Fuego Oscuro no me pertenece es de Christinne Feehan, los personajes no me pertenecen son de CCS que es propiedad de Clamp.
Solo como recordatorio:

letra cursiva= pensamientos, recuerdos, platicas mentales.
letra normal= resto de la historia


La noche era casi la cosa más increíble que Sakura hubiera visto nunca. Estaba despejada y ligeramente fresca, y sobre sus cabezas miles de diminutas estrellas intentaban competir en brillo las unas con las otras. Inhaló la esencia de pino. Una ligera brisa llevó hasta ella un ramo de flores silvestres. La neblina de la cascada limpiaba el aire a su alrededor. Quiso correr descalza a través del bosque y celebrar la belleza de la naturaleza. Durante un momento incluso olvidó a Shaoran mientras levantaba los brazos hacia la luna, una silenciosa ofrenda de alegría.

Shaoran observó su cara, sintió la felicidad que la consumía. Sakura se concentraba en cualquier cosa que hiciera en cada momento, tomándolo en mente y cuerpo y disfrutándolo con plenitud. Parecía saber cómo vivir realmente. ¿Era porque había tenido tan poca alegría en su vida? ¿Era porque había tenido que luchar tan duro simplemente para sobrevivir? Tocó su mente, una sombra silenciosa y vigilante agazapada en la retaguardia, así podría compartir la intensidad del momento con ella.

Y lo hizo. Lo vio todo. Cada detalle único y vívido de admiración. La exquisita belleza de las hojas bañadas por la luz plateada. Las gotas individuales de humedad centelleando como diamantes en el aire alrededor de la cascada. El prisma de color fluyendo de la espumosa cascada. Los murciélagos giraban y se lanzaban hacia innumerables insectos. Shaoran podía incluso verse a sí mismo alto y poderoso, intimidante, masculino. Su pelo largo flotaba sobre los amplios hombros, y su boca era...

Se detuvo a sí mismo, una sonrisa revoloteó en su boca.

Definitivamente a ella le gustaba su boca.

Sakura le golpeó con fuerza en el pecho.

- Saca esa sonrisa presumida de tu cara. Sé exactamente lo que estás pensando.

La mano se posó sobre las de ellas y atrapó los pequeños puños apretados contra su propio pecho.

- Veo que no intentas negarlo.

Los ojos verdes chispearon con un desafío burlón.

- ¿Por qué debería hacerlo? Tengo buen gusto. Casi todo el tiempo. - Agregó con mordacidad.

Él gruñó bajo en su garganta, un sonido que pretendía intimidarla, pero en vez de eso se rió.

- Calma, chico. Cualquiera con tu arrogancia puede aguantar una bromita.

Él se llevó la mano de ella a la boca y mordisqueó los nudillos amenazadoramente, ella rio cambiando luego a un brusco chillido de alarma.

- No cuentes con ello. - Advirtió él, sus dientes blancos brillaron como los de un depredador. - Soy como cualquier hombre. Espero que la mujer que amo me adore y crea que soy perfecto.

Ella soltó un bufido nada elegante.

- Tendrás que esmerarte mucho para eso.

Los ojos negros de él, tan exigentes, ardían sobre su cara.

- No creo que sea para tanto, cielo.

- Búscate algo de comida. Tenemos que encontrarnos con los otros. - Dijo Sakura un poco desesperadamente. No podía mirarla de esa forma. Simplemente no podía.

- Y si me voy, ¿qué harás tú por mí? - Propuso él, frotando los nudillos de ella contra su mandíbula oscurecida. La sensación envió un fuego oscuro a través de su sangre.

- Seré una buena chica y esperaré por ti aquí mismo. – Se enfrentó a él. - No te preocupes tanto, Shaoran. En realidad no soy del tipo aventurero.

Él gimió ante tan flagrante mentira.

- Mi corazón no podría soportarlo si fueras algo más aventurera. - Sus ojos negros la atravesaron. - Obedéceme en esto, Sakura. No quiero volver y encontrarte encaramada en otro acantilado.

Ella puso los ojos en blanco.

- ¿En qué problema puedo meterme aquí? No hay nadie en varias millas a la redonda. De verdad, Shaoran, te estás volvieron completamente paranoico. - Avanzó a grandes zancadas hacia una enorme roca con un canto plano en lo alto. - Me sentaré aquí y contemplaré la naturaleza hasta que vuelvas.

- La otra alternativa que tengo es atarte a un árbol. - Consideró él con cara seria.

- Inténtalo. - Le desafió ella, sus ojos verdes escupían fuego.

- No me tientes. - Devolvió él, diciéndolo en serio. Examinó piedra por piedra por sí mismo. Con Sakura, cualquier cosa era posible. Una serpiente bajo la roca, un cartucho de dinamita explotando.

Sakura se rió de él.

- Lárgate. ¿No tienes ni idea de lo pálido que estás? Temo que en cualquier momento decidirás que soy tu aperitivo de medianoche. - Balanceando una pierna cruzada hacia adelante y atrás, fingiendo indiferencia, deseando poder retirar las palabras. No quería darle ninguna idea. - ¿Tienes idea de lo realmente extravagante que resulta todo esto?

Él se cernió sobre ella, alto y enormemente fuerte.

- Sólo sé que será mejor que estés sentada justo aquí cuando vuelva. - Lo convirtió en una orden. Nada de hierro cubierto de terciopelo esta vez. Sólo puro hierro. Lo dijo entre dientes para mostrarle que hablaba en serio.

Sakura le sonrió, toda inocencia.

- No puedo pensar que más podría hacer.

La besó porque era tan endiabladamente tentadora que pensó que podría incinerarse si no lo hacía. Su boca era increíblemente suave y complaciente, tal mezcla de dulce fuego y miel ardiente que tuvo problemas para apartarse. El hambre latía en su interior extendiéndose lo que le hacía difícil frotarse contra la garganta de ella y buscar él su sabor, rico y cálido, fluyendo hasta su propio cuerpo. Sintió como sus colmillos se alargaban ante la idea y rápidamente se apartó. Un sueño inquieto y una larga noche de actividades sexuales habían agotado su control.

Necesitaba alimentarse.

Un momento antes Shaoran estaba besándola como si nunca la fuera dejar marchar, y al siguiente se había ido, simplemente desapareció. En su lugar quedó un rastro de vaporosa niebla, alejándose de ella hacia las profundidades de los bosques. Observó el fenómeno similar a la cola de un cometa casi ociosamente, sin estar segura de si era realmente Shaoran o algún efecto extraño creado por la atmósfera sublime y la cascada. Era hermoso, un prisma de colores y luces ondeando como incontables luciérnagas a través de los árboles. Se preguntó si él había olido a su presa, y se estremeció ante la elección de palabras que habían acudido a su mente.

Inhaló entonces, tomando las esencias de la noche en sus pulmones. Eran asombrosas las historias que los olores varios podían proporcionar. Shaoran tenía razón; era solo una cuestión de mantenerse absolutamente inmóvil y escuchar como un sólo ser. Encontrándose. Era casi sobrecogedor. Los árboles, el agua, los murciélagos, los animales. Palmeó la roca, satisfecha por sentirla tan sólida. Se sentía como si Shaoran la hubiera despertado y llevado a las mismas entrañas de la tierra para redescubrir la belleza de la naturaleza.

Algo desentonaba ligeramente insertándose en su mundo mágico, pero fue tan lento, tan insidioso, que apenas lo notó. Todo a su alrededor era tan excitante, viendo con nuevos ojos, un auténtico despertar. El color del agua particularmente captó su fascinación, la forma en que el viento jugaba con la superficie, empujando y dando forma a la espuma. Pero la fastidiosa intrusión era persistente, una nota triste, un altercado, como si algo no encajara con la corrección de todo lo que estaba viendo.

Sakura frunció el ceño y se frotó la frente. Empezó a doler, latiendo, empeorando si se quedaba quieta. Se puso en pie, cambiando su peso de un pie a otro, y muy cuidadosamente evaluó los alrededores, intentando ver sin los vívidos colores y detalles, percibir la realidad a su alrededor.

Los pies empezaron a dolerle, y se quitó los zapatos y se arrodilló en el suelo. Pero el dolor no procedía de una herida. Estaba profundo en sus músculos, y sabía que no era su dolor; estaba sintiendo el eco de algo o alguien herido. Una súbita inmovilidad pareció caer sobre el bosque, aquietando todo la fauna salvaje. Oyó el roce de alas y pensó que entendía el súbito silencio. Una lechuza de caza mantendría a ratones y pequeños animales escondidos en sus madrigueras. Aunque los murciélagos permanecían ocupados con los insectos sobre su cabeza. Pensativamente se volvió a poner los zapatos y se enderezó. Un pequeño rastro de huellas de venado la condujeron al interior de una zona de troncos dispersos. Vagó entre ellos, algo la empujaba en esa dirección. No iría lejos, sólo quería encontrar la nota discordante que se entremetía en la belleza de la naturaleza. La sensación persistió incluso mientras seguía el débil rastro. Algunas veces desembocaba en matorrales y arbustos. Sintió la presencia de conejos agazapados bajo los espinos. Permanecían inmóviles, sólo sacudiendo los bigotes.

La nueva intensidad de los colores de la naturaleza y los detalles empezaron a sobreponerse a la necesidad de encontrar el sonido amortiguado que se penetraba en su cerebro. Se encontró lanzando miradas al cielo iluminado y volviéndose ocasionalmente para admirar el bosque. Los helechos se volvieron más altos cuando se internó más en el interior. El musgo cubría los troncos de los árboles que se elevaban hacia el cielo. Tocó la corteza de uno con respeto ante la compleja mezcla de texturas.

Se le ocurrió que su sensaciones se veían aumentadas por alguna droga que alteraba la mente como nada. Se apartó del rastro durante un momento para poder estudiar una formación rocosa inusual. Las piedras estaba cubiertas por un lado con un liquen y diminutas formas de vida, minúsculos insectos creando su propio mundo. Sakura levantó la mirada al cielo de nuevo, asombrada de poder ver tan claramente incluso entre las profundas sombras de los árboles.

Se estaba internando en la espesura del bosque, donde estaba mucho más oscuro, aunque podía ver bastante bien, su visión era tan intensa como su audición. Se volvió a concentrar en su recién encontrado sentido interior. Su estómago estaba ligeramente alterado. Se sentía llena; la idea de la comida la hacía sentir levemente enferma, aunque estaba sedienta. Fue consciente del sonido del arroyo burbujeando alegremente hacia la cascada. Se inclinó hacia el agua, abriéndose paso a través de los arbustos.

Cuando se arrodilló en el borde del arroyo, fue consciente de la nota discordante de nuevo. Se oía más alto esta vez, sacudiéndola, haciendo que le doliera la cabeza. En algún lugar cerca había algo que no estaba bien. Algo que sentía dolor.

Sumergió la mano en el agua y la llevó a su boca deshidratada. Su mente se volvió hacia la de Shaoran, buscándole automáticamente. Necesitaba el contacto. Sakura no sabía por qué, pero si no le alcanzaba, no le encontraba, sólo por un momento, sabía que estaría aterrorizada. Le necesitaba.

La idea de necesitarle la alarmaba, pero, infaliblemente, su mente le había encontrado ya. Fue el más ligero de los toques, no fue más que una pálida sombra deslizándose dentro, buscando el confort de saber que estaba vivo y bien, de que estaba saciando su hambre voraz. Le latió el corazón salvajemente durante un momento. Se retiró inmediatamente, molesta consigo misma por necesitarle, molesta porque su primer pensamiento hubiera sido preguntarse si había estado buscando sustento de una mujer. Debería estar preocupada por su presa, no celosa de ella, por lo menos momentáneamente.

Sakura parpadeó y se volvió a concentrar. ¿Dónde estaba? ¿Cómo había llegado allí? Nada parecía familiar. ¿Dónde estaba el rastro de los venados? Lo seguiría de vuelta a la piedra donde había prometido esperar.

- Lo has vuelto a hacer, Saku. - Se regañó a sí misma por lo bajo, preocupada por que Shaoran pudiera poder tocar su mente y sentir su confusión. Lentamente se enderezó y echó una buena mirada alrededor.

No veía el rastro por ninguna parte.

- ¿Por qué no tienes ningún sentido de la dirección? - Murmuró para sí mima, sin desear que Shaoran recogiera sus pensamientos no expresados. No iba a salir viva de esta a menos que encontrara el camino de vuelta antes de que él regresara. Decidió seguir la corriente. Sabía que terminaba en la cascada a varios pies sobre el pequeño claro que dominaba los acantilados. Si salía sobre la cascada, podría bajar al claro. Todo tenía perfecto sentido.

Soltando un suspiro de alivio, empezó a andar enérgicamente por la orilla del arrollo que corría rápidamente. El problema se hizo patente en seguida. La corriente volvía atrás en varios lugares, parecía correr sin rumbo a través de las partes más espesas del bosque. Los matorrales rasgaron sus vaqueros y la vegetación que la rodeaba pareció surgir amenazadoramente con las proporciones de una jungla.

Mientras avanzaba firmemente hacia adelante, la nota discordante que la había conducido lejos en primer lugar pareció incrementarse. Sabía que estaba cerca de lo que fuera que fuese aquello.

Un animal que sufría. Lo supo con súbita claridad. Un animal grande, y estaba sufriendo terriblemente. Estaba herido, la laceración infectada, y la pata le dolía cuando presionaba sobre la tierra al intentar caminar. Bramó ruidosamente, las vibraciones en el aire nocturno encontraron en ella un receptor preparado.

No era como si el animal estuviera haciendo algún sonido real; era más el que Sakura hubiera sido siempre capaz de comunicarse con los animales, y podía oír, en su cabeza, un silencioso grito de dolor. Intentó ignorarlo, incluso dio varios pasos más a lo largo del banco de arena del arroyo, pero el nivel de angustia del animal era sobrecogedor.

- Simplemente no puedo dejar así la maldita cosa. - Argumentó. - Puede estar atrapado en una trampa. Una de aquellas horribles cosas de acero que machacaban la pata del animal y le hacían sufrir una muerte horrenda. Sería tan culpable como quien fuera que colocara la estúpida trampa en primer lugar. - Ya estaba volviendo atrás, siguiendo decididamente las vibraciones de su cabeza.

No tuvo advertencia real de estar prácticamente sobre el animal hasta que apartó algunos arbusto y vio a un enorme gato montés sobre ella en una cornisa rocosa. Sus ojos amarillos miraban abajo hacia ella con malevolencia. El gato era muy musculoso, un poco delgado en los costados, y tan sobrecogido por el hambre como por el dolor. ¿Por qué no lo había notado antes?

Sakura hundió los dientes en el labio inferior con agitación. De acuerdo. Ahí estaba. Era el colmo. Iba a estar en muchos más problemas cuando Shaoran se enterara de esto. El gato montés la miraba fijamente, congelado en su sitio, sólo la punta de su cola ondeaba adelante y atrás. Sakura pensó en huir, pero sabía que el animal definitivamente la atacaría si era tan estúpida. Se extendió hacia la mente del felino.

Hambre. Furia. El gato montés estaba dolorido y de humor caprichoso. Tenía algo en la pata, algo que se enterraba y dolía cada vez que intentaba cazar. El felino había tratado de morderlo y sacarlo pero no había tenido éxito. No había comido en varios días, y el hambre estaba cobrándole factura. Y ahora estaba mirando a una presa fácil con obvia satisfacción.

Sakura intentó apaciguar al gato montés, intentó enviar la impresión de que le ayudaría. Podría quitar la dolorosa espina; podría proporcionarle carne fresca. Los ojos amarillos continuaron mirando hacia ella, un extraño presagio de muerte. Sakura obligó a su mente a alejarse de la posibilidad de un ataque y continuar enviando impresiones de ayuda al felino. Mantuvo el miedo lejos de su mente para que el animal no saltara sobre ella.

El gato montés sacudió la cabeza, desconcertado. Sakura sintió la confusión, una necesidad de alimentarse, aunque el animal la encontraba extraña, poco familiar, desconcertante. Necesitaba sacarse la espina, y Sakura se concentró en eso. Imágenes de la espina sacada, la pata sanada. Si no ayudaba a la criatura, seguiría siendo incapaz de cazar, y perecería. El gato montés era joven, una hembra; podría reproducirse. Sakura sabía que el felino era extremadamente peligroso; hambre y dolor podrían forzar al animal a tomar una resolución. Se las había arreglado para controlar a perros grandes. Una vez un tigre en un zoo se había unido a ella.

Se quedó en pie tranquilamente, observando al animal de cerca buscando signos de aceptación. Tenía una paciencia infinita. El suyo era un don divino, y creía en él implícitamente. Los otros podían llamarla monstruo, pero sabía que podía ayudar a los animales, realmente ayudarlos en ocasiones como esta. Habló tranquilamente, confortando en su mente, enviando imágenes de la espina sacada, la pata sintiéndose mucho mejor. Inundó a la gata con las imágenes, manteniendo al animal distraído.

La mayor parte de los gatos eran curiosos por naturaleza, y este grande no era diferente. Gruñó silenciosamente, pero la resolución en su cabeza de matar y alimentarse instantáneamente estaba decayendo. Deseaba que saliera la espina, que se fuera el dolor. Sakura aprovechó la ventaja, buscó expandir las imágenes y vibraciones mentales de buena voluntad. El felino se relajó más, los ojos amarillos entrecerrados, no tan fijos e implacables.

Sakura se permitió a sí misma respirar más profundamente y acercarse cautelosamente, su mirada se fijó sobre la pata herida. Estaba bastante magullada e infectada.

- Pobre pequeña. - Canturreó suavemente. – Necesitamos sacar esa cosa de ahí. - Todo mientras formaba imágenes del gato aceptando que ella extrajera la espina. – Podría doler, así que creo que deberíamos decidir ya mismo que no perderás la cabeza y me comerás. A largo plazo, será mejor para ti que simplemente me dejes sacarla. – Estaba bastante cerca ahora, lo bastante como para tocar al animal.

La herida era peor de lo que parecía a primera vista; la infección ya se había instalado. Era posible que no pudiera ayudar . Sakura suspiró. No quiso rendirse. Siempre había una posibilidad si podía sacar el objeto extraño tan profundamente incrustado en la pata, el felino podría sobrevivir. Era más aceptable para ella, curioso que pudiera comunicarse, entender el dolor y el hambre, sobrecogedor, por el momento, que el deseo y la necesidad de alimentarse.

Deliberadamente Sakura cambió su enfoque, instintivamente sabía que cuando el gato montés sintiera el intenso dolor al mover el objeto, querría desgarrar a quien fuera que tuviera más cerca. Amplificó la sensación de curiosidad.

- Desafortunadamente, pequeña, esa soy yo. ¿No crees que soy bastante interesante? No has visto a demasiadas como yo por los alrededores, ¿verdad? - Canturreó Sakura suavemente. Tomando un profundo aliento, inclinó la cabeza para examinar la cruel herida, la primera vez que tentaba a la suerte apartando los ojos de la cara del felino.

Terror. Puro y sin adulterar. No había ninguna otra palabra para describir la emoción de él. Shaoran podía sentir su corazón martilleando tan fuerte que estaba en peligro de que explotara fuera de su pecho. Había dejado a Sakura sentada pacíficamente sobre una piedra en la cascada. ¿Por qué había esperado que se quedara allí quieta? En medio del terror yacía la comprensión de que no lo había esperado realmente. La conocía demasiado bien. Los problemas la seguían a todas partes. No, era más que eso. Los buscaba.

Furia. Negra y terrible. Una feroz oleada de rabia que amenazaba con consumirle. Luchó por sofocarla y permaneció muy quieto, convirtiéndose en parte de la noche misma, como sólo él podía hacer. Su ardiente y fija mirada nunca abandonó el gato montés, vigilando en busca del primer signo de agresión. Sabía lo rápido que se podía mover un gato montés. Herido, este era incluso más peligroso. Podría matarlo desde donde estaba. Podía hacerse con el control del animal, mantenerle indefenso mientras ella trabajaba. Tenía opciones. Era incluso lo suficientemente rápido como para poder sacar a Sakura del peligro antes de que ella o el felino supieran siquiera que estaba cerca. No hizo ninguna de esas cosas. Shaoran escuchó la voz de ella. Suave. Apaciguadora. El estilo traía reminiscencias del canto sanador. Realmente estaba hablando al gato montés para que le permitiera ayudarle.

Orgullo. Fluyó hacia él llegado de ninguna parte. Puro orgullo. Ella estaba aterrorizada por la situación, al igual que se asustaba de su poder, de su salvaje e indomable naturaleza. Aunque estaba decidida a salvar a la bestia. Shaoran estaba en su mente, una sombra oscura inmóvil y quieta para no distraerla, aunque estaba allí, y la concentración de ella era absoluta. Estaba decidida a dar al felino una oportunidad de sobrevivir.

Algo en él que no sabía que existía, algo largamente sepultado u olvidado, fluyó hacia arriba, fuerte y sobrecogedor. La emoción fue tan intensa que le sacudió con la revelación. Amor. Si no la había amado antes, ahora sabía que lo hacía.

Había paseado a través de su existencia árida sin sentir realmente otra cosa que obligación de proteger y preservar su pequeña familia. Ella le había dado una vida y un propósito más profundo, una alegre razón para recorrer el mundo, para existir. Admiraba su coraje incluso mientras juraba silenciosamente que nunca volvería a desobedecerle, que nunca se colocaría otra vez en peligro de esta manera.

La admiraba. La revelación le sorprendió. Admiró la forma en que pasaba a través de la vida aceptando a la gente como era sin juzgarlos, sin expectativas. Admiraba su tremendo coraje, su sentido del humor. ¿Cuál era la mejor forma de ayudarla? Shaoran estudió la situación cuidadosamente. El puma era definitivamente impredecible, asustado, dolorido, y hambriento. Inmediatamente Shaoran empezó a sumar su fuerza mental a la de Sakura. Le dio un control adicional sobre la bestia.

¡Cuando saque la espina, Shaoran, puedes librar a la pobre de la infección! A pesar del hecho de que estaba sosteniendo un rígido control sobre el animal, su voz era suave pero firme en la mente de él.

Debería haber sabido que ella sentiría su presencia inmediatamente. El más ligero de su toque atraía su atención. Estaba sintonizada con él ahora, en mente y cuerpo, corazón y alma. Él los había unido. Ella podía encontrarle mucho más fácilmente que antes. Y era sensible, mucho más que la mayor parte de los humanos que habían entrado en contacto con él. Aún así, mantenía la concentración sobre el animal herido. Era asombrosa.

¿A un animal? Lo haría porque ella se lo pedía, porque sabía que si no lo hacía, intentaría encontrar otra forma de curar al puma. No me necesitas para esto, murmuró suavemente, comprendiendo que era verdad. Era capaz de controlar a la dolorida criatura mientras trabajaba en ello. Podía sentir su fuerza, la determinación, y era suya propia.