FIC

El Error de mi Vida

Por Mayra Exitosa

Seis meses después…

- Di que sí, Candy.

- No es necesario hacerlo, ya estamos casados.

- Es para la familia. Ante Dios.

- Lo pensaré.

- Te recuerdo que dijiste que me darías todo lo que yo quisiera…

- ¡Eres un tramposo!

- No dijiste fecha limite… aún sigo queriendo muchas cosas.

- Y yo te quiero a ti.

- Lo ves, es un trato justo.

Candy lo abrazaba y asentía, él la tomaba de su cintura y la elevaba hasta tomar sus labios. Planearían una boda en religiosa ante la familia, ahí en la mansión, algo sencillo, pero a la vez, aprovecharían y bautizarían a los niños.

El bautizo fue muy bello, Anthony se quedaba como padrino de su sobrina y Tom como padrino de su sobrino. Este lo tomaba y se lo mostraba a sus hermanos,

- Es nuestro ahijado un hombrecito como todos nosotros, seguimos siendo parte del grupo. Los hermanos lo abrazaban. Anthony miraba a su sobrina, y le comentaba a su tía.

- Esta bien para mi sobrino tener a tantos brazos que lo cuiden, pero no podría imaginar a mi princesa con todos esos hombres, teniendo a su padrino que la cuide. - ¿Verdad preciosa? La pequeña le acariciaba el rostro.

Albert y Candy observaban a sus hijos, se habían casado de manera sencilla en la mansión ante Dios y los familiares estaban ahí, su padre y su Tía habían contratado todo un banquete. No era en un salón ni con mucho tiempo, pero ver feliz a su hijo y que los más allegados lo celebraran con ellos era suficiente para él.

- ¿Eres feliz, Candy?

- Mucho, soy tan feliz contigo a mi lado.

Albert la besaba, y la abrazaba estrechándola en sus brazos, esta noche se irían de viaje por varias semanas solos. Los pequeños se quedarían con sus abuelos.

Dos años después…

Candy no deseaba salir de la mansión aun no terminaba de conocerla por completo, descubría lugares, rincones, y hasta jugaba a las escondidas con Albert continuamente.

La Tía Elroy se pintó el cabello y se rejuveneció mucho, ahora tenía una nieta que era su adoración, era una damita en todos los aspectos, calladita, obediente y muy tranquila.

El abuelo no fue la excepción, siguió haciendo de las suyas, estaba completo el hospital en Lakewood, más cerca del centro, con acceso al orfanato y a sus niños de forma gratuita, con áreas especializadas en maternidad, fertilidad, estudios del corazón y un sinfín de especialidades que llegaban para quedarse, era pequeño comparado con las ciudades, pero los médicos estaban muy animados, al trabajar ahí, poseían una casa a pagos, un financiamiento directo en todo, seguros y hasta compra de autos, a través del banco Andrew.

Los hermanos de Candy dos de ellos eran ya empresarios y ahora tenían un nivel muy alto de ingresos, sus hermanos ya eran parte de la sociedad, no trabajaban separados, y tenían otra sección en sociedad, donde ya estaban estudiando y trabajando.

Anthony se hacía cargo de la directiva del banco, misma que siempre había su padre querido para William, pero este se hacía cargo de otros negocios importantes. Que le dieran más tiempo para estar con su familia.

El hospital anterior en Lakewood seguía funcionando, pero ya no contaba con los socios que lo mantenían, había quedado como atención a emergencias y lentamente muchos habían perdido ahí, su inversión.

La señora Witman, tenía una cláusula en su testamento, si se volvía a casar perdía todos sus bienes y derechos, quedando solo con una pensión para vivir, esta se había casado ignorando esa parte del testamento, dejando los beneficios del señor Witman a favor del Orfelinato. Ya no sería los benefactores principales, ahora serían fijos en los programas de los menores que no eran adoptados.

Candy vivía en la casa de su suegro, era muy grande, cuidaba de sus pequeños, no necesitaba mucho de nadie, por las tardes, cuando los pequeños hacían su siesta ella se sentaba en una parte cerca del jardín para esperar la llegada de su esposo.

- Hola mi amor

- Candy, ¿los niños?

- En su siesta. Te prepare un tentempié antes de la cena.

- ¡Excelente! No pude venir a comer y te extrañé mucho.

- También te eche de menos.

Al entrar el pequeño corría tras un auto a control remoto, sorprendiendo a su padre y la pequeña sentada en la alfombra acomodaba bloques, Albert con una sonrisa preguntaba

- ¿En su siesta?

- Es que no duermen mucho, su abuelo llegó antes y está probando su control remoto, para que nuestro hijo persiga el auto.

- ¿Te parece si tomamos junto a ellos una limonada?

- Me parece bien. Ahora vuelvo.

Candy regresaba ya con las charolas de canapés para ella y Albert, ahora incluían a los demás. Albert vio una cajita a un lado de su plato y con su nombre,

- ¿Y esto que es?

- Es para ti, mi amor.

William levantaba a su nieto y lo tomaba de la mano, para ir a tomar limonada. Y Elroy hacía los mismo, notando que Albert abría una caja antes.

- Candy, todavía no es mi cumpleaños.

- Y ya te llegaron regalos con anticipación.

- Al abrirlo y quitar el papel, un letrero decía. ¡esto no es un error! "serás de nuevo… ¡Papá!" Al sacar un pañuelo bajo el letrero, no era tal, era un babero con bordados. Con una sonrisa enorme, abrazaba a su esposa y la alzaba en lo alto.

- ¡Otro hijo! ¡Candy! Me haces el hombre más feliz del universo.

William pedía champagne, alzaba a su nieto para decirle que tendría un hermanito, o hermanita. Mientras sus padres abrazados, se besaban enamorados por estar unidos por un error, por una equivocación… pero que gracias a esa falla… había encontrado al amor, al hogar, a la familia que más amaba y que a pesar de soñar en una madre y un padre… la vida le deparaba aún más. ¡Mucho más!

FIN


Gracias por leer, por comentar y por esperar a finalizar las historias, muchas gracias por todos y cada uno de sus comentarios

Un abrazo a la distancia,

Mayra Exitosa