-Nunca duermas en la cama de un extraño-

Disclaimer: Los personajes y todos los elementos de Twilight pertenecen a Stephenie Meyer. La historia es propiedad exclusiva de WndrngY, yo sólo me adjudico la traducción. Queda prohibido publicarla o postearla, en ninguno de los dos idiomas, sin el expreso consentimiento de la autora.


Como siempre, mis más infinitas gracias a Sowelu, que sin su ayuda esta historia no sería lo que es


Capítulo Veintiuno
Homecoming

B POV

Al día siguiente, temprano por la mañana después de un largo viaje en avión con pocas horas de sueño, estaba de vuelta en Beck's. Bruce me dio la bienvenida como si nada hubiera pasado y ambos nos metimos de inmediato de lleno en la preparación de los platillos del día. James entraba más tarde y trabajaría durante todo el servicio de almuerzo. Cuando llegó, se dirigió directamente hacia mí.

"¡Bella! Es bueno tenerte de vuelta. Escucha, lamento mucho lo del malentendido. Ya sabes cómo es todo durante un servicio de cena," dijo con una sonrisa insinuante.

Levanté la vista del pescado al que estaba sacando las espinas y le dirigí una sonrisa igualmente falsa.

"Seguro. Sé de qué se trata, James."

Él comenzó a alejarse, pero titubeó. "Sí, bueno… oye, ¿cómo está Edward?"

"Está muy bien, gracias. Por cierto; hay una caja de granadas en la despensa, necesito que les quites las semillas."

"Oh, ah… claro. Pero eso podría hacerlo alguno de los ayudantes de cocina."

"¿Y tú qué eres, James? ¿O fuiste ascendido mientras yo no estaba?" Me giré para mirarlo directamente a la cara. Los dos podemos jugar a este juego, imbécil. Sé lo que estás intentando hacer.

"No," replicó, despacio. Dejó caer la fachada de simpatía y me mostró todo su desprecio. "No, aún no. Supongo que será mejor que vaya a ocuparme de esas granadas, Chef."

Lo seguí con la mirada cuando se iba y luego volví a concentrarme en mi pescado. No me gustaba para nada lo que estaba pasando entre James y yo, pero prefería que las cosas fueran claras entre nosotros. Si la competencia era abierta, podía lidiar con eso; pero odiaba las medias tintas.

El resto del día transcurrió sin problemas. Bruce me pidió una reunión privada para discutir mi ambiguo futuro en mi próximo día libre. Supongo que no es necesario aclarar que la ansiedad me estaba matando, pero hice un gran esfuerzo por poner toda mi atención en el trabajo para no pensar en ello.

Bruce no quería que lo habláramos en el restaurante, y yo no supe qué interpretar de eso. En su lugar, me pidió que nos encontráramos en una cafetería local para desayunar. Intenté convencerme de que podía enfrentarme a cualquier cosa que tuviera que decirme. Incluso si su intención era despedirme, podía convencerlo de que estaba cometiendo un error.

Aún así, cuando entré a la cafetería y vi a Bruce sentado solo frente a una mesa, revolviendo un café negro con la mirada perdida en alguna parte; me ganaron los nervios y tuve que acercarme despacio, porque mis piernas temblaban tanto que apenas podía mantenerme de pie.

"Buenos días, Bruce." Traté de sonar casual y relajada mientras me sentaba en la silla opuesta a la suya.

"¡Bella! Gracias por venir aquí. Toma asiento, toma asiento," saludó jovialmente.

Como ya me había sentado, esperé con una sonrisa a que dejara caer la bomba.

"Bueno, no voy a dar vueltas con este asunto, Swan. Tendrás material para pensar mucho en los próximos meses. Estoy buscando ampliar mi nombre y el de mi negocio y una de las maneras de lograrlo es abriendo otro restaurante, con un Chef verdaderamente bueno para llevar a cabo el trabajo del día a día."

Supongo que debería haber comenzado a morderme las uñas ante la oportunidad implícita tras las palabras de Bruce, pero pude sentir un enorme pero inmediatamente después de que las dijo.

"Hasta hace unas semanas, tú hubieras sido mi primera opción, ni siquiera lo hubiera dudado…"

"¿Y ahora? Sé que he sido un poco menos devota a Beck's desde que conocí a Edward, pero Bruce, aún así estoy trabajando al cien por cien. Y fuiste tú mismo el que me animó a buscar una vida más allá del restaurante."

"Y no te estoy culpando por eso, pero hay un problema. He estado hablando con mi agente acerca de la mejor manera de ampliar mi nombre. Hemos decidido que en lugar de dividir la atención entre Beck's y otro lugar aquí en Seattle, queremos que el nuevo restaurante sea algo totalmente diferente, algo en otra región; que tenga sus propios sabores, ¿me entiendes? Pero también un lugar donde pueda emplear algunas de mis propias recetas. He pensado que esto hubiera sido ideal para ti, que has estado desarrollando una gran… afición por el sur. Pero luego tú viniste y me dijiste que Edward encontró su trabajo ideal aquí en Seattle, y ahora no sé qué hacer. Si te ofrezco tener tu propio restaurante en bajo mi patrocinio, ¿estarías dispuesta a mudarte de estado? No tiene que ser necesariamente al sur, estoy abierto a escuchar otras opciones, pero no puede ser aquí."

Sin palabras no es un adjetivo lo suficientemente grande como para describir mi inhabilidad para responder a esa pregunta. En ese momento debo haber parecido catatónica, porque Bruce se inclinó y apoyó su mano en mi rodilla, sacudiéndome ligeramente.

"Respira, Swan. Esto no es ninguna tragedia, es una gran oportunidad con un par de pequeños detalles interponiéndose en el camino."

"No tan pequeños," repliqué, pasándome una mano por el cabello. "Edward y yo acabamos de comprar una casa. Él llega el viernes y empieza a trabajar el lunes. Y este de verdad es el trabajo de sus sueños. Va a trabajar para Tom Francke."

Bruce lanzó un ligero silbido de apreciación, reconociendo el nombre. Ambos nos quedamos sentados en silencio por un par de minutos. Finalmente él apoyó su taza de café y suspiró. "Te diré algo: la línea de tiempo que tienes para decidir es flexible. Mi agente ya está trabajando en unas cuantas cosas para mí, incluyendo un nuevo libro de cocina y una posible temporada en Iron Chef. Puedo darte hasta tres meses para tomar una decisión por si quieres aceptar, y si lo haces, presentarme una propuesta con el lugar y el tipo de restaurante que quieres abrir. De otra manera tendré que empezar a buscar otros candidatos."

"¿Como James?" Las palabras se fueron de mi boca antes de pensarlas siquiera.

Bruce frunció el entrecejo, confundido. "¿James? Es un lacayo bien entrenado, pero no creo que esté listo para ser el Chef al mando en ninguna parte. ¿Por qué lo preguntas?"

Así que Bruce no había caído en la jugarreta de James. Ese simple hecho me levantó mucho el ánimo. "Oh, no es nada. Simplemente creo que quiere hacerse con mi puesto. Pienso que fue por su culpa el 'malentendido' que tuvimos cuando me fui a Florida."

Bruce resopló y sacudió la cabeza con incredulidad. "Ese idiota no es lo suficientemente bueno como para serrucharte el piso, Swan. Siempre hay alguien que intenta escalar puestos más rápido de lo que debería. Solo… ignóralo. Yo siempre lo ignoro. El chico es bueno copiando lo que tú o yo hacemos, pero no sabe pensar por sí mismo."

"¿Y qué se supone que es lo que yo hago, Chef? ¿No es la esencia de mi trabajo recrear los tuyos?"

"Mira con más detenimiento nuestro menú alguna vez, Swan. Casi un cuarto de lo que hay en él son tus creaciones. Y en los últimos cuatro años, has contribuido a mejorar una gran cantidad de los míos. No te estoy dando todo el crédito de mi éxito, pero has sido un factor importante en mi carrera y no creas que no lo sé."

Estaba boquiabierta. Bruce siempre ha sido de esos tipos que te elogian cuando te lo mereces, pero nunca demasiado efusivo. Que me diera tanto crédito por su bien merecido éxito era un incentivo raro e increíblemente reconfortante.

"Jesús, Bruce. Qué manera de ponerme emocional," me reí tímidamente, pasando saliva con dificultad por la emoción. Él se rió también y ambos nos relajamos un poco. "Voy a pensar mucho en todo esto y veré si puedo hacer que funcione de alguna manera. Es una oportunidad increíble y te la agradezco desde el fondo de mi corazón."

Bruce tomó un largo sorbo de café y vi cómo las orejas se le pusieron coloradas antes de hacer un gesto sin importancia con las manos. "No te estoy dando nada gratis, Swan. Te lo ganaste. Lo único que tienes que hacer es decidir si estás lista para tomar lo que es tuyo."

Asentí y después de un momento lancé un largo suspiro. "No creo que quieras ir a abrir el nuevo local y dejarme a mí con Beck's, ¿cierto?" Pregunté, sin tener realmente esperanza.

"Nop. Si quiero hacer que este matrimonio sea el último, mejor ni intentar arrancar a Melaina del seno de su familia. Sobre todo teniendo en cuenta el poco tiempo que yo mismo paso en casa."

Me reí, pero en el fondo pensé que Bruce debería haber sabido lo que se le venía encima cuando se casó con una mujer dieciocho años menor que él. Estaría muy gratamente sorprendida, por no decir shockeada y asombrada, si el matrimonio resultaba duradero.

Volví a mi apartamento con un montón de cosas en la cabeza. Todavía tenía muchas cosas por empacar para la mudanza y quería tenerlo todo listo para cuando Edward llegara. El monótono trabajo de empacar, embalar y mover cajas de mudanza ayudó a aclararme un poco la cabeza. Llegué a la conclusión de que la oferta tendría que madurar un tiempo en mi cabeza antes de decírselo a nadie o de tomar una decisión.

Además, incluso si dejaba pasar esta oportunidad, sabía que habría otras. Por el momento iba a dejar que Edward se tomara su tiempo para perseguir su sueño. Tarde o temprano sería mi turno. Pero una duda persistente y molesta seguía entretejiéndose en mi cabeza, ¿qué tan tarde sería mi turno? ¿Qué pasaría si Edward se sintiera tan a gusto en Francke & Asociados como para no irse nunca? ¿Qué pasaría si a Bruce nunca se le ocurre abrir otro restaurante en Seattle y decide quedarse para toda la vida en Beck's? Pero esa idea era simplemente estúpida. Las cosas cambian todo el tiempo. Su matrimonio podría colapsar mañana y…

Me detuve abruptamente en medio del trabajo de sacar cajas de debajo de mi cama. Qué pensamiento tan horrible, egoísta y repugnante. ¿De verdad estaba pensando en la idea de que se acabara un matrimonio para que yo pudiera ascender en mi carrera profesional?

Rápidamente me dirigí hacia el comedor y encendí la TV para buscar un programa que me alejara de ese tipo de pensamientos. Estaban dando una maratón de Burn Notice enUSA Network. Perfecto. Subí el volumen y volví al embalaje con un ritmo acelerado y febril.

E POV

Subí la última caja a la camioneta de mudanza y cerré la puerta metálica con un golpe certero. Hablé con los conductores para estar seguro de que tuvieran las direcciones e instrucciones que necesitaban para llegar y los saludé con un apretón de manos antes de verlos marchar con la mayor parte de mis posesiones terrenales.

Les había dicho adiós a mis padres, a Kate, Garrett y los niños el día anterior. No me sorprendió descubrir lo mucho que dolía separarme de ellos, incluso sabiendo que nos veríamos durante las navidades dentro de unos pocos meses; pero eso no le quitaba el sabor amargo a la despedida.

Bella creía que yo llegaría a Seattle en coche, pero iba a sorprenderla. Había vendido mi carro y llegaría en avión dos días antes de lo planeado. Compraría un nuevo coche cuando llegara a Seattle para reemplazar el mío. Había estado sacándole sutilmente información sobre su segundo coche favorito en el mundo con la esperanza de que si lo compraba para mí, tal vez ella se enamorara del coche y me dejara a mí el Volvo. Uno tiene que tener metas en la vida, ¿cierto?

Jasper estaba sentado en la escalera de entrada, con los codos apoyados en las rodillas, sosteniendo una botella de cerveza en cada mano. Me acerqué para sentarme a su lado y me sequé las manos sudadas en los jeans antes de aceptar la botella que me tendía.

Después de un momento de silencio, dijo: "Esta situación apesta."

"Sí, apesta," asentí. "Pero mira, nos veremos pronto. Más aún ahora que Alice se mudará aquí. Ustedes vendrán a Seattle, Bella y yo vendremos aquí…"

"Seguro, lo sé." Jasper tomó un largo trago de su cerveza, pensativo. Luego se giró hacia mí con impaciencia. "Aw, diablos Ed. Has sido mi mejor amigo desde que tengo memoria. Nos hemos visto todos los días desde que teníamos nueve años. Te voy a extrañar."

"Lo sé, J. Va a ser raro."

Nos quedamos sentados ahí por un rato, bebiendo cerveza en silencio y pensando mucho. Jasper era más que un mejor amigo para mí, más que un hermano. Sin importar a donde fuera, eso nunca iba a cambiar; pero iba a extrañarlo mucho cuando ya no pudiera verlo todos los días.

"Hey, hazme un favor y no le digas a Alice lo del… sólo dame la oportunidad de decírselo primero."

Me reí. "No se lo diré, pero Bella lo sabrá pronto y tú ya sabes que ella se lo dirá a Alice."

"¿No puedes hacer que Bella no se entere, sólo por un tiempo?" Rogó.

"Ni lo sueñes, hijo. Lo siento. Más te vale contarle a Alice."

B POV

Emmett me ayudó a cargar la última caja con mis pertenencias. Íbamos a mudar los muebles una vez que Edward estuviera aquí, dentro de un par de días. Después de ayudarme a bajar las cosas, Emmett tendría que volver al trabajo, pero prometió volver más tarde a ayudarme junto con Rosalie y Alice.

"En realidad me quieres aquí porque le tienes miedo al coco y no quieres quedarte sola en esta casa tan grande," me dijo, usando esa espantosa voz que usaba para asustarme cuando éramos niños.

"Tengo más miedo de que tus enormes garras rompan todos mis platos, pero necesito tu ayuda, así que gracias."

"No hay problema, hermanita. No espero nada demasiado elaborado para cenar. Un simple foie gras estaría bien." (N/T: foie gras es hígado de pato o algo así… lo tuve que buscar en Wikipedia)

Me reí mientras lo empujaba hacia la puerta. "Tú ni siquiera sabes lo que es el foie gras, tonto. ¡Lárgate!" Después de un segundo volví a abrir la puerta y grité: "¡Gracias por la ayuda, Em!"

Él me saludó con la mano mientras se alejaba por mi camino de entrada.

Mi camino de entrada. Mi camino de entrada y de Edward. Diablos, eso sonaba bien. Luché contra las ganas de soltar una risita adolescente y volví al interior de la casa.

Emmett había dejado las cajas en cualquier lugar donde hubiera espacio, así que empecé por poner cada cosa en el cuarto correspondiente. Mi plan era poner la cocina en orden mientras esperaba a que llegara el delivery con nuestro nuevo colchón. Edward me había preguntado si no me importaba deshacerme de mi vieja cama matrimonial y reemplazarla por una king-size para "tener más espacio". Yo sospechaba que su verdadera intención era deshacerse de la mayor cantidad posible de cosas que Sam hubiera tocado siquiera, pero nunca lo dije en voz alta. No me importaba deshacerme de esa vieja cama, sobre todo teniendo en cuenta el historial que tenía en ella. Y me hacía feliz comprar una enorme cama nueva que fuera sólo de nosotros dos.

Sin embargo, había sido un poco incómoda esa parte de la negociación. Edward quería pagar por todo. Sabía que él tenía un buen fondo de donde sacar dinero para pagar esas cosas, pero yo también tenía algunos ahorros, incluso después de haber hecho el pago inicial de la casa, y quería contribuir. Ah, bueno, viviríamos juntos al fin y al cabo. Sin duda tendríamos tiempo de sobra para acostumbrarnos a compartir los gastos.

Encendí la radio y me dirigí a la cocina para empezar a trabajar. Podría haberme puesto el iPod, pero a veces me gustaba la sorpresa de la radio; nunca sabes qué canción vas a oír después.

E POV

El vuelo fue tan largo como esperaba; pero esta vez, en vez de preguntarme si Bella estaría contenta de verme, simplemente supe que lo estaría. Cuando arribé y estuve arriba de un taxi, la llamé desde el celular.

"¿Qué estás haciendo, Sugar?" Pregunté cuando atendió.

"Acomodando la cocina," suspiró. "Tú no traes muchas cosas para la cocina, ¿verdad? Porque ya nos estamos quedando sin espacio."

"¿Cómo es posible quedarse sin espacio con una cocina tan grande como esa?"

"Te sorprenderías. He adquirido unas cuantas pertenencias en los últimos años…"

"Bueno, por suerte yo no tengo muchas cosas, así que estaremos bien. Pero me pregunto… ¿ha llegado la cama ya?" Bajé un poco la voz cuando noté que el conductor del taxi estaba prestando demasiada atención a mi conversación.

"¡Oh, sí, ya llegó! Esa cosa es enorme… No puedo esperar para lanzarme a esa cama después de una larga ducha caliente… desearía que estuvieras aquí," respondió con voz sugestiva. Hubiese preferido que el maldito taxista prestara atención al camino en vez de estar prestando atención a lo que yo decía.

"Yo también, créeme," dije en voz baja.

Ella se quedó callada por un momento, supuse que estaría preguntándose qué me haría perder esa oportunidad de una dosis de sexo telefónico.

"Bueno, ¿qué estás haciendo? ¿Aún estás en la ruta?" Preguntó finalmente.

"Sip, pero estoy a punto de detenerme por hoy. Estoy bastante agotado."

"¿Por qué no te detienes y me llamas de nuevo cuando ya estés en un hotel? Para entonces yo ya estaré en la cama, lista para hablar un poco más."

"Suena bien, cariño. Te hablaré en un rato."

Veinte o treinta minutos después, el taxi se detuvo frente a nuestra casa. Le pagué rápidamente y me apresuré a sacar mis cosas del baúl. Me detuve frente a la puerta y simplemente me quedé mirando. Era la hora del crepúsculo y la casa estaba a oscuras, excepto por el tenue resplandor de una de las habitaciones del interior. Las fotos no le habían hecho justicia al lugar. Era un hermoso bungalow artesanal con un fantástico vidrio geométrico en la puerta principal. Me apresuré a meterme en el amplio porche delantero para que Bella no me viera aún.

Llegué a la perilla de la puerta y la giré esperando encontrarla sin llave (lo que me llevaría a tener una seria charla con mi chica sobre seguridad, pero en aquel momento iba a ser muy útil) y efectivamente, lo estaba. Tan pronto como entré en la casa escuché música viniendo de la cocina, que era de hecho el único lugar donde había luz. Me dirigí hacia allá después de dejar mis cosas cerca de la puerta principal.

Y ahí estaba Bella, la mujer de mis sueños, arrodillada en el mostrador de la cocina con una enorme camiseta manchada de pintura que debía pertenecer a Emmett y el par de jeans más gastados que jamás había visto. Parecía que se hubiera hecho una cola de caballo en el pelo por la mañana, pero algunos mechones se habían escapado durante el día. Le había quitado la cubierta de vidrio a una de las luces invertidas de la cocina y estaba cambiando la lamparita mientras cantaba, muy desafinada, 'Rock the Casbah' de The Clash.

Me sentí un poco mal, porque sabía que se iba a avergonzar mucho cuando me hiciera notar, pero por mi parte, en ese momento la amé más que nunca. Se veía muy tranquila y feliz, haciendo un hogar para nosotros. ¿Cómo podía no sentirme como un maldito rey o como el hombre más suertudo de la tierra con una vista como esa?

Golpeé la pared ligeramente esperando no asustarla, pero no tuve tanta suerte. Ella lanzó un pequeño grito y se giró sobre el mostrador, mandando a volar la lamparita, que se hizo trizas en el suelo.

"¡Edward!" Gritó, comenzando a bajarse del mostrador para venir hacia mí. Yo crucé la habitación de un salto para atajarla antes de que sus pies descalzos fueran a parar sobre los pedazos de vidrio rotos. Ella se aferró a mis brazos, ignorando completamente el lío alrededor nuestro. "¿Qué estás haciendo aquí?"

"¡Vivo aquí, Sugar!" La levanté del mostrador y la saqué de la cocina en mis brazos, quitándome los zapatos a patadas cuando salí para no arrastrar fragmentos de vidrio por toda la casa. Caminé de un cuarto a otro buscando un lugar para sentarme con ella, pero hasta el momento la casa estaba esencialmente vacía excepto por cajas y más cajas.

"¡Al dormitorio!" Ella señaló hacia el final del pasillo, donde había un cuarto con la enorme cama de resortes justo en el medio y una pila de ropa limpia plegada en un rincón. La única luz en la habitación provenía de una lámpara de noche tipo Tiffany ubicada en el suelo y enchufada cerca de una esquina. Dejé caer a Bella sobre la cama y me subí tras ella.

"¡En serio, Edward! ¿Qué haces aquí ahora? No esperaba tenerte aquí hasta dentro de un par de días. Espera… ¿desde dónde me llamaste hace un rato?" Me rodeó el cuello con los brazos y tuvo que esquivar mis besos para hacerme todas esas preguntas.

"Te llamé desde el aeropuerto para saber si estabas aquí o en tu departamento," contesté a una pregunta y obtuve un beso. "Decidí tomar un vuelo en vez de conducir hasta aquí, pero quería darte una sorpresa. Ya que eso funcionó tan bien la última vez…"

Ella se me quedó mirando fijamente con esos profundos ojos oscuros, la boca ligeramente abierta, como si estuviera tan sorprendida que ni siquiera podía hablar. Yo me incliné y lamí suavemente su labio superior, luego el inferior. Ella se estiró para alcanzarme y cerró su boca sobre la mía, su lengua buscando la mía con agresividad. Sus dedos se enterraron en mi cabello, haciendo que mi cuero cabelludo reaccionara primero, y luego todo el resto de mi cuerpo.

"Estás aquí," suspiró cuando nos separamos por un momento.

"Sí, estoy aquí," asentí.

"Bienvenido a casa," dijo, enredando sus piernas alrededor de mí. No estaba seguro de si estaba dándome la bienvenida a nuestra casa o a su propio cuerpo, pero sabía cuál era el más importante para mí en ese momento.

"Gracias, Sugar. No hay otro lugar en la Tierra donde desearía estar." Deslicé una mano por su rostro y por su cuello, luego sobre su hombro y a lo largo de su costado, haciéndola temblar antes de descansar la mano sobre su cadera.

"Este trapo tiene que irse," dije, tirando del borde de la enorme camiseta. Me ayudó a quitársela y la arrojó al suelo.

Incorporándome para mirarla mejor, me di cuenta de que llevaba un corpiño deportivo blanco que no le hacía justicia a sus pechos, así que también tendría que irse. Ahora podía mirar con más detenimiento esos jeans, que estaban desgastados en la parte del cinturón y los bolsillos, a lo largo de las costuras y sobre todo alrededor de los tobillos, y ni siquiera había tela a la altura de las rodillas.

"Podríamos esperar unos minutos y estos se desintegrarían solos," comenté, tirando del cinturón y medio esperando que se me deshiciera en la mano.

Ella se rió y besó dulcemente la comisura de mi boca. "Especialmente ahora que están empezando a mojarse."

"Señorita Swan, ¡creo que me está hablando sucio!"

"Creo que podemos hacer algo más que hablar… ¡finalmente!" Lanzó un pequeño gritito feliz y me empujó para montarse sobre mí. "¡No puedo creer que realmente estés aquí!"

"Permíteme convencerte," repliqué, sintiendo cómo mi voz descendía un par de octavas. Me hubiera rodado los ojos a mí mismo de no ser porque estaba funcionando con Bella.

Dirigí mis manos a su cabello, deshaciéndole la coleta y dejando caer su largo cabello sobre sus hombros y espalda. Mis ojos la devoraron mientras ella me montaba en nada más que esos gastados vaqueros. La quemadura de sol y el posterior bronceado se habían desvanecido, dejando su piel uniformemente pálida. Al igual que siempre había pensado que prefería los ojos azules antes de conocer a Bella, también me habían gustado siempre las chicas con un ligero bronceado, pero ya no. Su piel brillante era casi translúcida, y cuando estaba coloreada por el flujo de sangre en sus venas por la excitación, como ahora, toda ella resultaba trascendentalmente hermosa para mí.

Apoyándome sobre mis hombros, tomé uno de sus pechos y lo metí en mi boca. Ella suspiró y se dejó llevar por la sensación con una mezcla de emociones en sus delicadas facciones, poder, control, deseo, todo a la vez. Sus manos tiraron de mi camisa hasta que me la quité y la hice a un lado.

Todo pareció suceder en cámara lenta cuando se incorporó, sus brillantes ojos fijos en mí. Desabrochó todos los botones de su jean y se lo quitó deliberadamente junto con sus bragas rosadas de algodón, mientras yo observaba. En lugar de volver a la cama, se quedó de pie mirándome con una expresión de indisimulada satisfacción.

En este instante me golpeó un impulso y tuve que saltar de la cama hasta quedar de pie frente a ella antes de arrancarme el resto de mi ropa. Ambos quedamos desnudos, de pie bajo la tenue luz de la lámpara, y permitimos que nuestras manos exploraran el uno al otro mientras nos besábamos, primero suave y significativamente; hasta que el mensaje fue opacado por el método y todo lo que nos quedó para ofrecer fue pasión e intensidad. Sentí la necesidad de poseerla, de hacerla parte de mí y convertirme en una parte de ella. Finalmente estábamos juntos, finalmente pertenecíamos a un mismo lugar. Ya no tendríamos que dejarnos y no habría más inseguridad ni dudas sobre qué nos depararía el mañana.

Bella se giró, dándome la espalda y rodeando su propio cuerpo con mis brazos fuertemente. Hice a un lado el cabello de su cuello y lamí suavemente la columna expuesta de piel que ella me ofreció cuando giró la cabeza hacia un lado. Un gemido delicioso surgió de su boca y me atravesó como una llamarada, obligándome a responder con un jadeo.

La sostuve con fuerza con un brazo sobre su estómago para mantener la fricción que necesitaba mientras me frotaba contra ella. Mi otra mano se movió cada vez más abajo, hasta que estuvo hundida entre sus piernas, moviéndose en su interior mientras ella giraba sus caderas con movimientos pequeños y rápidos.

"Mmmm, Edward, tienes que…"

"¿Qué, Sugar?" Pregunté, respirando con dificultad sobre su oído.

"Tómame. Te necesito. No digas nada más, sólo tómame como sé que quieres hacerlo," demandó.

No voy a pretender que dudé. No lo hice. Caminé con ella hacia la cama y apoyé mis manos en su espalda para guiarla hacia el cubrecama, ayudándola a acomodarse sobre sus manos y rodillas. Sin ningún tipo de advertencia, entré en su tibio y mojado sexo y la tomé tal y como ella me lo había pedido, como yo quería hacerlo. Esta era una de esas cosas que jamás podría recrear en mi cabeza, sin importar cuánto lo intentara: ese raro sentimiento inicial cuando finalmente estamos juntos. No sé como describirlo, se siente como si nosotros fuéramos dos imanes que llegan a ese instante de inevitable atracción. Es intenso e inexorable.

Me moví en su interior con fuerza, sin descanso, hasta lo más profundo; sintiéndome llegar al borde y forzándome a volver con pensamientos de estadísticas de béisbol y composiciones de cemento. Ella se corrió una vez con la ayuda y habilidad de mis dedos y casi inmediatamente se corrió de nuevo cuando quité mis dedos y me concentré en el ritmo de nuestra unión.

La sensación de su cuerpo contrayéndose alrededor del mío, los sonidos posteriores a su llegada al placer, la vista de su largo y sedoso cabello deslizándose por su espalda cada vez que estiraba la cabeza hacia atrás en éxtasis, incluso el aroma de nuestros deseos combinados; todo eso me estaba llevando al extremo antes de lo que planeaba. Finalmente tuve que dejarme llevar o arriesgarme a lastimarnos seriamente a ambos.

"Bella, yo…"

"Lo sé. Déjalo ir, cariño. Quiero hacerte sentir bien también," se giró para mirarme a los ojos, y la mirada llena de amor, pasión y dicha que vi en los suyos me envió una descarga de emoción imparable. Me corrí dentro de ella con una serie de gruñidos y jadeos vergonzosamente altos.

Ella colapsó sobre su estómago, riéndose sin aliento mientras yo rodaba a un lado respirando agitadamente y con la mente en blanco.

Finalmente dije: "Lo siento, cariño, quería durar más, pero…"

"Estás loco. Mis rodillas estaban a punto de ceder," se rió Bella. "Además, tenemos todo el tiempo del mundo ahora. Descansemos un poco, preparemos la cena ¡y hagámoslo de nuevo!"

Era mi turno de reír, pero antes de que pudiera hacer o decir nada escuché algo que me alertó. "¿Qué fue eso?" Alcé la cabeza y escuché con atención.

"Nada," dijo después de un momento. "Dejamos la radio encendida en la cocina."

Pero en ese momento los dos escuchamos fuertes golpes en la puerta de entrada.

Bella se sentó repentinamente, llevándose una mano a la frente. "¡Oh, no! Invité a Emmett, a Rosalie y a Alice para comer unas pizzas esta noche. Iban a ayudarme a desempacar algunas cosas."

"Ellos no tienen llave, ¿o…?" Ni siquiera alcancé a terminar la frase cuando escuchamos voces desde la sala de estar, dirigiéndose hacia nuestro cuarto.

"¿Bella?" "¿Estás bien?" "¿Qué pasó en la cocina?" Todos parecían estar hablando al mismo tiempo.

Una vez más, salté de la cama y hacia el otro lado de la habitación, esta vez para cerrar la puerta con llave. "¡Un minuto!" Grité.

"¿Un mi… quién diablos está ahí? ¡Abre esta maldita puerta o la echaré abajo!" Rugió Emmett. A juzgar por la fuerza de los golpes que le estaba dando, supe que no bromeaba.

"¡Ya, detente!" Gritó Bella por entre los golpes. Se había acercado hasta mí y se inclinó hacia la puerta con una mano en mi espalda. "Edward está aquí y nosotros estamos… necesitamos un minuto. Aléjense de nuestro cuarto."

Los golpes se detuvieron, y a continuación escuchamos unos ininteligibles susurros, una ronda de risitas y luego el inconfundible sonido de sus pasos alejándose por el corredor.

Miré el brillante y sonrosado rostro de Bella y sonreí. "Bueno, ya sé cuáles serán las dos primeras cosas que tendré que hacer como dueño de esta casa: reemplazar el cobertor de la lámpara roto y quitarles esa llave."

Un adelanto del próximo capítulo como recompensa por mi tardanza:

"No tan rápido, chico listo. ¿Qué pasó aquí?" Inquirió, deslizando un dedo por la zona de mi espalda, debajo de mi cuello entre mis omóplatos. Me estremecí, la piel todavía estaba sensible ahí.

"¿Te gusta?" Pregunté, ofreciéndole mi sonrisa más encantadora. El tema de los tatuajes nunca había surgido entre nosotros y en ese momento tuve todas mis esperanzas puestas en que Bella no se opusiera a ellos, o tendría problemas.


Capítulo dedicado a todas esas personitas que no se cansaron de enviarme reviews y PM's para que regrese. Sí, también es gracias a ustedes que estoy aquí otra vez :)

Yo sé que no tengo perdón por haberme demorado tanto tiempo en actualizar. Lo lamento. Lo siento, lo siento, lo siento. De verdad.
Sin embargo, estoy aquí, y seguiré por aquí hasta que esta historia llegue a su final. Se los debo a ustedes, pero también me lo debo a mí misma.