22-Mas verdades…más mentiras.

Caminar por el estrecho pasillo de la comisaria le resulta poco más que horroroso. Sabe que al final del camino se encuentra el rostro que ha plagado sus pesadillas por diez largos años.

Se detiene un segundo en medio del iluminado lugar, apenas puede respirar y tiene que hacer un esfuerzo sobre humano para que aquellos que lo acompañan no noten su dolor, su terror, su pena.

—Hiroki…

Alguien lo llamó así alguna vez, también había amor en aquella voz. Esa voz que de pronto se le hace tan real. Se mira en medio de una espesa bruma, los recuerdos lo asedian, aquellos terribles recuerdos.

"—Métanlo en el auto. — grita una voz y él se encuentra pronto suspendido en el aire, empujado hacia un camión oscuro sin saber a dónde lo llevaran."

¿En qué pensaba en aquel momento?

Sí, ya lo recuerda.

"Acababa de perder su empleo, la familia buena y amable que lo había contratado a pesar de su juventud e inexperiencia en aquella pequeña panadería, ha desaparecido. El lugar está cerrado y una escueta nota entregada por un hombre mal encarado le dice que ya no tiene con que llevar sustento a su hogar.

¿Qué le dirá a Misaki?

¿Cuánto más planea golpearlo la vida?

Hiroki se detiene un momento en medio de la pequeña y desolada calle, con angustia acaricia su vientre. Hace apenas unas semanas la persona que juró que lo amaría por siempre, lo dejó con una crueldad que ni el más bajo de los criminales merecería.

Ese mismo que le juró muchas veces que jamás lo abandonaría, lo acusó de bajezas innombrables, lo golpeó, le escupió a la cara el más aterrador de los desprecios y le dejó llorando en el umbral de la pequeña casa que sólo había conocido sus palabras dulces, sus románticos besos.

Después de días de llanto, de noches insomnes, de preguntarse millones de veces que pudo ocurrir para merecer ser objeto de tal odio, se ha resignado a la pérdida. A veces ha pensado que está en shock, a veces piensa que solo es un mal sueño del que pronto despertara, pero los días pasan y nada sucede. Todo sigue igual y deambula por la casa como un autómata, su hermano lo ve hundirse día tras día en una profunda depresión y el pobre niño que en su corta edad solo conoce dolor de la vida, se siente impotente de no poder hacer nada para devolverle la felicidad a aquel amado joven.

¿Qué le diré a Misaki? —murmura con dolor, pues su hermano solo tiene preguntas y él no tiene una sola respuesta.

¿Qué le pasó a Nowaki?

No lo sabe, no sabe porque le dejó de forma tan cruel, no sabe porque renegó de su pobre hijito que ni siquiera ha nacido. No sabe porque perdió el trabajo del que tanto dependía, no sabe que hará ahora con su vida ¿Cómo hará para mantener su hogar, para cuidar de su bebé?

Ya encontraré otro trabajo. — se anima, tratando de imprimir optimismo en su cansada voz.

Emprende de nuevo el camino, limpia las lágrimas que humedecen sus mejillas, piensa en su hermano y en el maravilloso tío que será. Ya se las habían arreglado cuando sus padres murieron siendo ellos apenas unos niños, lo volverían a hacer.

Ese fue el último pensamiento que llenó su mente, antes de que abruptamente lo lanzaran al interior de aquel camión e inconsciente se lo llevaran a lo que serían meses de infierno."

—Hiroki mírame, nos vamos ya mismo de este lugar.

La potente voz de Shinoda lo saca de sus recuerdos, de pronto el rostro amado del hombre que lo protege, que le da paz, se vuelve nítido ante él.

Está preocupado, todos los están.

Suspirando acaricia el varonil rostro y le sonríe.

—Tengo que hacer esto, Shinoda.

Hay mucho dolor en esa declaración, pero Shinoda sabe que hay más que dolor, hay entereza, hay fortaleza, hay el deseo de acabar con aquellos demonios que llevan años acechándolo.

Asiente y emprenden de nuevo el camino. En el interior de una pequeña oficina ya les espera el joven abogado de los Usami. Este al verlos se pone de pie ansioso. Hiroki apenas repara en él y son Ryu y Takahiro en su calidad de abogados los que se presentan y escuchan la palabrería del joven.

Hiroki se sienta en una fría silla, su mirada se pierde en dolorosos recuerdos y Shinoda tras él, siente el dolor que le causa todo aquel proceso y siente el deseo de asesinar a todos lo que han ocasionado aquel dolor.

"Al principio pensó que estaba viviendo una nueva pesadilla, el cuarto donde lo habían encerrado apenas tenía una pequeñísima cama. La luz de una bombilla emanaba una claridad mortecina, tenue. No había ventanas, ni mas muebles y las paredes con el pasar de los días se le hicieron más y más amenazadores, como si de pronto fueran a tragárselo.

Sus secuestradores son poco expresivos, le traen comida dos veces en el día y una botella de agua debe bastarle para todo el día.

Al principio le daba miedo comer aquellos alimentos, pero pensar en su bebé lo anima a arriesgarse.

Su bebé, su hermano ¿Qué futuro les espera? ¿Qué quieren de él? ¿Por qué lo tiene en ese lúgubre lugar?

La respuesta le llegó un día de aquellos largos y oscuros. Se la dio un hombre osco y mal encarado que lastimosamente conocía.

El padre de Nowaki destrozó sus ilusiones de que aquello fuera un mal sueño y con sus palabras, volvió aquello una realidad aún más terrorífica, más dolorosa de lo que jamás imaginaria"

La puerta de sus recuerdos se cierra un momento cuando por la puerta de la pequeña oficina entra Nowaki, escoltado por un guardia.

—No pueden estar tantas personas aquí. —Espeta el hombre con molestia. Sienta a Nowaki en otra pequeña silla y solo una mesa lo separa de Hiroki, que lo mira, pero parece no verlo. —Solo el reo con su abogado y la visita con su abogado.

Shinoda se rehúsa a salir, la palidez en el rostro de Hiroki le dice que aquello es demasiado para él.

Sólo que Hiroki es quien tiene la última palabra.

—Ryu, quédate conmigo. —Le pide a su amigo. Él, que conoce sus más profundos secretos. Él, que lo acompañó en el largo camino de su recuperación. Él, que sabe no dirá nada en contra de sus designios. — Los demás espérenme afuera.

Shinoda lo mira con preocupación.

—Por favor. —le ruega Hiroki tomando su mano suavemente.

Finalmente Shinoda y Takahiro salen junto con el guardia que les recuerda en tono altisonante.

—Tienen una hora, recuerden que esto no es un club social.

Sumi mira al hombre con molestia y cuando este sale, se dirige a Hiroki entregándole unos papeles.

—Shinojara sama, lo hemos citado para hablar de…

—No se dirija a Shinojara sama, lo que tenga que decir o entregar lo procesará conmigo. —interviene Ryu con arrogancia, interceptando los papeles que el joven iba a darle a Hiroki.

Sumi se amilana un poco ante la no disimulada agresividad del otro joven abogado. De hecho tiene rato anonadado ante la agresividad de todos lo que rodean a Hiroki Shinojara. Tal pareciera que si pudieran matar a Nowaki lo harían sin ningún remordimiento.

¿Qué más había detrás de todo aquello?

Se preguntó Sumi cuando con aplomo se dirigió a Ryu como este le había ordenado.

—Tengo entendido que la hija de Usami sama se encuentra en casa de Shinojara sama. Según me dijo mi defendido es su sobrina y…

—Es mi hija. —murmura Hiroki ante el asombro de Sumi y el dolor apenas disimulado de Nowaki.

—Disculpe, no lo escuché bien ¿dijo usted?

—Allegra es mi hija…

Hiroki dirige aquellas palabras directamente a Nowaki, por un momento solo están ellos dos en aquel sombrío lugar.

"Han pasado meses. Hiroki ha perdido la realidad del tiempo. Las horas, los días, las semanas, no tienen sentido para él.

Cada cierto tiempo va un medico a hacerle revisiones. El hombre apenas lo mira y hace su trabajo rápidamente sin decirle nada.

Hiroki al principio le rogó, le lloró, se arrodilló ante él para que lo ayudara a escapar, pero este no reparó en sus suplicas y unos días después el padre de Nowaki fue a verle. Una dolorosa bofetada y horribles amenazas contra su hermano fueron su castigo.

Hiroki no volvió a hablar con nadie.

Una mañana despierta y se ve envuelto en la peculiar semioscuridad. Está cansado, y también furioso. Grita hasta que ya no le queda voz. Sabe que no lo golpearan, no pueden, su hijo lo protege, por él no lo dañan.

Cuando llaman al padre de Nowaki este aparece entrada la noche.

Quiero hablar con Nowaki. Déjeme hablar con él. —Le grita Hiroki nada más verlo. —Él no sabe nada de esto ¿verdad? Usted miente…Usted miente.

Hiroki está fuera de sí y por primera vez el padre de Nowaki teme por la salud del bebé."

—Habría sido mejor no saber. —susurra Hiroki.

Ryu lo mira asustado. Todos lo miran, pero él no está hablando con ellos, está perdido en sus recuerdos.

Nowaki hace un gesto torturado, él sabe dónde está Hiroki, sabe lo que esta recordando y el dolor que se refleja en su rostro lo marca, lo aplasta, lo hace más culpable de todo aquel horror.

"Ha logrado hablar con Nowaki, pero Hiroki, acurrucado en su pequeña cama, hubiese preferido no haberlo hecho jamás.

Las palabras de Nowaki retumban en su mente, lo hunden más en aquel tormento. Ya no hay nada a lo que asirse, no hay esperanza. Está perdido.

Todas las amenazas que ha proferido el padre de Nowaki son reales, perderá a su hijo y también su vida y Nowaki, él ha sido quien ha dado las ordenes, siempre fue él"

—Es mi hija. — afirma Hiroki, con la voz cansada, con el rostro sereno, con un pie en la realidad y otro en los amargos recuerdos. —Yo…yo la tuve. No pude saber si era de noche o era de día…

"Ciertamente en aquel encierro, no supo qué hora era cuando sintió las primeras contracciones.

Lloró, sí, por largo rato, pues el triste final estaba cerca.

Cuando sus captores lo escucharon gemir por el dolor, ya llevaba horas sufriendo. Pensó que si retrasaba las cosas podría dar a luz solo y tener aunque fuera unos momentos con su bebé antes de que se lo llevaran. Pero no lo logró y antes de que pudiera evitarlo estaba rodeado de personas, con aquel medico odioso entre sus piernas, gritándole que pujara. Gritándole sin consideración alguna, como si él fuera menos que un trozo de basura."

—Yo, ya no tenía fuerzas. —murmuró Hiroki para sí. — Ella estaba naciendo pero yo no quería, sabía que la arrancarían de mi vida. No tenía fuerzas, dolía tanto y estaba tan débil y ese hombre me gritaba… me gritaba…

Hiroki sintió una mano tibia envolver la suya. Volvió de sus recuerdos y se encontró con la mirada triste de Ryu.

—Hiroki salgamos de aquí. —le dijo el abogado contenido las ganas de llorar que sentía al ver como aquello destrozaba a su amigo.

Hiroki negó con la cabeza. Luego volvió su mirada atormentada hacia Nowaki.

—Él tiene que saber, Ryu. Él tiene que saber lo que me hizo. —murmuró con la voz entrecortada y rota. —Tiene que saber que cuando por fin ella nació, no me dejaron verla, a pesar de que supliqué, a pesar de que rogué y lloré. Iban a matarme y ni aun así tuvieron la misericordia de dejarme verla.

Hiroki cerró los ojos para evitar llorar ante aquella escoria que tanto odiaba.

—Tú les ordenaste que me mataran. —le espetó con desprecio. —Tú les dijiste que no me dejaran verla…

—No fui yo. —se defendió Nowaki, hablando ante la mirada sorprendida de Sumi y la mirada iracunda de Ryu.

— ¿Claro que fuiste tú? —gritó Hiroki golpeando la mesa. — ¿se te olvidó que tú mismo me lo dijiste? Me dijiste que me merecía lo que estaba pasando, me dijiste que me quitarías a mi bebé en lo que naciera. Tú me dijiste que me odiabas.

Nowaki negó con la cabeza y Hiroki se puso de pie mirándolo iracundo.

— ¡No lo niegues maldita basura! No lo niegues porque soy capaz de matarte con mis propias manos.

Cuando Hiroki se abalanzó hacia él para golpearlo, tanto Sumi como Ryu se interpusieron entre ellos.

—Hiroki por favor, cálmate. — le suplicó Ryu.

— ¿Qué me calme? ¿QUE ME CALME?

Hiroki estaba fuera de sí.

— ¿Es que no lo ves? Esa basura se sienta allí como si nada hubiese pasado, como si no hubiese destrozado mi vida, la vida de mi hermano, la vida de mi hija. —Hiroki estaba gritando a todo pulmón. —Tiene el descaro de negar lo que hizo. Si tuviera mi arma aquí te mataría ¿me oíste? Te mataría.

— Shinojara sama, contrólese y deje de proferir amenazas o entablaré una demanda…

— ¡Hágalo! —le gritó Hiroki al abogado que lo miró impactado, pues la mirada de Hiroki disparaba fuego. — ¿cree que me importa? Ese hombre que usted defiende no vale nada, es una basura, un monstruo, un asesino.

—Tienes razón, Hiroki. —intervino Nowaki, dejando a todos de piedra. —Soy todo lo que dices e incluso más.

Nowaki suspiró y se puso de pie para luego arrodillarse ante un anonadado Hiroki.

—Yo sé que no tengo perdón, todo lo que te ocurrió me mancha las manos como un crimen horrendo. —Nowaki había ocultado su mirada mirando directamente al suelo, humillándose a si mismo en aquella vulnerable posición, rogando por resarcir un poco el mal que había causado.

—Hasta el más miserable de los criminales merece un juicio, Hiroki. Yo solo te pido que me escuches, solo quiero que sepas la otra parte de la historia, esa que tu desconoces. Por favor, te lo suplico, escúchame.

— ¿Atendiste tu mis suplicas aquella tarde cuando destrozaste mi corazón? ¿Escuchaste mis suplicas, cuando tu padre te llamó aquel día que me confirmó que eras tú quien había mandado a que me encerraran en ese horrible lugar?

—No. —murmuró Nowaki con vergüenza, luego se puso de pie y encaró a Hiroki con una profunda tristeza en su rostro. —Pero tú siempre fuiste mejor persona que yo. Tú eras el hermano fuerte que dio la cara por su pequeño hermanito, tú el que renunció a sus sueños para trabajar y mantener a su pequeña familia. Tú el que siempre sonreía así la vida lo golpeara injustamente. Tu superaste todo el infierno que viviste y mírate…

—Tú no sabes nada de mi vida Nowaki, no sabes nada de lo que fue mi infierno. —murmuró Hiroki con desprecio, alejándose de Nowaki, de su mirada, de su calor.

Nowaki no estaba dispuesto a rendirse, necesitaba que Hiroki lo escuchara.

—Pero si se de tu corazón noble, Hiroki y por eso te suplico que me escuches.

Hiroki lo pensó, estaba arriesgando mucho, estaba arriesgando todo ¿pero que podía perder? Ya no era el muchachito crédulo. Nowaki no iba a poder engañarlo nuevamente. Por otro lado había ido a aquel lugar por su hija, por la amenaza que pendía sobre sus cabezas. Si Nowaki lo estaba engañando o no, no era el punto principal. Aquella conversación tarde o temprano tendría que darse, era la vida de Allegra lo que ahora importaba.

—Te escucharé. —le dijo con desprecio, sentándose serenamente en la silla que había abandonado. —Pero que te quede claro que solo lo haré por mi hija, es la vida de ella la que me importa y lo que sea que estés tramando espero que desistas, porque te juro Nowaki que por defender a mi hija soy capaz de matarte.

Sumi iba a decir algo, pero Nowaki intervino.

—Por favor Sumi san, vete, esto no es algo que necesites escuchar, esto es solo entre Shinojara sama y yo.

Ryu se sintió aludido y cuando Sumi a regañadientes se puso de pie para salir. Hiroki también le habló a su amigo.

—Déjanos solos Ryu, dile a Shinoda que estoy bien, que no se preocupe.

Ryu salió contra su voluntad, pero la mirada de Hiroki no admitía replicas. Cuando Shinoda lo vio llegar a la sala donde esperaban miró al pasillo con preocupación ¿que podría pasar con aquellos dos seres a solas?

Nowaki se sentó mirando la tensión en el cuerpo de Hiroki, suspirando comenzó con una disculpa.

—Sé que no sirve de nada ahora, pero te juro que lamento todo por lo que pasaste…

—Tienes razón, no me sirve de nada. —lo cortó Hiroki. —estoy esperando oír esa defensa tuya que te hace inocente de todo lo que me ocurrió.

Nowaki suspiró cansado, iba a ser difícil llegar hasta aquel Hiroki lleno de odio y de desprecio, no se parecía en nada al chico dulce que recordaba, pero ¿podía culparlo?

—Todo comenzó aquella tarde cuando volví a mi hogar después de que fuimos a ver la casa donde quería que viviéramos ¿recuerdas?...

Mientras Hiroki encontró en aquel momento a través de Nowaki, otro camino para volver a su pasado. Misaki tenía que lidiar con un presente en donde ya no estaba el amor de su vida.

—Misaki sama tiene una llamada.

Misaki frunció el ceño, no hacía falta la mirada de disculpa del mayordomo, el había ordenado que no se le molestara, pero ya sabía quién llamaba y lo insistente que podía ser.

—Ijuuin sama dice que es muy urgente. —replicó Tanaka corroborando las sospechas de Misaki.

Asintió y tomó el teléfono, cuando el mayordomo salió de la habitación dio un largo suspiro antes de responder.

— ¿Cómo amaneció tu herida?

Kyo apretó los dientes ante la frialdad de aquella pregunta. Se había sorprendido enormemente al despertar y ver un rostro que no esperaba volver a ver frente a él.

—Te ves menos pálido que anoche. —le había dicho Shizuku con suavidad.

Ijuuin no pudo disimular su estupor y sus ojos se pasearon por la habitación, esperando encontrar el rostro de Misaki.

—Él se fue. Me llamó cuando tú estabas en el quirófano y se fue cuando yo llegué.

Omitió Ishi que Misaki lo había entrado a ver, omitió su evidente angustia, omitió que se veía realmente destrozado al abandonar el hospital, no iba a darle más ventaja de la que ya evidentemente tenia.

— ¿Quieres un poco de agua? —preguntó solicito.

Kyo negó con la cabeza, el efecto del sedante aun lo tenía atontado y no se estaba tomando muy bien la noticia de que Misaki lo había abandonado.

Ishi fue en busca del médico y se quedó fuera de la habitación mientras este revisaba a Ijuuin. Esperaba que con el tiempo y con su amor pudiera lograr que Kyo lo aceptara, pero los planes de Ijuuin no eran los mismos.

—Señor usted está todavía convaleciente no puede irse así.

Ishi se puso de pie cuando escuchó el alboroto dentro de la habitación, al momento vio a Ijuuin salir de esta con un gesto de dolor en el rostro, pero también con una férrea determinación.

—Firmaré lo que tenga que firmar doctor, me iré con o sin su aprobación.

Ishi lo miró con angustia, él con disculpa. Ishi sabía que no tenía como luchar, en ese momento supo que lo había perdido, que era obvio que nunca lo había tenido.

Ijuuin salió del hospital unos minutos después cuando hubo firmado unos papeles que libraban al hospital de toda responsabilidad. Estaba pensando tomar un taxi cuando el auto de Ishi se estacionó frente a él.

—Sube. —le dijo con una suave sonrisa.

Ijuuin negó al instante.

—Shizuku kun yo…

—Sube Kyo, no te estoy pidiendo matrimonio, solo quiero que llegues a salvo a dónde quieres ir.

Ante la perspectiva de no conseguir un taxi no pudo más que aceptar, la herida le dolía endemoniadamente, pero lo que más le dolía era la huida de Misaki y eso era algo que tenía que enfrentar inmediatamente.

—Me duele horrorosamente. —le respondió con sarcasmo. —Si sales de tu casa podrás corroborarlo, estoy afuera y no me voy a mover de aquí hasta que no salgas y hables conmigo.

Misaki palideció, no podía verlo, si lo hacia flaquearía en su decisión.

—Perdiste el tiempo viniendo hasta aquí, debiste quedarte en el hospital, debiste dejar que tu prometido te cuidara.

Misaki pudo escuchar el gruñido exasperado de Ijuuin.

—Ishi kun ya no es mi prometido y tú lo sabes. — con el teléfono aun en su oído comenzó a aporrear el enorme portón de entrada gritando con furia. —Sal Misaki, sal de una maldita vez o te juro que voy a hacer el escándalo del siglo.

Misaki apretó el teléfono con saña, caminó e iba a salir de su habitación cuando Tanaka tocó su puerta.

—Señor…

—Lo sé. —le cortó con molestia. —Llama a los Ijuuin pide que envíen a alguien a buscar a Kyo sama, diles lo que está pasando.

Tanaka asintió y desapareció por el pasillo, Misaki bajó rápidamente. Se podían oír los gritos de Ijuuin a través de portal, los guardias tenían órdenes de no dejarlo entrar, así que en ningún momento salieron.

Misaki se quedó de pie en un pequeño salón en la estancia principal de la casa, donde estaban los monitores de seguridad que vigilaban las cámaras que rodeaban la casa, escuchando con el corazón roto los gritos y golpes contra el portal y mirándolo a través de uno de los monitores, su rostro cansado, su camisa manchada de sangre.

Mandó a los de seguridad a salir y se quedó solo con aquella triste visión.

—Vas a hacerte más daño en la herida. —murmuró al teléfono sin saber si Kyo lo escuchaba o no.

—Entonces ábreme, si te preocupa sal, ven a hablar conmigo, no huyas más de lo que sientes.

Misaki sintió dolor ante la voz jadeante y evidentemente agotada de Kyo.

—Tienes que irte Kyo, lo que pasó entre nosotros fue un espejismo. Tu vida está junto con Ishi kun, con él estarás a salvo, con él podrás ser feliz.

Ijuuin se encogió con furia, pateó una última vez la maciza entrada.

—Maldita sea Misaki, deja de esconderte ¿Crees que no sé qué te pasa? Tienes miedo de lo que pasó, tienes miedo de que me maten. Tienes miedo porque me amas.

—Deja de ser arrogante. — murmuró Misaki sin convicción alguna, acariciando la silueta en el monitor.

Ijuuin rio con suavidad, despacio se sentó en la acera.

—Me amas, yo lo sé, lo sentí en cada uno de tus besos, lo sentí las muchas veces que te hice el amor. —suspiró profundamente —Lo que pasó no fue tu culpa Misaki y no me voy a dar por vencido, está bien si hoy quieres esconderte en tu castillo, pero tarde o temprano volverás a mí. No me importa si tengo que esperarte para siempre.

Misaki apretó los puños con impotencia, porque lo amaba, claro que lo amaba, pero aquello no podía ser.

—Misaki. —murmuró Ijuuin cuando un lujoso auto se estacionó frente a él. —No voy a darme por vencido. Nunca lo haré.

Misaki vio como el padre de Ijuuin bajó del auto e intercambiaron palabras, tenían una discusión era evidente, pero Misaki no pudo escuchar que se decían pues Kyo había colgado la llamada. Fueron unos segundos hasta que Ijuuin subió al auto seguido de su padre y desparecieron rápidamente del lugar.

—Lo siento Kyo. —murmuró Misaki, viendo el auto perderse en la vasta avenida. —Lo siento mucho.

Cuando salió de la pequeña habitación, escuchó las risotadas de su sobrina que bajaba las escaleras. Apenas habían intercambiado unas pocas palabras desde su regreso a la casa, pero ella era tan dulce como su hermano y Misaki la adoraba y ella a él.

—Tio Misaki… Tio Misaki, vamos a jugar en la piscina.

Misaki sonrió ante el hermoso e infantil entusiasmo. La abrazó y besó con ternura su cabello.

—Está bien hermosa, adelántate con Shinobu kun mientras yo me cambio.

—Siiii. —gritó la niña dando brinquitos de alegría.

Misaki la miró irse parloteando con su niñeo y sonrió, por ella, por ella y por Hiroki valía la pena cualquier sacrificio. Ese siempre había sido su objetivo y nunca debió desviarse de él.

—Te amo Kyo, pero no puede ser. Nunca pudo ser. — murmuró mientras subía las escaleras lentamente.

Como lentamente pasaron los minutos dentro de aquella delegación y cuando Hiroki salió del cuarto de visitas su rostro lívido llevaba muchas interrogantes.

¿Había sido Nowaki tan víctima como él en todo aquel infierno?

¿Que de todo lo que le había dicho Nowaki aquel día era verdad y que mentira?