LAMENTO HABERME TARDADO TANTO EN ACTUALIZAR PERO LA VERDAD ES QUE ESTABA MUY OCUPADA PERO YA LES TENGO LA CONTINUACION DE ESTA HISTORIA Y ESPERO QUE LES GUSTE EL CAPITULO DE ESTA OCACION

BIEN QUE LO DISFRUTEN


Contrato de Amor

Yugi no durmió en toda la noche. Yami regresó a la cama en algún momento. Al amanecer, Yugi durmió un poco y despertó al oír el ruido de unas aspas de metal. Quedó desconcertado al percatarse de que Yami estaba sentado al borde de la cama y de que lo miraba con fijeza.

-¿El avión?...

-Aldeza está a medio día de camino de aquí. Pero en avión to mará menos de media hora.

-Todavía me hablas -Yugi trató de hacer una broma para ali viar la tensión.

-Espero que, a pesar de los últimos acontecimientos, no actue mos como un par de chiquillos malcriados -habló con la frialdad y sarcasmo que Yugi tanto odiaba. La frustración lo consumió. De nuevo, las barreras los separaban a modo de venganza.

Al ver Aldeza, Yugi quedó sin aliento. Era un palacio de már mol blanco con domos y minaretes que se reflejaban en las fuentes tranquilas al frente. En todos los jardines que lo rodeaban, había rosas en flor. Construido hacía cuatrocientos años por un ancestro de Yami, hacía cincuenta años que nadie vivía en el lugar. Antes de entrar en el edificio, cortó un botón de rosa.

-¿Por qué no funcionan las fuentes?

-Creo que ya están muy descuidadas. Eso se puede arreglar -le aseguró Yami.

-No las arregles por mí -replicó.

Las puertas de entrada daban a un vestíbulo con pilares labrados y mosaicos en todos los tonos de azul.

-Esto es maravilloso. Nunca he visto algo. . .

-¿Que te recuerde una fantasía morisca? -sonrió Yami-. ¡Por fin te he complacido!

Yugi resintió que pudiera bromear, cuando el hacía un esfuerzo sobrehumano por ocultar su tristeza.

-¿Por qué está vacío?

-No es fácil llegar. Mi padre solía traer invitados cuando estaba permitido cazar. Pero ahora Áldeza se ha convertido en un elefante blanco, pues la familia prefiere descansar en la casa que tenemos en la Costa del Sol española. Tristan e Iñaki están allá ahora. Creo que sus problemas han terminado.

-Qué bueno -Yugi se cruzó de brazos-. ¿Quién vivió aquí por última vez?

-Mi abuela, Mai -frunció el ceño-. Vivió sola muchos años.

-¿Mai? -Yugi se volvió-.

-Era francesa -Yami lo miró, sorprendido-. Pensé que ya lo sabrías.

-Siempre me deja perplejo el que imagines que yo sé las cosas sin que nadie me las diga -se molesto Yugi-. ¿Cómo fue que tu abuela era francesa?

-Su padre era antropólogo y vino aquí a escribir un libro sobre la cultura nómada. Mai era su asistente. Mi abuelo, Akunadin, la vio una vez y se enamoró de ella de inmediato. ¡Vaya felicidad que eso les dio! -sonrió con sarcasmo.

-A mí me parece muy romántico -observó Yugi

-Se separaron a los dos años y pasaron así los quince siguientes ¿Eso te parece romántico? -Yami sonrió con ironía-. Pero, claro yo no se si yo podría caer en esa categoría, ¿verdad?

-Tú fuiste quien lo dijo, y si tu abuelo se parecía un poco a ti, entonces no me. . . -se interrumpió al oír el ruido de una vara que golpeaba el piso de mosaico y se volvió, sorprendido.

Una anciana se acercaba con dos sirvientas. Hizo una re verencia profunda ante Yami y habló con emoción. Sus ojos brillaban y estaban fijos en ellos. Yami se tensó al oír sus emotivas palabras. Frunció el ceño por un instante antes de sonreír. Sonrojado, se volvió hacia Yugi.

-Es Tea. Es muy vieja y su mente no está bien. ¿Puedes darle la rosa que llevas? Cree que es para ella. La pobrecita está convencida de que nosotros somos mis abuelos -explicó.

-¿Qué?

-Si discutimos, se alterará mucho -aseguró Yami

Yugi sonrió y entregó la rosa a la llorosa Tea. La vieja le besó los nudillos. Yami levantó a la anciana con cuidado y le hizo seña a las dos sirvientas de que la atendieran, pero la propia Tea las alejó y condujo a Yami y a su esposo a un salón de techo bajo y muebles antiguos.

-¿Por qué quería la rosa? -susurró Yugi-. Hay cientos afuera.

-Mai las sembró. Las rosas tienen un significado especial para ella. Su ama no permitía que nadie las cortara.

-Vaya, me siento como un vándalo ahora.

-No te sientas así -sonrió Yami-. El que mi abuela le haya dado una rosa, es un honor para Tea. ¿Por qué estoy susurrando? Eres contagioso, Yugi. ¿Acaso es porque nos dieron la bienvenida de los resucitados? Tea debe ser atendida por un médico.

-Parece ser feliz -Yugi se sentó en un sofá-. Cuéntame el resto de la historia. Asumo que Mai tenía los ojos azules.

-Sí, era rubia –contemplo los rayos de Yugi-. No es una historia agradable. Akunadin era joven e impulsivo. Convenció a Mai de que se casara con él, pero pronto, las diferencias de cultura y religión los separaron. Después de que mi padre nació, Mai vino aquí a vivir. Nunca más volvió a palacio.

-¿Qué le hizo para que ella hiciera algo así?

-¿Qué tenían en común, Yugi? -Yami alzó los hombros-. Ella odiaba la vida del desierto. Era una mujer educada, culta e independiente. No pudo adaptarse. Era también católica practicante y eso no ayudó a la situación.

-Me pregunto si tu abuelo la ayudó a adaptarse.

-¿Quién sabe? Mi abuelo se molestó mucho cuando ella se negó a volver a su lado, así que se casó por segunda vez.

-¡Dios mío!- jadeó Yugi.

-Sin duda su matrimonio fue motivado por deseos de venganza, aunque tenía derecho de hacerlo, de acuerdo a su religión. Pero Mai nunca se lo perdonó.

-¿Cómo habría podido perdonarlo? -se acaloró Yugi.

-Cuando mi padre tenía seis años, mis abuelos casi no se hablaban cuando Akuunadin venía aquí a ver a mi padre, Mai se quedaba en su habitacion. Después de guardar luto, mi abuelo le suplicó que volviera como su esposa, pero ella se negó. No lo pudo perdonar.

-¿Cómo habría podido hacerlo? Tu abuelo pasó seis años con otra mujer con la que tuvo un hijo –interrumpió Yugi.

-No podía abandonar a Ishizu después de casarse con ella- Yami se exasperó-. Todavía amaba a Mai. Debió tragarse su orgullo para ir con ella y pedírselo después de ser rechazado una primera vez. Mi padre cree que mi abuela todavía lo amaba, pero no se reconciliaron. Mai murió de una infección pulmonar y mi abuelo lamentó mucho su muerte y nunca más se casó.

-Todo fue culpa de tu abuelo -Yugi tenía la vista llorosa.

-Sabía que esto te entristecería, pero no que empezaríamos a discutir. ¿Debemos reñir por dos personas que murieron antes que no sotros naciéramos? -lo observó y Yugi se avergonzó. Se puso de pie-. Por el amor de Dios, Yugi, no podían vivir juntos. No estaban hechos uno para el otro -concluyó Yami.

-¿Como nosotros? -rió con amargura-. ¿Así es como tú nos describirías? Una vez que se cansó de ella, no le importó lo que tu abuela sintiera. Apuesto a que no quiso ceder nunca con ella. ¿Acaso no puedes ver las semejanzas, Yami?

-En el humor en que estás, no discutiré contigo -estaba molesto. Yugi era tan sólo el producto de las acciones de Yami. Fue él quien le hizo albergar una serie de emociones y necesidades descono cidas para Yugi .Y ahora que ya no lo quería a su lado, Yugi debía acatar sus deseos de nuevo. Yami no quería aprovecharse, no tenían futuro juntos porque él no podía darle un hijo. Pero esa era decisión de Yugi no de él. El que Yami no le hubiera dado otra opción, probaba su falta de sinceridad. Para él el matrimonio fue sólo un juego sexual muy cruel. Lo usó... ahora lo reconocía. Pero no quería complicarse la vida. ¡Maldito seas, me estás destruyendo!, pensó Yugi.

-¿No vas a discutir conmigo? -lo que lo hizo perder la compos tura fue el supremo control de Yami. Tomó un jarrón y lo aventó contra el muro, cerca de Yami. La furia y la incredulidad lo man tuvieron inmóvil. Yugi sollozó-. Lo siento.

-Ven aquí -le ordenó tajante.

-No -pero en pocos segundos, Yami lo arrinconó contra la pared.

-En toda mi vida, nadie me alzó siquiera la mano.

-No te lancé el jarrón a ti -protestó el chico. Pero Yami lo tomó de las muñecas.

-Salvo por ti -ni siquiera lo escuchaba. Con un movimiento ine xorable, lo atrajo hacia él. Pero olvidó lo que quería decir al ver la suave invitación de sus labios. Un segundo, lo miraba con furia, y al siguiente lo besó con un ansia explosiva que destruyó las defensas de yufi. La rabia y el éxtasis se fusionaron en ése beso.

El chico se derritió y se aferró a él. Lo besó hasta hacerlo temblar de deseo y luego se apartó y lo alejó de su lado.

-Perdóname -gruñó Yami, tenso.

Yugi no podía perdonarlo. Sólo sentía su rechazo. El ambiente estaba tenso. La noche anterior, en medio de su locura, le confesó su amor y ahora, recibía otro rechazo. Eso era imposible de aceptar. Todo había terminado desde hacía tiempo. Yami intentó decírselo con diplomacia. ¿Cuántas veces tendría que herir a Yugi antes que lo entendiera? No se puede forzar a nadie a amar.

-Creo que no sabes bien lo que siento. Tal vez no me expresé con claridad anoche, pero debes estar seguro de que desde hace mucho tiempo sólo he considerado lo que es mejor para ti.

Asqueado por su hipocresía, Yugi se negó a verlo.

-¿Puedes hacer que alguien me muestre dónde está mi habitación? -pidió Yugi con frialdad. Después de una pausa dolorosa, Yami llamó a alguien.

Media hora después, Yugi descansaba en una tina caliente. Ese era una habitacion anticuada al que sólo había acceso por un corredor. Tenía ventanas con barrotes, y una reja de hierro. Reinaba un pesado silen cio y Yugi se estremeció al pensar que Mai estuvo enclaustrada allí. Por lo menos, yo regresaré pronto a casa, se consoló.

En el dormitorio, sacó a las sirvientas que estaban allí. Sobre la cama estaban un camisón de seda azul Yugi profirió una exclamación. Las sirvientas lo habían sacado de sus maletas para plancharlo. Hacía sólo tres semanas, lo compró en una tienda cerca del hospital en donde estuvo internado su padre. Para Yami. La cruel realidad cortó sus pensamientos, pero, como no sabía en dónde estaba el resto de su ropa, se lo tuvo que poner.

Le llevaron la comida. Para entonces, Yugi ya sabía que estaba en el aposento de Mai por las fotos que había sobre el escritorio de la habitación. Todo era bastante fúnebre.

Después de las nueve, Tea apareció y arregló la cama de Yugi. El chico tuvo que controlarse para meterse en la cama de Mai y no agitar a la anciana. Pero, veinte minutos después, llena de visiones es pectrales de Mai, Yugi se levantó. ¡No tenía por qué hacer caso hasta ese extremo a la imaginación alocada de Tea! Tenía que ha llar otra cama.

Salió del cuarto y casi tropezó con una persona que dormía en el umbral, envuelta en un tapete. Tea abrió los ojos y le sonrió. Yugi recordó a una de las brujas desdentadas de Macbeth. La anciana no pareció sorprenderse al verlo. Se inclinó como si Yugi le hubiera ordenado algo y empezó a caminar por el largo corredor sin encender una sola luz.

Después de dudarlo, Yugi la siguió. Cruzó un jardín cubierto, oscuro como una cueva y Tea abrió una puerta, oculta por las som bras. Le hizo señas a Yugi de que pasara primero. Yugi entró con curiosidad al distinguir una escalera al fondo. Pero se sobresaltó cuando oyó que la puerta se cerraba. Quedó sumido en la penumbra. Trató de abrir la puerta por dentro, mas no tenía picaporte.

-¡Tea, abre! -gritó, frenético. No hubo respuesta. Incapaz de ver en la oscuridad, tuvo que encontrar la escalera a tientas. Había treinta y dos escalones estrechos. Arriba, sus manos tocaron madera y lleno de pánico, Yugi empujó con todas sus fuerzas. Su impulso la hizo trastabillar en la oscura habitación. Yugi tropezó con algo que las timó su pie desnudo y cayó al suelo, lanzando una maldición. Se tomó el adolorido pie y gimió de agonía.

De pronto, la habitación se iluminó. Atónito, miró con fijeza a Yami que se había levantado de un salto de una silla junto a la ventana. Estaba igualmente perplejo por verlo. Se quedó parado, inmóvil. Su camisa estaba desabrochada, tenía puestos unos jeans y los pies descalzos.

-Debo haberme equivocado de habitación -murmuró Yugi, ruborizado al pensar en el error que Tea cometió. Yami estaba paralizado, lo cual era raro en él. Contempló el elegante atuendo de su esposo. Pareció respirar con mucha lentitud antes de acercarse y de agacharse frente a Yugi.

-Te pido una disculpa. Me... asustaste. Tu pie... ¿no te rom piste nada? -parecía angustiado.

-Siento haberte molestado -murmuró Yugi.

-No estaba acostado. Fui a montar y... regresé -su voz se entrecortó cuando Yugi dejó de frotarse el pie y la bata se deslizó de un pálido hombro para revelar la transparencia del delgado camisón-. Viniste a mí... y no funcionó -murmuró con voz ronca-. Sé lo que se siente. No debes estar avergonzado. Fue muy dulce de tu parte y estoy conmovido.

Yugi estuvo a punto de decirle la verdad, cuando sus miradas se encontraron con una electricidad que la hizo perder el aliento. Su corazón se aceleró como si Yami hubiera encendido algo. Con un índice, él le colocó un mechón de cabello detrás de la oreja.

-Y también es muy excitante.

Yugi no podía pensar con claridad. Yami acariciaba ahora su cuello y lo único que deseaba era pederse en el calor de esa mano. Lo intoxicaba su potente y masculino olor.

-¿Ex. . . citante? -repitió.

-Una invitación de alguien tan tímido -lo tomó de los antebra zos para acercarlo más-. Tu generosidad me avergüenza. El orgullo me mantenía alejado de ti, pero ahora que estás aquí. . .

-¿Sí? -urgió el.

-No puedo rechazarte cuando noche tras noche te he deseado y ansiado -su voz temblaba-. ¿Y para qué? No puedo alejarme de ti. Yugi -le tocó el labio inferior con la lengua y Yugi se estre meció. Yami tomó sus manos y las guió a su pecho. Al sentir la tímida caricia de Yugi, tembló y gimió de satisfacción. Lo miró con intensidad.

-¿Es esto lo que realmente quieres?

-¿Acaso... has cambiado.. . de opinión? -su pregunta ner viosa lo hizo reír.

El lo acercó más, amoldandolo al calor de su cuerpo.

-Yugi, nunca he dudado qué es o que quiero. Sólo tuve dudas respecto de lo que era mejor para ti y nunca tanto como cuando te vi en brazos de otro hombre. . . de un hombre con quien te hubieras casado a no ser porque lo hiciste conmigo. Me pareció probable que te hubieras acercado a él porque yo te descuidé y te odié por ello, porque no creí que tuviera el derecho de alejarte de él -hablaba contra su cabello-. Pero ahora me doy cuenta de que no soy un mártir.

Lo admiró al levantarse y lo levantó en brazos. Lo dejó en la cama como si el joven estuviera hecho de cristal. Yugi entendió ahora que los celos que sintió por Chris fueron demasiado profundos.

-¿Estás seguro? -repitió.

El asintió y Yami sonrió. Se inclinó sobre ella y el ambiente pareció llenarse de chispas.

-Cuando estás lejos o cerca -confesó-, me muero por ti, de día y de noche. Nadie ha tenido nunca ese poder sobre mí.

Yugi se entristeció al pensar que Ryu seguía en su pedestal, alejado de los placeres mundanos. Yugi sólo tenía a su favor el ardor del lecho conyugal. Sabía que Yami no lo amaba y que eso no era justo, pero había muchas injusticias en la vida. Se dijo que eso bas taría. Esa vez. . . bastaría.


UNA VEZ MAS ME DISCULPO POR LA TARDANZA Y ESPERO QUE LO HAYAN DISFRUTADO

NOS VEMOS EN EL PROXIMO CAPITULO

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BYE