EPÍLOGO
"Navidad: Unión, amor y reencuentro"
Bendita navidad, como odiaba pasarla con la familia, con esa familia…eran tan irritantes. Dentro de sí se preguntaba como serían las navidades de Shuichi lejos de él. Otra vez podía sentir el poder de la esperanza recorrerlo.
- Aún…no he perdido la esperanza, Shuichi. Aún sigo esperando por ti.
- ¿Eiri? ¿Qué haces ahí parado como zombie? Ven y ayúdame con las luces.
- ¡Mamá, jálalo del pelo para que venga! ¡Yo te ayudaré con papá!
- ¡Si, si, jalemos a papá!
- ¡Niñas, niñas, dejen de llamar papá a su tío! ¡Cuando Touma regrese se va a molestar!
- Si, como sea, mamá. ¡Pero que venga a ayudar!
Estaba más que resignado. Las niñas estaban dispuestas a volverlo loco…
- Shuichi, si sigo en esta casa, envejeceré muy rápido gracias a estas mocosas…-sonrió.
Shuichi, aquí ya falta poco para la navidad. Es una navidad más sin ti. Aún mantengo esta promesa con firmeza, este anillo aún espera por ti, mi corazón está reservado para ti y para nadie más. Las únicas veces en que puedo verte es a través de la televisión, te ves tan hermoso, tu voz, todo en ti sigue siendo lo mismo…Pero siento que has cambiado, en algo has cambiado, pero aún así sigo añorando tu regreso en silencio, porque tengo la certeza de que regresarás…y yo estaré aquí esperándote.
Y, hasta que ese llegue, guardaré mi corazón para ti.
- Eiri, no seas de mala fe. Ayúdanos ¿si? Las niñas no pueden apoyarme con todo, mal hermano.
- No entiendo para que se te ocurre adornar tanto, ni que viniera a cenar el presidente o alguien famoso…
- Tenemos una visita muy importante, es por eso que todo esto tiene que estar reluciente.
- Bueno, Mika, te esclarezco que yo solo vine a la casa principal a comer y no para ayudarte con los arreglos. Además a los extraños no se les invita a una fiesta navideña, es solo para la familia.
- Pues créeme, hermanito. Él ya es un miembro muy importante de nuestra familia.
- ¿A quién te refieres?
- Ya lo vas a saber a su tiempo, así que ahora me vas a ayudar que no puedo sola. Mi bebé y Touma te lo van a agradecer.
- Mujer demente, solo a ti y a ese estúpido de Touma se les ocurre tener tantos hijos…De verdad que no los comprendo.
- Cuando tengas tu propia familia lo vas a comprender. ¿Has traído el anillo hoy?
Enrojeció Eiri.
- Sabes que lo traigo todos los años, Mika.
- Bueno, perdón, solo quería estar segura de que lo traías contigo, hermano. Niñas… ¿por qué no prenden la radio? Creo que su hermanito quiere oír música.
- ¡Si, mamita! –respondieron ambas al unísono.
- ¡Whoa! –Exclamaron ambas.- ¡Es Shuichi-kun!
- Vaya, parece que la música de Shuichi-kun le gusta a nuestro pequeño en camino. –comentó Mika acariciando su abultado vientre.
Eiri solo se limitaba a escuchar tranquilamente la música de Shuichi. Le gustaba oír se vez en cuando su hermosa voz, aquella voz que él solo conocía a la perfección, era su exclusiva posesión con todo y el dueño. Mika lo miró, ya era habitual ver a su hermano con aquel gesto entre alegría y nostalgia. Sonrió ella, Shuichi había dejado una gran huella en él, lo había hecho cambiar, lo había transformado, en una nueva persona. No perdía la esperanza de que pronto toda esa felicidad volviera a él.
La canción culminó para darle paso al conductor de la radio quien presentó en exclusiva a Shuichi y su banda BAD LUCK. Se oían los gritos locos de las fans que gritaban mil y una barbaridades, le lanzaban "te amo" a Shuichi y estos comentarios hacían enojar a Eiri.
En exclusiva tenemos a Shuichi-san y a su banda BAD LUCK, el grupo pop más influyente de hoy en día. Buenas noches, Shuichi-san. Es un gusto
El gusto es mío.
El corazón de Eiri se aceleró.
¿Cómo te sientes al haberte enterado de que eres el chico más codiciado de la música?
Bueno, me halaga que me encuentren apuesto. Sinceramente no me he fijado nunca en ese tipo de detalles pero ahora el saberlo me hacen sentir inmensamente elogiado.
Su manera de hablar había cambiado, su tono de voz era más suave que el de antes. Se oía bastante ruido por parte de las muchachas del público, cosa que a Eiri le molestó aún más.
A pedido del público femenino, queremos preguntarte si ya hay alguien en tu corazón. Dinos ¿ya te has enamorado?
Vaya, esa pregunta siempre me la hacen por todos lados. Así es…aunque solo dos veces.
¿Dos veces? Nos contarás ¿verdad?
Lo único que puedo decir sobre ese tema es que ya tengo a alguien especial que espero todavía sienta lo mismo por mí. Quizás no pueda decir de quien se trata, pero es alguien que me ha hecho inmensamente feliz. Solo espero…que me corresponda todavía.
Seguramente será así…Dime una cosa, se especula que tú tenías una relación secreta con Sakuma Ryuichi…
- Yumi ¿puedes apagar eso, por favor? –preguntó con seriedad Eiri.
- Está bien, papá.
La niña apagó la radio. Eiri salió hacia fuera a respirar un poco del aire. Veía a la gente emocionada armando sus árboles, sirviendo sus banquetes navideños, armando sus muñecos de nieve, como extrañaba a aquel pelirosa, gracias a él su vida había sido un martirio.
- ¿Piensas que Shuichi-kun ya no te ama?
- Ha pasado mucho tiempo ya. Quizás hasta la fama le ha hecho olvidar mi nombre.
La joven rió.
- Pasemos, está haciendo frío y no falta nada para que lleguen los invitados a la cena.
Ambos entraron y arreglaron uno que otro imperfecto. Todo estaba listo, solo faltaba la gente que Mika había invitado aparte de Touma, Tatsuha y su padre que de seguro no iba a tardar en llegar. Mika terminaba de arreglar un poco el gran ventanal de la sala cuando de repente se le vino un mareo. Sus dos hijas la ayudaron a sentarse en uno de los sillones mientras que su hermano le traía un vaso de agua para que se le regulara la presión.
- Eso te pasa por andártelas de jovencita con las compras en la noche, entiende que ya eres una mujer madura que además está embarazada.
- No hables como si fuera una abuela, todavía estoy joven.
- Yo estoy joven, solo tengo 26 años, pero tú ya tienes…
- ¡Ya, ya cállate! Y deja de juzgarme. Niñas, échenme aire que tengo calor.
Las niñas agarraron sus abanicos y comenzaron a hacerle aire mientras que Eiri solo reía en silencio por la inocencia de las hijas de Mika y Touma. Después de todo aún estaban pequeñas. Un ligero toqueteo alarmó a los presentes. Mika trató de levantarse pero las niñas fueron incluso más rápidas que Eiri y fueron a abrir la puerta principal. Eiri las siguió con lentitud hasta que ambas comenzaron a gritar…pero de emoción.
- ¿Qué está pasando, Mika?
- Me parece que nuestro gran invitado ya ha llegado.
Las niñas entraron con el invitado, muy joviales, cantando y bailando a su lado mientras que este solo sonreía contagiado de la vivacidad de las niñas que le tomaban la mano con fidelidad.
- ¡Papá, papá, es Shuichi-kun!
El aludido miró al supuesto padre y su sorpresa no podía ser mayor. Se referían a nadie más que a Eiri, quien lo miraba con una gran sorpresa. Ambos se encontraban frente a frente, tontamente congelados por la repentina sorpresa.
- Hola…Eiri. –se escuchó decir de los labios de Shuichi.
- S-Shuichi…
- ¡Papá Eiri! ¿Tú ya conocías a Shuichi-kun?
El pelirosa entristeció.
- Que hijas más hermosas tienes. ¿Cómo se llaman, pequeñas?
Una de las pequeñas, la cual tenía hermosos ojos esmeraldas, respondió:
- Yo me llamo Yumi, así me puso mi mami.
- Y yo me llamo Kaoru –respondió la otra.
- Que bonitos nombres tienen ambas, su padre debe de estar muy feliz por tenerlas.
- Shuichi-kun, me da mucho gusto verte…-le pasó la voz Mika, quien seguía sentada en el sillón.
- ¡Mika-san, que gusto verla! –se acercó a él a la aún débil chica.- Ya está muy grande su barriga. ¿Cuántos meses ya tiene?
- Pues ya son siete, pequeño. Va a ser un lindo varón, como lo estás tú. Espero que mis hijas hayan sido de tu agrado.
- ¿Sus hijas…? Perdón, como dijeron que Eiri era su padre…
- No te preocupes…
Yumi vio el rostro conmocionado de su padre. Había descubierto algo.
- ¡Entonces tú eres! –Replicó Yumi con emoción.- ¡Kaoru, él es el chico del relato!
- ¡¿En serio, Yumi?!
- ¡Shuichi-kun! ¿Dónde has estado? ¡Papá te ha estado esperando!
Ambos se sonrojaron de la vergüenza.
- Niñas, creo que tenemos que salir para llamar a su abuelo. ¿Vamos? Acompáñenme.
- Pero, mamá, puedes llamarlo por el celular.
- ¡Pero mamá hoy quiere usar el teléfono público! –dijo ella, arrastrando a sus hijas fuera de la casa.
- Eiri…ha sido mucho tiempo.
- I-Igualmente pienso…
Silencio incómodo de ambos.
- Te has vuelto muy corto de palabras, Shuichi.
- Lo mismo digo de ti.
- Has cambiado mucho…Creo que apenas te reconozco.
Shuichi se acercó a él para acariciarlo, cuando el sonido de su teléfono lo interrumpió.
- Discúlpame –le dijo al escritor para después contestar.- ¿Hola? ¡Ah, Ryu! –Eiri se molestó.- ¡Si, comprendo, le mandas mis saludos! ¡Claro, claro, también a Kumagoro! De acuerdo, nos vemos en la empresa el veintiséis. Adiós –colgó.- Lamento mucho la interrupción.
- Veo que te llevas muy bien con Sakuma Ryuichi.
- Se ha convertido en alguien muy cercano a mí.
- ¿Qué tanto?
- Ahora es uno de mis mejores amigos sin exceptuar a Hiro.
- Ya veo…
- ¿Has conocido ya a alguien, Eiri?
- ¿Y tú, Shuichi?
- He conocido a muchas personas, señor escritor. Pero ninguna me ha enamorado…En mi corazón solo guardo a la persona más especial de mi vida que se supone me ha esperado…
- ¿Y me pregunto quién será el estúpido que se ha dispuesto a esperarte sin depender de nada? Que hombre tan tonto para aferrarse a una vana esperanza.
Shuichi lloró. Lo había añorado tanto.
- Te he extrañado demasiado, Eiri…
- Shuichi…
Ambos se abrazaron, necesitaban contagiarse del calor del otro, como se extrañaban, como se soñaban juntos en los tres años transcurridos sin verse, como podían sentirse a pesar de la lejanía, era un sentimiento único, extraño e indescriptible que no tenía lógica. Su amor en sí no la tenía.
- Mocoso, si vuelves a irte, te juro que te ataré de pies y manos para evitar que te escapes.
- Eiri…te juro que nunca más me iré de tu lado.
Maldito orgullo había perdido. Ahora al rubio también se le había dado por llorar.
- Eiri, no quiero que llores…
- "He llorado lágrimas de sangre por tu ausencia, he cortado mi ilación con el mundo y he sometido mi alma a la más recóndita oscuridad."
- Muy buena frase escribiste en tu última novela, realmente me ha encantado.
- ¿Has estado leyendo mis obras?
- Una por una desde que me marché.
- Te habrás dado cuenta de que mi firma ya no es la misma.
- Lo sé. Ahora has firmado tus novelas con el nombre que te pertenece. Estoy orgulloso de ti.
- ¿Esta vez si vas a poder recibir mi propuesta?
- Si aquel anillo aún sigue siendo para mí, con gusto lo aceptaré.
- Por supuesto que es para ti.
Eiri sacó nuevamente la cajita que años atrás le enseñó a Shuichi antes de marcharse al extranjero. El modelo era el mismo, seguía siendo el mismo aro de plata con un grabado realmente hermoso, claro que ahora sí podría aceptarlo sin restricciones. Lo sacó de la pequeña cajita y, con cuidado, se la colocó en el dedo anular a Shuichi.
- ¿Eso quiere decir que estás listo para vivir el resto de tu vida conmigo?
- Quiero vivir contigo el resto de mi vida y más allá de ella también.
- Pues entonces será un placer compartir mi vida contigo.
Se acercaron más y más y se dieron un beso que se intensificó más y más con el pasar de los segundos. No había nada que desearan más que besarse en aquel momento, después de tantos años más. Eiri tomó de la cintura a Shuichi mientras que este rodeó su blanco cuello incitándolo indirectamente a que lo besara más y más profundamente. Ese roce, ese acaloramiento, esos floreos en el estómago que sentían cada vez que se tocaban, extrañaron tanto de eso. La escena estaba a punto de intensificarse más. Si por ellos fuera, podían hacerlo allí mismo, al menos eso pasaba por la mente pervertida del escritor.
- E-Eiri, no…aquí nos van a ver.
- No puedo detenerme ahora. Además tengo que ver con mis propios ojos cuanto has madurado y no solo me refiero a tu cuerpo…si no a mucho más…
- ¡Alto ahí! –Gritó un hombre a toda voz.- ¡Hay niños mirando, jovenzuelos malcriados!
Ambos se detuvieron y se separaron de golpe.
- ¡Pero Shindou, déjalos! Recién se ven, no seas caradura.
- ¡Es una falta a la moral, Uesugi!
- ¡Joven Shuichi, se ve tan bien!
- Tú estás más anciana, Tama. –La abrazó él- Pero me has hecho mucha falta.
- ¡Claro! Abraza a la nana primero en vez de su padre.
- Padre…-susurró Shuichi para después correr a abrazarlo.- ¡Papá!
- ¿Cómo has estado, pequeño?
- Bien, padre, muy bien. Te he extrañado.
- Y yo a ti.
- ¡Onii-sama! –Masculló su hermana a toda voz.- ¡Por fin te veo nuevamente!
- Maiko…-su hermana lo abrazó fuertemente como era su costumbre.
- ¿Qué es todo esto, Mika? –preguntó Eiri sin entender tanta visita.
- Pues, resulta que el padre de Shuichi-kun y nuestro padre ya se conocían y, pues, como ustedes se querían…
- ¿Ustedes arreglaron todo esto? –preguntó Shuichi.
- Y ha funcionado, al fin se han encontrado otra vez –comentó el padre de Shuichi.
- Por cierto, Eiri. ¿Ya le has dado "eso" a Shuichi-kun? –Preguntó interesada su hermana.- ¿Ya se lo diste?
- ¡Ahí está el anillo, mamá! –Dijo a toda voz Yumi.- ¡Mira, mira!
- ¡Que bonito! ¡Al fin están juntos! –comentó admirada la romántica Kaoru.
Esta vez ambos no pudieron esconder sus mejillas acaloradas. Quedaron a la vista de todos y, para rematar, se estaban burlando de ellos, por lo que decidieron salir debido al ajetreo de adentro. Se sentó la pareja en la entrada, admirando la luna que los miraba sin decir nada.
- Te ves hermoso cuando te acompaña la luna con su luz.
- ¿Y sin ella me veo mal? –preguntó Shuichi.
- No fue mi intención darte a entender eso, pero creo que con ella o sin ella eres hermoso…Es solo que ahora lo pareces más porque la luz de la luna contrasta más tus ojos.
- Ahora ya no puedo decirte que eres un escritor de cuarta. Eres realmente bueno con las letras.
- Bueno, yo de ti puedo decir que cantas bellísimo pero tu fuerte no son las composiciones, claro no intento decir que eres penoso en ese sentido.
- ¿Criticas mi música, Eiri?
- Es constructiva, pero no hablemos de eso ¿si?
- Entonces… ¿de qué quieres hablar?
- De lo maravillosa que va a ser nuestra vida juntos. ¿Piensas que será maravillosa?
- Siempre y cuando me engrías, será muy buena.
- Eres un pervertido. ¿Lo sabes, verdad?
- Nunca vuelvas a separarte de mí, ¿vale?
- Vale…
- ¿Y qué fue de Sakuma? ¿Aún te molesta?
- No vas a creer lo que voy a decirte sobre él.
- ¿Qué pasa?
- ¿De casualidad no te has preguntado por qué Tatsuha-kun aún no ha llegado?
- No me digas que él y Sakuma… ¡Ay mi Dios!
- Vamos, no era de sorprenderse. Y también te contaré de Hiro…
- ¿Lo has perdonado ya?
- Vamos, Eiri, ya han pasado tres años. Además ha comenzado a salir con Ayaka-chan, hacen una linda pareja.
- Me alegro por él, pero más por nosotros.
- ¿Por qué?
- Porque se supone que nuestra dicha será aún más grande.
- Eso tenlo por seguro.
Iban a besarse, esta vez con toda la tranquilidad de la soledad que tenían, pero siempre había de por allí una gran interrupción que no se podía evitar cuando era de improviso. Hizo tanto ruido con el solo rechinar de sus pasos que fueron obligados a detenerse –nuevamente-
- Touma-san, buenas noches.
- Shuichi-san, llegaste más rápido que yo. Estoy sorprendido. Entremos que nos están esperando adentro. Ya falta poco para las doce, jovencitos.
- Nos quedaremos un tiempo más, usted prosiga.
- Está bien –dijo este para después adelantarse a ellos.
- ¿Por qué siempre tienen que llegar improvistos?
- Ya, Eiri, no te quejes. Además pronto nos van a llamar para la cena.
- Te agradezco mucho el que hayas venido, Shuichi.
- ¿Por qué?
- Nunca vi a mi familia tan unida como hoy, y todo es gracias a ti…
- Entonces vayamos con ellos, así estará toda la familia completa ¿no?
- Si. Pero antes…
Eiri le dio un profundo beso, ya no hubieron más interrupciones para ello. Segundos después de que se separaran por la gran falta de oxígeno, dieron las doce y las campanas de la iglesia comenzaron a sonar una y otra vez.
- Feliz Navidad, Shuichi.
Sonrió el pequeño.
- Feliz navidad, Eiri…
Entraron tomados de la mano a cenar con su familia, quien alegremente cantaba los villancicos de navidad. Shuichi se unió y la navidad se hizo aún más especial. Ni Shuichi ni Eiri habían disfrutado tanto unas pascuas, porque nunca la habían pasado con una familia, pero ahora era distinto, ambos tenían una sola familia, la cual se encontraba más unida que nunca. Y eso era parte de la navidad: Unión familiar. Para ellos, la navidad era compartir la llegada del salvador con los seres queridos, iluminar su camino con el amor de Cristo y reencontrarse tanto a sí mismos como a los que estaban ausentes…Se sentaron todos a la mesa y la conversación se sintió amena, como nunca en su vida las habían sentido ambos. Ver a tantas personas reunidas en una mesa…era un milagro, un deseo cumplido de navidad. Ambos miraban las caras alegres de cada miembro de la familia, permanecían tomados de las manos, como estarían a partir de ahora en adelante.
Porque la vida era un largo camino que a partir de ahora recorrerían juntos, tomados de la mano. Juntos podían vencer lo que sea. Juntos eran inseparables. Shuichi y Eiri estarían unidos por siempre, porque si habían logrado vencer el pasado y vivir el presente, podrían enfrentar juntos el futuro.
El Capataz
THE END
Pues aquí está "lo que puede suceder en un especial de navidad". Shuichi y Eiri si se quedan juntos y felices comiendo perdices, así que pueden olvidarse de pasarse el huevo por el susto u otra cosa. Bueno aquí acaba otro fanfic (T.T Autora conmovida por el gran apoyo) Por ahora no tengo otro proyecto, quiero acabar con la segunda parte de mi otro FF, pero si se me ocurre otra idea, se los haré saber en un flash!
Bueno, ahora si lo digo con todas las letras
Merry Christmas, mis amigos lectores!
Que el amor de Jesús y la bendición de Dios siempre les acompañen!
Atte.-
Namida No Megami.
