Percy Jackson y las Cronicas de Kane son propiedad de Rick Riordan, yo solo me entretengo con ellos.
Extra
Era domingo en la noche, Katelyn ya tenía todo un plan hecho: se iría en mitad de la noche, cuando todos estuvieran durmiendo. Regresaría a Manhattan, a su casa y buscaría las muñecas raras de su madre. Mañana al alba, saldría en busca de su padre.
No sabía para donde tenía que ir, pero… la irritante voz dentro de su cabeza tenia buen olfato y sería muy difícil borrar del ambiente el fuerte olor de su padre. Seguro sería más sencillo practicar buceo en el Hudson y luego darse un baño en el Easte River sin contraer una enfermedad infecciosa que encontrar a su padre antes del fin de semana solo siguiendo el olfato de Kat.
¿Qué otra opción tenia? Ya estaba decidido. Además, seguro sería un viaje divertido y recreativo ¡Nada mejor que perseguir magos y semidioses para conocer el país! Contaba también con la tarjeta de débito que se padre le había dado para depositar su mesada.
No había gastado ni un centavo desde los… ¿qué? ¿Siete años? Debía de tener una buena cantidad de billetes digitales en su cuenta. Genial, también podría comprar algunos recuerdos del viaje.
Termino la hora de le cena y decidió pasar el rato con sus amigos, esperando no levantar sospechas sobre sus planes.
Sentada en la cama de Cleo, con Sean recostado con la cabeza en su regazo y Julian y Cleo jugando ajedrez como si se tratara de la tercera guerra mundial, con Julian lanzando palabrotas cada vez que perdía una pieza.
Los demás iniciados pasaban frente a la puerta abierta y entraban para charlar; Felix seguido de pingüinos, Jas con simpáticos frascos de pociones apostando junto a Sean quien ganaba en ajedrez e incluso, Zia y Walt, quienes quedaron tácitamente a cargo y pasaron a ver cómo iba todo.
Katelyn aún estaba recelosa en presencia de ambos, pero trato de relajarse y superar eso. Tendría que hacerlo algún día si pensaba quedarse allí.
Termino de empacar todo lo empacable en una mochila. Una muda de ropa, otro par de tenis, sus cosas de maga, los cuchillos y la billetera. Llevaba puesto unos pantalones negros, una ramera gris y una sudadera negra. Zapatillas de deporte y una gorra sobre la trenza de su cabello; un par de gafas oscuras colgaban de su cuello.
Salió lentamente, sus pisadas ligeras y completamente silenciosas. Bajo las escaleras y cruzo la Gran Sala, llegando a la puerta.
-Katy ¿A dónde vas?
Casi se le sale un gritito alarmado, pero se conformó en dar un brinco nada disimulado.
-¿Qué haces despierto, Sean?- evadió, mirándolo inocente.
Se felicitó internamente por su voz firme, pues sus manos temblaban y el corazón le latía deprisa.
Eran las 2 am. Se suponía que había clases en la mañana ¿verdad? ¿Por qué no estaba dormido?
-Tenía sed- mostro el vaso de agua que tenía en una mano- ¿A dónde vas?
Katelyn se mordió el labio, reacia a responder, pero dudaba que la dejara ir por las buenas sin siquiera conocer el por qué se su partida.
Se acercó, y en susurros, le explico lo que iba a hacer. A medias, como a Cleo cuando le conto su "sueño".
-No tienes que ir sola.
-¿Iras conmigo?
La pregunta no era en serio, pero noto que el fuera dicho que si en otras circunstancias, como no tener que ir a la escuela.
-Estaré bien- prometió, lo más convincente que pudo. Ni ella estaba segura de eso.
Sean le dio un abrazo que la hizo sonrojarse y luego un beso en la mejilla.
-Toma- el saco un celular del bolsillo del pijama- mantente en contacto, por favor.
-¿Duermes con tu teléfono?- la pregunta broto de sus labios sin darse cuenta.
-Julian suele tomarlo sin que me dé cuenta- se encogió de hombros- escríbeme a su número.
Katelyn asintió y se guardó el celular en el bolsillo. Le sonrió, antes de cerrar la puerta tras ella.
Tuvo que forzar la puerta de la entrada principal del edificio. Los actos vandálicos nunca fueron lo suyo, pero tenía que admitir que fue divertido, con toda la adrenalina y así. Bajo al sótano y forzó también la puerta de su casa. Había olvidado las llaves en algún lugar de su habitación en La Casa de Brooklyn.
Entro y se puso en guardia. Kat estaba completamente alerta, muy en la superficie, dejando a Katelyn usar sus sentidos. Un suave sonido de pasos y un olor extraño, pero a la vez familiar venia de las habitaciones. Entonces, un muchacho apareció en el pasillo: era alto, de no más de diecisiete años, muy guapo, con el cabello revuelto y ojos chocolate.
Bufo como un gato al verlo, Kat aruñando para tomar el control; sentía cierta amenaza, pero cuando le pregunto a Kat ella solo dijo:
Chucho.
-¿Quién demonios eres?- exigió.
-Discípula de Bast ¿eh?- dijo el chico con tranquilidad- ahora entiendo por qué no te agrado- sonrió un poco- y no soy un chucho, soy un chacal.
-Anubis- el sonrió un poco más al ser reconocido- ¿Qué haces aquí? ¿Dónde está Walt? ¿Qué haces en mi casa? ¿Con el permiso de quien entraste?
-Cuida tus palabras, solo hay una chica que puede hablarme así y sabes quién es- Katelyn no tomo en serio su advertencia, estaba más preocupada por otras cosas- y solo quería verte en persona un momento, eres un caso curioso en verdad.
Brillo un segundo y luego desapareció, dejando en su lugar a un mareado Walt que tuvo que sostenerse de una pared para no caerse al suelo.
-Vamos a buscar esas muñecas- dijo el moreno, sonriendo amistoso, cuando se recuperó.
-¿Cómo sabias que vendría?
-Anubis te vio en tu viaje ba- respondió con calma- no fue difícil deducir tu plan luego de lo que viste, y ya que todo incluye de alguna forma a los Kane, no podíamos evitar meternos.
-No volveré a La Casa de Brooklin.
-Tampoco te lo iba a pedir, solo estoy diciendo que me uniré a tu búsqueda.
-¿Y si no quiero?
-No conseguirás que me retracte.
Kat ya no estaba tan inquieta. Walt no le agradaba, pero era mejor que el dios de los muertos, por muy guapo que fuera. Reconoció la terquedad del muchacho y eso le gusto, no quería a alguien blando como compañero de búsqueda.
-Iré por las muñecas- dijo Katelyn dirigiéndose al pasillo- partiré en la mañana, por si te interesa saber- el asintió- dormiré en la habitación de mis padres, usa la mía si quieres.
