Capítulo 20
Todos sacaron sus cosas y también las cosas de utilería. Entonces el entrenador salió con un par de hojas de papel en la mano.
-Bien, aparentemente nos tocó compartir el lugar con otro equipo –anunció, y los muchachos hicieron caras de disconformidad- Así que tendrán que tener paciencia y ser comprensivos
-Sabiéndolo, íbamos y pagábamos un hotel –se quejó Kawabe molesto
-No compartirán habitaciones con ellos. Además el lugar es muy grande –alegó el entrenador- En este papel está la distribución de los dormitorios. Cada tres compartirán una habitación, y Paola tendrá una habitación para ella sola. ¿Alguna pregunta?
-¿Cuándo comemos? –quiso saber Shimano levantando la mano, ganándose varios golpes en la cabeza- ¡Ay, qué! –protestó adolorido, sobándose la cabeza
-¿Alguno de nosotros puede compartir habitación con Paola? –preguntó Matsuki, dizque casualmente
-No, claro que no –contestó el señor Kitazume firmemente
-Ni modo Ken, ya oíste –se burló Imai, dándole unas palmaditas de consolación al aludido, logrando que los dos involucrados lo miren con ojos asesinos
-Bueno, ya vayan a acomodarse de una vez –les dijo el entrenador, conteniendo la risa, ver a esos dos tan apenados era bastante gracioso- Y apúrense para ayudar a meter lo demás –añadió, dándole el papel a Kojiro para que los organice
-¡Sí señor! –contestaron todos al unísono, emprendiendo el camino hacia sus habitaciones
-¡Ouch! –exclamó Imai adolorido, al sentir un pellizcón en el brazo
-A ver si así se te quita lo graciosito –lo amenazó Paola por lo bajo, pasando junto a él. Sin embargo, más que intimidarlo, la reacción de su amiga lo divirtió bastante
Después de dejar sus mochilas en sus respectivas habitaciones, los jugadores del Toho salieron nuevamente a ayudar con lo demás. Paola miraba distraída cómo se organizaban para llevar las cosas, cuando notó que otro bus se parqueaba detrás del suyo. El resto de los jugadores prefirió fingir demencia, aunque sentían curiosidad de cuál sería el equipo con quien debían compartir hospedaje. Kojiro y Ken prestaron atención para saber quiénes eran. Entonces, cuando vieron aparecer a Hikaru Matsuyama seguido por el resto de los jugadores del Furano, lo supieron y no les agradó nada. En cuanto vieron a Hikaru, casi instantáneamente, un recuerdo se les vino a la mente y Paola y Ken se pusieron a reír disimuladamente. Sus demás amigos los vieron extrañados ante tal reacción, ¿qué cosa en el Furano podía parecerles tan graciosa a los dos?
Kojiro desvió la mirada y ayudó a cargar las cosas adentro. Cuando los vieron, los jugadores del Furano comenzaron a murmurar entre ellos, en claro plan de no agradarles tampoco el tener que compartir el lugar con los del Toho.
-Entremos –le dijo Kazuki a Paola que seguía riendo bajito
Paola asintió, iba a marcharse con los demás cuando vio salir del bus del Furano a Yoshiko y Machiko. Las miró extrañada, luego se fue tras su mejor amigo.
-Oye Kazuki, ¿por qué en el Furano hay dos mujeres acompañándolos? –preguntó curiosa
-Deben ser sus mánagers –contestó él sin prestarle importancia al asunto
-¿Dos?
-Sí, creo que algunos equipos tienen hasta tres –aclaró Kazuki
-¡¿Tres?! –se alarmó Paola- ¡¿Entonces por qué nosotros sólo tenemos una, o séase, yo solita?!
-Pues la verdad es que no sé –admitió su amigo- Tendrías que preguntarle al entrenador
-Claro que lo haré –advirtió Paola en tono amenazante
A la hora de la cena el comedor del hostal estaba dispuesto básicamente en dos filas de mesas, una para cada equipo. Pese a las quejas de sus jugadores, que no querían tener que bajar a cenar al mismo lugar que los del otro equipo, el señor Kitazume obligó a todos a ir.
-Oiga señor, ¿puedo preguntarle una cosa? –dijo Paola, cuando se dirigían al comedor
-Claro Wakabayashi, dime
-Antes de eso, por favor no me diga así, me ofende –dramatizó la chica- Sólo dígame Paola
-Dime, Paola –puntualizó el entrenador bastante pacienzudo
-¿Por qué los del Furano tienen dos mánagers y nosotros sólo a mí? –reclamó frunciendo el ceño
-La verdad es que nunca contemplamos tener dos mánagers –admitió el entrenador tranquilamente
-¿Sabe lo exigido que es el trabajo? –inquirió Paola indignada
-Pues gracias por decírmelo, cuando volvamos lo hablaré con la señorita Matsumoto –dijo el señor Kitazume- ¿Algo más?
-No, nada más –gruñó Paola sintiéndose ignorada- Aish, ¿y mi celular? –murmuró buscando el aparato en sus bolsillos, mientras el grupo del Toho se alejaba- Demonios, lo debí haber dejado en mi dormitorio. ¡Ahora los alcanzo! –gritó, dando media vuelta y regresando a toda prisa a su habitación
Al llegar a su habitación vio que, efectivamente, el celular estaba sobre su cama.
-Aquí estás –dijo, tomando su celular- Tengo que sacar fotitos de todo para mandárselas a Naoko –añadió sonriendo, volviendo a salir
Camino al comedor se topó con los del Furano, que también bajaban a comer. Hizo un mohín de disgusto y continuó con su lento caminar mientras se texteaba con Naoko, contándole cómo le había ido en el viaje y lo crueles que habían sido sus amigos, recomendándole enfáticamente que cobre venganza por ella una vez que se reencuentre con Imai, o que ya de plano vaya buscando un novio menos fastidioso de reemplazo. Tan divertida estaba mandando sus mensajes, que ni se percató que algunos jugadores del Furano se le quedaban mirando al pasar.
-Apúrense –les dijo Hikaru, que estaba al final del grupo con Yoshiko y Machiko, ésta última se había dado cuenta de lo que pasaba e hizo mala cara ante la situación
La voz de Hikaru llamó la atención de la chica, que se detuvo y miró hacia atrás. Al pasar junto a ella, y notar que lo miraba, Hikaru simplemente inclinó la cabeza sutilmente a modo de saludo, gesto que Yoshiko imitó, mientras Machiko se pasaba de largo sin importarle la presencia de la chica del Toho.
-¿La leche es realmente buena en Hokkaido? –preguntó Paola repentinamente, por lo que Hikaru volteó a verla bastante extrañado
-¿Perdón? –preguntó confundido
-Que si la leche en Hokkaido es tan buena –repitió Paola, aproximándose a él
-Eh…supongo que sí –balbuceó Hikaru sin terminar de entender a qué venía el comentario
-Ah, ya veo –dijo Paola pensativa- ¿Y tú sabes cómo ordeñar vacas? –indagó tan seria que era imposible de creer, mirándolo fijamente
-¿Cómo? –dijo Matsuyama, cada vez más confundido
-¿De qué estás hablando? ¿estás tratando de molestarnos? –se quejó Machiko, mientras su amiga le pedía que se calmara
-No, es mera curiosidad –alegó Paola, sin mirar siquiera a la otra chica, lo que provocó en esta mayor molestia
La mirada inquisitiva de Paola había comenzado a incomodar a Hikaru, más cuando él notó el bonito color de los ojos de la chica.
-¿Estás tratando de coquetear con Matsuyama-kun? –quiso saber Machiko molesta, provocando que Hikaru se sonroje
-Pfff, no seas absurda –respondió Paola rodando los ojos- Yo tengo mejores cosas que ver, jojojo –pensó pícaramente
-Por qué te retrasaste –la voz de Ken la sobresaltó
Paola volteó y vio al muchacho unos pasos por detrás de ella, mirándola con cara de pocos amigos.
-Apúrate, sino el señor Kitazume te regañará –continuó Ken, agarrándola de la mano y llevándosela con él, ignorando olímpicamente a los otros tres que se quedaron bastante desconcertados
-Los del Toho son todos unos engreídos –gruñó Machiko, negando con la cabeza
-Nosotros también deberíamos irnos ya –comentó Yoshiko, prefiriendo evitar cualquier comentario extra
-Sí, vamos –la apoyó el capitán del Furano, aún intrigado por las extrañas preguntas de Paola
Aún sorprendida por la repentina aparición de Ken, Paola ni se había percatado que el chico la seguía jalando tomándola de la mano. No dijo nada, después de todo aquello no le disgustaba. Sin embargo, de lo que sí se percató era que Ken no la estaba llevando hacia el comedor, sino en otra dirección. Al final acabaron en un jardín que tenía una fuente de piedra en medio.
-¿Para qué me trajiste aquí? –preguntó Paola extrañada, mirando a su alrededor
-Mira… -trató de decir Ken, pero se encontraba bastante molesto como para ordenar sus ideas
-Qué
-Sé que tú no te das cuenta porque simplemente no le prestas atención –comenzó a decir Ken, respirando profundamente- Pero tienes que ser más espabilada –añadió en tono de regaño
-¿Me estás diciendo tonta? –dijo ella ofendida
-No, no, claro que no –aclaró él- Y sé que no tengo derecho a decirte esto cuando hace apenas unos días pasamos por una discusión tan grande –agregó apenado
-¿Puedes ser más claro? –le pidió Paola, aunque seguía sin entender de algún modo la hacía feliz el poder estar hablando con Ken nuevamente sin haber tenido que planearlo (porque de hecho lo estaba haciendo, pero ninguna idea le había parecido completamente buena)
-Tú estabas ahí, caminando sin ver a ningún lado y ni te diste cuenta que esos…babosos se te quedaban mirando –dijo el muchacho con tono molesto
-Qué babosos, ¿los del Furano? –preguntó Paola- ¿Y tú cómo sabes que me estaban mirando?
-Porque yo los vi –admitió el chico indignado
-¿Me estabas siguiendo?
-No, claro que no, fue una casualidad encontrarte –aclaró Ken nervioso y abochornado- Me estaba duchando y por eso salí tarde para ir a cenar, y te encontré en el pasillo
-¿Te estabas qué? –balbuceó Paola, intentando censurar su propia imagen mental para que no le sangre la nariz…otra vez
-Duchando –repitió Ken
-Aish, para qué me lo aclaras –gruñó la chica, comenzando a darse de golpecitos en la sien
-¿Qué estás haciendo? –preguntó él extrañado
-Qué estabas haciendo tú –devolvió Paola avergonzada, dejando los golpes, tratando de desviar el tema- ¿Estabas ahí parado y dices que esos tipos me estaban mirando? Pfff, y qué con eso
-¿Qué pensarías tú si hubiera pasado lo opuesto?
-¿Eh?
-¿Que a mí se me quedaran mirando un grupo de chicas?
-Pues, básicamente, que tienen buen gusto –respondió Paola con tanta sinceridad que ni ella se lo esperaba, provocando que ambos se pusieran rojos como tomates- ¡O que tienes una mancha en la ropa! –inventó por salir del paso
-Mejor déjalo así –suspiró Ken resignado
-Espera, ¿te pusiste celoso? –le preguntó Paola bastante sorprendida
-¿Ce…celoso? No –mintió Ken, poniéndose más nervioso de lo que estaba- Mira, perdóname, no sé qué me pasó. Olvídalo… -añadió apenado, tratando de irse
-Yo también me hubiera puesto celosa –admitió Paola seriamente, logrando que Ken se detenga- Lamento no haberme fijado, pero es que la verdad no me interesa. Yo ya tengo a alguien que me gusta, así que si le gusto a alguien más no puedo hacer nada. Tampoco es que vaya por la vida tratando de llamar la atención de nadie. En la clase de coquetería reprobé con un 2 –añadió burlona
Ken volteó a verla y ella le sonrió.
-Además no creo que nadie que se quede mirándome pueda llamar mi atención, porque jamás superaría a la persona que me gusta –continuó Paola- Él me gusta no sólo por su físico, sino por su personalidad y por la manera en la que me trata. Y como dijo él en una carta que me dio, descubrí que este sentimiento no es reciente, sino que surgió hace bastante tiempo ya
-Yo… -intentó decir Ken, avergonzado al recordar la carta
-Perdóname por no ser tan "espabilada" –dijo Paola mirándolo acongojada- Porque por no serlo no me di cuenta que tú y Kazuki estaban planeando una cita en la que la invitada estrella era yo misma. Perdóname, porque aquél día que te confesaste yo no lo tomé bien, y en lugar de analizarlo y ver lo feliz que era con tus palabras, me enojé y me fui. Realmente lo siento
-No tengo nada que perdonarte –dijo Ken sonriendo conmovido- Soy yo quien debe pedirte perdón por no haber hecho las cosas de manera menos torpe y sin pensar. Sé que te herí, pero mi intención nunca fue esa. También sé que debí decirte de la confusión con Kojiro, pero no sabía cómo lo tomarías, tú estabas muy emocionada planeando todo y…
-Eso ya no importa –lo interrumpió ella, poniendo una de sus manos en el rostro del chico- Supongo que en el fondo sabía que siempre fuiste tú, porque ese día sentí la misma sensación que siento cuando tú te acercas a mí
-¿Lo sabías?
-Sí, sólo que no me di cuenta –admitió Paola- Gracias por tus palabras de aquél día, no sabes cuánto quería agradecértelo entonces
-Es la verdad –dijo él, mirándola con cariño
-Je, sí claro –bufó Paola divertida, sin dejar de mirarlo, dándose cuenta recién en la situación en la que estaban, demasiado cerca el uno del otro. Ken también se percató de la cercanía, y su corazón comenzó a latirle rápidamente, iba a alejarse pero no pudo hacerlo, porque Paola levantó su otra mano, tomó la cara del chico entre sus manos y le plantó un suave beso en los labios. La reacción inicial de él fue poner los ojos como platos ante la sorpresa, pero al sentir la agradable calidez de la chica, cerró los ojos y la correspondió. Paola soltó su rostro y se iba a separar de él, pero esta vez fue él quien tomó la iniciativa, tomando el rostro de ella para besarla. Después de unos segundos se separaron, ambos sintiendo las mariposas en el estómago que Paola un día había mencionado. Ken, sin soltarle el rostro, apoyó su frente en la de ella, mirándola, sonriendo de par en par.
-Eres perfecta así como eres, nunca lo olvides –susurró él con cariño
-Sé que lo soy –dijo ella sonriendo también, abrazándolo por la cintura y apoyando su cabeza en su hombro- Gracias por ese día y todos en los que viniste en mi auxilio
Ken también la abrazó. Aquello que estaba sintiendo no lo había sentido jamás, y era tan inexplicablemente placentero…Entonces el celular de Paola comenzó a timbrar, rompiendo el encanto del momento: era Kazuki.
-¿Aló? –contestó Paola de mala gana, separándose de Ken- Estoy aquí cerca de mi habitación, ya voy para allá. ¿Qué? ¿Ken? No, no lo he visto –mintió, dirigiéndole una mirada de complicidad a Ken- Sí, ya voy para allá –dijo, colgando- Te están buscando a ti también
Ni terminó de decirlo cuando el celular de Ken comenzó a sonar también.
-¿Aló? Sí capitán, estaba justo de camino al comedor cuando se me olvidó que tenía que sacar algo de mi equipaje. ¿Paola? No, no sé dónde pueda estar –mintió también él, mientras Paola aguantaba la risa- Okay, ya voy
-Jajaja, qué cara para mentir –se burló Paola
-Mira quién habla –dijo él divertido
-Será mejor que lleguemos separados –sugirió ella- O esos idiotas nos seguirán molestando
-Me parece bien –opinó Ken- Después de todo no merecen saber nada acerca de nosotros después de molestarnos tanto
-Es cierto –dijo Paola frunciendo el ceño- Que sufran
-¿Quieres ir primero?
-Está bien
-Entonces allá nos vemos –dijo Ken sonriendo
Paola asintió y dio unos pasos, de repente volteó para mirarlo.
-Tú también me gustas, por si no lo dije –admitió Paola sonrojada, marchándose luego a toda carrera
Ken la miró sorprendido y luego simplemente sonrió. Al final el manual ése les había ayudado a ambos a llegar a su imposible amor posible, aquél que ninguno de los dos sabía que ya estaba ahí, y al que alcanzaron en menos pasos de los estipulados.
OWARI
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N.d.a.: *Paola Wakabayashi es un personaje creado por mí, así como Sora Okami, Naoko, Tsubaki, Darío Boragno y Matías Dugatkin.
Los personajes de Capitán Tsubasa son propiedad de Yoichi Takahashi y Shueisha.
