hola hermosas!feliz año nuevo! que tal estan? lamento haber tardado en actualizar, pero entre que recuperaba mi conexion con el mundo buscando un nuevo cel, entre pasar año nuevo, luego me fui a la playa, luego comence la uni de nuevo y el fin de semana me lei los dos primeros libros de Fifty shades of grey (cincuenta sombras de grey) realmente no tuve chance para actualizar...asi que hoy luego de dormir la siesta jajaj me dije...Hora de comnzar a actualizar..asi que heme aqui..

espero que este sentimental capitulo les guste! creo que es el màs largo que he escrito!:)

Nos leemos ...gracias por su reviews y alertas!;) siempre son bienvenidos!


La corona del amor


Capítulo 20: Nerves and a ball.

BELLA POV

Con cada día que pasaba, mi ansiedad y mis nervios iban en aumento. Rose estaba sorprendentemente calmada sobre este asunto, y un poco tarde vine a entender que ella nació en este mundo, ella sabe como manejar a la nobleza, mientras que yo fui criada por un leal jefe de policía, y una dulce madrastra que me ayudaba a peinarme cuando mi cabello se ponía insoportable.

Yo, al contrario de lo que piensa Edward, soy una maraña, complicada, pero las cosas que tengo que dejar fluir, las dejo fluir, por eso no me preocupan las nimiedades.

Pero por los Clavos de Cristo! Esto no era una nimiedad. Sería presentada oficialmente al mundo real (N/A: perdonen el juego de palabras ;)) como la prometida del príncipe heredero.

En los últimos días no había podido probar bocado, lo único que pasaba por mi estómago era una barra de granola y agua, y cuando mucho un vaso de jugo.

Había podido engañar a Edward por las noches, fingiendo dormirme antes que él, pero realmente han sido pocas las horas que he podido dormir. ¿Cómo puedo estar lista para algo así cuando apenas puedo comer y dormir? Este pensamiento acechaba mi mente desde hacía muchos días. Edward se quejaba de que estaba más flaca, y yo solo lo distraía diciéndole que tenía problemas de vista.

Mis últimas dos clases de la tarde habían sido canceladas por alguna festividad judía, así que tenía 4 horas libres para pensar y distraer mi mente de lo que sucedería mañana.

Paul, me seguía, como de costumbre, y vacilante, de vez en vez peinaba sus alrededores con la vista en busca de alguna amenaza.

Al llegar al auto, me subí al asiento trasero y esperé que Paul se subiera en el asiento del conductor.

-¿Podemos desviarnos de la ruta por unos minutos?-pedí. Él pareció reticente ante la idea de contradecir las órdenes.

-Tengo órdenes de llevarla directo al palacio Srta. Swan.-Responde distante pero mirándome a través del retrovisor.

Suspiré pesadamente. Tenía razón, no podía pedirle que contraviniera sus órdenes.

-Lo siento Paul. Puedes seguir al palacio.-Él asintió secamente con una sonrisa de disculpa. Realmente era bueno en lo que hacia.

Al llegar al palacio, agradecí a Paul nuevamente, como siempre, y me fui a vagar por las profundidades de este inmenso lugar.

Abrumada, por las obras de arte que colgaban impolutas de las paredes, de la elegancia de los floreros sobre las mesas ratoneras, de los candelabros adornando las salas, me sentí pequeña, atrapada, como un venado ante los faros de un auto.

Tenía que llamar a alguien que pudiera servirme de apoyo emocional y mental.

Y supe a quien llamar. Pero no quería estar dentro del palacio, dentro de la elegancia abrumadora de todo esto, pero tampoco tenia permitido salir. Presa en mi propia nueva casa. Triste realidad.

Dejé mi bolso en la habitación de Edward, pero tomé un cuaderno, un bolígrafo, mi ipod con mis audífonos y mi celular. Necesitaba aire fresco y sabia a ciencia cierta que los bosques que se extienden a lo lejos del palacio eran buenos consejeros(n/A: suponiendo que el palacio esta rodeado por unos hermosos bosques…Imagínenselo así)

Caminé cerca de una hora hasta llegar a los límites del bosque, luego una hora más hasta encontrar un perfecto espacio para poder pensar.

El aire se sentía húmedo, olía a tierra mojada, el pequeño frío de comienzos de primavera se sentía realmente bien para mi acalorada mente.

Tecleé rápidamente el número y cruzando los dedos esperé que contestara.

-¿Bueno?-con un suspiro de alivio escuché la voz de mi padrastro.

-Phil…es Bella. ¿Puedo hablar contigo?-él siempre ha sido como otro padre para mi, y siempre daba buenos consejos cuando los necesitaba.

-Hola! Si, dame dos minutos…-se interrumpió y eso significaba que mi madre estaba por sus alrededores, esperé unos minutos hasta que volvió a hablar.-Ahora sí. ¿Qué sucede Bella?.

Y no pude más, me solté a llorar, desahogándome, liberando toda la tensión, el miedo, los nervios, la aprehensión que me han embargado la última semana.

Le explique que creía que no estaba lista para representar el papel, que si apenas podía controlar mi alimentación y mis nervios, como podría ser capas de ayudar a Edward en un futuro bastante lejano a reinar Inglaterra. ¿Cómo puedo ayudar a Esme si apenas puedo hablar? Los sucesos del último mes caen como un balde en mi cabeza. Oh! Son demasiadas emociones juntas.

-Bella…Primero respira profundo.-hice lo que me indicó-Muy bien.-adoptó esa voz que solía poner cuando me daban ataques de asma.-De nuevo-ordenó suavemente.-Muy bien. ¿Te sientes mejor? ¿Puedes respirar bien?-Inspiré profundamente un par de veces más asegurándome de regular mi respiración.

-Si.-respondí agotada. Era la primera vez en años que me daba un ataque de estos, aunque no había llegado a ser un ataque de asma, había estado bastante cerca.

-Bien. Primero, tienes que dejar de agobiarte a ti misma con tantos pensamientos. No es sano. Segundo, eres la chica más brillante y capas que he conocido en mi vida. Has sabido valerte por ti misma desde que te conozco, eres fuerte, independiente. Eres más de lo que te imaginas. Has viajado por algunos países por tus conocimientos aún teniendo una edad bastante temprana. Bella, tienes a medio mundo a tus pies, se puede ver por como te has desenvuelto en las obras, como te desenvuelves con las personas en los eventos. Eres carismática, imponente, eres de ese mundo Bella, naciste para ser una princesa. Tú sabes que puedes hacerlo. Olvida lo que paso hace un mes, concéntrate en el ahora, en lo que vives, tienes una maravillosa vida por delante, que nadie te diga lo contrario, ni tu misma. Edward está bien y tu también, sanos y salvos en donde deben estar. Lo de mañana es simplemente una mera formalidad, ten en cuenta que ni a Edward ni a tus suegros les importa realmente lo que esos agriados nobles opinen de tu matrimonio, porque les guste o no, tu unión con la de ese chico es inevitable, tanto si fuera por amor como si fuera por cualquier otra razón.

Era el discurso más largo que me había dado, ni siquiera cuando me gradué del colegio me dio un discurso tan largo. Y por primera vez, pude respirar a pesar del nudo en mi garganta y de mi estómago cerrado.

-Supongo que tienes razón…-murmuré.

-No supongas. No hagas suposiciones, da los hechos por seguros, por sentados. Atrae la buena energía y los buenos pensamientos sobre ti. Tú eres capas de hacerlo. Nunca dudes de ti misma.-Expresó suavemente pero decididamente.

Me agradaba tratar con Phil, era tranquilizante, a pesar de sus intentos de ser beisbolista, creo que por el tono de su discurso, ha estado inclinándose a los libros de psicología.

Suspiré largo y tendido. Tenia sueño, y estaba un poco mareada.

-Realmente me ha servido hablar contigo, como siempre. Gracias Phil-Sonreí como si pudiera verme.

-Me alegro oír eso pequeña. Te quiero Bella. No necesitas suerte porque lo harás excelente, deslumbrarás a todos. Adiós.- su corta pero eficaz oración hizo mella en mí.

Me levanté de mi lugar y caminé con paso suave hasta dentro del palacio. Me dirigí a la habitación de Edward, y sonreí con humor al ver los pocos pero sobresalientes detalles femeninos. Él decía que se sentía aliviado de que su habitación no se hubiera convertido en un infierno rosa.

Dejé mi cuaderno-que no use-con mi bolígrafo y tomé el ipod para escuchar música mientras me relajaba unos segundos en la cama.

Dejé que las notas melodiosas de Chopin me envolvieran y me relajaran. Esperaba de algún modo poder terminar con esta tensión emocional, con algún clásico.

Estaba en el parque al que huí cuando me enteré que había sido a mí a quien habían querido matar, pero la escena era distinta. Yo estaba distinta. Había algo que me hacía diferente, un poco más redondeada en las caderas, mi sonrisa era más grande y comenzaba a preguntarme que sucedía cuando escuché a lo lejos que alguien me llamaba.

-Mami!-al girarme le sonreí a dos hermosos niños que corrían hacia mi. La niña era hermosa, con su cabello chocolate rizado y sus ojos verdes brillantes por la emoción y el niño parecía tener la misma edad, era igual físicamente que la niña, cabello marrón ojos brillantes y verdes. Detrás de ellos dos venía Edward caminando con una sonrisa inmensa en su rostro. Al llegar hasta donde yo estaba me dio un beso en la frente y tomó al niño en sus brazos, mientras yo lo imitaba cargando a la niña en los míos.

-Bella…-alguien me llamaba y no era nadie que estuviera a mi alrededor.

-Bella…

Escuché que me llamaban varias veces más hasta que abrí los ojos dándome cuenta que estaba soñando.

Miré confundida a mi alrededor. Tristemente me di cuenta que estaba soñando. Oh! Quería que ese sueño fuera real. Dos niños que al parecer eran mellizos., fruto de mi amor con Edward. Quería llorar, pero alguien continuaba llamándome. Que molesto!.

Enfoqué la vista y me di cuenta que era Edward quien me miraba sonriendo pero lo conocía demasiado bien como para distinguir la nota de alarma en sus ojos.

Me senté aún confundida en la cama y noté que tenia los audífonos puestos. Con razón había tardado en despertarme, la música me atrapó entre sus notas.

Me quité los audífonos y apagué el ipod encontrándome de nuevo con su mirada.

-¿Estás bien?-su pregunta no me descolocó tanto como la preocupación en su voz y en sus ojos.

-Si-respondí soñolienta y confundida.

-¿Si no lo estuvieras me lo dirías?-presionó. ¿Qué quería saber?

Yo asentí con la cabeza tratando de despejarme del sueño. Por algún motivo, no quería contarle a él del sueño, no todavía. Lo que hacen las conversaciones con mi padrastro, mira que soñar con mellizos y no bebés sino de una edad avanzada, luego de tener un momento de debilidad. A eso le llamo poder de convencimiento.

Edward seguía observándome inquisitivamente, como intentando encontrar algo en mi rostro que desmintiera lo que le había dicho.

Finalmente el suspiró y apoyando su espalda en la cabecera de la cama me atrajo en su pétreo abrazo.

¿Cuánto tiempo habrá durado mi llamada con Phil? Se que tardé cuatro horas en ir y venir del bosque…¿Cuánto tiempo dormí? Siento todavía las secuelas de mi casi ataque de asma, debería advertirle a Edward de este pequeño problema.

-Carmen te vio llegar de la universidad, me dijo que no has comido nada. Intentó buscarte por todo el palacio y no te encontró. Me llamó desesperada porque no sabia donde habías ido. Cuando por fin llegas, llegas hecha un mar de lágrimas. Hasta mi madre está preocupada por que pudo haber ocasionado que te pusieras así. ¿Qué está mal Bella? ¿Alguien te dijo algo?-No tenía idea de que Carmen y Esme me habían visto entrar y salir. Pero era lógico, Esme estaba atendiendo unos asuntos desde aquí mientras Carlisle estaba ausente por tres días.

Apreté mi abrazo con el de Edward, si le decía podría tomárselo de la manera en que no era. Pensaría que me arrepiento de querer casarme con él, y no es así.

-¿Me lo vas a decir?-preguntó seriamente. La rigidez de su cuerpo delataba su estado emocional.

Asentí con la cabeza y procedí a contarle lo que había pasado.

-Primero, quiero que me dejes hablar, sin interrumpir, hasta que te diga que he terminado. ¿De acuerdo?-Su rostro era una máscara de odiosa seriedad.

Suspiré y acaricié su rostro.

-He estado nerviosa, ansiosa por mañana. No he podido comer ni dormir bien, tengo estas pesadillas extrañas del atentado y mi intento de secuestro, sueño que tu estás herido de nuevo pero entonces ya estamos casados y eso me ha mantenido en vela. Se que estas bien y sano y salvo pero no puedo evitar preocuparme. Y entonces pienso que no se como haré para ayudar a tu madre con todo o ayudarte a ti, o acompañarte, si apenas puedo controlarme emocionalmente….-sorprendentemente decírselo en voz alta a él hacía que todo sonara tonto, que mis preocupaciones fueran infundadas. Sabia que el desgraciado que me lastimó al intentar secuestrarme estaba preso al igual que aquel que me había querido matar. Relajé mi postura, pero todavía quedaba el asunto de mi casi ataque de asma. Y se que si ésta está retornando, puede volver a ocurrir, así que tendré que estar preparada. Mamá Sue y Phl suelen decirme que siempre me da por estrés.

-¿Qué mas…Ahm…te preocupa?-preguntó suavemente.

Negué con la cabeza.

-Es solo eso…y…pues…hay algo de mi que no te he dicho y es importante.-Me sentía culpable. Había ido sola al bosque, y eso había sido imprudente, pero no sabia que me daría un ataque de asma.

Alcé mis ojos hacia él y asintió tomando mis manos en las suyas.

-Cuando fui al bosque llamé a Phil y hable con él, lo mismo que te estoy diciendo….pero...casi me da un ataque de asma. –Lo último lo dije en un susurro.

-¿eres asmática?-gritó enfadado y sorprendido.

Yo asentí sintiéndome terriblemente culpable.

-Pero tenía más de tres años sin un episodio. Phil dice que es por la situación de estrés en la que me puse a mi misma lo que gatilló que volviera.

Él se levantó de un salto de la cama.

-Bella!-susurró desesperado como si un pensamiento desagradable hubiera cruzado por su mente.

Me acerqué a él gateando por la cama y lo abracé por la espalda.

-No puedo permitir que te pongas en ese estado de estrés nuevamente.-me regaño tomando mis manos y dándome un suave beso en el dorso de ellas.

Yo sonreí, el momento incómodo había desaparecido. Pero mis nervios todavía estaban ahí, pero ahora eran manejables.

-¿Podemos comer algo? Realmente tengo hambre.-murmuré aún con mi barbilla apoyada en su hombro.

Él se rió quedamente y enredando mis piernas en su cintura me bajó en su espalda hasta la cocina.

-Edward bájame!-me quejé. Me avergoncé todavía más cuando vi pasar a una de las señoras que me acompañaba cuando Edward se iba de viaje por asuntos exteriores.

Era una señora joven, aproximadamente unos cincuenta años, se llama Maggie y es realmente agradable. Maggie me sonrió educadamente con un deje de diversión en sus ojos viendo como el troglodita de mi prometido me llevaba cargada a la cocina.

Al entrar en la cocina, todos los presentes, entiéndase, Carmen, Esme, Alice, Jasper, Rosalie y Emmett estallaron en carcajadas al verme a mi enojada en la espalda de Edward. No se que expresión habrá tenido él pero esto era humillante.

Cuando las risas se calmaron Edward le pidió a Carmen que me alimentara. Ella con mucho cuidado me preguntó lo que quería comer. No tenia apetito para un banquete, pero algo sencillo sería suficiente.

A la mañana siguiente me desperté con Edward a mi lado, él todavía dormía, pacífico, lucía totalmente indefenso de esa manera. Le di un beso en la mejilla y ni se inmutó, pero yo sabía que debía levantarme, ducharme, comer algo antes de ir a la habitación de Esme para arreglarnos.

Me sentía estúpida, tantos nervios tanto miedo para que justo en este momento estuviera más emocionada que nerviosa.

Las chicas habían dejado que me vistiera en el baño.

La pequeña hadita apareció de nuevo mientras me vestía, mis piernas temblaban y era una gelatina, ni la presencia de la pequeña niña que se había convertido en mi hadita madrina, en mi angelita de la guarda me lograba calmar. Solo esperaba que todo saliera según lo planeado.

Mi vestido era hermoso. Era color marfil, con escote en corazón, bastante delicado y elegante, cuidadoso de no mostrar nada, las mangas apenas cubrían mis hombros, la falda llegaba hasta el suelo, amoldándose elegantemente a mi cuerpo. Era lo suficientemente ceñido con un toque vaporoso para que no luciera vulgar. Mis zapatos eran dorados, a combinación con el vestido. Estaba pensando que joyas ponerme además de mi anillo de compromiso, cuando Esme entró en el baño con dos cajitas de terciopelo en la mano.

-Bella cariño, es la primera vez en la historia de la realeza británica que una debutante, como se les llamaría a ti y a Rosalie, usa una tiara sin ser oficialmente la esposa de un príncipe. Pero con el debido consentimiento de muchas personas-sonrió misteriosamente-se ha aprobado que tanto tu como Rose utilicen una. Así que a sabiendas de lo que utilizas, he decidido que estas joyas te vendrían bastante bien.

Yo la miraba sorprendida. ¿Realmente me estaba "prestando" por la noche algunas joyas de la corona? Esto era asombroso.

Esme abrió una de las cajas. Ésta contenía una hermosa gargantilla de la cual colgaba una especie de gota que caía unos centímetros de la gargantilla, estaban en esta gota, dispersos elegantemente algunos diamantes que hacían brillar mi vestido, el cual parecía tener vida propia ya que no era completamente opaco, ni completamente brillante. Era un diseño divino. Y la gargantilla solo le daba un aire celestial a todo el conjunto.

Pero lo más impresionante no era la gargantilla, ni los zarcillos en forma de gota, ni el brazalete. Lo más impresionante era la tiara, curiosamente a juego con el color de las joyas. Era indescriptible. Era hermosa.

-Es…hermoso-Abracé a mi suegra con mucho cariño. Era una mujer especial.

Esme me dio una sonrisa, pero cerró la puerta del baño con nosotras adentro.

-Bella cariño. Se que todo esto puede resultar abrumador, excesivo, o irreal. Pero quiero que sepas que Carlisle y yo te apoyamos al cien por ciento, porque eres una chica especial, no por esto-toca con su dedo índice mi cien- sino por lo que tienes aquí-señala mi corazón.-Todo ese amor incondicional que le brindas a las personas se refleja como un aura. No quiero que pienses que eres menos, quiero que pienses que eres más, que con orgullo te llamaré mi nuera, la princesa de Inglaterra, la duquesa de Cambridge, la duquesa de Gales, y muchos títulos que serán puestos a tu nombre al momento de contraer matrimonio. Eres muy especial, Alice te quiere, mi hijo babea el piso por donde pasas. Y no puedo desear una mejor chica para Edward que tu. Así como no puedo pedir mejor chica para Emmett que Rosalie, porque no existen.

"Edward me explicó un poco que te sucedió ayer. Y créeme cuando te digo que estás más que preparada para asumir el rol que te toca. Te he preparado yo, en protocolo, etiqueta, oratoria, y estás lista. Seguirás aprendiendo, y creeme que lo has estado haciendo estupendo. No dudes de ti cariño." Yo la miré con los ojos llorosos, era más de lo que esperaba.

Esta mujer siempre me ha tratado como a su propia hija, me ha recibido con los brazos abiertos sin conocerme, se ha arriesgado a ser abierta conmigo, y lo único que he hecho es amar a su hijo con toda la fuerza que poseo. Mirándola aquí, ahora, en el baño, en todo su porte de Reina, me di cuenta de lo que quería decir Phil con que nací para ser princesa. Este es mi mundo, sin importar los títulos, aquí es donde pertenezco.

Abracé en un impulso a mi suegra y di gracias al cielo por el maquillaje a prueba de agua y a prueba de lágrimas, porque ahora las lágrimas se deslizaban sin control por mi rostro.

-Mamá!-llamó Alice tocando suavemente la puerta-Debes ir bajando. Rose ya esta con Emmett.!

Esme se separó de mi y con cuidado enjuagó mis lágrimas sonriéndome con cariño.

-En marcha-me escoltó hasta la habitación de Edward y con una muda seña a mi corazón se retiró a hacer su entrada. Se escuchaba la elegante música provenir del salón que habían acondicionado para este baile. Entré sin tocar en la habitación y mi aliento se quedó en la puerta.

Era la primera vez que veía a Edward vestido en su traje de gala, con todas sus condecoraciones y todo lo que su traje acarreaba, mi mente no procesaba todo lo que su traje contenía.

Él estaba terminando de arreglar los últimos detalles de su traje, y yo simplemente estaba impactada.

La realidad me golpeó de nuevo. Ni la tiara en mi cabeza me había hecho pensar tanto como ver a mi futuro esposo en su traje de príncipe. Hermoso.

Edward había sido monopolizado por algunos príncipes de otras casas reales, y yo estaba al lado de Alice, escuchando como ella me contaba acerca de su primer baile, lo nerviosa que había estado. Yo reía en ocasiones.

Y de un momento a otro sentí un tirón en mi vestido. Bajé mi mirada y me sorprendí al ver al hijo de los príncipes Daneses-quienes previamente nos habían visitado-vestía un elegante traje como si fuera un niño yendo a una boda. Era adorable.

-Hola princesa Bella-saludó galantemente con una reverencia impecable.

Sorprendida y alagada hice mi reverencia-extrañamente la primera en la noche-hacia el pequeño y él me dedicó una sonrisa que paraliza el corazón de cualquiera. Este niño si tuviera unos años más, sería una gran amenaza para Edward. Me reí ante lo galante de su presentación, su timidez se había perdido en los meses que no lo había visto.

Entabló conversación conmigo sobre como le estaba yendo en la escuela y me dijo que había hecho un dibujo para mi, pero que no podía dármelo en la fiesta porque podría poner celosos a los demás. Alice y yo reímos encantadas con él.

Unos brazos bastante conocidos rodearon mi cintura.

-Príncipe Edward-el principito se inclinó galantemente frente a mi prometido.

Edward devolvió el saludo con una reverencia.

-¿Puedo robarme a Bella unos minutos?-Alice y el principito asintieron.

-¿Qué tal los chicos?-pregunté contenta de estar de nuevo en sus brazos.

Se encogió de hombros sonriendo, tenia un leve rubor en sus mejillas, no se si por algo que le dijeron o por la emoción del momento.

-Estas hermosa-sonreí.

-Y tu no estás nada mal Príncipe Cullen.