Aliviado.

Poco después de ambos aclarar sus sentimientos por el contrario. Viajaron a Japón para formalizar con los padres del nipón. Viktor estaba nervioso. Ya conocía por lo menos a sus suegros y cuñada pero, la situación ahora era totalmente diferente. Su idílico sueño de pedir la mano de su azabache, casarse y luego marcarlo se había ido al caño. Ahora estaba frente a la mirada severa del padre de Yuuri quien sólo miraba avergonzado hacia el piso.

Ambos estaban sentados frente al Toshiya Katsuki, quien los escrutaba con la mirada, mientras esperaban que Hiroko volviera con el té y panecillos para comenzar la conversación. El ambiente tenso se aminoró cuando una regordeta mujer de lentes entraba seguida de una joven rubia. Quienes se rieron ante el cuadro que representaban.

-Toshiya San… deja de intimidar a los niños –con una sonrisa.

-Sí, papá, además sólo Viktor cree que estás molesto, Yuuri no seas cruel con tu alfa…

-¿Eh?

Los dos japonés, no pudieron aguantar más la risa. Yuuri sabía que su padre lejos de estar enojado se encontraba tranquilo. Siempre se había culpado y preocupado por la condición omega de su hijo. Sabía que el mundo era cruel para ellos y lo único que siempre había pedido junto a su familia era que encontrara a alguien que lo cuidara tanto como el ruso había demostrado.

-Lo siento Viktor, teníamos que hacerlo… -decía después de recuperar el aliento Yuuri—mis padres por alguna razón te adora, el que estemos aquí, es por el hecho de que deseaba tener a toda mi familia completa, incluyéndote ya que ahora eres parte de nosotros.

-Yuuri… Yo no…

-Viktor, sólo tienes que cuidar a mi Yuuri -decía Hiroko.

-Puede ser demasiado inseguro a veces –siguió Mary—pero, es la persona más noble que conozco, así que Nikiforov, como esto no lo dirán mis padres lo diré yo: Sí le haces daño a mi hermano menor, créeme que el miedo que impone el jefe de la mafia rusa, no se comparará con el que te haré sentir.

Ambos padres asintieron con una sonrisa apacible. Viktor sintió un escalofrío ante esa amenaza tan clara y el apoyo a esta de sus padres. Yuuri sólo asintió avergonzado y asustado. Viktor sólo asintió reiteradamente, el azabache no había negado ni hecho algún comentario de ser una broma, así que por algo sería y no pensaba averígualo.

Su estadía en Japón fue corta. Yuuri fue consentido en extremo por su familia. Preguntaban por su salud cada cierto tiempo. No le permitían hacer nada brusco o que le requiriera mucho esfuerzo. No le daba importancia el azabache, al final tenía mucho sin verlos, habían pasado meses desde que se había mudado a Rusia y ya extrañaba su hogar sobre todo las aguas termales.

Era la última noche que estaban en Hasetsu y Yuuri aunque no se negara a compartir la cama, le tenía prohibido entrar a las termas cuando estaba él. Por alguna razón no quería que Viktor lo viera desnudo y las veces que habían intimado, el japonés le pedía que no lo desvistiera por completo. Como un niño caprichoso, Viktor no se iría sin bañarse junto amado cerdito. Usualmente este esperaba a que todos se durmieran para bañarse y relajarse. Así que Viktor fingió dormir y entrar después de su amado.

Primero se deleitó al ver su cuerpo semidesnudo mientras lavaba su cuerpo. Embelesado disfrutaba de la vista hasta que Yuuri decidió ponerse de pie para entrar al agua caliente de la terma. Se sorprendió al ver cuánto había subido de peso, ahora entendía el porqué de su rechazo a que lo mirara desnudo pero, era un aumento de peso extraño, sólo se ubicaba en la parte baja de su abdomen, se veía adorable aún con esos kilos de más. Su suegra le había comentado su tendencia a subir rápido de peso, así que debía ser por tanto katsudon que habían comido en la semana.

Rápido y con el menor ruido posible lavó su cuerpo y entró a la terma. Yuuri se encontraba distraído disfrutando de su tiempo de soledad. Viktor lo atrajo para sentarlo entre sus piernas y abrazarlo. Pese al susto que el azabache sintió al inicio se tranquilizó al ver que era Viktor, aunque debía molestarse ya que le había pedido que no entrara pero, si era sincero él también deseaba bañarse con él.

-Yuuri… mi dulce cerdito –besó su cuello—¿te avergüenzas de haber subido un poco de peso?

-Sí, no quería que me vieras así…

-Eres el cerdito más hermoso y apetitoso que he visto.

-Viktor, no lo haremos aquí –dijo tajante—mañana nos vamos a Rusia y podremos hacerlo con calma… -comentó avergonzado.

-Pero… ya ha sido una semana…

-Y serán dos si insistes –bromeó Yuuri—yo también lo quiero pero es la casa de mis padres, me da vergüenza hacerlo aquí. Por favor se paciente…

-Claro L'yuvob, es solo que te amo tanto que no puedo evitarlo…

-Además –tomó las manos del ruso y las llevó a su abultado vientre—creo que debo ir con Yakov. Mamá no ha dicho nada pero creo que lo intuye así como yo, eso sin contar que el comportamiento de mi familia no es normal, usualmente no es tan complaciente cuando pueden tenerme ayudando en el onsen –sonrió.

-Yuuri no entiendo…

-creo que tendremos un cachorro…

Viktor se quedó estático. Yuuri al no escuchar o sentir alguna razón del alfa se separó de él para verlo. El rostro del peliplata era un poema, entre la sorpresa, el miedo y la alegría. Podía sentir como todas esas emociones jugaban en el interior de Nikiforov. Vio como perlas saladas caían por las mejillas del ruso. Lo atrajo hacia sí para besarlo y abrazarlo.

-¿Estás contento?

-Claro, L'yuvob, claro que lo estoy. ¡Yuuri soy el más feliz del mundo!

Regresaron a primera hora a Rusia, Yurio estaba en sus últimos meses y Otabek, ni el rubio, querían separarse más de 5 minutos. Así que mientras el rubio daba a luz, el peliplata tendría un poco más de trabajo de lo usual al tener que encargarse de la parte del Kazajo. Sin embargo, lo primero que hicieron al llegar fue visitar a Yakov. Quien en efecto confirmó las sospechas de Yuuri, si no se equivocaba, podría decir que ya estaba embarazado desde la primera vez que fueron a consultar sobre ese tema pero, el ultrasonido no fue eficiente debido al poco tiempo de gestación.

Ahora sólo quedaba esperar a que su bebé naciera al igual que el de su rubio amigo. Quien desde se enteró sobre el estado del azabache se la pasaba cuidándolo (mejor dicho su pareja los cuidaba ambos) por suerte las náuseas y achaques no aparecían aún, o eso creía, ya que cierto peliblanco había comenzado a sufrir mareos constantes así como vómitos matinales, de los que su omega no se había percatado y el mayor no se atrevía a comentarle, no deseaba preocuparlo. Pensaba que era mejor que él se llevara esa parte del embarazo, no deseaba que su hermoso omega sufriera ese martirio matinal.

-Y se van a intensificar cuando a Yuuri le comiencen los antojos –decía Otabek desde la puerta del baño de huéspedes.

-Gracias por la advertencia… -decía inclinándose de nuevo contra el inodoro para expulsar la bilis que su cuerpo no podía retener- ¿Cuándo se van a acabar?

-Con suerte hasta el sexto mes y Yuuri tiene 4 aproximadamente, iré a hacer el desayuno ¿qué se te antoja?

-¡Largate!

Otabek esquivó la botella de shampoo que le había arrojado el ruso para irse a hacer el desayuno. Ambos Yuuris estaban despiertos, mientras que el rubio se burlaba de su compatriota, el otro se sentía culpable, aunque agradecía no estar en los zapatos de su alfa. Por lo visto sería un embarazo algo largo para su pareja.

Capítulo cortito pero ya es el final :D aunque falta el epílogo prometo no tardar en actualizar.