La noticia estaba en todos los noticieros, redes sociales y programas. El video de la cachetada de la reina hacía el rey Taisho estaba repitiéndose una y otra vez, el consejo estaba furioso, estresado, y ella no estaba en óptimas condiciones para enfrentarlos, y sin embargo tendría que hacerlo.

Entró al cuarto, y no tuvo dudas que fue la costumbre de respetar las tradiciones lo que impidió que los miembros del consejo estallaran en murmullos y quejas acerca de la situación.

Kagome se sentó en la silla con calma y Sesshomaru permaneció de pie detrás de ella.

-Como saben la situación diplomática entre WestValley y Astria se ha roto – comenzó Kagome – Tenemos una situación que afrontar, por lo que escuchó opiniones.

-Con todo respeto su majestad – comenzó un anciano que con trabajo se puso de pie – Romper relaciones diplomáticas no es lo mejor, yo sugiero una junta de conciliación con el rey Taisho y enmendar la situación.

-No – dijo Kagome aunque Sesshomaru estaba por dar la misma respuesta – El rey Taisho nunca tuvo la intención de tener una buena relación entre países, desde el inicio de la visita provoco al duque, mi marido, para que lo enfrentara, esa era su intención desde el principio.

Los murmullos comenzaron de nuevo y otra mujer se puso de pie.

-Westvalley es el país con políticas mas agresivas, le sugiero pensar de nueva cuenta la situación su majestad – dijo la mujer – Una guerra es lo que menos le conviene al país.

-¿Qué este país está lleno de cobardes? – preguntó un hombre poniéndose de pie – Insultan a la reina, insultan al país, y lo que sugieren es disculparse, arrastrándonos y perdiendo toda la dignidad, ¿eso es lo que están sugiriendo?

-Estamos viendo por la seguridad de nuestro pueblo – dijo otro hombre.

-¿Nuestro pueblo?, ¿era tu pueblo cuando sugeriste un aumento de impuestos injustificado? – preguntó una mujer enfadada.

-Basta – dijo el duque con voz firme – Tenemos que establecer un plan de acción, sugiero enviar instrucciones a nuestros embajadores en el extranjero para dar un reporte de la situación con los otros países, hacer un sondeo en la población y reforzamiento en el ejército.

El silencio en el salón fue raro, y tenso, finalmente uno de los hombres habló con el rostro un poco pálido y voz insegura.

-Excelencia, ¿usted cree que lleguemos a una guerra?

-Espero que no, pero es mejor prepararnos para el peor escenario, me haré cargo del plan de la armada, se creará un programa de entrenamiento especial.

-Con todo respeto su excelencia, sus obligaciones en la corona ya son muchas, ¿cree usted tener el tiempo y la dedicación para hacerse cargo de tal tarea? El ejército no es cualquier cosa.

-He estado en el ejército en múltiples ocasiones, he liderado batallas, se lo que es estar en el ejército, y si por alguna situación yo no puedo hacerme cargo, mi hermano, el conde Inuyasha tomará el cargo.

-La reputación del conde no es la mejor – opinó una mujer algo insegura.

-No, pero yo lo entrené – dijo Sesshomaru seguro – Se de lo que es capaz.

-Damas y Caballeros, el duque ha estado en múltiples batallas, Astria lleva mucho tiempo en paz, lamentablemente ninguno de nuestros generales tiene experiencia militar activa, por lo que no podemos dudar de la capacidad de alguien que si la tiene.

Nadie pudo contestar a su afirmación, Kagome le agradeció en silencio, ella estaba agotada física y mentalmente, sus ojos se cerraban, tenía que pellizcarse para seguir despierta, le dolía su cabeza, y estaba un poco mareada, rogaba por llegar a un acuerdo de prisa.

La fría mano de Sesshomaru se poso en su hombro y de alguna manera sabía que estaba al tanto de cómo se sentía.

-Se dará una rueda de prensa por la tarde – dijo el duque – Esperaremos las opciones para el informe.

Kagome se puso de pie para retirarse, y el piso se le movió, podía sentir como estaba perdiendo la conciencia, estiro la mano para agarrarse de lo primero que tenía a la mano, pero antes de que cayera, el brazo de su esposo detuvo su caída.

Los miembros del consejo se levantaron alarmados, pero Sesshomaru levanto la mano que tenía libre para hacer silencio.

-Es agotamiento – dijo el duque cargando a la reina – Manden una bandeja con comida, llevare a la reina a la habitación.

Poder abrazarla era algo que hacia unas semanas no podía. Camino a la habitación inhalo su aroma, necesitaba su cercanía, pero en esos momentos no se lo merecía, estaba agotada por que el no había sido el apoyo que necesitaba, aportó una carga más en lugar de quitarle peso de encima, y ahora estaba agotada.

La depósito en la cama con suavidad, y retiro sus cabellos de su rostro. La tapó con una manta y se sentó en la orilla de la cama.

A veces olvidaba lo frágil que podía ser.

Acarició su mejilla y le dio un beso en la frente.

Se encargaría de ser su apoyo, ya no había cabida para errores.

Su hermano le había citado a medio día. Estaba esperándolo en su oficina dentro del palacio, podía percibirlo acercándose, estaba preocupado, y percibió un aroma que hacía mucho no tenía su hermano. Cansancio.

No cualquier cansancio, este era real, era similar al olor que expedía cuando partieron de Westvalley, en ese entonces las largas noches y jornadas de trabajo hacían que su hermano siempre estuviera cansado, la gente no lo percibía, pero el podía verlo en su rostro. Sesshomaru estaba cansado.

-¿Qué sucedió? – preguntó Inuyasha en cuanto Sesshomaru entró en la habitación.

-¿No lo has visto en las noticias? – preguntó Sesshomaru sentándose en su escritorio.

-No me refiero a eso – dijo Inuyasha.

-No es de tu incumbencia – dijo Sesshomaru sin verle – Te llamé para informarte que serás parte del entrenamiento que se le dará a los soldados.

-No tienes que estar solo – dijo Inuyasha molesto – Hace años yo era muy joven para poder apoyarte, pero no es el caso, solo tenías este aroma cuando nos fuimos de casa…

Sesshomaru vio hacía la venta y percibió la preocupación de su hermano.

-Le fallé – dijo con un tono de voz plano. – Me ausenté por tres días, le oculté que había estado prometido con Alana, perdí el control…has la lista.

Inuyasha le vio sorprendido. Era la lista mas larga de errores que su hermano había cometido. Generalmente era tan meticuloso que si llegaba a cometer un error era por algo que estaba fuera de su alcance.

-Debes amarla demasiado para cometer tantos errores – dijo Inuyasha sin pensarlo.

Sesshomaru le vio indiferente.

-No tiene sentido compadecerme – dijo Sesshomaru – Tengo que encontrar una solución.

-Kagome te perdonará – dijo Inuyasha – Ella tiene un corazón muy grande, solo debes ser constante.

Sesshomaru se quedó en silencio, no era su idea darse por vencido, era innecesario que su hermano le dijera que no se diera por vencido, era su compañera, no dejaría que esa brecha se extendiera. No si esperaba tener cachorros algún día.

-¿Qué tipo de entrenamiento quieres que comience? – preguntó Inuyasha cambiando de tema.

-Bastará con los básicos por el momento – dijo Sesshomaru – Tu y yo tendremos otro entrenamiento por las tardes, debemos estar preparados.

Inuyasha no le temía a la pelea en batalla, sabía que era su lugar pelear a lado de su hermano. Temía perder a quienes consideraba importantes.

Sabía que su hermano no permitiría que Kagome fuera herida, o lastimada, y aún así, el pensar en una guerra era algo que temía.

Sesshomaru percibió el temor en el aroma de Inuyasha, quizás no había pasado mucho tiempo con él, no últimamente, sin embargo sabía que era relativamente joven, no había tenido oportunidad de pelear en batalla, el le entrenó, y sabía de lo que era capaz, así como sabía que el reconocer su miedo sería una vergüenza para ambos, por lo que lo ignoro.

-Estaré al pendiente del entrenamiento – dijo Sesshomaru para después dar la media vuelta y retirarse.

Despertó descansada y relajada, Sango estaba a su lado preparando su ropa, y una bandeja de comida estaba en la mesita. Se sentó y se sintió un poco mareada.

-Tómalo con calma, te desmayaste, pero su excelencia dijo que solo era cansancio – dijo Sango – Me pidió que te trajera una bandeja de comida antes de la conferencia.

Kagome se dirigió a la mesita, y comenzó a comer, tenía hambre, y todo parecía estar delicioso.

-¿Sigues enfadada con el duque? – preguntó Sango alisando el vestido que usaría mas tarde.

Kagome suspiró y dejó el cubierto de un lado.

-Es complicado – dijo – No es enfado, siento que rompió mi confianza, me ocultó cosas, y por un momento perdió el control.

-¿Le tienes miedo? – preguntó Sango preocupada. Kagome negó con la cabeza.

-No es miedo, me sentí inútil, como si debería de haber hecho algo, pero solo pude quedarme ahí de pie, sin hacer nada – dijo Kagome.

-Mi familia debe tener un libro sobre los rituales de compañeros de los demonios, ¿quieres que lo busque?

-Por favor – dijo Kagome – No sé si lo que venga en un libro será de ayuda, pero podría ser la solución para entender mejor a Sesshomaru.

-¿Quieres entender mejor a mi hermano? – preguntó Inuyasha en la puerta de su habitación. – Supe que te desmayaste, tu esposo acaba de darme instrucciones.

-¿Crees que hice mas mal que bien? – preguntó Kagome dudando.

-No, si mi hermano hubiera explotado las cosas se hubieran salido de control – dijo Inuyasha sentándose en una de las sillas de la pequeña mesita.

-Cada vez siento que esta fuera de control, cuando lo conocí tenía una reputación intachable, ahora me da miedo que no pueda controlarse, puedo sentir sus emociones por el lazo, cada vez son mas intensas – dijo Kagome preocupada.

-Son mas intensas porque te ama – dijo Inuyasha. Kagome le vio sorprendida.

-¿Cómo lo sabes? – preguntó

-Te eligió como compañera, estoy de acuerdo que fue algo de instinto, pero vamos Kag, solo hay dos emociones capaces de afectar a un demonio, y una es el odio, lo cual no es el caso, y otra el amor.

La amaba. Kagome no debería sentirse sorprendida, era su compañero, su esposo, pero en realidad nunca habían dicho que se amaban, había emociones muy intensas, pero la palabra amor no era una de esas, hasta ese momento.

-Escucha Kag, tengo algo que darte, te buscaré después de la conferencia – dijo Inuyasha serio – No te preocupes, no eres la única que ha pasado por esto, mi madre en algún punto lo hizo también.

Después de esto, Inuyasha salió de la habitación y dejo a Kagome mas sorprendida y confundida que antes. Era cierto, la madre de Inuyasha había estado con Inu No Taisho por elección, por amor, y el padre de Sesshomaru era igual o mas poderoso que su esposo, lo que significaba que el problema con las emociones estaban ahí, o estuvieron.

Quizás había algo que podrían hacer.

-Kagome, ya tenemos que prepararte – dijo Sango – Vamos.

La conferencia no fue una fácil. Podía ver que la gente estaba nerviosa respecto al futuro, deshacer una relación diplomática con un país vecino era muy peligroso, hasta el momento decidieron mantener los preparativos del ejército y planes ocultos, la gente sabría solo lo necesario, y Kagome pensaba que era lo más correcto.

Sin embargo el miedo y la confusión podían verse en el rostro de los reporteros. No los culpaba, ella misma temblaba solo de pensar en una guerra, todas las vidas que quedarían en sus manos, era para esto que su madre le había dicho que necesitaba endurecer su corazón, en cierta parte Sesshomaru era la parte de la corona que entraría a funcionar en esos momentos.

La seguridad del duque era lo que hacía el truco, Kagome le dejo liderar la conferencia, afortunadamente tenía experiencia militar, cosa que poca gente de Astria podía decir, por lo que confiaba en que sería suficiente para que el pueblo confiara en él.

Al terminar la conferencia suspiro, ella también tenía miedo, una guerra no era algo que tenía en mente en el primer año de su reinado, y no pudo evitar pensar que si su madre estuviera viva encontraría la manera de evitar todo esto.

Camino hacía su habitación, le sintió seguirla, siempre atrás, siguiendo sus pasos. Estaba cansada, quería que todo fuera como antes, poder apoyarse en Sesshomaru sin pensar en su pelea, sin tener que cuidar sus palabras.

Al entrar a la habitación sintió a Sesshomaru seguirse de frente, y ella suspiro, sin saber si se sentía aliviada o no.

-No tienes buena cara – dijo Inuyasha que estaba ya en su habitación.

-Si Sesshomaru te ve, aquí se enfadará – dijo Kagome cansada.

-Tiene otras cosas en mente – dijo Inuyasha que sacó un objeto de su saco – Tengo que darte esto.

Kagome tomó el objeto y se dio cuenta que era una daga, una preciosa daga con incrustaciones de diamantes. Vio a Inuyasha sin entender realmente el regalo, la daga era preciosa, pero no entendía la naturaleza del regalo.

-Mi padre se la dio a mi madre cuando se hicieron compañeros – dijo Inuyasha. Kagome le vio sorprendida.

-No puedo aceptarla, esto es para quien tu elijas como tu compañera – dijo Kagome confundida.

-No, es para ti, tu la necesitas, verás, no es una daga común, esta daga puede lastimar el youki de un demonio, es decir si un demonio va a transformarse de manera inminente, la daga detendrá su transformación de tajo, no morirá, solo le dolerá como un demonio – dijo Inuyasha.

-No voy a lastimar a Sesshomaru – dijo Kagome enfadada. Si estaba enfadada con su esposo, pero de eso a clavarle un puñal había mucha distancia.

-No, pero tendrías que ser capaz de hacerlo – explico Inuyasha – Cuando un par de demonios se emparejan, el hombre tiene la certeza que de alguna manera su compañera podrá defenderse de el mismo cuando sea necesario, el mismo youkai del demonio pedirá un castigo físico doloroso para resarcir el daño hecho, y eso le sucede a Sesshomaru.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Kagome preocupada.

-Investigué, y Kouga me dijo que después de lo que haya sucedido, Sesshomaru acudió a él todas las noches para que le diera una paliza, todas las noches Kagome – dijo Inuyasha – Si tu hubieras portado la daga, y le hubieras herido, ese impulso se hubiera detenido, le hubiera calmado, si, le dolería, pero sanaría en un par de días.

Ahora lo entendía, ella lo necesitaba por que se encontraba en la misma situación que la madre de Inuyasha en algún momento. Vio la daga con renovado interés, no tenía la intención de lastimar a Sesshomaru, pero estaban en una situación desesperada, ¿Sesshomaru querría eso?

-Habla con el bastardo de mi hermano – dijo Inuyasha dirigiéndose a la ventana.

Kagome le vio partir, y ella se sentó en la cama. Toda la situación era un lío, su orgullo estaba herido, y la confianza que tenía en su esposo estaba pendiendo de un hilo, lo que tenía en la mano podría ser un arma de dos filos.

¿Qué haría su madre en su lugar?

Y sin dudas, tuvo la respuesta, su madre le clavaria el puñal y le advertiría que nunca volviera a hacer lo mismo.

La pregunta era si ella sería capaz de hacerlo también.

Su youkai estaba inquieto, podía sentir la inquietud, la impotencia, su compañera estaba sufriendo, estaba estresada, y si su relación estuviera bien, ese estrés se recargaría en él, sin embargo, debido a sus múltiples, y estúpidos errores, Kagome cargaba todo sola.

Actualmente el entrenamiento le ayudaba a olvidar su situación, sin embargo, sabía que la situación no podría seguir así de manera indefinida.

La sintió acercarse, y no pudo evitar esperar con ansia el verla. Desde hacía días que ella no le buscaba.

Al verla cruzar la puerta del gimnasio no se molesto en cubrirse, vio su rostro sonrojarse levemente cuando le vio.

-Tenemos que hablar – dijo Kagome suspirando. – No podemos seguir así por siempre.

-Nombra lo que necesites para resarcir mi error – dijo Sesshomaru, sabiendo que estaba poniendo su vida en manos de su compañera.

-¿Puedo preguntarte algo? – preguntó Kagome insegura – Si hubiera encontrado una manera en calmar a tu youkai, y resarcir tu error, ¿lo harías aunque significaría que dolería?

-Lo haría – dijo Sesshomaru sin duda.

-¿Me culparías por hacerlo? – preguntó Kagome sincera.

-Jamás podría culparte por tener que recurrir a ciertas acciones para resarcir un error mío – dijo Sesshomaru sin saber a donde se dirigía la conversación.

Fue entonces cuando vio que Kagome sacaba una daga, estaba diseñada por el orfebre de su padre, podría reconocer su trabajo en cualquier lado. Había visto la daga siglos atrás, su padre había sido herido con la daga, nada menos que por la madre de Inuyasha. Cuando se enteró se enfureció, sin embargo su padre le dijo que su compañera estaba en su derecho, y que se lo merecía.

Ahora lo entendía, seguramente esa daga tenía propiedades para lastimar el youki, había visto a su padre adolorido por dos o tres días.

-Me la dio Inuyasha – dijo Kagome – Me dijo que ayudaría, pero no quiero hacer peor la situación en la que estamos.

-Una compañera, una mujer tendría que ser capaz de defenderse – dijo Sesshomaru sacando la daga de su funda – Incluso de su compañero.

Kagome tomó la daga en sus manos y vio a Sesshomaru. Le veía con total confianza, podía ver su arrepentimiento, y pensó en que quizás eso era suficiente, quizás podría perdonarlo sin herirle.

-Hazlo – dijo Sesshomaru colocando la daga en su hombro izquierdo.

Kagome suspiró, era el momento, pero su mano no se movía, trató de tomar fuerza y empujar, pero no pudo.

-Estas enfadada – dijo Sesshomaru – Recuerda eso al empuñar la daga, piensa en todo el enojo que tienes, y déjalo ir cuando la claves.

Kagome pensó en el dolor que tenía, en lo que acababa de pasar, su herido orgullo, su confianza fragmentada, todo por lo que habían trabajo se estaba desmoronando, y la única manera de salvarlo era descargar su furia.

Y así, sin pensarlo más, empujo con fuerza la daga, en un movimiento.

Al principio el dolor de la herida fue como cualquier otra, dudo en la efectividad de la daga, pero unos segundos después sintió como si un veneno recorriera sus venas, caliente, haciendo daño, la sangre manaba por su herida, y por primera vez no sintió a su cuerpo sanar de inmediato.

Cayó de rodillas y sintió a Kagome a su lado, preocupada, asustada.

-Vas a tener que suturar – dijo rechinando los colmillos, dolía como el demonio.

-Pero, en unas horas vas a sanar y…

-No, no tan de prisa como siempre – dijo Sesshomaru – Para eso esta diseñada.

Kagome podría haber palidecido y llorar, pero ella lo había hecho, y había sido su decisión, se haría cargo de lo hecho.

Se levantó y busco el botiquín del gimnasio. Sabía que los botiquines en el palacio estaban bien surtidos, por lo que no se sorprendió al ver aguja e hilo especiales para sutura.

Los tomó con precaución, nunca lo había hecho, pero suponía que era como coser en tela.

Prefirió no ver a Sesshomaru, no su rostro al menos. Podía sentirlo controlando su voz, su dolor, y de alguna manera se sintió calmada al respecto, esto era lo que ambos necesitaban, y ella se encargaría de cuidarle y curarle.

-Va a quedar cicatriz – dijo cuando estaba por empezar.

-Lo se

Kagome decidió que hacer el trabajo de prisa era mejor que tardar y prolongar el dolor, así que dio puntada tras puntada, decidida a no llorar, y a no dejarse caer, habían pasado por mucho pero ella había hecho lo necesario para volver a la normalidad.

Estaba segura de poder hablar con Sesshomaru después de esto, de alguna manera su incomodidad estaba desapareciendo, y cuando terminó de dar las puntadas, limpió por completo, y puso una venda en el hombro de su esposo.

Fue entonces cuando le vio al rostro, por primera vez veía a Sesshomaru pálido, aguantando, y sin embargo el levantó la mano, y acarició su mejilla, finalmente su youkai estaba en silencio, satisfecho, cansado.

Kagome no lo dudo y le abrazo soltando las lágrimas que prometió no derramar.

-Lo siento – dijo Sesshomaru en un tono cansado.

-Promete que no lo volverás hacer – dijo Kagome preocupada – No puedo pasar por esto cada que te equivoques.

-Lo prometo – dijo Sesshomaru besando a Kagome.

Habían sido días sin ningún contacto, y a pesar del dolor pudo sentir el deseo por su esposa, sabía que no podría tomarla, no en las condiciones en las que estaba, pero saber que sería bien recibido cuando se sintiera mejor era suficiente.

-Vamos a la cama – dijo Sesshomaru – Tenemos suficiente estrés por hoy.

Kagome asintió y rodeo a su esposo con un brazo para ayudarle a levantarse.

Les esperaban tiempos difíciles, pero estaba segura que estarían bien, ya no había más inquietud, confiaba en Sesshomaru, y se dio cuenta que todo el enojo había desaparecido, dejando su alma mas liviana.