Kaim y Anya han sido llevados al calabozo en la ciudad de Mokgrad, lugar al que se dirigían. Sin embargo, ya entre rejas, Kaim se encuentra con un inesperado y enfadado rostro.
—¿M...Mayka? —pregunta asombrado, con un ápice de miedo en su tono—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—No solo Mayka, Kaim —comenta Alice dirigiéndose a él—. Creo que nos debes una buena explicación.
—¡No necesito excusas baratas! —grita al tiempo que da un puñetazo al rostro de Kaim, arrojándolo al suelo—. Te has atrevido a mentirme, no te vas a librar de esta con excusas.
—Espera, espera, espera Mayka das demasiado miedo —Retrocede apresuradamente, alejándose de ella hasta acabar de espalda a los barrotes.
—Vaya, no me di cuenta que tenías compañía Kaim —dice Alice con una pícara sonrisa al percatarse de la presencia de Anya.
Mayka mira a Anya por unos segundos luego mira fijamente a Kaim y hace crujir sus nudillos con furia.
—Ya veo, así que se trataba de eso... es una pena —comenta con fingida tristeza mientras camina hacia él con una bien marcada sonrisa.
—Lo siento —Se disculpa en el acto, arrodillándose en el suelo—. Yo solo no quería daros más problemas, por eso os mentí. Todo este tiempo he sido una carga para vosotros, habéis tenido que estar cuidando de mi y apenas habéis podido realizar trabajos y conseguir beneficios. Incluso os preocupé cuando por mi estupidez casi muero en la arena. Solo no quería volver a preocuparos de esa forma.
Mayka respira hondo y calma su furia un poco.
—¿Y crees que mintiéndonos y marchándote no nos preocuparíamos? —Trata de explicar Mayka.
—Kaim, eres uno de los nuestros, no hay forma de que no nos preocupemos por ti. Sabemos lo torpe que eres, pero también sabemos lo fuerte que puedes llegar a ser —añade Alice.
—En verdad lo siento —se disculpa de nuevo con la cabeza gacha.
—Bueno, ¿vas a seguir ahí arrodillado o nos vas a presentar a tu compañera? —inquiere Alice con curiosidad.
—¡Cierto! —exclama antes de levantarse de un salto—. Esta es Anya, es una aprendiz de Ariadna al igual que yo y es una sith... O algo así.
—Seth —Se inclina levemente—. Un placer conoceros.
—El placer es nuestro, yo soy Alice, y esta de aquí es Mayka. El tipo callado de la esquina —comenta señalando a la pared de la celda— es Marco.
Marco saluda a Kaim con la mano, sin reparar en cruzar la mirada con la suya. Kaim ladea la cabeza, algo confuso por la reacción de su compañero.
Todos toman asiento excepto Marco, quien se mantiene en la esquina pese a las indicaciones de Alice, quien parece igual de confusa que Kaim.
—¿Y bien, cual es vuestra historia? —pregunta Alice—. Sabíamos que vendrías hacia aquí pero tardaste demasiado.
—Fuimos atacados por unos bandidos a la entrada del desfiladero —explica Kaim—. Destrozaron con cargas la salida y yo caí por el precipicio. Necesité unas horas para recuperarme.
—Nosotras tuvimos que esperar al igual que tú a que se despejase el desfiladero, nos hubiéramos encontrado de ser así —apunta Alice, algo desconfiada.
—pensamos que tardarían mucho en despejarlo así que decidimos cruzar a través de la Cueva Oscura —continúa—. Pero fuimos atacados por una banda de asesinos que venían a por mi cabeza. De alguna forma escapamos y nos refugiamos en un edificio a unas horas de la ciudad. Unos guardias vinieron a buscarnos y nos acusaron de atacar un pueblo del que nunca había oído hablar —finaliza con un largo suspiro.
—¿Koma? —pregunta Mayka.
—Sí, ese.
—Esto es extraño; cómo al llegar aquí y no encontrarte pensamos que te habías ido fuimos a Koma. Cuando llegamos el pueblo ya estaba destruido y unos guardias nos detuvieron creyendo que fuimos nosotros. Y el tema de los asesinos realmente me desconcierta, ¿por qué a ti?, si quisieran atacar a nuestro grupo hubiera sido más lógico que me atacasen a mi —comenta Alice pensativa.
—Un momento, ¿si ya os cogieron a vosotros, por qué me han detenido también a mi?
—¿Insinuáis que os han detenido injustamente? —comenta una voz al otro lado del muro.
—¿Quién anda ahí? —pregunta Kaim alarmado.
—Así es. Esto ha sido muy extraño desde el principio —responde Alice sin reparar en la identidad de aquel sujeto.
—Entonces permitidme echaros una mano —Se oye la misma voz, carraspeando un poco.
El silencio se hace presente un par de segundos.
—¡Eh tú, ¿que crees que haces?! —dice un guardia al otro lado de la celda.
Se oye un crujido y de pronto la puerta de la celda contigua sale disparada hacia la pared, empujando a uno de los guardias y formando un estruendoso sonido. De aquel lado aparece un hombre muy musculoso con el torso desnudo, unos pantalones de piel marrones, el cabello y su barba de pocos días, rojos como el fuego, y una sonrisa afable.
—Tiempo sin vernos pequeña Alice —comenta con una risotada.
—¿De nuevo entre rejas Magnus? —pregunta con total confianza.
—Esta vez trabajé en el bando contrario —responde a carcajadas.
—¿Quién es, Alice? —pregunta Mayka, confusa al saber que se conocen.
—Os presento a Magnus Sellers. Uno de los mejores mercenarios que ha nacido en todo Safron.
—Vas a hacer que me ponga rojo Alice. Espera un segundo, os sacaré de aquí —Con una mano toma la reja y de un tirón la desencaja, llevándose parte de la pared consigo.
—Que fuerza —Se sorprende Kaim.
—¿Este es nuevo, verdad Alice? Mi estilo de lucha se conoce como Tank. Lucho con fuerza bruta —Ríe mientras marca músculo.
—Su nombre es Kaim, es nuestra última adquisición —responde al tiempo que Kaim hace una pequeña reverencia como saludo cuando Alice le señala.
—Ya veo, venid. Vamos a tener una pequeña charla con el jefe para que nos lo explique todo.
—Un momento, esto está lleno de guardias, ¿como sugieres que pasemos entre ellos si ni siquiera tenemos nuestras armas? —pregunta Kaim
—A veces olvido que no todos son como yo —comenta con una carcajada— ¿Quienes de vosotros son capaces de luchar sin sus armas?
Todos excepto Kaim levantan sus manos.
—Venga ya, ¿En serio soy el único? —comenta quejoso.
—Entonces ven conmigo chico, vamos a recuperar tus cosas, y las de todos ya que estamos.
—Os acompaño —añade Marco.
—¿Las chicas por un lado y los chicos por el otro eh? —Ríe nuevamente—. Seguidme; y tratad de no matar a nadie o nos meteremos en un lio serio.
Los chicos avanzan por los calabozos a la izquierda mientras que las chicas ascienden por la escaleras de la derecha hacia los pasillos del castillo.
—¡Los prisioneros escapan! ¡Dad la voz de alarm...!
Antes de que el guardia pudiera terminar, la palma de Magnus cubre completamente su rostro y lo estampa contra el suelo, dejándolo inconsciente al acto.
—Seguid avanzando chicos —comenta con una sonrisa, tomando la delantera.
—Corre mucho para ser tan grande —se sorprende Marco mientras lo ve adelantarse.
—¿Pero que le dan de comer a este tipo?
Más adelante, todos se paran ante un guardia enorme que impedía el camino. Envuelto en una armadura completa.
—No decías que sabías como luchar sin armas, muéstrame chico —comenta quieto con los brazos cruzados.
—Eres molesto —suspira Marco.
—Volved a vuestra celda sucios criminales, ¡no creáis que saldréis de esta con vida! —exclama el guardia, colocando frente a sí el enorme escudo, impidiendo el paso.
Marco salta sobre Magnus y se coloca frente al guardia a una velocidad increíble. Acto seguido, golpea la coraza del guardia con el puño.
—¿Planea romperlo con el puño? —pregunta Kaim algo extrañado por el golpe de Marco.
—Observa atentamente Kaim, he oído maravillas de ese chico de la boca de la propia Alice. Esa técnica con la mano desnuda, parece que no mentía —responde con una sonrisa, admirando la técnica de Marco.
—Técnica del puño suave. Destruye.
Tras pronunciar esas palabras, la armadura del guardia se resquebraja hasta desintegrarse por completo y éste queda completamente desorientado. Marco da una voltereta hacia atrás y retira su puño.
—No es que sea demasiado bueno con las manos desnudas, Mayka desempeñaría este papel mucho mejor que yo —comenta quejoso.
—¿Mayka? —pregunta Kaim sorprendido—. Creí que se especializaba en el apoyo.
—¿Alguna vez has visto a Mayka sin su túnica? —pregunta con una sonrisa.
—Ahora que lo dices, no.
—Una vez la pillé recién levantada, no le dio tiempo de ponérsela antes de que la viese. Ese fue el día en que más cerca estuve de morir —cuenta mientras ríe.
—¿En serio? Me cuesta creer eso —responde desconfiado.
—Le da demasiada vergüenza mostrar su ombligo.
Marco salta hacia el guardia de nuevo y lo golpea con una patada en el pecho haciendo que se desplome sobre el suelo.
—Basta de charla. La sala de objetos requisados está justo adelante. Tomad vuestras cosas del cofre y reunámonos con las chicas.
Por su parte, Alice, Mayka y Anya avanzaban tranquilamente por el pasillo.
—¿No deberíamos tener un poco más de prisa? Se supone que estamos escapándonos —comenta Mayka, con cierto aire de preocupación.
—Vamos, tan solo estamos teniendo una alegre charla —responde Alice, quitando importancia al asunto.
—¿Qué hacéis fuera de las celdas? —pregunta un guardia que patrullaba la zona.
—Vaya, se acabó la conversación —comenta Alice decepcionada.
El guardia escapa corriendo y gritando.
—¡Dad la alarma, los prisioneros escapan!
—Así será más divertido —responde Anya al tiempo que salta sobre la cabeza del guardia que trataba de escapar.
Gira sobre su cabeza y al caer golpea el pecho del guardia con su rodilla, enviándole a la pared con un ruido estruendoso.
—Vamos —sugiere Anya mientras corre por el pasillo.
—Odio hacer este tipo de esfuerzo físico —Se queja Alice mientras comienza a correr torpemente.
Numerosos guardias aparecen una y otra vez por las habitaciones del largo pasillo, que parecía serpentear cada vez más. Anya, quien iba al frente, se libra de ellos con rápidos movimientos y continúa hacia adelante hasta llegar a una sala amplia y recargada.
—Ahí está la salida —dice Mayka de forma apresurada, señalando a una gran puerta.
En una habitación contigua, en el despacho del jefe de guardia, uno de los guardias entra con prisa a presentarse.
—Los prisioneros han escapado —reporta cansado, arrodillándose en el suelo.
—¿Ah, si? —responde con desinterés una figura sentada sobre una silla, con los pies apoyados en la mesa.
El hombre se levanta lentamente, de forma que su largo cabello plateado apenas sufre movimiento alguno.
—Entonces supongo que tendré que ir personalmente a darles una visita —dice mientras con desgana toma una katana envainada de su misma estatura que se encontraba apoyada en la pared.
—Confiamos en que pueda encargarse de ellas, general Zihart —finaliza el guardia con una reverencia, antes de marcharse.
Continuará...
