Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me adjudico la trama.
Capítulo XXI
"Mente en crisis"
…
— Bella…— susurró suavemente mientras sonreía. Noté que un par de lágrimas se formaban en sus ojos grandes y parecía contenta de verme.
No supe definir cómo me encontraba porque casi estaba en shock y volví la mirada a Charlie de forma interrogativa esperando que aclarara el asunto.
Él me contemplaba, a su vez con sentimientos encontrados. Logré definir tristeza y ¿enojo?
— ¿Qué es…? ¿Qué sucede aquí? — Saqué el aire de mis pulmones, forzando las palabras a salir de mi garganta contrita. Mi corazón latía fuertemente en mis oídos y era difícil concentrarme.
Era una situación sumamente extraña e incómoda y algo me decía que no terminaría bien.
— Bueno…— comenzó Charlie, mientras la mujer me observaba sin dejar de sonreír…ni de soltar lágrimas
— Yo soy Renée— se apresuró en hablar y su voz no se me hizo familiar de nada. Yo no la recordaba, yo no tenía conexión con ella. — Y soy tu…—
— No, no lo es. — Fue todo lo que pude decir con voz enfadada interrumpiendo su frase. La cara de la mujer se desfiguró con un sentimiento de pena— Las madres son las que se quedan con sus hijos para verlos crecer, no solo quien los dio a luz y los abandonó como si no valiese nada— continué sin detenerme por su sollozo ahogado
— Isabella, no seas tan dura. — Abrí los ojos sorprendida ante el regaño firme de mi padre. Me quedé boquiabierta y despegué la mirada de Renée.
— ¿Qué no sea tan dura? — Interrogué sintiendo mucho enojo de pronto. — Por favor, no me digas qué es duro— en mi interior se alborotaba la desesperación, el enfado y la tristeza porque a pesar de todos estos años defendía a la mujer que nos abandonó.
— Bella… yo solo quiero hablar contigo y conocerte— habló bajito Renée, interrumpiendo la tensión entre Charlie y yo. A penas desvié mi mirada hacia ella, aferrándome al bolso, porque parecía ser lo único que conocía y era seguro.
— Disculpe, pero no entiendo por qué— no pude evitar el filo en mi voz. Yo no podía hacer vista gorda de todo este tiempo en donde no conté con el apoyo de una madre, en donde tuve que valerme por mí misma desde muy pequeña y sobre todo, no tenía su amor.
— Porque es justo darnos una oportunidad, tratar de arreglar los errores del pasado… me siento muy apenada por todo, y lo lamento con el alma. Pero aún no es tarde— se acercó y me tensé, sin moverme en absoluto.
— No, usted se equivoca. Ya es tarde ¿cree que puede venir ahora y decidir jugar a ser la madre perfecta? ¡No me voy a prestar para eso! No después de dieciocho años en donde no conocí lo que era una madre. Ya no la necesito. — Afirmé con la mandíbula tensa
— ¡Isabella deja de comportarte como una niña! — Estalló mi padre. Su rostro enrojeció y Renée se encogió ante el grito. Yo por el contrario, me sentí enfurecida
— ¡Jamás me he comportado como una! ¡Tú no me lo permitiste! — Respiré profundo, controlándome. — Ahora no vengas a jugar el rol de un padre que no fuiste. Tú tampoco estuviste para mí, jamás me escuchaste, jamás quisiste tomarme en cuenta y nunca me demostraste siquiera un poco de cariño— solté el aliento
— Porque no podía querer a la causa del abandono de Renée— replicó con frialdad y mi corazón se encogió.
Siempre albergué la esperanza que solo se tratara de una forma de hacerme más fuerte. Pero me había equivocado medio a medio. Simplemente no me quería ni ahora, ni nunca.
— Por tu culpa ella se fue, por tu culpa me dejó de querer y se marchó a otro lado— noté el dolor en los ojos de Charlie, aunque el mío era tan fuerte que no podía hablar. Las palabras se atoraban en mis labios sin ser capaz de sacarlas fuera.
Dolía, dolía mucho.
— Charlie por Dios— exclamó horrorizada Renée cubriéndose la boca. Él se volvió hacia ella con expresión tensa.
— No puedo seguir con esto, así de simple. He intentado, de verdad he tratado de quererla como se merece porque es una buena muchacha… pero no puedo, no puedo olvidarte yéndote luego de dejarla en mis brazos. Ni siquiera derramaste una lágrima, no dijiste nada… solo te marchaste y me abandonaste. Y yo te amaba… te necesitaba— mi padre se tensó, apretando sus manos rojas.
— Ella no tuvo nada que ver, Charlie. Ella era un bebé y yo una adolescente. No podía con todo eso… y huí. Tú sabes que jamás me enfrenté a nada. Tú me encontraste arrancándome de casa de mis padres porque no lo soportaba… yo solo creí que estaría mejor contigo porque yo no podía asumir una responsabilidad tan grande ¡apenas había cumplido dieciocho y este pueblo me consumía! ¡Tú me consumías! ¡No me dejabas hacer nada! — Oía amortiguada la conversación por los latidos de mi corazón… quería gritar, golpear algo, llorar – como siempre– y correr. Solo necesitaba correr
Así que eso hice, intenté huir a mi habitación pero Charlie me retuvo por la muñeca con fuerza
— Tú no te vas a ningún lado, no te comportes como una cobarde— regañó sin rastro de sentimiento.
— ¡Ella es la cobarde! ¡Tú eres el cobarde! ¿¡Acaso yo tuve la culpa de todo lo que sucedió!? ¿¡Merecía sufrir por sus errores!? Yo creo que no, pero lo hice y ninguno de los dos lo evitó —me negué a llorar, no iba a hacerlo. No podía hacerlo por más que me doliera tragarme las lágrimas.
— Oh, tranquila que ahora todo te irá mejor. Ella ha venido por ti, te sacará de aquí y vivirás feliz como siempre has querido mientras yo me hundo solo. Es lo que quieres ¿no? — Me zafé de su mano que comenzaba a hacerme daño. Él estaba fuera de sí.
— Charlie…— Intentó hablar ella
— Yo no me iré con usted— es todo lo que atiné a decir y mi padre me miró sorprendido
— Pero…— Renée me contempló con tristeza
— No tiene que fingir que siente algo de cariño por mí, yo no lo siento por usted y tampoco la odio. Simplemente no siento nada. — Aclaré con voz más sosegada. El impacto de las palabras de Charlie había logrado asombrarme y calmar mis lágrimas por un rato.
— Bella— mi padre me observaba como si fuera la primera vez que lo hiciera.
— Ah, por favor. Deténganse los dos, ¡estoy harta! — Me dirigí primero a ella— ¿No pudo escoger otra fecha para arruinar? ¿Tenía que ser precisamente hoy? — Se secó las lágrimas que no paraban de brotar de sus ojos hinchados. De ahí había salido yo, medité. Me alegraba saberlo al fin. — Y tú, papá no tienes que fingir y me pone muy feliz saber que no tengo que esforzarme más en tratar de ganarme tu cariño porque es solo tiempo perdido. Ahora por favor detengan esto y déjenme en paz. Yo no quiero una madre y realmente no sé qué es tener un padre y ya da igual. Sencillamente déjenme sola, es todo lo que pido— me encontraba al borde de un ataque de pánico o algo así
¿Acaso tenía yo esos ataques? No lo sabía, pero el aire se hacía insuficiente, las paredes se achicaban y no podía tragar.
— Solo espera un poco— pidió suavemente "mi madre" tomándome de la muñeca con delicadeza. Me puse totalmente rígida, sin saber qué hacer. Su tacto no me transmitía nada, absolutamente nada y eso me hacía sentir enferma — por lo menos recibe este obsequio por tu cumpleaños. Esta es una edad importante— se sorbió la nariz enrojecida y me sonrió, extendiéndome una bolsa de colores llamativos
— ¿Por qué hasta ahora? ¿Por qué no antes? Yo te necesitaba, te necesité muchas veces, no tenía con quien compartir mis cosas, no tenía alguien con quien conversar "asuntos de chicas" y no tuve a nadie que me abrazara y me dijera que todo iría bien y sé que es una mentira pero si te la dice una madre… no lo es, no lo es— cerré los ojos sintiendo el cálido escozor y dolor de las lágrimas. — Ya no quiero nada de eso, ya no lo necesito y te suplico, de verdad te suplico que me dejes tranquila y no me busques más porque me duele no poderte querer como correspondería… simplemente no puedo porque desperdicié todo mi amor en alguien que jamás me amaría como una hija, lo siento, pero no puedo. — Me solté y a trompicones me dirigí a la puerta
— Si sales ahora, no volverás nunca. — Sentenció Charlie y me aferré aún más fuerte a mi bolso.
— Vale. — Y cerré tras de mí.
Caminé un poco y solté el aliento y comencé a respirar a grandes bocanadas, tratando de callar los crueles sollozos que me estremecían.
No sé qué me dolía más de toda la escena; si la reaparición de mi madre, que Charlie no me quisiera o que yo era igual que él porque no podía aceptar a Renée.
Me abracé el torso y me concentré en regular mi respiración.
Desde dentro podía escuchar los gritos de Renée y los de Charlie. Comenzaba a ponerme nerviosa y no podía parar de llorar como loca.
Corrí hacia mi camioneta y tiré el bolso con brusquedad al asiento del copiloto. Traté, juro que traté de meter la llave en el contacto pero la mano me temblaba tanto que fue del todo imposible.
¡Cálmate! ¡Para de llorar! Me gritaba internamente y por más que lo hacía, no surtía efecto alguno.
Entonces fue que me di cuenta que no podía manejar en estas condiciones y decidí que iba a llamar a Alice o Emmett, seguro que ellos me ayudarían.
Me sorbí la nariz y respiré lo más profundo que pude, llevando muy dentro de mí los sollozos que parecían no tener fin.
No me fijé mucho la verdad, simplemente marqué y me puse el teléfono al oído.
Mientras esperaba a que tomaran mi llamada, abrí la ventanilla y dejé que el viento enfriara mi rostro ardiente y golpeara duramente contra la salinidad en mi piel.
— Hola— me tragué un sollozo— lamento molestarte a esta hora pero…pero— se me quebró la voz patéticamente y otra vez comencé a llorar.
— ¿Bella? ¿Qué sucede? — Me sentí tan reconfortada al oírlo, era como si todo lo familiar regresara y me protegiera como antes. Amé la sensación y al mismo tiempo lo odié.
— Lo siento, me equivoqué— colgar era lo correcto… pero entonces ¿Por qué era incapaz de hacerlo?
— Tranquila Bells, ¿dónde estás? Iré por ti— me logré calmar y dejé de llorar con esa promesa y dentro de mí, muy dentro en mi conciencia sabía que cometía un error… sin embargo, necesitaba equivocarme así e iba a hacerlo.
Al final y al cabo, el único capaz de comprender esta situación era Edward, él siempre me ayudó cuando me daban "bajones" y debo reconocer que jamás ventiló nada de eso, ni siquiera cuando se volvió popular; así que dejándome llevar por lo bien que me hacía sentir saber que seguía ahí, se lo dije. Confiando inconscientemente.
— Iré para allá, solo espérame— pidió con cierta nota de pánico.
Casi sonreí, solo casi. ¿A dónde me podría ir si apenas me había tranquilizado un poco? Pero me entró a mí el pánico al darme cuenta que colgaría
— No cuelgues, por favor— pedí con ansiedad y voz ronca por la llantina que me había pegado.
— De acuerdo— me dejé caer en el asiento, y sin quererlo recordé que Charlie me había echado y sentí un nuevo nudo en la garganta. Creo que respiré aceleradamente— Así que… ¿cómo te fue en los exámenes? — Interrogó, trayendo de regreso mi mente. Realmente me sentía fatal para pedirle que no colgara.
— Uhm… bien— respondí rápidamente. — ¿Y a ti? — Quería escucharlo otra vez, por más patético y estúpido que sonara.
Debía reconocer que me era un tanto extraño hablarle ahora, y no solo por todo lo sucedido si no que había sentimientos implicados y demasiado diversos entre sí como para ser sano; enojo, dolor, nostalgia, necesidad… amor y solo lo complicaba, aunque mi estado era tan deplorable que sencillamente hice la vista gorda de aquello
¿Era tan malo? Yo creo que no.
— No tan bien— suspiró y oí que arrancaba su coche— ¿cómo se encuentra Alice? — Preguntó sin darme tiempo a interrogarlo sobre ese "no tan bien" sospechoso
— Bien. — ¿Y ahora qué le pregunto? Suponía que se le hacía complejo hacerme preguntas sin tocar temas que pudiesen reactivar mi ataque de llanto, un rasgo muy marcado en mí por lo demás. Era una llorona y eso lo había heredado totalmente de Renée, ya que Charlie ni se inmutó cuando me largué.
Miré hacia afuera, negándome a pensar en ello. Era doloroso.
-o-
Al parecer ellos seguían discutiendo cuando Edward llegó por mí, después de algunas preguntas patéticas sobre el clima, mi ropa y el césped.
A penas se bajó del Volvo me buscó desesperadamente con la mirada y mi corazón saltó en el pecho, y ni siquiera lo pensé. Solo sé que pronto me encontré entre sus brazos, llorando como una verdadera imbécil ¡Pero diablos cómo dolía todo lo sucedido!
Él me aferró con fuerza y ternura, como solía hacer cuando éramos pequeños y me derrumbaba en mil pedazos.
— Ya, tranquila— lo apreté más, sintiendo lágrimas correr como un río.
Cuanto detestaba no poderme contener y poder fingir que no me servía de nada que estuviera aquí o mejor aún, hacer de cuenta que tras esa puerta, en esa casa en donde viví tanto tiempo no se encontraba un padre que jamás quiso serlo y una madre que me abandonó porque simplemente "no pudo con todo" ¿Yo si tenía que poder? Fue ahí que me autoprometí que si tenía un bebé, jamás, nunca le dejaría solo y a la deriva de un mundo tan cruel. Nadie merecía aquello y menos un ser tan inocente y que seguramente fue creado con amor, ¿acaso Charlie nunca lo vio de ese modo? Al parecer, no.
— Ven, sube al auto Bells— pidió con voz suave en mi oído y me sorbí la nariz, asintiendo con dificultad y disolviendo mis pensamientos.
Antes que pudiera hacerlo, me despejó dulcemente el rostro del cabello húmedo y mirándome directo a los ojos dijo
— Estoy aquí, siempre— y eso bastó para hacerme sentir segura, por lo menos un rato.
Manejó con cuidado, mirándome a cada instante como si temiera que de la nada comenzara a chillar otra vez, siendo que yo únicamente podía darle vueltas al asunto de mi padre y Renée. Y al final decidí que era una mala persona, sí, lo era por no haberla aceptado y no es que se tratara de perdonar. Si fuera eso tendría que sentir algo, por lo menos rencor por un suceso, pero lo cierto era que no lo había, no existía nada e incluso así no podía verla como lo que era: mi madre, por lo menos en términos biológicos.
Suspiré, dejando caer mi cansada cabeza hacia el costado.
— No te preocupes, en mi casa hay ropa que puedes usar. No te vas a enfermar— lo miré confusa y sonrió
— ¿Por qué me tendría que cambiar? — Interrogué perdida
— Porque estás toda mojada. Estaba lloviendo, Bella— explicó y contemplé a través del parabrisas salpicado de agua, probablemente mi cuerpo se hallaba igual y ni siquiera lo había notado.
Me limité a asentir.
Traté de buscar motivos suficientes para decirle que me devolviera a casa, y que no quería estar con él. Pero lo cierto es que quería hacerlo, necesitaba hacerlo. Masoquista, lo sé. Aunque no me lo pareciera ahora, de hecho… sentía que era lo correcto.
Ya luego, más tarde o quizá dentro de dos semanas me sentaría a analizarlo y probablemente me sentiría estúpida y débil… sin embargo, hasta entonces solo quería que fuéramos Bella y Edward; el par de raritos y los mejores amigos.
-o-
— Toma— ya me encontraba sentada en su cama después de subir en completo silencio. No tenía idea de la hora, pero sus padres dormían al final del pasillo.
Le dediqué una mirada larga antes de recibirle una de sus camisetas viejas de Iron Maiden y unos pantalones que solo yo usaba cuando me quedaba en su casa.
— Te traeré un café, ¿vale? — Preguntó inclinándose hacia mí.
Asentí lentamente y acomodó mi cabello tras las orejas, haciéndome cerrar los ojos y disfrutar del toque que me pareció demasiado poco para la necesidad de amor que bullía en mi interior.
Finalmente suspiró y se levantó, cerrando tras de sí.
Me quedé unos segundos como en estado catatónico hasta que finalmente decidí cambiarme.
Edward volvió a los minutos que terminé de ponerme la ropa seca, con una humeante y perfumada taza de aquel líquido entre sus manos. Cuanto deseaba que ellas me acariciaran el rostro, del mismo modo que lo hizo cuando me besó, justo así.
Me dio una mirada breve y pareció ligeramente ruborizado al entregarme el café, que sostuve en mis dedos fríos sacudiendo la cabeza para eliminar ciertos pensamientos.
Me sentía mal, realmente mal. Demasiado triste, tanto que llegaba a preocuparme porque había tanta pena dentro de mí que no podía parar de querer llorar.
Se sentó a mi lado, hundiendo la cama bajo su peso.
— ¿Te encuentras bien? — Interrogó con voz suave y dulce.
Si cerraba los ojos y olvidaba todo, era tal como antes. El chico tierno, amoroso y atento seguía ahí.
— No— sinceré, dándole un sorbo a mi taza
— Está bien, estará bien— de pronto sentí mucha rabia contra esa frase
— ¡No quiero más mentiras, no quiero que me mientan más! ¿Y sabes por qué? ¡Porque duele! ¡Y la verdad apesta!— Se me quebró la voz y tensé la mandíbula, conteniendo mis ganas de llorar. Era muy difícil porque incluso me llegaba a doler la garganta del esfuerzo.
Él solo se limitó a abrazarme nuevamente, sin decir nada en absoluto y sentí las lágrimas deslizándose sin permiso aunque no había sollozos y eso era un buen avance.
— Lo sé— me aferró con más fuerza, haciéndome consciente de su calor tan familiar, tan suyo y que compartía conmigo en las tardes congeladas…
Finalmente, al cabo de unos minutos logré estabilizarme y dejar de chillar como una estúpida. No sabía cuánto duraría hasta que me diera otra vez.
Por momentos me daban ganas de golpearme contra la pared, buscar marihuana, fumármela y correr desnuda bajo la lluvia. Sería un modo de evadir y no sentir ¿Era tan mala idea? No lo creía, si soy sincera… de hecho me apetecía bastante la parte de correr desnuda.
— Te agradezco que recordarás mi cumpleaños— hablé al cabo de una media hora en completo silencio, dándole sorbitos pequeños al líquido caliente.
— Nunca lo olvidaría— sonrió, parecía cansado pero alegre.
— Lamento molestar, en serio. Creo que lo mejor sería irme— miré mis pies abrigados por sus calcetines de lana verde.
— De eso ni hablar. — Sentenció— creo que deberías tratar de dormir— sugirió.
— No quiero. — Me mordí el labio inferior— El atrapa sueños era mi regalo de cumpleaños— le confesé finalmente.
— Lo presentía. Es hermoso, gracias— asentí. — ¿No quieres hablarlo? — Inquirió al cabo de un rato
— No lo sé…— suspiré
— De acuerdo— me sonrió, acariciándome tímidamente la espalda. — Estás muy fría, ¿no te apetece meterte entre las mantas? — Miré la cama
— La verdad es que me causa un poco de asco acostarme ahí si es que Tanya lo hizo antes. Y más si es que… bueno, tú ya sabes— negué con la cabeza restándole importancia a este hecho
— Nunca llegamos hasta aquí— fue todo lo que dijo pero me dio una repulsión tremenda
— ¿Por qué lo hiciste con ella? Quiero decir, ¿qué te motivó? — Lo miré y parecía dolerle que lo consultara— Es solo una pregunta y si quieres no la contestes. Después de todo no somos nada para que lo expliques— me encogí de hombros, aunque deseaba que me lo contara. Ya sabes, como parte del paquete completo de masoquismo. Desde pequeña aprendí a hacer bien las cosas.
— Si te soy sincero… creo que solo el deseo. Sí, puede que me haya parecido guapa… pero no era más que eso aunque antes creyera que no fue así— meditó y apreté los ojos, porque también dolía.
— Vale— respiré profundo— No quiero hablar más de ella. — Él asintió y se quedó en silencio antes de levantarse al reproductor de música y encenderlo. Las notas conocidas inundaron la habitación, invitando a los recuerdos a unirse.
No sé cómo pasó, realmente, pero abrí los ojos luego de haberme dormido en algún punto y me encontré en la cama completamente sola y arropada hasta el cuello.
Al pasar mis manos por las mejillas me percaté que no solo en el sueño había llorado y aún tenía ganas de seguir haciéndolo. Tampoco lo recuerdo bien, pero sé que era bonito y no quería despertar, era como el "sí no hubiera pasado esto hoy estaría…"
— ¿Estás bien? — Preguntó Edward desde el sofá blanco, jugaba con el cubo rubik y sobre su estómago reposaba el gorro esquimal. Nuevas lágrimas se formaron en mis ojos al rememorar lo felices que éramos en mi sueño
¿Cuánto podía llorar? Era patética y me detestaba.
— No… ¿podrías venir? — Vale, sí. Deseaba tenerlo a mi lado, ¿y qué? Estúpida Alice por tener razón y estúpido enfado, y estúpido Edward por ser tan imbécil.
Aun así, cuando lentamente se sentó a mi lado y me extendió los brazos no dudé en acurrucarme en su pecho, oyendo sus fuertes latidos
— Gracias— me apreté más contra él y comenzó a acariciarme el cabello muy despacio y claro, a mí se me aflojó todo, incluso la boca. — Conocí a mi mamá— le conté y se detuvo un breve segundo e inhaló con fuerza— es guapa, como siempre creí que sería— me encogí de hombros y suspiré— y Charlie nunca me quiso, como nunca quise creer. — Solté una risa sin humor— ella quería "darnos una oportunidad" y llevarme a Dios sabe dónde. Y le dije que no. Creo que fue lo mejor que pude haber hecho, no la quiero ni la odio, y no quiero que sea mi madre ahora, ya me acostumbré a no tenerla. Pero eso no fue lo peor, lo peor fue enterarme que mi padre nunca la superó y que siempre me culpó de su abandono. Me dio tanta pena… es como si la esperanza de ganarme su cariño se hubiera extinguido de pronto, dejándome sumamente avergonzada por mis tontos intentos… él fue incluso cruel— no pude evitar que mis ojos se humedecieran nuevamente y me mordí fuerte el labio inferior.
Agradecí que no dijera que iba a estar bien y que a cambio siguiera abrazándome y acariciando mi cabello. Parecía ser justo lo que necesitaba, no palabras de aliento ni insultos contra Charlie.
El sueño hizo acto de presencia al cabo de un rato e inconscientemente empecé a empujarlo hasta que pude descansar completamente sobre su pecho cálido y reconfortante, con sus brazos rodeándome, calentando mi interior.
Los abrazos de Emmett no eran como estos por más cariñosos y tiernos que fueran, les faltaba esa leve nota nerviosa al momento de estar tan cerca y en contacto. Tampoco las palabras de Alice eran tan efectivas como el simple hecho que Edward entendiera y guardara silencio. Y no me malentiendan, con Alice y Emmett es genial y son personas realmente increíbles que ocupan un importante lugar en mi corazón y vida… pero… no creo que pueda explicar lo que Edward significa para mí, por más estupideces y porquerías que haya hecho, incluso así mi cariño seguía intacto. Y detestaba que Alice tuviera la razón en ese punto, ¡hasta parecía bruja! Y la verdad no sabía si deseaba que se equivocara respecto a lo que dijo sobre nosotros… aunque claro, no me encontraba mental ni emocionalmente capacitada para analizarlo ahora. Y no iba a arruinar mi efímera calma y "minuto feliz".
Tardé un poco en lograr despejar mi mente, y al conseguirlo, mis ojos fatigados de tanto llorar comenzaron a pesar y fue entonces que uno de los clásicos que más me gustaba inundó la estancia, haciendo todavía más agradable la sensación de confort, cariño y tranquilidad, aunque fuese un tanto depresivo.
— Ayer todos mis problemas parecían tan lejos
ahora es como si estuvieran aquí para quedarse
oh, creo en el ayer
De pronto,
no soy ni la mitad del hombre que solía ser
hay una sombra que se cierne sobre mí
oh, de pronto llegó el ayer
¿Por qué tuvo que irse?,
no lo sé no me lo dijo
dije algo que no debía
ahora anhelo el ayer
Ayer el amor era un juego tan fácil
ahora necesito un lugar donde esconderme
oh, creo en el ayer
¿Por qué tuvo que irse?,
no lo sé, no me lo dijo
yo dije algo que no debía
ahora anhelo el ayer
Ayer el amor era un juego tan fácil
ahora necesito un lugar donde esconderme
oh, creo en el ayer. *— Cantó muy cerca de mi oído, haciéndome sonreír y erizar los vellos.
Extrañaba escucharlo cantar, reflexioné y una súbita sensación de alegría se instaló en mi estómago al meditar que posiblemente nunca lo hizo con otra persona. Cerré mis ojos e inhalé profundamente, introduciendo en lo más recóndito de mis células su aroma. Inconscientemente mis manos se aferraron con más brío de su camiseta, justo donde su corazón latía irregularmente
— Extrañaba esto— mascullé antes de bostezar y rendirme al cansancio, dejando completamente de lado mi enojo, resentimiento y pena hacia él. Ahora simplemente iba a dormir y descansar realmente en paz, mandaría solo un poquito a la mierda todo y disfrutaría tal como hacía cuando éramos Bella la nerd y Edward el sabelotodo.
-o-
Desperté totalmente abrazada por Edward. Sus brazos me mantenían prisionera contra su pecho sin hacerme ningún daño y sus piernas impedían que me apartara siquiera unos milímetros y debía reconocer que me encantaba, de un modo bastante masoquista, la verdad.
Aún se encontraba oscuro y no cesaba de llover en absoluto, pero por lo menos mis ojos no dolían y lentamente mi conciencia retornaba, seleccionando los recuerdos que eran necesarios y desechando las que eran simples trampas lacrimógenas.
Miré alrededor y respiré, logrando únicamente envolver mis sentidos con el olor del chico que dormía plácidamente y que me había consolado del modo más tierno posible. Y eso era cierto.
Me mordí el labio inferior, mientras alzaba la cabeza para contemplarlo descansar… y era tan hermoso como siempre. Recordé, los momentos en que le quitaba los anteojos y los segundos en que el planeta se detenía cuando me miraba con aquel iris tan verde y aturdidor. Ahora, eran sus pestañas tupidas las que se proyectaban débilmente en sus pómulos ligeramente sobresalientes.
Mi dedo, con vida propia comenzó a definir cada porción suave de piel. Su frente sin ninguna arruga, su nariz recta y sus pobladas cejas que siempre me han parecido lo más sexy del mundo, o solo en él se veían de aquel modo, no lo sabía, digamos que no soy una persona demasiado objetiva en lo que a Edward concierne. Sonreí cuando él lo hizo porque le había tocado tras la oreja y sabía que le daba cosquillas.
Suspiré, preguntándome por qué hasta ahora, si es que era cierto todo lo que dijo sobre que me quería, se dio cuenta y trata de recuperarme. ¿Por qué ya no estaba a su lado? La verdad, no lo sabía y no me sentía preparada para enfrentarme a esas palabras, no en este preciso momento que mi vida era un completo caos. Era una vagabunda desde ahora, no tenía casa. Pero si dinero.
Debía ir por mis cosas a casa de Charlie… porque tenía la mayor parte de mis ahorros, cuadernos, lápices, y recuerdos ahí y no pensaba dejar nada.
Si seguía trabajando, podría arrendar un departamento pequeño, solo para mí e independizarme.
¡Gracias Charlie por no quererme y hacerme tan independiente de ti! Le grité dentro de mi mente y sonreí, aun acariciando suavemente la piel del cobrizo.
Por suerte comenzaba a levantarme emocionalmente, aunque el muro de contención para Edward seguía abajo… y mis hormonas funcionaban de puta madre, como dice Alice. Ellas ni siquiera por el fin del mundo dejarían de tener ciertos pensamientos que me avergonzaban. Y sé que es normal en chicas de mi edad o eso me quiero hacer creer… pero no quita la vergüenza de estar siempre esperando que Edward me pille desprevenida y me bese otra vez y eso no era todo… la verdad ni siquiera sé por qué ahora lo estoy pensando, aunque igual no quería dejar de hacerlo, contenerse siempre hace daño ¿no? Pues bien, aquí va mi confesión.
Desde que ese desagradable chico me besó de aquelmodo y trató de tocarme de esa manera y vi aquella cosa… no pude dejar de pensar– inconscientemente claro está– en cómo se sentiría, en lo que pasaría por mi cabeza y lo que desearía si fuera Edward quien lo hiciera y al mirarlo durmiendo tan tranquilamente dos cosas vinieron a mi mente.
La primera, que era una pervertida de lo peor y encima me hacía la tonta, algunas veces. Y la segunda, que no había cosa que quisiera más que besarlo justo ahora.
Un eco, un tanto sucio y que no suelo escuchar –lo juro– me urgía a hacerlo, alegando argumentos muy ruines. Como que él me había besado la segunda vez a la fuerza y la primera me agarró por sorpresa. Ese perverso eco, me decía que lo justo sería cobrármela y besarlo mientras duerme. ¿Es muy bajo? La verdad, sí. ¿Estoy mentalmente estable? Sinceramente, no. ¿Cuál era el problema? ¿Moral? Pff, no. ¿Miedo? ¿De un chico dormido? ¿En serio?
Lo contemplé, mordiéndome el labio inferior y mirándolo los suyos ligeramente entreabiertos en la penumbra. Prometo que será algo breve, de verdad… solo algo chiquito... ¿está bien?
Me tronaba el corazón en las orejas a medida que me acercaba más y sostuve mi cabello cuando trató de interponerse. Aspiré aire y comencé a temblar de nervios ¿y si se despertaba? Me alejé un poquito, pero él continuaba respirando acompasadamente y no parecía que iba a despertar pronto.
Oh vamos, ¿lo deseas? Sí, me auto respondí ¡Entonces hazlo, joder! Qué mal humor tengo, de veras.
Rogando internamente que no se despertara antes que lo hiciera, me incliné lo suficiente para que su aliento cálido se entremezclara con el mío trémulo. Contuve el aliento y rocé sutilmente sus labios.
No se movió, ¡No se movió!
Alentada por esto, fui por más, con la boca ardiéndome de ganas de hacerlo del modo en que realmente deseaba. Aunque claro, no sería así… no podría llegar a tanto ¿o era tan sucia como para aprovecharme de esa forma? El eco perverso volvió a la carga, así como la voz de Lord Voldemort en la cabeza de Harry. Él se aprovechó primero. Deja de ser tan tonta y hazlo, ¡solo hazlo!
Es imposible resistir tal tentación y presión, así es que me animé a poner del modo correcto mis labios temblorosos sobre los suyos que no hicieron en absoluto nada, y no es que lo esperara ¡por Dios! ¡Está dormido! Ovejas Santas, ¡Me aproveché de Edward mientras dormía! Me alejé rápidamente como tratando de quitarme la idea de la cabeza. Pero era imposible al verlo tan tranquilo inmerso en sus sueños y con el recuerdo del calor y suavidad de su boca latente en mi cerebro que parecía repetirlo una y otra vez, impidiéndole a mi conciencia funcionar debidamente con ese enredo de remordimiento y mariposas tontas.
Pero de igual modo me ruboricé del inicio de los cabellos y despegué mis dedos de su piel cálida, con el corazón en la garganta al pensar que podría haberse despertado y darse cuenta de lo perversa que resulté ser.
Sin embargo, pronto me dije y calmé, con la idea que por lo menos no le había metido mano y eso era un punto a mi favor. Porque cabrón podrá ser e idiota también, pero de que es guapo, es guapo el maldito.
Suspiré, deshaciéndome lentamente de su agarre. Debía salir de aquí antes que mi mente explotara y presentía que sería muy pronto si seguía a su lado.
Sus brazos fueron simples, pero sus piernas eran algo difícil de apartar porque no lograba entender de qué modo había conseguido atrapar tan bien la mía sin dejarme de otra más que deslizarme hacia arriba en la cama para escapar.
Refunfuñó y dijo algo por lo bajo antes que le diera una almohada y la estrechara contra su cuerpo. Se quedó nuevamente tranquilo y solté el aliento contenido.
El sol comenzaba a salir aunque eso era una exageración, el cielo solo se iluminaba con los débiles rayos entre los nubarrones.
En cuanto abandoné el colchón me percaté de inmediato de la baja temperatura y la piel se me puso de gallina, por lo que decidida me acerqué a su armario y le robé ropa. No era la primera vez, así que ya sabía dónde encontrar justo lo que necesitaba.
Me eché encima de la polera vieja un chaleco de lana grueso y me puse unos olvidados jeans míos que pillé en el fondo del cajón. Me sorprendió verlos, si soy sincera pero me alegró que los tuviera porque así no tendría que hacerme un nudo con el pantalón que me quedaba bastante holgado.
Me terminé de vestir y amarré mi cabello en un tomate antes de recoger el bolso y sigilosamente abandonar su habitación. Cerré con mucho cuidado la puerta y dejé que mis hombros cayeran conjunto al aliento que liberé al saberme fuera y con todas las de huir. Eso debía hacer porque no sabía qué pensar respecto a Edward y no podía hacerle frente de esa manera. Yo debía alimentar mi enojo, frustración y eliminar del todo el recuerdo del beso que le robé mientras dormía para poderlo enfrentar. Antes, ni jodiendo y por como seguía sintiendo su calor en mi cuerpo y labios, tardaría demasiado.
Sacudí la cabeza y me dispuse a escapar.
— Hola, Bella — Di un brinco al igual que mi corazón al oír aquella voz. Me volteé con las piernas como gelatina — ¿Qué tal? — Sonrió y lancé un juramento tan potente que el mismo Cristo me cerró las puertas del cielo en la cara.
— Eeh… Señora Esme… — me quedé inmóvil observándola con terror y ella rió.
— Oh, tranquila Bella. Creo que si te esmeraste tanto en no despertarlo deberías bajar conmigo para charlar ¿Qué opinas de eso? — Me invitó con la misma sonrisa y expresión alegre.
Asentí sin poder hablar. Todavía mi corazón bajaba por la garganta, muy lentamente.
Caminé robóticamente detrás de ella. ¿Por qué Dios? ¿Es el karma por haberme aprovechado de un hombre durmiente? Lloré mentalmente todo el tiempo que nos llevó llegar a la cocina.
— ¿Tienes hambre? — Interrogó con la mano ya en el refrigerador
— La verdad es que tengo que irme… debo recoger unas cosas de casa y quiero que sea lo antes posible — Expliqué rápidamente y me asombré del poder hablar tanto sin respirar. Pronto Alice tendría competencia si es que me decidía por explotar este nuevo talento.
— ¿Por qué? — Preguntó con el ceño fruncido mientras me servía un vaso de jugo y cortaba una rebanada de torta de piña. Eso es bajo, decidí. Es mi favorita y ella lo sabe.
Suspiré sentándome a beber el jugo.
— Porque… — ¿Mentir? O ¿Decir la verdad? Esa es la cuestión. Vale, Esme no merecía mentiras y me saldría pésimo si lo intentaba. Así que luego de darle un largo trago a mi vaso, respondí mirándolo con detenimiento — Porque Charlie me echó — oí que respiró de forma abrupta y me negué el sentirme miserable nuevamente, por lo que alcé la cabeza y le sonreí — pero usted no se preocupe, que ya sé dónde me voy a quedar — le guiñé un ojo y noté como la determinación sustituía la tristeza y enojo en su mirada dulce y maternal
— Y yo sí que lo sé — afirmó — te vas a quedar con nosotros y no aceptaré un no por respuesta. — Sentenció con voz de mando y esta vez vi que incluso el diablo me cerraba las puertas del infierno por el juramento que mentalmente grité. ¡Por las benditas cabras del jodido abuelo de Heidi, esto no me puede estar pasando...!
*La canción es la traducción de Yesterday de The Beatles
¡Hola, hola! ¿Qué les pareció el cap? Creo que está un poquito, poquito saturado de emociones para Bells… pobre de ella por la idea de Esme, ¿no creen? Y tranquilas, que Charlie tendrá su lección muy pronto al igual que se sabrá que sucedió con Tanya y el séquito ;)
¡Lo lamento mucho, en serio! Pero les juro que apenas he tenido tiempo, las clases comenzaron con todo y he tenido que pasar al limpio materia, repasar… y ver unos asuntos porque como es mi último año en el cole, tengo montones de cosas que verificar… pero sé que no es excusa y debo decirles que tenía gran parte escrita, es solo que hasta ayer tuve un ratito libre y lo terminé. Espero de todo corazón alcanzar a tener listo el del sábado.
Y bueno, ya que me disculpé y mi conciencia quedó más tranquila les quiero dar las infinitas gracias por todo, de veras. ¡Vamos por los 271 reviews y los 114 favoritos y 118 alertas! Muchas gracias por creer que soy digna de cada uno de ellos, de verdad y chicas, tranquilas si no alcanzan a leer completamente o a dejar review, con pensar que les gustó y que pude entretenerlas un ratito me doy por bien servida y espero que te encuentres mejor MilaStorm27, te entiendo totalmente con respecto a que te encuentres afectada por lo que pasa alrededor, desde aquí, te envío muchos cariños y fuerza, de todo corazón y de que tiene que hacer algo épico, tiene que hacerlo jaja me alegra un montón saber que te gustó ;) así mismo como me pone muy feliz que les haya gustado josefinapringle, marimut15, pinklady, LuluuPattinson, Angeles MC, DiAnA FeR, michelle de cullen, kaki-Chan, Marinajimenez 123 tranquila Karolay28 que te entiendo y te agradezco que a pesar de todo hayas dejado un rr, pronto lo sabremos mireca22 jeje, espero que te haya ido bien Gabymuse si no me sentiré muy culpable jaja y luego, luego Mabe1405 y no te preocupes, en serio, agradezco que lo hayas hecho ahora ;)
Chicas, perdónenme por lo poco que le dije a cada una, pero no tengo mucho tiempo y menos ahora que el cargador de mi amado y querido Notebook falleció, por suerte tenía respaldados los capítulos en mi memoria del celu y mi hermana querida me presta su Pc para escribir, y ya saben, no quiero abusar de su buena voluntad así que me despido esperando que les haya gustado el cap y que les vaya muy bien en todo lo que hagan ;)
Un abrazote del sensual Emmett y muchas bendiciones!
Chau, chau
Pd: perdónenme por cualquier error ortográfico y/o de gramática que pude haber pasado por alto por favor
