EDITO! ME DI CUENTA QUE COMETÍ UN ERROR AL SUBIR LOS CAPITULOS! HE SUBIDO DE NUEVO EL CAPÍTULO 18 (SE LLAMA HOSPEDAJE NAVIDEÑO). ESCRIBÍ TANTOS CAPIS ESOS DÍAS QUE SE ME PASÓ SUBIRLO! PARA QUE VAYAN A LEERLO ;)
LAMENTO MUCHO MI ERROR
Hola gente! Nuevo día, nuevo cap! Gracias por leer. Espero que estén disfrutando tanto como yo lo hago al escribir.
Quisiera aprovechar, luego de que lean, de hacer algunas aclaraciones. Así que los espero más abajo xDD
Saludos!
Capítulo 20.
Salieron de San Mungo a toda carrera luego de que Claire les informara sobre la extraña circunstancia con la planta letal. Nadie regalaba una planta como aquella por error; esa Lazo del Diablo en la maceta había sido enviada con la intención de lastimar, en el menor de los casos, a su receptor. Lo que podía significar que había gente indeseable mirando, posiblemente. Iban tan cargados de adrenalina, luego de dejar al señor Weasley con Lupin, que ni el frío del exterior sintieron cuando salieron para buscar a Mundungus, quien los esperaba en el auto.
Se subieron apresuradamente y el pillo piloto condujo a toda velocidad de regreso a la base de la Orden del Fénix. En el asiento trasero se habían acomodado Harry, Hermione, todos los Weasley y Claire.
- Aquello no fue una coincidencia. – dijo Moody, quien iba sentado en el asiento junto al conductor. Era la tercera vez que mencionaba aquello.
Mundungus dio la vuelta en una esquina casi sin reducir la velocidad, haciendo que todos en el asiento trasero se apretaran hacia la derecha. Harry iba sentado entre Ron y la señora Weasley. Claire iba sentada en el lado de la ventanilla derecha, junto a Ron, y recibió gran parte del peso de todos en esa curva.
- ¡Baja la velocidad, Mundungus! – exclamó la señora Weasley. – De nada serviría escapar si morimos en un choque.
Y aquello estuvo a punto de volverse realidad; Mundungus frenó en seco en el último momento antes de pasarse una señal de Alto, lo que hubiera sido desastroso pues un autobús les hubiera pasado por encima. La frenada también causó estragos. Todos casi salieron disparados hacia delante, evitándolo solamente porque se sujetaron entre ellos. George Weasley se golpeó la frente contra el asiento delantero, el de Mundungus. Sirius casi salió disparado contra el parabrisas, pero logró sostenerse del abrigo y la camiseta de la consejera y, evitando por poco caer sobre su regazo, se acomodó nuevamente lo mejor que pudo antes de que la señora Weasley se diera cuenta de que estaba vivo.
Tras varios gritos de la señora Weasley y Moody, Mundungus se puso en marcha nuevamente, a una velocidad considerablemente menor.
- Oye, tienes tu pata dentro de mi sujetador. – susurró Claire, con urgencia, no lo suficientemente alto como para que la señora Weasley la escuchara, pero si dentro del alcance de Ron y Harry, quienes vieron como el hurón se hacía más atrás en su puesto alrededor del cuello de Claire, sacando su pata de debajo de la camiseta de la consejera.
Llegaron a casa algunos minutos más tarde, y entraron apresuradamente. Claire fue la primera en subir, excusándose con ir al baño. Unos segundos después, Sirius bajó a saludarlos, bastante más relajado de lo que había estado antes. Nadie sospechó nada acerca de su salida junto a todos ellos. Cuando le contaron lo del Lazo del Diablo, su actuación fue espléndida.
Aquella noche, la cena transcurrió entre posibles teorías acerca del suceso que los había obligado a marcharse y los intentos de la señora Weasley por cambiar de tema.
Al día siguiente, Claire tenía todo preparado para regresar a Hogwarts. Aquello no fue bien recibido por los demás, en especial por Hermione y Ginny, con quien la consejera parecía haber desarrollado una camaradería y amistad especial. Hermione les había dicho, muy por encima, que Claire les daba diferentes consejos sobre diversos temas, y que compartía bromas y gustos con ellas. Tonks también se entristeció de verla partir anticipadamente, después de todo apenas se habían reencontrado. Tonks había ingresado en Hufflepuff cuando Claire iba en su cuarto curso, y dentro de esos tres años que siguieron como compañeras estudiantes, la consejera le había ayudado en algunas cosas.
Sirius tampoco se mostró feliz con la idea de que su cómplice se marchara tan pronto.
- Lo siento, pero solo tenía permiso durante la primera semana de las vacaciones. – explicó Claire. – Aún soy parte del personal del colegio, tengo cosas que hacer allá.
- Bueno, si no hay de otra… - dijo Sirius, resignado. – Eres bienvenida a regresar cuando gustes.
Se despidió de todos aquellos a quienes no volvería a ver en mucho tiempo de manera más profunda, compartiendo abrazos y buenos deseos. A los estudiantes, les dijo que los vería pronto en el colegio, y que se acordaran de hacer sus deberes.
- Cuídate mucho, querida. – le pidió la señora Weasley. – No te pases muchas noches en vela, no es saludable.
Claire sonrió y negó con la cabeza.
- No lo haré. – prometió Claire. – Muchas gracias por todo.
Y salió sin más palabras, quizás porque no le gustaban las despedidas. Apenas salió del área protegida por el encantamiento Fidelio, Desapareció.
Apareció a las afueras de Hogsmeade y se arregló el abrigo y luego el cabello. El viento, aunque no fuerte, estaba helado y arrastraba pequeñas volutas de nieves que se le pegaban a la piel del rostro y se derretían. Había decidido aprovechar que aún estaba fuera de Hogwarts para reabastecerse de varias cosas; pergaminos, plumas, tinta, algunas golosinas, y sus galletas preferidas, por supuesto. Esperaba que las tiendas que necesitaba visitar estuvieran abiertas: no veía por qué no lo estarían el día después de navidad.
Caminó por la calle principal hacia la tienda de pergaminos, que estaba abierta. Ahí se hizo de varios metros de pergamino, media docena de plumas nuevas y algunos frascos de tinta. Luego se dirigió a Honeydukes, que como siempre tenía varios clientes. Aquellas fechas motivaban el consumo de cosas azucaradas. Mientras esperaba, revisaba las cosas que tenían a la venta, escogiendo lo que se le antojaba.
Al final llevó varios paquetes de varitas de regaliz, un par de latas de galletas dulces, dos plumas de azúcar y una caja de bocaditos de miel.
Al salir de la tienda se ajustó el pañuelo alrededor del cuello y, con una bolsa cerrada en cada mano, anduvo hacia la entrada de los terrenos del castillo, pensando en lo que haría aquel día. Claro, lo primero sería ir directamente con el Director para informar acerca de todo lo sucedido en Grimmauld Place, además quería conversar con Dumbledore sobre un tema que le estaba preocupando. También tenía que comenzar a planear la charla femenina para las niñas de segundo junto a la señora Pomfrey, que se llevaría a cabo la segunda semana luego del comienzo de las clases. Se daba todos los años, pero aquel sería algo diferente, pues incluirían, gracias a Claire, una perspectiva científica de los ciclos menstruales, y no sólo una explicación directa de sus implicancias, posibles incomodidades y la importancia de la higiene. Se suponía que, y se daba por sentado, que los padres de las niñas les explicaban aquellas cosas, aunque fuera muy generalmente, si es que no lo habían visto en la primaria ya; pero seguía siendo una responsabilidad por parte del Colegio asegurarse de que supieran lo necesario.
Llegó a las puertas y, con un movimiento de varita, las abrió y entró en los terrenos. De vuelta en el colegio, comenzó a extrañar mucho más de lo que ella misma hubiera esperado estar en el cuartel general de la Orden. No era porque debía volver a trabajar, sino porque echaba de menos a todos con los que había podido compartir durante los últimos días.
Los chicos la habían hecho reír como no lo hacía desde hacía meses, sobre todo los gemelos Weasley. Hermione y Ginny se habían convertido para ella en las hermanas menores que nunca tuvo, y en grandes amigas y, también, confidentes, al igual que ella lo había hecho para las chicas. La señora Weasley le recordaba bastante a su madre, sobre todo de cuando ella era más pequeña. Con Lupin había desarrollado una camaradería cordial; una amistad leve que se forma al ser aliados en un conflicto en el que cualquiera podría llegar a perder la vida. Con Tonks tenía a alguien con quien recordar su época escolar, rodeadas de una complicidad extraña que se formó entre ellas, por un lado una prefecta, y por otro una revoltosa. Con Bill era casi como estar con un compañero de curso, aunque ella fuera un año mayor, y entre los dos habían podido desmentir aquel rumor que circulaba entre los Weasley menores que decía que ellos dos solían salir cuando iban en el colegio. Solo habían sido grandes amigos. La distancia había cortado un poco su comunicación, luego de salir del colegio. En Sirius habían encontrado una especie de hermano mayor, con bastantes problemas, si, a quien deseaba ayudar, y con quien había terminado por encariñarse mucho. Harry y Ron, como Hermione y Ginny, eran algo así como hermanos menores. Los ayudaba con sus problemas, si es que ellos le pedían ayuda, y se preocupaba por ellos y su bienestar. Sabía que, siendo chicos, no podría desarrollar una relación tan confidente como con las chicas, pero el cariño seguía estando presente.
Bastó con que llegara al castillo y pusiera un pie dentro de éste para que recuperara la imparcialidad requerida por un trabajador escolar; selló dentro de su corazón las preferencias que tenía por aquellos con quienes había compartido aquella pasada semana y simplemente volvió a ser la Consejera escolar. Lo primero que hizo fue dirigirse hacia la oficina del Director.
Harry, Ron, Hermione, Ginny y los gemelos regresaron a Hogwarts el último día de vacaciones, escoltados por Tonks y Lupin, a bordo del Autobús Noctámbulo. Ninguno estaba menos emocionado de regresar que Harry, pues el día anterior a su regreso al colegio, Snape se había aparecido en Grimmauld Place para informarle que Dumbledore deseaba que estudiara Oclumancia, y que el profesor de pociones sería el encargado de enseñarle. Durante la tarde de su primer día de clases sería su primera sesión, que además debía mantener en secreto.
Todo aquello debido a que decían que Harry tenía que aprender a cerrar su mente a los sueños extraños que había estado teniendo desde que Voldemort regresara, para mantenerlo seguro.
- Lecciones extra con Snape… preferiría las pesadillas. – había dicho Ron, y Harry se había mostrado de acuerdo.
Aunque todos los demás, incluido Sirius, habían dicho que aprovechara esa oportunidad y se esforzara por aprender de Snape.
Harry pasó la mayor parte de su primer día de clases temiendo que llegara la tarde. Su clase matinal doble de Pociones no hizo nada por disipar sus temores, ya que Snape estuvo tan desagradable como siempre.
Su humor fue empeorando a medida que los miembros de la AD se le acercaban en los pasillos entre clases, preguntando esperanzados si habría alguna reunión aquella noche.
- Les haré saber de la forma habitual cuando es la próxima. – decía Harry una y otra vez. – Pero esta noche no puede ser, tengo que ir a… eh… Pociones Curativas.
- ¿Tomaste Pociones Curativas? – preguntó Zacharias Smith, habiéndolo acorralado en el vestíbulo después de comer. – Por Dios, debes ser terrible. Snape no suele dar lecciones extra, ¿verdad?
Mientras Smith se alejaba dando grandes zancadas, molesto, Ron le lanzó una mirada furiosa.
- ¿Lo maldigo? – preguntó, apuntando su varita entre los hombros del Smith. – Aun puedo alcanzarlo desde aquí.
Lo único que hizo que Harry se alegrara levemente aquel día fue que, como los demás miembros de la AD, Cho se acercó a él un poco antes de que Harry se dirigiera al despacho de Snape. Claro que, a diferencia de los demás, Cho se había acercado con la intención de hacer planes de pasar la siguiente salida a Hogsmeade, que sería el catorce de febrero, el día de San Valentín, juntos. Aunque le tomó a Harry unos minutos darse cuenta de las intenciones de la joven, habían terminado concertando una cita.
Aunque el sentimiento de triunfo solo duró algunos minutos, pues a las seis en punto de la tarde, se paró ante la puerta de la oficina de Snape, deseando estar en casi cualquier otro sitio; luego, respirando profundamente, llamó y entró.
La oscura habitación estaba llena de estantes con cientos de frascos de cristal en los que pequeños trozos de animales y plantas se hallaban suspendidos en una variedad de pociones de colores. En una esquina, estaba el armario lleno de ingredientes que Snape había acusado una vez a Harry, no sin razón, de robar. Su atención fue, sin embargo, atraída por el escritorio, donde un cuenco de piedra grabado con runas y símbolos yacía en el foco de luz de una vela. Lo reconoció enseguida, era el Pensadero de Dumbledore. Preguntándose qué rayos estaría haciendo allí, saltó cuando la fría voz de Snape salió de las sombras.
- Cierra la puerta, Potter. – le dijo.
Harry hizo lo que le ordenó, con el horrible sentimiento de que estaba siendo encarcelado. Cuando se giró, Snape se había movido a la luz y estaba apuntando silenciosamente una silla al otro lado de su escritorio. Harry se sentó y lo mismo hizo Snape, sus fríos ojos negros fijos en Harry, el disgusto llenando cada línea de su cara.
- Bien, Potter, ya sabes por qué estás aquí. – declaró Snape. – El Director me ha pedido que te enseñe Oclumancia. Espero que seas mejor que en Pociones.
- De acuerdo. – dijo Harry.
- Puede que esto no sea una clase normal, Potter. – continuó Snape, con sus ojos entornados con malevolencia. – Pero sigo siendo tu profesor, así que me llamaras señor o profesor siempre.
- Sí… señor. – replicó Harry.
- Ahora, Oclumancia, como te expliqué en la cocina de tu querido padrino, es una rama de la magia que cierra la mente ante las intrusiones e influencias mágicas.
- ¿Y por qué cree el Profesor Dumbledore que lo necesito, señor? - interrogó Harry, mirando a Snape directamente a los ojos, preguntándose qué podría responder.
Snape le regresó la mirada por un momento y entonces dijo despectivamente:
- Seguramente incluso tú deberías saber a estas alturas que el Señor Oscuro está altamente capacitado en Legeremancia.
- ¿Qué es eso? ¿Señor?
- Es la habilidad de extraer sentimientos y recuerdos de la mente de otra persona.
- ¿Puede leer la mente? - preguntó Harry rápidamente, confirmando sus peores temores.
- No tienes sutileza, Potter. - replicó Snape, con sus oscuros ojos centelleando. - No entiendes la delicada diferencia; es una de las deficiencias que hace que seas lamentable en pociones. - Snape se detuvo un momento, aparentemente para saborear el placer de insultar a Harry, antes de continuar. - Sólo los muggles hablan de "leer la mente". La mente no es un libro que se pueda abrir a voluntad y ser examinado a placer. Los pensamientos no están grabados en el interior del cráneo para ser leídos por cualquier invasor. La mente es algo complejo y con muchas capas, Potter, o al menos la mayoría de las mentes lo son. - sonrió burlonamente. - Es cierto, sin embargo, que aquellos que son maestros en Legeremancia pueden, bajo ciertas condiciones, sumergirse en las mentes de sus víctimas e interpretar correctamente lo que encuentran. El Señor Oscuro, por ejemplo, casi siempre sabe cuándo alguien le miente. Sólo aquellos cualificados en Oclumancia son capaces de cerrar esos sentimientos y memorias que contradicen la mentira y de ese modo, mentir en su presencia sin ser detectados.
No importando lo que Snape dijera, Legeremancia le sonaba como leer la mente, y no le gustaba en absoluto.
- ¿Entonces él podría saber qué estamos pensando ahora? ¿Señor?
-El Señor Oscuro está a una considerable distancia y los muros y tierras de Hogwarts están protegidos por muchos hechizos y encantamientos antiguos para asegurar las mentes y cuerpos de aquellos que se hallan dentro de ellas. - explicó Snape. - El tiempo y el espacio cuentan en la magia, Potter. El contacto visual es a menudo esencial para la Legeremancia.
- Bien, ¿entonces por qué he de aprender Oclumancia?
Snape observó a Harry, recorriendo su boca con un largo y delgado dedo.
- Las reglas normales no parecen aplicarse a ti, Potter. La maldición que no te mató parece haber forjado algún tipo de conexión entre tú y el Señor Oscuro. La evidencia sugiere que algunas veces, cuando tu mente está más relajada y vulnerable, cuando duermes por ejemplo, compartes los pensamientos y emociones del Señor Oscuro. El Director cree que es inadmisible que esto continúe. Desea que te enseñe como cerrarle tu mente.
Harry trató de obtener más información al respecto, pero Snape evitó firmemente revelarle más, y como Harry quería mantener el mal humor de Snape al mínimo, dejó de insistir al respecto. Aquello no ayudó a que la lección fuera más amena. La intromisión del profesor en su mente, visualizando sus recuerdos, y sus propios intentos por detenerlo, lo agotaron y enfurecieron rápidamente. Incluso aunque había logrado sacarlo de su mente en algunas ocasiones, al igual que en Pociones, Snape no se molestó en reconocer sus logros. Sin embargo, fue gracias a las intromisiones de Snape que recordó el día de su audiencia, y en donde se hallaba la puerta con la que soñaba con bastante regularidad.
Para cuando la lección finalizó, Harry apenas podía mantenerse en pie. Snape le ordenó que, antes de dormir, todas las noches, vaciara su mente y la dejara en blanco… y luego lo mandó a retirarse. Su cicatriz parecía que iba a abrirle la cabeza en dos. Aún no eran las nueve de la noche, así que, como había acordado con sus amigos, decidió ir a ver si éstos seguían en la biblioteca.
Subió con dificultad las escaleras para salir de las mazmorras, con su visión obstaculizada por el dolor en su frente. Iba en el segundo piso cuando se vio obligado a apoyarse contra una de las paredes de piedra cuando, sin poder evitarlo de ninguna manera, sintió que sus piernas comenzaban a ceder bajo su propio peso, haciéndolo tambalearse. La cabeza le palpitaba dolorosamente, más allá de solo su cicatriz ya.
Cerró los ojos con fuerza, sintiendo que quizás la luz suave de las antorchas era lo que estaba provocando el dolor. Y entonces escuchó pasos. Lo que menos quería era que alguien lo viera así.
- ¿Harry? – lo llamó una voz suave, pero plasmada de preocupación. Abrió los ojos cuando sintió una mano posada en su espalda, y se encontró con Claire mirándolo con su rostro a pocos centímetros del suyo, y una evidente mirada de miedo. - ¿Qué te ocurre? ¿Te hicieron algo?
Harry le explicó, con dificultad, que acababa de terminar con la primera lección de Oclumancia con Snape. Ella, al ser parte de la Orden, estaba al tanto de aquella petición que Dumbledore le había hecho a Snape. Asintió y lo ayudó a ponerse de pie.
- Ven. – le dijo. – Vamos a mi despacho, te daré algo que te ayudará.
La acompañó a su despacho, que estaba cerca de ahí. Fue suerte que nadie los viera.
Hola de nuevo!
Espero les haya gustado el capi.
Ahora, a lo que me convoca aquí abajo.
Me ha llegado una sugerencia de NimGreyCastle, en sus reviews, acerca de una posible pareja entre Claire y Bill Weasley. Bien, primero que nada, gracias por la sugerencia! Pero, me temo que no podrá ser. Verás, Claire es un pj que pretendo incluir en la historia sin que cause demasiados cambios en el argumento original. Por eso, Bill, como J.K. Rowling lo dispuso, tendrá una relación con Fleur, se comprometerá y se casará con ella.
Así mismo, y argumentando las mismas razones en las que me basé para tomar la decisión anterior, las parejas en este Fic serán las mismas que en libro original. Vale decir; Harry/Cho hasta que duren, como la autora de la historia original lo planteó.
Sin embargo, y me ha estado dando vueltas en la cabeza esta idea, y por eso les pregunto y espero se animen a responderme:
¿Quieren que Claire tenga alguna especie de relación con otro OC que incluya en el fic?
Denme su opinión al respecto el algún review :) Así como de como ven a Claire en general dentro de la historia.
Saludos a todos!
