Disclaimer: ¿Hay alguien que no sepa que Frozen es de Disney? Bueno, lo es. Yo sólo juego con sus personajes.
Gracias a A Frozen Fan, UlvidaKiyama666, SerenaSaori, Erika María, Nochedeinvierno13-Friki y BelenKatherine19 por sus reviews en el capítulo pasado.
21.
El sol les da la bienvenida cuando salen de la fortaleza. Hace un cálido día de verano, soleado y lleno de vida. Elsa entrecierra los ojos para que la luz del sol no la ciegue, y sonríe sin poder evitarlo. Ha salido de la prisión. Es libre. Es libre para disfrutar de su libertad.
Todo es perfecto. Y nada puede arruinar ese momento.
—No te alejes tanto, copo de nieve.
Elsa se detiene. Su espalda tensa, sus puños apretados, la sonrisa desvanecida. Hay algo que arruina la perfección del día.
—No te necesito. Puedo llegar sola a Arendelle.
Hans lanza una carcajada. Elsa se cruza de brazos y lo mira de la mala manera. Pero Hans no para de reírse.
—¡Para de una buena vez! Por Thor, ¿qué es tan gracioso?
—¿Tú… tú…? ¿En serio crees que vamos a ir a Arendelle?—logra decir el pelirrojo. La risa ha suavizado sus facciones y tiene una cara de pillo, de chico malo que sabe que ha hecho una travesura.
Elsa tiene ganas de romperle esa sonrisa con un trozo de hielo. Lo mira de malos modos, y pregunta con toda la serenidad que puede reunir:
—¿No vamos a Arendelle?
—¡Por supuesto que no! — Hans se ríe de nuevo —. Oh, tú… ¿tú en serio creíste que te llevaría a Arendelle? ¿De veras?
—Yo pensé… era lo más lógico —se justifica Elsa. En su mente repasa la conversación que había tenido con Hans en la habitación del pelirrojo. Él no había dicho que irían a Arendelle, de hecho no había mencionado ningún destino; Hans sólo quería salir de la fortaleza, o al menos eso había parecido. Y dado que Elsa sólo quería volver a casa, no había preguntado nada. Ahora se reprochaba por ser tan tonta y despistada. Bravo, Elsa, a ver cuándo vuelves a presumir de ser fría y de tener la cabeza puesta en su sitio.
—¿Lo más lógico?—repite Hans. Lanzó un bufido de incredulidad —. Ay, su majestad yo la creía más inteligente...
Elsa aprieta los puños. Contenlo, Elsa. Puedes contenerlo. No mates a Hans, aún no. Se asustó con tan pensamiento, pero no era el momento de planear un acto homicida, había cosas más urgentes:
—¡Deja de burlarte de mí!—demandó.
—Pero es que es tan ridículo… ¿Por qué creíste algo tan…?
Él se reía. Seguía riéndose y Elsa quería que dejara de hacerlo. Quería destruir esa risa. Y al hombre que se estaba riendo a su costa.
—¡Basta! Creí que ibas a devolverme, ¿de acuerdo? — Elsa hace una mueca —. Tonta yo creí que el destino era mi casa, mi castillo, mi hogar al lado de mis seres queridos. Por supuesto, no contaba con que seres un canalla, un rufián, un… — Hans le tomó el mentón con uno de sus largos dedos —. ¡No me toques! ¡No te atrevas a…!
—No dijiste eso anoche — murmura Hans, acariciando la pálida mejilla salpicada de numerosas pecas —. De hecho anoche reclamabas por mi toque. Eres una fiera insaciable, copo de nieve. Aún tengo marcas de la otra vez, ¿sabes? Me marcaste con saña… ¿Quién diría que la Reina de las Nieves podía ser tan posesiva y apasionada?
Elsa sentía calor. Se sentía ruborizar furiosamente.
—Eres un…
Su voz débil, para nada amenazante, hace que Hans vuelva a reírse. Elsa tan ingenua. Tan deliciosamente inocente. Es tan graciosa, tan divertida. Lo llena de una calidez, de una dicha… lo transporta a un lugar donde no tiene que ser frío y sin sentimientos, donde puede ser él, un hombre de ventipocos que puede soñar con estar con la mujer que quiere y desea.
La besa. Uno de esos besos que no quieren nada, que no aspiran nada. Que unen dos pares de labios y escuchan latir el corazón del otro. El aliento de Elsa se corta, y Hans lo absorbe como un sediento bebe agua.
Kristoff pasea por los alrededores. El edificio de piedra le da mala espina. Es un lugar horrible. Que habla de desgracias y tragedias varias, que parece encerrar gritos de tortura y desesperación.
Todo apunta a que Elsa está encerrada en ese lugar, pero el rubio se resiste a creerlo. Su cuñada, su tímida y cálida cuñada, la hermana de Anna, no se merece sufrir en este lugar.
—Señor…
Kristoff se gira para encarar a uno de sus hombres. El soldado tiene el ceño fruncido, un rostro que no augura buenas noticias.
—¿Encontraron algo?
Por favor que hayan encontrado a Elsa, por favor. Anna necesita tener noticias de su hermana. Kristoff rememora el rostro de Anna: alarmantemente pálido, con los ojos hinchados y las mejillas húmedas, pidiéndole que por favor trajera a Elsa a Arendelle. Incluso Aevar había sentido la desesperación de su madre y se había removido incómodo entre sus brazos.
—Esto estaba en una de las habitaciones — el hombre alza un retazo de tela, que Kristoff reconoce como parte del vestido de novia de la madre de Elsa y Anna, el vestido con el que la primera había desaparecido. Kristoff aprieta los puños y sus ojos se humedecen sin poder evitarlo. Inspira profundamente y logra de alguna forma contener las lágrimas, no es el momento. Tienes que ser fuerte, por Anna, por Aevar… —. También hay objetos de aseo personal y unas cartas, dirigidas a Hans Westerguaard.
Canalla, masculla Kristoff en su interior. No hay persona que el rubio odie más que a ese pelirrojo asesino. No te bastó con atentar con la vida de Anna y Elsa en el pasado, tenías que volver para vengarte, ¿no Hans? Kristoff no es una persona violenta, no particularmente, pero está seguro que cuando encuentre al pelirrojo le dará una paliza o mejor aún, lo atravesará con la espalda, lo que venga primero.
Pero hay un pensamiento que se sobrepone a sus ansias homicidas: Elsa no está aquí. El soldado ha empezado por los objetos, no por las personas. ¿Cuáles son las posibilidades? La opción más feliz es que Elsa haya escapado de alguna manera, tal vez dejando a Hans bastante mal parado. A Kristoff le gusta esa posibilidad, sólo tendrían que encontrar a Elsa y llevarla Arendelle, las dos hermanas se abrazarían dichosas, Elsa conocería a Aevar, y todo quedaría olvidado. Pero hay una segunda opción. Una en la que Kristoff no quiere pensar porque implicaría un cuerpo sin calor de vida y un millón de lágrimas de Anna y de Olaf.
—¿Algo más?—pregunta el rubio, sintiendo como la impotencia hace un nudo en su estomago. Por favor que haya algo más. Por favor… Elsa no puede… no pudo acabar así, por favor… Para su total sorpresa, el soldado asiente.
—Hay escarcha por todas partes — Kristoff alza una ceja, esperando que el hombre se explique —. Escarcha reciente. Tal vez de un día o dos.
—Oh…
¿Qué pasó entonces? ¿Cuáles de las posibilidades son ciertas? ¿Elsa escapó hace poco? Si es así no debe estar muy lejos. Este lugar es una isla, no podría salir por su propio pie.
—Tendremos que avisar a los puertos. La reina necesita un barco para volver a Arendelle — y sola no podrá llegar, se dice para sí mismo. Kristoff sabe que Elsa no sabe nada de navegación, la estrella polar, o norte y sur. Estaría perdida en altamar y entonces sería peor.
—También puede ser que la reina no haya escapado.
—¿Qué quieres decir?
Por favor, no la posibilidad dos. No, Elsa no puede estar muerta. No puede. Sería un desastre. Sería horrible. Anna jamás se recuperaría. Kristoff se estremecía al pensar en cómo Anna tomaría la noticia del fallecimiento de Elsa; sus ojos no volverían a brillar, sería una cáscara vacía, que sólo viviría por él y Aevar.
—Hans podría tener a su majestad.
Kristoff iba a matarlo. Nadie más tendría ese honor. Él mataría al canalla del pelirrojo con sus propias manos y luego lanzará sus restos al mar para que nadie los pueda encontrar.
—En ese caso habrá que buscarlos a ambos.
El hombre asintió y empezó a ladrar órdenes que Kristoff ya no escuchó. Miraba el trozo de tela proveniente de lo que un día fue, un hermoso vestido de novia. Te encontraremos, Elsa, lo juro. Te llevaré con Anna y con tu sobrino.
(Habría sido demasiado pedir que Odín me sonriera).
(Nunca lo ha hecho, ¿por qué los dioses me complacerían ahora?).
(Nunca he sido libre. ¿Por qué sería libre ahora?).
Elsa camina pisando con furia. Se sentía mal. Se sentía impotente. Esto no debería ser así. Ella debería estar en Arendelle. No en quién sabe qué lugar, aguantando las estupideces de su carcelero, de su sexy carcelero. Elsa cierra los ojos ante el pensamiento traicionero. Nunca más. No volveré a fijarme en el físico de Hans, ni en el de ningún hombre. Los hombres son todos unos estúpidos.
Elsa creía que tenía razón al pensar así. Mi prometido me abandonó. No es que lo quisiera, sabía que sería un matrimonio sin amor, pero por lo menos el grandísimo hijo de Loki podría haber hecho algo por mí, ¿no?, podría haberme buscado, podría haberse esforzado… De Hans mejor no hablemos, o tendría que gastar todo el día y parte de la noche para enumerar todos los defectos de ese rufián.
Elsa bufa. Todo estaba tan mal. Ya no estaba encerrada. Pero ahora estaba a la deriva. Sin idea de adónde se dirigía ni en donde estaba. Y con Hans a sus espaldas.
Podría escapar. ¿Pero a dónde iría? No reconocía nada. No sabía leer cartas de navegación. Y no confiaba en nadie, porque los seres humanos, los normales, le habían demostrado que nunca la ayudarían, que siempre desconfiarían y le temerían. ¿Por qué Hans no me teme? ¿Por qué es el único a quien no podrían importarle menos mis poderes? Resultaba desesperanzador que el único que no le temía fuera el único que realmente había querido matarla. El único que la había hecho sentir mujer.
—¿Intentas cavar un hoyo en el sendero, copo de nieve?
—Deja… —Elsa suspira —. Sólo deja de llamarme de esa forma.
Contén en enojo, Elsa. Hans sólo quiere fastidiarte, no le des el gusto.
—¿Por qué no?
—¡Por qué no soy un copo de nieve, por eso!
Elsa se voltea enojada, dispuesta a congelar a Hans, sin importarle un comino las consecuencias de ese acto. Pero no contaba con encontrarse a centímetros del rostro de Hans. La fuerza de su mirada verde hace que Elsa enmudezca de repente. ¿Por qué me mira así? ¿Y por qué me siento de esta forma? Tan tonta y absurda, que no puedo mantener mis ideas.
—Deja de fruncir el ceño — susurra Hans. Él acaricia el trozo de piel que está entre los parpados de Elsa y suaviza la arruga que se había formado en ese lugar —. Te ves mucho más hermosa cuando sonríes.
—No me toques—murmura Elsa.
—¿Por qué no?
—Porque no me gusta.
Hans se inclina un poco más. Las frentes de ambos quedan unidas. Elsa quiere zafarse, quiere alejarse de esa mirada verde, hipnótica. Oh, quiere tantas cosas.
—Mentirosa—susurra Hans, y su aliento cae en las mejillas de Elsa.
—Déjame.
Las manos de Elsa pican por rodear el cuello de Hans. Sus labios claman por un beso. Su cuerpo traicionero anhela el contacto de Hans. Esto está mal. Está mal, pero se siente tan bien. Tan bien y tan incorrecto. ¿Por qué es Hans el que hace sentir así? Como si nunca tuviera suficiente de él, como si me sintiera vacía sin él.
—Quiero besarte—susurra Hans en su oído —. Anhelo meter mi lengua en tu boca y devorar todo a mi paso. Quiero que tus rodillas se debiliten y que sólo te sostengas porque yo te tengo firmemente agarrada. Quiero que gimas en mi oído y grites mi nombre. Quiero que deshagas con mi toque — Elsa también quiere eso. Lo necesita a Hans, pero no se lo dice. De forma inveitable, como si no pudiera ir contra su voluntad, cierra los ojos —. Pero no lo haré.
Elsa abre los ojos.
—¿Qué…?
La boca se le seca. El corazón le late furiosamente. Hans da un paso hacia atrás. Elsa puede ver sus ojos turbios, llenos de deseo por ella. ¿Por qué no la sigue tocando? ¿Por qué no la besa y debilita su voluntad? Ella siempre se le resiste al principio, pero siempre se rinde ante él. Así que… ¿qué le pasa a Hans? ¿Por qué no la reclama como siempre? Elsa siente frío, se siente vacía con él tan lejos.
—Voy a esperar a que tú me beses.
—¿Qué?
¿Qué ella lo bese? ¿Qué ella comience uno de esos besos que la dejan sin aliento? ¿Por qué? Ella no sabría cómo hacerlo. Es Hans, siempre es Hans el que… el que hace todo aquello que no le gusta, eso.
—Estoy harto de obligarte. Cada vez que te beso, te resistes a mí. Cada vez que te toco, te tensas. Y tengo que batallar por destruir esas barreras. Y ya me harté. No soy ningún violador. Nunca he tenido que forzar a una mujer. Todas sabían a qué se atenían conmigo y me pedían más, siempre más, pero ellas también daban. Tú me pides, pero nunca me das. Y ya estoy harto de la situación — Hans sonríe fríamente — Así, que esta vez, mi rebelde copito de nieve, tú serás la que me beses.
Elsa se cruza de brazos. Quiere un beso de Hans, quiere que el pelirrojo la toque. Quiere que la haga ver las estrellas. Pero no va a dar el primer paso.
—Entonces supongo que esperarás sentado.
—Supongo que sí —Hans se encoge de hombros.
Elsa bufa.
—¿Podrás aguantar tanto, Hans?—se burla, recordando como el pelirrojo parece no tener suficiente de ella. Como siempre la ha buscado. No cree que Hans pueda resistirse a besarla.
—¿Y tú, Elsa? ¿Crees poder aguatar sin mis caricias?
Elsa se siente ruborizar.
—¡No voy a besarte, idiota! ¿Me oyes? ¡No te besaré! ¿Crees que quiero que vuelvas a tocarme? — Lo apuntó con un dedo acusador —. ¡Estás muy equivocado! A diferencia de ti, yo no anhelo tus caricias. ¡Me das asco! ¿Me oyes? ¡Me das asco, Hans!
El pelirrojo no contesta, no replica, no dice nada. En su lugar empieza a caminar, dejando a Elsa atrás.
—¿Me estás escuchando? ¡Hans! ¡No voy a besarte! ¿A dónde vas? ¡Vuelve! ¡No puedes dejarme aquí! ¡No tienes derecho! ¡Vuelve, Hans!
—Camina, copo de nieve. Tenemos que llegar antes que anochezca. Y acuérdate que este camino está lleno de lobos.
—¡Hans!
Por un momento Elsa se imagina ganando su libertad. Dando media vuelta y buscando alguien que la ayude a regresar a Arendelle. Pero luego la realidad se impone. El único que la puede ayudar en algo es el hombre que está caminando delante de ella. Y se está alejando. Elsa bufa y sigue los pasos de Hans, mientras masculla maldiciones.
Sólo te sigo porque no quiero quedarme aquí. Y porque no tengo idea de cómo llegar a Arendelle, Hans, pero nada más. No lo hago por ti. Tú no me importas en absoluto.
Elsa se repite una y otra vez esas palabras. A ver si se las consigue creer en algún momento.
Notas de la autora:
¡No me maten! Es Elsa la que dice que Hans le da asco. ¿Ustedes creen que tiene razón? Les dejo esa pregunta para que la contesten…
¿Y? ¿Qué les parece el capítulo? Ya están fuera de la fortaleza y Elsa sabe que no van a Arendelle. Además Kristoff ha llegado al lugar en el que se encontraban. Um, ¿qué piensan de la decisión de Hans de no besar a Elsa?
Reviews anónimos:
UlvidaKiyama666: Lamento mucho no haberte contestado, vi tu review después de subir el capítulo diecinueve. Hola! ¿Cómo estás? Gracias por comentar. Oh sí, Elsa y Hans avanzan rápidamente. Al parecer los momentos kristanna gustan, y yo que tenía tanto miedo de ponerlos…
Erika maría: Hola! Me alegra que te guste y que comentes siempre, muchas gracias. El lemmon te lo dejo. Y bueno, ya ves que Hans ha dado otro paso en la relación con Elsa.
Saludos, hasta el próximo lunes!
