Discleimer: Estos personajes no me pertenecen. Son de la magnífica Stephanie Meyer. La trama es de mí autoría, prohibida su reproducción total o parcial sin mi consentimiento.
Mi única esperanza
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Maru M. Cullen
Capítulo 21
Pasó una semana desde que Ángela y Ben se habían marchado. Los extrañaba demasiado pero Ben se aseguraba de llamar cada noche para que conversemos. Las cosas aquí estaban bien, demasiado bien para mi gusto, como si fuera la calma antes de la tormenta. Sacudí mi cabeza para sacar aquellos malos pensamientos. Algo sucedía ese día porque Rosalie estaba con un humor bastante depresivo.
No pregunté, no quería parecer una chusma o algo por el estilo pero me preocupaba su manera de actuar. Emmett estaba demasiado tranquilo para mi gusto, no bromeaba como era común y eso hizo que mis dudas crecieran mucho más.
Vi a Rosalie salir por la puerta e internarse en el bosque. La seguí hasta que vi que se paró y se sentó contra un árbol. Yo camine con lentitud hacia ella, si le incomodaba mi presencia me iría pero algo me decía que necesitaba un hombro para llorar, hablando en sentido figurado, claro está.
—¿Qué sucede, Rosalie? —ella me miró y pude identificar dolor en sus ojos.
—¿Sabes qué fecha es hoy? —yo asentí y le dije la fecha—. Hoy cumplo otro año desde que me volví vampiro —puse cara de no entender la gravedad del asunto—. Yo nunca quise esto, ¿Sabes?, Mi conversión fue un impulso, algo que no estaba programado. Mi prometido abusó de mí junto con sus amigos; Carlisle detectó el aroma de mi sangre y me convirtió. Pase muchos años resentida con él por haberme convertido en algo que yo odiaba, en un monstruo. Con el tiempo pude encontrar a Emmett y pude ser feliz pero todavía siento el vacío en mi pecho al pensar que nunca podré llegar a ser madre y supongo que aquello nunca lo podré superar. Este día es como el recordatorio que mi más grande sueño no lo podré cumplir nunca.
La miré con sorpresa, ella se estaba mostrando de una forma que nunca la había visto. No había rastro de aquella mujer fuerte y decidida, si no que veía a una mujer que me dejaba ver su lado más vulnerable, aquello era una muestra de confianza y me sentí realmente bien al saber que ella confiaba en mí.
—No puede decirte que te entiendo ya que yo nunca he pasado por una situación similar, pero trato de comprenderte. Supongo que por no haber estado en la misma época en la que tú creciste no me hicieron querer formar una familia. En realidad, hasta hace poco tiempo no creía en el amor —me miró escépticamente—. No de la forma en la que tú crees, podía ver el amor a mi alrededor pero nunca lo había sentido. Las personas que se supone que deberían haberme amado tenían un concepto bastante distinto sobre qué era y cómo se demostraba el amor. Para ellos darme todo lo que quería y lo que no era el amor. Supongo que no entiendes el por qué te estoy contando esto —ella negó—, ya que gracias ello aprendí a mirar en vaso medio lleno en vez del vaso medio vacío. Rosalie, tú tienes una familia que te ama mucho y se nota que a todos les afecta esta situación, tienes que entender que no puedes tener hijos pero tienes que afrontar la situación, piensa que Esme y Alice tampoco pueden tener hijos pero no deja que aquello les derrumbe la felicidad. Yo tampoco podré hacerlo pero sé que todo el amor que guardo lo podré compartir con las personas que considero mi familia. Creo que tú deberías hacer lo mismo.
Ella miró hacia el horizonte pero algo me decía que no estaba mirando nada en particular. Me senté a su lado perdiéndome en mis pensamientos. Nunca me había puesto a pensar que no podría ser madre hasta el día de hoy. Pensar en ello me llevó hasta mi niñez. Aquella no fue una época muy feliz en mi vida. Cuando había cumplido ocho años mis padres habían dejado de fingir llevarse bien, nunca pude entender porque no se divorciaron; supongo que tenían miedo de enfrentar la realidad, es mucho más sencillo quedarse en un lugar conocido en lugar de enfrentarse a cosas nuevas.
—Supongo que tienes razón —la voz de Rosalie me sacó de mis pensamientos—. Estaba tan metida en mis lamentos que no pude ver que la gente a mi alrededor pasa por lo mismo.
—No te estoy pidiendo que cambies de un día para otro el pensamiento que estas llevando desde hace casi un siglo, solo quiero que puedas vivir sin ataduras porque aquello te encadena, y llegará un punto en el que no podrás avanzar más. —le sonreí tratando de infundirle ánimos, ella me devolvió la sonrisa pero un poco apagada.
Inconscientemente tomé la cadenita que mi abuela Marie me había dado cuando era pequeña, ella decía que siempre que la tuviera conmigo ella me cuidaría y en ese momento tuve una idea. Me saqué la cadenita y se la tendí a Rosalie, ella me miró con curiosidad.
—Tómala, mi abuela siempre me dijo que con esta cadenita siempre iba a estar acompañada por ella. Ahora te la quiero dar a ti para que cuando la mires puedas recordar que siempre estaré para ti, como también lo estarán todos los Cullen.
Ella me miró dubitativamente unos momentos antes de tomarla y colgarla en su cuello, le sonreí con una enorme felicidad y ella me devolvió el gesto con menos euforia pero no había sido tan apagada como la anterior.
Fuimos caminando hacia la casa donde todos se encontraban en la sala arreglando una salida de caza. Al sentir nuestra presencia todos se voltearon y nos miraron fijamente, Emmett se levantó ágilmente y en un segundo estaba abrazando a Rosalie, yo me deslicé sigilosamente y me senté en las piernas de Edward, él me recibió con una sonrisa y besó mis labios.
—Gracias, Bella. Eres como un ángel. —susurró contra mis labios.
—Solo hablé con ella. No fue nada de otro mundo.
Después de unos minutos Rosalie y Emmett se unieron a la conversación que estábamos manteniendo sobre cosas de poca importancia. Miré a Emmett a los ojos y ellos tenían un brillo especial, me sonrió y yo le devolví el gesto. En realidad, todos me miraban con esas sonrisas en sus rostros pero no tenía intenciones de investigar, sabía que ellos estaban agradecidos porque había conversado con Rosalie pero yo lo veía así, una simple conversación; ellos simplemente no habían podido encontrar la forma de llegar hasta Rosalie, todo gracias a su impredecible temperamento, aunque intuyo que las cosas salieron de esta forma porque la tomé con la guardia baja.
—Entonces, ¿Cuándo salimos de caza? —pregunté pura y exclusivamente para que dejara de mirarme de aquella forma, me ponía demasiado incomoda.
—Estábamos pensado mañana, y que salgamos todos juntos. Será divertido. —respondió Alice con su tan acostumbrada sonrisa.
—Claro.
Los días pasaron hasta que llegó el día que iríamos a cazar. Rosalie poco a poco había salido de su estado de abatimiento y eso había distendido el ambiente tenso que había en la casa Cullen.
Los días que había pasado junto a Edward habían sido los mejores que había vivido en mis cortos treinta y cinco años. Habíamos recuperado todo el tiempo que habíamos perdido por no animarnos a decir nuestros sentimientos. Habíamos estado de todas las maneras que una pareja podría haber estado y eso había reforzado aún más —si es que es posible— nuestra relación. Alice estaba ya planificando una boda aunque Edward no me había propuesto matrimonio, pero ella solamente decía "No falta mucho para que Edward quiera hacerte legalmente parte de nuestra familia, Bella".
—¿En qué piensas, amor? —sentí unos brazos rodear mi cintura, mientras su mentón se apoyaba en mí.
—En todo lo que nos ha estado pasando en estos pocos días. —contesté suspirando.
—¿Por qué estas preocupada? —preguntó volteándome para mirarme a los ojos. Me sorprendí por lo que dije—. Bella, no puedes mentirme. Tus ojos muestran claramente tus emociones.
Sonreí con ternura— Me preocupa que todo esté tranquilo.
Él me miro con desconcierto— ¿Te preocupa que estemos tranquilos y felices? ¿Tiene aquello sentido alguno?
—No lo entiendes —suspiré y me giré para mirar por la ventana—. Esto parece la calma antes de la tormenta.
Edward me volteó nuevamente y su mirada se clavó en la mía— No sucederá nada, Bella. Te lo prometo.
Lo miré con recelo, parecía que todos habían olvidado la profecía que colgaba sobre mi cabeza. Pero no yo. Sabía que pronto me iría y me consternaba no saber por qué, además, tener que ir a Volterra donde me usarían solamente como un objeto sin sentimientos, hasta inanimado. Me obligarían a matar humanos para alimentarme. Un escalofrío me recorrió la columna vertebral, rodeé con mis brazos el cuello de Edward y enterré mi cara en él. Por momentos deseé tener la misma seguridad de Edward y olvidar la maldita profecía que dictaba mi vida, pero no podía hacerlo.
—Lamento molestarlos —escuchamos que alguien decía—, pero ya es tiempo que partamos.
—Gracias, Esme. Ya bajamos. —respondí con una sonrisa.
Ella nos sonrió como siempre que nos veía y abandonó la habitación de Edward. Él acercó su rostro al mío y rosó con sus labios los míos para luego separarse lentamente. Yo, quedando insatisfecha con aquella suave caricia, me acerqué lentamente a él y lo besé dulcemente. Eran aquellos momentos en el cual adoraba no tener que necesitar oxígeno. El beso duró varios minutos y solamente lo rompimos porque Alice nos amenazó con llevarnos a rastras a los dos.
Sonriendo de lado, Edward tomó mi mano y bajamos a la sala, donde todos los Cullen nos estaban esperando. Mientras que Carlisle y Esme nos miraban con sonrisas, los demás nos miraban con falsa molestia que pronto se convirtió en miradas llenas de burlas y antes de que nos marchemos Emmett y Jasper comenzaron a hacer comentarios demasiados vergonzantes, estaba segura que si aún fuera una humana mi cara estaría muy roja.
Corríamos por los bosques en dirección a Canadá, podía escuchar desde donde estaba las risas de Alice, me giré hacia mi derecha y pude ver que Jasper la estaba persiguiendo y ella se reía ya que no la podía alcanzar. Yo me reía de las expresiones de disgusto que tenía Jasper hasta que sentí que todo se desfiguraba y cambiaba.
Fruncí el ceño mientras miraba a mi alrededor, solo había paredes altas, oscuras y escalofriantes, delante de mí habían dos vampiros jóvenes, no tendrían más de catorce años. La niña tenía el cabello rubio atado rígidamente y medía diez centímetros menos que yo y su postura era rígida, el joven que la acompañaba tenía el cabello castaño claro, su postura era más relajada e, increíblemente, se parecía mucho a la niña, como si fueran hermanos. Está de más decir que sus ojos eran de un color borgoña escalofriante y estaban vestidos con capas negras.
Lo único que se escuchaba mientras caminábamos eran el sonido de nuestras pisadas, ellos me enviaban miradas cada tanto para luego mirarse entre ellos. Era algo irritante, ¿su madre nunca les había enseñado que eso era de mala educación? Llegamos hasta una sala redonda y enorme, no había muchos muebles, solo tres sitiales de madera maciza que se parecían a tronos.
No necesité nada más para darme cuenta en donde me encontraba, lo que me preocupaba es que estaba sola, ningún Cullen me acompañaba y eso quería decir que los había dejado o ellos a mí. No quería pensar que eso podría haber sucedido, pero era una certeza, nunca me iba a equivocar en una visión, era imposible.
—El Maestro Aro pronto llegará con sus hermanos. —escuché que decía la niña.
Por lo visto, le tenía más respeto a Aro que a los otros reyes. Yo escruté todo con mi mirada, había treinta y dos vampiros con capas negras en la sala, por sus rasgos todos provenían de distintas partes del mundo y me asombré de que toda la guardia estuviera presente. No tenía que ser una genio para darme cuenta de que era toda la guardia Vulturi, después de un tiempo de silencio sepulcral sentí como la puerta que estaba tras los tronos se abría. De ella salían tres vampiros, prontamente los identifiqué como los reyes Vulturi, no era que los veía como verdaderos reyes, pero había que tenerles respeto si no quería que te matasen, y yo definitivamente no quería morir.
Sentí como me inclinaba hacia ellos y agachaba la cabeza, me pregunté por qué estaba haciendo aquello si yo estaba feliz con los Cullen, ¿por qué me estaba ofreciendo a unirme a sus filas? Porque claramente lo estaba haciendo.
—¿Cómo es tu nombre, jovencita? —preguntó Aro con amabilidad.
Alcé mi mirada y la clavé en sus ojos borgoña— Isabella, Maestro. —pude ver con claridad la sonrisa que se formaba al escucharme llamarlo de esa manera.
—¿Por qué te crees lo suficientemente buena para entrar a nuestras filas? —preguntó con una sonrisa pero su tono destilaba arrogancia.
Levanté mi mirada y la clavé en la suya. En ese momento algo extraño sucedió, sus ojos se desorbitaron y su mirada se volvió vacía. Me sorprendí al darme cuenta de que le estaba borrando los recuerdos ya que esa era la expresión que todos ponían cuando lo hacía. Pero aquello no tenía sentido, ¿no? ¿Por qué yo querría borrarle los recuerdos a Aro Vulturi? La expresión en su rostro duró unos pocos segundos, pronto sus ojos se enfocaron y comenzaron a mostrar curiosidad con impaciencia.
—Creo que seré capaz de ayudarles a contener a los vampiros rebeldes. —contesté con monotonía.
—¿Qué don tienes que nos pueda ser de utilidad? —preguntó con sorna Cayo.
—Un escudo.
—¿Un escudo? —lo expresión de Aro cambió a codiciosa—. ¿Qué tipo de escudo?
—Los dones mentales y los físicos no funcionan en mí. —respondí con una sonrisa presuntuosa y arrogante, me pregunté por qué me estaba mostrando de esa manera si claramente no era así.
—¿Te importaría darnos una demostración? —negué con la cabeza—. Cuando hablas de un escudo físico, ¿También hablas de ataques cuerpo a cuerpo? —asentí sin decir palabra alguna. Agaché la mirada y pude ver que mis puños estaban fuertemente cerrados, marcando mis nudillos. En ese momento me di cuenta de que estaba comenzando a copiar los dones de los vampiros presentes. Me horroricé al darme cuenta de lo doloroso que sería—. Entonces, Jane, Félix, Damian, ataquen.
Pude ver todo con exactitud pero no pude sentir nada, vi como Jane me miraba con una sonrisa sádica pero pronto su ceño se frunció y me miró insistentemente, también vi como los pocos muebles que había en la sala salían volando hacia mí pero se detenían a medio metro mío. Mientras todo eso sucedía capté por el rabillo del ojo como Félix corría hacia mí hasta chocarse con la pared invisible y salió disparado en la misma dirección por la que había venido.
—¡Maravilloso! —exclamó Aro mientras aplaudía suavemente—. Sin lugar a dudas hay un lugar para ti en nuestra guardia. Jane —la niña se giró en su dirección aún con el ceño fruncido—. Muéstrale a Isabella una de las habitaciones, se quedará permanentemente aquí.
Jane asintió con reticencia y me hizo un gesto con la cabeza para que la siguiera. Me incliné de una manera forzosa a los reyes y salí detrás de la pequeña rubia. Caminamos por largos pasillos hasta que paramos en una puerta.
—Esta será tu habitación de ahora en más —explicó con monotonía.
—Bien. —respondí entre dientes.
Cuando tomé el pomo de la puerta una mano me tomó del brazo, me giré y vi que me miraba con el ceño levemente fruncido.
—No sé muy bien quién o qué eres pero te tendré vigilada. —dicho esto se giró y caminó por los pasillos que antes habíamos andado.
Rápidamente entré en la habitación, me tiré en la cama que había y lancé un grito desgarrador impregnado del más puro dolor.
Todo se desdibujó nuevamente y me encontré con todos los Cullen mirándome fijamente, noté como jadeaba en busca de aire, aunque no lo necesitara. Todavía no podía comprender por qué iría a Volterra con las claras intenciones de entrar en la guardia Vulturi ¿qué ganaba con eso, aparte de dones que no quiero poseer y estar esclavizada por un vampiro con aires de grandeza?
—¿Qué has visto, Bella? —preguntó Edward con preocupación—. Tienes mala cara.
Suspiré y lo miré a los ojos. No creía que era buena idea decirle que me uniría a los Vulturi, hacía relativamente poco que habíamos comenzado una relación y no me parecía saludable comentarle que me marcharía sin él y sin saber con exactitud por qué lo hacía.
—Está todo bien, Edward —le sonreí suavemente—. Solo es que me ha tomado por sorpresa, nada más.
—¿Qué has visto? —preguntó todavía con desconfianza.
—Algo sin importancia. —le respondí sacándole seriedad al asunto.
—¿Estas segura, Bella? —intercedió Jasper.
Los miré con el ceño fruncido— Me parece que sé diferenciar algo con importancia de algo que no la tiene. —respondí cortantemente.
Edward y Jasper bajaron la cabeza apenados, no pude evitar sentirme culpable ya que ellos no tenían la culpa. No quería que me siguieran preguntando por el simple hecho de que me era dificultoso mentirles mirándolos a los ojos y sabía que si seguían insistiendo les contaría toda la visión sin importar las consecuencias.
—Creo que será mejor que continuemos con lo que vinimos a hacer. —Alice cortó el habiente tenso que nos rodeaba.
La caza no fue tan buena como lo habíamos planeado anteriormente. Yo me encontraba taciturna, pensado en la visión que acababa de tener y eso incomodaba de sobremanera a Edward y a los Cullen pero en menor medida.
Los días que siguieron fueron tensos, sabía que las visiones que tenía se cumplían en un corto plazo de tiempo y no quería que llegara el día en que mi destino se estrellara en mi cara, deteniéndome de hacer todas las cosas que quise.
Turnaba mi tiempo en todos los miembros de la familia aunque me quedara más tiempo con Edward, por obvias razones. Había jugado con Emmett a las luchas, a ese extraño juego de ajedrez que habían inventado con Jasper, hasta lo había vencido en los juegos de PlayStation que tanto le gustaban. Con Esme nos pasábamos el tiempo en el jardín, lo que más le gustaba plantar a ella eran las rosas, un día en el que lo estábamos haciendo me dijo:
—¿Sabes, Bella? Tú eres como una rosa, pero no de un solo color sino de todos los colores. Eres una rosa roja por tu amor y pasión, eres una rosa amarilla por tu inmensa alegría, eres una rosa blanca por tu pureza y bondad, y por último pero no por eso menos importante, eres una rosa rosada por tu falta de maldad.
Con Carlisle nos pasábamos el tiempo hablando de distintos tópicos pero el más frecuente era el de la medicina, era fascinante verlo hablar con tanta emoción del trabajo que realizaba, no por el dinero que podrían ganar —como era el caso de muchos doctores— si no por el simple hecho de ayudar a alguien más. En una de sus tantas charlas inconscientemente lo había llamado "papá", si hubiera sido humana la sangre se me hubiera subido al rostro pero gracias a Dios no es posible en nuestra especie, él simplemente me sonrió con un extraño brillo en los ojos pero no me contestó nada y seguimos hablando de cualquier tema.
Pasar tiempo con Alice era exhaustivo, todo lo que hacíamos era ir a comprar y eso no era exactamente mi actividad favorita. Hasta había llegado el punto de que me cansaba mentalmente —ya que físicamente nunca sería posible— que tenía que acostarme y "dormir" por unas horas. Se lo comenté en una ocasión pero ella me miró con el ceño fruncido para luego romper en risas musicales que llamaron la atención a todos los humanos que nos rodeaban.
—¡Eres el Grinch de las compras, Bella! —exclamó con diversión para luego seguir comprando sin importar la cara de pocos amigos que yo traía.
Con Rosalie era difícil compartir tiempo ya que le gustaba en demasía estar con autos, arreglando, agregando cosas. Me limitaba en mirarla y conversar con ella de cosas banales mientras le pasaba una que otra herramienta. Muchas veces la había atrapado tomando la cadenita que le había regalado y sonreír.
Con Jasper me pasaba el día haciendo diversas cosas, una tarde podríamos estar hablando de la guerra civil —un tema que apasionaba a Jasper— o podíamos hablar de mi infancia o la suya. Con Jasper era bastante sencillo hablar, de vez en cuando le controlaba las emociones y él se molestaba por ellos pero él tenía que ver que era demasiado molesto que te controlaran solo porque está aburrido.
—Vamos, abue. Tú haces esto muchas veces ¿por qué te molesta que haga esto en ti cuando tu disfrutas hacerlo en otras personas? Sería muy hipócrita de tu parte molestarte conmigo. —le sonreí radiantemente y él me miró algo apenado pero me devolvió la sonrisa.
Con Edward los momentos eran mágicos, no importaba que hiciéramos con tal de estar juntos. Aunque su cosa favorita de hacer era que le tocase la canción que había cantado cuando era humana, pero a mí me gustaba más escucharlo a él y más aún cuando tocaba la nana que había compuesto para mí.
Y aunque las cosas estaban yendo de maravilla todavía podía acordarme con claridad la visión y aún más la frase dicha por Aro "Muéstrale a Isabella una de las habitaciones, se quedará permanentemente aquí." Permanentemente, ¿por qué buscaría estar en esa guardia?
Un mes y medio después de ver el futuro tuve la respuesta. Estábamos comprando ropa con Alice cuando tuvo una visión, me pregunté por qué lucía tan preocupada.
—¿Qué viste, Alice? —pregunté preocupada.
—Aro Vulturi… —susurró apenas audiblemente—… Él decidió mandar a alguien a buscarnos a Edward y a mí, quiere que nos unamos a su guardia.
Abrí los ojos sorprendida— ¿Aro Vulturi? ¿Él solo lo decidió? ¿Qué sucede con Cayo y Marcus?
—Lo decidió él solo. Nos quiere para su beneficio y no nos quiere compartir con sus hermanos. Vendrán en tres días—explicó Alice tomando su celular con claras intenciones de llamar a un Cullen. Entonces, entendí por qué iba a estar con los Vulturi, me acordé de la profecía que Jasper me había dicho hace muchos meses atrás "El peor de los sacrificios hará", ¿Qué otra cosa sería peor que dejar atrás a todas las personas que amaba? Rápidamente tomé su mano con fuerza, ella me miró extrañada—. ¿Qué sucede, Bella?
—Lo siento por esto, Alice, pero no puedo dejar que ustedes sepan de eso.
Ella me miró extrañada por unos momentos hasta que su expresión cambió y se transformó a la misma que Aro tenía. Busqué entre todos sus recuerdos hasta que encontré la visión, lo borré en su totalidad y salí de su mente. Su expresión volvió a ser la misma pero yo tenía el ceño profundamente fruncido.
—¿Sucede algo, Bella?
—Tenemos que volver, Alice. —dije sin dejar lugar a réplicas.
Ella me miró analíticamente pero asintió, el viaje a Forks transcurrió en un tenso silencio, mi mirada estaba clavada en el bosque que quedaba tras nosotras pero sentía las miradas que Alice me enviaba cada tanto. Jugueteaba con el anillo que Edward me había regalado hacía solo dos días, era de la madre y ella le había dicho que debía dárselo a la mujer que estaba enamorado.
Llegamos después de cuarenta minutos a la casa Cullen, en ella estaban todos menos Carlisle ya que este último estaba en el hospital. Ellos nos miraron extrañadas al ver que volvimos tan temprano.
—¿Sucedió algo, chicas? —preguntó Esme con curiosidad.
—Bella quiso volver antes. —explicó Alice con el ceño fruncido.
—Me voy. —dije mirando a Edward a los ojos.
—¿Qué? —fue la pregunta que todos hicieron a la vez.
—Así de simple, me voy. —respondí desviando la mirada y la clavé en mis pies.
Sentí unos brazos envolviendo mi cintura, levanté mi mirada y me topé con unos ojos dorados mirándome fijamente con preocupación.
—¿Por qué te quieres ir, Bella? Si no te gusta Forks nos podemos ir a cualquier lugar que tú quieras.
Desvié la mirada— No es por eso, Edward.
—¿Entonces por qué te quieres ir? —Edward me miró confundido—. ¿O es que te diste cuenta de que no me amabas como pensabas? —preguntó dolido.
—¡Nunca! —exclamé con fuerza— Nunca te dejaré de amar, Edward. —terminé susurrando.
—¿¡Entonces por qué te quieres marchar! —gritó con frustración.
—No puedo decirte, Edward. No insistas. —dije firmemente.
Nuestros ojos se conectaron desafiándonos, esperando que alguno cediera, pero no iba a ser yo la que lo hiciera. No podía decir la verdad, sabía que los Cullen harían cualquier cosa para evitar que me fuera y si tuvieran que pelear contra la guardia lo harían sin pensarlo dos veces. Pero tenía el pequeño consuelo de que al final me iría y Aro no se llevaría a Edward y a Alice con él.
—¿Qué sucede aquí? —preguntó una voz desde la entrada. Me giré y vi como Carlisle nos miraba a todos esperando una respuesta.
—Bella quiere irse. —respondió Rosalie con rencor.
—¡No quiero irme! —exclamé perdiendo la poca paciencia que me quedaba—. Esto lo hago por ustedes ¡Maldita sea! Me voy porque los Vulturi quieren venir a llevarse a Alice y a Edward y yo no voy a permitir que lo logren.
La estancia se quedó en un silencio sepulcral, yo miraba desafiante a Rosalie que se encontraba estupefacta como todos los Cullen. El primero que salió del estado de sorpresa fue Carlisle, se acercó a mí y me tomó la mano, deshaciendo el abrazo que Edward anteriormente me estaba dando. Él clavó su mirada en la mía y en ella se podía apreciar toda la preocupación que tenía en ese momento.
—¿Estas segura de ello, Bella? —asentí sin decir nada—. Encontraremos la forma de solucionar esto pero dejarnos no es la salida.
—Sí que la es —repliqué—. Ya lo he visto yo, me uniré a la guardia para borrarle la idea a Aro. Saben que todo lo que veo se hace realidad, no hay nada que puedan hacer.
Los brazos de la persona que más amaba en la vida me envolvieron, apresándome en un abrazo lleno de desesperación que no tardé en devolver. No podía pensar en estar lejos de Edward pero tenía el consuelo de que era por su propio bien.
—No puedes dejarme, Bella, no ahora que te encontré. No te dejaré irte, no importa si toda la guardia Vulturi aparece, yo no te dejaré ir. Y si te marchas te buscaré, no importa cuánto corras te perseguiré y recuperaré, porque te tengo en mi memoria y recuerdo todos los hermosos momentos que pasamos juntos.
Vi como todos los Cullen asentían a las palabras y me comenzaba a desesperar, me separé de él y comencé a caminar como un león enjaulado. No podía dejar que ellos se arriesgaran por algo que ya estaba en nuestros destinos, pero en esa afirmación vi un punto del que me podía encarga, Edward dijo: "porque te tengo en mi memoria y recuerdo todos los hermosos momentos que pasamos juntos" ¿Y si no lo recordara? ¿Y si le borraba la memoria? Sería lo mejor para todos, aunque sintiera que mi corazón se rompiera con el solo pensamiento de que me olvidaran, pero era por su bien.
Los cubrí con mi escudo haciendo una cárcel invisible. Me concentré en la mente de todos, era complicado pero lo logré hacer. Busqué los recuerdos en los que aparecía e intenté borrarlo pero algo me lo impedía, intenté de nuevo pero tuve el mismo resultado.
Molesta los miré con el ceño fruncido— ¿Por qué no les puedo borrar los recuerdos? —pregunté a nadie en especial.
—Estabas tratando de borrarnos los recuerdos… —susurró Edward mirándome con reproche, intentó dar un paso pero se chocó con la pared invisible—. Nunca te olvidaré, Bella. Nunca lo haremos.
¿Era eso? ¿Estaban tan aferrados a los recuerdos que no los podía borrar? Una sonrisa apareció en mi rostro por lo bien que se sentía ser amada de esa manera. Pero rápidamente desapareció al darme cuenta del problema, no podía irme si sabía que los Cullen me irían a buscar. Estaba en un punto muerto hasta que la idea apareció en mi mente. No les borraría los recuerdos, estaban demasiados aferrados a ellos como para poder lograrlo pero podía encerrarlos y esconderlo en alguna parte de su mente.
—Los extrañaré. —susurré, mientras los abrazaba a cada uno y me fundía en un beso lleno de amargura y amor con Edward.
Todos habían tratado de apresarme en sus brazos pero con ayuda de mi escudo no pudieron hacer nada. Tuve que sacarle la cadenita que le había regalado a Rosalie, ella no recordaría quién se la había dado y crearía una confusión innecesaria. Me adentré a la mente de cada uno y comencé a encapsular todos los recuerdos. Este procedimiento los iba a dejar aturdidos el tiempo suficiente para irme sin ser detectada.
Cuando llegó el turno de Edward me sentí impotente, ¿por qué tenía que dejarlos? ¿Por qué a ese loco se le ocurrió llevarse a lo que más quería?
—No lo hagas, Bella. —me suplicó Edward desesperadamente.
—Es necesario, Edward —respondí mientras una lágrima caía por mi mejilla derecha, él alzó su mano tentativamente y al ver que no había nada que le interrumpiera el paso, su mano llegó hasta mi mejilla y tomó la pequeña lágrima y se la llevó a la boca. Le sonreí tristemente y él me devolvió el mismo gesto—. Te amo, Edward. Siempre lo haré.
—Yo también te amo, mi Ángel. —susurró.
Me adentré en su mente y comencé a buscar los recuerdos en los cuales aparecía, el proceso se prolongó más de lo que me había tardado en los otros ya que me era dificultoso encapsular todos los momentos vividos porque sabía que si bien no les había borrado los recuerdos ellos no me recordarían. Cuando terminé deposité un casto beso y me di la vuelta.
Y sin mirar atrás me fui, dejando detrás de mí mi única esperanza de ser feliz.
Fin
¡Hola chicas!
Bueno, This is it.
Se terminó. No hay más. Es triste pero estoy feliz de poder haberles dado un final, iba a ser en dos partes pero dije "Me van a matar" El capítulo más largo que he escrito. Espero que les haya gustado.
No creo que haya muchas personas ahí fuera pero sería increible que lleguemos a los 500 reviews.
Está hecho para todas las personitas que me han leído en todo este tiempo, empecé hace un año, cinco meses y 20 días, y muchas me han seguido desde ese momento. ¡Gracias totales!
Gracias por esos 492 revies, por esos 271 favoritos y esas 159 alertas.
¡Felices Fiestas!
Las adora,
Maru M. Cullen
