Era muy extraño, porque yo sabía que los dos estábamos en peligro mortal.
Sin embargo, en ese momento, me sentí bien. Por completo…
Era como si nunca hubiera existido un agujero en mi pecho.
Luna Nueva –Stephenie Meyer.
Capítulo 20: Verdades.
Aún podía sentir el cosquilleo que sus labios habían impregnado sobre los suyos. Cerró los ojos y empuñó sus manos, reprimiendo el llanto, mientras las llantas del carro avanzaban, dejando atrás la clínica, dejando atrás a él.
Quizás era tonta o muy ingenua, pero había algo que no lograba encajar en todo esto. Edward le había dicho que no la quería, que sólo había intentado ver en ella a la muchacha que tanto había amado en su pasado; sin embargo, la forma con que había llegado para tomarla entre sus brazos y besarla, le habían gritado todo lo contrario.
¿Podía alguien mentir con tanta perfección?...
—Mamá, no sé por qué dejas que Isabella vaya en la ventanilla – se quejó Jessica – ¡No puede ver! Da lo mismo si va metida en la cajuela.
Ignoró el comentario. Ya tenía pensado lo que haría al llegar a Phoenix: le diría a su tía que se iría a vivir aparte. Se reirían, de eso estaba totalmente segura, le dirían que no era lo suficientemente diestra como para vivir sola; pero ella les ofrecería como ultimátum el buscar un abogado para cobrar directamente la herencia que sus padres le habían dejado. Eso bastaría para que ellos accedieran.
En la radio, una canción de piano comenzó a sonar, trayéndole de nuevo los tristes recuerdos de esa noche que, ahora, lucía lejana e imposible, como un sueño del que había despertado tenía poco. Sintió que un nudo le cerraba la garganta y acomodó sus espesos cabellos sobre el rostro, para cubrirlo si en todo caso las traicioneras lágrimas terminaban por vencerle.
"Quédate conmigo o, si deseas irte, déjame acompañarte. Sólo permite que esté a tu lado, pues no existe vida lejos de ti"
¿Cómo era posible que alguien quien jura no amarte te hable de esa manera? Los recuerdos le estremecían la piel por los sinceros que se mostraban, pero de pronto, como una sombra oscura, llegaban aquellas hirientes palabras y volvían todo confuso; lacerante.
Un sordo sonido sobre la ventanilla en donde, hacía poco, había recargado su cabeza, le hizo saltar. El carro frenó violentamente.
—¿Qué sucede? – preguntó su escandalosa prima
—No lo sé – contestó su tía – Unos… muchachos con una motocicleta nos han bloqueado el paso
—¿Unos muchachos?
—¡Bella!
—¿Reneesme? – respingó la castaña, bajándose automáticamente del automóvil
—Gracias al Cielo, te alcanzamos
—¿Qué sucede? – preguntó
—Se trata de Edward – palideció al instante – Bella, necesitamos que vengas con nosotros
—¿Qué le sucede a Edward? – pidió saber
—Isabella, ¡súbete al carro! – exigió su tía
—Te explicamos en el camino – interfirió una voz ronca
—¡Jacob!
—¿Me extrañaste? – preguntó el moreno, caminando hacia la cajuela y abriéndola, sin pedir permiso, para coger la maleta de la castaña
—¿Pero qué hace este tipo? – inquirió Jessica
—¡Isabella, ya te hablé! – Amenazó la señora – ¡Regresa al carro ahora mismo!
—Bella, Edward te necesita – murmuró Reneesme, para que nadie más que ella le escuchara, tomándole de las manos – está en peligro, por eso mismo te apartó de su vida.
—¡Isabella!
La castaña se giró y caminó en dirección al carro… solamente para cerrar la puerta
—He cambiado de opinión – dijo – me quedaré
..
..
¡Jasper!
Sus recuerdos vuelven nítidos a mí, mientras mi mirada busca perderme en la borrosa carretera, intentando, inútilmente, hacerme creer que el tiempo sin ella transita rápidamente. Espero caer en un sopor que me prive de su necesidad; pues, de otra manera, seguramente moriré.
Te amo…
He dejado mi alma entera entre sus manos, he dejado mi felicidad en su sonrisa, he dejado mi futuro en sus ojos, he dejado mi humanidad en el calor de sus brazos, mi fe en su inocencia…
Hay vacío y soledad. Sin ella, sin Alice, no hay voz… me vuelvo en un mudo para todos. Ella me escuchaba, siempre lo hacía. Hablábamos con la mirada, con esa mágica conexión que, ni en mil millones de personas, lograré encontrar otra vez. Y eso, está bien, pues la hace aún más especial…
El vibrar de un celular le sacó de sus tristes pensamientos. Frunció el ceño, su número nada más lo tenían sus amigos de la clínica y parientes y-obviamente- ellos sabía que la única manera de comunicarse con él de esa forma, era mandando textos. Sin embargo, en esa ocasión, era una llamada entrante.
Miró a la rubia que venía acurrucada sobre su hombro, durmiendo. No quiso molestarla. Seguramente alguien, por pura casualidad, se había equivocado. Canceló la llamada, pero ésta volvió a insistir al segundo siguiente. Aún sabiendo que no podría decir el típico "¿Hola?", contestó.
Al parecer, al otro lado de la línea no esperaban un "Hola" para comenzar a hablar.
—¿Jasper?
Todos los sentidos se le enfriaron al reconocer su angustiada voz. ¡¿Alice?! Articuló con los labios, sin emitir sonido alguno.
—¿Quieres a tu noviecita de regreso? – en lugar de su vibrante vocecilla, un sonido ronco fue quien respondió.
Con las manos temblando y el semblante tan blanco como el de un fantasma, guardó el celular en sus bolcillos cuando, tras darle la dirección a la que tenía que ir, le colgaron. Rose pareció sentir la tensión en sus hombros ya que, poco después, despertó.
—¿Te sientes bien? – preguntó al verlo, estático y pálido, como un fantasma
Se limitó a negar con la cabeza
—¿Qué pasa?
—Ellos… han capturado a Alice. Y seguramente, también a Edward y Reneesme.
La mirada de la rubia se dilató. Emmett, él no iba a permitir que nada les pasará a sus amigos, ¿Y si estaba herido?
—Quieren que vayamos, o la matan.
—Tenemos que buscar la manera…
—No – interrumpió, negando frenéticamente con la cabeza – Rose, tú no vas.
—Por supuesto que voy – discutió su melliza – no voy a dejarte solo en esto.
—Ese hombre… está ahí – recordó – No quiero que te vuelva a tocar, o lo mato.
Sí, una de las experiencias más doloras para Jasper había sido ser obligado a ver cómo violaban a su propia hermana, a pocos metros de sí, sin poder hacer nada, más que gritar hasta enmudecer –literalmente –.
Los ojos de la rubia se llenaron de lágrimas ante los negros recuerdos, pero luchó por mantener su expresión serena y valiente. Con ambas manos, tomó el rostro de Jasper y besó su frente.
—Ya no tengo miedo – aseguró – Además, los chicos nos necesitan. O somos todos o nada…
Dejaron de mover sus manos cuando María les dedicó una curiosa mirada. Rose le dedicó un gesto arrogante y la ignoró, mientras tomaba la mano de su hermano y, sobre ella, escribía
—Nacimos juntos, siempre hemos estado juntos… Es mi obligación estar contigo.
Escaparse fue fácil. Solamente bastó que Rose manifestara ganas de ir al baño, para que el chofer parara en uno de los tantos cafés que se encontraban a los lados de las gasolineras. En el primer descuido, corrieron hacia un automóvil, conducido por un trío de jóvenes que, al parecer, iban a una playa.
Rose extrajo la libretita que siempre le acompañaba y se la dio a Jasper. "Necesitamos ayuda, por favor, llévennos de regreso a Forks" Al tender la nota, mostró un buen fajo de dinero, que terminó por convencer a los extraños muchachos.
El carro transitaba velozmente por la carretera, retrocediendo la distancia que ya habían avanzado, regresándolos a Forks, a ese lugar que les había traído esperanza y que, ahora, se había convertido en un epicentro de angustia y desesperación. El atrapa pesadillas se había roto, los miedos del pasado habían regresado con más fuerza.
Los Hale hicieron que el automóvil frenara en una desolada calle. Ahí, se suponía, los estarían esperando. En cuanto quedaron solos, Jasper tomó fuertemente la mano de Rose, quien, a pesar de querer evitarlo, temblaba. Un hombre grande se acercó a ellos, con mirada amenazante y sigilosa. Los gemelos pudieron apreciar que no estaba solo, habían otros más, ocultos entre algunos muros. Y, seguramente, estaban armados.
El fornido muchacho intentó tocar el brazo de Rose, pero Jasper se lo impidió bruscamente.
—Cuidado con lo que haces – le advirtieron – cualquier movimiento en falso y ¡PAM! Están muertos.
..
..
—¿A- a dónde vamos? – preguntó la castaña, mientras la moto prácticamente volaba sobre el pavimento.
—A un hotel – contestó Reneesme
—¿Y Jasper y Rose?
—No logramos alcanzarlos. Les hemos intentado hablar al móvil, pero no contestan.
La morena permaneció en silencio, intentando controlar sus terribles miedos. ¡Qué tonta había sido al no darse cuenta que Edward había actuado de esa manera solo para "protegerla"! ¿Y qué pasaba si ni ella, ni Reneesme, ni Jacob lograban hacer algo para ayudarles? ¿Qué iba a suceder si Edward o sus amigos salían lastimados?
—Bella, ya llegamos.
Al bajar de la moto, las piernas le temblaban y sentía lacerantes espasmos recorrerle cada poro de piel.
—Dejáremos tu equipaje en el cuarto y después iremos a donde se esconde Lucio y sus hombres. Seguramente ahí tienen a Edward y al resto.
—¿Y si no están ahí? – susurró, ante la falta de aliento
—Estarán – aseguró Jacob, mientras subían las escaleras. La mirada del moreno recorría cada rincón que pisaban y escudriñaba a cada persona que pudiera estar cerca – no tienen otro lugar para esconderse. Además… seguramente me están esperando
—¿Esperando?
—Los he traicionado, Bella. Con lo que no cuentan es con que he hablado a la policía y dado cada uno de los datos y ubicaciones sabidas.
—Pero… ¿eso no te involucra a ti?
—Estar en la cárcel es lo menos que merezco
—Por supuesto que no – discutió Reneesme, capturando su rostro entre las manos – Tú no irás a ningún otro lado que no sea a mi lado, después de esto.
El moreno sonrió. —Eres una soñadora
—Y tú un arrogante apático
Bella se abrazó el pecho al recordarle. Qué frío sentía… qué frío y miedo le embargaban estando lejos de él, de sus cuidadosas manos y sus tibios besos.
—Todo estará bien – le reconfortó Reneesme – pronto estarás con Edward.
—Si… - asintió, luchando por tomar de la otra muchacha las mismas fuerzas y la misma fe.
..
..
Sus ojos oscuros radiaban en cólera, sus dientes rechinaban de impotencia y su cuerpo temblaba al reconocer al hombre que se le acercaba lentamente, con una ancha y desvergonzada sonrisa pintada en el rostro
—Hijo – dijo Lucio, abriendo los brazos para recibirle
Lo primero que Emmett intentó fue embestirlo, pero las manos que le sujetaban le frenaron.
—Maldito – siseó, recibiendo una sonora bofetada al instante
—Respeta a tu padre – indicó el señor, con voz gruesa
—¡Padre! – Replicó él – ¡Nos abandonaste! Dejaste a mi madre sola…
—¡Claro que no! – Le discutieron – Le ofrecí mi ayuda, pero ella se negó a aceptarla.
Su mandíbula tembló nada más al recordar a la mujer que tanto le había amado y luchado para sacarle adelante.
—Si tú hubieras estado esa tarde… ella y Cathy…
—Vamos, Emmett. Han pasado años después de eso. Ya es momento que lo vayas superando.
Bufó con amarga incredibilidad. ¿Cómo era posible que alguien con un corazón tan desalmado tuviera forma de humano?
—Era tu esposa… Tu hija.
—Ya no están – le recordaron – Revivirlas, no puedo. Solo me quedas tú.
—¿Yo?
—No te diré que te he buscado anteriormente – confesó el señor – pero, cuando supe que podrías estar cerca de mí, me alegré mucho. Soy un hombre poderoso y de negocios, Emmett. Tengo riquezas y grandes casas y terrenos, pero no tengo a más familia que a ti. Así que…
—No quiero tu asqueroso dinero – interrumpió.
La mirada de Lucio ardió en su dirección y estiró el brazo solamente para estamparle un fiero puñetazo que le desangró la boca.
—¡¿Qué quieres entonces?! ¿Seguir viviendo en la miseria, pisado por un pasado vergonzoso? Vamos, muchacho, no seas ingenuo ni trates de hacerte el digno. Ante los ojos de todos, eres y seguirás siendo un asesino. ¡Corre por tus venas el ser criminal! No te niegues a tu destino.
—Señor – Laurent interrumpió aquella discusión – Los Hale están aquí
—Rose – musitó Emmett, inconscientemente, repletó de miedo. Tal gesto no pasó desapercibido para Lucio, quien, volviéndose con una descarada sonrisa, dijo:
—Rose. Ella misma. ¡Qué linda muchacha! Demasiado exquisita para saborearla…
—Maldito…
—Traigan a la rubia – ordenó – Creo que a mi hijo le dará tanto gusto, como a mí, el verla.
..
..
—Qué linda, eres, pequeña
Su menudo cuerpecito temblaba y sudaba frío, mientras los dedos de Demetri se deslizaban de sus mejillas hasta su cuello. Sus ojitos brillaban de miedo, de asco, de dolor.
—No me toques – trató de que su voz fuera firme, pero solo pudo lograr articular un débil gemido, muy parecido a una súplica.
Aquel terror casi tangible le divertía al despiadado muchacho que, con mirada lasciva, comenzó a desabotonarle los botones de la camisa, lentamente
—Por favor…
—Shh… silencio – le acariciaron los labios – no te va a pasar nada malo; créeme, puede que te guste.
Sin nada que ella pudiera hacer por evitarlo, Demetri la tomó entre brazos y la levantó de su silla. Alice empezó a gritar por ayuda; aunque bien sabía que pocas esperanzas habían.
—¡Alice! – llamó Edward, al reconocer su voz al otro lado de la habitación.
Con sus manos tentó cada pared que le rodeaba en aquel pequeño lugar. Encontró lo que, seguramente, era la puerta. Intentó abrirla, empujándola, pateándola, embistiendo su cuerpo contra ésta, pero todo resultó inútil. Los gritos de su amiga no cesaban, aumentando su impotencia.
—¡Alice! – bramó, hasta casi quedar afónico.
La puerta se abrió en ese instante.
—Haces demasiado escándalo, querido
—Heidi – reconoció – ¿Por qué haces todo esto? – La muchacha no contestó – Heidi, por favor, no permitas que le hagan daño a Alice.
—¡Ba! ¿Y por qué habría de hacer eso yo? Se lo merece. Todos ustedes se merecen todo lo que les pasa. ¡Me rechazaron! – explotó de repente. Edward sintió cómo la punta de algo filoso, quizás un cuchillo, amenazaba con enterrarse en su pecho – Yo te quería, Edward – continuó la enferma mujer, acariciando con sus labios la piel libre de su cuello y apretándose hacia él – Tú me dijiste que no; preferiste a esa ciega inútil… Pero, creo que aún podemos darnos una oportunidad. Acaríciame, Edward, hazme tuya rápidamente, dime que amas y te prometo que te sacaré de aquí.
La repentina y absoluta quietud del muchacho le dio su respuesta. No. Aquello la enfureció —¡Perfecto! – exclamó Heidi, mientras tomaba impulso para que el cuchillo se ensartara en su objetivo.
Movimiento reflejo. Cerró los ojos y concentró sus pensamientos en la frágil muchachita que se había marchado pensando que él no la amaba. ¡Qué ridículo había sido! ¡Qué osado el haberle mentido de esa manera, cuando, ahora, un segundo antes de su muerte, solamente ella estaba presente! Recordó el eco de su risa, recordó su perfume y su calor para no ser consciente del dolor que estaba a punto de llegar.
—¡Edward!
Había funcionado de maravilla. ¡Hasta podía escucharla llamarle!
—¡Edward!
Dejó escapar un suspiro. Después de todo, no había sido tan malo; al contrario, era hermoso morir de esa forma, escuchándola, sintiéndola cerca… aunque no fuera real.
—Edward, por favor, dime algo
La angustia que bañaba aquella suplica fue lo que le confundió. El tórrido roce de unas temblorosas y pequeñas manos sobre su rostro, le hicieron reaccionar.
—¿Bella? –musitó, mientras la punta de sus dedos se alzaban hasta alcanzar el rostro de la castaña. Entonces, lo supo. Esa reacción tan deliciosa que solamente ella le provocaba al estar cerca, no podía ser igualada ni en los mejores sueños – ¡Bella!
La morena se lanzó a sus brazos y él la recibió con fervor y cariño, con gratitud y angustia, con miedo y fe.
—Me alegro tanto que estés bien…
—Tonta – susurró, depositando breves, amorosos y numerosos besos en cada parte de su rostro. Jamás se había sentido tan agradecido y traicionado por la vida al mismo tiempo. El tenerla de regreso, el poder apreciar su calor otra vez, cuando pensó que ya no sería así, era como una bendición que, temía, el destino fuera a cobrarle un precio muy alto – ¿Qué haces aquí? ¡Te dije que te fueras! ¿Qué hago si te pasa algo?
—¿Cullen, podrías dejar tu papel de Romeo para otra ocasión? – le interrumpió Jacob, mientras sostenía a Heidi por la espalda y le amenazaba con su propia arma.
Edward se puso rápidamente de pie y acomodó a Bella detrás de él.
—Alice…
..
Decidí cortar el final en dos partes (quizás hasta sean tres, depende) por que el capítulo se extendía como no tienen una idea u.u. En fin, me cargo un dolor de cabeza terrible, así que me voy a descansar. Se cuidan y gracias por su apoyo, hasta pronto. El final se acerca, chan,chan,chan…
Atte. AnjuDark
