar sus encuentros con ella, y la verdad eran raras las ocasiones donde abordaban a Crimson después de sus horas laborales. Al menos hasta hace unas semanas. Desde que llegó a la ciudad cierta intrusa creída y pomposa, que creía disponer del tiempo de todo el mundo, y que su atención era todo un honor. Rose Bernstein creció como la princesita de papá, por lo cual estaba acostumbrada a tener todo lo que quería con un solo chasquido de dedos. Su figura y belleza cautivaban a los hombres y los ponían bajo sus pies para cumplir todos sus caprichos. Y aquello le producía a Elisabeth una antipatía natural hacía la mujer desde la primera vez que la vio. Todo lo contrario a su hermano Adelheid, con quien ella tenía cierta amistad. Su hermano era sencillo, honesto y honorable, cualidades que a Rose le faltaba. Miró a Ash con atención, mientras él se intentaba excusar de varias maneras sin parecer grosero. ¿Que la impedía de robarle su celular para cortar la llamada? Un increíble autocontrol, se dijo. Ash cortó la llamada con cierto pesar.
-¿Otra reunión urgente de cambio de idea?- Siseo molesta.
-Yo... sabes cómo es Betty. Es un trabajo grande, y Lois me lo confió, no puedo defraudarlo.-
-Te lo confió porque ella insistió en que quería que solo tu la atendieras Crimson.-
-Oh Betty, no creo que sea por eso.-
-Yo estoy completamente segura de que así fue.- Él sonrió con cierto pesar.
-No estés celosa Cher. Sabes que yo solo te amo a ti.-
-No creo que ella entienda esa sencilla razón.- remarco con ironía.
-Cher, no pasará nada. ¿No confías en mí?-
-No digas tonterías Ash. Sabes que confió demasiado en ti- "En la que no confió es en esa... arrastrada" Se abstuvo de decir. -Pero ni creas que me dejaras botada hoy, es muy tarde y no pienso consentirlo. No es propio que una... Dama pida una reunión a estas horas de la noche.-
-Pero Betty...- Ella lo miró fulminantemente.
-Si quiere reunirse contigo, que vaya mañana a la pastelería, no eres su criado para correr cada que ella quiera- Ash parecía querer refutar, pero la mirada de ella le hizo pensar mejor sus acciones. -Hablo en serio-
-Está bien Cher.- Tecleo algo en su celular, y después lo apago y lo dejó en la mesa. -¿Contenta?- Ella asintió por fin. -Sabes que mañana estaré atareado, no me van a dejar en paz.-
-Si sigues quejándote, te daré más motivos- Se acercó lentamente hacia él con actitud depredadora.- Además, aún falta mucho para mañana y planeo utilizar cada minuto hasta eso.- Un sonrojo iluminó su rostro mientras Betty se sentaba sobre él, robándole un beso demandante. Ash mando al diablo todos sus pensamientos sobre el asunto, realmente no le importaban tanto como tener a una Betty así de dominante dispuesta a saltarle encima, realmente le excitaba cuando ella se ponía en ese plan.
Ash había salido temprano por la mañana, aunque ella se quedó por más tiempo en la cama, sin pretender hacer nada más. Se desperezó después del mediodía, encontrando rastros de su último encuentro. Planeaba salir a pasear y tal vez llegar a secuestrar a Ash para comer juntos. Se estaba alistando para salir cuando una llamada a su número la detuvo. Vio con sorpresa al remitente antes de contestar.
-¡Adel! Cuanto tiempo- contestó francamente contenta. Al final sus planes cambiaron ligeramente, y se dio la oportunidad de distraerse. Se vio con él en un conocido restaurante cercano a la campiña.
-Elisabeth, me alegro que puedas acompañarme, pensé que estarías ocupada.- Él se levantó para acercarle la silla y volver a sentarse en su lugar.
-Hace demasiado que no sabía de ti, Adelheid. Creo que puedo abrirte un espacio en mi ocupada agenda.- Ella sonrió con cierta burla y él se rio.
-¿Tu muy ocupada agenda en la que siempre dejas esperando a todos por tres horas?-
-Oh, cierto, debí llegar más después, no se supone que pierda mi toque. Regresó más tarde, Adelheid-
-¡Elisabeth!-
-Solo bromeo, Adel. ¿Qué te trae a la ciudad? Pensé que seguirías de gira resolviendo los asuntos de tu padre.-
-Me ha costado algo de trabajo, pero me tomé unos días. Se hará un homenaje a mi padre en esta ciudad, y estamos arreglando todo. Por supuesto, espero que puedas acompañarnos-
-Sería un honor-
-¿Qué es eso que veo en tu mano?- Preguntó con repentino interés. -¿Será posible que la mujer más reservada del planeta por fin vaya a casarse?-
-No exageres, Adel. Lo haces ver como si fuera imposible que lo hiciera-
-Perdona Elisabeth. Es solo que... en los torneos eras la única mujer que no hablaba de relaciones amorosas.-
-No eran mi prioridad en aquel momento. Pero ahora.- Betty sonrió mientras veía el anillo- Creo que he cambiado de opinión.-
Adelheid ciertamente vio el cambio en la actitud de la mujer. Por primera vez parecía soñadora y con un aire feliz rodeándola, ya no se le veía seria y ciertamente estaba más gentil que lo que recordaba.
-Entonces, tal vez debas traerlo a la fiesta para que lo conozca. Tenemos demasiados invitados obligados, y será bueno tener a alguien conocido en aquel mar de pretensiones.-
-Se lo que es eso. Sigo odiando esas ridículas fiestas.-
-Yo siempre trato de evitarlas, pero sería malo que el propio anfitrión no asistiera a su fiesta.- Elisabeth rio y él le siguió.- Pero por hoy quiero olvidar eso, sería mejor ponernos al día de unas cuantas cosas fuera de las fiestas de apariencias.-
La tarde pasó entre pláticas sobre sus vidas, y ciertos rumores sobre algunos luchadores de los torneos pasados, que eran poco creíbles, pero que al menos sirvieron para hacerlos reír. El tiempo realmente pasó muy rápido, y cuando menos se dieron cuenta ya había oscurecido. Adelheid como todo buen caballero, se ofreció a acompañarla a su casa en la noche, no sin antes dejarle la invitación a su evento, y recordarle que los estarían esperando.
Llegó a su recamara, encontrándose a Ash saliendo del baño con solo una toalla cubriendo su cintura mientras su cabello caía sobre su espalda. Lucía francamente cansado, aunque dibujó una sonrisa al verla llegar.
-¿Qué tal tu día?- Ash suspiró y se dejó caer en la cama.
-Amo la repostería, pero si vuelve a cambiar de opinión, te juro que terminare incendiando el lugar, y jamás volveré a cocinar.-
-Hey, yo no tengo la culpa de eso, yo quiero seguir probando tu comida.- Betty se sentó tras él, y comenzó a masajear su espalda y dejarle un par de besos en esta. Ash se relajó al instante ante las caricias, entrecerrando los ojos.
-Te extrañe, Cher.-
-Y yo a ti, Ash. Relájate, yo me encargare de lo demás.-
-Es una oferta tentadora Betty.- Ash se recostó sobre su pecho, dejando a Betty todo el espacio para que pudiera seguir con ese masaje.- No sé si pueda con esto.-
-Lo harás Ash. Esto terminará muy pronto, y tú y yo nos podremos escapar por unos días ¿Te parece?-
-Suena perfecto, aunque parece que falta una eternidad.- Ash sintió el peso de Elisabeth sobre su espalda, al tiempo que sus manos recorrían sus músculos tensos. - Realmente esto me está afectando... si fuera otra ocasión, yo estaría sobre ti y no al revés- Bromeo él, luchando por no quedarse dormido. Aunque pudo jurar que perdió todo el sentido por unos segundos, realmente Betty sabía lo que hacía y como complacerlo.
-Por una vez déjame consentirte Ash, ya tendremos tiempo para... otras cosas. ¿Recuerdas que tú quieres planear toda la boda?-
-Lo haré Cher. Eso no está en duda, de los dos, yo soy el que tiene el mejor gusto. Sin ofender.-
-Sé que tienes un excelente gusto, me elegiste a mi ¿Qué hay de mejor gusto que eso?- murmuró Betty con una pizca de diversión en su voz.
-Touche- Ash giró, para darle un beso en los labios. Giro hasta dejarla acostada en la cama. Para su sorpresa, ella ya se había desprendido de la mayor parte de su ropa.- Te adoro Betty. Solo ansió que llegue nuestra boda. - Ash se abrazó a ella y al poco tiempo ya estaba dormido. Elisabeth se sorprendió de la rapidez con la que lo hizo, pensando en que tal vez se estaba exigiendo demasiado. Repaso su cabello con sus manos, y cada parte de su rostro antes de dejar pequeños besos en él. Dos días para que fuera el evento, y por fin pudieran librarse de tanto estrés. Elisabeth no planeaba dejar que Rose siguiera consumiendo más tiempo y energía del joven después de aquello.
Al siguiente día Betty planeo que podría reconfortar a Ash al pasar por él para comer y llevarle su comida favorita. Admitía que no cocinaba precisamente bien, y que su último intento había resultado con la comida quemada, y Ash burlándose, y que había jurado no volver a cocinar después de eso y planeaba cumplirlo, pero al menos sabía los mejores restaurantes de la ciudad, cosa que le facilitaría las cosas.
Hablo con Lois, quien al final cedió para que fuera a comer y espero a que Ash se desocupara. Estaba demasiado entretenido haciendo decoraciones para el pastel, unas rosas que parecían reales y que hacía con mucho esmero, sin darse cuenta de su alrededor. Lo observo con atención, y en cierta forma admiraba aquella dedicación que Ash ponía, realmente era raro verlo tan concentrado. Elisabeth sonrió y aguardo a que terminara con aquello, mientras lo veía trabajar. Cuando se percató que ya había acabado con las flores y volteó hacía el pastel, pudo ver a Betty que lo miraba atentamente. Ella se acercó a él para saludarlo con un pequeño beso, que Ash alargó sin importarle las miradas que le eran dirigidas, y Elisabeth lo sacó arrastrando del lugar algo abochornada al oír un par de silbidos.
Se dirigió a un parque con él, ambos comieron con tranquilidad en aquel lugar alejado por completo del bullicio.
-Estaba pensando...- Murmuró Betty mientras Ash comía su plato- Que mañana terminas con ese trabajo.-
-Gracias a Dios.- murmuró él con algo de alivio, haciendo que ella sonriera.
-Mañana por la noche podemos olvidar todo esto, y tal vez..-
El teléfono de Ash la interrumpió, y aquello le hizo fruncir el ceño. Ash contestó, pero dado a que tenía las manos ocupadas, prefirió poner el altavoz.
-¡Ashley! ¿Dónde estás?-Elisabeth no pudo evitar fruncir el ceño ante el llamado de aquella mujer.- ¿Porque no estás en la cafetería trabajando en mi pastel? Nada es más importante que eso.- Ash tragó seco al ver el rostro de su prometida ante cada comentario de su... clienta.- No importa, ven aquí inmediatamente. Quiero llevarte a mi casa para que veas detalles que quiero que queden plasmados en el pastel. Y necesitas conocer gente más adecuada, así que te presentaré a unos amigos, que mueren por conocerte.-
-Rose, querida, no creo que sea buena idea cambiar más detalles a un día del evento.-
-Pero Ashley, ¡tiene que estar perfecto! Además, tú me perteneces en este momento.- Elisabeth golpeó la mesa, y Ash se apuró a levantarse y tomar el teléfono.
-Yo no lo diría así Rose.-
-Lo haces, estoy pagando mucho por ti, y harás todo lo que yo quiera. Esta noche tengo una cena importante y quiero que me acompañes..- Ash se apresuró a desactivar el altavoz mientras veía a Elisabeth acercarse a si con aire amenazador.
-¿Quien se cree que es esa vieja bruja?-
-Rose, querida, estoy seguro que es muy importante para ti, pero debo trabajar en el pastel. Sí... sí, pero piénsalo ¿Quieres que el pastel esté incompleto por una cena con tus amigos?... Oh, estoy seguro que ellos no lo tomaran de esa forma, además los veré mañana en el evento.- Ash se debatía entre salir corriendo evitando a Elisabeth que estaba ya a pocos pasos suyos, dispuesta a nada bueno o lograr escaparse de Rose antes que ella llegara.- Te veré mañana, Cher..- Se apresuró a colgar.-
-¿Cher?-
-No, no lo decía a ella... Betty cálmate. Solo... debo regresar a la pastelería.-
-Oh, ¿ella te llama y te vas corriendo?-
-No es eso Cher... Betty. Ya pasó mi hora de comida, y realmente tengo mucho que hacer...-
-¿Cómo ir con ella a la cena?-
-No iré a ningún lado con ella, me quedaré en la pastelería todo el tiempo- Ash no se daba cuenta que retrocedía ante cada paso de Betty ¿Desde cuándo era tan grande?.- Solo... me quedaré a terminarlo, y mañana lo entregaré y será todo... lo prometo.-
-¿Te quedarás a su fiesta?-
-Solo lo necesario para entregar el pastel y presentaciones de cortesía, Cher nada más.-
-Ya veremos.- Elisabeth se alejó a grandes pasos de él, y Ash suspiró aliviado, hasta que se percató que alejaba de él rápidamente.
-¿Cher? Espera ¿A dónde vas?- Al final Ash tuvo que correr tras ella para alcanzarla, subiéndose al auto.- Cher, tranquila, no hagas una tontería. Solo será un día más de soportarla, y nunca más la volveremos a ver.-
-¿Cuando he hecho yo una tontería, Ashley?-La sonrisa de Betty y aquel tono de voz sin duda le causó un escalofrío y un mal presentimiento. Aquella no era la Betty que él conocía y a la cual sabía cómo tratar, aquella era Elisabeth Blantorche, la aristócrata que impartía miedo a sus opositores y enemigos.- No te preocupes Ash, te prometo que no haré nada... de lo que me arrepienta.- Ash trago en seco, pero no pudo decir ni una palabra ante aquella mirada tan penetrante que Elisabeth le dedicó. Cuando lo dejo en la pastelería, Ash no pudo evitar preocuparse. Había olvidado que Elisabeth era una mujer de armas tomar.
El día del evento no pudo evitar sentir un poco de alivio, todo transcurría normal y Rose no parecía lastimada. Sabía que debía sacar cualquier idea rara de la cabeza de Elisabeth, pero no pudo hablar con ella después del incidente. Elisabeth parecía tranquila aquella mañana, e incluso cuando le hablo por teléfono. Esperaba que el enojo le hubiera bajado lo suficiente, pero se apresuraría a regresar a casa en cuanto antes.
-Solo deja el pastel y huye elegantemente de Rose... puedo hacer eso.- Se animó mientras veía de reojo la fiesta, llena de invitados hablando elegantemente. Hasta el momento había evitado a Rose, y pretendía seguir haciéndolo hasta que fuera inminente. Vio el reloj que marcaba las 5 minutos para las 9 de la noche, y aquella sería su tiempo de entrada. Llegaría con el pastel al salón, para que todos lo admiraran, saludaría a Rose y se marcharía.
Cuando el reloj dio la hora, escucho como Rose anunciaba la entrada. Tomó aliento mientras se animaba a hacerlo. Puso su mejor sonrisa fingida y camino hacia el salón empujando el carrito. La respuesta de la gente era bastante obvia, después de todo un pastel así de grande llamaría la atención de cualquiera. Las personas se habrían paso ante él hasta que pudo acercarlo hasta el centro de la habitación. Incluso Rose parecía sorprendida con él, y aquello era una buena señal.
-Démosle un aplauso a nuestro repostero Ash Crimson por tan magnífico trabajo.- Y aquello atrajo toda la atención hacia él. Sonrió aún más forzadamente haciendo una leve inclinación. Rose se acercó hacía él, y Ash se tensó cuando ella tomó su mano, intentando zafarse.
-Me complace en presentarles...- Ash palideció al ver a Elisabeth en medio de la multitud acercándose a él. - A mi nuevo...-
Elisabeth recorrió la distancia que los separaba con gran rapidez, sin dejar en ningún momento de verse elegante, atrayendo la atención de todos los invitados e incluso de Adelheid. Sonrió con cierta presunción antes de tomar la mano de Ash, y plantarle un beso apasionado, mientras Rose volteaba a verlos sorprendida, con la otra mano de Ash atrapada- novio- soltó en apenas un murmullo audible. Elisabeth saboreo el silencio provocado en los espectadores antes de separarse suavemente de él.
-Adelheid, querido. Por fin puedo presentarte a mi prometido. - Elisabeth se giró hacia él y un pequeño grupo de nobles quienes no la habían perdido de vista.- Como te decía una chiquilla arrastrada no lo dejaba en paz. Pero ya no tendré que preocuparme por eso.-Elisabeth volteo a verla, Rose estaba temblando del coraje, completamente roja, mientras Elisabeth sonreía con deleite. -¿No es triste una mujer que no puede entender una negación y que tenga que recurrir a chantajes para obtener lo que quiere, Rose?-
-Tu...- Rose se contenía lo mejor que podía, aunque se notaba que estaba a punto de saltarle encima a Betty. -Él será mío, bruja.-
-Oh, que lastima querida, lo dudo.-Elisabeth levantó su mano, mostrando su anillo.-A menos que quieras ser un plato de segunda mesa, como no te ha importado serlo hasta el momento.-Rose se lanzó contra Elisabeth pero Adelheid la detuvo segundos antes de que la golpeara.
-¡Sueltame Adel!-
-Es una lástima Rose. Al parecer la clase no es algo que se pueda comprar, lastima por ti. ¿Nos vamos Ash?- Él no salía de su estupor, como casi todos los invitados a su alrededor. Elisabeth le plantó otro beso antes de salir del lugar dejando a Rose haciendo una pataleta mientras guiaba a Ash fuera del recinto.
-¿Betty?- Murmuró Ash después de salir de su estupor
-Espero que le quede claro a esa estúpida chiquilla que no se debe meter con mis cosas-
-¿Tus cosas?- Ash se sintió ofendido.
Elisabeth se volteó y acortó la distancia entre ellos mirándolo fijamente. -Tú eres mío Crimson, no se te ocurra dudarlo. -el enojo de Ash paso a cierto temor. -Y si quieres puedo dejarlo más en claro ante ti o cualquiera.-
-No sé si eso me parece excitante o perturbador, Cher-
-¿Alguna queja?-
-Yo sólo muero de ganas de que me lo dejes claro esta noche Cher. ¿Qué tal si vamos a un lugar más... Privado?-
Elisabeth fue caminando hacia el auto, sonriendo victoriosa ante los lejanos gritos de Rose, mientras Ash la seguía mansamente.
